LOS EXPLORADORES IGNORADOS DE LAS FUENTES DEL NILO

henry-morton-stanley-grangerEn la segunda mitad del siglo XIX, la solución del secular enigma de las fuentes del Nilo constituyó una de las mayores aventuras geográficas de todos los tiempos. Para la Historia, esta gesta está asociada a nombres como Livingstone, Burton, Speke, Grant, los esposos Baker, Cameron o Stanley. Sin embargo, ninguno de estos personajes podría haber llevado a cabo sus exploraciones sin la decisiva intervención de guías y hombres de confianza generalmente ignorados como Bombay, Mabruki, Susi o Chuma. No menos clave fue la labor desempeñada por miles de porteadores, guerreros y sirvientes anónimos que formaban parte de las expediciones, sin olvidar el protagonismo de los negreros árabo-swahilis.

Si tuviéramos que designar al mayor viajero decimonónico del África negra dudaríamos entre David Livingstone, Henry Morton Stanley u otros héroes victorianos como John Hanning Speke o Richard Burton. Sin embargo, ninguno de los exploradores europeos de la época estuvo a la altura de un tal Sidi Mubarak Bombay de quien consta recorrió en el interior de África 9.600 kilómetros. Tan descomunal distancia para aquellos tiempos es el resultado de haber participado como guía y jefe en expediciones de Burton, Speke, Grant, Stanley y Cameron.

Bombay acompañaba a Speke cuando éste llegó al Lago Victoria. Consciente de su valía, Stanley le haría jefe de caravana tras su encuentro con Livingstone.

Bombay fue la primera persona que recorrió el Nilo desde el lago Victoria hasta El Cairo y que atravesó África de Este a Oeste, desde Zanzíbar hasta Angola.

Pese a sus indudables méritos, Sidi Mubarak ni siquiera tuvo derecho a un apellido propio ya que “bombay” era el apelativo genérico utilizado por los británicos para designar a los esclavos rescatados de los barcos negreros árabes y trasladados a India para ser educados en orfanatos y centros religiosos antes de ser devueltos a África.

En 1880 había unos tres mil africanos “bombay” en África del Este. El principal promotor de este fenómeno fue Sir Henry Bartle Frere, presidente de la Royal Geographical Society tras haber sido gobernador británico en Bombay. Frere se percató del provecho que los británicos podían sacar de estos individuos que habían conocido en sus propias carnesel drama de la esclavitud y que, una vez de vuelta en África, servían los intereses de Gran Bretaña. En memoria de Sir Henry Bartle Frere fue fundada Frere Town, el primer asentamiento de esclavos africanos libertos en la actual Kenya.

Nuestro “bombay” por excelencia, Sidi Mubarak Bombay, pertenecía a la tribu de los Yao (característica por llevar sus miembros los dientes afilados). Fue hecho prisionero en la actual frontera entre Tanzania y Mozambique y vendido, a cambio de unos cuantos tejidos, hacia los nueve años en el mercado de esclavos de Kilwa, cerca del lago Nyasa. El mercader indio que lo adquirió lo llevó al actual Pakistán donde aprendió el indostaní. A la muerte de su dueño se trasladó como hombre libre a Zanzíbar donde entró al servicio del sultán antes de ser contratado por Burton y Speke, de cuya expedición se convertiría por méritos propios en el principal factótum.

Speke tuvo en gran aprecio a Bombay, entre otras cosas porque era el único africano con el que podía entenderse ya que, a diferencia de Burton, no hablaba árabe ni idiomas africanos.

Los idiomas constituían para los exploradores europeos una barrera a veces tan infranqueable como los accidentes geográficos. Obligados a depender de sus guías, los intercambios con los autóctonos, las más de las veces utilizando varios idiomas cruzados, daban lugar a frecuentes malentendidos.

Un error de interpretación que traería graves consecuencias en los círculos geográficos europeos, ya que alimentó la disputa entre Burton y Speke, se refirió al sentido del río Rusizi, al norte del lago Tanganika. Con el tiempo se sabría que Speke había entendido lo contrario de lo que un traficante de esclavos árabe le dijo a Bombay respecto al sentido del curso de dicho río.

Nos equivocamos al pensar que los guías, soldados y porteadores de los exploradores europeos conocían el terreno o estaban mejor preparados por el mero hecho de ser africanos. En realidad, los únicos que tenían un buen conocimiento del interior de África y que se movían con relativa soltura por rutas que ellos mismos abrían eran los traficantes de esclavos árabo-shawilis, de cuyos servicios no pudieron prescindir los exploradores europeos.

El propio David Livinsgtone, pese a su oposición visceral a la esclavitud y su odio a los negreros, estuvo en numerosas ocasiones a merced de los traficantes de esclavos y de marfil (los primeros debían portar los colmillos de elefante) y hasta llegó a unir sus fuerzas con ellos para no comprometer sus descubrimientos geográficos. En 1867, con objeto de viajar al lago Mweru contrató los servicios de quien acabaría por convertirse en el más poderoso de los negreros árabo-swahilis, el famoso Tippu-Tip quien con el tiempo sería nombrado por Stanley gobernador de uno de las provinciasdel Congo de Leopoldo II.

tippu tipLa autobiografía que, a finales del siglo XIX, escribió Tippu-Tip en swahili con caracteres árabes (el primer texto en su género), y que fue traducida al alemán por su amigo Heinrich Brode, es una obra de enorme interés al mostrarnos a los célebres exploradores europeos de la región de los Grandes Lagos no desde la imagen idealizada construida en Occidente, sino desde el ángulo de quien fue testigo directo de su vulnerabilidad y dependencia.

Otro personaje crucial que participó de manera decisiva en las expediciones de Speke (de ahí su apodo) y que acabaría por convertirse en uno de los jefes de caravana más exitosos del África oriental fue Mabruki Speke quien, al igual que Bombay, acompañó a Livingstone en varias de sus expediciones. Su breve reseña biográfica haría palidecer a cualquiera de los llamados héroes victorianos.

Además de acompañar a Burton y Speke entre 1857 y 1859, viajó con Speke y Grant al lago Victoria de 1860 a 1863. En 1865 se unió a la expedición del barón Von der Decken en Somalia. Entre 1866 y 1870 estuvo al frente de una goleta en el Océano Índico, y de 1871 a 1872 viajó con Stanley en busca de Livingstone, a quien acompañó hasta su muerte en 1873. En 1874, Mabruki Speke guió al misionero Charles New a Usambara, antes de unirse a la expedición angloamericana de Stanley durante la que murió en la orilla sur del lago Victoria.

Entre los leales e incluso por momentos camaradas del Dr. Livingstone hay que destacar también a Abdullah Susi, liberado cuando era un niño de una caravana de esclavos por el propio Livingstone. Nacido hacia 1856, acompañó durante veinte años al doctor, lo que se considera la relación más larga entre un explorador blanco y un africano.

Abdullah Susi
Abdullah Susi

Susi fue uno de los porteadores de la litera en la que fue trasportado Livingstone durante su última exploración. Fue él quien grabó la estela funeraria en el árbol a cuyo pie fue enterrado el corazón de Livingstone. Pese a ser uno de los que llevó su cadáver y sus pertenencias a Zanzíbar, el cónsul británico se negó a pagarle el pasaje en barco hasta Londres por lo que no estuvo presente en el funeral del Livingstone en 1874, al que asistió un único ayudante africano de Livingstone, Jacob Wainwright, también un “bombay” capaz de hablar y escribir en swahili e inglés.

JamesChuma-AbdullahSuzi
JamesChuma-AbdullahSuzi

La familia de Livingstone acabó por lograr que Susi y James Chuma (otro fiel servidor del doctor que dedicó la mitad de sus 32 años de vida a ocho expediciones de europeos) viajaran al Reino Unido donde, gracias a los testimonios de estos dos africanos, se pudo reconstruir la última etapa de la vida del explorador.

De vuelta a África, Susi sería contratado por Stanley, a quien con el tiempo ayudaría en la fundación de Leopoldville, la actual Kinshasha. Entre 1883 y 1891 fue jefe de caravanas para misioneros que pretendían instalarse en el África central.

Otro personaje secundario de gran mérito fue Amoda, nacido hacia 1850 y muerto en 1876. En su corta existencia tuvo ocasión de trabajar para Livingstone y para Stanley, llegando a ser el patrón del barco desmontable “Lady Alice” que circunnavegó el lago Victoria con Stanley a bordo. Refiriéndose a los africanos que voluntariamente le acompañaron en esta y otras aventuras Stanley dijo que sus nombres“deberían escribirse con letras de oro”.

Tim Jeal comenta en su reciente libro “En busca de las fuentes del Nilo” que “fueron pocos los exploradores europeos que expresaron debidamente en sus libros algún reconocimiento por las informaciones geográficas obtenidas de los traficantes de esclavos árabo-swahili o por el papel esencial desempeñado por los africanos que los acompañaron y posibilitaron sus viajes portando las mercancías usadas para comprar comida por el camino y pagar a los jefes por permitirles el paso a través de sus territorios. Los africanos actuaban además como intérpretes, guardianes y guías. Algunos exploradores, sin embargo, sí que les dieron el crédito que se merecían. Livingstone a menudo elogió a sus hombres, a pesar de las deserciones y los robos constantes. Speke se puso de parte de sus porteadores frente a Burton en el curso de una larga disputa sobre supuestos malos tratos, y Stanley a menudo rindió tributo en sus libros a sus hombres.”

Tal vez por sus orígenes humildes, Stanley fue el explorador blanco de la era victoriana que mayor reconocimiento público hizo a sus acompañantes negros. En varias ocasiones dijo sentirse más a gusto en compañía de africanos que de sus congéneres blancos. Incluso escribió un libro (“Mydark companions and their strange stories”) acerca de sus acompañantes negros y sus tradiciones.

Como prueba de reconocimiento hacia sus más fieles colaboradores, Stanley les hizo en numerosas ocasiones fotografías y recogió cuidadosamente sus nombres y sus rasgos de personalidad más característicos. En el Museo de África de Tervuren (Bélgica) se conserva una fotografía de un grupo de africanos tomada por Stanley a la que el explorador ha asociado anotaciones como las siguientes:

Chowpereh, miembro de mis expediciones de 1871 a 1884.

Zaidi, salvado de los rápidos.

Sarmini, el detective del campamento.

WadiRehani, el tesorero.

Manwa Sera, capitán en jefe de la caravana.

Kirango, el primero que fue golpeado en Bumbireh.

Wadi Baraka, el humorista de Bumbireh.

Majwara, cuidó de Livingstone en su lecho de muerte.

Majwara
Majwara

Testimonios como éste no sólo rinden justicia hacia el papel desempeñado por los acompañantes africanos de los exploradores, sino que son importantes para la recuperación de la memoria histórica y de la cultura de África.

Kalulu
Kalulu

Con quien Stanley no se mostró particularmente generoso en términos de reconocimiento fue con el palestino Selim que le acompañó en su primer viaje a África. Testigo del mítico encuentro con Livingstone al borde del lago Tanganika, a la vuelta a Europa Stanley optó por dejarle en Oriente Medio. De esta manera se libraba de un testigo que hubiera podido interferir en su relato. En vez de a Selim, Stanley prefirió llevar consigo a Europa al niño Kalulu, un esclavo que había liberado (¿o comprado?) y que hacía las veces de paje. Como si de un exótico espécimen se tratara, Stanley exhibió a Kalulu en los salones europeos y le llevó de vuelta a África en la expedición con la que el galés pretendía completar el trabajo de Livingstone, como así fue. Stanley tuvo que pasar el mal trago de comprobar cómo Kalulu desertó en el interior de África. Atrapado y tras el consiguiente castigo, Kalulu prosiguió la expedición en el transcurso de la cual moriría ahogado en una de las cataratas del río Congo.

El nivel de mortandad era muy elevado tanto entre los exploradores blancos como entre sus aún más desprotegidos acompañantes. “La mayoría de los exploradores –señala Tim Jeal– debían su vida a sus porteadores, que en muchos casos los salvaron más de una vez, pero suponer que esos hombres, en circunstancias distintas, hubieran arrostrado peligros equivalentes por su cuenta con el único fin de llevar a cabo descubrimientos geográficos similares es pura fantasía”.

