EL SONIDO DE CHAVÍN DE HUÁNTAR

valley_JLCEl Proyecto Arqueoacústico Chavín de Huántar es parte de las investigaciónes del Proyecto de Investigación y Conservación Chavín de Huántar, autorizado por el Ministerio de Cultura, Perú. Estamos investigando la acústica arquitectónica e instrumental del templo ceremonial de Chavín de Huántar, situado en la sierra centro-norte del Perú, que tiene mas de 3,000 años de antigüedad y es anterior a la sociedad Incaica por mas de 2,000 años. Esta investigación se esfuerza por medir y explorar una clase de artefacto efímero: las dimensiones acústicas y psicoacústicas de la arquitectura antigua y los instrumentos de este complejo formativo andino.

chavinNuestra principal meta de investigación es proporcionar nuevas formas de evidencia relacionado con sonido, con el fin de caracterizar los componentes posibles y probables de los ambientes sonoros antiguos; nuestro objetivo futuro es el desarrollo de herramientas útiles para la investigación, que también se pueden utilizar en otros sitios arqueológicos y contextos culturales acústicos.

La arqueología busca evidencia material contextualizada del pasado humano, con el fin de entender la vida antigua; la arqaeoacústica incorpora además, las herramientas y métodos de la acústica, procesamiento de señales de audio digital (audio DSP), y otras ciencias relacionadas con el estudio de cómo el sonido podría haber sido importante para los humanos antiguos y sus lugares.

El sonido es efímero, pero en el mundo moderno estamos acostumbrados a su conservación y su reproducción a través de grabaciones de audio, partituras musicales y otras formas de datos históricos. Con la arqueoacústica, buscamos el sonido que producen los instrumentos, restos arquitectónicos, y la configuración de formas terrestres para la reconstrucción de los sonidos y los ambientes sonoros de antigüedad.

Uno de los pututus de Chavín, Strombus galeatus (caracol) trompetas de concha. Créditos: por Jyri Huopaniemi
Uno de los pututus de Chavín, Strombus galeatus (caracol) trompetas de concha.
Créditos:  Jyri Huopaniemi

La arquitectura bien conservada de los edificios de Chavín nos permite realizar mediciones acústicas que muestran cómo estos espacios transmiten y filtran el sonido, el cual proporciona información acerca de cómo la arquitectura del sitio pudo haber influido en la experiencia humana antigua.

Se han encontrados en Chavín instrumentos de sonido intactos — las trompetas de caracoles conocido como “pututus” — podemos estudiar y registrar a estos artefactos de sonido, para medir su acústica.

Una comparación entre las características sonoras de los pututus y las características acústicas de la arquitectura del sitio ofrece indicios acerca de cómo estos instrumentos pueden haber contribuido al ambiente sonoro en el complejo antiguo.

Tito La Rosa tocando un pututu de Chavín; derecha; Foto José Luis Cruzado Coronel
Tito La Rosa tocando un pututu de Chavín;
derecha; Foto José Luis Cruzado Coronel

La dinámica entre los instrumentos acústicos y la arquitectura crea efectos de percepción para los oyentes humanos. Experimentos psicoacústicos con participantes humanos, llevadas a cabo en el lugar en estos entornos arquitectónicos existentes, nos permite comprobar cómo la acústica ambiental del sitio y los sonidos de artefactos interactúan para producir efectos sensoriales.

Aquí puedes descargarte un video con el sonido de Chavín: https://ccrma.stanford.edu/groups/chavin/context_ES.html

CHAVÍN DE HUÁNTAR ARCHAEOLOGICAL ACOUSTICS PROJECT

HALLADAS POSIBLES PIRÁMIDES EGIPCIAS DESCONOCIDAS MEDIANTE GOOGLE EARTH

Dos hasta ahora desconocidos complejos piramidales han sido localizados con imágenes satelitales mediante Google Earth.

Uno de los complejos contiene una definida forma piramidal, truncada, de cuatro lados que mide aproximadamente 45 metros de ancho. Este sitio contiene tres montículos más pequeños en una formación muy clara, similar al alineamiento diagonal de las pirámides de Giza.

El descubrimiento ha sido realizado por la investigadora de arqueología satelital, Angela Micol, de Maiden, North Carolina. Es una especialista con diez años de experiencia en imágenes por satélite que ha desvelado otros hallazgos con anterioridad.

DESCUBIERTOS GEOGLIFOS PREHISTÓRICOS EN PERÚ

En Perú se han encontrado geoglifos con efigies en forma de animales, algunos de más de 4.000 años de antigüedad, que se elevan en las llanuras costeras del Perú. Todo parece que el descubrimiento arqueológico de los geoglifos fue posible gracias a un programa de internet. Montículos gigantes, de 5 a 400 metros de extensión, con forma de animales incluyendo un cóndor, una orca, un pato, un caimán o un puma fueron descubiertos por los investigadores del Departamento de Antropología de la Universidad de Missouri gracias a las imágenes proporcionadas por Google Earth. En el sitio arqueológico Buena Vista del Período Inicial, ubicado en el Valle del Chillón, se realizaron durante años excavaciones. El proyecto está dirigido por Robert Benfer, antropólogo y profesor emérito de esta Universidad. “El hallazgo de montículos con efigies de animales en la zona de la costa cambia nuestra concepción de la prehistoria peruana temprana”, dijo Benfer. 

