EL BRILLO ME RESUENA, O ANIQUILACIÓN RECONSIDERADA

CHRISTOPHER L. KNOWLES            Bueno, en la gran tradición de Secret Sun finalmente estoy empezando a publicar mis pensamientos sobre Aniquilación, la reciente película de ciencia ficción protagonizada por Natalie Portman, Jennifer Jason Leigh y Tessa Thompson.

Me gustó bastante la película. Pero probablemente me hubiera gustado un poco más si fuera ficción.

NADA MÁS QUE SPOILERS DE AQUÍ EN ADELANTE, SOLETES.

Así que primero, tengo todo tipo de problemas con esta película.

Nunca fui un gran fanático de Natalie Portman, y ella sigue pareciendo bastante cándida a pesar de que hoy en día es la mamá de Ritalin. El resto del elenco está perfectamente bien, pero no exactamente repleto de carisma de ídolo de matiné.

Ahora, realmente quería ver esta película en la pantalla grande, pero mi agenda no me lo permitía, así que la vimos en la televisión de pantalla grande. Y el nivel de sonido en el alquiler de Amazon era abominablemente bajo, lo que no ayudó a una película en la que el elenco parece pasar la mayor parte de su tiempo susurrando.

Además, la trama B del romance de Portman con un colega parecía forzada y poco cocinada y nunca fue del todo aparente -al menos para mí- cómo lo estaba manejando su marido.

La película retrasa todos los escalofríos, lo que está bien, pero hizo que todo se sintiera un poco pesado durante la primera hora. Pero, maldita sea, ¿cuando empieza la acción? Ahora lo entiendo.

La trama es muy sencilla: el marido de una profesora universitaria de las Fuerzas Especiales desaparece durante un año durante una misión encubierta sólo para regresar misteriosamente. Parece un poco asustadizo, termina tosiendo jarras de sangre y finalmente termina en una sala de cuidados intensivos secretos en una base militar en Florida.

El personaje de Natalie Portman, Lena (“María Magdalena”), se despierta en la misma base y tiene algunas conversaciones extrañas con la Dra. Ventress, interpretado por Jennifer Jason Leigh.

The Shimmer isn’t a Cocteau Twins
album cover but it plays one on TV

Ventress (literalmente “Aventurero”) está reuniendo un equipo para reconocer el “Shimmer”(1), un área en un parque nacional de Florida que parece estar bajo la influencia de algún poder desconocido que está convirtiendo el pantano en una vid de Cocteau Twins, es decir, me refiero a un extraño paisaje alienígena.

Y aquí es donde tengo problemas con la premisa: descubrimos que todo tipo de unidades de las Fuerzas Especiales -por definición, básicamente asesinos profesionales- han desaparecido en el Shimmer. Así que lo último que uno se imagina que hagan las autoridades militares es enviar a un equipo de debiluchas -la mayoría de las cuales son civiles y no exactamente en la vigorosa flor de su juventud- a ese molinillo de carne.

Y odiadme si debéis, pero ver a un puñado de mujeres de un metro y medio de altura marchando por ahí con ametralladoras y equipo de infantería no me inspiró para perderme en la narración.

Sé que tiene la intención de fortalecer, pero sólo le da a todo un ambiente LARPy(2). Tal vez hubiera sido mejor con algunas actrices que tienen un poco de carne en el hueso.

Si no has visto la película, probablemente has visto los trailers, así que ya sabes de antemano que el Shimmer está dando por el culo a la madre naturaleza y cocinando todo tipo de rarezas extraterrestres, tanto maravillosas como horripilantes. La cosa maravillosa es bonita, caprichosa y psicodélica y la cosa horrible es realmente horripilante.

No es de extrañar que esta película haya sido escrita y dirigida por una guirnalda(por el apellido del director, Garland, LIBERTALIADEHATALI). Si entiendes lo que quiero decir (3).

(Apropiado para una película hecha por un Garland Evergreen y estrenada en video el 29 de mayo, hay un poco de conexión con el Gran Psicodrama de las Estrellas. Digamos que un Buckley y una Osa Mayor están involucrados. Si entiendes lo que quiero decir)(3).

Así que sí, la trama no es exactamente bizantina. Pero el clímax -que tiene a Ventress y Lena entrando en el vientre de la bestia alienígena (por así decirlo) probablemente se meterá bajo tu piel y se quedará allí por un tiempo.

Basta decir que su encuentro con la inteligencia Shimmer realmente, realmente parece un video de Cocteau Twin. Demonios, incluso hay una gemela involucrada.

Aquí encontrarás todo tipo de flashbacks -Aliens, Expediente X (película), Stranger Things- pero la secuencia tiene su propia energía única y se siente asquerosamente plausible. El final es sacado directamente del remake de Solaris de Soderbergh, pero me encanta esa película, por lo que no me desagradó.

Aunque me reí un poco de la broma de los ojos. ¿Eso fue lo mejor que pudieron hacer?

Y como muchos otros han señalado, Aniquilación es esencialmente una adaptación de “El Color de fuera del Espacio” de Lovecraft, lo cual está bien porque es una de sus historias favoritas para mí. No estoy muy seguro de que tenga una atmósfera lovecraftiana, por ejemplo, hay mujeres en él, pero creo que los fans lo sentirán de todas formas.

Y es interesante que Aniquilación se desarrolla en el norte de Florida, donde vivía el, mmm.., protegido RH Barlow de Lovecraft.

Entonces, ¿dónde nos deja esto?

Bueno, como dije, veo esta película como no ficción. Es una especie de representación bastante precisa de lo que el mundo está pasando ahora, sólo que con unos pocos macguffins dentro y las partes aburridas fuera (más o menos).

Me doy cuenta de que muchos de ustedes ven todo lo que está sucediendo en el mundo como esencialmente ordinario, pero me sigo preguntando que si este planeta estuviera de hecho siendo colonizado por una fuerza alienígena con una biología diferente (si es que tuviera una biología en absoluto) y una escala de tiempo diferente, ¿cómo podría ser todo diferente?

Estoy pasando un tiempo infernal tratando de responder a eso.

Como he explicado aquí, la explosión tecnológica de los últimos 70 años no tiene absolutamente ningún precedente en la historia y como tal no hay absolutamente ninguna razón para creer que en realidad es natural e indígena.

Estoy seguro de que mucha gente puede tener problemas con eso, pero no estoy aquí para tomarte de la mano y decirte que todo va a salir bien.

La ciencia y la tecnología están jodiendo absolutamente con todo en todas partes sin tener ni idea de cuáles pueden ser los efectos a largo plazo de eso. Las principales cadenas del ecosistema se encuentran bajo un asalto sin precedentes y eso incluye la cadena alimentaria.

Las tasas de natalidad y el número de espermatozoides están cayendo en picado en todas partes, las poblaciones de peces y anfibios, así como los insectos polinizadores, están en peligro. Y todavía no hemos visto lo que la radiación 5G nos va a hacer.

La depresión, la enfermedad mental y el abuso de sustancias son indiscutiblemente pandémicos y las cargas de sustancias químicas a las que estamos expuestos en todas partes todo el tiempo están cambiando nuestra estructura genética.

Lo que sigo pensando es en nuestro trigo. El trigo fue una vez el misterio de los Misterios, la vara de la vida, el alimento básico del mundo. Ahora ha sido tan hibridado y manipulado que al menos un científico prominente lo ha llamado el “veneno crónico perfecto“.

No es un fotograma de la próxima película de los Cazafantasmas

¿Y has visto bien las nubes últimamente?

He sacado esto a colación antes, pero necesito que se den cuenta de esto; el nivel de tecnología en, digamos, 1718 a.C. no fue considerablemente diferente del de 1718 a.C. o 3018 a.C., para el caso. La tecnología y la ciencia fluyeron y refluyeron. Algunas habilidades se ganaron, otras se perdieron. Pero en general, fue bastante estable.

Pero en este siglo, pasamos de los biplanos hechos de palos de madera y lona de pato al SR71-Blackbird, que sigue siendo el medio de transporte más rápido jamás creado por un amplio margen. Estamos hablando de un período de seis décadas para pasar de un pececillo a Moby Dick, tecnológicamente hablando.

Del ábaco a la IA. Del telegrama al iPhone. Eso no es un salto, es una carrera de Kessel en el hiperespacio del Halcón Milenario. En tres parsecs.

¿El Área X del mundo real?

Algunos piensan que todo esto fue parte de la evolución humana normal. O, al menos, lo afirman. Creo que a estas alturas, con la luna de miel de la tecnología y los Cylon surgiendo del Abismo, la mayoría de la gente inteligente sabe en sus corazones que simplemente no hay manera. De ninguna manera en el infierno.

Hasta ahora la guerra entre nosotros y estos arcontes desconocidos es una derrota. Pero eso no significa que siempre lo será. Los seres humanos se han deshecho de cosas mucho peores en el pasado. Somos criaturas diabólicamente inteligentes e ingeniosas.

