ENCUENTRO CON VALLÉE: DE LOS OVNIS A LAS MANIS (Manifestaciones Alquímicas No Identificadas)

RED PILL JUNKIE    La semana pasada mis amigos Darren y Graham, anfitriones del podcast Grimerica Show, me regalaron lo que es probablemente el mayor honor que un aficionado OVNI puede recibir: una oportunidad para entrevistar al Dr. Jacques Vallée, el investigador más renombrado en el campo.

De hecho tuve la oportunidad de conocer al Dr. Vallée en persona el año pasado, y conversé con él en compañía de mi buen amigo y colega Greg Bishop -puedes leer sobre ello aquí-, pero esta nueva oportunidad fue claramente diferente. Para empezar, en aquella ocasión dejé que Greg hablara la mayor del tiempo, ya que la principal excusa que tuvimos para reunirnos con el honorable astrónomo y científico informático fue entregarle una copia del libro de mi amigo, ¡It Defies Language! Estaba demasiado “deslumbrado” e intimidado por estar en presencia de tal leyenda. Además, esa había sido una conversación privada alejada de cualquier escrutinio público; como sabía que Vallée rara vez aceptaba entrevistas en estos días debido a su apretada agenda, tuve que prepararme una lista de buenas preguntas para él -el tipo de preguntas que rara vez se hacen en programas como Coast to Coast, si sabes a lo que me refiero-, que consulté con unas pocas personas cuya opinión sobre el tema OVNI valoro enormemente.

Hice mi tarea con diligencia, pero sin embargo la noche anterior a la entrevista estaba comprensiblemente nervioso, y no pude dormir hasta pasadas las 3 de la mañana. Traté de calmarme viendo Star Trek Generations, que había sido lanzado recientemente en Netflix, y la película me recordó mi amor olvidado por la serie de los 90’s ST: TNG y mis años universitarios; de cómo al mismo tiempo estaba empezando a hacer uso de los ordenadores en mi universidad para acceder a la Internet temprana con el fin de leer los foros monocromáticos de Ovnis, volvería a casa y trataría de no perderme las aventuras del Capitán Jean Luc Picard y la tripulación del USS Enterprise en la televisión por cable; de cómo me uniría a ellos en sus viajes en mi imaginación, y soñaría con la Frontera Final …

Es justo decir que por aquel entonces todavía estaba profundamente atrincherado en la Hipótesis Extraterrestre como la “mejor” solución para el dilema de los ovnis, y aunque mis pensamientos sobre el fenómeno han evolucionado dramáticamente en los últimos veintitantos años, decidí esa noche, por puro capricho, que empezaría a volver a ver toda la serie de The Next Generation, disponible en su totalidad en la plataforma de Netflix.

(Menciono esta anécdota aparentemente trivial por razones que resultarán claras más adelante, queridos colegas…)

Llegó la noche de la entrevista, y mis amigos de Grimerican tuvieron la amabilidad de permitirme ‘estar al frente’ de la discusión durante la mayor parte del tiempo que tuvimos el Dr. Vallée (pueden escuchar el episodio aquí). Grimerica Show se enorgullece de no tratar de copiar el anticuado modelo de radio, por lo tanto, no tiene patrocinadores o interrupciones comerciales, y los chicos han aprendido la delicadeza de dejar que sus invitados hablen y tratan de cortar lo menos posible. Este formato informal de podcast tiene sus pros y sus contras: las desventajas son que de la larga lista de preguntas que había preparado, creo que solo logro cubrir menos del 15% de lo que quería preguntarle a Vallée; los pros son que la conversación entró en avenidas que no había esperado ni anticipado. En absoluto.

Hay muchas cosas que cubrimos en la hora y media aproximada en la que tuvimos al Dr. Vallée en línea, pero el verdadero meollo de la conversación ocurrió cuando comenzamos a discutir lo que él llama ‘muestras físicas’, y la investigación que ha estado tratando de hacer con ellas. En primer lugar, hizo la distinción entre dos tipos diferentes de muestras relacionadas con la pregunta OVNI: existen los llamados “implantes extraterrestres” que se popularizaron a finales de los 90 gracias al trabajo del fallecido doctor Roger Leir; fue sorprendente escuchar al Dr. Vallée admitir cómo, después de ser muy escéptico inicialmente sobre la naturaleza de los objetos extraños que se extraen de los cuerpos de presuntos abducidos, justificadamente, dado que los dermatólogos están familiarizados con todo tipo de cuerpos extraños que se alojan inofensivamente bajo de la piel, de los que los pacientes no tendrán ningún recuerdo de cómo llegaron allí si tuvieron un incidente a una edad temprana; ahora está convencido de que algunos de estos implantes merecen un mayor escrutinio.Tal vez fue Jeremy Corbell y el trabajo que hizo con Leir justo antes de morir lo que provocara que Vallée cambiara su opinión, pero en cualquier caso fue refrescante una vez más corroborar que la razón por la que el Dr. Vallée es excepcional en este campo es porque no tiene miedo a reinventarse a sí mismo y cambiar de opinión sobre el fenómeno de vez en cuando; a diferencia de la mayoría de los investigadores que pueden comenzar presentando una teoría o caso interesante, y luego pasan el resto de su carrera DEFENDIENDO su posición frente a cualquier tipo de desacuerdo y crítica; pero una vez más, eso es lo que hacen los buenos científicos cuando se les presentan nuevos datos.

Las otras muestras que le interesan al Dr. Vallée, y en las que ha estado centrándose más recientemente, son lo que él llama Ejecta: trozos de escoria de metal supuestamente expulsados ​​por un OVNI en circunstancias inusuales, -como si el objeto sufriera algún tipo de ‘mal funcionamiento’ o pasara por algún tipo de problema-, y ​​luego el material ‘goteara’ hacia el suelo a temperaturas muy altas, que luego será recogido por el desconcertado testigo después de que se enfríe para guardarlo como un recuerdo curioso.

El Dr. Vallée mencionó el famoso caso Ubatuba de Brasil, que salió a la luz en 1957, pero para el campo OVNI de habla inglesa tal vez un ejemplo más reconocible sería el controvertido caso de Maury Island, que fue investigado por Kenneth Arnold y finalmente llevó a la muerte de dos miembros de la Fuerza Aérea mientras recuperaban una caja que contenía muestras de la escoria expulsada por un platillo volante.

Ese tipo de muestras habían sido analizadas hace décadas, tanto por la Fuerza Aérea como por investigadores independientes como el Prof. Sturrock de la Universidad de Stanford, y en varios laboratorios en Francia. En el caso de las muestras de Ubatuba, los investigadores descubrieron que estaban compuestas de magnesio de un nivel muy alto de pureza, lo que las hacía inusuales … pero no necesariamente convincentes si lo que estaban buscando era un elemento químico nuevo, -algo no es de este Tierra-, lo que probaría que los ovnis serían naves interplanetarias. Con el tiempo, tanto los fanáticos de los ovnis como los escépticos se olvidaron del material de eyección, que permaneció oculto en los cajones o armarios de los testigos aún desconcertados.

El tipo de equipo de espectrómetro que el Prof. Sturrock usó en su análisis es muy costoso y los investigadores universitarios lo utilizan constantemente. Lo que el Dr. Vallée ha estado haciendo pacientemente es recoger muestras que se le han proporcionado de casos de ovnis menos publicitados, y acudir a sus asociados en Silicon Valley, donde tienen espectrómetros más nuevos, más pequeños y asequibles.

“Encontramos algo muy curioso”, nos dijo. Al analizar las proporciones de isótopos de estas muestras de minerales, descubrieron que no se ajustaban a las proporciones terrestres esperadas, ni a las extraterrestres exhibidas por objetos meteóricos. En otras palabras, casi parecía como si los isótopos hubieran sido rediseñados, separándolos y otorgándoles una proporción exótica solo para reintroducirlos en la aleación de metal por alguna razón desconocida.

La separación de isótopos del uranio se realizó por primera vez en el proyecto Manhattan, pero separando los isótopos de metales “ordinarios” como el magnesio. Eso aún costaría millones de dólares, según Vallée. Pero incluso si pudieras hacerlo, ¿POR QUÉ lo harías, de todos modos?

Recientemente Vallée ha estado haciendo presentaciones en conferencias, y también ha dado entrevistas de radio en las que ha tratado de explicar este divertido negocio de isótopos, pero supongo que nadie realmente le ha prestado la atención necesaria. Quizás sea de esperar; después de todo, la mayoría de las personas interesadas en el fenómeno OVNI no son científicos o metalúrgicos, ¡incluyéndome a mí! Así que hablar de razones químicas se vuelve enseguida demasiado seco y técnico, y no es realmente lo que quieres escuchar de un hombre como el Dr. Vallée, ¿verdad? Quieren hablar de casos extraños, clásicos, el lamentable estado del campo de los ovnis en el siglo XXI -¡Tom DeLonge! – o sobre el tipo de actividad reportada dentro del famoso rancho Skinwalker, ¿no? En otras palabras, ¡la “actualidad” que mis buenos amigos a los que Ben y Aaron les encanta discutir en su podcast de Mysterious Universe!

Pero entonces me golpeó.

Esperé a que el Dr. Vallée terminara de hablar sobre cómo él y sus colegas están dispuestos a compartir sus muestras con quien quiera llevar a cabo sus propios experimentos, y yo salté con entusiasmo a preguntarle: “¿Estás diciendo que estos resultados sugieren que estamos tratando con una agencia no solo capaz de manipular el continuo espacio-tiempo -como tú y otros investigadores han documentado en muchos casos- sino TAMBIÉN capaz de transformar la energía en materia , ¿y viceversa?”

Casi salté de mi silla cuando me respondió con un resonante “¡Oh, sí!”

Y fue aún más lejos, especulando sobre cómo esto tiene más que ver con el supuesto ‘encubrimiento’ de la realidad OVNI por parte del gobierno de EE. UU., que con cualquier plan nefasto de la supuesta ‘civilización disidente’ o nuestros señores supremos ‘Illuminati’. Si asumimos que de hecho el gobierno recuperó platillos estrellados ​​u otro tipo de material a lo largo de los años, el encubrimiento podría haber tenido sentido en los años 50 si lo que intentaban era encontrar el secreto del ‘sistema de propulsión alienígena’ antes que los soviéticos. El Dr. Vallée cree firmemente que, como contribuyentes, el pueblo estadounidense tendría derecho a exigir una respuesta a aquellos que podrían haber mantenido estos objetos recuperados en secreto durante tanto tiempo.

Pero … ¿y si ellos aún no tienen una respuesta?

Imaginemos que los poderes fácticos han logrado recuperar 10, 50 o incluso 100 platillos estrellados. Descubren cómo abrirlos, solo para encontrarlos … vacíos. Sin sala de control, sin sistema de guía. Ni siquiera un motor o una fuente de poder discernible. Para nosotros, eso no tendría ningún sentido, de la misma manera que alguien que viviera en el siglo XVIII encontraría uno de nuestros automóviles igualmente absurdo; ¡abrirían el capó tratando de encontrar dónde está escondido el caballo!

No solo eso, sino que tampoco pueden aprender nada del hardware ‘alienígena’, porque tarde o temprano descubren lo que Vallée y sus colegas están descubriendo: que está compuesto de ‘materiales mundanos’. No hay Unobtanium o Vibranium para replicar para su I + D militar, y en ninguna parte para conocer el propósito detrás de esta reingeniería “absurda”.

Entonces … la comprensión bastante perspicaz que se mencionó durante la entrevista, ¿eh? A decir verdad, no me puedo dar palmaditas en la espalda por ello, y aquí es cuando volvemos a la “trivial” anécdota que mencioné al principio de este artículo. ¿Recuerdas que había decidido volver a ver ST: TNG en Netflix la noche antes de la entrevista? [¡Spoilers!] Ocurre que en los dos episodios piloto de la primera temporada ( Encounter at Farpoint ) el Enterprise encuentra un misterioso objeto -que inicialmente tiene el aspecto clásico de un platillo volador, BTW- y al final descubren que no están lidiando con un ‘recipiente’ lleno de alienígenas hostiles, sino con una entidad viviente capaz de manipular la realidad y ‘manifestar’ cualquier tipo de objeto a la existencia por puro pensamiento, de una manera similar a los ‘replicadores’ a bordo del Enterprise que fueron utilizados para convertir la energía en materia.

¿Sincrónico? Quizás no sea así. Pero al menos bastante afortunado

Pero volvamos a la entrevista de Vallée. Las implicaciones de este hallazgo, si él y otros investigadores lo confirman con éxito -y nos recuerda que aún no están listos para publicar sus resultados- son asombrosos. Más de cien años después del año en que Albert Einstein escribiera la ecuación de física más famosa del mundo (E = mc2), cualquier niño de la escuela primaria sabe que los átomos que forman la materia ordinaria se pueden dividir, y el proceso libera una enorme cantidad de energía. Este poder no solo es la base de la energía de fisión, sino que también es la razón por la cual nuestro clima geopolítico actual se está volviendo cada vez más … interesante, en el sentido chino de la palabra.