La disposición a sacrificar su vida por meros descubrimientos geográficos era, en efecto, propia y exclusiva de los europeos que en muchas ocasiones tenían que hacerse pasar por mercaderes para poder justificar ante los africanos su presencia en tan inhóspitos lugares.

Ni siquiera el occidentalizado Sidi Mubarak Bombay fue capaz de entender el entusiasmo de un emocionado Speke cuando llegaron al lago Victoria que según Speke constituía la principal fuente del Nilo. En las cataratas Ripon, Speke pidió a Bombay que, al igual que él, se rapara la cabeza y se bañara al modo de los santones del Ganges que ambos habían tenido ocasión de observar. Un obediente se encogió de hombros y exclamó sin entender la magia del gesto: “Nos contentamos con las cosas más corrientes de la vida”.

Tampoco estaría en condiciones de comprender las alusiones que hizo Speke a Cristóbal Colón cuando Bombay y Baraka, otro de sus fieles guías, le sugirieron que esperara el desenlace de uno de tantos conflictos que tenía lugar en la región de los Grandes Lagos. Speke rechazó el consejo aludiendo a “la perseverancia y el éxito de Colón, quien, pese a la oposición de los marineros, siguió adelante y triunfó”.

La incomprensión, fuente de todo tipo de suspicacias, era también mayúscula cuando los exploradores europeos interrogaban a los jefes de tribus sobre el curso de los ríos o la localización de lagos. Los africanos les replicaban que sólo era agua y no entendían en absoluto el porqué del interés de sus extraños visitantes, a los que, lógicamente, asociaban con la brujería.

Algunos de los más notorios “dark companions” de los exploradores británicos fueron recompensados por la Royal Geographical Society con medallas e incluso con pensiones vitalicias. Menos reconocimiento recibieron los porteadores y guerreros participantes, muchos de ellos con sus familias, en las expediciones de los europeos.

Lejos de ser un fenómeno marginal, las cifras de individuos concernidos por estos desplazamientos dan una idea del impacto que provocaron en la región de los Grandes Lagos. Por ejemplo, la primera y segunda expedición de Stanley arrancaron desde Tabora, en la costa africana frente a Zanzíbar, con más de doscientos porteadores (“wapagazi” en shawili) cada una. Las expediciones de Burton, Speke y Grant también superaban el centenar de miembros.

Livingstone fue siempre partidario de desplazarse con un reducido grupo de acompañantes, lo que no fue el caso de los misioneros llamados “Padres Blancos”, cuya primera caravana de 1878 contó con 460 miembros.

En cuanto a los orígenes de los expedicionarios destaca la variedad, tanto en lo que se refiere a los exploradores como a sus acompañantes. Tomando el pequeño territorio del actual Burundi como muestra, se observa que entre 1858 y 1899 recorrieron el país nueve británicos, un estadounidense, un belga, un suizo, un austriaco, quince “Padres Blancos” franceses y holandeses, y una docena de militares alemanes. Entre los guías y escoltas de estos europeos figuraban, además de los “bombay” a los que nos hemos referido (los negros libertos formados en India), individuos procedentes de Goa (como Valentino Rodrigues y Gaeteno Andrade) y de Beluchistán (provincia de Pakistán).

En lo que se refiere al origen étnico de los porteadores que nutrieron las grandes expediciones, los expertos han podido identificar tres grupos: las poblaciones de habla swahili establecidas en la costa índica (los llamados Wamrima) que estuvieron representadas en todas las caravanas con destino a los Grandes Lagos; los Banyamwezi procedentes del sur y suroeste del lago Victoria muy apreciados por su capacidad de llevar cargas, y las tribus del entorno del lago Nyassa, como los Yao, Makua y Bangindo, objetivo habitual de los traficantes de esclavos.

Un rango particular estaba reservado para los guardias armados (“askaris” en swahili, palabra que proviene de “lashkar”, soldado en persa), reclutados no sólo entre las poblaciones indígenas, sino también entre los miles de individuos originarios de Beluchistán que integraron a mediados del siglo XIX el ejército del sultán de Zanbíbar.

Para todos ellos, la participación en expediciones de europeos constituyó una oportunidad de ascender en la escala social o de empezar una nueva vida en lugares remotos en el caso, muy frecuente, de desertar.

En cuanto a la organización de las caravanas, los exploradores europeos estaban muy lejos de poder imponer sus condiciones ya que se trataba de una actividad controlada por un puñado de árabes y mercaderes indios que supieron exprimir a fondo a los inexperimentados e incautos occidentales. Incluso los salarios de los guardias y los porteadores estaban perfectamente regulados, siendo los intermediarios los que obtenían el mayor beneficio.

Tan sólo los hombres de confianza de los exploradores que asumían las tareas de jefe de caravana (“kirongozi”) llegaban a gozar de un nivel de remuneración respetable. Sidi Mubarak Bombay recibió de Stanley con motivo de la expedición en busca de Livingstone 80 dólares al año, lo que representaba un 40% del salario de un obrero francés de la época.

Más allá de la relación mercantil que los distintos actores de la exploración del “corazón de las tinieblas” establecieron y de los descubrimientos que se llevaron a cabo, resulta de justicia sacar a relucir la labor de estos auténticos exploradores en la sombra que fueron los Bombay, Mabruki, Chuma, Susi y demás héroes ignorados.

RAMÓN JIMÉNEZ FRAILE     Sociedad Geográfica Española

BIBLIOTECA LIBERTALIA

Una selección de libros, no necesariamente novedades, que me parecen interesantes y que, si puedo leer, en un futuro escribiré un artículo más extenso sobre ellos.

Si las editoriales están interesadas en enviar material o información para futuros artículos, reseñas o difusión pueden dirigirse a :
LIBERTALIADEHATALI, VICENTE MORALES, nº 7

28043 MADRID España

o a libertaliadehatali@yahoo.es

portadaconocimientoCONOCIMIENTO PROHIBIDO Miguel Pedrero

Existe un “conocimiento prohibido” o “maldito” que se está abriendo paso a codazos. Aunque las grandes instituciones académicas y el poder político y financiero traten de frenarlo, mujeres y hombres comprometidos, preparados e ilustrados lo están sacando a la luz en facultades, en laboratorios, en campañas arqueológicas o en estudios históricos.

En este libro el lector descubrirá, entre otros muchos desestabilizadores asuntos, que:

–Eminentes microbiólogos y astrofísicos defienden que nuestro ADN es artificial y probablemente somos la creación de una civilización alienígena.
–Hay evidencias notables de que seres de otros mundos nos visitaron en un pasado remoto, siendo tomados por dioses.
–Las tradiciones y libros sagrados de diversas religiones –incluida la judeo-cristiana– describen contactos con extraterrestres.
–En la Tierra habitaron otras humanidades en un remoto pasado.
–Sobre la faz de nuestro planeta existieron civilizaciones desaparecidas con un enorme desarrollo tecnológico, muy anteriores a la egipcia y a la sumeria.
–Los científicos ya poseen pruebas de que existe vida después de la vida.
–Está plenamente aceptado que hay infinidad de universos paralelos en donde pueden existir formas de vida.
–El fenómeno OVNI constituye una prueba de que esas inteligencias dimensionales están con nosotros desde el principio de los tiempos.

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50geprehistoriam50 GRANDES ENIGMAS DE LA PREHISTORIA José Luis Cardero López

Este libro es un viaje por los más sorprendentes enigmas de la Prehistoria. El autor, un reconocido antropólogo, responde a preguntas como las siguientes: ¿En qué creían nuestros ancestros? ¿Qué ritos practicaban para contactar con el Más Allá? ¿Eran caníbales? ¿Qué significan las pinturas y grabados rupestres que nos legaron? ¿Utilizaban un lenguaje para comunicarse? ¿Entonaban canciones? ¿Quiénes eran los chamanes y cuál era su poder dentro de la comunidad? ¿De qué y cómo se alimentaban? ¿Creían en Dios? ¿Vivían en parejas o practicaban el amor libre? Éstas y otras muchas cuestiones tienen solución en este apasionante trabajo.

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portada Historia antigua de Persia (2)HISTORIA ANTIGUA DE PERSIA
De Ciro a Alejandro Felip Masó Ferrer

Tradicionalmente la historia de los medos y de los persas ha sido vista casi de forma exclusiva desde la óptica de las fuentes clásicas, con la consabida distorsión histórica que comporta el hecho de que sus autores fueran los vencedores de los diferentes conflictos bélicos que los enfrentaron. De ahí llega la imagen de los persas como bárbaros, despóticos y absolutistas, frente a los civilizados, tolerantes y democráticos griegos, y que incluso títulos puramente administrativos como el de sátrapa, hayan quedado definidos en nuestras lenguas con una clara connotación peyorativa. Así, el enfrentamiento entre los mundos de los defensores de la libertad y de los imperialistas dominadores ha marcado durante décadas el estudio de estos pueblos. Pero una lectura más amplia de todas las fuentes, clásicas y orientales, un acercamiento a la cultura, arte y religión de los medos y los persas y sobre todo, la capacidad de tener una perspectiva histórica libre de connotaciones de cualquier tipo, nos permitirá conocer cuál era en realidad la identidad de estos pueblos y sorprendernos al constatar la gran cantidad de influencias artísticas, literarias, mitológicas, iconográficas, filosóficas y religiosas que han legado a nuestra cultura.

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19471gEL NAÚFRAGO DE LA GRAN ARMADA Fernando Martínez Laínez

A finales del siglo XVI España emprende una ambiciosa campaña naval contra Inglaterra. Es un momento crítico, cuando el poderío imperial hispano empieza a declinar, los problemas en Flandes se multiplican y piratas ingleses  como Francis  Drake atacan Cádiz y las ciudades españolas en el Caribe,  y son recibidos en Londres con todos los honores.

Entre espías, monarcas,  jefes militares,  consejeros  y  rebeldes irlandeses, en un desfile histórico en el que aparecerán todos los personajes y las intrigas de la alta política del momento, comprenderemos la razón de ser de la Gran Armada, una empresa que acabó siendo la más desastrosa del reinado de Felipe II.

Y así llegaremos hasta el capitán Francisco de Cuéllar y su extraordinaria aventura. Cuéllar, trasTras el naufragio de su barco,  destrozado por los vientos y el oleaje contra la costa irlandesa en el otoño de 1588, Cuéllar emprendió una marcha dantesca en solitario por el interior de Irlanda. Fue un intento desesperado para escapar de la muerte segura que le esperaba si era capturado, como ocurrió ocurrió con otros muchos náufragos españoles de la expedición, asesinados y desvalijados en cuanto pisaron tierra firme.

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El tiempo es el que es OK.inddEL TIEMPO ES EL QUE ES (El Ministerio del Tiempo)
Anaïs Schaaff / Javier Pascual

En la biblioteca de un convento, alguien fotografía un códice del siglo VIII. Pasando páginas, llega a una en la que con caligrafía moderna se lee: «Me llamo Elías Sotoca y estoy atrapado en el año 780». Cuando la noticia llega al Ministerio del Tiempo, la sorpresa es total. Sotoca es un agente de alto nivel al que se dio por desaparecido hace años. Amelia, Alonso y Julián parten de inmediato hacia 780 para rescatar al compañero perdido.

Tras la misión en el medievo, la patrulla acaba por error en Cartagena de Indias, uno de los puertos más importantes de la época colonial, en el año 1603. Allí deben convencer al capitán de uno de los galeones de que les permita embarcar, como paso previo para regresar a 2016. Pero entonces conocerán a un personaje histórico que sobrevive en el anonimato y que deberán salvar para que la historia no cambie.

Cuando parece que todo ha terminado, se produce una emergencia que requiere la inmediata participación de los agentes; con apenas 20 años, Lola Mendieta que aún no ha ingresado en el Ministerio es detenida por los nazis en Canfranc. ¿El motivo? Ser espía de las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial. Lo que en principio parece una sencilla misión de rescate se complicará hasta el punto de que la victoria final de los aliados sobre los nazis se ponga en peligro.