Pero hasta que nos demos cuenta de que ya no es ciencia ficción, ya no es especulación, ya no es un juego, dudo que la humanidad, tal como la conocemos, llegue hasta el final del siglo. Y mucha gente mucho más inteligente de lo que yo seré jamás cree lo mismo.

CHRISTOPHER L. KNOWLES                            The Secret Sun

(1) En la novela de Jeff VanderMeer del mismo título en la que se basa esta película se denomina a este lugar como Área X

(2)  Son las siglas de “Live action rol playing”, es decir, un juego de rol en vivo.

(3) Los interesados que no lo entiendan deberían consultar los últimos meses del blog del autor The Secret Sun

ESPERANDO EL APOCALIPSIS: Así serán los efectos de la próxima gran llamarada solar

Aurora boreal. Wikimedia Commons
Aurora boreal. Wikimedia Commons

Entre el siglo XVII y el siglo XIX se dieron al menos dos eventos naturales que jamás se han vuelto a repetir. Un ola de frío y una tormenta solar tan fuertes que incluso hoy producirían en nuestro planeta una situación apocalíptica. Según los científicos, lo ocurrido por aquel entonces se repetirá.
Entre ambos eventos pasaron alrededor de 150 años e incluso aún hoy sigue existiendo controversia acerca de la relación que guardan estos fenómenos. Menos dudas quedan acerca de lo que podría ocurrir en una sociedad como la actual, tan dependiente de la electricidad y de ciertos sistemas de comunicaciones.

Imaginaos por un momento que el campo magnético de la Tierra se reduce drásticamente por un tiempo prolongado. Es posible que, ante la afirmación anterior, sigas con la misma cara de indiferencia o incluso hayas fruncido el ceño.

Vale, imagina ahora un mundo sin Internet.

Frío en el planeta

El Támesis helado. Wikimedia Commons
El Támesis helado. Wikimedia Commons

El primero de los eventos tuvo sus comienzos dentro de esa etapa que se ha denominado como la Pequeña Edad de Hielo. Se trata de un período de frío extremo que se dio en muchas partes del planeta (desde el S.XIV hasta el S.XIX). Un evento dividido en tres períodos, siendo el primero de ellos (entre 1645-1715) la etapa más fría de todas.

Los libros de historia hablan siempre de la mañana del 6 de enero de 1709 como punto de partida de una congelación que duró alrededor de tres semanas (luego dio paso a una breve fusión para volver a descender). Básicamente el mapa del planeta se convirtió en hielo, como si fuera una película del fin del mundo. Fue lo que también se conoce como la Gran Helada en Reino Unido, y como podemos suponer, las temperaturas iban a traer caos, muerte y destrucción.

Cuatro días después de esa primera mañana, el 10 de enero de 1709, el teólogo, filósofo y pionero observador del tiempo, William Derham, registró un acontecimiento histórico en el exterior de su casa a las afueras de Londres. Derham examinó su termómetro en el aire helado que corría en la mañana y anotó una entrada en su meticuloso registro meteorológico. El frío de las semanas anteriores (típicas para un invierno inglés) había dado paso a un frío opresivo en el Reino Unido. Hasta donde sabía el hombre, Londres jamás había experimentado tan pocos milímetros de mercurio como aquella mañana, nada menos que -12ºC.

Pequeña Edad de Hielo en Rotterdam. Wikimedia Commons
Pequeña Edad de Hielo en Rotterdam. Wikimedia Commons

Como decíamos anteriormente, aquel frío permaneció en Europa durante semanas, y el escenario fue dantesco. Lagos, ríos y mares helados, suelos congelados de hasta un metro de profundidad, los árboles agrietados por el temporal, la agónica muerte del ganado en los establos, las cosechas, la población muerta de frío por las calles… en 500 años el planeta no había visto nada parecido.

Entre las causas probables del escenario descrito se incluyen la actividad volcánica, las corrientes oceánicas e incluso la reforestación debido al declive de la población inducida por la peste bubónica, la pandemia más devastadora en la historia de la humanidad que afectó a Europa en el siglo XIV (mató a un tercio de la población continental). Sin embargo, es casi seguro que también tiene algo que ver con el inusualmente bajo número de manchas solares que aparecieron en ese momento, un fenómeno conocido como el mínimo de Maunder.

Maunder, manchas, sol y tormentas

Mancha solar captada por una foto. Wikimedia Commons
Mancha solar captada por una foto. Wikimedia Commons

Cuando hablamos de una mancha solar nos referimos a una región del Sol que tiene una temperatura más baja que sus alrededores junto a una intensa actividad magnética. Como vemos en la imagen, el fenómeno es posible que lo hayas podido captar alguna vez en una foto y sin necesidad de un equipo especial.

Cuando se dio el mínimo de Maunder (de 1645 a 1715) las manchas solares prácticamente desaparecieron de la superficie del Sol, a esto debemos sumarle que coincidió con la parte más fría de la Pequeña Edad de Hielo.

Hoy sabemos que tales mínimos solares se correlacionan de manera muy estrecha con las temperaturas más frías de lo normal en la Tierra, aunque la ciencia todavía tiene que determinar exactamente por qué. Por otra parte, históricamente los máximos solares han tenido poco impacto (al menos de manera notable) en la Tierra, aparte de esas exhibiciones increíbles en forma de auroras boreales. Curioso, porque gracias a nuestra sociedad moderna, es decir, electrificada e interconectada, es muy posible que estos eventos hasta ahora inocuos podrían llegar a causar un enorme daño económico y social en las próximas décadas.

Según los registros históricos los astrónomos empezaron a monitorear con telescopios las manchas solares a principios del 1600. En aquella época nadie sabía de la naturaleza de las manchas oscuras que se daban en la superficie del Sol, pero a cambio, aquellos más curiosos comenzaron a llevar un registro y a guardar los eventos que se daban en torno a las manchas solares. Desde entonces los científicos han aprendido que estas surgen cuando las líneas de campo magnético del Sol se retuercen y se enredan debido a las capas de plasma girando a diferentes velocidades en el interior de la estrella.

Más detallesLa interacción del viento solar con la magnetosfera de la Tierra. Wikimedia Commons
Más detallesLa interacción del viento solar con la magnetosfera de la Tierra. Wikimedia Commons

Este enredo es capaz de producir bucles magnéticos que pueden sobresalir de la fotosfera (la superficie luminosa que delimita a una estrella), lo que finalmente hace que disminuya la cantidad de calor que llega a la superficie. En cuanto a la oscuridad de una mancha solar, lo cierto es que se trata solamente de un efecto de contraste con las áreas extremadamente brillantes que las rodean. Realmente, vista de forma aislada una mancha solar seguiría siendo bastante elocuente.

Con el tiempo estas líneas de campo magnético que hablábamos se vuelven cada vez más y más enredadas, dando lugar a bucles más salientes hasta que el desorden magnético que se forma llega a un punto de inflexión (en aproximadamente 11 años) donde el campo magnético encaja en una nueva orientación, momento en el que el ciclo comienza de nuevo. Ocurre que, ocasionalmente, estos bucles magnéticos se vuelven tan retorcidos que las secciones positivas y negativas son forzadas de manera conjunta. Cuando esto ocurre se producen las explosiones más poderosas del sistema solar, entonces estamos ante una llamarada solar explosiva: una tormenta solar.

Puestos a ponernos en la situación más extrema del evento, la más potente de estas explosiones coronales puede arrojar miles de millones de toneladas de plasma hacia el espacio a, aproximadamente, 1.500.000 km/hora en lo que se conoce como una eyección de masa coronal (CME en inglés). Se trata de una onda hecha de radiación y viento solar (GIF a continuación) que se desprende del Sol.
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Durante un mínimo solar estos eventos ocurren normalmente una vez por semana, durante un máximo pueden ocurrir varias veces al día. En principio no habría de qué preocuparse, las CME se lanzan al espacio desocupado… pero ocasionalmente la Tierra puede estar en su trayectoria, ¿qué ocurre entonces?

Las llamaradas solares tienen varias clasificaciones: A, B, C, M o X en función de la cantidad de energía electromagnética que transportan. Hasta la clase C estamos ante llamaradas pequeñas, demasiado débiles para causar cualquier trastorno grave para la humanidad. Con una clase M podemos empezar a tener algunas molestias menores, sobre todo para nuestros astronautas y los entusiastas de la radio. Pero si la llamarada se convierte en una de clase X son capaces de producir una tremenda y grave agitación geomagnética.

Y es que las ondas de plasma de las CME están cargadas magnéticamente, eso significa que tienen polos positivos y negativos heredados del bucle magnético que lo generó. En consecuencia, cuando una onda afecta al campo magnético de la Tierra la naturaleza de la interacción depende de la orientación relativa de los dos campos magnéticos. Es una de esas situaciones en las que el hombre se pregunta por qué demonios funcionan así los imanes, el por qué los polos opuestos se atraen y los iguales se repelen.

