EL HOLÓMETRO OTRA VEZ

fotonoticia_20140826171533_644¿Es el Universo un holograma 2D, como una pantalla de TV?

Experimento único en el Fermilab

Un experimento sin precedentes del Fermilab (EE.UU), denominado el holómetro, recoge datos para responder a preguntas alucinantes sobre nuestro universo, incluyendo si vivimos en un holograma.
Al igual que los personajes de un programa de televisión no sabrían que su aparente mundo en 3-D sólo existe realmente en una pantalla de 2-D, podríamos tener la idea de que nuestro espacio 3-D es sólo una ilusión. La información sobre todo lo relacionado en nuestro universo en realidad podría ser codificada en paquetes pequeños en dos dimensiones.
Acercándose lo suficiente a la pantalla del televisor se ven píxeles, pequeños puntos de datos que conforman una imagen perfecta a cierta distancia. Los científicos piensan que la información del universo puede estar contenida en la misma forma y que el «tamaño del píxel» natural del espacio es más o menos 10 billones de billones de veces más pequeño que un átomo, una distancia a la que los físicos se refieren como la escala de Planck.
«Queremos saber si el espacio-tiempo es un sistema cuántico al igual que lo es la materia» dijo Craig Hogan, director del Centro de Astrofísica de Partículas del Fermilab y promotor de la teoría del ruido holográfico. «Si vemos algo, van a cambiar por completo las ideas sobre el espacio que hemos utilizado durante miles de años.»
La teoría cuántica sugiere que es imposible conocer tanto la ubicación exacta y la velocidad exacta de las partículas subatómicas. Si el espacio viene en trozos 2-D con información limitada acerca de la ubicación precisa de los objetos, a continuación, el espacio mismo caería bajo la misma teoría de la incertidumbre. De la misma manera que la materia se agita (como ondas cuánticas), incluso cuando se enfría hasta el cero absoluto, este espacio digitalizado debería haber incorporado vibraciones incluso en su estado de energía más bajo.
Esencialmente, el experimento estudia los límites de la capacidad del universo para almacenar información. Si hay un número determinado de bits que indican dónde está algo, con el tiempo se convierte en imposible encontrar información más específica acerca de la ubicación – ni siquiera en principio. El instrumento de evaluación de estos límites es el holómetro del Fermilab, o interferómetro holográfico, el dispositivo más sensible jamás creado para medir la fluctuación cuántica del espacio mismo.

RUIDO HOLOGRÁFICO

140909081116738   Ya funcionando a plena potencia, la holómetro utiliza un par de interferómetros colocados cerca uno del otro. Cada uno envía un haz de láser de un kilovatio (el equivalente de 200.000 punteros láser) en un divisor de haz y baja por dos brazos perpendiculares de 40 metros. La luz se refleja entonces de nuevo al divisor de haz, donde los dos haces se recombinan, creando fluctuaciones en el brillo si hay movimiento. Los investigadores analizan estas fluctuaciones en la luz de retorno para ver si el divisor de haz se está moviendo en una cierta manera , siendo llevado a lo largo de una fluctuación de espacio mismo.
Se espera que el «ruido holográfico» esté presente en todas las frecuencias, pero el desafío de los científicos es no dejarse engañar por otras fuentes de vibraciones. El holómetro está probando una frecuencia tan alta – millones de ciclos por segundo – que no es probable que movimientos de la materia normal causen problemas. Más bien, el ruido de fondo dominante es más a menudo debido a las ondas de radio emitidas por aparatos electrónicos cercanos. El experimento holómetro está diseñado para identificar y eliminar el ruido de esas fuentes convencionales.
«Si encontramos un ruido de que no podemos deshacernos, podríamos detectar algo fundamental acerca de la naturaleza – un ruido que es intrínseco al espacio-tiempo», dijo el físico del Fermilab Aaron Chou, científico principal y director del proyecto para el holómetro. «Es un momento emocionante para la Física. Un resultado positivo abriría una nueva vía de cuestionamiento acerca de cómo funciona el espacio».