Tres misiones. Tres épocas. Y un sinfín de aventuras con el personaje de Lola Mendieta como leitmotiv entre ellas. Bienvenidos a la primera novela de El Ministerio del Tiempo titulada, como no podía ser de otra manera, El tiempo es el que es.

http://www.megustaleer.com/libro/el-tiempo-es-el-que-es-el-ministerio-del-tiempo/ES0144542

portada_curiosidades-de-la-historia-con-el-ministerio-del-tiempo_rtve_201603041145CURIOSIDADES DE LA HISTORIA CON EL MINISTERIO DEL TIEMPO

¿Sabías que cuando llegaron los romanos a la Península se volvieron locos con una salsa española? ¿Que los nazis buscaron en España el Santo Grial como si de una película de Indiana Jones se tratara? ¿Que Felipe II, Bloody Mary o Isabel I estuvieron relacionados con la alquimia
y la astrología? ¿Es cierta la fama de ninfómana de Isabel II? En este libro encontrarás anécdotas que explican la historia de España de forma amena y divertida. De la mano de El Ministerio del Tiempo, la exitosa serie de La 1 de TVE, descubrirás nuestro fascinante pasado desde una perspectiva diferente.

http://www.planetadelibros.com/libro-curiosidades-de-la-historia-con-el-ministerio-del-tiempo/206874

Cd-326AHORA INTENTA DORMIR
Emilio Bueso

«Hubo una época en la que escribir me producía unas pesadillas que luego usaba para escribir y así provocarme más pesadillas. El círculo vicioso bien pudo haberme costado un ictus, pero hubo suerte y en vez de matarme la cabeza por completo conseguí darles forma a buena parte de los relatos que he reunido en este libro».

AHORA INTENTA DORMIR reúne los relatos de Emilio Bueso hasta la fecha, en los cuales se muestra la singularidad y versatilidad del autor para transformar la realidad en entornos de pesadilla. Los hay terroríficos y apocalípticos, poéticos y diabólicos, premiados e inéditos. Casi todos tienen un cierto impulso onírico, casi todos causan extrañeza, pero ninguno sirve para dormir. Felices sueños…

http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=781

cubierta-en-alta-resolución_356375¿HUMANOS O POSTHUMANOS?
Singularidad tecnológica y mejoramiento humano
Coordinación de Albert Cortina y Miquel-Àngel Serra.

¿Estamos dispuestos a aceptar una especie humana mejorada tecnológicamente a partir de la transformación radical de sus condiciones naturales? ¿Se está produciendo ya la singularidad tecnológica que dará lugar a un salto evolutivo irreversible del género humano hacia el posthumano? ¿Qué papel desempeñan la conciencia, la ética y la democracia para controlar los abusos en este proceso?

Los autores, desde una apuesta decidida por el refortalecimiento, en este siglo xxi, de un humanismo renovado, nos introducen de forma abierta y crítica en los conceptos de singularidad tecnológica y mejoramiento humano, así como en la agenda internacional del transhumanismo. Esta agenda nos conduce a la interacción e incorporación en nuestro cuerpo y en nuestra mente de tecnologías emergentes, como la nanotecnología, la biotecnología, la tecnología del conocimiento y de la información, la inteligencia artificial, la robótica, la biomimética o la neurociencia espiritual.

Este libro parte de dos artículos de opinión aparecidos en el periódico La Vanguardia, artículos que generaron un amplio debate en el que participaron, a lo largo de doce meses, 213 voces reconocidas en su ámbito de especialización científico, tecnológico, sociológico, urbanístico, jurídico, filosófico, artístico, teológico o espiritual. A través de este elenco de aportaciones, el libro facilita que el lector tome conciencia respecto a los nuevos acontecimientos que se nos avecinan, sin renunciar por ello a una humanidad más humana, integrada en la sabia naturaleza que nos acoge y de la que formamos parte inescindible dentro de un cosmos que nos sitúa ante el misterio.

http://www.fragmenta.cat/es/fragmentos/cataleg/fragmentos/356422

portada_alta_definicion_340x515.041518387MEDIOS DEMOCRÁTICOS. Una revolución pendiente en la comunicación
Pascual Serrano

Una de las revoluciones más significativas que se está dando en los países progresistas de América Latina es la de la comunicación. Mientras los grandes medios se han convertido allí en agentes de intervención política y en algunos casos de desestabilización, los gobiernos de Venezuela, Argentina, Bolivia o Ecuador, entre otros, con el apoyo de grandes sectores populares, han comenzado a tomar iniciativas sin precedentes.

Conocer las iniciativas y el debate sobre los medios en América Latina puede ayudar a que los países de esa región conozcan mejor lo que hacen sus vecinos, y en España a que se comience a discutir sobre el asunto y abrir las puertas a una verdadera democratización de la información.

http://pascualserrano.net/es/libro/d2622d46062811e6ba3e3860774f33e8/medios-democraticos-una-revolucion-pendiente-en-la-comunicacion/

portadaanticristoPROYECTO ANTICRISTO La conspiración Illuminati
en el siglo XXI Miguel Pedrero

Esta novela es el fruto de las entrevistas que mantuvo el autor –un conocido periodista de investigación– con personajes vinculados al mundo del espionaje, la política y la economía. La protagonista es Ana Maldonado, agente del CNI –el servicio secreto español– que recibe el encargo de infiltrarse en una secta satánica a la que pertenecen importantes personalidades españolas y que, según los datos en poder del CNI, es la tapadera de una operación encubierta de la CIA. A lo largo de la trama, Maldonado irá descubriendo que los hombres más poderosos del planeta profesan una filosofía satánica, que son los herederos de la Orden Illuminati –fundada en 1776– y que su pretensión es generar el caos en el planeta para alcanzar un Gobierno Mundial dirigido desde la sombra por las grandes transnacionales….

http://www.edicionescydonia.com/proyectoanticristo/proyectoanticristo.html

IMPERFECTALA HISTORIA IMPERFECTA Xavier Bartlett

El origen del hombre y de la civilización, ¿sucedió tal como nos lo cuentan en la escuela o en la universidad?

¿Qué grado de certeza tenemos respecto a algunas concepciones ya consolidadas? Frente a la investigación académica, numerosos autores han explotado un género literario, conocido como historia o arqueología alternativa, que intenta retar el conocimiento aceptado según el consenso científico. Este fenómeno, que pretende «reescribir la historia», ha sido, sin duda, un éxito de ventas durante mucho tiempo, pero… ¿hasta qué punto sus postulados son creíbles? ¿Es posible que algunas de las propuestas alternativas apunten a nuevas líneas de investigación, o bien son meras especulaciones basadas en la atracción por el misterio? ¿Pueden aportar algo al debate científico o son simples productos culturales de consumo?

La historia imperfecta describe y analiza el panorama internacional de este género desde sus inicios a través de sus autores más destacados y sus teorías más difundidas, comparando en un equilibrado contraste lo que es científico y lo que es pseudocientífico, en un enfoque hasta ahora no emprendido, que huye tanto de la mera refutación académica como de la tentación de la fantasía literaria.

http://www.edicionesobelisco.com/libro/2000/la-historia-imperfecta

http://laotracaradelpasado.blogspot.com.es/p/la-historia-imperfecta.html

9788497008204ARQUEOLOGÍA IMPOSIBLE Francisco González

¿Cómo es posible que encontremos construcciones semejantes en puntos tan alejados del planeta? Como si de un relato de detectives se tratara, el autor va descubriendo asombrosos vínculos entre los maestros constructores de la antigüedad. Escrito por uno de los investigadores más respetados en el ámbito de las civilizaciones desaparecidas, Arqueología Imposible desvela las claves ocultas tras algunos de los más insondables misterios de nuestro pasado.

http://www.udllibros.com/libro-arqueolog%CDa_imposible-T280010007#

NORTH SENTINEL, LA ISLA IMPENETRABLE

Fotografía de satélite comparando la isla antes del tsunami de 2004 y después. Se aprecia que el contorno de tierra firme permanece invariable, pero el arrecife pasa de estar sumergido a completamente expuesto.
Fotografía de satélite comparando la isla antes del tsunami de 2004 y después. Se aprecia que el contorno de tierra firme permanece invariable, pero el arrecife pasa de estar sumergido a completamente expuesto.

North Sentinel, la isla perdida en el mar que nadie ha conseguido explorar en 200 años

La isla de North Sentinel, en la bahía de Bengala al suroeste de las Islas Andaman, dentro del océano Índico, es uno de los pocos reductos completamente apartados de la civilización humana. Un lugar fascinante poblado por indígenas tan agresivos y hostiles que al mundo simplemente ha dejado de importarle.

Los sentineleses, un grupo de entre 40 y 500 personas (nunca ha podido determinarse con exactitud) forman parte de los llamados pueblos aisladosuncontacted people en inglés, poblaciones tan remotas o tan perdidas que continúan separadas del resto de la civilización.

La mayoría de veces ese aislamiento se debe a cuestiones geográficas o políticas. Otras, como el caso que hoy nos ocupa, a que dicha población ha defendido con fiereza cualquier tipo de contacto con el mundo exterior. Helicópteros, buques cargueros, cámaras de televisión o armas de fuego: la respuesta de los sentinelese (el nombre que reciben los misteriosos habitantes de North Sentinel) siempre se ha acompañado de indiferencia y flechas, piedras e insultos.

Así, durante miles de años y hasta que en 1880 un explorador llamado Maurice V. Portman consiguió poner pie por primera vez en la isla, North Sentinel y los sentineleses han permanecido aislados y apartados del resto del mundo. A día de hoy, ni la tecnología, ni las leyes, ni el turismo o las leyendas en torno a ella han conseguido cambiarlo.

La isla de North Sentinel

North Sentinel se encuentra en las coordenadas 11° 33′ 0″ N, 92° 14′ 0″ E, tiene una posición privilegiada dentro del Oceáno Índico, lo suficientemente aislada del continente (la India, Birmania y Tailandia como principales vecinos) como para que un viaje hasta allí suponga un buen trecho en barco o avión, pero también relativamente cerca de lasAndaman, un conjunto de Islas relativamente civilizadas y administradas por el gobierno Indio. Viven en estas últimas unas 300.000 personas.

Históricamente, las Andaman se utilizaron como lugar de exilio para presos cuando India era una colonia del Imperio Británico (se independizó en 1947), allí se los destinaba a labores de minería, tala y exploración de los recursos naturales. Algunos de esos presos, y las historias en torno a ellos, acabaron siendo parte también de las leyendas en torno a North Sentinel.

North Sentinel en sí es muchísimo más pequeña, unos 72 kilómetros cuadrados, más o menos las dimensiones de la isla de Manhattan, en Nueva York. Está rodeada por una fina línea de playa, que es lo máximo que la civilización ha conseguido discernir en la isla más allá de fotos por satélite y, sobre todo, una barrera de arrecife. Es demasiado pequeña para colonos o para ser de interés a poderes gubernamentales (sobre todo porque las Andaman están a unas horas en barco: son mayores y con mejores recursos). Ese arrecife de coral submarino previene no sólo que grandes embarcaciones se aproximen demasiado a la isla sino que la deja prácticamente inaccesible durante 10 de los 12 meses del año. Hay muchos motivos, como se detalla algunos párrafos más abajo, que han mantenido a North Sentinel aislada del resto del mundo durante miles de años, pero el arrecife de coral ha supuesto su principal barrera natural todo ese tiempo.

En 2004, el tsunami del Océano Índico azotó con violencia la isla. La placa tectónica sobre la que se encuentra se inclinó ligeramente, elevando su altitud unos 2 metros y provocando que gran parte de ese arrecife se elevase sobre el nivel del mar, acentuando aún más la barrera entre el mundo exterior y la selva intrincada que recubre la práctica totalidad de la isla.

Las aguas que rodean North Sentinel, debido a todos estos factores, tienen pesca abundante, un hecho que también ha contribuido en la particular historia del lugar.

El encallamiento del Primrose

Imagen: Capitán Robert Fore.
Imagen: Capitán Robert Fore.

La historia de cómo la civilización, después de siglos olvidadándose, volvió a acordarse de los sentinelese y su isla comienza en medio de una tormenta a mediados del siglo XX.