 El antropólogo de Missouri explicó que este tipo de geoglifos prehistóricos son comunes en Norteamérica, generalmente en el centro de EE. UU. y el norte de México. En Perú usualmente son montículos como estos (antes pirámides o centros ceremoniales) en los valles costeros, pero difieren de los encontrados en que suelen tener una estructura tridimensional acorde a su función. “Algunos de ellos son de más de 4.000 años de antigüedad. Los más antiguos montículos peruanos se construyeron al mismo tiempo que las pirámides de Egipto”, señaló el antropólogo.

Los recientes descubrimientos se ubican en el Valle de Chillón (en Lima), en los asentamientos preceramicos de El Paraíso (montículos con la figura de un cóndor, un caimán y un puma). Son construcciones rocosas en la cima de lo que parece ser una plataforma terrestre preparada. El otro descubrimiento se encuentra en el Valle de Casma (Áncash), en el enclave de El Olivar Bajo.

Los investigadores consideran que estos geoglifos podrían representar una especie de calendario, al encontrar orientaciones astronómicas en cada montículo gigante.

“Sacerdotes astrónomos podrían haber hecho la construcción dirigida de los montículos tras sus observaciones del cielo y servirían para realizar ofrendas a la tierra desde lo alto de las criaturas de barro”, concluyó Benfer.

RussiaToday

MOJENHO-DARO, EL ENIGMA DEL VALLE DEL INDO

En el actual estado de Pakistán y próxima a las orillas del río Indo, podemos encontrar una de las antiguas ciudades más enigmáticas para la comunidad arqueológica  de la denominada como “Cultura del Valle del Indo”. Nos referimos a Mohenjo-Daro, que significa “el montículo de los muertos”. Junto a Harappa, situada a poco más de seiscientos kilómetros de distancia más al noreste, constituyen las dos ciudades más emblemáticas y conocidas de esta antigua civilización del Valle del Indo entre las no menos de cuatrocientas urbes de diferentes tamaños que poblaron el área oficialmente desde el año  2.350 al 1.750 a.C.

Descubierta por el arqueólogo inglés John Hubert Marshall en el año 1.920 y declarada  Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1.980, si hay algo que sorprende inicialmente de Mohenjo-Daro, es la total ausencia de edificios que en un principio puedan identificarse como templos o palacios, ni ningún tipo de simbología que pueda asociarse a estas instituciones. Todos los edificios siguen un patrón uniforme, destacando su construcción en una o dos plantas en ladrillos de adobe con ausencia de adornos y ventanas. Y todo ello, dentro una planificación urbanística muy por encima a la de cualquier otra antigua civilización  e incluso de las más recientes, con amplias avenidas y calles rectas (muchas de ellas perfectamente pavimentadas), con edificaciones rectangulares dotadas todas ellas de una red de drenajes, canales, tuberías y alcantarillado, que incluía arquetas de inspección de éste último.
Basta decir que, ninguna ciudad del Antiguo Oriente tuvo instalaciones higiénicas de ninguna clase comparables a las que podemos localizar en Mohenjo-Daro o cualquiera del resto de poblaciones del antiguo Valle del Indo.
La ciudad totalmente amurallada, también con ladrillos de adobe, se localizaba  en poco más de un kilómetro cuadrado de extensión, logrando alcanzar en sus momentos de mayor apogeo casi los 50.000 habitantes, aunque existen algunos investigadores que incrementan esta cifra por encima de los doscientos mil. Se dividía en dos zonas bien diferenciadas: la primera de ellas, conocida como “la ciudadela”, si situaba sobre un montículo artificial, y albergaba el área político-administratíva, e incluso tal vez también el área religiosa, aunque no se hayan encontrado por el momento los vestigios necesarios para poder asegurarlo. La segunda zona, la “ciudad baja”, concentraba las áreas residenciales, los talleres artesanales, los almacenes y graneros.

Tanto J.H. Marshall como sus sucesores en las excavaciones desarrolladas durante todo el pasado siglo XX fueron de sorpresa en sorpresa. Según profundizaban en los distintos niveles o estratos de construcción de la ciudad, más elementos de desarrollo tanto artístico y técnico eran encontrados, a diferencia que en las capas superiores, dando la sensación de una involución técnica y cultural, o al menos, de un estancamiento en el progreso de sus moradores. Al igual que la cultura sumeria, la del Valle del Indo también parece que surgió de repente, sin haber dejado huellas de una evolución anterior a la aparición de Harappa y Mohenjo-Daro. Pero si la aparición de tan sorprendente civilización sigue siendo un auténtico misterio, no lo es menos el de su desaparición, atribuida inicialmente a la presencia de pueblos invasores de origen indoeuropeo.
En nada han podido ayudar a los especialistas que tratan de desentrañar los misterios de los antiguos pobladores del valle del Indo, los numerosos textos encontrados entre sus ruinas. A día de hoy permanece sin ser descifrada, y es muy poco lo que se ha avanzado en su comprensión. Aparentemente es de tipo ideográfica y silábica, pero no se corresponde con ninguna otra escritura de las mismas características exceptuando una sola, la que aparece en las tabillas rongo-rongo de la Isla de Pascua, distanciada tanto por miles de kilómetros geográficamente como por miles de años históricamente. Esta curiosa e increíble similitud ha sido achacada por los paleógrafos a una simple casualidad.

