TÉCNICAS DE ÉXTASIS: LIBROS DE ALCOBA


      Los antiguos libros de alcoba chinos se diferencian de las demás guías sexuales de la antigüedad en que ponen tanto énfasis en la satisfacción de la mujer como en la del hombre. La Muchacha Normal enseña a Huang-tsi a lograr que una mujer se sienta a gusto, a cortejarla y a saber cuándo ella le desea; le habla de los “cinco deseos” y de los “diez movimientos” que le permitirán saber si ella está gozando. No obstante, lo que se pretendía al dar placer a la mujer, era, principalmente, reforzar su esencia espiritual, para que ésta, a su vez, refuerce la esencia espiritual del hombre. El sabio Liu Hsang explicaba en 76 a. C.  el objetivo de los libros de alcoba: “La finalidad de este arte es evitar que uno pierda su potencia, preservando la fuerza vital y nutriendo la esencia masculina. De este modo, las canas se volverán negras de nuevo, y saldrán nuevos dientes en sustitución de los que se cayeron. Este arte de la relación sexual con una mujer consiste en contenerse para no eyacular, con lo que se consigue que el semen regrese a reforzar el cerebro. Posteriormente, los alquimistas taoístas, preocupados por el mantenimiento de su fuerza o esencia, llamarían a las mujeres “el enemigo”, porque inducían al hombre a emitir su semen.
      A la Muchacha Oscura que instruyó a Huang-ti se le atribuyen, además, varios antiguos tratados sobre el arte de la guerra; los mismos libros de alcoba hablan con frecuencia del sexo en términos bélicos, definiendo a los participantes como “adversarios”. Pero en general, se leen más como textos médicos que como ensayos de las técnicas amatorias. No obstante, el lenguaje abunda en metáforas y alusiones. Al pene se le llama el tallo de jade, el objeto de jade o la vanguardia del hombre; a la vagina, la puerta de jade o el agujero de cinabrio (un mineral rojo); y las diversas partes del clítoris (descritas con precisión) eran la terraza de jade, el grano de arroz, el jardín oscuro, el campo del dios y las cuerdas del laúd.
    Las técnicas taoístas de contención del semen daban lugar a sesiones sexuales muy prolongadas. Si además tenemos en cuenta el gran número de mujeres que un hombre casado y con un harén tenía que satisfacer en una noche, resulta evidente que las variaciones sexuales eran fundamentales para mantener el interés. En el Hsuan-nu Ching (Manual de la Muchacha Oscura), escrito antes del año 200, se citan nueve posiciones, designadas con nombres evocadores y poéticos, como “Las grullas que juntan los cuellos” o “El conejo que se lame el pelo”. El el siglo VII, el Tung-hsuan-tzu había elevado el número a treinta posiciones, aunque 26 eran simples variaciones de las cuatro básicas: el hombre encima (Unión Estrecha); la mujer encima (El Cuerno del Unicornio), hombre y mujer de lado (Acoplamiento Íntimo); y penetración por detrás (El Pez que Toma el Sol). No obstante, el autor del Tung-hsuan-tzu deja claro qué conjunto de variaciones considera más favorable: “El hombre y la mujer deben moverse de acuerdo con su orientación cósmica, el hombre empujando desde arriba y la mujer recibiendo desde abajo. Si se unen de este modo, se puede decir que el cielo y la tierra están en equilibrio.”

     Sin embargo, para todos los demás hay reglas en abundancia. El Kamasutra está obsesionado con las clasificaciones. Hay nueve maneras de mover el linga (pene) dentro del yoni (vagina), ocho fases de sexo oral y ocho clases de mordiscos amorosos; cuatro tipos de abrazo suave y otros cuatro de abrazos muy apasionados; tres clases de besos que un hombre puede dar a una muchacha inocente, y cuatro ángulos desde los que puede intentar besarla. Un aspecto en el que el Kamasutra ejerció sin duda mucha influencia es su interés sin precedentes por el tamaño de los genitales. El linga de un hombre permite clasificarlo como liebre, toro o caballo, y la capacidad del yoni de una mujer la caracteriza como cierva, yegua o elefanta. Lo ideal es que un toro se empareje con una yegua, y un caballo con una elefanta.
      Por lo general, las posiciones sexuales mencionadas son más acrobáticas que las empleadas por los taoístas, y el sabio Suvarnanabha recomendaba que “se ensayaran antes en el baño”.
    El Kamasutra sigue la tendencia china de comparar el sexo con una batalla o una pelea. Recomienda todo un repertorio de golpes en diferentes partes del cuerpo y clasifica los arañazos en ocho tipos distintos.
   A diferencia de los libros de alcoba chinos, el Kamasutra equipara la espiritualidad con la espontaneidad, y a continuación se dedica a catalogar el sexo con asombrosa meticulosidad en los detalles.

El Ananga Ranga
Durante el milenio que separa el Kamasutra (siglo III al V) del Ananga Ranga (siglo XVI), disminuyeron las posibilidades de sexo prematrimonial y extramarital, y quedaron institucionalizados los matrimonios a esa edad infantil. El Ananga Ranga se eescribió para explicar a hombre y mujeres cómo pasar toda una vida con un único compañero sexual. Su gran profusión de reglas, rutinas y prescripciones se centra en esta particularidad. Se dan descripciones detalladas de todo lo que el marido puede hacer en cada parte del cuerpo de su esposa -incluido el dedo gordo del pie-,en cada una de las ocho horas del día o de la noche, y a lo largo de todo el calendario lunar. Si el Kamasutra se escribió para amantes, el Ananga Ranga se escribió para matrimonios, con el propósito principal de aliviar el aburrimiento; y como tal, se le puede considerar el modelo de casi todas las guías sexuales posteriores.
CLIFFORD BISHOP Sexo y Espíritu