Bien, si se da esta circunstancia y una onda de CME potente golpea el campo magnético de la Tierra alineada u orientada al norte (positiva-positiva), no pasa gran cosa. El plasma rebotará de forma inofensiva en la magnetosfera (nuestro escudo protector contra las partículas cargadas de mucha energía procedentes del Sol). Ahora bien, si su campo magnético está orientado al sur y si golpea positiva a negativa, entonces esencialmente todo el plasma se verte en la atmósfera a través de los polos Norte y Sur, desencadenando una tormenta geomagnética.

Y es aquí cuando volvemos a retroceder en la historia con el segundo evento. Ya tuvimos una tormenta de este calibre.

Ocurrió en 1859.

El evento Carrington

La interacción del viento solar con la magnetosfera de la Tierra. Wikimedia Commons
La interacción del viento solar con la magnetosfera de la Tierra. Wikimedia Commons

El final del verano de 1859 se acercaba, el Sol estaba en un máximo solar particularmente pesado. Además, había un complejo cúmulo de manchas solares muy apretadas que traía de cabeza a los astrónomos. El 28 de agosto el cielo nocturno estaba iluminado por auroras muy brillantes, todas mucho más alejadas de los polos que de costumbre. Los operadores del incipiente sistema telegráfico comenzaron a informar de algunos fallos técnicos inusuales la misma tarde. Hubo interrupciones generalizadas, fallos eléctricos de los receptores e incluso algún pequeño fuego en las mismas estaciones de telégrafos.

Los astrónomos de la época no tenían los conocimientos para saber que aquello se debía a una CME que estaba causando una variación magnética extrema en la atmósfera. La ley de inducción electromagnética de Faraday nos dice que un campo magnético que cambia en el tiempo inducirá al cambio de un voltaje en el tiempo, y lo cierto es que algunos cables de telégrafo eran lo suficientemente largos como para ser expuestos a una gama bastante amplia de variaciones magnéticas. Es decir, que consecuentemente una corriente inducida de alto voltaje se crearía arriba y abajo de dichos cables.

Dos días después el astrónomo británico Richard Carrington observaba aquel cúmulo de interesantes manchas solares a través de su telescopio cuando de repente vio lo que describió como “dos manchas de luz intensamente brillantes y blancas” sobre las manchas solares. El hombre anotó dicho registro en un papel.

Esa misma noche el cielo nocturno del planeta se convirtió en un sueño onírico de una noche en el Polo Norte. De repente, los ciudadanos podían observar al unísono auroras boreales, auroras que llegaban a todos los rincones del planeta, desde Estados Unidos hasta Colombia, Cuba, Hawái, pasando por Europa, sólo que en esta parte del planeta se observaron en zonas de latitud media como Madrid o Roma.

Aurora austral en Nueva Zelanda. Wikimedia Commons
Aurora austral en Nueva Zelanda. Wikimedia Commons

Los operadores de telégrafos de American Telegraph Company estaban aturdidos. De repente los equipos se habían vuelto locos, estaban enviando mensajes sin sentido durante la mayor parte de la mañana siguiente y algunas oficinas reportaron lesiones y daños debido a electrocuciones e incendios.

Se trataba de una segunda eyección de masa coronal en pocos días, pero una histórica, la conocida como Carrington Super Flare, la cual había enviado el equivalente en energía de miles de pequeñas bombas atómicas hacia la Tierra. Además, la llamarada que había ocurrido dos días antes había barrido la mayor parte del plasma del viento solar en la atmósfera, permitiendo que la llamarada de clase X (Carrington) llegara con mucha más velocidad y energía de lo normal. Los estudios dicen que llegó a la Tierra en tan sólo 17 horas en lugar de los 3-4 días estimados.

Se había provocado la tormenta geomagnética más espectacular de la historia.

¿Y si todo esto ocurriera en la actualidad?

Emisión de una llamarada del Sol de Clase X (NASA). Getty
Emisión de una llamarada del Sol de Clase X (NASA). Getty

Claro, desde 1859 el cableado pintoresco de las redes eléctricas y telegráficas victorianas se han multiplicado en millones de kilómetros de potencia y de conductores de telecomunicaciones en todo el mundo. Y esta inmensa red esta interconectada a través de frágiles transformadores eléctricos.

Hoy en día los voltajes de la línea eléctrica son mucho más altos con el fin de mejorar la eficiencia de transmisión, lo que tiene el efecto secundario de hacer que las líneas sean más sensibles a las corrientes inducidas. Por otra parte, muchos transformadores de alto voltaje están conectados directamente al suelo para compensar los posibles rayos y otras sobretensiones… claro que esto también proporciona una puerta trasera para fuertes corrientes geomagnéticas.

Así que vamos a ponernos en el supuesto que tanto ha preocupado al mismo gobierno de Barack Obama durante su mandato. Obama ordenó el pasado mes de octubre que se organizara un plan para antes, durante y después de un evento climático espacial como una tormenta solar.

Si el Sol vuelve a escupir de la manera que lo hizo en 1859, si volviera arrojar otra llamarada hacia la Tierra en la actualidad, lo normal es que las Fuerzas Aéreas de los países y administraciones como la NOAA detectarían la explosión de rayos X de dicha llamarada solar minutos después de la erupción. Pero también es cierto que tendrían una serie de datos insuficientes para saber si se trata de una amenaza en ese momento. La instrumentación espacial entre la Tierra y el Sol registraría información sobre la trayectoria, la intensidad y la orientación de la onda de plasma, pero para eso hay que esperar a que la CME estuviera muy cerca, alrededor de una hora antes del impacto.

El mínimo de Maunder en 400 años de actividad solar medida por el número de manchas solares. Wikimedia Common
El mínimo de Maunder en 400 años de actividad solar medida por el número de manchas solares. Wikimedia Common

Si la onda golpeara el campo magnético de la Tierra alineado de positivo a negativo, entonces la tormenta geomagnética resultante haría que la mayoría de las líneas fijas eléctricas, telefónicas, los sistemas de posicionamiento global (GPS) e Internet quedaran temporalmente inoperables debido a corrientes inducidas, y lo harían con una intensidad proporcional a la proximidad de los polos.

Los átomos de oxígeno y nitrógeno en la atmósfera superior absorberían electrones y emitirían fotones, es decir, que se formaría como resultado una enorme aurora planetaria. Un escenario precioso, sí, pero cuya afluencia de energía haría que la atmósfera superior se calentara y se expandiera, aumentando el arrastre en los satélites de órbita baja (la gran mayoría), sacando a algunos fuera de su curso y en general interrumpiendo las comunicaciones satelitales.

Incluso es muy posible que una cantidad preocupante de la cada vez más débil capa de ozono fuera desmantelada por reacciones con gas ionizado, de manera que aumentaría la radiación UV en el suelo. Muchos transformadores eléctricos (sobre todo los de alto voltaje) se destruirían debido al sobrecalentamiento, lo que daría como resultado fallos de red a gran escala en pocos segundos. Incluso algunas secciones de las líneas eléctricas podrían calentarse tanto como para fundir el cable.

Además de los daños causados por los aumentos de potencia, los pequeños dispositivos electrónicos no se verían (o al menos no deberían) perjudicados por un evento magnético tan lento y de gran escala. Sin embargo, bajo ese escenario se volverían esencialmente inútiles si no hay red eléctrica para recargar sus baterías o red para sus antenas. En cuanto a los automóviles o los aviones, podría no afectarles dependiendo de la distancia de los polos, aunque en cualquier caso resultaría complicado obtener combustible.

Monitorización del tiempo durante el evento de 1989. Wikimedia Commons
Monitorización del tiempo durante el evento de 1989. Wikimedia Commons

Si la tormenta solar es lo suficientemente intensa, poblaciones considerables podrían quedarse sin electricidad durante un período de tiempo prolongado. El ejemplo más cercano lo tuvimos en 1989 con una llamarada de tan sólo el 15% a la ocurrida en el evento Carrington. Esta corriente colapsó la red eléctrica de Québec en Canadá, lo que supuso un apagón general de más de 9 horas (por el fallo de un generador) afectando a más de 6 millones de personas.

Los transformadores de alta tensión son más vulnerables y costosos además de requerir más tiempo para construirlo (por encargo). En este hipotético apocalipsis geomagnético incluso las fábricas que lo construyen podrían carecer de energía.

En un informe reciente de la National Academy of Sciences se estimaba que un evento del nivel de Carrington podría causar “extensas interrupciones sociales y económicas” sólo en Estados Unidos. Los investigadores se aventuraban a estimar que supondría unos costes de entre 1 y 2 billones de dólares y unos 10 años para recuperarse completamente. Y hablamos de Estados Unidos y de un informe donde no se tenía en cuenta las pérdidas económicas por, por ejemplo, la falta de transporte o los costes de salud asociados. El trabajo decía que la capa de ozono tardaría unos 4 años en recuperarse a los niveles actuales.

