PUEDE QUE NUNCA TRANSFIERA SU CEREBRO A UN ORDENADOR

uploadbrainMuchos futuristas predicen que un día cargaremos nuestras mentes a las computadoras, donde retozaremos en nuestros entornos de realidad virtual. Eso es posible, pero todavía hay una serie de cuestiones espinosas a considerar. Aquí hay ocho razones por las que su cerebro nunca podría ser digitalizado.

De hecho, esto no es sólo una especulación ociosa. Muchos pensadores han expresado su apoyo a esta posibilidad, incluyendo el renombrado futurista Ray Kurzweil (autor de How to Create a Mind[Cómo crear una Mente]), el experto en robótica Hans Moravec, el científico cognitivo Marvin Minsky, el neurocientífico David Eagleman, y muchos otros.

Los escépticos, por supuesto, disfrutan de la oportunidad de desacreditar datos. La afirmación de que vamos a ser capaces de transferir nuestros pensamientos conscientes a un ordenador, después de todo, es algo extraordinario.

Pero muchos de los contra-argumentos estándar tienden a quedarse cortos. Las quejas típicas citan insuficiente poder de procesamiento, espacio de almacenamiento inadecuado, o el temor de que los superordenadores serán lento, inestables y propensos a fallas catastróficas; temas que ciertamente no parecen intratables ante la embestida de la Ley de Moore y el potencial de la megacomputación.  Otra objeción popular es que la mente no puede existir sin un cuerpo. Pero una mente transferida podría estar dotada de un cuerpo simulado y colocada en un mundo simulado.

Para ser justos, sin embargo, hay una serie de auténticas objeciones filosóficas, éticas, e incluso de seguridad científica que podrían limitar de manera significativa o incluso hacer imposible transferencia de conciencia. Aquí están ocho de las más serias.

1. Las funciones del cerebro no son computables

Los defensores de la transferencia mental tienden a argumentar que el cerebro es una máquina de Turing: la idea de que la mente orgánica no es nada  más que un clásico procesador de información. Es una conjetura derivada de la tesis de física de Church-Turing, y que ahora impulsa gran parte de la ciencia cognitiva.

Pero no todo el mundo cree sirva la analogía cerebro/ordenador. Hablando recientemente en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, en Boston, el neurocientífico Miguel Nicolelis dijo que, “el cerebro no es computable y ninguna ingeniería puede reproducirlo.” Se refirió a la idea de transferencias como “disparate” diciendo que nunca va a suceder, y que “hay un montón de gente que vende la idea de que se puede mimetizar el cerebro en un ordenador”. Nicolelis afirma que la conciencia humana no puede ser replicado en silicio porque la mayoría de sus características importantes son el resultado de impredecibles interacciones no lineales entre miles de millones de células.

“No se puede predecir si el mercado de valores va a subir o bajar porque no se puede calcular,” dijo. “Usted podría tener todos los chips de ordenador en el mundo y nunca creará una conciencia”.

2. Nunca vamos a resolver el difícil problema de la conciencia

Dejando aparte la computabilidad del cerebro, nunca podremos ser capaces de explicar cómo y por qué tenemos qualia, o lo que se llama experiencia fenoménica.

Según David Chalmers, -el filósofo de la mente al que se le ocurrió el término “problema difícil”-,  probablemente resolveremos los problemas sencillos de la cognición humana, al igual que la forma en que enfocamos nuestra atención, evocamos el recuerdo, discriminamos y procesamos la información. Pero explicar cómo las sensaciones recibidas se traducen en sentimientos subjetivos, -como la experiencia del color, el gusto o el agradable sonido de la música-, está demostrado que es mucho más difícil. Por otra parte, incluso todavía no estamos del todo seguros de por qué tenemos conciencia, y por qué no somos sólo “zombis filosóficos”, seres hipotéticos que actuaran y reaccionaran como si fueran conscientes, pero que no tuvieran estados mentales internos.

En su artículo, “Enfrentando el problema de la conciencia“, Chalmers escribe:

“¿Cómo podemos explicar por qué hay algo que es como para entretener a una imagen mental, o para experimentar una emoción? Es ampliamente aceptado que la experiencia surge de una base física, pero no tenemos una buena explicación de por qué y cómo surge. ¿Por qué la transformación física debería dar lugar a una rica vida interior? Parece objetivamente irrazonable que lo hiciera, y todavía lo hace.”

