EL SURGIMIENTO DE LA CONCIENCIA

Creo que la conciencia no tiene sitio alguno en el universo de la física clásica. No tiene nada que hacer en un universo que funciona como una maquinaria. Si hubiera conciencia en un mundo como ese, sería un producto derivado de la materialidad, impávida ante la totalidad de las cosas: un mero fenómeno emergente que no tiene un significado distinto al que tiene una roca a la deriva.
La física cuántica parece decirnos que aquello que elegimos observar altera, e incluso crea, lo que observamos . De modo que en una visión cuántica del mundo, tenemos alternativas, algo que yo veo como sinónimo de la conciencia. Dicho de otra manera: para que haya conciencia tiene que haber alternativas.
Pero, ¿cómo puede la elección, las alternativas, hacerse manifiesta? Para ello ha de existir la mente. En otras palabras: es intrínsecamente coherente que haya alternativas si existe la mente, de manera que las alternativas existen en la mente. La mente, y así lo creo, existe como una forma de energía transitoria en los universos paralelos. El universo que percibimos se constituye de una amalgama de estas intermitencias transitorias de energía. Las pautas crean la mente igual que crean la materia. Ambas cosas, la existencia de la materia y la percepción de esta, son la misma cosa.
Así es como la mente de cualquier ser sensible que sea capaz de percibir una realidad está capacitada para llegar a los universos paralelos y de cumplir con la tarea de elegir esa realidad.
Todo esto oculta una trampa sutil. Una vez elegida una alternativa, el que elige, como en el ejemplo del conejo en el sombrero y el bebé en el agua, está atrapado por la alternativa elegida. El que elige tiene que entrar, hacerse uno con el universo elegido. Este pensamiento me molesta, me hace sentir remordimientos. Si lo anterior es cierto, ¿tenemos realmente alguna alternativa? Si cada vez que elijo, todos mis yoes paralelos están eligiendo al mismo tiempo, en ese caso, ¿existe una verdadera elección? Si cualquier elección significa todas las elecciones, entonces puede que la variedad de alternativas no sea nada más que otra ilusión. El libre albedrío no existe, porque los resultados de la alternativa que sea elegida siempre se manifiestan. Puede que seamos máquinas después de todo, aunque existiendo en más dimensiones de las que somos conscientes en cualquier universo particular. Le pido al lector que tenga en cuenta esa posibilidad.

FRED ALAN WOLF   Universos Paralelos

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