Es posible que si has llegado hasta aquí te estés preguntando si es posible que esto ocurra, en cuyo caso sería conveniente saber si estaremos en el planeta para vivirlo. La respuesta corta es sí. Aunque la mayoría de los científicos coinciden en que una gran tormenta solar del tamaño de Carrington es improbable (que no imposible) en un futuro cercano. Los avances posteriores al tremendo evento de 1859 mediante la medición de depósitos de berilio-10 en muestras de núcleos de hielo ofrecen grandes pistas esperanzadoras.

The Blue Marble. Wikimedia Commons
The Blue Marble. Wikimedia Commons

Los investigadores creen que un evento Carrington golpea la Tierra una vez cada 500 años, por lo que el siguiente llegará probablemente en un par de siglos. Mientras tanto, organizaciones como la NOAA están tratando de persuadir a los gobiernos para que planifiquen estos eventos, lo mismo que pedía Obama. Se trata de un plan de medidas que permita proteger transformadores críticos o la posibilidad de desconectar secciones de redes eléctricas en poco tiempo.

En cuanto a las mínimas solares como el mínimo de Maunder que produjo la Gran Helada de 1709, aunque la correlación entre la baja actividad de las manchas solares y las bajas temperaturas es fuerte, la razón sigue siendo poco conocida y abierta al debate. Muchos científicos señalan que las pausas en la actividad de las manchas solares corresponde a un aumento de los rayos cósmicos en el tierra, de ser así podría aumentar la proporción de nubes reflectantes y por tanto reducir la energía solar absorbida por la atmósfera.

Sea como fuere, los mínimos no tienen por qué ser necesariamente fenómenos completamente negativos. Algunos científicos señalan que los mínimos solares en el futuro podrán ayudar a compensar el calentamiento global por períodos breves.

En cualquier caso y en lo que sí están de acuerdo es en que también será inevitable otro evento como el ocurrido en el mínimo de Maunder, al igual que será inevitable otra tormenta solar similar al evento Carrington. En el fondo ambas son consecuencias naturales y gigantescas ajenas totalmente a esa creación de vida que se ha desarrollado en una pequeña y minúscula esfera del espacio a la que hemos llamado Tierra.

Llegado el momento y dando por supuesto que no estaré aquí para ver el día que el cielo se vuelva a llenar de auroras boreales previo paso al apocalipsis geomagnético (o quizá a una segunda versión de la Gran Helada), sólo nos queda esperar que la humanidad esté preparada para ese estornudo de miles de millones de plasma sobre nuestro planeta desde nuestra estrella favorita.

Que se preparen. Será un tiempo sin Internet.

MIGUEL JORGE                       Gizmodo

Tras esta excelente exposición traigo otro interesante artículo en el se relata una idea científica para tratar precisamente de protejernos del próximo Evento Carrington

¿PUEDE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL SITUAR UN “ROMPEOLAS ESPACIAL” ENTRE LA TIERRA Y EL SOL QUE NOS PROTEJA DEL PRÓXIMO EVENTO CARRINGTON?

La megaestructura de “defensa planetaria” generaría un potente campo magnético artificial gracias a la energía previamente captada por ésta del propio sol.

El proyecto ha sido planteado por uno de los representantes de la Asociación Internacional para la Seguridad en el Espacio (International Association for the Advancement of Space Safety, IAASS), Joseph Pelton, que ha querido contestar las premisas de la nueva política preventiva del Presidente Barak Obama en materia de fenómenos extremos de la meteorología espacial.

Así, la Orden del Presidente saliente de los Estados Unidos parte de la asunción de la imposiblidad de impedir que los fenómenos extremos del clima espacial alcancen nuestro planeta, con lo que centra los ejes de su acción en la detección de dichos fenómenos lo más anticipadamente posible -para poder protegerse con tiempo del impacto, minimizando daños-, y en la paralela preparación para acelerar, ya después de éste, la recuperación en el post evento. Esta ha venido siendo, además, la óptica preventiva imperante en los últimos 10 años.

Ahora, el representante de la Asociación Internacional para la Seguridad en el Espacio contesta esa premisa diciendo que, en realidad, sí que podría ser técnicamente posible en un futuro próximo evitar el propio impacto a nuestro planeta de una peligrosa tormenta solar, o al menos la peor parte de ésta, situando una megaestructura espacial en el punto estacionario Lagrange 1(L1) entre la Tierra y el Sol desde la que poder generar a conveniencia un gran campo magnético artificial que se abastecería de la propia energía solar que tal estación habría captado previamente, y que se pudiese interponer en la trayectoria de una gran eyección de masa coronal que fuese a impactar en nuestro planeta, neutralizando su peor parte.

Una suerte de “rompeolas espacial”
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¿Ciencia ficción?, ¿un proyecto irrealizable?, ¿hasta dónde alcanza hoy nuestra tecnología ante semejantes magnitudes, o hasta dónde podría llegar a alcanzar antes del próximo “Evento Carrington” con un esfuerzo internacional coordinado de desarrollo tecnológico en esa dirección, e incentivando, acaso todo, en un nuevo salto cualitativo?

Los promotores de esta idea responden que la tecnología podría no estar tan lejos de nuestro alcance en el momento actual y recuerdan el ejemplo de los altos costes de otros proyectos espaciales asumidos en interés de la humanidad como la propia Estación Espacial Internacional, señalando, en suma, que todo ello podría articularse a través de un nuevo consorcio industrial espacial internacional y que el objetivo merece el intento ya que podría llegar a salvarnos de los incuantificables daños para nuestras infraestructuras planetarias y de la importante pérdida de vidas humanas que podría tener asociada la repetición de un Evento Carrington en nuestro tiempo. Preservar nuestra propia sociedad moderna tal y como la conocemos hoy en día, aseguran.

DEFENSA CIVIL PLANETARIA CONJUNTA
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Y ello al tiempo que tal estructura podría servir, simultáneamente, a otros propósitos como, por ejemplo, a modo de estación avanzada que abaratase los costos de otras exploraciones espaciales como la conquista de Marte, o ser dotada con sistemas complementarios que pudiese permitir abastecer a nuestro planeta con ingentes cantidades de energía solar cuando no se estuviesen realizando tareas de protección.

Para la Asociación Española de Protección Civil para el Clima Espacial, el EMP y los eventos black swan (AEPCCE) lo más relevante y “esperanzador” es que este debate sitúa por sí mismo en el primer plano de atención una creciente noción de “defensa civil planetaria”, conjunta, que desborda, y obliga a ampliar, la concepción de “defensa civil nacional”, ligada a Estados-nación, surgida de la Convención de Ginebra del siglo pasado, ante nuevas amenazas de la modernidad que ya no son únicamente “regionales” o “nacionales” sino también “globales”, para la entera humanidad y ante las que habrá que pensar en una nueva escala de acción “y promover una nueva cooperación internacional entre todos los pueblos”.

Nueva Tribuna

LOS SEÑORES DE LAS TINIEBLAS EXTERIORES

Releyendo antiguas lecturas recordadas por actuales paradigmas holográficos he dado con este texto del conocido antropólogo experto en chamanismo, Michael Harner, de sus primeras experiencias visionarias, en las que aparecen algunos pasajes que a su vez me traen reminiscencias de algunos seres últimamente habituales en algunos ámbitos de los que trata esta página. LIBERTALIADEHATALI