Hay que recurrir a antiquísimos textos védicos, un conjunto de escritos tradicionales  en lenguaje sánscrito y supuestamente legados en algunos casos por los dioses, para poder  encontrar referencias que traten de aclarar los numerosos interrogantes que se ciernen sobre Mohenjo-Daro y el resto de poblaciones del Valle del Indo. En uno de estos textos, el Mahabharata, un extensísimo poema épico de casi 215.000 versos divididos en diez cantos (ocho veces más extenso que la Odisea y la Iliada juntas), aparece la ciudad de Mohenjo-Daro envuelta en sangrientos sucesos bélicos, donde tanto hombres como dioses se vieron involucrados, y que relega a épocas aún más remotas los orígenes de la ciudad, pues los sucesos descritos en el Mahabharata se sitúan hacia el año 3.103 a.C. y que desembocaron  en el “Kali Yuga” o “Edad Sombría”, una especie del fin del mundo antiguo conocido, una auténtica Apocalipsis que cambió la historia de la antigua India.
En el Mahabharata o “guerra de los bharatas”, se describen las luchas de dos familias o clanes reales, los Pandavas y los Koravas, ambas antepasados comunes del mítico Rey Bharata. Algunas de las traducciones llevadas a cabo en los siglos XIX y XX sobre los más de  doscientos mil versos que componen la antigua epopeya, han resultado enormemente polémicos, negándose incluso la propia existencia de algunos de estos mismos versos como originales, o descalificando los conocimientos de sánscrito de algunos de los eruditos que transcribieron los textos. Recién finalizada la I Guerra Mundial, muchos antiguos manuscritos se pusieron de moda, destacando entre ellos el Mahabharata, pues algunas de las traducciones parecían reflejar una enorme semejanza a los desgraciados momentos vividos en la contienda mundial, donde armas enormemente poderosas eran capaces de aniquilar a los hombres hasta un punto jamás visto hasta el momento. Pero el sumum llegó al concluir la II Guerra Mundial, con la utilización de la bomba atómica, la más poderosa de las armas nunca creada por la mano del hombre…, pero, ¿seguro que nunca?

“……Un solo proyectil, cargado con toda la potencia del universo. Una columna incandescente de humo y llamas, tan brillante como diez mil soles, se alzó en todo su esplendor. Era un arma desconocida, un rayo de hierro, un gigantesco mensajero de la muerte que redujo a cenizas las razas de los Vrishnis y Andakas, los enemigos contra quienes se utilizó. Los cadáveres estaban tan quemados que resultaban irreconocibles. Sus cabellos y uñas desaparecieron; jarros y objetos de greda quedaron destrozados, sin motivo aparente, y los pájaros se volvieron blancos. Al cabo de pocas horas, todos los comestibles estaban infectados. Los soldados se lanzaron a los arroyos y trataron de lavar sus cuerpos y todo su equipo……”.
Uno de estos más que polémicos textos, describe a la perfección la utilización de armamento nuclear 5.000 años antes de que los americanos los utilizasen sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Del mismo modo, existen gran cantidad de textos que describen con todo tipo de detalles la existencia de naves voladoras (vimanas) y de cohetes o misiles capaces de alcanzar largas distancias con sus mortíferas cargas. Tal vez el texto anteriormente referido del Mahabharata no sea original o su traducción no haya sido la más correcta, pero hay otras muchas clases de detalles que señalan a un abrupto final de los antiguos habitantes de Mohenjo-Daro.

Se da una gran contradicción a la hora de evaluar los motivos y causas que pudieron propiciar la repentina desaparición de los mapas de Mohenjo-Daro, pues si bien por un lado se ha especulado con la posible matanza de sus pobladores a manos de hordas invasoras tras una cruenta lucha, solo se han encontrado por parte de los arqueólogos durante sus trabajos de campo, poco más de treinta esqueletos diseminados por las calles. ¿Dónde estaban pues el resto de los habitantes? ¿De dónde viene entonces el nombre de “el montículo de los muertos”? ¿Habían desaparecido o sido evacuados antes de la batalla? También existe una hipótesis muy aceptada por la comunidad arqueológica por la que la ciudad pudo haber sido abandonada por un cambio repentino en el curso del Río Indo sobre el año 1.700 a.C., pero no explica algunos detalles muy incómodos para los que hasta el momento no se han encontrado respuestas determinantes.
A pesar de ser muy pocos los esqueletos encontrados, todo parece indicar que la muerte les vino muy deprisa, en plena huída. Hasta tres miembros de la misma familia, entre los que se incluye un menor, aparecieron boca abajo cogidos de la mano, otros parecen haber sido también sorprendidos en plena calle no logrando haber encontrado refugio y observándose como parte de sus huesos se hubiesen consumido o volatizado muy rápidamente, yaciendo desde entonces de forma aislada o en pequeños grupos. Y por si fuera poco, al igual que en Harappa, todos estos restos humanos encontrados en las calles de Mohenjo-Daro presentan una circunstancia excepcionalmente extraña: un alto nivel de radioactividad.

Existe una especie de foco ó “epicentro” de unos poco más de 45 metros de diámetro en el centro de la ciudad, donde el terreno se encuentra cristalizado, encontrándose los bloques de piedra más próximos derretidos o fundidos. En las edificaciones próximas se puede observar como los ladrillos de las paredes expuestos al exterior y en dirección al supuesto “epicentro” se encuentran del mismo modo, también fundidos o derretidos, una circunstancia que solo se podría haber logrado exponiéndolos a temperaturas superiores a los 1.500º centígrados. Con los mismos síntomas  de destrucción se han encontrado toda clase de objetos de alfarería, cerámica, joyería, etc, y las señales de explosiones e incendios se encuentran por doquier.

