BAALBEK

Las ruinas de Baalbek se encuentran a unos 90 kilómetros de Beirut (Líbano) en el Valle de la Beqaa, a los pies de las montañas del Antilíbano. Lo primero que llama la atención de este colosal conjunto arquitectónico es que, el mayor de los templos romanos de todos los tiempos fue construido en este emplazamiento. Nos referimos al Templo de Júpiter, cuyas columnas más altas alcanzaban los 32 metros y las más anchas 3,75 metros. Sólo algunas de ellas han resisitido el paso del tiempo y las fuerzas de la naturaleza. Nobles e incluso emperadores de Roma recorrían más de 2.000 kilómetros para honrar la figura de su máximo dios, precisamente en este lugar del Medio Oriente.
Pero antes de que las legiones de Roma conquistasen esta región del Líbano, Baalbek era poseedora de una historia que se remontaba muchos años atrás. Al igual que los romanos, los griegos fueron atraídos igualmente a este lugar, denominándolo Heliópolis (la Ciudad del Sol), y mucho antes que ellos fueron los fenicios quienes establecieron sus centros de culto, y así, se pierden los orígenes de este mítico y sagrado lugar, cuna de los más poderosos dioses del mundo antiguo, hasta alcanzar el rango de leyenda.

Existen otros dos templos dedicados a otras deidades, Venus y Baco (Mercurio), todos ellos emplazados sobre una gigantesca plataforma artificial, rodeada por un muro defensivo que hace también de pared de contención del terraplén de la cima que forma una explanada horizontal de 450.000 metros cuadrados. Todo este inmenso complejo arqueológico permaneció en el olvido hasta que en 1.751 Robert Wood y el dibujante James Dawkins restablecieron de nuevo en todo el mundo la admiración y la curiosidad por este mágico enclave.
Pero si hay algo que de verdad ha despertado la admiración y el asombro de todos los estudiosos, ha sido la terraza sobre la que se emplaza el Templo de Júpiter. Su origen es anterior a la ocupación romana, aunque no existe un consenso entre los investigadores para establecer quiénes fueron los constructores de tan impresionante estructura.

Y es que esta terraza cuenta con el grupo de bloques de piedra más pesados que se pueden encontrar en todo el mundo. En su muro sudeste existe una hilera de nueve bloques de granito donde cada uno de ellos mide 10 metros de largo por 4 de alto y 3 de fondo, con un peso de más de 300 toneladas. Justo en el lado opuesto, el muro sudoeste y a la misma altura, podemos ver en esta ocasión otra hilera de 6 bloques de las mismas características citadas anteriormente, y asentados sobre ellos, tres gigantescos bloques que han pasado a ser conocidos popularmente con el nombre del “Trilitón”.
Cada uno de estos bloques de duro granito mide nada más y nada menos que 20 metros por término medio. Su altura es de 4,5 metros y poseen un espesor de 3,5 metros. Las tres “chinitas”, sobrepasan fácilmente las 800 toneladas, aunque existe un cuarto bloque de mayores dimensiones denominado La Piedra del Sur, abandonado en una cantera próxima a Baalbek y al que le dedicamos uno de los capítulos de Tecnologías Perdidas.

Una vez más el misterio radica en cómo fue posible el corte, traslado y ubicación de semejantes moles de piedra. Nada nuevo cuando nos enfrentamos a numerosas construcciones de la antigüedad, algo aparentemente sencillo a pesar de lo rudimentario de sus herramientas y que involucionó hasta el día de hoy de manera que no existe ni tan siquiera un sólo pueblo que sea capaz de imitar a sus ancestros. Como en otros lugares, en Baalbek nadie a dado una solución convincente, aunque oficialmente, los sectores más conservadores atribuyen a griegos y romanos la construcción de esta terraza, pero es más un deseo que una evidencia palpable, pues no existe ni una sola prueba documental de este increíble evento, que hubiese constituido todo un honor para su constructor proclamar a los cuatro vientos, por no hablar de la inexistencia total de tecnología romana conocida capaz de mover colosos de 800 toneladas en ningún punto de su basto imperio. Por otro lado, las tradiciones locales asocian la construcción de Baalbek a gigantes y demonios en tiempos del mítico diluvio.

Para añadir algo más de misterio a la terraza del Templo de Júpiter, diremos que han sido encontradas numerosas piedras vitrificadas, un fenómeno geológico que solo puede asociarse a la enorme acción de una fuente de calor. Este extraño y curioso detalle que muchos investigadores han pasado por alto, y que puede ser observado por cualquier visitante, ha servido a otros para asegurar que la gigantesca terraza sirvió como una plataforma o rampa de lanzamiento de naves espaciales propulsadas por energía nuclear. Este es el caso del Profesor Mates M. Agrest, de la extinta Unión Soviética, Doctor en Ciencia, Física y Matemáticas de la Universidad de Moscú, que llegó a trabajar para el Programa Soviético de Energía Atómica hasta el año 1.992. Agrest ha mantenido a lo largo de los años sin ningún tipo de complejo ni miedo a su reputación que, todas las evidencias en Baalbek señalan que este lugar fue un centro destinado al despegue de naves de origen extraterrestre, y que la misión de la terraza estuvo destinada a ejercer de barrera de protección contra la irradiación producto de los cohetes en el momento del despegue.

Baalbek en la antigüedad fue siempre relacionada con la morada de los dioses, y no faltan relatos como es el caso del Antiguo Testamento, donde en sus alrededores eran presenciados “carros de fuego” que surcaban los cielos. El propio profeta Elías subió al cielo en uno de ellos.

CARLOS E. CASERO         Paleoastronáutica

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