Si algún problema se puede calificar como el problema de la conciencia, argumenta Chalmers, es éste.

3. Nunca vamos a resolver el problema del enlace

E incluso si averiguamos cómo el cerebro genera la experiencia subjetiva, los ordenadores digitales clásicos nunca podrán ser capaces de soportar mentes individuales fenomenológicas.  Esto es lo que se conoce como el problema de la unificación, nuestra incapacidad para comprender cómo la mente es capaz de segregar los elementos y combinar problemas tan perfectamente como lo hace. No hace falta decir, que ni siquiera sabemos si una máquina de Turing puede incluso admitir estas funciones.

Más específicamente, todavía tenemos que averiguar cómo nuestro cerebro segrega elementos en patrones complejos, un proceso que nos permite distinguirlos como objetos distintos. El problema de la unificación también describe el problema de cómo los objetos, aquello en segundo plano o de nuestra experiencia periférica, -o incluso algo tan abstracto como las emociones-, aún se pueden combinar en una experiencia individual y coherente. Como el neurocientífico cognitivo Antti Revonsuo ha dicho, “la vinculación es por lo tanto considerada como un problema de encontrar los mecanismos que se asignan a las entidades físicas
“objetivas” en el mundo exterior dentro de las correspondientes entidades neuronales internas del cerebro.”

Continúa:

“Una vez que la idea de la conciencia relacionada con la unión se formula, de pronto llega a ser claro que está estrechamente relacionada con dos problemas centrales en la investigación de la conciencia. La primera se refiere a la unidad de la conciencia fenomenológica. El contenido de la conciencia fenoménica se unifica en un todo coherente, que contiene un sistema unificado ”yo” en el centro de un mundo perceptual unificado, lleno de objetos coherentes. ¿Cómo deberíamos describir y explicar tal unidad experiencial? El segundo problema de relevancia aquí se refiere a los correlatos neuronales de la conciencia. Si estamos buscando una explicación a la unidad de la conciencia, al postular mecanismos neuronales subyacentes, estos mecanismos neuronales seguramente están capacitados para ser correlatos neuronales directos de estados fenomenológicos unificados.”

Nadie sabe cómo nuestros cerebros orgánicos logran este truco, -al menos no todavía-, o si las computadoras digitales serán capaces algún día del enlace fenomenológico.

4. Pampsiquismo es cierto

Aunque sigue siendo controvertido, también existe la posibilidad de que pampsiquismo sea cierto. Es la idea de que la conciencia es una característica fundamental e irreductible del cosmos. Puede sonar un poco Nueva Era, pero es una idea que está ganando constantemente crédito (especialmente considerando  nuestra incapacidad para resolver el Problema Difícil).

Los pampsíquicos especulan que todas las partes de la materia implican mente. El neurocientífico Stuart Hameroff ha sugerido que la conciencia se relaciona con un componente fundamental de la realidad física, -componentes que son similares a fenómenos como la masa, espin o carga. Según este punto de vista, la base de la conciencia se puede encontrar en una fuerza fundamental adicional de la naturaleza no muy diferente de la gravedad o el electromagnetismo. Esto sería algo así como una sensación o conciencia elemental. Como Hameroff señala, “estos componentes sólo lo son.” Del mismo modo, David Chalmers ha propuesto una teoría del doble aspecto en la que la información tiene aspectos tanto físicos como experienciales. El pampsiquismo también ha atraído la atención de los físicos cuánticos (que especulan sobre posibles aspectos cuánticos de conciencia dada nuestra presencia en un Universo Everett), y fisicalistas como Galen Strawson, quien sostiene que lo mental/experiencial es físico.

Lo que representa un problema pra la transferencia mental es que la conciencia no constituye un sustrato neutral, -un inquilino central de la hipótesis Church-Turing-, sino que de hecho depende de específicas configuraciones físico-materiales. Es muy posible que no haya equivalente digital o algorítmico a la conciencia. Tener conciencia surge en una arquitectura clásica de Von Neumann, por lo tanto, puede ser tan imposible como la división de un átomo en un entorno virtual mediante el uso de unos y ceros.

5. El dualismo mente-cuerpo es verdadero

Tal vez sea aún más polémica la sugerencia de que la conciencia está en algún lugar fuera del cerebro, tal vez como un alma etérea o espiritual. Es una idea que se asocia principalmente con René Descartes, el filósofo del siglo XVII que especuló que la mente es una sustancia no-física (a diferencia de las interpretaciones fisicalistas de la mente y la conciencia). En consecuencia, algunos defensores del dualismo (o incluso el vitalismo) sugieren que la conciencia se encuentra fuera de la ciencia cognoscible.

