MAGOS Y ADIVINOS AZTECAS

BreveHistoriaAZTECASTraigo aquí un capítulo del libro Breve Historia de los Aztecas de Marco Cervera

CIENCIAS DE LO OCULTO: MAGOS Y ADIVINOS

Los seres humanos podían acceder a una comunicación directa con lo sobrenatural por otros medios, además del sacrificio. También existía una serie de técnicas que podían llegar a establecer contacto con lo divino. Este tipo de acciones del hombre son una serie de saberes y técnicas que permiten una comunicación directa con ese mundo poco accesible, pero este conocimiento era sobre todo oculto, no podía acceder cualquiera a este saber, que si embargo era un conocimiento que ponía al hombre en una situación de subordinación respecto a lo sobrenatural; nos referimos a la magia y la adivinación.
Una de las principales fuentes de investigación en torno a la magia mexica es, por un lado, la fuente escrita, pero sobre todo la gran cantidad de conjuros que durante el siglo XVII Ruiz de Alarcón pudo recobrar de diversos estados de México como son Guerrero, Puebla y Morelos, y que se publicó bajo el nombre de Tratado de supersticiones…
La magia, por una parte, debe ser considerada como una técnica para acceder a lo sobrenatural en una acción personalizada dirigida a convencer, amedrentar o engañar, mientras que la adivinación es una acción dirigida solo a conocer. De esta manera, los magos del mundo mexica conocían por lo menos dos técnicas básicas para convencer a las fuerzas sobrenaturales: el nahualatolli o lenguaje de lo oculto, lenguaje que solo ellos podían conocer, en el cual intervenían el cliente, sus colaboradores y los agresores. Parte de este lenguaje incluía el conocer el nombre secreto de las cosas, de manera que permitiera a los magos una acción directa de estos seres en su forma secreta. Este tipo de lenguajes
puede también ser conocido como conjuro.
La segunda técnica registrada es a través del consumo de psicotrópicos, que permitían acceder al mundo de los dioses. La magia estaba muy conectada con otras actividades de gran importancia como la medicina, y pese a que la magia era un acto solo para especialistas, había quien podía conocer algunos conjuros para activarlos en la vida cotidiana, como durante la pesca, la siembra, la caza o incluso la tala de un árbol, como afirma López Austin, una de las principales autoridades en este tema. Imaginemos por un momento, como puede suceder en el México actual en las comunidades indígenas, a un joven leñador que antes de actuar para poder derribar un árbol sabe que este ser de la naturaleza está formado por una materia pesada y mundana y solo necesita utilizar su hacha para derribarlo, pero a su vez sabe que una parte de ese árbol está formada por una pequeña parte de sustancias divinas, por lo que antes de cortarlo pronuncia un conjuro para evitar ser dañado por el árbol. Este tipo de actitudes era común en el México antiguo dentro de la vida cotidiana, pero cuando la acción era más importante, como inaugurar una casa o desarrollar algunas técnicas adivinatorias y medicinales, era necesario recurrir al especialista.
De esta misma forma se podía ejercer la magia medicinal mexica. Por un lado se actuaba sobre la naturaleza y se ejercía también una acción dirigida a los aspectos sobrenaturales que empeoraban la lesión, la enfermedad o la cuestión patológica que se tratara. Se concebían de esta forma dos tipos de enfermedades: la enfermedad mágica y la sobrenatural. La mágica se distinguía porque estaba causada por hombres como chamanes o brujos y podía curarse por la intervención humana; mientras que en la segunda es necesaria la petición de la cura a los seres sobrenaturales. Así, los mexicas mezclaban técnicas que debemos decir “científicas”, mágicas y en ocasiones religiosas para curar las enfermedades. De esta forma, los mexicas consideraban que una
buena parte de las enfermedades eran causadas por objetos mágicos, por humanos o por seres naturales que se infiltraban en el cuerpo. Los
médico-brujos utilizaban parte de sus conjuros, llamados nahuallatolli o discurso de los brujos, que producían un efecto de tipo placebo sobre
los pacientes. Además, suministraban sustancias y medicamentos que eran los que en realidad les curarían las enfermedades. Por ejemplo, cuando se daba la picadura de un escorpión se chupaba el veneno, se administraba tabaco sobre la herida y se invocaba el mito del origen de los escorpiones. Mucho se relacionaban las características del medicamento para curar enfermedades con características similares. Por ejemplo, con la Flor de corazón “yoloxochitl” trataban de curarse enfermedades cardíacas, con la hierba llamada tzotzoca tzihuitl, “hierba verruga”, se curaban las verrugas, etc. Pero las enfermedades no solo podían curarse con hechizos y conjuros y la asociación simpática de la cura y la enfermedad, sino que también existía un fuerte conocimiento de la medicina herbolaria con una larga tradición que aún se utiliza en el México actual y que está reconocida por la medicina científica. Esta herbolaria, de la que existe