SECRETOS EN LUGARES SAGRADOS

Entre aquellos que conocen el sentido que guardan los mensajes de las piedras, es conocido también que ha de guardarse cautela respecto a lo que pueda leerse en tales textos. Lo que permanece oculto puede desatar grandes fuerzas en la tierra y en el cielo.
 
Lud. Arct. Sileno. Ars magna, i, iv.

Dicen las viejas crónicas -y también Walter Burkert (Homo necans: Rites sacrificiels et mythes de la Grèce ancienne) que, en tierras de Arcadia, existe un monte llamado Liceo, en cuya ladera principal, un poco antes de llegar a la cumbre, podía verse en tiempos el obstáculo de un círculo de piedras interpuesto en el camino del viandante que por allí perdiese sus pasos.
 
En dicho círculo, formado por peñascos no muy bien organizados y por algunas rocas sueltas, se encerraban montones de cenizas humeantes.
 
Si, en los tiempos antiguos, el visitante se hubiese acercado a esos montones escarbando un poco o removiendo con algún objeto aquella superficie abrasada, descubriría muy pronto la naturaleza de lo que allí se quemaba, porque, entre las cenizas, hallaría huesos y restos de animales y tal vez sería posible que viese también los despojos semicalcinados de algún que otro cuerpo humano.
 

Se percataría, así, con horror, que el círculo de piedras encerraba los restos de sacrificios cruentos y tambien los testimonios ya casi consumidos de algún que otro sacrificio humano.
 

En ésto, como en casi todo, es necesario que haya alguien que escuche y vea. Pero también es imprescindible que ciertos seres iluminen al caminante, ilustren al viajero perdido o aventurado y dejado al albur de su suerte la cual, en ciertos momentos, puede llegar a ser muy mala.
 

Así, a nuestro viajero, muy bien hubiera podido ocurrirle que nadie le dijera nada sobre todo aquello. Él, desde luego, algo barruntaría y algo le soplaría al oído sobre la rareza, y aún sobre el peligro, que se desprendería seguramente de dichos hallazgos macabros.
 
Pero la experiencia podría llegar a ser, incluso, más terrible, si alguno de esos seres misteriosos de los que hablamos y que se ciernen sobre los caminos como los grajos sobre el centeno recién granado, comentase al viajero -y de tales revelaciones están llenas las leyendas- que, en aquellos momentos, se hallaba, precisamente, en un lugar sagrado. Y más concretamente en uno dedicado a Zeus Likaios. El hecho de pisar aquél suelo protegido por las piedras en círculo, podía ser castigado con la muerte inmediata del atrevido o del intruso.
 
Se trataba, según apunta Walter Burkert, de un recinto “misterioso e inviolable” en el que, cualquiera que entrase, intencionadamente o por inadvertencia y error en su camino, era inmediatamente asesinado y ofrecido en sacrificio al terrible dios-lobo allí encarnado por Zeus.
 

Aquél era, desde luego, un lugar sagrado del cual existen ciertos testimonios llegados de la Antigüedad, como los de Pausanias o los del propio Platón, que investigaron sobre los terribles rumores que rodeaban a ese lugar de Arcadia y terminaron, al parecer, relacionándolos con ciertas ceremonias  y actividades que allí se llevaban a cabo por parte de los que practicaban extensa e intensamente cultos de licantropía y canibalismo. Según parece deducirse de estos y de otros testimonios, los licántropos abundaban, por entonces, en las tierras y montes de Arcadia.
 
Tenemos así que los lugares sagrados -o aquellos lugares relacionados con lo sagrado- pueden llegar a ser verdaderamente terribles. No ya sólo porque en ellos se lleven a cabo sacrificios sangrientos, toda vez que la violencia sanguinaria es algo que, al menos en nuestros días, ha dejado de ser un elemento chocante o sorprendente, sino porque en ellos, en esos recintos escogidos desde hace miles de años, se respira un aire especial que vibra muchas veces con la energía que lo sagrado siempre transmite, aunque no se produzca visión ni audición alguna que pueda alterar la normalidad más o menos establecida.
 

Porque -tal vez sea necesario reflexionar detenidamente sobre esta cuestión- lo que ocurre la mayor parte de las veces entre los límites de un lugar sagrado, no es inmediatamente perceptible por el observador, que se limita a detenerse aquí y allá en ese recinto prodigioso mientras todo su ser va siendo afectado por algo que espera, que aguarda, haciendo de esos instantes previos a la manifestación un entorno activo de latencia, capaz de condicionar al receptor de lo que más tarde llegue de manera profunda e irreversible.
 
Así, Fontevraud. Basílica resplandeciente que se presenta ante los ojos del observador como un contraste pautado entre lo blanco de sus muros y torres y lo oscuro de sus cuevas y criptas. Allí permanecen enterrados Alienor de Aquitania y su hijo Ricardo, Corazón de León y rey de Inglaterra. Alienor representará siempre a la Gran Reina, quizá también a la Gran Madre, Magna Mater. Richard, el rey aventurero, vagabundo y paradigma de la caballería andante, estuvo tal vez en contacto estrecho con el Conocimiento secreto de la Alquimia, tanto durante su estancia en la tercera cruzada de Tierra Santa como en el tiempo en que permaneció “oficialmente” preso en Dürnstein, Austria. De ahí nacerá la leyenda de su fiel amigo y trovador, Blondel de Nesle, el cual, cantando un romance que había sido compuesto en compañía de Richard, consiguió dar con la prisión del rey. Como en tantos otros casos, lo sagrado y el secreto van bien unidos en compañía de trovadores y de paladines caballerosos. También van con caminantes y nautas que vienen del Otro Lado. Recordemos el mensaje secreto que se muestra en el Romance del Conde Arnaldos: Por tu vida, marinero, digasme ahora ese cantar. Respondiole el marinero, tal respuesta le fue a dar. “Yo no digo mi canción, sino a quien conmigo va“.

JOSÉ LUIS CARDERO  

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