SEXO Y EROTISMO EN EL ANTIGUO EGIPTO

Publicado: 5 abril 2010 en Antropología
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La civilización egipcia, que desde sus comienzos siempre se ha caracterizado por el exotismo y la exuberancia, no podía dejar de lado un elemento tan importante como podía ser el sexo. El arte, los textos y la propia religión, nos advierten de que los antiguos egipcios, lejos de ser alguna suerte de puritanos o santurrones, daban al sexo la importancia que se merecía. Antes de que el mundo existiera, no había nada en el universo. No existían ni los ríos, ni las montañas, ni los valles. Todo estaba sumido en la más lúgubre oscuridad. En un momento incierto, de la nada surgieron las aguas primordiales del Nun, el no-ser. Entonces todo el universo se cubrió por una gran extensión de agua: se había dado el primer paso hacia la vida. El dios solar Atum, se auto creó viniendo a dar luz a un mundo recién nacido en donde solamente estaban él y las aguas primordiales. En un acto reflejo, en un deseo de compartir su vida con más personas y dar pie a una dinastía de dioses, el dios Atum se masturbó dando vida a los dioses Shu, el aire, y Tefnut, el agua. A su vez, de éstos nacieron Geb, la tierra, y Nut, el cielo. Relatado de una forma tan brusca, los sacerdotes del templo solar de Heliópolis, cerca de El Cairo, han dejado para la posteridad el nacimiento del mundo y de sus elementos principales. Partiendo de una base tan libidinosa, no es de extrañar que los antiguos egipcios vieran en el sexo una elemento de lo más normal en sus vidas cotidianas.

Factores ambientales

En un país en donde el calor es, durante la mayor parte del año, la nota predominante en lo que al clima se refiere, no es de extrañar que los antiguos egipcios acostumbraran a usar ropas ligeras o muy livianas, si es que no iban completamente desnudos. De esta manera, los habitantes del valle del Nilo estaban ciertamente acostumbrados a convivir casi desnudos, tal y como sucede con muchas tribus africanas en la actualidad. Era norma común en las aldeanas realizar sus tareas diarias vestidas únicamente con una falda corta dejando los senos al descubierto. De igual manera, es muy frecuente encontrar en las tumbas de cualquier época, representaciones artísticas con escenas de labranza, en donde los propios campesinos realizan sus faenas cotidianas sin ninguna prenda que les cubra. En otras ocasiones, las condiciones del trabajo invitaban a una desnudez que si bien no parece que fuera obligada, resultaba en cualquier caso mucho más cómoda. Esto ocurre, por ejemplo, en el caso de los pescadores, quienes al tener que permanecer mucho tiempo dentro de los ríos o pantanos optaban por trabajar desnudos y evitar así las molestias que podrían acarrear las ropas mojadas. Con todo, el calor y la comodidad hacían que los trabajadores egipcios de las pequeñas aldeas realizaran sus tareas diarias tal y como los dioses les habían traído al mundo. Por su parte, si bien no consta que en los estratos más elevados de la sociedad egipcia tuvieran las mismas costumbres, principalmente porque no trabajaban y vivían siempre rodeados de servidores que los cubrían del ardiente sol del desierto, las damas de la alta sociedad sí acostumbraban a llevar en las fiestas sugerentes vestidos de lino, casi transparentes, que dejaban adivinar absolutamente todo lo que había debajo de ellos.

Sexo puro y duro

Si bien es cierto que los documentos “pornográficos” en el antiguo Egipto son hasta la época ptolemaica muy escasos, los documentos que nos han dejado en este sentido los antiguos egipcios, son auténticos Kamasutra de las prácticas diarias del sexo en la corte del faraón. En estos papiros y ostraca, podemos llegar a entender de forma más directa la importancia y variedad de esta faceta humana en el valle del Nilo. Sin punto de comparación con los infantiles poemas eróticos en donde los novios insinuaban de forma velada una sexualidad y erotismo muy recatados, tenemos auténticos papiros pornográficos, que si bien son una excepción, no dejan de ser interesantes. De entre todos los documentos que tenemos, el más conocido es el papiro de Turín nº 55001. Perteneciente al reinado de Ramsés II, no fue publicado hasta el año 1973 por su marcado contenido erótico, y es que los dibujos allí inscritos no parecieron ser del gusto más refinado de los primeros egiptólogos, incluyendo al propio Champollion. El papiro hace una breve reseña de las licenciosas costumbres de las que gustaba un Ramsés ya entrado en años. Se describe cómo las muchachas recién llegadas a palacio hacían todo lo posible por hacerse con los favores de su faraón. Así, se presentaban ante él y tras un estimulante strip-tease se acercaban a su señor, abriendo los muslos y mostrando todo aquello que el rey se perdería si las llegara a rechazar. Seguidamente, Ramsés, harto de tan “insulso” desfile de modelos, organizaba algo mucho más excitante para su calenturienta cabeza: hacía entrar en el gran salón del palacio carros repletos de muchachitas en las posturas más inverosímiles, gritando y jadeando como auténticas bestias en celo.

