CINE FANTÁSTICO: DARK CITY

DARK CITY: LA CIUDAD DE LAS ALMAS PERDIDAS

Revisión del Clásico de Culto de Alex Proyas

Influenciada por otras joyas del cine expresionista alemán como “El Gabinete del Doctor Caligari” (1920) por ejemplo, “Dark City” (1998) nos introduce en un mundo paranoico y claustrofóbico donde la raza humana es amenazada por unos seres que experimentan con el subconsciente de los hombres con una única misión: encontrar y comprender el alma humana para poder sobrevivir.

John Murdoch (Rufus Sewell) despierta completamente amnésico a medianoche en un hotel y encuentra el cadáver de una mujer en el mismo lugar. Mientras intenta traer al frente sus recuerdos y averiguar lo sucedido, se da cuenta de que él es sospechoso principal de los asesinatos en serie de prostitutas cometidos en la ciudad, pero ese será el menor de sus problemas. En su búsqueda de la verdad, se tendrá que encarar a unos extraterrestres conocidos como “Los Ocultos” que por las noches adormecen a los ciudadanos para intercambiar sus recuerdos entre ellos.

Hábilmente y con sutileza Alex Proyas nos presenta este thriller futurístico, empapado con unas gotas de film noir, donde las ansiedades, los sentimientos, los temores del individuo son puestos a prueba e interpretados como si de una experiencia vital conjunta se tratase. Por una parte Los Ocultos son el reflejo de nuestra sociedad, un colectivo en decadencia que comparte ideas preconcebidas sobre como actuar y como sobrevivir y que es incapaz de dar lugar al individualismo cultural, político o religioso. Por otra están los ciudadanos tristemente manipulados por una especie superior que usan sus cuerpos como simples envases para poder subsistir en un nuevo emplazamiento. Y entre éstos se encuentra Murdoch, una especie de Neo del film ‘Matrix’ (1999), pero algo más atormentado, que luchará por recuperar lo que le hace humano: el derecho inalienable de poder recordar por si mismo quién es y poder razonar y actuar como un individuo libre e independiente.

Proyas también nos deslumbra con la estética vanguardista y oscurista del film, muy similar a la del clásico “Metropolis” (1927) de Fritz Lang. Esos escenarios con carácter gótico, esa decoración tan lúgubre, esos contrastes de luz y esos encontronazos casuales con esas formas distorsionadas, donde los personajes ensimismados en su propia rutina transitan como zombies reclusos en una urbe encapsulada, nos provoca una sensación claustrofóbica, absolutista, de angustia existencial, que va perfectamente a juego con el hilo argumental.

En definitiva, “Dark City” nos enseña a abrir los ojos y contemplar nuestra propia realidad, invitándonos a agarrar con todas nuestras fuerzas todo aquello que nos hace libres como individuos y Alex Proyas, como un cineasta visionario, no solo nos regala una grata experiencia visual inolvidable para los cinco sentidos sino que también nos anima a la búsqueda de la propia alma.

Thais Párvez Montesinos

Scifiworld

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