Esa historia se remonta hasta una noche del 2 de agosto de 1981 en el que el carguero Primrose, proveniente de Hong Kong, encalla accidentalmente. A la mañana siguiente, y a plena luz del día, la tripulación comprueba rápidamente dos cosas: por un lado que un arrecife de coral no registrado en las cartas de navegación de la época es el responsable de sus desdicha, por otro que a apenas unos 10 kilómetros se encuentra una isla paradisíaca aparentemente desierta. No hay carreteras ni señales de actividad humana, tampoco edificios ni registros concretos en el barco sobre qué es exactamente lo que tienen delante más allá de un nombre: North Sentinel Island. El capitán, por precaución, ordena a todo el mundo permanecer a bordo.

Unos días más tarde la tripulación advierte de nuevo que varias formas humanas han aparecido en la playa. Inicialmente se piensa que forman parte del equipo de rescate que habían solicitado por radio desde el momento del encallamiento, pero una simple pasada con binoculares descarta rápidamente esa teoría: las formas oscuras pertenecen a unos nativos de piel muy oscura, totalmente desnudos, que gritan en su dirección con cara de pocos amigos y los amenazan con piedras, arcos y otro tipo de armas. Nervioso ante un posible ataque, el capitán redobla la petición de auxilio por radio.

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El Primrose encallado en North Sentinel.

Unos días más tarde, los sentinelese han comenzado incluso la construcción de botes en la propia playa con la intención de abordar el carguero hasta que, por fin, un helicóptero se acerca a evacuar a la tripulación del Primrose. Gracias a Google Maps todavía pueden verse desde el cielo los restos del Primrose, encallados en el coral de North Sentinel.

Una recepción nada amistosa

Lo que la tripulación del Primrose ignoraba es que unos 7 años antes, en 1974, una expedición formada por el entonces rey de Bélgica Leopoldo III y algunos gobernadores de las islas Andaman y Nicobar reparó de nuevo, y casi por accidente, en North Sentinel.

El intento de atracar en la isla fue desbaratado por un único guerrero que, armado con un arco comenzó a disparar con el pequeño bote que se aproximaba a la playa. Una de las flechas consiguió impactar en el muslo de uno de los camarógrafos registrando el encuentro ante lo que automáticamente dieron media vuelta, subieron al barco y olvidaron rápidamente el tema, dejando a los Sentinelese y a su isla relativamente tranquilos durante algunos años más (otro barco, el MV Risley, había encallado también un tiempo antes que el Primrose, en 1977).

Una tribu más antigua que las pirámides o los mamuts

Que sepamos, la mayor aproximación por parte de la civilización a los Sentinelese lo realizó Maurice Portman en 1880, hace un siglo y medio. En la década de los 90, finales del siglo XX, algunos antropólogos y ONGs indias consiguieron intercambiar regalos (sobre todo cocos y plátanos) con la tribu, pero la mayoría de encuentros fueron tensos, toscos y, una vez aceptados los presentes, los Sentinelese dejaban bien claro con arcos y flechas que preferían estar solos. Si el comité de bienvenida era demasiado abundante, se retiraban directamente y desaparecían entre la profundidad de la maleza.

Fotografía tomada en la década de los 80 con un teleobjetivo.
Fotografía tomada en la década de los 80 con un teleobjetivo.

 

Esto hace que sepamos realmente muy poco sobre su origen, su cultura y cómo es en realidad la vida dentro de North Sentinel. Varios estudios antropológicos calculan que llevan allí viviendo unos 65.000 años y que son descendientes de los primeros pobladores de África, un dato fascinante. 65.000 años, en perspectiva, implica que estaban allí 35.000 años antes de la última glaciación, 55.000 antes de que desapareciesen los últimos mamuts y unos 62.000 antes de que los egipcios construyesen las pirámides de Giza.

Se ha observado que las tortugas han aprendido a evitar a los sentinelese, puesto que a pesar de su belleza las tortuga no son los animales intelectualmente más brillantes del planeta, la respuesta se debe probablemente a una progresión evolutiva, lo que apunta a la permanencia durante miles de años de los sentinelese en dichas tierras. Van desnudos, pero sus ornamentos corporales y pinturas son muy similares a los de los Onge-Jarawa, con los que probablemente alguna vez compartieron más que agresiones.

Esa piel oscura no sólo los relaciona con las primeras tribus africanas sino que además, curiosamente, ha permitido dar pie a algunas de las teorías sobre la brutal hostilidad que los Sentilenese muestran ante cualquier extranjero. Es posible que durante años varias rutas de captura de esclavos parasen en sus aguas con la intención de capturar nativos. El conocimiento en sí de la isla se remonta a casi 2000 años atrás cuando Tolomeo hace referencia a una “isla de caníbales” en medio de la bahía de Bengala. Marco Polo describiría a las tribus de las Islas Adaman en 1290 como “salvajes y despiadadas, no dudarían un momento en capturar al extranjero incauto y comérselo vivo”.

Algunas de las fotos que Portman tomó, aunque se duda de su veracidad. Foto: Crédito desconocido.
Algunas de las fotos que Portman tomó, aunque se duda de su veracidad. Foto: Crédito desconocido.

No existen muchas referencias a lo largo de la historia sobre North Sentinel hasta el siglo XIX, con las ya mencionadas referencias de Maurice Portman y que son, aún así, bastante ambiguas. Portman desarrolló labores mitad antropológicas, mitad de exploración en las Andaman. Para conseguir poner pie en North Sentinel utilizó una técnica que los colonos británicos habían desarrollado en aquellos años: capturar a un miembro de una tribu cercana, convencerlo de sus buenas intenciones a base de regalos y agasajos, para luego montarlo en un barco y utilizarlo como prueba de buena fe ante los nativos. Parece que Portman consiguió dar con un miembro de la tribu de los Sentinelese (algo que probaría en cierto sentido que en aquella época la tribu no era tan cerrada como hasta ahora) y volvió con él hasta su isla natal. La cuestión es que Portman a menudo falsificaba las fotos con montajes y miembros de otras tribus así que las fotos y la documentación recogida de aquel viaje, más allá de su curiosidad anecdótica histórica, no tiene demasiado valor.

Portman con nativos de las Islas Andaman.Foto: Crédito desconocido.
Portman con nativos de las Islas Andaman.Foto: Crédito desconocido.

 

Lo que sí resulta sorprendente es que Portman consiguió poner pie en la isla no una si no dos veces. Tiempo después del primer intento, y desde la vecindad de las Islas Andaman, Portman y su equipo oyeron varios cañonazos proveniente de las cercanías de North Sentinel, señal que interpretaron como proveniente de un barco en apuros. Tras llegar, de nuevo, a North Sentinel y después de varios días de búsqueda infructuosa, decidieron volver con las manos vacías. No había, en realidad, barco alguno. Lo que Portman oyó fue en realidad la explosión y posteriores erupciones del volcán Krakatoa, una de las más letales conocidas por el hombre y cuya también fascinante historia se detalla aquí. Como dato: el Krakatoa se encuentra a unos 2500 kilómetros de North Sentinel y las Andaman.

En 1986, varios presos fugados de las instalaciones penitenciarias de Andaman fueron a parar a North Island. Sus cadáveres se encontraron, deformados por el mar, semanas más tarde.

Tras las aventuras de Portman, los Sentinelese continuaron en paz durante casi otro siglo más. Resulta sorprendente que, a día de hoy, sabemos de ellos poco más de lo que indagó Portman en 1880.

En el siglo XX

Los encallamiento en el arrecife de North Sentinel y el incidente con elPrimrose no fueron suficientes para alterar en última instancia la paz de los sentinelese, pero sí trajo sobre ellos lo último que deseaban: atención.

Tras la independencia de Inglaterra en 1947, India no había reparado demasiado en la presencia de la remota North Sentinel, perdida en medio del Índico. El Primrose consiguió que al gobierno le despertase, como mínimo, curiosidad en torno al misterio del lugar y decidió poner al departamento antropológico y cultural del gobierno sobre la Isla para ver si podían “domesticar” a los sentineleses.

Dos de las mejores fotografías que existen sobre los sentinelese. A la derecha, una mujer sostiene un coco ofrecido como regalo. A la izquierda, un hombre se sujeta el pene demostrando que “agárrame los huevos” es un símbolo más internacional de lo que pueda pensarse. Foto: Guardia Costera India.
Dos de las mejores fotografías que existen sobre los sentinelese. A la derecha, una mujer sostiene un coco ofrecido como regalo. A la izquierda, un hombre se sujeta el pene demostrando que “agárrame los huevos” es un símbolo más internacional de lo que pueda pensarse. Foto: Guardia Costera India.

Durante la década de los 80 y principios de los 90 varias expediciones, ninguna con éxito, intentaron poner pie en territorio sentinelese y establecer comunicación con los nativos. En uno de esos intentos, y tras el correspondiente intercambio de flechas, piedras y “agárrame los huevos”, un guardia más nervioso de la cuenta realizó un disparo al aire. La respuesta de los Sentinelese fue responder con una andanada todavía más agresiva de flechas. Dicho de otro modo: se sospecha que sabía lo que son las armas de fuego. Lo que no se sabe es cómo.

Con todo y hacia 1995, después de repetidos regalos e intentos de aproximación, algunas de las estrategias parecieron dar resultado. A esa época pertenecen las fotografías superiores, las mejores que se tienen de la tribu.

Por desgracia, en 1997 la crisis de los Jarawa en las Islas Andaman, una tribu prácticamente extinta debido a las políticas del gobierno indio con respecto al turismo, levantó la atención de varias organizaciones de los derechos humanos. Varias campañas de Survival International, dedicada a preservar los derechos de dichas tribus, motivaron a que en 1997 un gobierno indio aburrido y abrumado del todo ante la falta de resultados decidiese interrumpir las visitas a la isla, que ha permanecido más o menos tranquila desde entonces.

This rare picture, shot from a helicopter by Indian Coast Guard, shows Sentinelese tribesmen walking on the boat belonging to two fishermen who were killed Jan 26 2006 when they strayed onto North Sentinel Island on the Andaman and Nicobar Islands. The Sentinelese, a La barca de los pescadores asesinados. Foto: Guardia Costera India.resist all contact with the modern world.
La barca de los pescadores asesinados. Foto: Guardia Costera India.

Una de las excepciones se produjo en 2006, cuando dos pescadores borrachos acabaron en las inmediaciones de North Sentinel. Los sentineleses los mataron sin pensarlo mucho y enterraron sus cuerpos en la playa. Ninguno de los intentos de la Guardia Costera India pudo recuperarlos.

Algunos informes, no confirmados, hablan también de otros pescadores que consiguieron poner pie en la isla y volver sanos y salvos. La otra excepción, ajena a la voluntad del hombre, se debe al tsunami de 2004 en el Océano Índico.

El Tsunami de 2004

Imagen: Cristian Caron/Flickr
Imagen: Cristian Caron/Flickr

Debido al caos tras el tsunami, las autoridades indias no enviaron a comprobar el estado de North Sentinel y su población hasta pasados unos días del desastre. El terremoto sacudió con tal fuerza la zona que las exceptivas de supervivencia por parte del gobierno eran más bien bajas. La realidad, sin embargo, es que cuando el helicóptero comenzó a sobrevolar la isla la respuesta fue exactamente la misma que en las ocasiones anteriores: flechas, piedras, insultos. De algún modo, los sentinelese seguían vivos y aparentemente sanos.

En enero de 2005, unas semanas después del terremoto, Cristian Carontomó con un teleobjetivo una de las últimas fotos que disponemos de la tribu. Puede verse ya como la barrera de coral ha emergido de las aguas pero el aspecto de los nativos parece, salvando las limitaciones que impone las distancias, saludable. Se desconoce totalmente cómo han conseguido los sentinelese sobreponerse a las consecuencias del tsunami.

El futuro de North Sentinel

Hoy en día India ha establecido un cerco de 3 millas en torno a North Sentinel, y la Guardia Costera patrulla con frecuencia para asegurarse de que se cumpla.

Los motivos por los que la isla continúa aislada de la civilización son simples: no le interesa demasiado a nadie. No es rica en recursos, no tiene una posición particularmente estratégica y el arrecife de coral se encarga que el acceso se dificulte mucho durante la mayor parte del año. Por otro lado la fiereza con la que los sentinelese defienden su territorio hace que sea más simple, pese a la curiosidad, simplemente ignorarlos. El contacto con la civilización, por otro lado, probablemente provocase en ellos enfermedades y afecciones para los que su sistema inmune no está preparado. La cuestión es durante cuánto tiempo más eso seguirá siendo así.