EuropaPress

EL MAHABHARATA

El Mahabharata es un relato épico hindú, de más de 200.000 versos que ha llegado hasta nosotros después de haber sido copiado una y otra vez de textos mucho más antiguos y que se pierden en el tiempo. Lo que conocemos hoy en día de estos textos escritos en sánscrito, tienen una antigüedad de 3.500 años, aunque a los hechos que se refieren se remontan a épocas que la ciencia oficial tacha de fantasiosas. Al igual que otros textos clásicos de la antigua India como el Rämäyana o el Sämäranghana Sutradhara, el Mahabharata nos introduce en el mundo de los dioses (los míticos Visnú, Siva, Rama, Sita, Kali, etc.) y sus amores y guerras.

Cuando en el siglo XIX empezó a ser traducido por los colonizadores ingleses, éstos se toparon con una serie de referencias incomprensibles para la época, que hacían continuas alusiones a naves voladoras y poderosos cohetes y armas destructivas. Estas naves voladores o «Vimanas» como son denominadas, y que merecerán un capítulo aparte en este mismo recopilatorio de paleoastronáutica.com, podían surcar los mares y los cielos e incluso volar por el espacio exterior. «……Gracias a estas máquinas, los hombres pueden volar a los cielos y los seres celestes bajar a la tierra (Sämäranghna Sutradhara)……»- Los detalles técnicos y las descripciones de los aparatos son continuos, así como sus capacidades de maniobrabilidad, tipos de combustible y materiales utilizados para su construcción. «……Las Vimanas tenían forma de esfera y navegaban por el aire gracias al rasa (mercurio), que producia un fuerte viento propulsor. Los hombres a bordo de las Vimana podían así cubrir enormes distancias en un espacio de tiempo estraordinariamente corto (Rämäyana)……».

No menos sorprendentes son los capítulos dedicados a las armas de los dioses, terribles cohetes o «Astras», cada una de ellas con sus propias características técnicas y destructivas. El «Agniastra», capaz de carbonizar ejércitos enteros, el «Narayanastra», un cohete que provocaba cambios climatológicos y activaba poderosas tormentas, el «Mohanastra» o flecha del inconsciente que hacía que ejércitos enteros se desplomasen asfixiados sin poder respirar, el «Tashtra» capaz de matar a un gran número de enemigos al mismo tiempo a gran distancia, el «Agneyastra», un cañón cilíndrico que hacía un ruido como el de un trueno y lanzaba balas de hierro, o toda una colección de los más terribles cohetes capaces de hacer caer el pelo y las uñas al enemigo.

Todos estos detalles fueron «redescubiertos» durante la I Guerra Mundial por militares británicos, que creyeron identificar algunas de las modernas armas empleadas durante la contienda, tal como los gases venenosos o los más modernos explosivos. Y más tarde, después de la II Guerra Mundial, nuevas armas aparecen identificadas en los textos del Mahabharata, en esta ocasión la bomba atómica. Pero nada mejor que leer un pequeño fragmento de este milenario relato para que cada uno de nosotros saque sus propias conclusiones:

«……Un solo proyectil, cargado con toda la potencia del universo. Una columna incandescente de humo y llamas, tan brillante como diez mil soles, se alzó en todo su esplendor. Era un arma desconocida, un rayo de hierro, un gigantesco mensajero de la muerte que redujo a cenizas las razas de los Vrishnis y Andakas, los enemigos contra quienes se utilizó. Los cadáveres estaban tan quemados que resultaban irreconocibles. Sus cabellos y uñas desaparecieron; jarros y objetos de greda quedaron destrozados, sin motivo aparente, y los pájaros se volvieron blancos. Al cabo de pocas horas, todos los comestibles estaban infectados. Los soldados se lanzaron a los arroyos y trataron de lavar sus cuerpos y todo su equipo……».

¿Qué dice la ciencia oficial de todo esto?. Sencillamente que es una fantasía producto del exceso de imaginación de los antiguos autores de estos textos. Por nuestra parte solo añadir que, el exceso de imaginación de unos contrasta enormemente con la falta de imaginación de otros.
 
CARLOS E. CASERO    Paleoastronaútica