¿Pero invertir la ecuación y convertir la energía pura en materia? Eso todavía permanece en el dominio de la física teórica. Y, sin embargo, los antiguos precursores de nuestros científicos modernos ya tenían un nombre para dicho proceso: TRANSMUTACIÓN.

Los hombres que usaban esa palabra eran tan inteligentes como cualquier graduado del MIT; simplemente no tenían computadoras o grandes colisionadores de hadrones con los que trabajar, sino recipientes y retortas. Tampoco escribieron sus hallazgos usando ecuaciones matemáticas, sino que confiaron en símbolos arcanos entrelazados con el mito y la astrología, para proteger sus descubrimientos de la competencia o la mirada peligrosa de la Iglesia. Estos hombres eran alquimistas , siguiendo una tradición filosófica tan antigua que sus orígenes se perdieron en las arenas del tiempo.

En nuestros tiempos, la Alquimia no se considera más que una “proto-ciencia”, y aunque se atribuye a los alquimistas el fundamento básico sobre el que se erigieron los edificios modernos de la Química y la Física, todavía se los considera necios supersticiosos que desperdiciaron su vida en búsqueda de una sustancia imposible llamada ‘lapis’ o Piedra Filosofal, -algunos científicos incluso se regodean con el hecho de que con nuestro moderno equipo han logrado los sueños más descabellados de los alquimistas de ‘convertir el plomo en oro‘.

Pero el verdadero propósito de la Gran Obra era mucho más complicado que eso: no era la mera transmutación de los metales básicos, sino la transformación del Alquimista mismo. En la tradición occidental esotérica, los filósofos hablaban de la quintaesencia, el “éter” celestial o sustancia divina, diferente de los elementos comunes de la Tierra, el viento, el agua y el fuego. El éter era el “aire puro” que respiraban los dioses, y es del que se suponía que los cuerpos celestes estaban compuestos, similar al Akash hindú y otras tradiciones místicas. Sin la quintaesencia, ninguno de los otros elementos podría existir.

¿Podríamos usar un término diferente para describir este antiguo término alquímico, para hacerlo más accesible a nuestro pensamiento moderno? ¿Qué tal … la Matrix?

Vamos a especular sobre cómo una posible inteligencia (o grupo de inteligencias) puede “manipular la matrix” para manifestar lo que necesiten, donde y cuando quieran; ya sea una embarcación de metal … o un cuerpo, en caso de que necesites interactuar con los nativos por la razón que sea.

Los revolucionarios sistemas de propulsión y los materiales exóticos dentro de un OVNI solo tienen sentido desde la perspectiva de una nave alienígena que vino de otro lugar y llegó a nuestro planeta. Pero cuando juegas un videojuego de computadora, tú (el jugador) no necesitas ‘insertar’ nada en el sistema virtual, y ciertamente no necesitas ser físicamente transportado a ese reino digital. Aprietas unos botones y ¡Voilá! ‘engendras’ un avatar digital para interactuar con el entorno del juego. Y en algunos juegos también puedes manifestar todo tipo de sistemas de transporte. Esos transportes se componen de los mismos 1 y 0 que componen todo en el paisaje sintético, y los programadores no necesitan simular cada pequeña complejidad o componente en el vehículo para que funcione, ya que tienen acceso directo al ‘código fuente’ que controla la dinámica de todo el juego.

¿Absurdo? No, si estás dispuesto a aceptar las suposiciones del Dr. Vallée, y las mías, de que nuestro continuo espacio-tiempo es solo un subconjunto de una Realidad más grande, de la cual puede emanar el fenómeno OVNI. Y si eso te recuerda mucho al antiguo gnosticismo, querido colega, es porque lo es, -el mismo Dr. Vallée lo admitió también durante la entrevista.

Sé muy bien que todas estas especulaciones descabelladas han ido más allá de lo que Jacques Vallée y sus colegas podrían estar cómodos apoyando, y es cierto que lo que están descubriendo abre MÁS preguntas que las respuestas que puede proporcionar. Pero una cosa es segura: cuando se compara con la noción de manifestaciones alquímicas no identificadas (MANIS) invocadas por inteligencias capaces de controlar la Matrix de nuestra propia existencia, la HET (hipótesis extraterrestre) suena sumamente pintoresca … y aburrida.

Así que aquí está la esperanza de que Vallée se las arregle para involucrar a algunos expertos de Silicon Valley en su investigación (¡ejem, ejem! Elon Musk). Y si conoce a alguien que puede estar en posesión de posibles restos expulsados ​​por un OVNI, no se sienta molesto si un caballero francés de buen aspecto le pregunta al respecto. No seas duro con él y dale un poco de escoria.

RED PILL JUNKIE                       The Daily Grail

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¿FUERON LOS INCAS UN IMPERIO?

El Tahuantinsuyo floreció entre los siglos XV y XVI y su capital estaba en Cusco, Perú.

PIERINA PIGHI BEL    ¿Hubo alguna vez un Imperio inca?: la visión de Jago Cooper, director de América del Museo Británico

Los incas se extendieron desde Ecuador hasta Argentina, conquistaron otras culturas y el poder se concentraba en una persona.
Esta descripción suena a la de un imperio, pero ¿los incas lo fueron en realidad?
María Rostworowski, una de las principales historiadoras en Perú de esta cultura, prefería no usar esa palabra por ser muy propia del “Viejo Mundo”.
Ella prefería usar “Tahuantinsuyo” (cuatro regiones unidas, en quechua).
Pero el arqueólogo británico Jago Cooper, autor del documental “Los incas: amos de las nubes” (2015) (y otros investigadores) sí llama “imperio” a esta civilización, pero uno “no occidental”.

Jago Cooper también ha filmado las series de documentales “Los reinos perdidos de América del Sur”, “Los reinos perdidos de América Central”, “Isla de Pascua: misterios de un mundo perdido” para la BBC (Foto: IWC Media).

¿Qué tenían los incas de un imperio y qué no? ¿Qué hizo única a esta cultura andina?

El arqueólogo Cooper, también curador y director del área de América en el Museo Británico, en Londres, participa con su documental en el Hay Festival de Arequipa y le respondió a BBC Mundo estas preguntas.

¿Imperio o Tahuantinsuyo?

Si digo “Tahuantinsuyo” nadie va a saber de qué estoy hablando, a menos que hayan estudiado la historia inca. Es un concepto muy diferente de cómo las cuatro regiones (que lo formaban) se unen.
Estoy de acuerdo con que “imperio” es una palabra nacida a partir de una percepción occidental, pero debes usar palabras que la gente entienda.
Además, los incas cumplen ciertas características de “imperio”.

¿Como cuáles?

Son un imperio en el sentido de que tuvieron gran extensión geográfica, control centralizado, el poder estaba organizado jerárquicamente, tenían un sistema de medida como los quipus (sistema de contabilidad), un marco ideológico que unía a la gente, y ese tipo de cosas.

¿Y por qué imperio “no occidental”?

Los incas fascinan a la gente porque representan un modelo diferente de imperio y de sociedad compleja.
Juntaron a cientos de miles de personas juntas bajo un solo marco cultural, pero en una forma muy diferente a como lo hicieron los griegos, los romanos y los egipcios.
Una forma diferente a cualquier cosa que haya surgido en Europa, que ha dominado la comprensión que la gente tiene de “civilización”.

La ciudadela de Machu Picchu fue descubierta al mundo por Hiram Bingham en 1911

Una de las diferencias con Europa que mencionas es que los incas pensaban que el pasado, el presente y el futuro eran paralelos (suceden al mismo tiempo) y no lineales.

Si crees que todos tus ancestros y tus descendientes están viviendo en tiempos paralelos, mirándote y viendo tu comportamiento y tu estás viviendo con ellos, y que son parte del entorno físico, cambian completamente tus decisiones.
Eso explica por qué sacaban a las momias en procesiones, al público.
La gente que podía mediar entre las diferentes vidas era muy poderosa.

¿Era posible que los incas hablaran de una persona muerta como si estuviera viva?

Sí, totalmente posible.

Esto debe haber sido confuso para los europeos cuando llegaron.

Muy confuso. Los europeos no tenían ni idea de lo que estaba sucediendo y eso tenía un gran impacto en determinar la fecha de muerte de alguien, el tiempo en el que alguien había vivido.
Si crees que el pasado, presente y futuro son paralelos, lo único que los une es un lugar físico. Una montaña, una piedra particular se convierte en el punto de conexión entre el pasado, presente y futuro.

Lo que para los europeos era una cima de una colina, para los incas podía ser un lugar sagrado, de gran importancia.
La gente todavía no entiende esas percepciones del paisaje, la importancia de los lugares.

Machu Picchu estaba en el centro del Tahuantinsuyo.

¿Qué otras diferencias tenían con Occidente?

Una de las diferencias es que nadie más creó un imperio en un terreno como el de los Andes, que es un paisaje extraordinario.
Los incas tuvieron la habilidad de atraer comunidades de una gran variedad de regiones diferentes, desde el desierto hasta la selva, desde Argentina hasta Ecuador.
Crearon un imperio que combina regiones. Es extraordinario. Los romanos se extendieron en Europa, pero no tenían bosques tropicales, no tenían desiertos.

¿Cómo atrajeron a tantas comunidades?

Otra de las diferencias es la forma en la que los incas se expandieron.
Esta forma se basó en atraer a las comunidades para que se unieran al imperio, en vez de usar la fuerza (la usaban solo si era necesaria).
Persuadían a la gente de que lo que ofrecían era muy bueno, para que quisieran volverse incas.

¿Qué les prometían?

Les ofrecían el desarrollo que alcanzaron en sistemas de caminos, comercio, transporte de bienes, almacenamiento de comida…

Esto es diferente de todo lo que se ve en los modelos europeos.
También eran tolerantes con otras religiones.

La ciudadela de Machu Picchu es una de las siete maravillas del mundo moderno.

¿Y cómo lograron esas ventajas en tan pocos años?

En los modelos occidentales se requiere que los imperios desarrollen ellos mismos las cosas.
Pero cuando surgieron los incas, que representan solo unos cuantos cientos de años de la historia de Perú, ya había comunidades muy complejas ahí y en América del Sur (a las que absorbieron).

Aparecían en una región y le decían a la gente “pueden comerciar lo que producen, nunca van a pasar hambre, pueden mantener su religión, su estilo de vida, solo los vamos a incorporar a una estructura más amplia”.

¿Por qué crees que la gente debe ver tu documental o saber estas cosas de los incas?

Mis programas abren una pequeña ventana a la maravilla de los incas.
La gente que nunca ha escuchado sobre ellos puede tener una pequeña introducción que desafíe su manera de ver el mundo y eso es algo muy bueno.

Pierina Pighi Bel
HayFestivalQuerétaro@BBCMundo

PALABRAS: SISTEMA DE CONTROL

Cuando hablo de sistema de control del espíritu, no quiero decir que una supercivilización superior nos haya encerrado en las restricciones de una cárcel limitada por el espacio, vigilada de cerca por entidades que podríamos llamar ángeles o demonios. Lo que quiero decir es que la mitología rige un cierto nivel de nuestra realidad social sobre el cual las tendencias políticas e intelectuales normales no tienen poder real. En ese nivel las estructuras del tiempo son largas y la evolución lenta. Los medios de comunicación, cuyo papel consiste en transmitir imágenes de ruido transitorio en algunas fracciones de segundo (mientras más ruido, mejor), dejan de percibir por completo esta señal. Una sociedad incapaz de fijar su atención durante más de algunos minutos (el intervalo entre dos anuncios publicitarios), no puede concebir acontecimientos que comenzaron antes del nacimiento de mi abuelo y que acabarán después de la muerte de mi nieto. Pero tales cambios a largo plazo sí existen. Dominan el destino de las civilizaciones.
Esta teoría no explica cómo los OVNIS hacen para aparecérsenos, aunque incide al menos en una idea: son al mismo tiempo naves físicas (un hecho que me parece innegable desde hace tiempo) y mecanismos psíquicos cuyas propiedades precisas áun están por definir.

JACQUES VALLÉE                Dimensions (en español Crónica de Otros Mundos)

VIDA AVANZADA PUEDE EXISTIR EN UNA FORMA QUE ESTÁ MÁS ALLA DE LA MATERIA

6a00d8341bf7f753ef01b7c92277f4970b-800wiEl astrofísico Paul Davies de la Arizona State University sugiere que la tecnología avanzada ni siquiera puede ser de materia. Que podría no tener un tamaño o forma fija; no tienen fronteras bien definidas. Es dinámica en todas las escalas de espacio y tiempo. O, por el contrario, no parece hacer nada en absoluto que podamos discernir. No consiste en cosas discretas, separadas; sino más bien en un sistema, o una sutil correlación de alto nivel de las cosas.

¿Son la materia y la información, pregunta Davies, todo lo que hay? Quinientos años atrás, escribió Davies, “el concepto mismo de un dispositivo que manipula la información o el software habría sido incomprensible“. ¿Podría haber un nivel aún más alto, aún fuera de toda experiencia humana, que organiza los electrones? Si es así, este tercer nivel “nunca se manifestaría a través de observaciones hechas a nivel informativo, y menos aún a nivel de la materia.”

