LUGARES HISTORIA: EL CASTILLO DE RUDJAN

Tras recorrer la fatigosa y larga escalinata adoquinada, no en vano también se le conoce como el de los mil escalones, -que como para castigo del viajero están numerados cada poco a lo largo de la ascensión-, el viajero, después de las últimas curvas sinuosas, casi se topa con las macizas puertas del castillo de Rudjan, pues hasta el final de la ascensión no se puede distinguir su impresionante mole.

 

 

 

Si, como fue mi caso, la subida se hace avanzada la tarde, provoca una visión entre romántica y espectral de la inexpugnable fortaleza.

 

 

 

 

 

La densa neblina, la humedad, las montañas circundantes, la densa vegetación, -pisábamos frutos, nos escurríamos, el olor de los árboles, el trinar de los pájaros, el sonido relajante de una cascada, o el menos reconfortante susurrar de algunas pequeñas serpientes-, y la escasez de turistas a esas horas te facilitan extasiarte en el fabuloso enclave y, por momentos, transportarte a otras épocas lejanas, -cuando el castillo bullía de actividad-, e imaginar lances heroicos o legendarios.

 

 

Dada su ventajosa posición también se comprende porqué se afirma que el castillo de Rudjan jamás pudo ser tomado por la fuerza y sólo su decadencia hizo que, como tantos colosos de piedra, ya sólo permanezcan las mudas ruinas como testigos de su historia….

Sin embargo, a pesar de la humedad y el alto índice de pluviosidad, es uno de los castillos mejor conservados de Irán. Está situado a unos 20 kms. al suroeste de la ciudad de Fuman, al norte del país persa.

El castillo de Rudjan se erige en la cima de una montaña, sobre un cercano río del mismo nombre, en medio de la niebla y rodeado de espesa foresta, ocupando una extensión de 2’6 hectáreas, y elevado a unos 700 metros sobre el nivel del mar.

 

 

Aunque no se sabe con certeza la fecha de su construcción, se piensa que es de época sasánida, es decir preislámica, siendo luego rehabilitado en la Edad Media, concretamente durante la época selyúcida, aunque también fue uno de los baluartes de los nizaríes, -conocidos(o debería decir desconocidos) en occidente como Los Asesinos y de los que escribiré aquí próximamente-, y utilizado más tarde por gobernantes locales hasta la dinastía Zand, después de lo cual llegaría su abandono…

 

 

Aunque forticación militar, el castillo constaba de una parte donde habitaba el rey y su harem (o los diversos gobernantes), con el trono y varias residencias separadas por un muro, y otra diferenciada para los barracones de soldados. Todavía se pueden distinguir en la parte alta del castillo algunas habitaciones en forma octogonal y las torres de vigilancia se observan al norte y sur. El castillo de Rudjan también tenía una prisión, un hammam, una salida de emergencia, aseo, una fuente, aljibes, almacenes, otras residencias y un manantial que se secó tras un terremoto.

En suma, si se viaja a Irán y se tiene tiempo, el castillo de Rudjan es una visita obligada para los amantes de los castillos, de la historia o de los preciosos entornos naturales.

JUAN PEDRO MOSCARDÓ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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