¿Qué clase de armas pueden provocar tales efectos tanto en las personas como en los edificios circundantes? ¿Acaso una explosión nuclear?
Dado lo increíble de semejante hipótesis, lamentablemente, no existe por el momento ningún estudio medianamente serio, achacándose inicialmente la presencia de radioactividad a las propias características geológicas del terreno donde se encuentran emplazadas las ruinas de Mohenjo-Daro. De igual manera, la presencia de objetos o superficies vitrificadas y materiales derretidos o fundidos, se ha asociado a fuerzas de la naturaleza ya observados en otras latitudes como Escocia, Australia o Egipto, producto todos ellos de rayos y arcos eléctricos de gran intensidad. Nadie, repetimos, ha intentado hacer los trabajos necesarios para clarificar la verdadera naturaleza de las cicatrices que, tanto en los seres humanos como en las edificaciones quedaron plasmados durante largos siglos, desde una perspectiva que incluyese  la posible utilización de energía nuclear. El solo planteamiento de ésta última hipótesis supondría de inmediato el total desprestigio para cualquier investigador, universidad u organización, pues implicaría el conocimiento de los secretos del átomo por los hombres que habitaron el Valle del Indo hace más de 5.000 años.

No son solo Harappa o Mohenjo-Daro quienes apuntan en la dirección de tan extravagante hipótesis como plausible, ni tan siquiera los míticos relatos descritos en el Mahabharata  u otros textos védicos. Son varios los puntos geográficos donde han sido detectadas las “huellas” de posibles deflagraciones nucleares en la India. Al menos existen tres puntos en el área comprendida entre las montañas de Rajmahal y el Río Ganges  que presentan grandes capas de cenizas y una presencia de radiación superior a la media habitual. Lo mismo ocurre en el estado de Rajasthan, donde un área de cinco kilómetros cuadrados aparece cubierta de cenizas radioactivas a poco menos de 15 kilómetros al Oeste de la ciudad de Jodhpur, y que según siempre los lugareños, es la causante del gran número de casos de cáncer y malformaciones congénitas detectados en sus inmediaciones. Incluso se ha asociado en numerosas ocasiones al cráter del Lago Lorna, en las proximidades de Deccan, como los restos de una gigantesca explosión nuclear. El cráter se encuentra sobre una meseta de roca basáltica, lo cual le hace ser prácticamente único en el mundo, pudiéndose apreciar áreas de roca completamente vitrificada.  Alcanza poco más de los dos kilómetros de diámetro y los ciento cincuenta metros de profundidad, habiendo sido  siempre considerado como de origen volcánico por parte de los geólogos, aunque se abandonó tal idea para ser sustituida por la de un meteorito, aunque jamás se ha encontrado ningún rastro de material meteórico.

CARLOS E. CASERO    Paleoastronaútica

HALLAN TUNEL EN EL TEMPLO DE QUETZALCÓATL EN TEOTIHUACAN

Tras ocho meses de excavación, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) han localizado, a 12 metros de profundidad, la entrada del túnel que conduce a una serie de galerías debajo del Templo de la Serpiente Emplumada, en la Zona Arqueológica de Teotihuacan, donde pudieran haber sido depositados restos de gobernantes de la antigua ciudad.

En un recorrido efectuado hoy por el sitio con los medios de comunicación, el arqueólogo Sergio Gómez Chávez, director del Proyecto Tlalocan: Camino bajo la tierra, dio a conocer los avances de la exploración sistemática que realiza el INAH en este conducto subterráneo, que fue cerrado hace aproximadamente 1,800 años por los propios teotihuacanos y al que nadie ha entrado desde entonces.

Los especialistas del INAH esperan ingresar al túnel en un par de meses y ser los primeros en entrar luego de cientos de años desde que fue clausurado. Esta excavación —que representa la más profunda que se ha hecho en el sitio prehispánico— se enmarca dentro de las conmemoraciones por los primeros 100 años de exploraciones arqueológicas ininterrumpidas y de apertura al público (realizada en 1910) de la también llamada Ciudad de los Dioses.

Gómez Chávez detalló que el pasaje subterráneo pasa por debajo del Templo de la Serpiente Emplumada —el edificio más importante de La Ciudadela—, y su entrada fue localizada a pocos metros de esta pirámide.

El acceso se realiza por un tiro vertical de casi cinco metros por lado que desciende hasta una profundidad de 14 metros desde la superficie; la entrada conduce a un largo corredor con una longitud estimada de 100 metros que termina en una serie de cámaras subterráneas excavadas en la roca.

El túnel fue descubierto a finales de 2003 por Sergio Gómez y Julie Gazzola, pero su exploración ha requerido de varios años de planeación y de gestionar los recursos económicos necesarios para llevar a cabo la investigación al más alto nivel científico. El equipo de trabajo se integra por más de 30 personas y cuenta con asesores de reconocido prestigio nacional e internacional.

Antes de iniciar las excavaciones, los arqueólogos del INAH tuvieron la colaboración del doctor Víctor Manuel Velasco, del Instituto de Geofísica de la UNAM, quien mediante un georradar logró determinar que el túnel tiene una longitud cercana a los 100 metros, y que alberga grandes cámaras en su interior.

Otra de las tecnologías utilizadas en la exploración ha sido el escáner láser, un sofisticado dispositivo de gran resolución, facilitado por la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos (CNMH) del INAH, que hace el registro tridimensional de los hallazgos arqueológicos.

Apenas hace un par de semanas los arqueólogos corroboraron que la entrada del túnel se localizaba en el lugar que habían previsto, fue entonces que abrieron una pequeña oquedad en la parte superior del acceso, y utilizando el escáner se tomaron las primeras imágenes del interior del pasaje hasta una longitud de 37 metros, de los 100 que se calcula tiene el corredor subterráneo.