El número de pesca ilegal en la zona se ha multiplicado, y varios ferrys al borde de la legalidad ya operan acercando a turistas y curiosos hasta el límite.

Mientras tanto, North Sentinel continuará siendo una cápsula temporal aislada de todo, un lugar primigenio y misterioso apartado de la garra a menudo más abusiva que permisiva del hombre, uno de los lugares más fascinantes de la Tierra.

CARLOS REBATO            Gizmodo

Más información:

CHARLES WARREN. EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA

charles_warren_carbon_print_portrait_by_herbert_rose_barraud_of_londonCuando escribí Operación trompetas de Jericó, mi primera intención fue tratar de ofrecer una visión del arca que huyese de lo esotérico y sensacionalista, para centrarme en un estudio serio y riguroso de las fuentes documentales y arqueológicas. Todo ello para intentar entender la auténtica naturaleza de este objeto de poder, pero también el lugar en donde pudo quedar oculto. En el libro también me ocupé de rescatar del olvido, los hechos protagonizados por todos aquellos aventureros, iluminados, arqueólogos o historiadores que, en un momento u otro de sus vidas se sintieron tentados por la búsqueda del Arca de Dios.

Entre ellos destacó un joven oficial del ejército británico, Charles Warren, cuya biografía hizo que se le considerase como uno de los más afamados aventureros ingleses del siglo XIX, y eso por muchos motivos. Siendo muy joven marchó hacia Palestina, para participar en diversas campañas arqueológicas, y posteriormente puso su talento al servicio de un Imperio que por aquel entonces se extendía por medio mundo. En el África más meridional destacó por su valerosa participación en diversos conflictos, como el de Bechuanalandia, para más tarde ponerse al mando de una guarnición inglesa situada en Suakim. Pero el prestigio del oficial fue subiendo con tal rapidez que pronto fue puesto al frente de las tropas coloniales de Singapur, todo un logro que le permitió asumir el grado de Teniente General, con el que participó en la guerra de los bóers, en donde nuevamente pudo demostrar sus habilidades militares durante la célebre ofensiva de Natal.

Su carrera al servicio de Su Majestad fue premiada con el desempeño de importantes cargos administrativos, primero en la Ciudad del Cabo, y después en la propia city londinense, en donde sabemos que participó como alto responsable policial de Londres entre el 1886 y 1888, en la investigación de los asesinatos perpetuados por Jack el Destripador. De él sabemos que fue un reconocido masón y que además participó, de forma directa, en la fundación del movimiento Scout, aunque si por algo se recordará a este apasionante personaje fue por la extravagante búsqueda que llevó a cabo muchos años atrás, cuando en el 1867 marchó hacia la ciudad de Jerusalén para intentar encontrar el Arca de la Alianza.

El arca de la Alianza de Moises

El joven Charles Warren fue contratado ese mismo año por el Fondo para la Exploración de Palestina para excavar en el Monte Moriá, y aunque adolecía de la más mínima formación académica, intentó desde el primer momento compensar su falta de experiencia demostrando un pundonor y una valentía que sorprendieron a propios y extraños.

Nada más llegar a Tierra Santa, se encontró ante la negativa de las autoridades turcas para dejarle excavar en las proximidades de dos de los edificios más sagrados del islam: la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa. Desde el principio todo le pareció salir mal, pero a Warren no pareció importarle mucho, porque había llegado hasta este lugar para ver cumplido un sueño, y nadie iba a impedírselo, por lo que decidió hacer las cosas a su manera.
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Armado de valor, logró deslizarse junto al resto de su equipo por el lado norte de la muralla, y allí excavó un túnel para poder adentrarse y profundizar hasta llegar hasta las entrañas de la Colina del Templo, pero su trabajo, desgraciadamente, no pasó desapercibido, pues llamó la atención de los fieles que día tras día, se agolpaban en el interior de la mezquita para rendir culto a su dios.

Tocaba correr, y mientras lo hacían , seguidos bien de cerca por una turba de indignados palestinos, una lluvia de piedras cayó sobre sus cabezas, descalabrando a más de uno. Ante esta situación, el gobernador de la ciudad decidió intervenir paralizando definitivamente las excavaciones.

Charles Warren no se había salido con la suya. Nunca pudo demostrar al mundo que la Montaña del Templo escondía el más anhelado objeto arqueológico de todos los tiempos, aunque unos años más tarde, en 1911, un aristócrata llamado M. B. Parker llegó junto al excéntrico esoterista Valter Juvelius, para continuar con las investigaciones en donde Warren las había dejado. Una nueva aventura estaba a punto de iniciarse.
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Información extraída del libro: Operación Trompetas de Jericó. Editorial Nowtilus, Madrid, 2015.

JAVIER MARTÍNEZ PINNA

EL ESPECTACULAR COMPLEJO DE LA TUMBA MOCHICA DE HUACA RAJADA, PERÚ

Mochican-tomb-complex-of-Huaca-Rajada-PeruEn 1987, algunas de las tumbas más extraordinarias del mundo se encontraron en la Huaca Rajada de Sipán, un sitio arqueológico Moche en la costa norte del Perú, que es anterior a los incas por unos 1.000 años. Mientras todo un complejo de entierros no saqueados se ha desenterrado, el más famoso pertenece a El Señor de Sipán, un sacerdote-guerrero mochica que fue enterrado entre riquezas insondables. Los tesoros, junto con una gran cantidad de datos arqueológicos sobre la pequeña civilización de los Moche, están surgiendo continuamente, tanto es así que dos grandes museos han sido especialmente construidos para albergar las antiguas reliquias. El hallazgo es considerado como uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes que han tenido lugar en América del Sur.

Los Moche fueron una civilización pre-inca que gobernó la costa norte del Perú hace aproximadamente dos mil años. Ellos construyeron enormes pirámides hechas de millones de ladrillos de barro y crearon una amplia red de acueductos que les permitieron regar los cultivos en su ubicación en el desierto seco. También fueron pioneros de las técnicas de trabajo de metales como el dorado y la soldadura, lo que les permitió crear joyas extraordinariamente intrincadas y artefactos.

Poco se sabe acerca de la civilización Mochica, ya que no dejaron textos escritos para ayudar a explicar sus creencias y costumbres. Sin embargo, el descubrimiento de pinturas detalladas y murales en cerámica y trabajos en las paredes del templo, así como elaboradas tumbas como las que se encuentran en Huaca Rajada, han ayudado a proporcionar conocimientos sobre su cultura y creencias.

El hallazgo del complejo de la tumba de Huaca Rajada fue hecha por el arqueólogo Walter Alva y su esposa Susana Meneses, después de que advirtieran informaciones sobre pobladores locales que salían de la zona llevando tesoros preciosos. Alva, con la ayuda de la policía local, inmediatamente se puso a trabajar asegurando la zona y comenzó las excavaciones. Lo que encontraron fue algo sin precedentes, -fue el primer complejo de una tumba  mochica que había permanecido inalterada por los saqueadores por casi 2.000 años. Fue un hallazgo raro, ya que casi todas las huacas en Perú fueron saqueadas por los españoles durante y después de la conquista española del Imperio Inca.

“Este descubrimiento revolucionó los estudios mochicas en la forma en que el descubrimiento del Faraón Tut cambió  los estudios egipcios”, dijo Alva, “Hemos comprendido de pronto que la gente que habíamos visto en los dibujos – y sus ceremonias, sus rituales – eran reales”.

El complejo de la tumba de Huaca Rajada cerca de Sipán
El complejo de la tumba de Huaca Rajada cerca de Sipán

El complejo de la tumba de Huaca Rajada

Las huacas, como el complejo de Huaca Rajada, eran estructuras asociadas a la veneración y el ritual por los Moche y otras culturas andinas. El término huaca puede referirse a lugares naturales, tales como inmensas rocas, o monumentos que se construyeran para este propósito. Se encuentran comúnmente en casi todas las regiones del Perú y con frecuencia se erigieron a lo largo de las líneas o rutas ceremoniales procesionales, que fueron alineadas astronómicamente a varias salidas y puestas estelares, de acuerdo con la cosmología de la cultura.

La Huaca Rajada, que fue nombrada así después del gran corte realizado a través del sitio por la construcción de una carretera, consta de dos pirámides de adobe que miden 35m y 37m de altura, además de una plataforma baja de adobe. La plataforma y una de las pirámides fueron construidas antes de 300 dC por la cultura Moche, que vivía, cultivando en la región alrededor de 1 al 700 AD. La segunda pirámide fue construida aproximadamente en el 700 dC por una cultura pre-inca más tardía.

Una reconstrucción de la Huaca Rajada que muestra dos pirámides de adobe y una plataforma
Una reconstrucción de la Huaca Rajada que muestra dos pirámides de adobe y una plataforma

Mientras las excavaciones que abarcan dos décadas han revelado catorce elaborados entierros, su propósito original no era un mausoleo, sino un centro sagrado y político de la región. En el entorno inmediato de Huaca Rajada hay otras 28 huacas, cada una mostrando capas sucesivas, que se utilizaron para llevar a cabo las actividades rituales, antes de que un nuevo líder pudiera encargar la siguiente capa. Fue sólo algo secundario que cada capa sirviera finalmente como el lugar de enterramiento para el líder y su séquito.

Cuando comenzaron las excavaciones en Huaca Rajada, los investigadores descubrieron un enorme alijo de 1.137 vasijas de cerámica, que cubrió el esqueleto de un hombre en una posición sentada. Esta postura tan inusual sorprendió inmediatamente a los arqueólogos porque los entierros Moche descubiertos previamente mostraban al difunto acostado boca arriba. Pero había algo más que era diferente, -ambos pies del individuo habían sido amputados, si antes o después de la muerte es desconocido.

Los investigadores llamaron al hombre ‘El Guardián’, porque especularon que había sido colocado en una posición sentada para permanecer en guardia, y sus pies habían sido cortados, tal vez para evitar que dejara su puesto. Como han ido descubriendo los científicos, el hombre sin pies de hecho parece que guardaba algo muy importante,  la tumba de ‘El Señor de Sipán “.


APRIL HOLLOWAY

LAS VERDADERAS SIMULACIONES DEL ATERRIZAJE LUNAR

lola00Una de las teorías conspirativas más recurrentes es la que se refiere a la de la llegada del hombre a la Luna. Desde la negación del viaje mismo del Apolo 11 hasta que las imágenes que se mostraron fueran un montaje filmado por el reputado cineasta Stanley Kubrick.

Pero, lejos esta vez de la conspiración, -o tal vez no-, traigo aquí unas curiosas imágenes pertenecientes al proyecto LOLA, que aunque a primera vista nos pueda recordar a alguna disparatada ocurrencia de la TIA de  Mortadelo y Filemón, fue ideado por la mismísima NASA.

El Proyecto LOLA, -o Lunar Orbit and Landing Approach(Órbita Lunar y Aproximación de Aterrizaje)-, nació para preparar el aterrizaje sobre la superficie lunar en una época, 1961, en la que todavía no existían los simuladores de vuelo.

lola0Los ingenieros de la NASA idearon un primitivo remedo de simulador en el Centro Espacial de Langley. LOLA fue un sistema de enormes murales brillantes donde, en una total oscuridad y provocando un efecto envolvente, los pilotos practicaban el establecimiento orbital. Pero no duró mucho este proyecto puesto que no pudieron solventar adecuadamente en el simulador las dificultades reales que los pilotos tendrían en el punto de encuentro con el Módulo Lunar.

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cinderlake2Aparte de LOLA, la NASA preparó a los astronautas del proyecto Apolo,  en las afueras de Flagstaff, Arizona, transformando los campos de ceniza negra de un volcán extinto, en un remedo de la superficie lunar. El Servicio Geológico de los EE.UU. y la NASA realizaron cientos de cráteres para copiar milímetro a milímetro el Mar de la Tranquilidad lunar en el que alunizaría el Apolo 11.

