EL ENIGMA DE LOS MAPAS(EN BUSCA DE LA ISLA PERDIDA DE MÉXICO)

Bitácora de navegación. Día 2.

Los mapas tienen el encanto de la historia, pero también del misterio. Algunos de ellos suelen asociarse a un tesoro. En nuestro caso apuntan a un tesoro llamado Bermeja.

En los documentos del siglo XVI y el siglo XVII, la isla Bermeja aparece como un adorno permanente de las aguas del Golfo de México (clic ver Galería de Imágenes[en el artículo original]) ubicada, sin embargo, en distintas posiciones. La más común: Latitud 22° 33′ Norte, Longitud 91° 22′ Oeste.

“La Bermeja está en los mapas oficiales españoles desde el siglo XVI. No es una fantasía aparentemente”, me dice Michel Antochiw, investigador de cartografía e historia del sureste de México.

Pero advierte: “debemos preguntarnos si la cartografía es confiable porque existen cientos o miles de mapas, pero ¿son realmente confiables? Los cartógrafos europeos repetían mapas anteriores. No podemos decir que porque aparece un accidente en un mapa éste es permanente y efectivo. ¿Por qué? Porque nadie ha ido a comprobarlo”, insiste.
Desde 1539 hasta 1775 Bermeja vivió la certeza de un fantasma, apareciendo en la gran mayoría de los mapas, sin que nadie certificara su ubicación. Pero en 1775, la armada española organizó una expedición al mando de Miguel de Alderete para localizar Bermeja y otras islas.

“Aquí está el diario de abordo de Alderete. Hora por hora indica la dirección que va tomando, el rumbo del viento y la profundidad del mar. Hace el recorrido completo y levanta un mapa que muestra que no encontró la isla”, asegura el investigador y me lee el diario de Alderete: “Denota que verificó la sonda buscando la isla Bermeja sin encontrar fondo en el mar y sin avistarla”.

Doscientos cincuenta años después de los primeros avistamientos, un capitán de navío llamado Ciriaco de Ceballos recorrió la zona del Golfo de México y tampoco pudo encontrarla. En uno de los libros en los que se cuentan sus travesías, “El derrotero de las islas”, se asegura que “la buscó al intento por lo que creemos que su existencia no es verdadera. Sin embargo la colocamos en la carta en latitud 22° 33′ Norte, Longitud 85° 10′ Oeste, hasta que reconocimientos más prolijos decidan si existe o no”.
Sin embargo, me dice Antochiw, después aparece un capitán inglés llamado Barnett, que recorre la zona del Golfo hacia 1840 y “localiza la Bermeja fuera de la Sonda de Campeche (la plataforma continental). A 100 metros de profundidad existe un pequeño pico en el fondo del mar que él llama la Bermeja. ¿Significa eso que existió?”.

En el siglo XVIII y hasta el XX su presencia en la cartografía se hizo menos evidente. Con la llegada de navíos ingleses y estadounidenses a la región, los mapas también se modificaron. Algunos mostraban a la Bermeja y otros no. Tuvieron que pasar otra vez más de 250 años para que una nueva expedición, en 1997, fuera nuevamente a buscar una isla que suele permanecer olvidada durante siglos.

Los mapas que me muestra Antochiw me generan más interrogantes, por lo que decido trasladar mi búsqueda a la Ciudad de México.

Una nueva hipótesis

En medio de las autopistas de la capital mexicana, con su tráfico y su ruido, el Museo Nacional de Cartografía tiene refugio en una antigua capilla. Camino entre sus pasillos y descubro docenas de mapas que me muestran la Bermeja, pero también avisto muchos otros -de la misma época- que no muestran ni un rastro de la isla perdida. El mapa más moderno que encuentro en el lugar data de 1921 y muestra claramente a la Bermeja. ¿Es esa una prueba?

“Déjeme decirle que en un principio pensábamos que la isla existía. Tenemos un atlas imperial de 1794 que muestra a la isla Bermeja en el centro del Golfo de México”, me relata Julio Zamora, presidente de la Sociedad Mexicana de Geografía, en su sede en el centro de la Ciudad de México.

“Pero después comenzamos a dudar porque faltaban pruebas de su existencia”, me comenta. Después me comparte una teoría completamente nueva. “Los países que hacían los mapas en los siglos XVI y XVII, publicaban sus mapas con diferencias para evitar que sus enemigos los utilizaran. Era su trampa decir les pongo una isla aquí -aunque no exista- para que al verla no pasen por ahí pues esa es la ruta por la que yo quiero navegar, y quiero que esté libre”.

¿Será entonces que la ubicación no es la correcta? “Para nosotros la ubicación no es correcta, porque creemos que la isla nunca existió”, responde enfático Zamora. “Lo siento mucho porque representa una gran pérdida para mi país. En la situación limítrofe perdemos cerca del 20% de lo que podríamos tener y esos pueden ser potencialmente miles de millones barriles de petróleo. Pero necesitamos clarificar las cosas con base en documentos y no en esperanzas”.
Otra vez una mención al petróleo. Mañana entonces exploraremos la relación de la isla con el oro negro y conoceremos a un hombre que cree que la isla sí existió.

Esta historia aún no termina.

DAVID CUEN

BBCNews

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