Debemos estar abiertos a la posibilidad distinta de que una tecnología alienígena avanzada de mil millones de años pueda operar en el tercer o quizás un cuarto o quinto nivel, todos los cuales son totalmente incomprensibles para la mente humana en nuestro estado actual de evolución.

Susan Schneider, de la Universidad de Pennsylvania, parece estar de acuerdo. Ella es uno de los pocos pensadores-fuera del reino de la ciencia ficción que han considerado la noción de que la inteligencia artificial ya está ahí fuera, y lo ha estado por eones.

Su estudio, Alien Minds, pregunta: “¿Cómo piensan los extraterrestres inteligentes? ¿Tendrían experiencias conscientes?, ¿sentiría de una cierta manera por ser un extraterrestre?”

Aunque somos conscientes de que nuestra cultura es antropomorfa, Schneider imagina que su sugerencia de que los extraterrestres son superordenadores nos pueda parecer extravagante. Entonces, ¿cuál es su razón de ser para la visión de que la mayoría de las civilizaciones alienígenas inteligentes tendrán miembros que son inteligencia artificial superinteligente?

Schneider presenta tres observaciones que apoyan su conclusión para la existencia de la superinteligencia extraterrestre.

La primera es “la observación de la ventana corta“: Una vez que una sociedad crea la tecnología que podría ponerla en contacto con el cosmos, está a sólo unos cientos de años de cambiar su propio paradigma de la biología a la IA (inteligencia artificial). Esta “ventana corta” hace que sea más probable que los alienígenas que encontremos sean postbiológicos.

La observación de la ventana corta está apoyada por la evolución cultural humana, al menos hasta el momento. Nuestras primeras señales de radio datan sólo de ciento veinte años, y la exploración espacial tiene sólo cincuenta años, pero ya estamos inmersos en la tecnología digital.

El segundo argumento de Schneider es “la mayor edad de las civilizaciones alienígenas“. Los partidarios de SETI han concluido a menudo que las civilizaciones extraterrestres serían mucho más antiguas que las nuestras “… todas las líneas de evidencia convergen en la conclusión de que la edad máxima de la inteligencia extraterrestre sería de miles de millones de años, específicamente de 1.700 millones a 8.000 millones años.”

Si las civilizaciones son millones o miles de millones de años más viejas que nosotras, muchas serían mucho más inteligentes que nosotros. Según nuestros estándares, muchas serían superinteligentes. Somos bebés galácticos.

¿Pero serían formas de IA, así como formas de superinteligencia? Schneider dice, sí. Incluso si fueran biológicas, simplemente teniendo mejoras biológicas del cerebro, su superinteligencia sería alcanzada por medios artificiales, y podríamos considerarlas como “inteligencia artificial“.

Pero ella sospecha algo más extraño que esto: que no estarán basadas ​​en el carbono. Subirla (uploading) permite a una criatura acercarla a la inmortalidad, permite reinicios (reboots), y le permite sobrevivir bajo una variedad de condiciones que las formas de vida basadas en carbono no pueden. Además, el silicio parece ser un mejor medio para procesar la información que el propio cerebro. Las neuronas alcanzan una velocidad pico de unos 200 Hz, que es siete órdenes de magnitud más lenta que los microprocesadores actuales.

http://www.dailygalaxy.com/my_weblog/2017/09/-the-alien-observatory-advanced-life-may-exist-in-a-form-thats-beyond-matter.html

Modificado por orbitaceromendoza

HIPERCIVILIZACIONES Y LA HIPÓTESIS EXTRATERRESTRE PRIMITIVA

DAN D. FARCAS         Cada vez más especialistas admiten que la vida está en todas partes en el Universo y que tres a cuatro mil millones de años de condiciones favorables, que duran en un planeta, garantizan el surgimiento y desarrollo de seres inteligentes y eventualmente el nacimiento de una “civilización tecnológica” capaz de construir naves espaciales, para viajar a otros planetas habitables. Estas condiciones, aunque raras, se encuentran en muchos lugares en la inmensidad del universo. Sobre esta base, la hipótesis extraterrestre se convirtió en la forma más fácil de explicar el fenómeno OVNI.

Por otro lado, prestigiosos ufólogos, entre ellos el Dr. J. Allen Hynek o Jacques Vallée, cuestionaron esta explicación. Ellos, junto con los escépticos, han mencionado, entre otros, que las distancias entre civilizaciones son demasiado grandes para tales viajes cósmicos. Pero, como he argumentado en mi reciente libro “UFOs over Romania”,  si tomamos un enfoque apropiado, descubriremos que las distancias más importantes entre las civilizaciones cósmicas no son las del espacio sino las del tiempo.

He estimado que en la historia de nuestra Galaxia podría haber llegado a haber una serie de civilizaciones tecnológicas, de las cuales, tal vez unas pocas cientos sobrevivieron las enfermedades de la infancia (que enfrentamos ahora en la Tierra) y todavía existen. Pero estas civilizaciones no han surgido simultáneamente. Por ejemplo, en julio de 2015 se anunció el descubrimiento a 1.400 años luz de la Tierra, del exoplaneta Kepler 452b. Es similar a la Tierra, orbitando en la zona habitable de una estrella parecida al Sol. Ese sistema solar es mil millones de años más viejo que el nuestro. Eso significa que la vida y una posible civilización tecnológica podrían haber aparecido aquí mil millones de años antes que en la Tierra. En términos más generales, las primeras civilizaciones tecnológicas de la Vía Láctea podrían aparecer hace mil millones de años, o incluso antes. En consecuencia, entendemos que las posibles civilizaciones en el Cosmos están muy separadas unas de otras no sólo en el espacio, sino también en el tiempo. En nuestra Galaxia, estos varios cientos de civilizaciones supervivientes, estimadas más arriba, han aparecido, muy probablemente, una en varios millones de años. Por lo tanto, en la Vía Láctea no hay una civilización cercana a nuestro nivel.

¿Qué será de nuestra civilización (si va a sobrevivir) sobre millones (o billones) de años? Es imposible de imaginar. No olvidemos que no somos capaces de predecir nuestro futuro, ni siquiera en una perspectiva de varios cientos de años. ¿Cómo se verían los habitantes de una civilización que nos ha superado en millones de años? Tal vez se convirtieron en inmortales, tal vez el tiempo y el espacio no les importan, pueden haberse trasladado a una realidad virtual omnipresente, en otras dimensiones y así sucesivamente. Pero la verdadera respuesta es casi con toda seguridad mucho más compleja y desafía nuestra lógica e imaginación. Podemos aceptar sin embargo que se han transformado en algo más, más allá de nuestro entendimiento; En algo que podemos nombrar como una “hipercivilización”.

Si alguien considera que somos demasiado optimistas y los seres inteligentes son mucho más escasos, debemos añadir que nuestra Vía Láctea es sólo una de al menos 150 mil millones, más o menos similares, galaxias del Universo accesibles a nuestros instrumentos. Y tenemos fuertes razones para creer que hay otros Universos también, tal vez “paralelos”, quizás de otros estados de la materia, o partes de un “Multiverso”, etc.

La escolaridad y la ciencia ficción, pero no sólo, fijan nuestras mentes en patrones ignorando completamente la posibilidad de las hipercivilizaciones. En consecuencia, nos enfrentamos a dos “hipótesis extraterrestres”: la primera es lo que podríamos llamar la “hipótesis extraterrestre primitiva”, la otra la de las hipercivilizaciones.

La “Hipótesis Primitiva Extraterrestre” supone que todas las civilizaciones cósmicas están más o menos al mismo nivel de evolución. Por lo tanto nutre algunos falsos preconceptos como: muy largos y difíciles viajes cósmicos, desean aterrizar en el césped de la Casa Blanca, igualdad de derechos, conversación, invasión, intervención, ayuda y así sucesivamente.

Esta visión primitiva es completamente inverosímil. Si existen hipercivilizaciones (y existen, con una probabilidad del 99.999999%) ellas explotaron, en el más mínimo detalle, en nuestra Galaxia, hace millones de años, por lo que han conocido, durante mucho tiempo, nuestra existencia. Este razonamiento llevó a Enrico Fermi, cuando dijo, en 1950: “deberían estar aquí, ¿dónde están?”; pero ni él, ni muchos otros, consideraron que los representantes de las hipercivilizaciones podían estar aquí, entre nosotros, pero podían parecer tan diferentes de nuestras expectativas que no podemos reconocerlas. Lo que nos impide verlos es, también, un conjunto de prejuicios generalizados y profundamente arraigados, como los de abajo.

La preconcepción de la igualdad de derechos. Una diferencia de millones de años, o incluso cientos de millones, es tan grande como entre nosotros y un lagarto o incluso una hormiga. Si están aquí (como es muy probable), pueden examinarnos, monitorear nuestra evolución, incluso contactarnos de alguna forma, pero nunca s e pondrán al mismo nivel que nosotros.

La preconcepción de la conversación. Ya en 1959, Giuseppe Cocconi y Philip Morrison argumentaron que si la diferencia entre dos civilizaciones es de millones de años, la probabilidad de que puedan intercambiar ideas es cero. Interactuamos a veces con un lagarto; pero esto nunca será una conversación, dijeron.

El provincialismo temporal (término utilizado por el Dr. J. Allen Hynek). Afirma que, en oposición a los siglos oscuros anteriores, los últimos trescientos años nos llevaron finalmente a la luz de la verdad real y la ciencia. En esta luz, ahora podemos decidir qué hechos pueden ser aceptados y qué nunca serán posibles. Si hace cien años o así empezamos a usar la radio, algunos creen que durará como el mejor medio de comunicación para siempre. Si hace cien años Einstein postulaba que la velocidad de la luz es un límite, ninguna otra ley física será descubierta hasta el final de los tiempos para evitar este límite y así sucesivamente. Como un ejemplo peculiar, tenemos el preconcepto SETI. Según él, aunque las señales de radio necesiten miles de años de un mundo habitado a otro, las civilizaciones cósmicas considerarán que la señalización por ondas de radio será, para siempre, el medio de contacto más apropiado y que deberíamos gastar dinero para buscarlos.

La preconcepción de la invasión. Para muchas personas debería ser normal que una civilización cósmica llegue a la Tierra e intentara conquistarnos por la fuerza. Pero las hipercivilizaciones probablemente sabían, hace millones de años, que estamos aquí; por lo tanto, podrían invadirnos en cualquier momento y, en cierto sentido, probablemente ya estamos invadidos por ellos, durante millones de años. Algunos “artefactos fuera de lugar” podrían ser un indicio de eso.

La preconcepción de intervención y de ayuda. Algunos esperan que ET nos ayude (o al menos algunos “elegidos”) a superar futuras catástrofes. Pero incluso nosotros, si descubrimos un pedazo valioso de tierra, que ha escapado de la intrusión humana, intentamos declararla una reserva, permitiendo solamente una intervención muy limitada, por razones científicas. Esta actitud parece estar fortaleciéndose en el tiempo. Una hipercivilización observando a la Tierra y la civilización tecnológica humana deben actuar de una manera similar, evitando interferir en nuestra evolución, pero la toma de muestras, hacer algunos experimentos, tener contactos muy limitados (no del todo oficial o como entre iguales) con sólo algunos individuos, seleccionados sobre su y no nuestros criterios.

Por lo tanto, no se esperan asentamientos, ni destrucción, por un lado, ni contacto oficial, ni conversación, ni ayuda sustancial, por parte de civilizaciones cósmicas muy avanzadas, aunque estén aquí ahora.

La diferencia entre una hipercivilización y nosotros podría ser tan alta como la que existe entre nosotros y las hormigas. Algunos entomólogos que se propongan estudiar la vida de un hormiguero intentarán perturbar lo menos posible su vida. Por supuesto, podrían hacer experimentos, examinar o modificar algunas hormigas, o incluso llevarlas a laboratorios remotos, tratando de crear nuevas “razas”, etc. Intentarán averiguar, en la medida de lo posible, sobre la vida del hormiguero, pero no presentarán credenciales a la reina de las hormigas. Si los entomólogos tienen la tecnología, crearán algunas hormigas robot, enviándolos a la colina y mirando desde un lugar seguro, por ejemplo “en la pantalla del ordenador”, los datos transmitidos por ellos. Y si una hormiga robot se pierde en esa misión, el incidente añadiría un poco a los costos de la investigación, sin ser una tragedia.