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EL PARAÍSO MALDITO DEL ATOLÓN PALMYRA

palmyTraigo una historia de una lejana isla real, con inquietantes ecos de los relatos de H. P. Lovecraft y de la serie Perdidos (LIBERTALIADEHATALI)

Como ya conocemos, muchos lugares de nuestro mundo están impregnados de fenómenos paranormales, maldiciones, o de sucesos que desafían todo tipo de explicación racional. Casas, edificios, carreteras, incluso puentes pueden convertirse en lugares embrujados, malditos, o mostrar una cierta actividad sobrenatural. ¿Pero toda una isla podría estar embrujada o maldita? La respuesta a esta pregunta la encontramos en una isla aparentemente idílica ubicada en el Pacífico Norte y conocida por su pintoresca belleza, pero también por ser uno de los lugares más malditos de toda la tierra.

palmyraAunque es conocida comúnmente como Isla Palmyra, la realidad es que se trata de un atolón, un anillo con formaciones de coral que crecen a lo largo del borde de un antiguo volcán hundido. El Atolón Palmyra se encuentra en el norte del Pacífico ecuatorial, situado a unos 1.000 kilómetros al sur de Hawai y aproximadamente entre las islas de Hawai y Samoa Americana. Es un lugar remoto, sin habitantes, completamente virgen y cubierto de vegetación muy densa. Todo el atolón mide sólo dos kilómetros y medio de ancho y un kilómetro y medio de largo. El pequeño atolón tiene una rica diversidad de vida silvestre, y es el hogar de un próspero sistema vibrante, los arrecifes de coral.

Si leemos esto podemos pensar que Palmyra es un lugar ideal para descansar y alejarse de todo. Sin embargo, a pesar de toda su belleza, Palmyra también es un lugar donde habita el mal, con una amplia variedad de eventos sobrenaturales, extraños fenómenos, y sucesos inexplicables.

El descubrimiento de Palmyra

palmy3El atolón fue descubierto en 1798 por el capitán Edmond Fanning, quien se dirigía a Asia a bordo de su barco “Betsy”. Los registros históricos cuentan que mientras se dirigía a Asia, el capitán Fanning se despertó varias veces durante una noche debido a una extraña sensación de muerte inminente. Perturbado por estas premoniciones, el capitán Fanning finalmente salió a la cubierta, justo a tiempo para ver un peligroso arrecife, al que logró evitar. El arrecife era el límite norte del Atolón de Palmyra.

Tras el descubrimiento del atolón, Palmyra se ganó rápidamente una reputación de ser un lugar extraño y aterrador. Todos los barcos que pasaban cerca del atolón informaban sobre luces fantasmales que provenían de la isla y que los mares que la rodeaban estaban infestados de tiburones feroces y misteriosas criaturas marinas. Los arrecifes peligrosos alrededor de Palmyra también eran conocidos por destruir barcos.

Historias aterradoras

palmy6Con toda esta fenomenología que rodea al Atolón Palmyra no es de extrañar que abunden innumerables historias que aterran incluso a los más escépticos. Uno de esos casos ocurrió en 1870, cuando un barco americano llamado “Ángel” impactó contra uno de los arrecifes de Palmyra. Al parecer un grupo de supervivientes logró llegar a la orilla, pero nunca vivieron para contarlo. Cuando otro barco hizo una breve parada en la isla, los cuerpos de la tripulación del “Ángel” aparecieron esparcidos por toda la playa. Todos habían sido violentamente asesinados, sin embargo, las causas exactas y autor de los brutales asesinatos siguen siendo desconocidos.

Aunque uno de los más famosos naufragios de Palmyra es el barco pirata español, “Esperanza”, que se estrelló contra los arrecifes de la isla, mientras que transportaba grandes cantidades de oro y plata saqueadas de los Incas en Perú. Los supervivientes del naufragio lograron cargar algunos de los tesoros en balsas y llegar a la isla. Después de permanecer varados en Palmyra durante todo un año, los demacrados supervivientes enterraron sus tesoros e hicieron un intento desesperado por escapar con sus balsas. No se supo nada más de ellos. Sólo hubo un único superviviente que logró ser rescatado por un barco ballenero en el que moriría de neumonía sin divulgar la ubicación del botín. El tesoro escondido de la plata y el oro inca permanece en Palmyra hasta nuestros días.

También hubo supervivientes de naufragios que consiguieron llegar a la orilla en Palmyra y que escaparon con vida para contar sus aterradoras experiencias. Alguno de ellos afirmaba que los bosques de Palmyra eran el hogar de bestias oscuras que observaban desde los árboles y que los propios árboles parecían susurrar algún tipo de dialecto desconocido. Pero el agua que rodea el atolón no era menos aterrador. Se decía que toda la vida marina era venenosa para comer, y había un asombroso número de tiburones altamente agresivos que merodeaban las aguas. Muchos de los que sobrevivieron a los restos de sus naves fueron devorados por los tiburones antes de que pudieran llegar a tierra.

Un conocido navegante que pasó varias semanas en Palmyra afirmó lo siguiente:

“Había algo definitivamente fuera de este lugar. Tuve la sensación de que no pertenecía allí. Tuve la sensación inequívoca de que la isla no me quería ahí, si eso tiene sentido. Me sentí de alguna manera amenazado, y a medida que los días pasaban tuve la creciente sensación de que tenía que salir de allí tan pronto como pudiera antes de que algo malo me pasara.”

Las misteriosas desapariciones de Palmyra

palmy7Además de naufragios, Palmyra también se hizo famosa por los barcos que desaparecían sin dejar rastro, buques que entraron en las aguas del atolón y nunca más se supo de ellos. Según los informes, en 1855 un barco ballenero naufragó en los arrecifes traicioneros del atolón, pero nunca se encontró ningún resto de la gran embarcación, como si hubiera sido tragado por la propia isla.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Palmyra fue utilizado por los EE.UU. como una instalación naval y como zona para las incursiones aéreas contra Japón. La Armada también utilizó el atolón como estación de abastecimiento para las patrullas aéreas de largo alcance y submarinos. Durante esos años en Palmyra, el personal de la Armada afirmó ser testigo de los misteriosos poderes del atolón. Muchos de los soldados que se encontraban allí dijeron que les superaba un sentimiento misterioso e irracional de miedo. Este agudo sentido de temor inexplicable era a veces tan abrumador que algunos militares solicitaban con urgencia salir de la isla. Otros sucumbían a arrebatos violentos repentinos, produciéndose gran cantidad de peleas e incluso asesinatos. Sin embargo, otros soldados acababan teniendo fuertes ataques de pánico que daban como resultado suicidios en extrañas circunstancias.

Además de esta ola de violencia entre los hombres, también tuvieron lugar otros extraños sucesos. En un caso, un avión patrulla cayó sobre la isla, dejando una estela de humo al precipitarse. Un equipo de rescate se abrió camino hacia donde había caído el avión, pero no encontraron nada. De hecho, en una posterior búsqueda por toda la isla tampoco apareció absolutamente ningún rastro del avión desaparecido o de su tripulación. Uno de los oficiales al mando en ese momento dijo que era “como si hubieran desparecido de la faz de la tierra”.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Palmyra permaneció deshabitada, pero los extraños sucesos y experiencias inexplicables no disminuirían. Quizás el incidente más infame que se ha producido en la isla es el misterioso y espeluznante doble asesinato de 1974 de una pareja que visitó la isla. Fue un caso que estuvo rodeado de extraños sucesos y que sigue sin resolverse hasta hoy.

Un misterio que continúa hasta nuestros días

palmyra_atoll_thumb1Hay muchas teorías para explicar lo que realmente está pasando en el atolón de Palmyra. Algunos dicen que quien visita la isla es perseguido por las almas de los marineros naufragados en sus arrecifes. Otros piensan que esta es una zona con una conexión a una dimensión paralela, una membrana que nos separa de una realidad completamente desconocida. Luego están los que dicen Palmyra es una entidad viva que posee su propia voluntad oscura.

Hoy en día, no hay vida humana conocida en Palmyra. Los residentes únicamente acompañan a los científicos que recogen datos en el atolón. En su mayor parte, Palmyra sigue siendo aparentemente tranquila, una bella isla paradisíaca escondida del resto del mundo. Sin embargo, las apariencias engañan. Tal vez es mejor que Palmyra permanezca  deshabitada, ya que parece ser un lugar peligroso que se encuentra en algún reino más allá de nuestra comprensión y quizás incluso de nuestra realidad. Tal vez por eso un navegante dijo lo siguiente: “Palmyra siempre pertenecerá a sí misma, nunca al hombre”.

BRENT SWANCER

Fuente original: Mysterious Universe

Traducción y resumen: Mundo Esotérico y Paranormal

HALLADAS POSIBLES PIRÁMIDES EGIPCIAS DESCONOCIDAS MEDIANTE GOOGLE EARTH

Dos hasta ahora desconocidos complejos piramidales han sido localizados con imágenes satelitales mediante Google Earth.

Uno de los complejos contiene una definida forma piramidal, truncada, de cuatro lados que mide aproximadamente 45 metros de ancho. Este sitio contiene tres montículos más pequeños en una formación muy clara, similar al alineamiento diagonal de las pirámides de Giza.

El descubrimiento ha sido realizado por la investigadora de arqueología satelital, Angela Micol, de Maiden, North Carolina. Es una especialista con diez años de experiencia en imágenes por satélite que ha desvelado otros hallazgos con anterioridad.

EXPEDICIÓN A LA CORDILLERA DE PAUCARTAMBO: EL ENIGMA DE LAS RUINAS DE MIRAFLORES

La región de Cusco (Perú), de aproximadamente 72.000 kilómetros cuadrados de extensión, está ocupada en su mayoría (más del 50%) por un particular ecosistema llamado “selva alta”, el cual, a su vez, se divide en selva alta y bosque andino.
 Durante el imperio de los Incas, la selva alta cumplía un rol muy importante, ya que era la frontera entre el mundo andino y el amazónico.
 Los pueblos anteriores a los Incas (Wari, Pukara, Lupaca), construyeron durante siglos varias fortalezas llamadas tambo en quechua (lugares de descanso), así como ciudadelas o alcázares, que servían no sólo para delimitar el imperio, sino también como lugares de reposo y trueque, donde se solía intercambiar con etnias de Chunchos, Moxos y Toromonas los productos de la selva (coca, oro, miel, plumas de ave, hierbas medicinales) con los de la sierra (camélidos y cereales andinos, maca y varios tipos de papa).
 Las fortalezas más conocidas son: Espíritu Pampa y Vitcos (ambas en la región de Vilcabamba), Abiseo, la fortaleza de Hualla, Mameria y la fortaleza de Ixiamas (Bolivia).
 Según varios exploradores, entre los cuales se encuentra el peruano Carlos Neuenschwander Landa, existe una última fortificación, aún desconocida, que fue utilizada por los Incas cuando escaparon de Cusco en 1537: se trata del mito del Paititi andino que se mezcla con la leyenda recopilada por Oscar Núñez del Prado en 1955, y que reconoce el Paititi como el oasis donde se refugió el semidiós Inkarri después de haber fundado Q’ero y Cusco.
 Carlos Neuenschwander concentró todas sus investigaciones en el llamado “altiplano de Pantiacolla”, una áspera y fría zona andina situada entre los 2500 y los 4000 metros de altura sobre el nivel del mar, entre las regiones de Cusco y Madre de Dios.
 La meseta de Pantiacolla (del quechua: lugar donde se pierde la princesa), está por excelencia entre los lugares menos accesibles del mundo, por varios motivos.
 Primero que todo, la lejanía de cualquier poblado y la dificilísima orografía del terreno: profundísimos cañones donde fluyen impetuosos ríos y empinadas laderas donde hay sólo unos cuantos senderos angostos, que a veces no son transitables ni siquiera por mulas, lo que complica el acceso al altiplano.
 Además, el clima, siempre cambiante, es muy severo, con fuertes vientos, lluvias, granizadas y a veces nieve y tempestades, intercaladas por breves períodos de sol.
 La temperatura puede bajar a -10 grados de noche, mientras que de día oscila entre 0 y 5 grados.
 El último y quizás más importante motivo que vuelve casi inaccesible a la “meseta de Pantiacolla” es el hecho de que, en las zonas adyacentes (situadas a alturas más bajas), como el Santuario Nacional Megantoni y la zona “intangible” del Parque Nacional del Manu, viven indígenas aislados (no contactados) que en ocasiones pueden ser muy agresivos. Me refiero a grupos de Kuga Pacoris, Masko-Piros, Amahuacos y Toyeris.
 El valle del Río Mapacho-Yavero, inicialmente llamado Río Paucartambo, sirve de acceso a la cordillera de Paucartambo, la última verdadera cadena montañosa andina (con cimas de más de 4000 metros), antes de la selva baja amazónica, la cuenca del Río Madre de Dios.
 El objetivo de nuestra expedición a la cordillera de Paucartambo fue el de estudiar y documentar los senderos incaicos del valle del Río Chunchosmayo (Río de los Chunchos, antiguos y terribles pueblos de la selva), que conducen al altiplano de Pantiacolla y posiblemente a la mítica Paititi de Inkarri.

