DIOSES LOBO Y WERWOLF

dioseslobo“Existen algunos hombres de raza céltica que poseen un maravilloso poder heredado de sus antepasados…

…Por un poder diabólico, pueden, a voluntad, tomar la forma de un lobo con grandes y cortantes colmillos. A menudo, así transformados, atacan a los rebaños. Cuando son perseguidos por gente armada, escapan y recorren grandes distancias…. Si alguien los hiere mientras están bajo la forma de lobo, la herida o la marca se encuentra luego sobre su cuerpo humano, allí donde fueron golpeados…

(Nennius. Historia Britonum. Siglo XIII)

Fell Deah ennanh da breur?

Las leyendas sobre hombres y mujeres que pueden transformarse en lobos en determinadas circunstancias, se encuentran en el folklore de muchos pueblos y poseen una antigua y larga tradición.

Nos hablan, por ejemplo, de algunos personajes que un buen día -o en las horas de oscuridad de la noche- se adentran en el bosque hasta un determinado paraje que sólo ellos conocen. Allí se quitan la ropa y la depositan cuidadosamente en un escondite. Completamente desnudos empiezan entonces a correr por entre los árboles hasta llegar a un rio o lago en cuyas aguas se arrojan. Nadan hasta la orilla opuesta y, cuando salen del agua, ya no lo hacen con figura humana, sino bajo el aspecto de un gran lobo.

Así han de permanecer un cierto tiempo, a veces, durante años. Si en ese período prueban la carne o la sangre humanas, ya no podrán retornar nunca a su estado primero y se convierten entonces en unas criaturas terriblemente peligrosas. Lo mismo ocurre si las ropas que dejaron recogidas en su escondite son movidas, desordenadas o cambiadas de lugar. En tales circunstancias nos encontramos en presencia de un verdadero monstruo que, poco a poco, va cogiendo el gusto a matar: cabezas de ganado, animales salvajes del bosque y, de cuando en cuando, algún descuidado viajero que ha perdido el camino y termina por perder algo mucho más valioso cuando se encuentra con el hombre-lobo, el loup-garou, lobizón, lobishome, werwolf, werevolve, que de todas estas maneras, con esos nombres (y con algunos más) se conoce a semejantes seres de la oscuridad.

Hay quien afirma que la famosa Bête du Gévaudan que asoló Francia entre el 30 de junio de 1764 y el 19 de junio de 1767 y que provocó alrededor de 120 víctimas mortales durante sus correrías por esa comarca de la Auvergne era, en realidad, un hombre-lobo, un mortífero loup-garou al que jamás se pudo apresar ni detener en sus ataques.

Por otra parte, parece que los ataques mortales procedentes de fieras como éstas pueden remontarse tal vez muchos siglos atrás. En el museo Calvet de Avignon se muestra representada una criatura dotada con una boca de agudos y enormes colmillos, con sus dos garras delanteras colocadas sobre sendas cabezas humanas y con el cuerpo de una de sus víctimas todavía atravesado entre las fauces: es el llamado “Monstruo o Tarasca de Noves”, una escultura galo-romana, de época incierta. Según algunos, podría tratarse de la elaboración de creencias célticas sobre las potencias del ultramundo, creencias existentes, en este caso, en el área de la Provenza romanizada.  Pero casi todo lo referente a esta enigmática imágen y a su posible significado, continúa envuelto en el misterio.

Todo comenzó, tal vez, allí donde la mitología coloca al rey Licaon, soberano de Arcadia, una bucólica comarca que, finalmente, resultó ser una tierra de horribles prácticas sacrificiales protagonizadas por caníbales y licántropos. Este rey de Arcadia fue castigado por Zeus, cuando se atrevió a servir trozos de carne humana en un banquete ofrecido al padre de los dioses olímpicos. Y el castigo consistió en convertir a Licaon en un lobo sediento de sangre.

Pero aquí, desde el mundo de los hombres-lobo, hijos y descendientes del rey Licaon, entramos en el no menos inquietante entorno de los Dioses-lobo. Porque el propio Zeus tiene un siniestro aspecto lobuno, bajo el cual se le adoraba en el santuario arcádico denominado de Zeus Lycaios.