Llevaba casi un año viviendo en un poblado conibo a orillas de un lago alimentado por un afluente del Ucayali. Mi investigación antropológica sobre la cultura conibo iba muy bien, pero cuando intenté recabar información sobre sus prácticas religiosas no tuve mucho éxito. La gente era amistosa, pero se mostraba muy reticente a hablar de lo sobrenatural. Por fin, me dijeron que si de verdad quería aprender, tendría que tomar la bebida sagrada de los chamanes, hecha a base de ayahuasca, la “planta del alma”. Dije que sí con una mezcla de curiosidad e inquietud, pues me advirtieron que la experiencia iba a ser espantosa.
A la mañana siguiente, mi amigo Tomás, el más venerable anciano del poblado, fue a la selva a cortar las plantas. Antes de marcharse me dijo que ayunara: poco desayuno y nada de almorzar. Volvió a mediodía con hojas y plantas de ayahuasca y cawa como para llenar una olla de cincuenta litros. Le llevó toda la tarde cocerlo, hasta que sólo quedó una cuarta parte del líquido negruzco. Lo echó en una botella vieja y lo dejó enfriar hasta el atardecer, cuando, dijo, lo tomaríamos.
Los indios abozalaron a los perros de la aldea para que no ladrasen. Me dijeron que los ladridos podían volver loco al que tomara la ayahuasca. Se hizo callar a los niños y el silencio invadió el poblado con la caída del sol.
Cuando la oscuridad engulló el breve crepúsculo ecuatoriano, Tomás vertió aproximadamente un tercio de la botella en un cuenco de calabaza y me lo pasó. Todos los indios observaban. Me sentí como Sócrates entre sus compatriotas atenienses aceptando la cicuta; recordé que uno de los nombres que los pueblos de la Amazonia peruana daban a la ayahuasca era “la pequeña muerte”. Me tomé la poción sin vacilar; tenía un sabor extraño, un poco amargo. Esperé entonces a que Tomás bebiera, pero dijo que, al final, había decidido no participar.
Me tumbaron en el suelo de bambú bajo el gran techo de paja de la choza comunal. En la aldea no se oían más que el chirriar de los grillos y los gritos distantes de un mono aullador, allá en la jungla.
Mientras contemplaba la oscuridad que me rodeaba, aparecieron difusas líneas de luz. Se hicieron más nítidas, más intrincadas, y estallaron en brillantes colores. Venía de un sonido de muy lejos, como de catarata, cada vez más fuerte hasta llenarme los oídos.
Unos minutos antes me había sentido decepcionado, convencido de que la ayahuasca no me iba a hacer ningún efecto. Ahora el sonido de aquel torrente inundaba mi cerebro. Sentí que se me entumecía la mandíbula y cómo se me iban paralizando las sienes. Por encima de mí, aquellas  líneas pálidas se hacían más brillantes y, poco a poco, se entrecruzaron hasta formar un dosel parecido a una vidriera de dibujos geométricos. De un fuerte tono violeta, no dejaban de extenderse como haciendo un tejado que me cubría. Dentro de esta caverna celeste escuché, cada vez más intenso, el ruido del agua y vi unas figuras difuminadas que se movían vagamente. A medida que mis ojos se acostumbraron a aquella penumbra, la escena fue tomando forma: parecía una barraca de feria, un sobrenatural carnaval de demonios. En el centro, cual maestro de ceremonias y mirándome a los ojos, había una enorme cabeza de cocodrilo; enseñaba los dientes y de sus cavernosas fauces manaba un amplio torrente de agua. Paulatinamente las aguas remitieron y con ellas se fue desvaneciendo el dosel, hasta que la escena se resolvió en una simple dualidad: cielo azul arriba y mar abajo. Todas aquellas criaturas habían desaparecido.
Desde donde me encontraba, junto a la superficie del agua, empecé a ver dos extraños barcos meciéndose, acercándose cada vez más. Se fundieron en una sola nave con una enorme proa de cabeza de dragón, muy semejante a la de un barco vikingo.En medio tenía una vela cuadrada. Poco a poco, mientras la nave se balanceaba suavemente allá arriba, oí un rítmico chapoteo y vi que se trataba de un gigantesco galeón con cientos y cientos de remos que se movían al unísono.
Escuché entonces el más bello cántico que había oído en mi vida, agudo y etéreo, que emanaba de miles de gargantas a bordo del galeón. Me fijé en la cubierta y vi una multitud de seres con cabeza de arrendajo y cuerpo de hombre, parecidos a los dioses ornitocéfalos de los frescos funerarios del antiguo Egipto. En ese momento una especie de energía o fluido elemental comenzó a brotar de mi pecho hacia la nave. Aunque era un ateo convencido, tuve la certeza de que me estaba muriendo y que aquella gente con cabeza de pájaro había venido para llevarse mi espíritu en aquel barco. A medida que el alma se me escapaba por el pecho empecé a notar que se me entumecían los brazos y las piernas. Parecía que mi cuerpo se estaba cuajando como el cemento. No podía moverme ni hablar. Cuando aquella sensación de parálisis me llegó al pecho, al corazón, intenté pedir auxilio a los indios para que me dieran un antídoto. Pero no pude articular palabra. Noté el cuerpo rígido como una piedra y tuve que hacer un tremendo esfuerzo para que mi corazón siguiera latiendo. Empecé a llamarle “amigo mío”, “querido amigo”, a hablarle, a animarle a latir con las fuerzas que me quedaban. Entonces fui consciente de la presencia de mi cerebro. Sentí -físicamente- que se había compartimentado en cuatro niveles distintos y separados. El superior, consciente del estado de mi cuerpo, observaba y ordenaba, y se ocupaba de que el corazón me siguiera latiendo; percibía, aunque sin tomar parte alguna en ellas, las visiones que emanaban de lo que parecía ser la parte inferior de mi cerebro. Inmediatamente por debajo de ese nivel había un estrato paralizado, como si hubiera dejado de funcionar por efecto de la droga; simplemente, no existía. El siguiente nivel era la fuente de mis visiones, incluida la nave.
Ahora estaba completamente seguro de que iba a morir. Intenté aceptar mi destino y entonces una parte aún más baja de mi mente comenzó a transmitir más visiones e información. Me “dijeron” que este nuevo material me estaba siendo revelado porque iba a morir y, por tanto, estaba “a salvo” para recibirlo. Eran secretos reservados a los moribundos y los muertos, según me comunicaron. Apenas podía distinguir a quienes me transmitían tales pensamientos: enormes criaturas con aspecto de reptil agazapadas en las regiones más remotas de mi cerebro, donde acababa la espina dorsal. Los entreveía en aquellas oscuras, tenebrosas profundidades. Entonces proyectaron una escena visual ante mí. Primero me mostraron la Tierra tal y como fue hace millones de años, antes de que hubiera vida en ella. Vi un océano, tierra yerma y un cielo azul y brillante. Del cielo cayeron entonces cientos de partículas negras que aterrizaron ante mí, sobre el yermo. Vi que eran unos seres gigantescos, negros y relucientes, con carnosas alas de perodáctilo y rechonchos cuerpos de ballena. No podía verles la cabeza. Se dejaban caer como fardos, exhaustos por el viaje. Me explicaron, en una especie de lenguaje telepático, que venían del espacio exterior y habían llegado a la Tierra escapando de su enemigo.
Me mostraron luego cómo habían creado vida en el planeta para enmascararse bajo múltiples formas y ocultar así su presencia. Ante mis ojos se desarrolló, a escala y con un realismo imposible de describir, el esplendor de la creación y especialización de animales y plantas, cientos de millones de años de actividad. Supe que aquellos seres draconianos estaban en toda forma de vida, incluyendo al hombre. [Ahora podría compararlos con el ADN. Por aquel entonces, 1961, sin embargo, yo no sabía nada sobre tal tema]
Eran me dijeron, los verdaderos señores de la Humanidad y de todo el planeta; los humanos no éramos sino meros receptáculos y servidores de aquellas criaturas. Esa era la razón por la que podían hablarme, desde dentro de mi propio ser.
Estas revelaciones, que brotaban desde lo más recóndito de mi mente, alternaban con visiones del galeón, que casi había completado su tarea de trasladar mi espíritu a bordo; con su tripulación de hombres-pájaro, empezaba a alejarse, arrastrando tras de sí mi fuerza vital mientras enfilaba ungran fiordo flanqueado de colinas peladas y romas. Me di cuenta de que sólo me quedaban unos momentos de vida, pero, qué curioso, no tenía miedo de aquella gente; si iban a proteger mi alma, que se la llevaran. Lo que sí temía es que mi espíritu, en vez de permanecer a flote, pudiera, de algún modo que ignoraba pero que temía, ser alcanzado y utilizado por aquellos monstruos que habitaban el abismo.
De pronto fui consciente de mi humanidad, que me distinguía de los reptiles, nuestros ancestros, y luché por alejarme de ellos, a los que ya empezaba a ver como seres cada vez más ajenos y, no había duda, malignos. Cada latido me suponía un esfuerzo indescriptible. Recurrí a los humanos en busca de ayuda. En un último intento conseguí murmurar una sola palabra, dirigida a los indios: “¡Medicina!”. Vi cómo se apresuraban a preparar un antídoto y supe que no llegarían a tiempo. Necesitaba de alguien que pudiera vencer a los dragones y traté desesperadamente de convocar a algún ser poderoso que me defendiera de aquellos reptiles. Apareció uno ante mi y en ese mismo momento los indios me abrieron la boca y me hicieron tragar el antídoto. Los dragones fueron desapareciendo, hundiéndose en el abismo; ya no había barco ni fiordo. Me sentí tranquilo y aliviado.
El antídoto me procuró un gran bienestar, pero no consiguió que desaparecieran del todo las visiones, más superficiales ahora. Podía controlarlas e incluso disfrutar de ellas: Hice fabulosos viajes por lugares remotos; llegué incluso más allá de la galaxia; podía crear edificios de ensueño y obligar a los burlones diablillos a que pusieran en práctica mis fantasías. A menudo me sorprendí a mí mismo riendo a carcajadas al ver cuán incongruentes eran mis aventuras. Por fin, me dormí.
Me despertó el sol, que se filtraba por el tejado de paja. Me quedé tumbado escuchando aquellos sonidos cotidianos del amanecer: los indios charlando, el llanto de los niños, el cacareo de los gallos. Me sorprendió descubrir que me encontraba bien, descansado y en paz. Mientras contemplaba el hermoso trenzado del techo me volvieron a la mente los recuerdos de la noche anterior. Me esforcé en no recordar más hasta haber cogido una grabadora que tenía en la mochila. Mientras la buscaba, los indios me saludaron, sonrientes. Una anciana, la mujer de Tomás, me ofreció un cuenco de pescado y sopa de plátano para desayunar. ¡Qué bien sabía aquello! Me dispuse luego a grabar mis experiencias antes de que se me olvidara algún detalle. No me resultó difícil recordarlo todo, excepto una parte del trance que no conseguía hacer volver a mi memoria. No había más que un espacio en blanco, como cuando se borra una cinta. Estuve horas intentando acordarme de qué había pasado y al fin lo conseguí; resultó ser la revelación de los dragones, incluyendo lo que me habían dicho sobre su papel en la evolución de la vida en el planeta y su dominación de la materia viviente y del hombre. Descubrir aquello me emocionó sobremanera,y no pude por menos que pensar en que, en teoría, no podía rememorar tales cosas.
Llegué incluso a temer por mi propia seguridad, pues ahora poseía un secreto que, según aquellos seres, sólo les estaba destinado a los moribundos. Decidí compartirlo con otros de manera que saliera de mí y así mi vida no corriese ningún peligro. Instalé el motor fueraborda en una canoa y me puse en camino de la misión evangelista americana. Llegué hacia el mediodía.
Bob y Millie, la pareja que estaba al frente de la misión, eran hospitalarios, compasivos y con gran sentido del humor, mucho más simpáticos que la mayoría de los evangelistas que llegaban de los Estados Unidos. Los conté mi historia. Cuando les describí el reptil de cuya boca manaba agua se miraron, alcanzaron la Biblia y me leyeron el siguiente versículo del capítulo 12 del Apocalipsis:

                    “Y la serpiente arrojó de su boca como un río de agua…”

Me explicaron que, en la Biblia, la palabra “serpiente” era sinónimo de “dragón” y “Satanás”. Seguí con mi relato y cuando mencioné que los dragones procedían de algún lugar lejos de la Tierra y que habían llegado aquí para esconderse de sus perseguidores, Bob y Millie empezaron a ponerse nerviosos. Me leyeron entonces unas cuantas líneas del mismo pasaje del Apocalipsis:

              “Y hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban con el dragón, y peleó el dragón y sus ángeles y no pudieron triunfar y perdieron su lugar en el cielo. Y fue arrojado el gran dragón, la antigua serpiente, llamada Diablo y Satanás, que extravía al universo todo. Fue precipitado en la Tierra, y sus ángeles con él”.

Escuché aquello con sorpresa y asombro. Por su parte, los misioneros parecían admirados de que un antropólogo ateo, tomando el brebaje de los “médicos brujos”, hubiera podido llegar a las mismas santas verdades reveladas en el libro del Apocalipsis. Cuando acabé mi narración me sentí aliviado por haber compartido lo que sabía, pero estaba exhausto. Me quedé dormido en la cama de los misioneros mientras ellos seguían comentando lo que acababan de escuchar.
Por la tarde, en el viaje de vuelta al poblado, la cabeza empezó a latirme al ritmo trepidante del motor; creí volverme loco. Tuve que taparme los oídos para alejar aquella sensación. Dormí bien, pero al día siguiente tenía la cabeza pesada.
Me apremiaba recabar la opinión del más experto conocedor de lo sobrenatural entre los indios, un chamán ciego que había viajado con frecuencia al mundo espiritual con la ayuda de la ayahuasca. Me parecía lógico que mi guía en el mundo de las tinieblas fuera un ciego.
Fui a su choza con el cuaderno de notas y le relaté mi experiencia punto por punto. Al principio sólo le contaba los momentos culminantes; así, cuando llegué a los dragones, me salté lo de su llegada y dije: “Eran unos enormes animales negros, como murciélagos gigantes, más grandes que esta cabaña, y me dijeron que eran los verdaderos amos del mundo.” En conibo no hay una palabra que signifique “dragón”, así que “murciélago gigante” era la expresión más apropiada para describir lo que había visto.
Me miró con sus ojos ciegos y esbozó una sonrisa: “Siempre dicen lo mismo. Pero no son más que los Señores de las Tinieblas Exteriores“.
Como sin darle importancia al gesto, alzó una mano al cielo y sentí un escalofrío en la espalda, pues aún no le había dicho que, en mi trance, los había visto venir del espacio.

MICHAEL HARNER               La Senda del Chamán

 

¿RUPTURA APOCALÍPTICA DE LA BURBUJA DE METANO?

El desastre de BP en el Golfo podría provocar una catástrofe de proporciones bíblicas

Informes siniestros de que el desastre que tiene lugar en el Golfo de México podría estar a punto de alcanzar proporciones bíblicas se filtran a pesar del bloqueo informativo sobre la operación de BP.

Hace 251 millones de años una gigantesca burbuja submarina de metano causó explosiones masivas, contaminó la atmósfera y destruyó más de un 96% de toda la vida en la Tierra [1]. Los expertos están de acuerdo en que la Extinción masiva del Pérmico-Triásico (PT) fue el mayor evento de extinción masiva en la historia del mundo [2]

55 millones de años después se rompió otra burbuja de metano causando más extinciones masivas durante el Máximo Térmico del Paleoceno Superior (LPTM, por sus siglas en inglés). El LPTM duró 100.000 años [3]

Esos mares subterráneos de metano prácticamente cambiaron la forma del planeta al reventar de manera explosiva desde la profundidad bajo las aguas de lo que hoy se llama Golfo de México.

Ahora, los científicos alarmados están preocupados de que la misma serie de eventos catastróficos que entonces condujeron a la muerte en todo el mundo puedan estar ocurriendo nuevamente –y que ninguna tecnología conocida pueda detenerla.

Lo esencial es que la operación de perforación de la Deepwater Horizon de BP puede haber provocado un apocalipsis geológico gradual irreversible que culmine con la primera extinción masiva de vida en la Tierra en muchos millones de años.

El gigante petrolero perforó a kilómetros de profundidad en una región geológicamente inestable y puede haber creado el marco para una liberación prematura de una megaburbuja de metano.

La teoría de la extinción del metano de Ryskin

Gregory Ryskin, ingeniero bioquímico de la Universidad Northwestern tiene una teoría: El océano produce periódicamente erupciones masivas de gas metano explosivo. Ha documentado la evidencia científica de que un evento semejante fue directamente responsable de las extinciones masivas que ocurrieron hace 55 millones de años [4]

Muchos geólogos están de acuerdo: “Las consecuencias de una erupción oceánica impulsada por el metano probablemente serían catastróficas para la vida marina y terrestre. Hablando figurativamente, la región en erupción se “desborda” expulsando a la atmósfera una gran cantidad de metano y otros gases (por ejemplo CO2, H2S), e inundando grandes áreas de tierra. Mientras el metano puro es más ligero que el aire, el metano cargado con gotitas de agua es mucho más pesado, y por lo tanto se extiende sobre la tierra, mezclándose con aire al hacerlo (y perdiendo agua como lluvia). La mezcla de aire con metano es explosiva a concentraciones de metano entre un 5 y un 15%; cuando semejantes mezclas se forman en diferentes lugares cerca del suelo y son encendidas por relámpagos, explosiones y conflagraciones destruyen la mayor parte de la vida terrestre, y también producen grandes cantidades de humo y de dióxido de carbono…” [5]

Las señales de advertencia de una inminente catástrofe planetaria –de tal magnitud que la mente humana tiene problemas para llegar a comprenderla– sería la aparición de grandes grietas o fallas que dividen el lecho marino, una elevación del fondo del mar, y la masiva descarga de metano y otros gases al agua circundante.

Semejantes circunstancias pueden llevar a la ruptura de la contención de la burbuja de metano –pueden entonces permitir que el metano traspase las profundidades subterráneas y sufra una descompresión explosiva al catapultarse a las aguas del Golfo [6]

Se ha documentado que esas tres señales de advertencia están ocurriendo en el Golfo.

Zona cero: la costa del Golfo

La gente y la propiedad ubicadas en la mayor región de la Costa del Golfo se encuentran en la Zona Cero. Serán las primeras expuestas a los gases químicos tóxicos, que causan cáncer. Serán las que sufran inicialmente la furia total de una burbuja de metano que estalla desde el lecho marino roto.

Se mantiene a los medios de comunicación lejos de las medidas de rescate de emergencia que se están adoptando para impedir la mayor catástrofe de la historia humana. El gobierno federal [de EE.UU.] les ha advertido que se mantengan alejados del epicentro de las operaciones con la amenaza de 40.000 dólares por cada infracción y la posibilidad de arrestos por delitos mayores.

¿Por qué mantienen lejos a la prensa? Dicen que el desastre está aumentando.