Concepto artístico de los miles de millones de planetas de la Vía Láctea (Crédito: M. Kornmesser / ESO)

Podemos especular que una hipercivilización podría intentar realizar, utilizando materiales genéticos de la Tierra, nuevas razas, con mayor cerebro, con mayor inteligencia, adaptada para algunas tareas especiales, etc. Por lo tanto, muchas “razas” descritas por los supuestos abducidos (los Grises, los rubios altos, etc.) pueden ser tales razas humanas artificiales o incluso bio-robots derivados de la especie humana. Pueden ser “producidos” por ejemplo en reservas o bases en algún lugar fuera de la Tierra. De la misma manera hacemos nuevas variedades de trigo de las tradicionales. A veces, la variedad perfecta de trigo se volvía estéril o expuesta a nuevas enfermedades. En ese momento los agrónomos tratarán de encontrar algunos genes apropiados en el estanque representado por las especies primitivas de trigo, para mejorar la variedad “perfecta”. ¿Qué pasa si los seres humanos en la Tierra son el “grupo salvaje” de genes, adecuados para mejorar algunas razas artificiales en otros lugares? En este caso no habrá ningún problema de compatibilidad entre los visitantes y nosotros, como en algunas de las historias de abducción e hibridación OVNI, pero también, por ejemplo, en la nota bíblica: “En aquellos días, los seres divinos y las hijas humanas tenían relaciones sexuales y dieron a luz a los niños. Éstos eran los héroes antiguos” (Génesis, 6, 4). Algunas personas suponen incluso que hay una intervención externa en curso en la evolución de la raza humana para mejorarla.

Pero obviamente la comparación anterior -de la humanidad con un hormiguero- es ligeramente forzada, ya que la humanidad es, sin embargo, una posible hipercivilización futura. El surgimiento de una civilización tecnológica podría ser un evento muy raro en nuestra Galaxia, ocurriendo probablemente una vez en varios millones de años. Así que es normal para nosotros ser de interés para las inteligencias superiores. Pero, ¿qué podrían esperar de nosotros?

Una hipercivilización se comportará elusivamente y no nos dará su conocimiento y tecnologías; aún más, lo prohibirá. Esto no es sólo debido a la agresividad humana y la xenofobia, que hace de todas las nuevas tecnologías nuevas armas, ni sólo para evitar un “choque cultural” que podría destruir prácticamente todas nuestras fuerzas sociales, económicas, políticas, militares, científicas, religiosas y estructuras culturales. Puedo especular que tienen también algunas otras razones para eso. Las hipercivilizaciones podrían esperar (y tal vez cosechar incluso ahora) nuestras ideas originales, puntos de vista, creaciones (en el arte, la ciencia, la filosofía, la ética, etc.) producidas como resultado de millones de años de nuestra evolución independiente. Y toda esa cosecha esperada podría ser destruida por un contacto prematuro.

Algunas historias viejas, aparentemente absurdas, pueden ser una indicación de tal actitud: el castigo por la manzana del árbol prohibido del conocimiento, el encadenamiento de Prometeo, o los ángeles caídos (del Libro de Enoc), arrojados a un hoyo lleno de fuego, porque les enseñaron a los terrícolas algunas habilidades.

Muchos abducidos o contactados hablaron de bolas de luz etéreas como “depósitos de conocimiento e inteligencia”, registrando “todo en el Universo”, entre otros, la vida de todos (o de los individuos más interesantes). Tenemos algunos indicios para esto cuando hablamos de: el “Libro de la Vida”, “Registros Akáshicos”, “inconsciente colectivo”, o incluso “campo morfogenético”, etc. Esa “súper memoria” podría escribirse en una forma de soporte “espiritual”, o en algo que nos rodea y que todavía no somos capaces de imaginar. A veces, algunas personas, bajo ciertas condiciones, podrían tener acceso a este almacén de datos. De esta manera podemos explicar: canalización, “xenoglosia”, “walk-ins”, “reencarnación”, fantasmas, etc. En tal realidad virtual, el tiempo es diferente. Podemos viajar al pasado, vivir eventos sin cambiar el pasado real, o podemos ver escenarios del futuro (a veces apocalípticos), sin aceptar la fatalidad.

Por supuesto, todo lo anterior no es una prueba de que las hipercivilizaciones son la explicación de todo lo extraño y particularmente de los OVNIs. Es sólo una hipótesis; Pero -creo- una que no puede ser descartada fácilmente.

Dan D. Farcaş PhD                    Openminds

Modificado por orbitaceromendoza

CUANDO SE PUEDE HABLAR CON LOS MUERTOS

El cementerio de Wandsworth, en Londres HERRY LAWFORD / FLICKR

JOSÉ CERVERA   ¿Cuánto estaría dispuesto a pagar por charlar con sus seres queridos difuntos? Por desasosegante que resulte la oportunidad, está ya casi disponible. Como algo salido de las pesadillas de un guionista de Black Mirror , varias empresas desarrollan sistemas que permiten chatear con los muertos.

No es ciencia ficción, aunque pueda parecer una distopía; y está muy lejos de
ofrecernos copias en metal y plástico de nuestros finados. Pero crear un sistema
que nos proporcione la vívida sensación de estar conversando con una persona,
aunque haya fallecido, no sólo es posible sino que resulta relativamente sencillo.
Bienvenidos al nuevo mundo de la necrotertulia mediada por la tecnología, un
negocio con fascinantes raíces filosóficas y no pocos quebraderos de cabeza
futuros.
Todo lo vivo muere. Es una verdad indiscutible que nos hace iguales a todos. Los
humanos, seres dotados de memoria y de imaginación, sufrimos cuando esto le
ocurre a algún ser querido porque somos capaces de recordar cuando estaba
vivo y de imaginar lo que podría ser si lo siguiese estando. Durante milenios hemos tratado con reverencia a nuestros muertos, distinguiendo sus cuerpos del resto de los cadáveres del reino animal: es probable que ya en la Sima de los Huesos de Atapuerca, hace medio millón de años, algunos de nuestros antepasados separasen los cuerpos de los suyos; y desde entonces hemos cavado tumbas, erigido estelas y monumentos y diseñado elaboradas ceremonias funerarias.
En las películas de Hollywood aparecen a menudo tópicos que cualquier cultura
reconoce: el marido, esposa o hijo que habla con la lápida de su ser querido
fallecido o el de la carta que el agonizante deja como medio de comunicación
más allá de la tumba. Desde siempre hemos honrado a los muertos y hemos
imaginado hablar con ellos. Lo que pasa es que hasta ahora no había tecnología
para hacerlo.

El chatbot que permite hablar con los muertos en la serie de televisión ‘Black mirror’

Hablando con los muertos

Entra Replika, creada por la treintañera rusa Eugenia Kuyda a partir de un experimento personal. En 2015 un simple accidente de tráfico en Moscú acabó con la vida de su amigo Roman Mazurenko, su mentor de fascinante personalidad y estrella de la movida tecnoemprendedora rusa. Kuyda –por entonces trabajaba en una startup en San Francisco dedicada al uso de chatbots como asistentes educativos– sufrió la pérdida y pronto descubrió que echaba de menos las largas conversaciones con Mazurenko vía mensajes de texto.
Siendo esto Silicon Valley a principios del siglo XXI, la emprendedora rusa
decidió que este problema se podía resolver con tecnología. Utilizando todos los
mensajes que guardaba de su amigo, Kuyda entrenó una red neuronal de tal
modo que pudo crear un chatbot capaz de mantener una conversación que
responde, razona y bromea como el difunto Roman Mazurenko. Según la
leyenda de la compañía y de acuerdo con su carácter, una de las primeras frases
del bot-mazurenko fue: “ Tienes en tus manos uno de los rompecabezas más
interesantes del mundo: resuélvelo”.
No es el único proyecto. El programador y periodista James Vlahos cuenta en el
número de agosto de Wired su construcción de un ‘Papá-bot’ a partir de los
recuerdos grabados y archivados por su padre en los últimos meses de una
enfermedad terminal. Y si se conocen dos es probable que existan decenas de
otros bots en construcción, en startups en fase furtiva, esperando para salir al
mercado. Los casos conocidos, de hecho, tienen cierto aire de globos sonda o
pruebas de concepto; si la reacción es positiva, la oferta aumentará.

iTerna, lápidas digitales para cementerios YOUTUBE

El avance es mucho más significativo de lo que parece porque se trata de los primeros y muy imperfectos ejemplos de otro tópico de la ciencia ficción: la persona convertida en software que vive dentro de un ordenador. Un ser humano en forma de simulación informática capaz de reaccionar como lo haría el original a cualquier situación que se le presente; un programa cuyas respuestas sean indistinguibles de las que daría la persona en la que se basa.
Alimentados de conversaciones en mensajes de texto o de grabaciones de recuerdos, los actuales ejemplos no pueden ser más que pálidas versiones, ecos
remotos del original. Por muy avanzada que sea la Inteligencia Artificial que los
impulsa estos primeros chatbots son muy limitados debido a los pobres datos
que los alimentan.

¿Serán personas o máquinas?

Pero esto cambiará en el futuro: los mismos sistemas que se pueden usar para conectar un cerebro a un ordenador podrán algún día, “leer” el estado completo
de un encéfalo y grabarlo para que sirva de base a una IA. En teoría esto podría
producir un facsímil informático de una persona: un programa con todos los
recuerdos y conexiones que hacen de esa persona alguien diferente que fuera
capaz de responder a cualquier pregunta o cualquier situación exactamente
como el original.
Para entonces tendremos un problema; o mejor dicho, varios. ¿Será esa copia o
simulación una persona viva, con derechos y obligaciones legales o será
esclavizable? ¿Qué pasa si el original no desaparece y disponemos de múltiples
versiones? ¿Podemos enfrentarnos a un futuro en el que ciertas personalidades
son en la práctica inmortales? En el fondo, versiones de una pregunta
fundamental: ¿es un programa informático que reacciona como una persona
concreta, a su vez, una persona? Los juristas del futuro inmediato van a tener trabajo.

Memorial a los judíos asesinados durante el Holocausto en Berlín (Alemania) YOUTUBE

Por el momento lo que tenemos es una startup con un producto inquietante en el mercado: la posibilidad de construir versiones truncadas de nuestros seres queridos a partir de su presencia digital con las que poder mantener conversaciones de texto. Una especie de monumento digital a la personalidad de un difunto, quizá poco más que un paso adelante respecto a las lápidas digitales que ya conocemos. Pero que abre otras posibilidades que invitan al desasosiego. Abundan las probabilidades de que algo salga mal, porque en este
caso mezclamos sentimientos con máquinas, dos categorías que no se llevan
demasiado bien.
Puede que en el futuro acabemos charlando con normalidad con personalidades
electrónicas, vivas o muertas, unas o múltiples, sin problemas ni consecuencias
desagradables. Aunque para ello deberíamos pasar por encima de la instintiva
reacción de desazón que nos provoca la idea y empezar a tomar en serio este tipo
de proyectos, para pensar en cómo prepararnos. Porque hablar con los muertos
ya no es ciencia ficción.

JOSÉ CERVERA      Eldiario.es

GÖBEKLI TEPE PODRÍA HABER RENDIDO CULTO A LA ESTRELLA SIRIO

El templo más viejo del mundo parece ser un sitio de culto a la estrella Sirio

El templo Göbekli Tepe podría haber sido un sitio megalítico de culto a la estrella Sirio. Sirio, la estrella del perro (en la constelación Canis Major), es la estrella más brillante del firmamento y ha sido adorada por numerosas civilizaciones. Los egipcios incluso basaron uno de sus calendarios en esta estrella que coincidía con la crecida de las aguas del Nilo. Es también de esta relación que tenemos los llamados días de canícula (una palabra que hace referencia a esta estrella). A todo esto hay que añadir la posibilidad de que la civilización más antigua en dejar rastros arqueológicos de una religión podría haber basado el templo más viejo que conocemos en el culto a Sirio.

Göbekli Tepe, en el sur de Turquía, es un sitio de más de 11 mil años, con una serie de 20 patios rodeados por pilares de piedra en forma de T, en los que se inscribieron figuras de animales. En el centro de estas construcciones se encuentran dos megalitos paralelos. Este sitio ha modificado radicalmente algunas de las ideas que tienen los arqueólogos sobre los orígenes de la civilización y la cultura humana. Antes se creía que la agricultura había detonado el impulso de establecer una civilización sendentaria y desarrollar arte y religión.

Más allá de que existen pruebas de arte mucho más antiguas y manifestaciones religiosas ligadas también al arte, los hallazgos de este templo muestran que se construyeron templos y se establecieron poblados antes del desarrollo de la agricultura (al menos, no se han encontrado indicios de que hubiera agricultura cerca de este lugar). En otras palabras, los cazadores nómadas desarrollaron arquitectura, arte y religión.

Según el arqueoastrónomo Giulio Magli, este templo podría haberse construido como un observatorio y como un lugar de culto para la estrella Sirio. Este astro, debido a la precesión del eje de la Tierra, habría estado debajo del horizonte en esa zona, hasta que en el año 9300 a.C. habría emergido con fastuoso esplendor. El templo podría haberse construido alrededor del “nacimiento” de esta estrella e, incluso, su religión podría haberse centrado alrededor de este fulgurante astro. Magli mapeó los megalitos en relación a las diferentes posiciones en las que surgía Sirio en el cielo en los años 9100 a.C., 8750 a.C. y 8300 a.C. y encontró una alineación. Advierte, sin embargo, que la información no es concluyente, pero genera una interesante línea de investigación.

Pijama Surf

DESDE EL INFIERNO

Desde el Infierno es el título de una novela de Enrique Laso, autor muy destacado en Amazon, -con varios de sus libros entre los más vendidos y traducido a muchos idiomas-, que la editorial Última Línea publicó en papel e incluye en el volumen las dos partes en que se dividía el original en formato electrónico.