“Aunque nos falta excavar dos metros más para llegar al piso del túnel, contar con las primeras imágenes del interior nos permitirán planear mejor la forma de entrar. Aun así, tendremos que retirar una gran cantidad de tierra y un pesado bloque de piedra que obstaculiza el acceso.

“Todo el proceso podría llevarnos dos meses más de trabajo, pues debemos continuar la exploración con la misma sistematización que hemos llevado desde el inicio y así evitar perder información importante que nos permita saber qué actividades realizaban ahí los teotihuacanos hace miles de años y por qué razón decidieron cerrarlo”, comentó el arqueólogo Sergio Gómez.

Hasta el momento se han retirado, dijo, 200 toneladas de tierra, entre las que se han encontrado cerca de 60 mil fragmentos de artefactos y de piezas de cerámica.

Por su parte, Ángel Mora, de la Unidad de Apoyo Tecnológico de la CNMH, y el ingeniero Juan Carlos García, quien opera el escáner, detallaron que al introducir el láser —que tiene un alcance de 300 metros— a través de la pequeña oquedad que abrieron los arqueólogos, sólo se registró una longitud de 37 metros. Mora señaló que esta lectura es debido a que el rayo láser “topa con algo, quizá con piedras de algún derrumbe o porque el corredor tiene algún desnivel”.

Sergio Gómez refirió que aún no se ha determinado con precisión la época de construcción del túnel, sin embargo se tiene una mejor idea de cuándo fue clausurado por los teotihuacanos. “Varios indicios apuntan a que el acceso al corredor subterráneo fue cerrado entre 200 y 250 d.C., probablemente luego de depositar algo en su interior. Una de las hipótesis que postulamos es que, dentro de las grandes cámaras detectadas por el georradar, pudiéramos localizar los restos de personajes importantes de la ciudad”.

Las investigaciones han permitido saber con certeza que este túnel es anterior a la construcción del Templo de la Serpiente Emplumada, así como de la Ciudadela. El túnel es contemporáneo a una estructura arquitectónica de grandes dimensiones, que podría ser una cancha de juego de pelota, de acuerdo con la forma que tiene en planta, planteó el arqueólogo.

Desafortunadamente, señaló el investigador del INAH, al mismo tiempo que fue clausurado el túnel —arrojando una gran cantidad de grandes piedras que bloquearon el acceso—, la cancha también fue destruida y arrasada por los teotihuacanos, dificultando los trabajos, pues apenas quedan pequeños restos, por lo que las investigaciones se siguen con mucho cuidado.

“Al localizar la entrada del túnel se cumple uno de los objetivos más importantes del Proyecto Tlalocan que era, precisamente, corroborar que el acceso principal se ubicaba en el lugar exacto donde se proyectaron realizar las excavaciones. Debemos continuar la excavación del tiro vertical, hasta llegar al nivel del piso para de esa manera iniciar la exploración del túnel hacia el Este”.

En la parte baja del enorme tiro, los arqueólogos localizaron varios muros superpuestos hechos bloques de tepetate perfectamente cortados. Hasta ahora se han desenterrado 2 metros de altura de los 4 a 5 que alcanzan.

Según la hipótesis sobre el significado y el simbolismo del túnel, el arqueólogo Sergio Gómez, comentó que el túnel debió estar vinculado a conceptos relacionados con el inframundo, de ahí que no se descarta que en este lugar se hubieran realizado rituales de iniciación e investidura divina de gobernantes teotihuacanos, toda vez que el poder se adquiría en estos espacios sagrados.

También, se sabe que al morir los gobernantes eran sepultados en los lugares más sagrados. “Desde hace mucho tiempo arqueólogos nacionales y extranjeros han intentado localizar las tumbas de los gobernantes de la antigua ciudad, pero la búsqueda ha sido infructuosa.

“Es por ello que día a día nuestras expectativas se van incrementando, pues hay muchas probabilidades de que en el interior se halle una importante tumba u ofrenda. Sin embargo, no es algo que nos obsesione, el hallazgo y la exploración sistemática del túnel es algo de gran trascendencia para la investigación arqueológica y una oportunidad inigualable de acercarnos al pensamiento cosmogónico y religioso de los antiguos teotihuacanos”.

Hasta el momento las excavaciones han permitido recuperar miles de pequeños ornamentos hechos en concha, jade importado de Guatemala, serpentina, pizarra y obsidiana, los cuales fueron arrojados por los teotihuacanos como ofrenda al momento de clausurar la entrada. También se han hallado varias secciones de un friso que ornamentaba algún edificio que era anterior al de la Serpiente Emplumada y que fue desmantelado.

Es posible —concluyó Sergio Gómez— “que el túnel descubierto hubiera sido el elemento más importante y sagrado en torno al cual se hicieron las primeras edificaciones en este lugar hacia el 100 a.C., y, posteriormente, donde se construyera La Ciudadela, que fue el magno escenario donde debieron realizarse rituales vinculados con los mitos de la creación original y el inicio del tiempo mítico”.