Grietas y protuberancias

El metano escapa ahora por el permeable y rocoso lecho marino a una velocidad acelerada y mana a raudales de la perforación del primer pozo de alivio. La EPA [Agencia de control ambiental de EE.UU.] ha señalado oficialmente que la Plataforma Nº 1 libera metano, benceno, sulfuro de hidrógeno y otros gases tóxicos. Los trabajadores sobre el terreno ahora usan medios avanzados de protección que incluyen máscaras de gas de última tecnología suministradas por los militares.

Informes que se filtran de los oceanólogos y de trabajadores de rescate en la región, indican que los estratos superiores del lecho marino están sucumbiendo ante presiones cada vez mayores. Esa presión causa que se hinche una inmensa expansión del lecho marino –que según algunos se extiende por miles de kilómetros cuadrados del área que rodea la boca de pozo de BP. Algunos afirman que el lecho marino en la región ha subido sorprendentemente 10 metros.

La boca de pozo rota de BP, el sitio de la antigua Deepwater Horizon, se ha convertido en el epicentro de frenéticos intentos de detener el monstruoso flujo de metano.

El metano subterráneo tiene una presión de 6.805 atmósferas. Según Matt Simmons, experto de la industria petrolera, la presión del metano en la boca del pozo ha aumentado ahora a una presión aterradora de 2.722 atmósferas.

Otro respetado experto, el doctor John Kessler de la universidad A&M de Texas, ha calculado que el pozo roto arroja un 60% de petróleo y un 40% de metano. La cantidad normal de metano que escapa de un pozo puesto en peligro es de cerca un 5%.

¿Más evidencias? El Thomas Jefferson, barco de investigación de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU.), ha informado sobre un inmenso corte en el fondo del océano –como una herida irregular de cientos de metros de longitud. Antes de que volvieran a bajar abruptamente la cortina del Gobierno que impuso un bloqueo informativo, los científicos a bordo del barco expresaron sus preocupaciones de que la creciente fisura podría descender kilómetros dentro de la tierra.

Ese vertido también despide petróleo y metano. Está a 16 kilómetros del epicentro de BP. Se han señalado otras nueva fisuras de hasta 48 kilómetros.

Las mediciones de las múltiples columnas de petróleo que ahora aparecen a kilómetros de la boca del pozo indican que hasta un total de 124.000 barriles de petróleo brotan a las aguas del Golfo cada día –es decir unos 20 millones de litros de petróleo diarios.

Lo más inquietante es que se calcula que los niveles de metano en el agua son casi un millón de veces más de lo normal [7]

Muerte masiva en el agua

Si la burbuja de metano –una burbuja que podría llegar a tener 32 kilómetros– estalla con fuerza titánica desde el lecho marino hacia el Golfo, todo barco, plataforma de perforación y estructura dentro de la región de la burbuja se hundirá inmediatamente. Todos los trabajadores, ingenieros, personal del Servicio de Guardacostas y biólogos marinos que participan en la operación de rescate morirán instantáneamente.

Luego el fondo del océano colapsará, desplazando instantáneamente hasta 150.000 millones de metros cúbicos de agua o más y creando un elevado tsunami supersónico que aniquilará todo a lo largo de la costa y hasta bien adentro del interior. Como una explosión termonuclear, una ola atmosférica de alta presión podría preceder la ola marina arrasando todo a su paso antes de la llegada del agua.

Cuando llegue el estruendoso tsunami barrerá todo lo que quede.

Un cóctel químico de venenos

Algunos expertos medioambientales califican de “cóctel químico de venenos” lo que se derrama hacia la tierra, el mar y el aire desde la ruptura del lecho marino.

Áreas de zonas muertas privadas de oxígeno están expulsando especies de peces hacia aguas externas, matando el plancton y toda la pequeña vida marina que es el fundamento de la cadena alimentaria, y contaminando el aire con productos químicos cancerígenos y precipitaciones tóxicas.

Un informe de un observador de Carolina del Sur documenta residuos oleaginosos después de una reciente tormenta. Y antes de que se bajara completamente el bloqueo informativo la EPA publicó datos de que los niveles de benceno en Nueva Orleans habían subido a 3.000 partes por mil millones.

El benceno es extremadamente tóxico e incluso una exposición por poco tiempo puede causar una atroz muerte por lesiones cancerosas años después.

La gente de Luisiana ha estado expuesta durante más de dos meses, y los niveles de benceno pueden ser mucho más elevados ahora. La medición de la EPA fue hecha a principios de mayo. [8]

Día del Juicio Final

Algunos dirán que no puede suceder porque la mayor parte del metano está congelada en forma cristalina, otros señalan que el mar de metano subterráneo se está derritiendo gradualmente debido al petróleo emergente que se calcula puede llegar a 260 grados centígrados.

La mayoría de los expertos informados, sin embargo, están de acuerdo en que si ocurre el evento que cambiará el mundo, lo hará repentinamente y dentro de los próximos 6 meses.

De modo que si los eventos van en contra de la humanidad y la burbuja estalla en los próximos meses, Gregory Ryskin se convertirá en una de las personas más famosas del mundo. Por cierto, no le quedará mucho tiempo para gozar de su recién ganada fama porque la civilización se derrumbará poco después de la erupción de metano.

Puede que la humanidad tenga mucha, mucha suerte y que alguien encuentre una manera de evitar la extinción masiva que ocurra y así conserve a la raza humana.

Tal vez.

Terrence Aym
Global Research/Helium

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Notas

[1] La extinción masiva del Pérmico-Triásico (PT) cuando un 96% de todas las especies marinas desaparecieron hace 251 millones de años.

[2] “The Day The Earth Nearly Died,” BBC Horizon, 2002

[3] Informe sobre el Máximo Térmico del Paleoceno Superior (LPTM, por sus siglas en inglés), que ocurrió hace unos 55 millones de años y duró unos 100.000 años. Grandes cantidades de metano submarino causaron explosiones y extinciones masivas.

[4] Teoría de Ryskin: Inmensas nubes combustibles producidas por gas metano atrapado bajo los mares y liberado de manera explosiva podrían haber matado la mayor parte de la vida marina, animales terrestres, y plantas al final del período Pérmico –mucho antes de la llegada de los dinosaurios.

[5] James P. Kennett, Kevin G. Cannariato, Ingrid L. Hendy, Richard J. Behl (2000), “Carbon Isotopic Evidence for Methane Hydrate Instability During Quaternary Interstadials,” Science 288.

[6] “Una mezcla aterradora de fuego y agua podría haber causado extinciones masivas”

[7] “Methane in Gulf ‘astonishingly high’-US scientist”

[8] Informe: “Air Quality – Oil Spill” TV 4WWL vídeo [en inglés]

© Copyright Terrence Aym, Helium, 2010

Fuente: www.globalresearch.ca/PrintArticle.php?articleId=20131

Rebelión

EL APOCALIPSIS ORBITAL PUEDE ESTAR PRÓXIMO

De vez en cuando se plantean severas advertencias sobre la cantidad de basura espacial orbitando la Tierra. Estas advertencias son por lo general son recibidas con la indiferencia general, puesto que muy pocos de nuestros propios satélites o nosotros mismo, viajan regularmente a órbita terrestre baja. Pero una evaluación del Departamento de Defensa sobre el problema de la basura espacial considera que tal vez deberíamos prestarle atención: la basura espacial ha llegado a un punto crítico en el que podría provocar una reacción en cadena catastrófica que podría paralizar totalmente nuestra vida cotidiana en la Tierra.

Nuestra confianza en los satélites va más allá de lo evidente. Dependemos de ellos para nuestras señales de televisión, para los informes meteorológicos o para encontrar nuestras casas en Google Earth cuando estamos aburridos en el trabajo. Pero además de estos acontecimientos cotidianos, informan sobre asuntos militares, realizan un seguimiento de las redes mundiales de transporte marítimo que mantienen nuestras economías en funcionamiento y que además nos ayudan a llegar a nuestro destino mediante los GPS.

Según el Examen provisional del Departamento de Defensa, todo esto podría derrumbarse. Literalmente. Nuestros satélites están abrumados por el número por trozos de chatarra espacial, 1100 satélites tienen que hacer frente a un total de 370000 piezas de basura espacial. Estas piezas van desde tuercas y tornillos perdidos durante paseos espaciales pasando por trozos de satélites antiguos, hasta los satélites que ya no funcionan, y todos estos materiales vuelan alrededor de la Tierra a la tremenda velocidad de unos 4,8 kilómetros por segundo (unos 17000 km/h).

El temor es que con tanta basura que hay ahí arriba, la probabilidad de una colisión es alta en algún momento. Si dos grandes piezas de basura que chocasen, teóricamente podrían enviar miles de trozos de satélites asesinos potenciales en órbita más, y que esto provocaría a su vez que colisionen con otras piezas de basura o con otros satélites, desatando otro enjambre de trozos de basura, provocando una peligrosa reacción en cadena.