Como podría sugerir el título, este es un relato de terror que comienza con unas trágicas y bruscas muertes y en el que poco a poco, aunque a ritmo frenético, nos vamos enterando al tiempo que el angustiado protagonista de la que parecía una tierna infante tal vez no lo era tanto, o quizá sufría en silencio algún trauma aterrador, sugerido por unos perturbadores dibujos suyos.

Recurso este que podría parecer manido pero que el autor retuerce cada vez más en una cadena de acontencimientos estremecedores, con fenómenos extraños en casa del ateo protagonista, sucesos paranormales y agónicas llamadas de socorro desde alguna espectral dimensión.

Esta es una absorbente novela breve que no decepciona, de estilo directo, conciso, ligero, que mantiene la tensión nerviosa hasta el final que, aunque por supuesto no revelaré, incluye una póstrer sorpresa más que turbadora.

En definitiva, si eres aficionado a la literatura de terror y deseas percibir algunos ecos del infierno, este es tu libro.

Puedes adquirirlo en última línea y aquí.

PARANTROPOLOGÍA: EXPERIMENTANDO EL PODER DE LA TRIBU

ANTROPOLOGÍA Y PARAPSICOLOGIA

JUAN JOSÉ SÁNCHEZ ORO     Precognición, telepatía, la acción de la mente sobre la materia, apariciones extraordinarias… ocurren en pueblos preindustriales y culturas exóticas ante los ojos de antropólogos que fueron hasta allí interesados por otras cuestiones. Desconcertados por los sucesos anómalos que vivieron, estos investigadores de la condición humana decidieron anotarlos en sus cuadernos de campo. Un puñado de historias insólitas que surgen justo allí donde menos se las espera.

La antropología aspira a desentrañar las claves de la condición humana. Para ello, sus investigadores se miran en el espejo de otras culturas, en ocasiones, muy exóticas. Recopilan datos preguntando a informantes acerca de sus usos, costumbres y creencias, o bien, directamente efectuando la denominada “observación participante”. Es decir, introducirse y convivir durante un largo período de tiempo dentro de una comunidad con el propósito de recabar, de primera mano, todos los datos necesarios. Durante esa inmersión en la vida cotidiana de otras gentes, el antropólogo suele suspender el juicio de aquello que observa. Actúa como una suerte de frío y distante notario de la realidad que pasa ante sus ojos. También, parece inevitable caer en una cierta superioridad intelectual. Al fin y al cabo, aspira a explicar aspectos y comportamientos de la comunidad, cuyo sentido, los propios miembros que la componen ignoran por qué los hacen o los creen.
Sin embargo, el antropólogo también es humano y su aplomo científico, en ocasiones, se ve sacudido por sucesos que desafían su intelecto. En muchos cuadernos de campo y publicaciones etnográficas asoman un puñado de experiencias extraordinarias donde los testigos de anomalías son, precisamente, aquellos que estaban llamados a explicarlas. Un conjunto de sucesos raros que descolocó la mente de los más ilustres y afamados investigadores de los pueblos y etnias preindustriales.

Telepatía amazónica

En 2003 murió uno de los mejores reporteros de la revista National Geographic. Se llamaba Loren McIntyre, un fotógrafo y ex oficial de la marina que gustaba calificarse a sí mismo como un “yonkie de la exploración”. Entre sus principales gestas periodísticas destacó el haber accedido a las fuentes más recónditas del Amazonas el año 1971. Pero, antes de rubricar tan espectacular reportaje, vivió una extrañísima aventura que durante mucho tiempo apenas confió a sus más íntimos amigos. Una peripecia de la que rara vez solía hablar.
A finales de los años sesenta, McIntyre marchó a Brasil en busca de una comunidad indígena no contactada perteneciente a la etnia de los mayoruna. Los indicios acerca de su ubicación le habían sido facilitados por un piloto de avioneta que divisó un posible enclave de la tribu en un claro de la selva. El reportero acudió a las proximidades de ese lugar en un hidroavión que le dejó a un guía indio y a él junto al río Javari sobre la frontera entre Perú y Brasil.

Pero desde el primer momento, las cosas comenzaron a torcerse. Su guía nativo contrajo la malaria y el piloto accedió a trasladarlo en el hidroavión al hospital más cercano bajo la promesa de regresar a por McIntyre al cabo de dos días. Este aprovecharía tan escaso lapso tiempo para intentar trabar contacto con los mayoruna. Sin embargo, también este plan se vino abajo. A la mañana siguiente, el reportero fue abordado por cuatro cazadores de monos que vestían la indumentaria tradicional mayoruna. Para ganarse su confianza, McIntyre les obsequió con telas y espejos y aprovechó el encuentro para ir tras ellos por mitad de la selva. No tardó mucho tiempo en advertir que, conforme se alejaba del río, estaba perdiendo su camino de vuelta, así que nunca más volvió a tomar el hidroavión y pasó a convivir con esa desconocida tribu durante dos meses.
Los mayoruma, apodados “gentes del gato”, se creían descendientes de los jaguares y perforaban sus labios y mejillas con finas púas a imitación de los bigotes de tales felinos. Eran expertos cazadores de monos, no practicaban la agricultura pero sí la guerra. De hecho, confeccionaban collares con huesos humanos y empleaban los cráneos de los vencidos a modo de copas para beber. El panorama para el periodista estaba muy lejos de ser halagüeño porque, en ausencia de su guía indio, no tenía manera de entenderse con ellos. Además, extravió todas sus posesiones occidentales. Los indios quemaron sus zapatillas deportivas y su reloj. Un mono destruyó su cámara y los rollos de película. Y, al llegar a un claro de la jungla, McIntyre se dio de bruces con un macabro hallazgo: varios cuerpos humanos devorados por hormigas y alguno todavía con una flecha clavada en el pecho.
A pesar de tanta contrariedad, el desubicado periodista logró ser aceptado por la comunidad indígena aunque no por todos sus miembros. Un guerrero, al que el reportero denominó “Mejillas Rojas” por la pintura con la que maquillaba su cara, se mostró especialmente hostil. De hecho, una noche, Mejillas Rojas llevó al forastero a un punto apartado del poblado para hacerle partícipe de una simulación de caza con antorchas. Cuando ambos alcanzaron un rincón solitario, el guerrero mayoruna empujó a McIntyre contra unos espinos, abandonándolo a su suerte para dejarlo morir.
Sin embargo, dos días después, mientras su cuerpo empezaba a ser devorado por infinidad de insectos, el reportero consiguió ser rescatado por la facción más hospitalaria de la comunidad. Al regresar a la aldea, topó con el cadáver de Mejillas Rojas que había sido colocado en un sitio prominente, a la vista de todo el mundo, para escarmiento y ejemplo general.
Desde ese momento, la vida fue más fácil para McIntyre, pero también mucho más extraña. El líder del grupo era un venerable anciano al que el periodista apodó “Lapa” por su piel arrugada. Y, aunque el forastero no compartía ningún lenguaje común con él, consiguió comunicarse por un procedimiento absolutamente insólito: sin palabras, a través del pensamiento; mediante un fenómeno que McIntyre bautizó como “radiación”. Gracias a esta telepatía con el jefe, el reportero logró hacerse entender y, también, a “escuchar” al jefe mayoruna. Fue así como averiguó por qué se desplazaban por la selva de un extremo a otro, levantando frecuentemente el campamento sin razón aparente. La tribu estaba realizando un viaje espiritual, guiado por Lapa, quien deseaba reconectar con el “principio de los tiempos”. Una época dorada y mítica fuera del alcance de cualquier civilización invasora donde la vida trascurría de manera más sencilla y había menos miedo en el mundo.
McIntyre también aprendió que esa habilidad para comunicarse sin abrir la boca era el “otro idioma” que manejaban únicamente los más ancianos. Bastaba con que se sentara al lado de uno de ellos para “oír” sus pensamientos. A veces, los mensajes le llegaban bajo la confusa sensación de acceder al fondo de un indescifrable “zumbido” en el cual se manifestaba toda la actividad mental de la tribu.
Pero la aventura con los mayoruna tuvo un punto y final. Llegada la temporada de lluvias, McIntyre aprovechó para hacer una dramática huida río abajo a bordo de una rudimentaria balsa. Una vez en el mundo moderno prefirió no contar nada de sus experiencias telepáticas. “Yo mismo no estaba seguro si realmente había sucedido o no”, dijo al diario Seattle Times en los años 90. “Las alucinaciones son algo que les pasa a muchos exploradores y a todos los escaladores de montaña”.
Pero la duda siempre quedó flotando sobre su mente. Posteriormente tuvo encuentros con más de 30 tribus en el ejercicio de su labor profesional y jamás vivió un fenómeno de “radiación” siquiera parecido. Dudando de sus propios recuerdos, rastreó en 1977 lo que quedaba de la tribu mayoruna. Una parte de la comunidad se había movido más al interior de la selva, mientras que otra facción se había trasladado fuera de ella en Brasil. Fue así como el reportero coincidió y reconoció a uno de los hombres de la comunidad con la que convivió durante dos meses. Le abordó y preguntó directamente si el “viejo lenguaje”, la radiación, se seguía utilizando. “Sí, se fala” [“Sí, se habla”], respondió el indígena en portugués.
La historia de Loren McIntyre fue recopilada y dada a conocer por Petru Popescu en el libro Amazon Beaming del año 1991[1] y también ha inspirado una obra de teatro titulada “The Encounter”, adaptada por Simon McBurney.

Las cenizas adivinatorias zulúes

A finales del siglo XIX, D. Leslie penetró en territorio zulú en busca de sus cazadores kafari. Siguió determinadas pistas que le habían facilitado algunos informantes, pero al alcanzar el lugar del posible encuentro no había nadie. Decepcionado y frustrado, uno de sus criados le aconsejó consultar a un vidente a lo que Leslie accedió. El hechicero zulú conocía el secreto arte de “abrir las puertas de la distancia” y para ello prendió ocho fuegos pequeños, tantos como los cazadores que buscaba el explorador. La ceremonia comenzó arrojando a las llamas dos objetos: unas raíces que desprendían desagradable olor y una piedra por cada hoguera. Después, el oficiante tomó una medicina que le indujo un trance muy violento y convulsivo durante diez minutos.
A continuación, empezó la verdadera adivinación, según refirió Leslie en su obra Among the Zulú and Amatongos, publicada en 1875[2]: “Dio la impresión de despertarse, se dirigió a uno de los fuegos, removió las cenizas, miró con atención el guijarro, describió fielmente al hombre y dijo: ‘Este hombre murió de fiebre y tu fusil se ha perdido’. Luego, se situó ante el segundo fuego: ‘Este hombre (correctamente descrito) ha matado cuatro elefantes’ y pasó a describir sus colmillos. Fue luego ante el tercer fuego: ‘Este hombre (tras describirlo también) ha sido muerto por un elefante, pero tu fusil volverá a casa’, y así con el resto, con descripciones minuciosas y correctas de los hombres y con la indicación de su éxito o su fracaso”. Precisa Leslie en su estudio que también le comunicó el hechicero dónde estaban los supervivientes y que regresarían al cabo de tres meses aunque no por el itinerario esperado. Remata la exposición el etnógrafo diciendo: “Estas informaciones, de las que tomé diligente nota, más tarde, para mi gran estupor, se revelaron exactas en todos sus detalles. Que este hombre hubiera podido obtener esa información de los cazadores por vía normal era poco probable: se encontraban diseminados por una región a unas doscientas millas de nosotros”.