Walter Burkert (Homo necans) señala lo siguiente: Cualquiera que comiese allí de las entrañas de las víctimas sacrificadas en honor del dios, se transformaba inmediatamente en lobo. Platón es el primero en afirmarlo, aunque lo hace dando a tales noticias el carácter de mito. Por su parte, Pausanias describe el altar de Zeus en el monte Liceo: un recinto situado al aire libre en el flanco de la montaña, rodeado por un muro de piedras sin desbastar. Cualquiera que penetrara allí, aún haciéndolo por inadvertencia o descuido, era condenado a muerte y ejecutado en el acto. En medio del recinto se mostraba el altar, cubierto de cenizas humeantes, con los restos de las víctimas ofrecidas al Dios-lobo…

Pero el asunto de los licantropos posee otras implicaciones. Normalmente se trata de personas a las que por alguna razón ha alcanzado un cierto tipo de maldiciones. El grupo social suele ser muy estricto en su regulación, sobre todo en aquellos casos que se refieren, por ejemplo, a las relaciones que han de establecerse entre este mundo y el otro. Cuando estas reglas no se cumplen, suelen sobrevenir castigos terribles para los infractores. Esos castigos, según la tradición y la mitología, pueden ser de tipo físico o de tipo espiritual. El que alguien se transforme en lobo tal vez suceda a causa de ello y también por vulnerar algún principio sagrado que rige en la comunidad o incumplir ciertas prohibiciones.

Cuentan los viejos relatos que en tiempos existían pueblos enteros de licántropos, que llegadas ciertas ocasiones salían a la caza de sus víctimas a las que sacrificaban luego en sus altares situados en las zonas más oscuras del bosque, o en las faldas de las colinas alumbradas por la luna nueva, la “luna de los lobos”.

El culto al “lobo mítico” no debe confundirse con ningún tipo de veneración dirigido al animal en sí mismo. Se trata de una construcción cultural en la que se consideran reunidas ciertas propiedades antagónicas. Así, por ejemplo, existen vientos a los que se considera como “vientos-lobo”, en virtud de esas propiedades de las que hablamos y que podían ser al mismo tiempo benéficas y maléficas. En muchas tradiciones se considera que determinados vientos -algunos más que otros- pueden convertirse en puertas que conduzcan hacia el Otro Mundo. Y también pueden mudar en lobos a quienes se dejan sorprender por ellos.

Por eso, considerándolo en este sentido, podemos hablar de otro Dios-lobo: Apolo-Lykeios. Se le identifica como la deidad encargada de vigilar y controlar los pasos habilitados entre nuestro mundo y el más allá, así como el dios que, de alguna manera, modifica y suaviza los comportamientos salvajes y agresivos de las hordas de licántropos. Sería considerado también como el “Dios-viento”, ya que éste último posee cualidades moderadoras muy semejantes a las suyas y una fuerza que actúa en el sentido de que prevalezcan los comportamientos culturales sobre aquellos otros en los que existe un mayor grado de proximidad a la naturaleza violenta y destructiva.

Pero los dioses siempre nos reservan alguna sorpresa. Tal vez si nos acercamos a su santuario en la noche, cuando la luna empieza a cabalgar con su pálida cara por el cielo, podamos sorprender a unos extraños compañeros de Apolo, en los que brillan demasiado grandes uñas y dientes y que -si nos descubren- podrían interesarse en exceso por nosotros. Vear far au garou, dirían algunos como protección contra los malos encuentros. Y eso mismo decimos también, mientras nos retiramos a toda prisa.

Bibliografía breve:

. Claude Lecouteux, Hadas, brujas y hombres-lobo

– Walter Burkert, Homo necans. Rites sacrificiels et mythhes de la Grèce ancienne

– Jose Luis Cardero, Monstruos, muertos y dioses oscuros. El miedo y lo sagrado

JOSE LUIS CARDERO LÓPEZ

Recogido del  blog del autor

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