LITTLE BIGHORN: LA GRAN VICTORIA DE LOS HOMBRES ROJOS

batlittlea1Tras la llamada Guerra de Nube Roja [Mahpiua Luta], -una de las campañas de rapiña que emprendió el gobierno de los Estados Unidos contra los nativos americanos-, en 1868 se firmó el Tratado de Fort Laramie  que significó el abandono de la pista Bozeman, -ruta usada por los blancos para atravesar las tierras indias-, la clausura de algunos fuertes y la definición de las fronteras de una gran reserva Sioux  en la que estaban incluidas las Pa Sapa [Colinas Negras], región sagrada para los lakota. A pesar de ello el gobierno patrocinó expediciones a aquella región en 1874 y 1875 para investigar posibles yacimientos de oro, motivado en gran parte por rumores infundados. En el otoño de ese último año, el gobierno estadounidense exigió a los indios que le permitieran extraer el supuesto oro de las Colinas Negras o de lo contrario se las arrebatarían por la fuerza. Aunque ya para entonces una riada de wasichus, -hombres blancos-, comenzaba a invadir la zona estableciendo colonias y usurpando las tierras de los indios una vez más.

          Varios grupos de sioux y cheyennes, encabezados por Toro Sentado [Tatanka Yotanka], abandonaron la reserva congregándose en torno a la región del río Powder en el actual estado de Montana. Así, en febrero de 1876, los Estados Unidos entablaron una nueva guerra para intentar devolverles a las reservas.

     El general Philip Sheridan, -máximo responsable militar de la zona-, concibió un plan para someter a los indios. Desde diferentes fuertes partirían tres columnas que concurrirían al área donde se refugiaban los indios libres. El general de brigada Alfred H. Terry partiría de Fort Lincoln, al este, en dirección a la desembocadura del Powder, con un destacamento de unos 900 hombres. Otros tantos soldados componían la unidad del general George Crook, que marcharía al norte, hacia los ríos Rosebud y Little Bighorn, desde el sureño Fort Fetterman. Por último, un tercer regimiento de 400 hombres comandado por el coronel John Gibbon avanzaría desde Fort Ellis en el oeste hacia el río Yellowstone y al este de la desembocadura del Little Bighorn.

    Bajo las órdenes de Terry, que partió el 17 de mayo, se encontraba también el célebre general George Armstrong Custer, al que le otorgaron el mando del 7º de Caballería con el rango de teniente coronel.

         Mientras tanto, ese mismo mes el grupo de Caballo Loco [Tashunka Witko], uno de los más carismáticos e ilustres jefes de guerra oglalas, había trasladado su campamento al río Rosebud. A primeros de junio, algunas partidas de exploradores habían descubierto el avance de un gran número de casacas azules. Eran las tropas del general Crook que acamparían en las cercanías del Rosebud. En la mañana del 17 de junio, Caballo Loco se puso al frente de 700 guerreros y atacó de improviso el campamento de Crook.

           Más de seis horas duraría esta batalla, en la que Caballo Loco no dejó de hostigar a los wasichus, ya que no tenía que preocuparse de la protección de las mujeres y niños, acampados a unos treinta kilómetros de allí. Al fin los indios derrotaron al destacamento de Crook, causándole unos 100 muertos, muchos heridos y gran pérdida de munición, por lo que el general decidió retirarse a Fort Fetterman. Así quedaba roto por una de sus tres patas el proyectado plan de Sheridan.

     Caballo Loco prefirió no perseguir a Crook y a los pocos días levantó su campamento para unirse definitivamente a la gran concentración de indios que se habían instalado a lo largo de casi cinco kilómetros de orilla del Hierba Grasa, como llamaban al Little Bighorn. Allí se habían reunido 10.000 indios, aunque sólo unos 4.000 de ellos eran guerreros. Desde el punto más distante río arriba, hacia el sur, se distinguían los tipis de los hunkpapas de Toro Sentado, Rey Cuervo y Gall [Pizi], seguidos de los recién llegados oglalas de Caballo Loco, los minneconjous de Toro Veloz, Águila Moteada y sus sans arcs, los shyelas [cheyennes] de Cuchillo Embotado y Dos Lunas, y por último en el extremo norte Inkpaduta con los santees y yanktonais.  Hacia el este del imponente campamento se encontraba el río Hierba Grasa, bastante crecido a causa del deshielo, con árboles en sus riberas y rodeado por numerosas colinas y riscos escarpados. En el costado oeste los guerreros apacentaban las manadas de los incontables caballos.