INAH

CARAL, UNA CIVILIZACIÓN INCÓGNITA

Civilización y cerámica

Una de las primeras señales que los arqueólogos identifican a la hora de establecer el grado de civilización de una antigua cultura y que apareja en el más literal de los sentidos la expresión de “progreso”, es la presencia de restos de cerámica entre los antiguos yacimientos. La ausencia de ésta, es un claro indicador de que el asentamiento en estudio, es una sociedad primitiva y con un nivel de complejidad  muy escaso. La cerámica, que proviene del griego “keramos” (arcilla), nació oficialmente entre el paleolítico y el neolítico, y vino a significar la introducción de importantes cambios en la vida y la organización social de las primeras sociedades humanas. El almacenamiento de grano durante más tiempo, la cocción de alimentos que cambiaron los hábitos alimentarios y la facilidad para la expresividad artística a la cual la arcilla se prestaba, transformaron en parte la organización social que dieron muchas de las condiciones para el gran desarrollo que se dio posteriormente en el neolítico.
Este fue el caso de antiguas civilizaciones como la “sumeria” en Mesopotámia, iniciada en torno al año 3.500  a. de C., la egipcia a orillas del Río Nilo sobre el año 3.150 a. de C.,  la del Valle del Indo en el 2.500 a. de C., la “xia” en China en el 2.100 a. de C., o la “olmeca” en Mesoamérica, sobre el 1.500 a. de C. En todas ellas, la aparición de la cerámica aún en su estado más arcaico, en la cual aún no se conocían los hornos y el fuego se hacía a ras del suelo, catapultó  el progreso y el desarrollo de las mismas. ¿Pudo entonces existir una antigua civilización que alcanzase altos niveles de sofisticación y desarrollo que no hiciera uso de cerámica alguna?

Hasta mediados de los años 90, esta pregunta tenía fácil respuesta,… ¡no!

Sin embargo,  y a pesar de muchas reticencias iniciales, el viejo dogma establecido por la arqueología se vino abajo en 1.994 cuando los miembros del PEACS (Proyecto Especial Arqueológico Caral – Supe), dirigidos por la Dra. peruana Ruth Shady, demostraron con dataciones basadas en el carbono 14, que en tiempos tan remotos como hace 5.000 años, existía una civilización capaz de construir pirámides, realizar complejos cálculos astronómicos o componer delicadas piezas musicales, en un lugar que se encuentra en el Valle del Supe, al Norte de Lima, la capital del Perú.

Una cultura de más de 5.000 años

El principal de los emplazamientos de esta nueva civilización, denominado Caral, ha dado nombre a la civilización en si, La Civilización Caral o Caral-Supe, y parece ser que fue la capital política y religiosa del resto de áreas arqueológicas descubiertas, núcleos poblacionales más pequeños que incluía cerca de 30 asentamientos humanos, como Aspero, Allpacoto, Miraya, Kotosh y La Galgada entre otros, que compartían el mismo sistema administrativo y religioso, constituyendo una prospera red de intercambio comercial.

La ciudad de Caral, ocupa una extensión por ahora descubierta de unas 66 hectáreas en la margen izquierda del río, sobre una meseta arcillosa de color rojizo casi desierta a 350 metros sobre el nivel del mar, sin rastros de vegetación, sobre la cual destaca las fantasmales figuras de antiquísimas construcciones piramidales. Situada a 182 Km. al norte de la ciudad de Lima y muy próxima a la carretera Panamericana, fue descubierta por buscadores de oro en 1.905, un oro por cierto que jamás encontraron, razón por la que rápidamente paso al más completo de los olvidos. Posteriormente fotografiada desde el aire en los años 40, jamás se sospecho que albergase tantas sorpresas ocultas bajo su superficie abrasa por el Sol.
A excepción del polémico origen de la civilización en Tiahuanaco, oficialmente se creía que, la Civilización de Chavin (entre los años 900 y 200 a. de C.) fue la cultura más antigua de todo el subcontinente americano, la cual se extendió por gran parte de los Andes Centrales, y que sí dominó el arte de la construcción de piezas de cerámica. Los primeros pasos que los arqueólogos dan a la hora de determinar la antigüedad de un yacimiento arqueológico es a través de las muestras de desarrollo y adelantos técnicos, para lo cual fijan especialmente la atención en su escritura, lenguaje, arquitectura, refinamiento social, empleo y tipo de metales, cerámica, etc. En el caso de Caral, los investigadores chocaron frontalmente desde el primer momento con un auténtico enigma, la localización de un enclave en el cual se podían encontrar magníficas edificaciones de gran complejidad técnica, que exigían una previa planificación, pruebas de conocimientos matemáticos, astronómicos o musicales, pero, ni un solo fragmento de cerámica. Para determinar la datación de Caral fue necesario realizar pruebas de radiocarbono (carbono 14) en algunos restos de fibra (materializados en Estados Unidos, al no existir laboratorios especializados en Perú) procedentes  de las bolsas de junco trenzado usadas para transportar materiales durante la construcción de la ciudad, que databan al menos de 2.627 años antes de Cristo. El hecho de que el junco sea una planta de carácter anual, con una duración perfectamente limitada, ha permitido a los investigadores que las pruebas de radiocarbono hayan sido muy exactas, despejando por completo las dudas a los arqueólogos que inicialmente se mostraron más escépticos.

Se estableció por tanto que la Civilización Caral, se había adelantado en 1.500 años a las de Mesoamérica, con los “olmecas”  como primer representante, y en más de 3.000 años a la Civilización Maya, contemporánea en su fase final de la llegada de los conquistadores españoles a las tierras del Nuevo Mundo. Las mismas dataciones determinaron  que Caral, así como el resto de núcleos dependientes, disfrutó de una existencia de primer orden de 1.200 años hasta que se extinguió su presencia.
La construcción de enormes edificios con forma de pirámide distinguió especialmente a los moradores de Caral de las demás culturas que habitaron en aquellos tiempos los Andes. Plataformas de piedra de más de 600 metros en las que caben dos estadios de fútbol, muros de hasta 20 metros de elevación, pirámides de más de 150 metros de planta por 20 metros de altura  y construcciones de cinco plantas que son los mayores edificios encontrados en el Valle de Supe, eran el símbolo y el centro de poder de la clase dirigente, tanto política como religiosa, donde se realizaban las ceremonias que garantizaban el orden establecido en fechas señaladas por un calendario ceremonial muy estrechamente relacionado con la naturaleza.

