UNA APROXIMACIÓN AL CHAMANISMO (2)

chamantamborUna de las características más representativas del chamanismo es la de su extensión, -con diferentes nombres, ropajes, utensilios, convenciones, particularidades y acompañamientos-, a multitud de culturas de todo el mundo, con muchísimos elementos comunes en el desarrollo de su práctica. Vendría a ser como un conjunto de “efectos de causas similares actuando sobre la constitución similar de la mente humana, en diferentes regiones y bajo distintos cielos”.[FRAZER] Las huellas del chamanismo se pueden encontrar, -todavía en la actualidad en ciertas partes-, en todo el continente americano. Asia, África, Australia, el Ártico y Polinesia, y aún en la vieja y racional Europa puede hallarse su rastro en las culturas clásicas mediterráneas; incluso durante la época medieval se produjo un auge de un tipo similar de conexión con lo sagrado, quizá como reacción a los abusos de los poderosos, por parte de las clases más populares, en las conocidas prácticas brujeriles, abortadas de manera tan sangrante.

Pero el chamanismo estaba entre los hombres mucho antes de que las grandes religiones sojuzgaran a sus espíritus libres, ya que las pruebas arqueológicas y etnológicas parecen indicar que los métodos chamánicos tienen al menos 20 o 30 mil años de antigüedad; pinturas con implementos chamánicos clásicos se han hallado en las cuevas paleolíticas del sur de Francia, España y el Magreb, entre ellas la del famoso “hechicero de Les Trois Feres” (sur de Francia, Paleolítico Superior), cuya vestimenta es típicamente chamánica. Según Joseph Campbell por lo menos cincuenta y cinco de este tipo de figuras han sido halladas en diversas cuevas. Por cierto que la indumentaria esencial para las actividades de un chamán consta por lo general de un manto, un sombrero, y en algunos casos una máscara y zapatos, pero lo más importante de todo es su tambor.

El chamanismo no se puede considerar como una religión, sino como un complejo de nociones y prácticas dentro de ella, que puede adaptarse o influir a la misma, como se puede observar en la persistencia de técticas y temas chamánicos en el budismo, entre los lamas, así como un cierto parecido entre algunas prácticas de la religión Bon-Po*. Incluso para el taoísmo chino, “todo el universo, incluso los seres humanos, es un vértigo de energías y ritmos, -el Tao-, que está en constante flujo y cambio”, [RUTHERFORD] noción ésta, como veremos más adelante, muy similar a los conceptos chamánicos.

Tampoco es correcto equiparar la figura del sacerdote con la del chamán, puesto que aquél se especializa en el conocimiento y práctica de los rituales, no necesita iluminación; y éste experimenta una comunicación íntima con las fuerzas sobrenaturales. El sacerdocio es un oficio aprendido, es un especialista a tiempo completo, mientras que el chamán tiene una vocación mística, puesto que no llega a su posición por el estudio deliberado y la aplicación del conocimiento racional, sino que la adquiere a través de la visión y del trance, y el don para ello lo obtiene a causa de una crisis personal, aunque tras la cual puede venir la introducción en el saber chamánico de la mano de un instructor, pero la inducción al trance continúa durante todo el proceso de entrenamiento y es entonces cuando el iniciado adquier su canción como llamada al espíritu-guía.

Y aunque posee otra manera de percibir la realidad, no está permanentemente colgado de sus viajes a esos otros mundos de dios, sino que es una actividad que muy bien puede realizar de forma secundaria con respecto a sus quehaceres habituales, cuando no la efectúa de manera esporádica. Eso sí, con harta frecuencia, el chamán está considerado como un rara avis dentro de su propia sociedad, lo cual no es de extrañar si uno se fija un poco. La misma fuente que le otorga poder y prestigio, su contacto habitual con un mundo de poderosos y peligrosos espíritus, provoca cierto temor e incluso cierta hostilidad, que a veces el mismo chamán alimenta con su propio carácter extraño, retraído y hosco (por ejemplo, a pesar de que no está muy claro que fuera un chamán en sentido estricto, el famoso guerrero sioux oglala Tashunka Witko, más conocido como Caballo Loco, aunque fue muy querido por su pueblo, poseía ese tipo de carácter entre melancólico y huraño, de estilo byroniano, tantas veces visto en el mundo en este tipo de personas). A pesar de todo, cuando es necesaria su intervención esos recelos se esfuman como por arte de magia; por contra, muchas veces es el primer candidato cuando hay que buscar víctimas propiciatorias si las cosas no funcionan bien en la sociedad, los diferentes, los raritos, siempre son culpables en todas las culturas.

Otra cuestión que lo separa del sacerdote es que el chamán, cual Prometeo, no admite la superioridad de los espíritus o dioses, ni sus bondades o maldades, ya  que las distinciones entre el bien y el mal no tiene relevancia en el chamanismo: el Universo es imparcial, no toma partido, no es bueno ni malo.

En muchos casos, el chamán en potencia se somete a un período de iniciación, que agudiza su sensibilidad e introspección, y en el que muchas veces pasa por experiencias de casi-muerte, aunque algunas ocasiones ocurre de modo accidental, como puede ser el caso de una enfermedad grave que lleve al iniciado a las puertas de la muerte, como otro conocido sioux oglala llamado Alce Negro. En otras oportunidades, los mismos aspirantes emprenden una búsqueda visionaria, somtiéndose a grandes privaciones hasta desvincular su mente de la realidad ordinaria, para entrar en contacto con lo sobrenatural. Aún en otros casos un individuo llega a ser chamán por herencia, crisis espiritual, aprendizaje o incluso compra. En ciertos lugares se reduce a un rito simbólico de iniciación.

En otros en cambio, el candidato debe someterse a pruebas extremadamente penosas, autoinflingidas o inflingidas por los encargados de la iniciación. En su esencia, la iniciación chamánica es de carácter experimental y gradual, y consiste en aprender a entrar en un estado modificado de consciencia, y a ver y viajar en ese estado; tomar consciencia de la existencia del espíritu guardián de uno mismo y familiarizarse con él, así como obtener su ayuda en ese estado modificado de consciencia; y aprender a ayudar a otros con sus poderes chamánicos.

(continuará)

* BON-PO: Bon es un término tibetano que significa “invocación, recitación”, y designa al conjunto de las diversas corrientes religiosas del Tibet anteriores a la introducción del budismo. El término bon-po designaba ordinariamente a sacerdotes con diversas funciones, como el ejercicio de la adivinación o el cumplimiento de los ritos funerarios para protección de vivos y difuntos. Practicaban la magia en sus dos aspectos, según fueran bon blanco o bon negro.

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