El espejo mágico de los pigmeos

El misionero católico y etnógrafo Henri Trilles publicó un trabajo de referencia en 1932 titulado Les Pygmées de la forét équatorial. Durante 15 años recorrió Gabón explorando y conviviendo con los míticos pigmeos. En la citada obra, el sacerdote francés recopiló sistemáticamente aquellas exóticas costumbres, vida cotidiana y creencias que luego difundió en charlas universitarias y publicaciones académicas. Una vez más, entre las páginas de este voluminoso estudio asoman un puñado de sucesos prodigiosos que desconcertaron la mente del investigador.
Al padre Trilles le desapareció un objeto e, inmediatamente, un amable pigmeo acudió en su ayuda para identificar al posible causante del hurto. Lo curioso del caso es que aquel improvisado detective realizó la pesquisa con un espejo mágico[3]: “Poco después de unos encantamientos me declaró con aire decidido: ‘Veo a tu ladrón; es fulano – y me indicó a uno de los jóvenes que me habían acompañado-. Además, mira tú mismo’. Y, para mi gran asombro, vi reflejarse en el espejo los rasgos de mi ladrón. El hombre, enseguida interrogado, confesó que, en efecto, era culpable”.
No fue la única vez que el padre Trilles contempló hechos de difícil explicación para él efectuados con un espejo mágico[4]: “Un día yo conversaba con un hechicero pigmeo. Mis hombres, con sus piraguas, debían alcanzarme para traerme provisiones. Incidentalmente hablé a mi hombre de esto, preguntándole: ‘¿Estarán todavía muy lejos? ¿Me traerán lo que les he pedido?’. ‘Decírtelo es facilísimo.’ Tomó su espejo mágico, se concentró, pronunció unos encantamientos. Después: ‘En este momento los hombres están doblando tal punto del río (estaba a más de un día de piragua), el más alto acaba de disparar con la escopeta a un gran pájaro; lo ha abatido; los hombres reman enérgicamente para alcanzarlo; ha caído al agua. Lo han agarrado. Te traen lo que les has pedido’”. No cabía duda de que el hechicero empleaba aquel espejo mágico como si se tratara de la pantalla de un televisor transmitiendo una remota señal en directo. Trilles verificó las apreciaciones del pigmeo y anotó en su estudio: “En efecto, todo era verdad: provisiones, disparo, ave abatida; y estaba, lo repetimos, a un día de distancia del lugar”.El rudimentario espejo de los pigmeos siguió asombrando a Trilles, quien describió en su libro alguna otra de sus funcionalidades extraordinarias. Además de identificar malhechores o visualizar sucesos a increíbles distancias, cuenta el sacerdote que aquel objeto mágico era utilizado para traducir idiomas desconocidos[5]: “En uno de los viajes que hicimos con monseñor Le Roy, el hechicero de la aldea donde llegamos por la noche nos describió con suma exactitud el camino que habíamos recorrido, lo que habíamos comido y hasta las conversaciones mantenidas. Uno de los detalles de nuestra conversación era particularmente típico. Habíamos encontrado una pequeña tortuga. ‘Puede servir para la cena de esta noche’, me dijo monseñor Le Roy, y yo añadí riendo, ya que teníamos mucha hambre: ‘Si hace falta, agregaremos la cabeza del guía’. Hablábamos en francés, idioma del que el hechicero no entendía una palabra, y sin embargo, sin moverse de su aldea, en presencia de todos, él nos había ‘visto’ en su espejo mágico ¡y nos repetía lo que habíamos dicho!”.
En otras ocasiones, la adivinación se efectuaba sin la mediación de ningún objeto prodigioso[6]: “poco a poco el hechicero se exalta; cantando, gira con rapidez sobre sí mismo, se curva en forma de arco, la cabeza echada hacia atrás toca el suelo golpeándolo con violencia. Después brinca ininterrumpidamente: sumido en un estado psíquico intermedio entre lo consciente y el trance”. Bajo esas condiciones el brujo pigmeo describe al consultante qué suerte correrá durante la caza de elefantes que “es representada mímicamente con una precisión extraordinaria: el hechicero ve. Se lanzan las azagayas: el hechicero ha designado al cazador, muestra al que huye, al que ataca, al que es atacado por el animal agonizante, dilacerado, ya no hay nada que hacer. Luego muestra a los vencedores y los vencidos de esta caza siempre peligrosa”. El padre Trilles no puede disimular su fascinación al terminar subrayando que: “algo de lo más extraño – he podido constatarlo-, esta visión a distancia del futuro se realiza hasta en los más mínimos detalles: no sólo el lugar de la caza, no sólo los hombres muertos o heridos y el número de los elefantes matados, sino también el número de los colmillos [capturados]. ¡Todo es exacto!”. En la sesión adivinatoria de la que Trilles fue testigo “el clan supo con satisfacción que se matarían ocho elefantes, de los cuales cinco serían machos y un solo cazador encontraría la muerte”. Pues bien, “lo que luego encontré más sorprendente es que las predicciones del mago se cumplieron exactamente”.
El reiterado contacto del padre Trilles con los pigmeos le deparó la contemplación de otro episodio extraordinario: el ritual en el que los magos más ancianos aceptaban a nuevos discípulos para transmitirles su saber[7]. Los neófitos se sentaban en el extremo de la tabla de un balancín. Bajo la otra punta del rudimentario columpio se ubicaba el hechicero con los brazos estirados. Entonces, los neófitos procedían a impulsarse y elevarse, pero cuando el extremo opuesto iba a golpear la cabeza del viejo brujo, una suerte de fuerza invisible lo impedía. El hechicero detenía el movimiento de la tabla y conseguía equilibrar el balancín sin tocarlo, sin que hubiera ningún peso en el otro extremo. Tan solo apuntando con las palmas de sus manos en dirección a ese lado del columpio. El rito dejaba exhausto al veterano brujo que perdía el conocimiento, caía bruscamente al suelo y era alejado de la ceremonia por los compañeros para reanimarlo.

Sueños premonitorios en tierra de fuego

Los fueguinos son una etnia de cazadores-recolectores y pescadores que habita en los archipiélagos más meridionales de Chile y Argentina. El sacerdote y etnólogo alemán Martin Gusinde convivió con ellos durante muchos años a principios del siglo XX, justo en un momento en que dicha comunidad era considerada una raza inferior y objeto de exterminio por el hombre blanco. La monumental obra etnográfica publicada en tres gruesos tomos por Gusinde el año 1937 contribuyó a eliminar todos esos prejuicios, denunciar las matanzas y dar valor a la cultura de los fueguinos.

Pues bien, cita el misionero alemán en su estudio una premonición de la que fue testigo y que protagonizó una mujer de la etnia yamana[8]: “El 26 de julio de 1923 Nelly me contó afligida que la noche anterior había soñado cosas muy feas: ‘De Mejillones (Isla Navarino) vinieron aquí (a Punta Remolino) algunas familias y me han contado que en aquel lugar reina un luto general. Hoy seguramente arribará alguien de allá y podremos saber quién ha muerto. Después de este sueño me he desvelado y ya no he podido dormir’”. Cuenta Gusinde que trató de tranquilizarla y convencerla de que las pesadillas no servían para hacer vaticinios. Sin embargo, durante varios días no se recibieron noticias de Mejillones y comenzaron a sospechar que algo extraño había pasado allí. Finalmente, “para nuestra gran sorpresa, Alejandro llegó a Punta Remolino y enseguida contó: ‘La noche pasada murieron allá dos mujeres entre nosotros. Anita, mujer de Willer y Sara, mujer de Masemikens. El propio Masemikens y la vieja Emilia están seriamente enfermos y sucumbirán pronto’”.

Desmaterializaciones ilusiorias

El antropólogo y lingüista ruso Vladimir Bogoraz recoge en su obra de 1910 Chukchee Mythology que las chamanas de esta comunidad autóctona de la península de Chukchee junto al Océano Ártico realizaban prodigios
en público con absoluta naturalidad. En una ocasión, una chamana entró en trance después de atraer a ciertos espíritus[9]. Luego, colocó una gran piedra redonda sobre su tambor. La mujer comenzó a apretarla como si la exprimiera y de su interior cayeron infinidad de piedras que se fueron apilando sobre el suelo durante cinco minutos. Durante dicha acción, la piedra redonda no experimentó ningún cambio.
Permaneció intacta y lisa. Apunta Bogaraz que “yo estaba sentado muy cerca de la prestidigitadora, y no logré descubrir de dónde provenían estas piedras. Además, toda la parte superior de su cuerpo estaba completamente desnudo y accesible a la inspección. Al cabo de unos momentos pedí de pronto a la chamana que repitiera el truco, para tratar de sorprenderla despre-
venida, pero enseguida tomó la piedra y de nuevo hizo brotar de ella un flujo de pequeñas piedras, aunque de mayores proporciones que las anteriores”.
Bogaraz nunca dio credibilidad a aquellos efectos anómalos aunque no detectara la manera en que se llevaban a cabo. Para él, “todas estas cosas sucedieron muchas veces en mi presencia” y “todos estos trucos se parecen de manera extraordinaria a los hechos de las modernas sesiones espiritistas, y sin duda no pueden realizarse sin ayuda de asistentes humanos”.

La brujería voladora de los azande

Entre los azande del Sudán existía la creencia de que la brujería era una entidad dañina que residía dentro del cuerpo de cada brujo. Desde allí y una vez invocada mediante el ritual correspondiente, la brujería viajaba por el aire emitiendo una luz brillante hasta alcanzar el organismo de su víctima, especialmente, cuando ésta permanecía dormida. Así explicaban los azande que los brujos pudieran matar a kilómetros de distancia sin salir de sus chozas. La fatídica luz en cuestión recordaba al brillo nocturno de las luciérnagas, según le informaron repetidas veces los miembros de esta comunidad africana al prestigioso antropólogo Sir Edward E. Evans-Pritchard.
Este profesor de Oxford ha sido uno de los más influyentes y reconocidos investigadores de la condición humana del siglo XX. Convivió con los azande largo tiempo durante la preparación de su tesis doctoral en los años veinte y sus libros continúan siendo una lectura académica obligatoria para cualquier estudiante de antropología. Lo que quizás nunca anticipó Evans-Pritchard es que él mismo vería actuar a esa extraña y letal luminosidad flotante de la que tanto le advirtieron sus informantes.
En su célebre trabajo Brujería, oráculos y magia entre los azande, este investigador británico refiere lo siguiente[10]: “Solo una vez he visto la brujería de camino. Había estado sentado en mi choza hasta tarde, tomando notas. Alrededor de la media noche, antes de retirarme, cogí una lanza y salí a mi habitual paseo nocturno. Caminaba por el huerto a espaldas de mi choza, entre plátanos, cuando noté una luz brillante que pasaba por detrás de las chozas de mis sirvientes hacia el caserío de un hombre llamado Tupoi. Como parecía una investigación valiosa, seguí su paso hasta que una gran pantalla de hierba oscureció la visión. Pasé rápidamente al otro lado de mi choza para ver dónde iba la luz, pero no conseguí volver a verla. Sabía que sólo una persona, un miembro de mi casa, tenía una lámpara que pudiera dar una luz tan brillante, pero a la mañana siguiente me dijo que no había salido por la noche ni había utilizado su lámpara. No faltaron informadores dispuestos a decirme que lo que había visto era la brujería”.
Aquella inesperada visión luminosa hubiera quedado en mera anécdota si no hubiera sido porque Evans-Prichard recibió una noticia al día siguiente que le hizo recapacitar: “La misma mañana, murieron un viejo pariente de Tupoi y un morador de su casa. Este hecho explicaba por completo la luz que yo había visto. Nunca descubrí su verdadero origen, que posiblemente sería un manojo de hierbas encendido por alguien que saliera a defecar, pero la coincidencia de la dirección en que se movía la luz y el posterior fallecimiento cuadraba con las ideas de los azande”.

Protectores invisibles de santuarios mayas

Los aluxes son unos seres traviesos propios de la cultura tradicional maya. Se los considera unas criaturas invisibles que custodian celosamente tesoros, cuevas y santuarios por lo que hay que tratarlos con el debido respeto y no actuar a la ligera cuando se intuye su presencia. Recuerdan en su comportamiento y personalidad a nuestros duendes occidentales así que, en el Yucatán, se les atribuye popularmente toda clase de conductas y actos mágicos. Pues bien, uno de los investigadores europeos que se vio inmiscuido en este juego de creencias fue Miguel Rivera Dorado, arqueólogo y catedrático de Antropología Americana en la Universidad Complutense de Madrid. Rivera Dorado acostumbra a relatar una rara experiencia que vivió mientras excavaba la ciudad mesoamericana de Oxkintok entre 1986 y 1990.
Conforme manifestó en el programa de radio la Escóbula de la Brújula, emitido el 22 de abril de 2016, “Yo cuento lo que sucedió”. Y, efectivamente, el profesor lo hizo: “Excavando el Zaa Tun Zaat que es un edificio laberíntico, encontramos una cámara funeraria. Abrimos la cámara estando presente todo el equipo porque una tumba en el Zaa Tun Zaat podía corresponder a un rey y ser una tumba formidable. Una serie de personas del equipo empezaron a hacer fotos para tenerlo todo fotografiado y dibujado. Pues bueno, no salieron las fotografías. Y las cámaras de fotos que usaban flash porque estábamos en el interior de un laberinto oscuro, pues empezaron a dispararse solas. Las cámaras se disparaban solas, los flashes se disparaban solos… hacia el techo, hacia las paredes…. Las dejábamos en el suelo y se disparaban solas… En fin, cobraron vida. Y no había forma de hacer fotografías ni de retratar nada dentro del Zaa Tun Zaat que es un lugar –dicho sea entre paréntesis- que todavía usan los chamanes mayas para la iniciación. El caso es que cuando ya no sabíamos que hacer, uno de los trabajadores, el capataz, nos dijo que les ofreciéramos unos cigarrillos a los aluxes porque les gustaba mucho el tabaco. Incrédulos por supuesto y entre risas, procurando no herir la susceptibilidad de los duendes, dejamos unos cuantos cigarrillos y se acabaron los flashes. Terminó el lío aquel”.
Otro detalle llamativo del asunto ocurrió cuando este episodio trascendió a la opinión pública y desde la televisión de Mérida, en concreto el Canal 13, llamaron a Rivera Dorado y su equipo “para hacernos una entrevista sobre las excavaciones y yo le dije, ‘no quiero hablar de los aluxes’. Por supuesto, a los dos minutos ya estábamos hablando de los aluxes. Pues, cuando una colaboradora mía antropóloga y yo mencionábamos a los aluxes, todo el sistema de comunicación se caía. Cuando dejábamos de hablar de los aluxes, se recuperaba todo”.