Para dar una idea de la rapidez con una reacción en cadena como esta consideremos lo siguiente: en febrero del año pasado ocurrió una colisión entre un satélite ruso fuera de servicio con ra un satélite de comunicaciones, convirtiendo las dos naves en órbita en 1500 piezas de chatarra. Anteriormente una prueba antisatélite china destruyó un satélite en 2007 provocó 100 veces más trozos de basura, al dispersarse de la colisión 150000 piezas de chatarra espacial.

Si una reacción en cadena se produjera, podría muy rápidamente colapsar nuestras comunicaciones, nuestro sistema GPS (del que los militares norteamericanos son muy dependientes), y paralizaría la economía mundial (aparte de destruir 250000 millones de dólares de la industria espacial de servicios), además la orbita en conjunto podría quedar inservible, lo que podría provocar la muerte tecnológica de algunos lugares de la Tierra.

OdiseaCósmica

SEÑALES DEL APOCALIPSIS

El sistema se autodestruye
Señales del Apocalipsis: Prepárense para el desenlace

Las siete plagas de la destrucción parecen haberse desatado sobre el planeta y la humanidad nivelada y regida por el sistema capitalista. Es como si hubiera estallado un aviso de Apocalipsis. Pero no se trata de la Biblia ni de la ira de Dios. Se trata de una acción-reacción matemática. Se trata de un principio de acumulación de factores. Una ecuación numérica. Sumas y restas, de acciones irracionales que llevan a un desenlace interactivo. Tres líneas del Apocalipsis que avanzan hacia un solo desenlace. La destrucción del planeta con nosotros sobre él. Y lo peor: Nadie lo puede detener. Es como si al sistema, que se quedó impune y sin enemigos, le hubiera llegado la hora de la implosión. De una autodestrucción asegurada, como emergente de su propia acción depredadora a escala planetaria. ¿El castigo de Dios? No, el castigo de la vida. Una lección última del Universo totalizado, a un sistema asesino que se erigió en “mundo único” matando al propio cerebro humano y pasando por encima de las leyes de la lógica y el sentido común.

No se trata de una profecía bíblica ni de una teoría conspirativa.  Se trata de un emergente matemático: El planeta Tierra está en crisis.

Y la crisis (completamente mensurable y analizable) no es un fenómeno aislado. Es un fenómeno interactivo y totalizado: Económico, político, social y medio ambiental.

No se trata de procesos aislados, sino de un colapso sistémico.

Y de un resultante: La destrucción y el suicidio colectivo de la humanidad programada solo para consumir y votar presidentes en la más completa ignorancia del sistema que rige y ordena su vida .

Es como si hubiera estallado un aviso de Apocalipsis: Terremotos, lluvias de una intensidad  inusitada en todo el hemisferio sur, nevadas históricas en el este norteamericano y el norte europeo, sequías devastadoras en las mismas regiones donde no hace mucho las inundaciones arrasaban a poblaciones enteras.

Aludes, incendios forestales, crecidas de ríos y océanos, deshielos monumentales, hambrunas masivas, manchas de petróleo extendiéndose como una macha asesina de la vida, como la que ya se instaló  en el sur de EEUU.

El clima estalla encadenadamente en diversos frentes, la economía mundial colapsa y se derrumba el modelo económico financiero a escala planetaria, los desocupados, marginados y hambrientos ya ascienden a la mitad de la población humana, y los conflictos intercapitalistas por los mercados y recursos estratégicos están generando y elevando un clima de tensión militar mundial alimentado por una carrera armamentista nuclear.

El sistema capitalista, como acción y como resultante es irracional, no planificado y (salvo la búsqueda de rentabilidad y de concentración de riqueza en pocas manos) carece de lógica estratégica para preservar y proteger racionalmente al planeta de su propia acción depredadora y destructiva.

Para la mayoría de los científicos esos fenómenos catastróficos son la consecuencia natural de la contaminación y la destrucción del planeta. Para otros es una señal mística del “fin del mundo”.

Los  científicos y funcionarios que “alertan” sobre la catástrofe ambiental,  no la relacionan con la propiedad privada capitalista, con la búsqueda de rentabilidad y concentración de riqueza en pocas
manos, con la sociedad de consumo y con las trasnacionales y bancos que controlan los recursos naturales y los sistemas económicos productivos sin planificación, y sólo orientados a la ganancia privada en todo el planeta.

En todas las cumbres sobre “cambio climático” sólo se habla de “impacto ambiental”, de “emisiones contaminantes” que destruyen el planeta, sin profundizar en las raíces y causalidades del sistema capitalista que las produce. Esta omisión (cómplice y conciente) permite hablar de la “víctima” (el planeta y la mayoría de la humanidad) sin identificar al “criminal” (los grupos y empresas capitalistas que concentran activos y fortunas personales depredando y destruyendo irracionalmente el planeta).

La irracionalidad (la no consideración de emergentes o de efectos colaterales nocivos y/o destructivos) convierte a las empresas capitalistas en depredadoras del medio ambiente (ríos, fauna, y animales incluidos) por la sencilla razón de que no actúan siguiendo intereses sociales generales (la preservación del planeta y de las especies), sino en la búsqueda de intereses particulares (la preservación de la rentabilidad y la concentración de riqueza privada).

En este contexto, las cumbres para hablar del calentamiento global y de los cataclismos en ascenso, siempre terminan en un fracaso a causa de los intereses enfrentados y las guerras por los mercados que predominan en el sistema capitalista.
Qué tienen que ver entre sí las catástrofes seriales (entre ellas los terremotos) con la crisis económica, la crisis social y la crisis nuclear?

En primer lugar, todas ellas se interrelacionan a partir de su pertenencia y vertebración dentro de un sistema: El capitalismo.

En resumen, las crisis (algunas reales y otras potenciales) son la expresión, en distintos escenarios y niveles, de una sola gran crisis: La del sistema capitalista que rige el mundo desde hace 500 años concebido como “civilización única”.

Y el planeta (con nosotros sobre él, y en manos de la demencia nivelada del sistema capitalista) solo acumula Apocalipsis matemático implícito en su naturaleza depredadora y criminal.

Se trata de reconvertir los planos bíblicos de la Profecía: Donde dice “Dios”, hay que decir “Sistema”, y donde dice “Diablo”, hay que decir “Capitalismo. Por todos los caminos se llega al Apocalipsis.

El sistema capitalista está fundado sobre las matemáticas (suma, multiplicación y resta) y un axioma original para construir la plusvalía: Comprar barato, vender caro, y generar rentabilidad privada con el trabajo social.

Aunque para ello tenga que condenar al hambre y a la pobreza a una masa mayoritaria (y creciente) de seres humanos y destruir el planeta que los contiene. 

Y los tres Apocalipsis que signan los emergentes y la decadencia (todavía controlada) del sistema dominante también llegan por acumulación matemática.

El Apocalipsis social llega por acumulación matemática de hambrientos, desocupados y  pobres a escala mundial.

El Apocalipsis natural llega por acumulación matemática de destrucción medio ambiental a escala planetaria.

El Apocalipsis nuclear llega por acumulación matemática de conflictos militares (intercapitalistas)  por la supervivencia de las potencias dentro del sistema.

En su dinámica histórica concentradora de riqueza en pocas manos (y como producto de la propiedad privada explotada sin planificación) el capitalismo ha depredado los ríos, la fauna y los bosques, produciendo las condiciones para un “Apocalipsis natural” de la mano del calentamiento global y de la extinción de los recursos naturales esenciales.

En un segundo frente, las guerras intercapitalistas por la conquista de mercados y el negocio con el armamentismo han creado las condiciones para un “Apocalipsis nuclear” de la mano de los arsenales atómicos que las potencias centrales acumulan como “efecto disuasivo” contra sus rivales, y cuya utilización efectiva nadie puede prever en el futuro.

Y hay un tercer frente que se suma: La plaga del hambre, de la exclusión social y del desempleo que ya se extiende como una epidemia por las áreas empobrecidas del planeta generando las condiciones para un “Apocalipsis social”.

No hace falta mucha imaginación (el fenómeno ya se verifica en la realidad) para mensurar el factor apocalíptico masivo que representaría para el sistema el avance de ejércitos de hambrientos buscando comida para supervivir en las grandes urbes, enfrentando con la violencia a la represión militar o policial.

En resumen, el Apocalipsis no es una profecía bíblica o una teoría conspirativa, forma parte de tu propia realidad existencial y planetaria que el sistema esconde para mantenerte en la ignorancia.

Cuando escuches sobre un nuevo  terremoto o una tragedia masiva, solo estarás viendo una nueva parte descompuesta del Apocalipsis. Hasta que llegue el desenlace.

Y no será la obra de Dios o del Diablo, sino un emergente (extremo) del sistema. Pura lógica matemática.

MANUEL FREYTAS
IARNoticias