El 21 de junio se celebró una junta de oficiales a bordo del vapor “Far West”, tras recibir informes de los exploradores crow que habían situado el lugar aproximado adonde se habían dirigido los indios libres. Sin noticias de Crook, allí se decidió que Gibbon mantuviera su avance por el Yellowstone y luego se desviara hacia el sur por el río Big Horn, para por fin ir a parar al norte del valle del Little Bighorn. Custer y el 7º de Caballería, unos 600 hombres, irían desde el sur por el Rosebud río arriba, lo cruzarían y seguirían el Little Bighorn.  Por su parte, el general Terry marcharía hacia el este también por el Yellowstone hasta encontrarse con Gibbon y más adelante confluirían con el regimiento de Custer al noroeste del Little Bighorn.

     Esperaban atrapar a los indios entre las dos columnas en el área de este último río, estimando que habría la mitad de guerreros de los que en realidad se habían reunido. En la reunión, Custer rechazó el ofrecimiento de llevar un cañón Gatling aduciendo que ralentizaría su marcha y tampoco aceptó cuatro compañías del 2º de Caballería porque afirmó que el 7º se podría bastar solo. La ambición personal era una de las principales motivaciones de la alta oficialidad y de hecho Custer pretendía lograr un triunfo glorioso para optar a la presidencia de la nación por el partido demócrata, cuya elección de candidatos estaba muy próxima. Y el general Terry optó por encontrarse primero con Gibbon porque pensó que sería éste quién hallaría a los indios.

           El 24 de junio los exploradores de Custer atisbaron varias partidas de cazadores indios que cruzaban el valle del Little Bighorn. Custer envió a sus crows para reconocer  las montañas entre el Rosebud y el Bighorn, donde creía que acampaban las bandas de guerreros alzados. Los exploradores presumían que los indios también habrían descubierto al regimiento, aunque les sorprendió que en aquella ocasión no escaparan precipitadamente como era lo usual cuando tropezaban con un destacamento numeroso Acertaban en que los hombres de Caballo Loco y Toro Sentado habían visto acercarse al grupo de Pahuska, [cabellos largos] y pretendían atraerle al valle para presentarle batalla allí con todos sus bravos.

      Con las tropas debilitadas porque Custer había decidido no descansar por miedo a que huyeran los indios, el día 25 por la mañana el 7º de Caballería llegaba a las estribaciones de los montes que circundaban el valle del Little Bighorn. Desde ese amanecer sus exploradores y él mismo habían visto desde la cima la magnitud del campamento indio. A pesar de las advertencias de sus exploradores, como el mestizo Mitch Bouyer, y su favorito, el arikara Cuchillo Sangriento, Custer, minusvalorando a sus enemigos, decidió comenzar el ataque sin aguardar más en busca de su gloria. Al conocer sus planes, Cara Media Amarilla, otro explorador, le advirtió que si descendían al valle todos regresarían a sus casas por un camino distinto, pero todo fue en vano Al mediodía Custer decidió dividir el regimiento en tres batallones: envió al capitán Frederik Benteen con tres escuadrones, -unos 113 hombres-, hacia el sudoeste para cerrar el valle superior del río y evitar así una posible fuga; el mayor Marcus Reno, con otras tres compañías, -alrededor de 131 hombres-, debía iniciar el ataque al campamento desde el sur y estar atento a los movimientos de Custer, quien con cinco escuadrones,-unos 215 hombres-, seguiría la línea de colinas y atacaría desde norte. Así había obrado ya en 1868 en la masacre de Washita , asaltando el poblado simultáneamente por distintos frentes para conseguir la máxima confusión. Pero esta vez sus contendientes no iban a ser tan sólo mujeres y niños….

           A las tres y cuarto el mayor Reno atravesó el río y comenzó el ataque desde el sur del campamento, en la zona donde estaban instalados los hunkpapas. Allí muchos indios se estaban bañando en el río, cuando vieron aproximarse una gran polvareda. A unos cuatrocientos metros los hombres de Reno abrieron fuego, mientras todos corrían asustados. En esta primera descarga cayeron muertos las dos esposas y los tres pequeños de Gall, el gran guerrero hunkpapa. En esos momentos todo era muy confuso y los indios trataron de refugiarse en un sotillo al otro lado del campamento pero, precisamente Gall, (encolerizado por la pérdida de su familia), arengó a sus bravos y les hizo regresar para enfrentarse a la acometida de los casacas azules. Al poco llegó también Caballo Loco que había dispuesto a sus hombres para enfrentarse a Custer pero se había visto sorprendido por el ataque de Reno.