La zona central de Caral albergaba las estructuras monumentales principales, entre las que destacaban las pirámides  y dos plazas circulares bajo el nivel principal del suelo. Más hacia el exterior, aparecían las residencias de la elite, los funcionarios, los artesanos y sirvientes, concluyendo el perímetro exterior  con la presencia de talleres, espacios de congregación pública y áreas de servicio. Se calcula que la ciudad tenía una capacidad para al menos unas 3.500 personas.

Lo que hasta el momento no se ha logrado, ha sido localizar la necrópolis de la ciudad, una circunstancia que sería de gran importancia dada la cantidad de datos arqueológicos que aportaría, aunque sí se han localizado esqueletos aislados de varias personas, de no más de 1,50 metros de altura, que se cree fueron muertos en accidentes y no producto de enterramientos rituales. Del mismo modo, se han localizado siete niños recién nacidos con claras señales de haber sido sacrificados, algunos de ellos bajo los cimientos de edificaciones importantes que podrían poner de manifiesto el inicio de tradiciones muy posteriores en el tiempo, en las que en distintos pueblos andinos aún se entierra un ser vivo como tributo a la Pachamama antes de levantar una obra.
La actividad de sus habitantes era principalmente comercial, y también como centro de peregrinaje religioso, al haberse detectado gran cantidad de altares y fogones construidos para ofrendas. En sus ceremonias utilizaron el fuego y la música, dándose la circunstancia de que,  uno de los hallazgos más importantes fue un conjunto de 37 cornetas hechas con huesos de llamas y venados, y otras 32 flautas traversas elaboradas con huesos de pelícanos y cóndores. Aún desconociendo los metales y que no poseían grano de ningún tipo, desarrollaron conocimientos científicos que aplicaron a la agricultura, la construcción de canales de riego y terrazas agrícolas, así como la confección textil, pesca y el desarrollo de medicina natural para tratar distintas dolencias. Predijeron el tiempo, realizaron observaciones astronómicas, y basaron su economía en el comercio de algodón y productos marinos que intercambiaban con otras poblaciones menores de la selva y los andes centrales.
Si bien no se ha encontrado prueba alguna de la presencia de escritura, se cree ahora que fueron los primeros en utilizar los “quipus”, del quechua khipu (nudo), un sistema nemotécnico mediante cuerdas de lana o algodón de uno o varios colores y nudos que posteriormente desarrollaron distintos pueblos en los Andes, popularizándolo especialmente los incas, quienes lo usaron principalmente como un sistema contable para todos los funcionarios del imperio inca, pero que según algunos expertos, podría haber sido utilizado también como una forma de escritura.

Parece ser que la religión fue el principal nexo de unión de Caral con el resto de los núcleos urbanos que constituían su área de influencia. Sin embargo, no se conoce prácticamente nada sobre su organización política, aunque se sospecha que Caral fue la sede principal de una comunidad formada por distintos linajes, cuyos lideres de forma asamblearia, tomaban todo tipo de decisiones. No existen evidencias de que fueran un pueblo guerrero, al no aparecer armas o fortificaciones, ni tampoco muy dado a las expresiones artísticas manuales (pintura, escultura, etc.) aunque si que hicieron especial hincapié en el arte de la música.
¿Qué pueblos más arcaicos dieron origen a la Civilización de Caral? ¿Cuánto tiempo de desarrollo, planificación y conocimiento previo se necesitó para poder construir pirámides de gran complejidad técnica hace 5.000 años? ¿Cómo fueron capaces de realizar un increíble y moderno entramado de canales de irrigación en uno de los parajes más áridos del mundo, sin tan siquiera disponer de herramientas de metal?
Considerada la civilización de Caral precursora de la inca, se cree que sus dioses fueron los mismos a los que éstos adoraron. La veneración de determinadas montañas jugó un papel central en la cosmología y religión de las sociedades andinas tradicionales, donde la importancia de los dioses que habitaban las montañas, conocidos generalmente en distintas regiones de Perú como apus, wamanis o awkillu, fue del todo determinante. Fueron dioses como Viracocha, Inti, Mama Quilla, Pacha Mama o Pachacamac quienes según la tradición descendieron desde las alturas y establecieron sus moradas en los más elevados picos de los Andes, y desde donde dirigieron como educadores y maestros de la humanidad, la labor de enseñanza a los hombres de, entre otras cosas, la agricultura, la medicina, la astronomía, etc, o le regalaron directamente bienes tan preciados como el maíz.