Allí donde los muertos bailan

Uno de los casos más repetidos entre los antropólogos a la hora de ejemplificar una observación participante tuvo lugar entre el pueblo Sisala de Ghana y lo vivió, en primera persona, Bruce Grindal mientras preparaba su tesis doctoral. Grindal pertenecía al departamento de Antropología de la Universidad de Indiana y publicó su insólita experiencia el año 1983 en el prestigioso Journal of Anthropological Research[11].
El investigador norteamericano consiguió asistir a un funeral Sisala que se estaba celebrando a media noche en el interior de una vivienda. El cadáver permanecía sentado en posición vertical, con las piernas cruzadas sobre una piel de vaca mientras un conjunto de individuos le rodeaban, cantaban, bailaban y tocaban tambores. Al observar cómo los danzantes se acercaban y alejaban del muerto a la vez que golpeaban con sus azadas en el suelo, Grindal fue cayendo en un extraño estado sensorial: “Al principio pensé que mi mente estaba engañando a mis ojos, así que no puedo decir cuándo ocurrió la primera experiencia; pero comenzó con momentos de anticipación y terror, como si supiera que algo impensable iba a suceder. La anticipación me dejó sin aliento, jadeando aire. En la boca de mi estómago sentí una sensación de sacudidas y tensiones, que correspondía a momentos de mayor conciencia visual. Lo que vi en esos momentos estaba fuera del ámbito de la percepción normal”.
Fue entonces cuando el joven etnógrafo contempló cómo diferentes destellos de luz muy fugaces envolvían al cadáver y a los danzantes aunque no pudo determinar exactamente de dónde procedían. En su propio cuerpo, Grindal sintió un golpe seco como si le hubieran cortado y separado la cabeza de la columna vertebral, momento en el cual “una visión terrible y hermosa estalló sobre mí”. Las hebras de luz como chispas de fuego jugaban sobre el rostro, los dedos de las manos y de los pies del difunto. Pero lo más insólito estaba a punto de ocurrir: “El cadáver, sacudido por espasmos, se puso de pie, girando y bailando frenético”. Todo a su alrededor resplandecía y fluía poderoso como si “el mismo piso y las paredes del lugar hubieran cobrado vida, irradiando luz y poder, atrayendo a los bailarines en una dirección y luego en otra”. El propio fallecido continuó danzando y cogió unas baquetas para tocar los tambores sagrados. Concluye Grindal reseñando que “no puedo decir si lo que experimenté fue cuestión de minutos o incluso una hora. Tampoco puedo estar seguro de la secuencia de acontecimientos que presencié. Pero después de un tiempo el poder que había llenado el recinto comenzó a enfriarse”. Cuando Grindal regresó a su casa se acostó y disfrutó de un sueño muy profundo. A la mañana siguiente, “me sentí refrescado y comí un desayuno abundante”.

¿Parantropología?

¿Qué valor cabe dar a los precedentes relatos etnográficos? Como reflexión de fondo podría decirse que cada pueblo participa de un universo de creencias que no es considerado una pura fabulación o entelequia. Dichas creencias, por muy extravagantes que nos puedan parecer, están respaldadas por experiencias asumidas como reales para los integrantes de esa comunidad. Los informantes cuentan casos y viven hechos destinados a probar la veracidad de todo aquello en lo que creen. Y, algunas veces, los propios antropólogos son insospechados testigos de ese juego de autentificación empírica de las creencias.
Por supuesto, las etnias preindustriales son un mosaico de sensibilidades y diversidad. No transitan por el mundo obnubiladas como autómatas por su imaginario de creencias. Hay miembros escépticos y, también, creyentes exigentes que cambian de brujo cuando este equivoca un pronóstico, falla con un remedio o con un conjuro. Igualmente, el ilusionismo y la prestidigitación no es un invento occidental. Los trucos más sofisticados están a la orden del día entre muchos hechiceros y chamanes para fascinar a los incautos, engrandecer una reputación y aparentar estar en posesión de poderes infinitos.
Finalmente, hoy día, resulta complicado encontrar dentro de la literatura antropológica académica sucesos y arrebatos de sinceridad como los aquí reunidos. El investigador actual tiende a disciplinar su escritura y moderar las emociones cuando publica un estudio de campo. Sus experiencias anómalas, de haberlas, rara vez aparecerán negro sobre blanco en las publicaciones del gremio. Tan solo serán objeto de comentario curioso en reuniones informales entre colegas.
En cambio, dentro de la historia de la parapsicologíahubo algún tímido intento de establecer una parantropología. En el boletín Luce e ombra de 1981, razonaba Giovanni Iannuzzo[12]: “Las prácticas mágicas han sido ampliamente estudiadas por numerosas ciencias humanas. Historiadores, etnólogos, antropólogos, por no hablar de los psicólogos y psicoanalistas, han dedicado un esfuezo muy interesante al problema de la génesis de las prácticas mágicas y la persistencia de ellas en el mundo moderno. Modelos sociológicos muy elaborados, relacionados con las formas de pensamiento mágico y su impacto social también fueron realizados. Sin embargo, este tipo de investigación, y estos modelos se están demostrando en general totalmente insuficientes como propuestas interpretativas del fascinante secreto que es el ‘poder mágico’ […] El problema surge en este punto es ver si el secreto del ‘poder mágico’ de alguna manera puede ser revelada por la parapsicología […] Existe, pues, no sólo la posibilidad, sino también la necesidad de una convergencia entre la parapsicología y la antropología”.
Pero sin duda, eran otros tiempos. La parapsicología había cogido cierto vuelo de disciplina seria. Por aquellos años, varias universidades tenían cátedras de estudios paranormales y las principales revistas científicas publicaban algún que otro trabajo sobre la materia. Algunos antropólogos prestigiosos como, por ejemplo, Ernesto de Martino formaron parte activa de la Sociedad Metapsíquica Italiana y el célebre historiador del chamanismo en el mundo clásico, E. R. Dodds, escribió en 1971 “Supernormal Phenomena in Classical Antiquity”[13], coqueteando con la idea de que algunos prodigios descritos por los filósofos griegos podían responder perfectamente a auténticos fenómenos paranormales.
Sin embargo, esta es una página ya pasada, aunque todavía existe una revista que trata del asunto: paranthropology, fundada en 2010[74]. En su declaración de intenciones podemos leer que consiste en “una revista gratuita en línea dedicada a la promoción de los enfoques científico-sociales para el estudio de las experiencias paranormales, creencias y fenómenos en todas sus variadas formas. Pretende fomentar un diálogo interdisciplinario sobre lo paranormal, con el fin de ir más allá del punto muerto escéptico versus defensor en el que se ha asentado el debate actual, y para abrir nuevas vías de investigación y comprensión”. Un intento independiente por recuperar ese camino parantropológico que pudo haber sido y no fue.

JUAN JOSÉ SÁNCHEZ-ORO                          El Ojo Crítico nº 83

[1] Petru Popescu, Amazon Beaming, New York: Viking (Penguin), 1991
[2] Citado por Ernesto de Martino, El mundo mágico, Buenos Aires: Libros de la Araucaria, 2004, pp. 74-75
[3] Henri Trilles, Les Pygmées de la forét équatorial, París, 1932, p. 493
[4] Henri Trilles, Les Pygmées de la forét équatorial, París, 1932, p. 181
[5] Henri Trilles, Les Pygmées de la forét équatorial, París, 1932, p. 180
[6] Henri Trilles, Les Pygmées de la forét équatorial, París, 1932, p. 189 y ss.
[7] Citado por Ernesto de Martino, El mundo mágico, Buenos Aires: Libros de la Araucaria, 2004, pp. 97-99
[8] Citado por Ernesto de Martino, El mundo mágico, Buenos Aires: Libros de la Araucaria, 2004, pág. 126

[9] Vladimir Bogoraz, Chukchee Mythology, en Jesup North Pacific Expedition, Vol. 8, Pt. 3, Memoir, Leiden: American Museum of Natural History, 1910, pág. 438 y ss.
[10] Edward E. Evans-Pritchard, Brujería, oráculos y magia entre los azande, Barcelona: Anagrama, 1976, pp. 58-59
[11] Bruce T. Grindal , “Into the Heart of Sisala Experience: Witnessing Death Divination”, Journal of Anthropological Research, 39/1 (Spring, 1983) pp. 60-80.
[12] Giovanni Iannuzzo, “Fenomeni Psi e pratiche magiche”, Luce e Ombra, 4 (octubre-diciembre 1981) pp. 334-357
[13] Proceedings of the Society for Psychical Research 55 (1971); reimpreso en Dodds, The Ancient Concept of Progress, Oxford: The Clarendon Press, 1988, pp. 156-210.
[14] http://paranthropologyjournal.weebly.com/free-pdf.html

“ZODIAC” LA HISTORIA MÁS ALLÁ DE FINCHER

Marta Trivi     Se acaban de cumplir diez años de la llegada a la cartelera española de Zodiac, una película basada en hechos reales, con la que el director David Fincher alimentaba la leyenda de uno de los asesinos más enigmáticos de la historia. Nadie puede poner en duda que la cinta sea uno de los mejores -si no el mejor- thriller en lo que llevamos de siglo. No obstante, como producto de true crime, Zodiac deja mucho que desear. Hablamos de las pistas y teorías que el director decidió dejar fuera.

La influencia del asesino del Zodiaco es tan poderosa como la de Jack el Destripador. Su figura nos fascina como recordatorio de que la justicia no siempre llega, como ejemplo de que en el mundo aún puede triunfar la maldad.

El Zodiaco es, además, el prototipo de asesino que nos asombra. Lejos de esconderse o avergonzarse por su comportamiento, anhelaba reconocimiento y encontraba divertido burlarse tanto de los policías que lo perseguían como de los periodistas que cada día debían sumergirse en su caso. Ególatra, al Zodiaco le gustaba hacer gala de su supuesta inteligencia superior y, en sus cartas llegó a incluir varios mensajes codificados, uno de los cuales, un criptograma formado por 340 símbolos, sigue sin haber sido resuelto a día de hoy a pesar de los esfuerzos tanto de la unidad de criptografía del FBI, como de la NASA y de incontables fanáticos del caso.

Basados en esta serie de asesinatos podemos encontrar casi una treintena de libros, uno de los cuales, Zodiac (1986), del dibujante reconvertido a escritor Robert Graysmith, destaca entre los demás en cuanto a volumen de ventas se refiere. Zodiac fue todo un best seller el año de su publicación, llegando a vender más de cuatro millones de copias, todo un hito para un libro de no-ficción. Entre los lectores estaba el guionista James Vanderbilt, que quedó tan fascinado con la historia de Graysmith que se dedicó a escribir una adaptación de la misma para la pantalla y a moverla hasta conseguir, no sólo financiación, sino que el director que él consideraba ideal, David Fincher, se sumara al proyecto.

Zodiac (2007) es una película hipnótica. Magnífica. Centrada en el diálogo y con un ritmo imperturbable, nos sumerge en la agonía de la obsesión por el asesino desarrollada por el propio Graysmith. Pero, incluso con la innegable calidad del producto final, los incondicionales del caso rechazan la cinta de manera tajante: el libro de Graysmith, pese a ser considerado una referencia por el gran público, es uno de los más denostados por los estudiosos del caso.

Mucha especulación y poca investigación, dicen. Injusto, inmoral y poco documentado. Graysmith ha acabado convertido en el personaje más odiado por la comunidad de fanáticos de los crímenes del Zodiaco.

El detective aficionado contra Arthur Leigh Allen

En su crítica para Los Angeles Times aparecida el 9 de febrero del 86, Richard Harnett decía que había disfrutado mucho con la lectura de Zodiac. Le había parecido un libro muy entretenido. El crítico se frotaba las manos -con media sonrisa irónica dibujada en la cara- mientras dejaba lo mejor para final. Y es que si Zodiac le había parecido tan divertido era porque lo consideraba un gran libro de ficción, lleno de teorías y suposiciones rocambolescas.

Fue Harnett, en este texto, el que le dio a Graysmith el sobrenombre que en internet no se cansan de usar contra él: “el detective aficionado”.

Graysmith y Jake Gyllenhaal, que le interpreta en ‘Zodiac’

Graysmith ha dedicado gran parte de su vida al asesino del Zodiaco. Además de Zodiac, ha publicado otro libro sobre el tema, Zodiac Unmasked (2002) en el que, según él, aumenta las pruebas que sostienen su teoría: Arthur Leigh Allen (conocido como Lee) es el asesino del Zodiaco.

Durante el año escaso en el que el Zodiaco estuvo cometiendo sus crímenes, Graysmith trabajaba como dibujante de caricaturas políticas para el San Francisco Chronicle, uno de los diarios de los que el Zodiaco solía acordarse en su correspondencia. El caricaturista vivió en segunda línea todo lo relacionado, tanto con los asesinatos como con los movimientos dentro del periódico y los debates sobre ética que las llegadas de las cartas abrían.