       Reno ordenó desmontar para disponerse en una línea defensiva y disparar contra los indios que les atacaban, pero tras un cuarto de hora el destacamento se vio rodeado por los indios y tuvieron que retroceder hacia unos álamos que había al borde del río. De pronto una bala alcanzó en la cabeza a Cuchillo Sangriento, que estaba junto a Reno, y los restos de cerebro salpicaron al mayor. Vencido por el pánico, Reno ordenó volver a montar y retirarse hacia los elevados riscos del otro lado del río para resguardarse mejor allí, aunque lo hizo sin asegurarse siquiera de que todos le hubieran escuchado, lo que originó una gran confusión entre la tropa y que el repliegue hacia el río fuera muy desordenado. Allí perdería a 40 de sus hombres.

          Mientras tanto, Custer seguía el cauce del río hacia el norte atravesando las últimas cimas que le separaban del campamento. Había previsto que los guerreros estuvieran ocupados con Reno para luego caerles él por sorpresa. Desde las colinas observó la apurada situación de Reno pero lo escarpado del terreno le impedía hallar un paso por el que atacar y desahogar un poco al mayor.

        Cuando Custer consiguió encontrar por fin un paso, mandó descender a un par de compañías como avanzadilla, mientras él continuaba por las colinas hasta atacar el extremo norte del poblado. Pero de los indios que hostigaban a Reno se segregaron dos importantes columnas: una comandada por Gall que se marchó directamente a auxiliar a los santees frente a la nueva amenaza y la otra encabezada por Caballo Loco, que prefirió mantenerse al otro lado del campamento, sin cruzar el río, siguiendo los movimientos de Custer.

       Al poco tiempo de alcanzar los hombres de Reno los riscos se les uniría Benteen, tras no hallar a los esperados rupos de indios fugitivos y recibir angustiosos mensajes de Custer para que enviara sin demora en busca en busca de la caravana de pertrechos y municiones. Cuando se oyeron los disparos procedentes de la lucha que ya se libraba río abajo, al otro extremo del campamento, un capitán, -por propia iniciativa-, comenzó a bajar con su compañía hacia el río con la intención de ayudar a los hombres de Custer. Creyendo que tenía permiso para avanzar, los capitanes de otras cuatro compañías le siguieron, pero apenas pudieron progresar y de nuevo tuvieron que replegarse en desorden, aunque esta vez el capitán Godfrey, al frente de su compañía, tuvo la suficiente lucidez de cubrir la retirada. Custer se tuvo que enfrentar a una ingente cantidad de guerreros al mando de Gall, Hombre Blanco Domado, Toro Veloz y otros que habían cruzado el río y repelieron la carga de su avanzadilla, que se vio acosada con un tremendo ímpetu por las fuerzas indias hasta verse obligada a integrarse de nuevo en el grupo principal.

Desde entonces Custer ya no tuvo más remedio que actuar a la defensiva y, cuando en pocos minutos la compañía que mandaba su cuñado James Calhoun quedó aniquilada por los guerreros de Rey Cuervo (tal vez en un intento de aguardar las municiones de Benteen), debió pensar que ya no luchaba por la gloria sino únicamente para mantener la vida.

         Como los hunkpapa de Gall les presionaban con fuerza, Custer ordenó al centenar de hombres que le quedaban dirigirse en ala hacia un cerro cercano  para parapetarse en la cima, -unos 60 metros-, a la espera de Benteen o incluso Gibbon y Terry, que no deberían tardar mucho en llegar. Todos los hunkpapas, cheyennes y demás indios persiguieron enfervorizados a los wasichus. Todos excepto los oglalas de Caballo Loco  oglalas y los cheyennes de Dos Lunas que marchaban a toda velocidad corriente abajo….

      Custer ya casi había llegado a lo alto de la loma, desde donde esperaba que sus hombres pudieran resistir el acoso con ayuda de sus buenas carabinas Sprinfield. Pero entonces apareció en la cima un guerrero adornado con una sola pluma de halcón y un rayo amarillo en la mejilla por toda pintura. Era Caballo Loco, que de manera vertiginosa había cruzado el río para cortarle por el flanco y rodearle en una pinza mortal. Enseguida se le unió Dos Lunas y el resto de sus guerreros.

      Custer se detuvo, al igual que sus perseguidores, y un silencio sepulcral se instaló durante unos instantes en el campo de batalla. Los contendientes se miraban a los ojos con la respiración entrecortada. Ese era un buen día para morir: “¡Hoka hey!”, -gritó Caballo Loco alzando su Winchester.

