LA COLUMNA DE QUTUB MINAR

En el patio de la mezquita de Quwwat ul Islam, cerca de Delhi, se alza una columna de siete metros y seis toneladas de hierro fundido que no se oxida

El profe Mario D”agostino, que colaboró en mi antiguo programa Quiéreme Descalzi, abrió en mí el apetito por los misterios de la antigüedad. “Un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma””. Esta frase de Winston Churchill es la mejor para describirlos.

Empiezo con la columna de Qutub Minar. En el patio de la mezquita de Quwwat ul Islam, cerca de Delhi, se alza una columna de siete metros y seis toneladas de hierro fundido que no se oxida. Análisis metalúrgicos indican que es 99% hierro de baja calidad. Es una columna milenaria sin corrosión. ¿Cómo? Diversos estudios llevan a la conclusión de que sus creadores manipularon la estructura del hierro a nivel molecular. Subrahmanyan Iyer, un estudioso de la India, encontró textos milenarios en sánscrito en los que se describen elementos, metales y aleaciones. La siguiente traducción corresponde al Atarva Veda: “La energía atómica fisiona los 99 elementos, cubriendo su paso mediante el bombardeo de electrones, sin pena ni daño. La parte principal de este poder rápido está oculto en el reajuste de la masa molecular de los elementos. Una fuerza similar está en los rayos del sol en la órbita de la luna””. Atarva veda, 20.41.1-3.

Otro texto, del Mahabarata, dice: “Fue un solo proyectil, cargado con la fuerza del universo. Una columna incandescente, brillante como mil soles se alzó en esplendor. Fue un arma desconocida, un trueno de hierro, un gigantesco mensajero de muerte que redujo a cenizas la raza de los vishnis y los andhakas””. El Mahabarata es una de las grandes épicas escritas en sánscrito por una antigua civilización de la hoy India. Quizás decir antigua suene absurdo en atención a estos párrafos. Parecen del futuro.

Otro relato similar se encuentra en la Epica de Gilgamesh. “Los cielos rugieron, la tierra gritó; un pilar de fuego se extendió hacia arriba, salieron rayos a su alrededor y llovió la muerte. La luz se fue, el fuego se apagó. Todos los que fueron tocados se convirtieron en ceniza””. Epica de Gilgamesh.

Todo esto sería de interés meramente intelectual a no ser porque también existe un record físico de algo extraño en la antigua India. Mohenjo-Daro es un conjunto arqueológico cuyo nombre significa “montículo de muertos””. Es una de dos antiguas ciudades, –la otra es Harappa– en el valle del Indo, entre lo que hoy es India y Pakistán. Harappa y Mohenjo-Daro pertenecen a una civilización cuyo inicio data de por el año 3,300 antes de Cristo. Desaparecen entre 1900 y 1700 a.C. En el área hay ceniza radioactiva muy antigua. También hay restos humanos radioactivos.

El gobierno de la India no permite la entrada a esos lugares, salvo a estudiosos armados de permisos especiales. ¿Qué habrá pasado allí? La India y Pakistán “modernos” tienen armas nucleares. ¿Las llegarán a usar? Una de las interrogantes con respecto a la “flecha del tiempo” es si el futuro dejará reverberaciones en el pasado. Sabemos que el pasado deja reverberaciones en el futuro, pero ¿dejará el futuro reverberaciones en el pasado? Tenemos un escrito de Aurobindo Gosh, que vive entre 1872 y 1950, cuando los Rockefeller eran los capos del mundo industrial. Dice: “El escolasticismo europeo considera la civilización humana como una progresión que se inicia ayer y acaba con los Rockefeller de hoy. Concibe la cultura antigua como necesariamente medio salvaje. El que la marcha del conocimiento ha sido siempre lineal no es más que una superstición del pensamiento moderno. Nuestra visión de la prehistoria es terriblemente inadecuada””. Sri Aurobindo Gosh.

Cuando pensamos en el futuro pensamos en los próximos 20 o 30 años. ¿Por qué no pensar en términos de los próximos 5 u 8 mil años? Sí, llegará ese día, ténganlo por seguro, dentro de 8 mil años, cuando amanezca otra vez y entonces… ¿que dirán de nosotros? Si todavía hay historia contarán de nosotros como si perteneciéramos a la prehistoria. Nuestra prehistoria “actual”” nos lleva al valle de Olduvai, en la hoy Etiopía, donde se encontraron los primeros artefactos del hombre. Datan de hace unos dos millones de años. Son artefactos no de Homo Sapiens, el hombre moderno, sino de nuestro antecesor, Homo Habilis. Tenemos tan poca visión que no nos damos cuenta de que si hemos estado tanto tiempo en el planeta, un tiempo igualmente inmenso espera por delante. Vivimos con tal urgencia que pareciera que el mundo se fuera a acabar mañana.

GUILLERMO DESCALZI

Webislam

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