Su obsesión con el asesino iba en aumento conforme se percataba, según sus palabras, de que ‘la información sobre el caso se perdía entre jurisdicciones’ y que muchos sospechosos nunca llegaban a ser interrogados debido a los problemas burocráticos entre los diferentes cuerpos policiales involucrados.

Graysmith cita como principal fuente policial del libro las notas de William (Bill) Armstrong, el investigador asignado por el departamento de policía de San Francisco al caso. No obstante, mucha de la información citada en Zodiac es incorrecta o, incluso, llega a ser contradicha en Zodiac Unmasked quince años después.

Es por eso que, aunque la película dirigida por David Fincher es bastante fiel al libro, descarta muchas de sus teorías plenamente especulativas (como la de que Allen usó para los asesinatos ropa heredada de su padre) y presenta algunas correcciones basadas en la investigación sobre el suceso puesta en marcha por el mismo director.

El cambio más llamativo es que Fincher decide ignorar los análisis caligráficos de Sherwood Morril -el especialista consultado por Graysmith- y seguir las conclusiones de Gerald Mcmenamin, un lingüista de la universidad estatal de California. Sus deducciones no pueden ser más distintas.

Para Morril, cuyo método de trabajo principal se basa en analizar la forma de los trazos y el espacio entre las letras, sólo caben dos posibilidades: o bien el Zodiaco son en realidad dos hombres, o bien es sólo uno que intentaba disfrazar su letra usando un proyector y copiando la escritura del dibujante de carteles de cine Bob Vaughn (que fue investigado y declarado inocente por Ken Narlow del departamento de policía de Napa). Aunque esta última teoría se presenta en la cinta en una de las escenas mejor calibradas, no adquiere en ningún momento la importancia y profundidad que se le da en la versión en papel.

Para el investigador de Fincher, que prefiere analizar el lenguaje y las palabras escogidas para expresarse que el asesino usa en las cartas, el Zodiaco es sólo un hombre que en ningún momento intenta ocultar su identidad. Más allá de eso, disfruta mostrándose y es por eso que emplea tanto sus conocimientos sobre cine y literatura y utiliza frecuentemente el sarcasmo.

A pesar de que es la idea mostrada en la película, Max Daly, el investigador privado contratado por el director, también discrepa con la teoría central del libro, la de que Arthur Leigh Allen cometió los horribles asesinatos.

John Carrol Lynch interpretando a Arthur Leigh Allen

Aunque muchas pruebas circunstanciales pueden señalar a Allen, este ha sido investigado una y otra vez sin éxito. Lo más llamativo para muchos, es que ni siquiera su descripción se ajusta a la dada por los testigos del caso. Allen -que fue acusado de corrupción de menores- era un tipo gordo y bastante alto que a finales de los sesenta, cuando se cometieron los crímenes, podía ser ya considerado calvo.

Los testigos -entre los que se encuentra el agente Don Fonke de San Francisco- hablaban de un hombre delgado o musculado, con pelo claro (canoso, rubio o castaño claro rojizo) de estatura normal o baja y la cara alargada con gafas, lejos del redondeado rostro de Allen.

Las huellas dactilares que, se supone, dejó el asesino tanto en el taxi en el que cometió su último asesinato, como en el teléfono con el que dio aviso del tercero, no coinciden en ningún caso con las de Allen. Un hecho que Graysmith explica argumentando que no puede probarse de forma efectiva que esas marcas fueran dejadas por el asesino.

Fotografía policial del asesinato de Paul Stine

En 2003, un año después de la publicación de Zodiac Unmasked, Michael Maloney y Kelly Carroll, los detectives de San Francisco asignados a casos antiguos, tomaron muestras de ADN de las cartas enviadas por el asesino. Para ello, siguiendo una intuición, despegaron los sellos esperando encontrar rastros de la saliva usada para humedecer el pegamento. La corazonada funcionó.

De la muestra, el laboratorio fue capaz de obtener un perfil genético parcial que, de manera clara, dejaba fuera de sospecha tanto a Allen como a Mike Rodeli, otro sospechoso muy sonado de la época.

Durante la gira de presentación de la película, Graysmith, que por entonces aún se enfrentaba a una demanda de la familia de Bob Crane por su libro sobre el actor y su adaptación al cine posterior, defendió su teoría argumentando que esas cartas habían pasado de mano en mano por las redacciones de los periódicos y que la cadena de custodia policial se había roto. En definitiva: que no podía probarse que ese perfil de ADN correspondiera al asesino.

This Is The Zodiac Speaking

Oficialmente, el asesino del Zodiaco estuvo en activo desde diciembre de 1968 hasta octubre del 69. En ese periodo de tiempo tuvo ocasión de matar a cinco personas y dejar a dos hombres heridos en cuatro crímenes diferentes. Pero su sombra es mucho más alargada. El Zodiaco estuvo mandando misivas a diferentes periódicos y a particulares hasta 1974, salvo por un llamativo parón de algo menos de tres años.

Por descontado, existen una cantidad significativa de cartas cuya autenticidad no puede ser debidamente certificada. Entre estas, destaca una de 1978 cuya autoría, para algunos, pertenece a Dave Toschi, el investigador de la policía de San Francisco que es interpretado por Mark Ruffalo en la adaptación cinematográfica.

Y, al igual que con las cartas pasa con los crímenes. Hay algunos en los que siempre quedará la duda.

En la adaptación de Fincher podemos ver el encuentro entre una mujer y el que, según nos hace entender el director, es el asesino del Zodiaco, en una carretera nocturna. El hombre, tras hacerle señales luminosas a la mujer, consigue que detenga el coche y, tras eso, le inutiliza una rueda. Con la excusa de llevarla a una gasolinera, el asesino consigue que Kathleen Johns, que así se llama la joven madre, entre en su vehículo junto con su bebé para acabar saltando del coche en marcha más tarde ante el evidente peligro.

Este incidente, que sucedía en marzo del 70 cerca de Patterson, en California, es uno de los que más dudas levanta en los investigadores. Aunque la recreación de la película indique que todo fue cuestión de minutos, Johns pasó en el vehículo con su secuestrador algo más de tres horas y, debido a la diferencia de modus operandi, el único motivo por el que se sospecha que el Zodiaco pudo ser el criminal es que la mujer así lo dijo en la estación de policía en base a los retratos robots.

En una carta (de las auténticas), el Zodiaco reclamaba la autoría del delito cuatro meses después. Sin embargo, daba tan poca información al respecto y su historia se parecía tanto a la que ofrecían los medios que los investigadores confirmaron algo que venía sospechando desde mucho tiempo atrás: al asesino le gustaba apuntarse tantos.

Darlene Ferrin junto a su marido

Debido al afán del criminal por admitir cualquier cosa que aumentara el recuento de cadáveres, en la actualidad es muy difícil confirmar o desmentir teorías. No obstante, parece existir cierto consenso en admitir que Cheri Jo Bates no sólo fue una víctima del Zodiaco sino que fue la primera de ellas. Bates fue apuñalada 26 veces una mañana que se dirigía a la biblioteca de la universidad en la que estudiaba. Hay dos razones para relacionar este crimen con el Zodiaco.

La primera, las cartas. Un mes después del asesinato de Cheri, mucho antes de que el Zodiaco se diera a conocer, el asesino de la joven mandó una serie de misivas a periódicos de Riverside y al padre de la joven en el que, con cierto sarcasmo, se reía de la inutilidad policial.

Artículo sobre el asesinato de Cheri Jo Bates

La segunda razón, esta proporcionada por Graysmith en su libro, es que Morril, el experto en caligrafía con el que colabora, identificó un poema tallado en una mesa de la biblioteca de la facultad como “escrito por el asesino”. En la correspondencia enviada por el Zodiaco el 30 de abril del 70, el asesino felicita a la policía por haber descubierto “su actividad en Riverside” pero, al no proporcionar más datos, el asesinato de Cheri nunca se sumó a la lista oficial.

Los sospechosos favoritos

Zodiac de Fincher sigue tan de cerca la obra de Graysmith que ni siquiera se permite presentar a sospechosos alternativos. Los más conocidos son Richard Gaikowski, el sospechoso número uno para los fans del caso; Rick Marshall, al que los investigadores llamaban “el sospechoso favorito”; y Lawrence Kane, que es el que más pruebas y declaraciones acumula en su contra.

El nombre de Gaikowski saltó a la palestra gracias a Tom Voight, creador de zodiackiller.com y uno de los mayores especialistas en el asesino. Según su propia narración, Voight fue contactado por un informante, cuyo nombre en clave es Goldcatcher, que le proporcionó audio, fotos y muestras de escritura de un conocido del que sospechaba desde hacía mucho tiempo.

Tom Voight junto a Goldcatcher

Al analizarlos Voight se convenció. No es sólo que la voz y la escritura de Gaikowski y el Zodiaco fueran similares o que su pasado en las fuerzas armadas pudiera haberle proporcionado habilidad con la codificación sino que el hombre, que trabajó de periodista en su juventud, solía firmar sus artículos como Gyke, palabra que puede leerse en uno de los criptogramas enviados por el Zodiaco.

Paralelamente, Voight descubrió que Gaikowski había estado en tratamiento por una enfermedad mental en el hospital Mt. Zion durante 1971 y 1974 coincidiendo con los años de silencio del asesino. En la carta del 74, cuando el Zodiaco se decidía a compartir sus opiniones sobre El exorcista (1973), Gaikowski trabajaba, precisamente, en un cine.

Para los investigadores, que no pudieron contar en su época con la declaración de Goldcatcher, el hombre a seguir era Rick Marshall.

Marshall era, para el detective Ken Narlow, el sospechoso que más se parecía al retrato robot proporcionado por los testigos. Ferviente amante del cine y la literatura, Marshall aseguraba, en una entrevista en televisión, que no le extrañaba que los policías dudaran de él cuando compartía tantos intereses culturales con el asesino.

Durante el registro de la casa de Marshall se encontró una máquina de escribir de similares características a la que, se asumía, usaba el asesino, además de una máquina de coser (el Zodiaco se hizo una capucha y cosió un emblema en su pechera) y otros “items sospechosos” no detallados en el informe.

Pero es Lawrence Kane el que parece el candidato más probable según las pruebas. Diagnosticado, tras un accidente de coche en 1962, como una persona “incapaz de controlar sus impulsos”, fue identificado por las dos hermanas de la victima Darlene Ferrin como “El hombre desconocido que asistió al funeral”. Kathleen Johns, la víctima del extraño secuestro en coche, también señaló la foto de Kane como la imagen de su agresor.

Kane estuvo en la marina, en donde trabajó y estudió codificación naval, antes de ser descartado y enviado de vuelta a casa. La descripción de Kane se asemeja mucho a la declaración de los testigos supervivientes, además, vivía cerca de la calle en donde mataron al taxista Stine y poseía un coche similar al descrito por los testigos en las otras localizaciones de los crímenes. Por último, dato que muchos psicólogos destacan, Kane era probablemente asexual, lo que explicaría por qué ninguna de las víctimas del Zodiaco fue agredida en este sentido.

Mitos y leyendas

Uno de los hechos más escalofriantes del caso es que el Zodiaco se fue como vino. Tal y como empezó, dejó de actuar un año más tarde. Es por esto que muchos piensan que, en realidad, el Zodiaco es otra identidad de algún célebre asesino.

Bruce Davis, que pertenecía a la familia de Charles Manson, fue sospechoso durante cierto tiempo hasta que tanto el FBI como el abogado Vincent Bugliosi demostraron que era imposible que fuera el perpetrador . El foco sobre Davis lo puso el autor Howard Davis en su libro The Zodiac/Manson Connection (1997). Dennis Rider, el famoso BTK y Theodore Kaczinsky, conocido como Unabomber, tampoco se han librado de la sospecha aunque son más llamativas las acusaciones contra Michael O’Hare y Earl Van Best Jr.

Bruce Davis (derecha)

El primero fue señalado por Gareth Penn, reputado autor de true crime, que en su libro sobre el caso, Times 17 (1987), se hace un lío con las matemáticas y desarrolla la ya descartada “Radian Theory” (teoría del radián). Penn aseguraba que el Zodiaco actuaba siguiendo un ángulo concreto sobre el mapa de San Francisco y, por lo cual, debía ser alguien con amplios conocimientos cartográficos y científicos. O’Hare, como profesor de matemáticas universitario, se convirtió en su obsesión.

Van Best, por otro lado, fue un criminal de poca monta acusado, tras su muerte, por su hijo Gary L. Stewart en el libro The Most Dangerous Animal of All (2014). Stewart, abandonado de niño, empezó a investigar a su padre para conocer un poco de sus raíces y acabó desarrollando esta teoría, desbancada más tarde por los análisis de ADN.

Earl Van Best Jr.

Puede que al final el único libro que contenga algo más que especulaciones sea el de Lindon Lafferty, The Zodiac Killer Cover-Up: The Silence Badge (2012) que asegura que si no conocemos al asesino se debe a múltiples pifias de los investigadores y a la corrupción policial de la época.

Aunque los productores de cine dijeran a Fincher que un final abierto sería insatisfactorio y anticlimático lo cierto es que este, como mínimo, nos ha proporcionado unas buenas risas..

MARTA TRIVI       Canino