              Los guerreros cayeron como un huracán desatado sobre los hombres de Custer. Por detrás arreciaban los hunkpapa de Gall, Rey Cuervo y otros,  y desde la cima los oglala y los cheyennes, les atacaban una y otra vez como un furioso enjambre de abejas. Con la arremetida, el regimiento de casacas azules quedó dividido en tres partes, mientras los indios empezaron a galopar en círculo sobre ellos, -a veces uno doble en sentidos contrapuestos-.En oleadas incesantes, los indios cargaban, disparaban y retrocedían alrededor de cada grupo estrechando cada vez más el cerco. Todo era un tronar de gritos, disparos, alaridos, flechas y redoble de cascos en medio de cegadoras nubes de polvo y humo.

     Caballo Loco, vestido como acostumbraba sólo con taparrabos y polainas, animaba a sus hombres para acabar con los wasichus y, como siempre, cabalgaba muy cerca de sus enemigos, que le disparaban sin cesar pero sin acierto. Los soldados habían desmontado al verse rodeados, aunque intentaban permanecer junto a los caballos por si se les presentaba la ocasión de huir, pero finalmente Custer ordenó a sus hombres disparar a los caballos y apilarlos para formar un reparo donde guarecerse en un vano propósito de resistencia.

      Una cantidad importante de soldados, unos 40 hombres si bien en grupos aislados, pretendieron escapar hacia el río pero fueron rodeados igual y aniquilados, aunque varios arrojaran las armas y pidieran clemencia a los guerreros.

       En medio de la lucha Custer, siempre de pie, intentaba organizar con entereza a su diezmada tropa. Muchos habían caído ya, otros luchaban malheridos y algunos se volaban la cabeza o remataban al compañero moribundo antes de suicidarse.

         Al final, después de cinco acometidas, la mayor parte de los guerreros indios se preparó para un ataque frontal. En esos últimos momentos Custer, vestido como un trampero aunque con sus cabellos recortados, permanecía erguido solamente acompañado por cuatro soldados heridos de gravedad. Parecía observar curiosamente a los enemigos que le rodeaban. Cuando los indios cargaron, Custer disparó una postrera bala sobre un guerrero mientras reía salvaje al encuentro con la muerte. Un par de días más tarde se hallaría su cuerpo totalmente desnudo pero con la cabellera intacta y sin mutilar. Tenía dos heridas mortales, una en la sien y otra en el  pecho.

        Una vez que habían derrotado a Custer, los indios se concentraron en el asedio a Reno. Hasta el anochecer estuvieron disparando, desde una posición más elevada, sobre los casacas azules. Durante la noche los soldados excavaron trincheras y colocaron a modo de parapeto los animales muertos, cajas, sillas y otros bagajes. El 26 de junio los indios iniciaron el ataque hacia las dos y media de la mañana, aunque Benteen contraatacaría al ver que un gran número de indios escalaba la colina para asaltarlos. La arriesgada carga sorprendió a los indios y de este modo los soldados tuvieron acceso al agua del río con lo que pudieron calmar la sed. A última hora de ese día vieron que los indios levantaban apresuradamente el campamento. Habían consumido casi toda la munición y se acercaban las columnas de Terry y Gibbon, que llegarían al día siguiente para calibrar la mayor derrota sufrida nunca por el ejército de los Estados Unidos en la guerra contra los indios de las praderas. Aunque esta gran victoria significaría el principio del fin de la vida tal y como la habían conocido los triunfadores.

     Resultaron muertos 210 hombres del grupo de Custer, -morirían también sus dos hermanos, su cuñado y un sobrino-, y 53 del grupo de Reno, más otros tantos heridos. Las cifras de bajas entre los indios no están claras pero se piensa que perderían entre 40 y 100 guerreros.

JUAN PEDRO MOSCARDÓ

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2 comentarios en “LITTLE BIGHORN: LA GRAN VICTORIA DE LOS HOMBRES ROJOS

  1. Genial artículo. Siempre que jugaba de pequeño a los vaqueros y los indios, ganaban mis amigos los “pieles roja”.

    En mi blog escribí un artículo sobre la conquista del Oeste y en otro incluyo una interesantísima carta que el jefe Seattle envió al presidente de los Estados Unidos, como respuesta a una oferta.

    Os invito a su lectura. Mientras tanto, seguiré investigando en esta gran bitácora.

    Un saludo.

  2. libertaliadehatali

    Hola Máximo, muchas gracias por visitar esta página y por tus palabras. Yo también iba con los pieles rojas hasta en las películas de vaqueros….

    También he visitado tu interesante blog y me he permitido reproducir en el mío la emotiva historia del capitán Oates.

    Saludos

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