La expedición comenzó en Cusco, la ciudad que fue capital de los Incas. En total, éramos 5 participantes: el estadounidense Gregory Deyermenjian, los peruanos Ignacio Mamani Huillca y Luis Alberto Huillca Mamani, el español Javier Zardoya y yo.
 Los últimos días antes de emprender la expedición los pasamos en el gran mercado de Cusco, comprando los víveres necesarios para un total de 11 días. Muy importante, para una expedición andina, fue la compra de algunos kilos de hojas de coca y de la llamada “lipta”, una especie de edulcorante a base de estevia o ceniza que sirve de “catalizador” para poder asimilar las propiedades benéficas de las hojas de coca.
 Otro “reto” fue la elección del equipo, puesto que debíamos estar preparados no sólo para el clima tropical del bajo Yavero, sino también para el frío intenso de la cordillera, ya que habíamos previsto llegar a más allá de los 3000 msnm.
 Partimos en la madrugada en dirección del valle del Río Yavero con una poderosa camioneta conducida por un chofer experto.
 Después de aproximadamente diez horas de ardua carretera destapada, llegamos a un lugar llamado “punta carretera”, en el valle del Río Yavero. Es un valle muy estrecho, poco poblado, sin calles (salvo por la única vía de acceso) y sin electricidad. Los pocos campesinos que viven allí cultivan principalmente café.
A la mañana siguiente, con la ayuda de dos mulas, empezamos a caminar por una empinada ladera, descendiendo en aproximadamente cuatro horas al Río Yavero, en el punto donde se encuentra el puente suspendido “Bolognesi”.
 Ubicación: 12° 38.739’ lat. Sur / 72° 08.129’ long. Oeste.
 Altura: 1222 msnm.
 Debajo de aquel puente tambaleante fluye el impetuoso Yavero (afluente del Río Urubamba), rodeado de una vegetación exuberante.
 Desde aquel punto empezamos a caminar subiendo de nuevo el margen derecho del valle hasta un lugar llamado Naranjayoc, habitado por algunas familias de campesinos que hablan sobre todo quechua. Es un mundo completamente rural donde se vive sin luz, ni agua corriente, y mucho menos gas para cocinar o calentarse. Todo es exactamente igual a como era hace un siglo.
 El tercer día utilizamos tres mulas para continuar. En principio subimos una empinadísima ladera, y luego, una vez alcanzada la cima del monte, nos encontramos frente a un remoto sitio arqueológico llamado Tambocasa.
Ubicación: 12º 37.174’ lat. Sur / 72º 07.206’ long. Oeste.
 Altura: 1792 msnm
 Es un típico “tambo” (lugar de descanso) de forma rectangular (40 x 10 metros) construido en época inca. Ubicado precisamente en la divisoria entre los valles del Río Yavero y de su afluente Chunchunsmayu (río de los Chunchos), fue utilizado más que todo como lugar de reposo e intercambio de productos agrícolas.
 Luego caminamos durante unas cuatro horas a lo largo de una pendiente cuesta justo al borde del precipicio, adentrándonos en el valle del Río Chunchunsmayo. En las horas de la tarde llegamos a otro sitio arqueológico llamado Llactapata (en quechua: ciudad alta).
 Ubicación: 12º 37.025’ lat. Sur / 72º 05.750’ long. Oeste.
 Altura: 1935 msnm.
 Decidimos acampar en una vasta llanura contigua a las ruinas, con el objetivo de explorarlas al día siguiente. Después de cocinar una sopa a base de uncucha (una papa dulce típica de este valle) nos preparamos para dormir. El cielo estaba completamente libre de nubes y extrañamente se notaba una gran estrella muy baja en dirección del altiplano de Pantiacolla.
 El cuarto día pudimos documentar el sitio de Llactapata: además de algunos restos de cimientos pre-incas, en los cuales el ángulo de los muros, en vez de ser perpendicular, es redondeado, pudimos registrar una construcción rectangular que data de la época pre-inca, caracterizada por una particular pared con ocho cavidades, usadas probablemente con fines ceremoniales.
 A continuación emprendimos de nuevo nuestro camino en dirección noreste, remontando el estrecho valle del Río Chunchusmayo.
 Al comienzo, anduvimos durante cinco horas en un angosto sendero al borde del precipicio. Algunos tramos fueron difíciles y tuvimos que aligerar el peso de las mulas evitando cuidadosamente que no se desbocaran y cayesen luego al vacío.
 Posteriormente llegamos a un lugar de donde se podía ver el encuentro del torrente Tunquimayo con el Río Chunchusmayo. En aquel punto empezó un empinado descenso hasta el Río Chunchusmayo. Tuvimos que atravesar una zona de selva muy densa y húmeda antes de llegar a su curso.

Apenas lo atravesamos, emprendimos un pendiente ascenso del llamado “Cerro Miraflores”, inicialmente en una densísima selva y, luego, a través de una enorme ladera con poca vegetación.
 Después de unas tres horas de camino desde el río, decidimos detenernos y acampar, entre otras cosas, porque había empezado a llover fuerte.
 De repente nos dimos cuenta de que nos hallábamos en un antiguo tambo pre-incaico de construcción rectangular. También aquí el hecho de que los ángulos de la edificación estuvieran redondeados nos hizo pensar en su origen pre-inca.
 Ubicación del Tambo de Miraflores:
 12º36.506’ lat. Sur / 72º 03.681’ long. Oeste
 Altura: 2540 msnm
 El quinto día exploramos inicialmente la parte de selva que se situaba al noroeste de nuestro campo base. Encontramos algunos muros de contención, también ellos de procedencia pre-incaica, indicio de que toda la zona estuvo habitada y cultivada en épocas remotas.
 Luego nos adentramos en una espesísima selva, alejándonos sin embargo de la antigua zona agrícola.
 Sucesivamente decidimos seguir el sendero que se dirigía al norte, hasta la cima del monte. Fue una muy ardua subida a través de un angosto y fangoso sendero, pero al final alcanzamos la cima y luego proseguimos hacia el norte a través de un altiplano cubierto por un bosque no muy denso. Nuestra caminata tuvo fin en un punto situado a 3185 msnm, de donde se podía divisar, a lo lejos, el altiplano de Pantiacolla y el llamado “Nudo de Toporake”, una áspera formación rocosa situada en la divisoria entre la cuenca del Río Urubamba y la del Río Madre de Dios. Regresamos al campo base después de una caminata de aproximadamente tres horas.
 El sexto día de nuestra exploración fue el determinante.
 Exploramos de nuevo la parte de selva al noroeste de nuestro campo base. Nos adentramos luego en una espesa selva, tan húmeda, que era muy difícil avanzar.
Después de una media hora encontramos los cimientos de una casa en forma de trapecio y, luego, a pocos metros de ésta, las bases de otra residencia rectangular y varios muros de contención que sirvieron para los clásicos bancales.
 Procediendo con la exploración, reconocimos el centro de una antigua ciudadela oculta en la selva: una explanada de aproximadamente 12×12 metros, en cuyo lado oriental había un muro de aproximadamente 6 metros de longitud con 4 cavidades ubicadas a una altura de alrededor 80 cm del suelo (foto principal). 

Estábamos seguros de haber llegado a una importante y desconocida ciudadela agrícola pre-inca, pero ignorábamos quién la habría construido y cuándo. Algunos pastores de la zona nos habían mencionado el nombre “Miraflores” para indicar la montaña entera.
 Ubicación de la ciudadela pre-inca de Miraflores:
 Lat. 12º 36.507’ Sur / Long. 72º 03.715’ Oeste
 Altura: 2523 metros sobre el nivel del mar.
 Observando minuciosamente el muro principal, me di cuenta de que es probable que hubiera caído parcialmente y de que antaño tuviera al menos el doble de longitud. Quizás las cavidades, que para mí se habían usado por motivos rituales, antes habían sido 8, justamente como en Llactapata.
 Pero, ¿quién pudo haber construido la ciudadela? ¿Pudieron haber sido los Chunchos, antepasados de los Matsiguenkas, de donde proviene el nombre del Río Chunchosmayo? No parece, porque aquellos pueblos de la selva adyacente al Cusco no utilizaron nunca los denominados bancales.
 Al continuar con nuestra exploración pudimos documentar otras casas, muchas de las cuales tenían una especie de ventana o apertura en los muros, posiblemente utilizada por motivos rituales.
 El séptimo día continuamos nuestra investigación. Procediendo fatigosamente a través de la selva densa e intrincada, descubrimos otras residencias y muchos muros de contención para los llamados bancales.
 Pudimos comprobar que, en total, la ciudadela se extiende sobre aproximadamente dos hectáreas, donde hay alrededor de 20 cimientos de casas, además de la explanada central, donde se encuentra el muro principal con las 4 cavidades rituales.
 La ciudadela agrícola de Miraflores fue construida casi seguramente por pueblos pre-incas, aunque hasta el día de hoy no es posible reconocer con exactitud el pueblo que la edificó.
 Es muy probable que los Incas hayan utilizado el sitio con el propósito de controlar el acceso al valle y cultivar toda la vertiente occidental de la montaña para poder surtir de alimentos (maíz, fríjoles, papas, coca, calabazas) a los soldados que presidían los límites externos del imperio, en el altiplano de Pantiacolla y en las fortificaciones de Toporake; todos sitios ubicados en la divisoria (a aproximadamente 4000 msnm) entre la cuenca del Río Urubamba y la del Río Madre de Dios.
 ¿Es posible que la ciudadela agrícola de Miraflores haya servido para proveer alimentos a un sitio mayor, ubicado quizá más allá de la “meseta de Pantiacolla”, me refiero al legendario Paititi de Inkarri?
 A continuación inspeccionamos toda la zona adyacente, y descubrimos otros centros residenciales y ceremoniales. Muy interesante fue el hallazgo de una tumba.
 Ubicación de la Tumba de Miraflores:
 Lat. 12º36.521’ Sur / Long. 72º 03.731’ Oeste
 Altura: 2509 msnm
 El futuro estudio de este sitio podría revelar el enigma de la etnia que construyó toda la ciudadela.
 Durante la tarde, como no llovía y estábamos lejos de cursos de agua, decidimos desmontar el campo base y acercarnos al Río Chunchusmayo. Luego montamos el campo 2 a unos 2000 msnm, a aproximadamente diez minutos de camino del Río. Posteriormente descendimos a las orillas del Río Chunchusmayo y nos bañamos, sumergiéndonos en sus gélidas aguas.
 Poco después buscamos en vano los restos de un puente inca que, según algunos rumores, debería encontrarse en la zona.
 Al octavo día regresamos a Naranjayoc y al día siguiente caminamos hasta la carretera pavimentada. El décimo día nos encontramos con nuestro conductor en un determinado punto, y en una poderosa camioneta regresamos a Cusco, luego de diez horas de viaje.
 El balance de la expedición fue más que positivo. Además de documentar los sitios de Tambocasa y Llactapata, descubrimos y describimos las ruinas de la ciudadela agrícola de Miraflores, un ulterior paso adelante en el ámbito de las expediciones Paititi-Pantiacolla.
 