una gran abundancia en los recursos naturales mexicanos, fue sobre todo entendida por los antiguos mexicanos y fue uno de sus principales recursos para curar realmente sus malestares. Muchos de estos medicamentos naturales presentan propiedades curativas reales, que con una buena administración pueden ayudar a contrarrestar varios malestares. En alguna ocasión una mujer mazahua del estado de México me comentó que a su madre le habían hecho una brujería, pues recordaba que desde su ventana todos los días veía cómo un burro se paraba frente a su casa e inclinaba la cabeza y el cuerpo frente a esta. En otra ocasión, decía que constantemente veía cómo un perro de color negro también se acercaba a la puerta de su casa, tomando la misma actitud que el burro. Ella explicaba esto y lo justificaba diciendo que un brujo que vivía cerca de su pueblo estaba intentando lanzar una serie de hechizos malignos sobre su casa y su madre.
En el lenguaje popular de muchos pueblos de casi cualquier parte de la República Mexicana es también común encontrar narraciones de gente que dice observar a lo lejos luces brillantes que vuelan por los cielos, luces que generalmente se observan en lo alto de los cerros y que son solo explicables a ojos de los habitantes de estos pueblos como “brujas” que están rondando las casas para chupar la sangre a los niños. Dicen que estas “brujas” son mujeres como cualquier otra y que por las noches suelen quitarse los brazos y las piernas y dejarlos en un fogón para que el calor conserve las partes y se transformen en pavos para salir volando a buscar a sus víctimas. Argumentan diversas formas mágicas para evitar que entren a las casas, como colocar unos pantalones del revés en la puerta, un vaso con agua o unas tijeras. La larga tradición de la magia precolombina explica todas estas narraciones fantásticas por la conservación de muchos de estos rasgos mágicos.
Se sabe de la existencia en tiempos mexicas de un tipo de magos malvados, conocidos en lengua náhuatl como nahuales, cuyas características son precisamente las mismas que se manejan en las sociedades indígenas de ahora y que se contemplan bajo este tipo de narraciones fantásticas. Existían en tiempos mexicas diversos tipos de magos malvados que tenían una infinidad de procedimientos para hacer el mal a sus enemigos, como soplar el maleficio sobre la gente, quemar las efigies de sus víctimas o dormir a sus enemigos con pases mágicos para robarles. Se creía en un tipo de magos llamados teyolocuani que comían el corazón de sus enemigos. Pero de todos los magos, los más característicos y que se ajustan a las descripciones actuales eran los llamados mometzcopinque, los cuales, como ha registrado López Austin, “se arrancaban las piernas, colocaban en los huecos unas patas de pavo y salían volando con propósitos maléficos”. Hechiceras que podríamos identificar como las famosas brujas de sitios como Peña de Lobos en el Estado de México. Y por supuesto, los nahuales, quienes tenían la propiedad de transformarse en otros seres tomando la forma de muchos animales como pumas, jaguares, perros, pavos o bolas de fuego. Pero este, a diferencia de las creencias actuales, no se consideraba un mago malvado necesariamente. Nuevamente el uso de psicotrópicos y la auto mortificación eran los medios por los cuales los adivinos podían acceder al conocimiento de un absoluto presente, integrándose como observadores en la geometría cósmica antes descrita. Así, se podían conocer los secretos del pasado, del futuro y de lo oculto. Por ello estaban muy solicitados, para hacer cosas tan ambiguas como reencontrar las cosas robadas o hasta a la mujer desaparecida del marido. También podía precisar a través de las cuentas calendáricas y de los registros históricos fechas específicas, tanto malas como buenas Por ello, dependiendo de las combinaciones podían ser fechas de mala o buena suerte. Me refiero a un tipo de personajes que en tiempos prehispánicos se consideraban adivinos. Estos estaban presentes en el momento en que un niño nacía, ya que justo después se le otorgaba un nombre secreto o calendárico que le revelaría mucho de su presente y su futuro en esta tierra.
En la actualidad, pese a que el estudio de la religión mesoamericana es, a mi juicio, uno de los temas más fructíferos, aún siguen vigentes diversos problemas que causan polémicas, como pueden ser la unidad y diversidad de la religión mesoamericana y sus transformaciones históricas, el asunto de los sacrificios humanos en general y sobre todo su función social, el problema del calendario y su grado de precisión. Con este tema llegamos al final de nuestro viaje por un mundo que, después de más de 200 años de investigación, aún sigue presentando grandes momentos en su proceso de conocimiento.
Hay quien dice, ignorantemente, que todo está ya descubierto, pero ¡véanse los recientes hallazgos del Templo Mayor! Yo más bien me admiraría por todo lo que falta por descubrir.

MARCOS CERVERA   Editorial Nowtilus

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