Un arte puritano

Si bien los antiguos egipcios estaban sobrados en intenciones y manifestaciones de un erotismo patente, eran bastante recatados a la hora de representar iconográficamente este tipo de escenas si nos alejamos de los papiros propiamente eróticos. De esta manera, resulta bastante complicado encontrar desnudos integrales en la iconografía oficial egipcia, si nos salimos de las escenas tradicionales de bailarinas en las tumbas tebanas. Poseemos algunos ejemplos de la concepción y nacimiento divinos de los faraones egipcios. En ellos se observa cómo el dios desciende a la tierra para unirse con la madre del rey y engendrar así un nuevo vástago para la dinastía reinante. Lo curioso de este tipo de escenas es que los dos protagonistas están vestidos aunque la postura de sus cuerpos denote claramente qué tipo de acto están realizando. De igual manera, en la escritura jeroglífica uno de los determinantes utilizados en el campo semántico que agrupa a todas las palabras relacionadas con el sexo es el dibujo de una pareja haciendo el amor… pero vestidos. La misma perspectiva utilizada por los egipcios en sus representaciones relivarias y pictóricas -las figuras de perfil- impedía una perfecta apreciación de los desnudos. No obstante conservamos algunas excepciones dignas de mención. Por ejemplo, es célebre la escena de las tres flautistas en la tumba del noble tebano Nakht (ca. 1400 a. C.), especialmente porque una de ellas aparece con el pecho dibujado en posición frontal. De igual manera, la tumba de Rekhmire en Tebas posee una pintura que muestra una escena de tocador en donde una de las sirvientas está en un perfil de tres cuartos, de suerte que enseña el trasero al espectador. Por su parte, la escultura en bulto redondo quizás más proclive a mostrar el cuerpo entero, tampoco se prodigó en este tipo de temas a excepción de las representaciones itifálicas del dios Min. No será hasta la época ptolemaica (a partir del 332 a. C.) cuando aparezca el erotismo o la pornografía de forma abundante en la escultura grecoegipcia.

Las divinidades del sexo

Desde época prehistórica -IV milenio a. C.-, el Egipto faraónico ha estado surtido de numerosos amuletos con una función vinculada a la fertilidad más que manifiesta. Conservamos figurillas de mujeres desnudas u hombres dotados de un enorme pene interpretados como un llamamiento claro a la fertilidad. Con el paso de los siglos, si bien este tipo de amuletos siguió realizándose -conservamos buenos ejemplos en la ciudad de Deir el Medina de la XVIII dinastía, ca. 1400 a. C.-, se fueron solidificando las creencias en torno a una serie de divinidades con una finalidad específica. La diosa con más tradición en este sentido fue Hathor, identificada con un sinfín de divinidades femeninas locales lo que provocó una difusión abrumadora de sus seguidores. Esta diosa era protectora de las mujeres, protectora de las fiestas, la bebida, el amor y toda clase de desenfrenos de los que solía participar un egipcio en vida. Los griegos la identificaron con su Afrodita. De forma muy similar, el dios Bes, posiblemente de origen extranjero -fenicio o nubio-, era el patrón de las alcobas conyugales, de los bailes, las fiestas y protector de las parturientas junto a la divinidad femenina Tueris. Se le representaba de frente como un enano grueso y barbudo, sacando la lengua y en ocasiones tocando algún instrumento.

NACHO ARES        www.nachoares.com

© Nacho Ares 2006

Publicado en Misterios de la Arqueología y del pasado, nº7 abr. 1997

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Comentarios
  1. miguel angel dice:

    mientras mas cacheros , y , o pajeros , mas energia se habra desperdiciado por los humanos y aprovechada por los del otro lado de la luna , deja el desperdicio , usa tu energia para crecer.

  2. josé dice:

    Bién por Miguel Angel.nos falta energía,es cierto,por tanto vicio y poco entendimiento entre los seres humanos,incluidos.animales y plantas.Hoy tenemos la tecnología suficiente para salvarnos,¿por qué no lo intentamos?

  3. Tyrael dice:

    Ajajaja miguel y jose sus comentarios son graciosos, pero solo aquellos que se arrepienten de sus actos son los que piden ser salvados, además la tecnologia no te hara ese favor ajajajajaja…

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