YURI LEVERATTO
 Copyright 2011

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MITOLOGÍA AMAZÓNICA: LA LEYENDA DE LAS PIRÁMIDES DE PARATOARI

En 1968, Carlos Neuenschwander Landa había recorrido ya muchas veces los valles de los departamentos de Cusco y Madre de Dios en busca de las ruinas de la ciudad perdida del Paititi, que él mismo denominaba Pantiacollo. En su opinión, Pantiacollo debía ser una fortaleza, construida en tiempos remotísimos, situada al confín entre la selva alta (ceja de selva) y la selva baja. Algunos Incas pertenecientes a las clases altas, al fugarse de Cusco (1533) y luego de Vilcabamba (1572), supuestamente se escondieron en aquella misteriosa fortaleza, llevando consigo antiguos conocimientos y enormes tesoros.
Neuenschwander llevó a cabo varias expediciones riesgosas, durante las cuales tuvo la oportunidad de descubrir y documentar la fortaleza de Hualla y el “camino de piedra”, un dificil sendero que se desanuda en la divisoria entre la cuenca del Río Urubamba y la del Madre de Dios, construido probablemente por antiguos pueblos mucho antes de los Incas.
Luego, pudo utilizar varios helicópteros de la Fuerza Aérea del Perú (FAP), con los que pudo observar desde lo alto la meseta de Pantiacolla, legendario altiplano que él señaló como el lugar donde se encontraría la mítica ciudadela.
Como las dificultades para llegar al altiplano de Pantiacolla pasando por el “recorrido andino” del camino de piedra eran casi insuperables debido a la extensión de aquella remota zona, al clima demasiado frío, constantemente húmedo y totalmente impredecible, a la niebla persistente y a la posibilidad de encontrar indígenas peligrosos, Neuenschwander pensó que sería posible llegar a la misteriosa meseta remontando algunos afluentes del Río Alto Madre de Dios, como el Nistron o el Palotoa.
Ya desde 1957, a Neuenschwander le habían informado de la presencia de misteriosos petroglifos situados en el Río Porotoa (los bellísimos petroglifos de Pusharo, descubiertos en 1921 por el Padre Vicente de Cenitagoya). Neuenschwander se interesó cada vez más en la posibilidad de explorar los valles de selva alta de los ríos Nistron y Palotoa, lugares que había explorado desde lo alto varias veces con un helicóptero de la FAP.
En 1969, Neuenschwander conoció a Aristides Muñiz, quien le contó una interesante historia sobre algunos extraños montículos o “pirámides”, llamadas Paratoari, situadas cerca al Río Palotoa, donde vivían grupos de Matsiguenkas.
He aquí el relato original de la leyenda de las pirámides de Paratoari (llamadas también Pirámides de Pantiacolla), extraído del libro de Carlos Neuenschwander Paititi en la bruma de la historia (1983):

Cuando vivía en Paucartambo, un día llegó a mi casa un viejo flaco, pálido y andrajoso que me ofreció en venta un montón de anillos y colgandijos de un metal blanco amarillento que yo no conocía. Parecía estar muy enfermo. Estaba sudoroso y tosía constantemente. Llevaba una bolsita de esas baratijas y quería venderlas para ir al Cusco a hacerse curar. Como yo no sabía qué valor tenían las piezas que me ofrecía, no se las compré. Pero, en cambio, le proporcioné dos libras y además le di alojamiento y ordené que le sirvieran comida, pues me daba pena verlo tan débil y agotado. Como no tenía en qué trasladarse porque en esos tiempos no había movilidad como ahora, permaneció en mi casa por dos días más. No hablaba con nadie y no dijo de dónde venía, hasta que la última noche antes de irse, se me acercó y, sin que yo le preguntara nada, me dijo que me estaba muy agradecido por la ayuda que le había brindado. Quizá -añadió tristemente- nunca pueda pagarle y tal vez muera en el hospital; por eso, en gratitud, deseo comunicarle algo que no debe quedar ignorado. Me llamo Dionisio Vargas y soy minero. En este oficio he pasado toda mi vida recorriendo casi todo el territorio del Perú.
Fui a parar al valle del Alto Urubamba y me instalé en Coriveni, donde conocí a un mestizo entre cholo y machiganga con el que me asocié para explorar los ríos que desembocan en el Urubamba, desde Palma Real al Pongo de Mainique. El mestizo era muy leal y me acompañaba a todas partes. Llegamos a ser inseparables, pero desgraciadamente, le gustaba el trago y era pendenciero hasta que, en una reyerta, lo hirieron malamente y como consecuencia, a pesar de todos los cuidados que le prodigué, falleció. Antes de morir me contó la historia que le voy a referir: tú que has sido como mi padre, me dijo, debes conocer el secreto del Paratoari. Este es un lugar donde hay un templo o fortaleza, escondido entre un montón de pequeños cerros que tienen la forma de hormigueros, cubiertos de monte. Por debajo pasan algunos socavones o cuevas y dentro de ellos están enterrados muchos tesoros. Cuando era niño viví allí con mi madre que pertenecía a la tribu que cuidaba el lugar, pero cuando murió, los otros machigangas, diciendo que no pertenecía a su raza, me llevaron hasta San Miguel, en unos de cuyos fundos crecí hasta ser mozo. Después me fui al Cusco y finalmente me vine a trabajar en este valle.
Para llegar al Paratoari hay que ir, primero, a Paucartambo y después entrar al valle de Kosnipata y bajar el pongo del Koñec y continuar navegando en balsa o en canoa por el alto Madre de Dios hasta la desembocadura con el Palotoa. Se recorre este río que es muy fangoso y corre por la pampa llena de bosque dando muchas vueltas. Apena se empieza a remontar ya se ven los cerros en forma de hormiguero. En un día de viaje por las orillas, se llega al pie de los cerros y allí está el templo que te he dicho. Pero hay que cuidar de no ser visto por los machigangas que lo cuidan porque te pueden matar. Mi amigo me hizo repetir los datos que, agonizando, me comunicó, y a las pocas horas falleció. Después de darle sepultura, resolví buscar el Paratoari y, siguiendo fielmente la ruta que me señaló, después de veinticinco días de viaje, llegué a los montículos. Encontré una cabaña muy grande donde vivían dos familias de machigangas. Llevaba yo un atado de telas de colores chillones y de baratijas, espejitos y cuchillos, además de muchos medicamentos y mi escopeta. Como hablo el dialecto machiganga y también soy medio curandero, regalándoles mis trapos y curándoles las heridas y úlceras que sufrían, me fue fácil entablar buenas relaciones con ellos, que terminaron por alojarme en su cabaña. Los acompañaba en sus cacerías y les ayudaba a cultivar yuca y plátanos. Poco a poco me fui ganando su confianza y aprecio. Todos usaban en las orejas y en la nariz anillos de metal, como los que le he mostrado. De vez en cuando, el jefe de la familia me obsequiaba unos cuantos, recién fabricados. Disimuladamente observé que ese chunco incursionaba por los montículos sigilosamente, y regresaba luego de un rato largo. Después todos lucían nuevos colgandijos. Yo me mostraba indiferente a ellos, para no despertar sus sospechas, hasta que un día todo el clan se fue a visitar unos parientes que vivían río arriba, dejándome solo. Aprovechando la oportunidad, siguiendo las huellas del chunco llegué hasta los montículos. Al pié de uno de ellos, tapada con ramas y hojas descubrí la entrada de un oscura y profunda cueva llena de murciélagos. Tuve miedo de entrar pero, buscando por sus alrededores, encontré una lámina pequeña de metal del que hacían los anillos. La recogí, la oculté entre mi ropa y regresé a la cabaña. Al siguiente día retornaron de su viaje y, desde entonces, noté que su actitud hacia mí cambió. Comprobé que la comida que me daban tenía un sabor extraño. Comencé a sufrir de agudos dolores de estómago hasta que se me declaró una disentería. Me fui adelgazando y debilitando con la sangre que perdía. Comprendí que me habían sorprendido en la incursión a los montículos y recién caí en la cuenta que todo había sido preparado, probablemente, para averiguar qué era lo que estaba buscando. Ingenuamente había caído en la trampa. A partir de ese momento, mi única preocupación fue hallar la forma de escapar, pues estaba seguro de que me estaban envenenando y querían matarme. Felizmente un día en que fueron a cazar todos los hombres y yo me quedé en la cabaña alegando estar enfermo, se desencadenó una tempestad tan fuerte que hizo crecer el río a tal punto que los cazadores no podían cruzarlo para regresar. Aprovechando que las mujeres y los niños estaban ocupados en evitar que el agua les inundara su vivienda, tomé mi atadito y la escopeta, de la que nunca me separaba, y me metí al monte, y corriendo llegué hasta otro riachuelo que corría paralelo al Paratoa y los seguí, caminando toda la noche y el día siguiente. Casi moribundo, fui a parar a las orillas del Alto Madre de Dios, donde, providencialmente, me recogieron unos canoeros que lo surcaban, quienes me transportaron hasta donde termina el pongo del Koñec. Desde allí, cayendo y levantando, caminé hasta San Miguel. Luego conseguí que unos arrieros que trasportaban coca me alquilaran una mula de su recua y de ese modo pude llegar, al fin, a Paucartambo. Si me curo en el Cusco, quisiera regresar y desde ahora le propongo que vayamos juntos… si no retorno, por lo menos usted sabe cómo llegar al Paratoari.

Por lo tanto, a Neuenschwander, ya en 1969, su amigo Aristides Muñiz le había informado de la existencia de extrañas formaciones piramidales donde vivían indígenas Matsiguenkas que controlaban la entrada a algunas cavernas, donde probablemente se escondieron varios tesoros en tiempos remotos.
La existencia de las llamadas “pirámides de Paratoari” (o pirámides de Pantiacolla), fue confirmada seis años después, en 1975, cuando el satélite de los Estados Unidos Landsat2 fotografió aquella área de selva peruana cerca de las orillas del río Alto Madre de Dios. En efecto, la fotografía mostraba doce montículos, de a dos, simétricos y regulares. Cuando la noticia fue publicada, muchos investigadores desarrollaron la hipótesis de que aquellos montículos eran pirámides construidas por el hombre en épocas remotas, por motivos rituales o ceremoniales.
Carlos Neuenschwander, quien en 1975 tenía ya 62 años, pensó varias veces en organizar una expedición a las pirámides de Paratoari para comprobar si la leyenda que Aristides Muñiz le había narrado contenía algo de cierto, pero no logró reunir los fondos necesarios para llevar a cabo tal empresa.
La primera persona no-indígena que intentó acercarse a las pirámides fue el japonés Yoshiharu Sekino, pero no logró su objetivo.
Fue sólo en 1996, cuando el explorador estadounidense Gregory Deyermenjian, acompañado por los guías Paulino e Ignacio Mamani, y por el hijo de Carlos Neuenschwander, Fernando, logró llegar a las pirámides de Paratoari.
Deyermenjian y su grupo remontaron el Río Negro (afluente del Palotoa) para llegar finalmente a la meta. Exploraron exhaustivamente la zona y comprobaron que las pirámides son formaciones naturales. Luego regresaron hacia el Alto Madre de Dios caminando por las orillas del Río Inchipato.
En mi expedición a las pirámides de Pantiacolla del 2009, que realicé en compañía de los guías expertos Fernando Riviera Huanca y Saúl Robles Condori, llegué, en cambio, hasta las extrañas formaciones remontando directamente el Río Inchipato.
Escalando una de las pirámides, a la cual nosotros bautizamos Cumbre del Cóndor, situada en las coordenadas 12 grados 41’ 10’’ SUR – 71 grados 27’ 30’’ OESTE (600 m.s.n.m.), comprobamos que se trata, en efecto, de una extraña formación natural cuyo núcleo está probablemente constituido por arenisca o arena dura, pero desmenuzable.
Retomando el relato de Aristides Muñiz, personalmente creo que es cierto. Considero que un hombre correcto como Carlos Neuenschwander no habría nunca transmitido en su libro Paititi en la bruma de la Historia la narración de una persona poco fiable.
Por consiguiente, la pregunta conserva su actualidad: ¿dónde están situadas las cavernas descritas por Dionisio Vargas en el relato de Aristides Muñiz? ¿Eran quizás aquellas grutas utilizadas por los Incas fugitivos del Cusco para esconder sus tesoros, con el fin de no reunirlos todos en un único lugar, sino más bien de reducir la posibilidad de que algún día éste fuera encontrado en su totalidad?
¿Es posible que Dionisio Vargas haya llegado mucho más lejos de las pirámides de Pantiacolla, refiriéndome a las fuentes del Río Negro?

YURI LEVERATTO
Copyright 2011

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Referencias: Paititi en la bruma de la Historia (1983), Carlos Neuenschwander Landa