Huelga decir que si nuestras mentes se encuentran en algún lugar fuera de nuestros cuerpos, -como en un contenedor en alguna parte, o por extraño que parezca, en una simulación (al estilo de The Matrix)-, nuestras posibilidades de transferirnos a nosotros mismos son casi nulas.

6. No sería ético desarrollarlo

Preocupaciones filosóficas y científicas a un lado, también puede haber algunas razones morales para renunciar al proyecto. Si vamos a desarrollar tecnologías de transferencia, tendremos que realizar algunos experimentos muy invasivos, tanto en animales como en humanos. El potencial de abuso es significativo.

Los diseños de transferencia suelen describir la exploración y la cartografía del cerebro de un individuo, o seccionamiento en serie. Mientras que un sujeto de prueba, como un ratón o un mono, podrían ser colocados bajo anestesia general, con el tiempo tendrán que ser reanimados en el sustrato digital. Una vez que esto suceda, lo más probable es que no tengamos idea de su experiencia interna, subjetiva. Su cerebro podría estar completamente destrozado, por lo que la angustia psicológica o física sería terrible. Es razonable suponer que nuestros esfuerzos iniciales de transferencia estarán lejos de ser perfectos, y serán potencialmente crueles.

Y cuando llegue el momento en que el primer ser humano sea transferido, podría haber muchos serios problemas éticos y legales a considerar, especialmente teniendo en cuenta que estamos hablando acerca de la reubicación de la vida, implicando derechos humanos.

7. Nunca podemos estar seguros de que funcione

Lo que nos lleva al siguiente punto, el del escepticismo posterior a la transferencia. Una persona nunca puede realmente estar segura de que crean una copia consciente de sí mismos. Esta es la continuidad de un problema de conciencia, la incertidumbre que tendremos de si, en lugar de mover nuestras mentes, simplemente nos copiamos a nosotros mismos en su lugar.

Porque no podemos medir la conciencia, -ya sea cuantitativa o cualitativamente-, la transferencia requerirá un enorme salto de fe, un salto que podría dar lugar a un completo olvido (por ejemplo, un zombi filosófico), o algo completamente inesperado. Y confiar en el consejo de los seres ya transferidos tampoco nos ayudará (“Vamos, el agua está bien …”).

En un correo electrónico, el filósofo David Pearce me lo expresó así:

“Piensa en ello como el ajedrez. Si yo te digo los movimientos, puedes replicar fielmente el juego. Pero no sabes absolutamente nada de las texturas de las piezas, o de hecho, si tienen alguna textura en absoluto (tal vez jugué en línea). Así, creo que lo mismo puede decirse de las texturas de la conciencia. La posibilidad de mentes-sustrato independientes debe distinguirse de la posibilidad de qualia-sustrato independientes.”

En otras palabras, la calidad de la experiencia consciente en sustrato digital podría estar bastante lejana de la experimentada por una conciencia analógica.

8. Las mentes transferidas serían vulnerables a la piratería y el uso indebido

Una vez que nuestras mentes se transfieran, estarán conectadss físicamente e inextricablemente unaa superestructura de cómputo más grande. Por consecuencia, los cerebros transferidos serán perpetuamente vulnerables a ataques maliciosos y otras intrusiones no deseadas.

Para evitar esto, cada persona transferida tendrá que configurar un cortafuegos personal para evitar que sean  reprogramados, espiados, dañados, explotados, borrados o copiados en contra de su voluntad. Estas amenazas podrían provenir de otras transferidos, Inteligencias Artificiales granujas, códigos maliciosos, o incluso las autoridades en el poder (por ejemplo, como un medio para inculcar el orden y control).

De hecho, como hoy sabemos muy bien, incluso las medidas de seguridad más estrictas pueden no prevenir los ataques más sofisticados; una mente transferida nunca puede estar segura de que está a salvo.

GEORGE DVORSKY (17/04/2013)      IO9

(Traducio por JUAN PEDRO MOSCARDÓ para LIBERTALIADEHATALI)

libertalia1

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2 comentarios en “PUEDE QUE NUNCA TRANSFIERA SU CEREBRO A UN ORDENADOR

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