El fin de una civilización

Al igual que las contemporáneas de Mesopotamia y Egipto, la Civilización de Caral también concluyó después de un largo periodo de esplendor. Después de levantar pirámides al mismo tiempo que Zoser, faraón de la II Dinastía, ordenaba a Imhotep erigir la primera pirámide del Antiguo Egipto (Pirámide Escalonada de Sakkara), en algún momento en torno al año 1.800 a. de C., mientras que el mítico Hammurabi ascendía al  trono de Babilonia, la fuerza de la naturaleza borró prácticamente hasta el presente las huellas de la más antigua civilización americana conocida por la ciencia. Al menos esa es a hipótesis más manejada a la hora de explicar la desaparición de Caral y el resto de poblaciones satélites.
La acción de uno o varios terremotos, seguidos de un cambio brusco climático achacado a los efectos del fenómeno “El Niño”, determinaron el destino de Caral después de poco más de 1.200 años de existencia.  La destrucción de los canales de riego y el consiguiente efecto sobre los campos de algodón, el principal producto de intercambio comercial, más una prolongada sequía con bajadas de temperatura y fuertes vientos que arrasaron los campos, unido todo  ello también con la desaparición de la pesca del litoral central del Perú por el cambio de temperatura de sus aguas, terminó por dispersar a los pocos supervivientes de la catástrofe.
Mudos testigos durante siglos de un pasado desconocido, las pirámides y el resto de edificaciones y áreas arqueológicas de Caral, están arrojando mucha información sobre la forma de vida y las costumbres de esta civilización andina de más de 5.000 años de antigüedad. Mucho es el trabajo que queda por realizar y muchos son los interrogantes que aún quedan por responder a todos los enigmas que sobre los orígenes y la propia existencia de Caral se han planteado desde su descubrimiento.
De momento y gracias al tesón de investigadores como la Dra. peruana Ruth Shady y el resto de miembros del PEACS, se ha derribado un dogma más de los que habitualmente los sectores más conservadores de la arqueología nos tiene acostumbrados.

CARLOS E. CASERO   Paleoastronaútica

HALLAN MILENARIO LUGAR DE SACRIFICIOS EN PERÚ

En Perú, un grupo de arqueólogos descubrió un corredor ricamente adornado, y de más de mil años, que se habría utilizado para sacrificios humanos.

El equipo de investigadores dio a conocer que había encontrado por lo menos seis esqueletos en un corredor de 60 metros, ricamente decorado, cubierto por murales de muchos colores.

Se afirma que éste se habría utilizado para el sacrificio de los prisioneros. Se trata del más reciente de una serie de hallazgos en la región costera de Lambayeque, en el norte de Perú.

Los arqueólogos dicen que su descubrimiento viene a respaldar teorías respecto a una particular ceremonia que involucraba los asesinatos rituales.

Parte de un complejo mayor

El director de las excavaciones, Carlos Wester la Torre, expresó que el amplio corredor ceremonial formaba parte de un complejo arquitectónico que representaba la jerarquía y los rituales centrados en torno a los sacrificios humanos propios de esta cultura.

El gran corredor se abría hacia cinco tronos y tres pórticos separados por el mismo espacio, cerca de la principal pirámide del sitio arqueológico.

La cultura Moche, la que vivió en los años 100 A.C. y 800 D.C. era una avanzada civilización agrícola que precedió al imperio Inca de Perú.

El periodista de la BBC, Dan Collins, desde Perú, afirma que, en los últimos 25 años, se han encontrado tres tumbas de gran tamaño, las que contienen los restos de nobles y reyes, amén de una extraordinaria cantidad de artefactos.

BBCNews

LAS CIVILIZACIONES ANTEDILUVIANAS: ¿MITO O REALIDAD?

civiliantePara la arqueología oficial el Homo Sapiens, quien habría evolucionado en África hace 130 milenios, se extendió por toda Eurasia desde hace 100 mil años hasta ahora. Hace 40 milenios llegó hasta Australia, mientras que sólo hace 14 llegó al Nuevo Mundo, atravesando la pradera llamada Beringia (actual estrecho de Bering). Según esta teoría, apenas hace 10 mil años el hombre se volvió sedentario desarrollando la agricultura y dando inicio a la fundación de los primeros centros habitados. (Jericó, 8000 A.C).
Sin embargo existen numerosas críticas de esta hipótesis, que sostienen no sólo la inexactitud de estos datos, sino además la posibilidad de que el hombre haya desarrollado civilizaciones organizadas antes del 9500 A.C.
De hecho el Homo Sapiens habría podido, en el curso de los 130 milenios desde que apareció sobre la tierra, desarrollar varias civilizaciones agrestes o marítimas, tal vez desarrolladas en planos diferentes al actual, más espirituales o menos apegadas al materialismo, por ejemplo.
En el curso de los últimos años, algunos arqueólogos han encontrado en América restos de antiguos colonizadores, que ponen en discusión las teorías oficiales y llevan a reconsiderar la historia del hombre, no sólo con lo que tiene que ver con América, sino con todo el planeta.
La arqueóloga brasilera Niede Guidon (apoyada por varios estudiosos de fama internacional) ha encontrado restos de Homines Sapiens arcaicos en el Piauí (norte de Brasil, a 700 kilómetros aproximadamente de la costa atlántica), que datan de hace 12.000 años. Sin embargo las dataciones con el método de carbón 14 han probado que algunos fogones fueron utilizados en la zona objeto de estudio hace 60 milenios. Esta prueba pone en discusión la teoría oficial de la población de las Américas según la cual los primeros habitantes del Nuevo Mundo pertenecían a la cultura Clovis. (desierto del Nuevo México) hace 13 milenios de años.
En el Nuevo mundo se encontraron hallazgos que prueban la presencia arcaica del hombre, por ejemplo en Monte Verde, Chile, que datan de hace 33000 años.
Es así como la reconocida teoría de la población de las Américas cae y debe ser completada por otras hipótesis que consideren la colonización del Nuevo Mundo directamente desde África, pero también desde Melanesia.
Todo esto pone bajo una nueva óptica el periodo durante el cual el Homo Sapiens colonizó la Tierra, desde hace 100 milenios hasta ahora.
Ahora, si consideramos que durante este largo lapso, la glaciación de Wisconsin-Wurm (que duró desde hace 110 hasta 11,5 milenios) estaba en su mayor punto, se puede afirmar que el nivel de los mares era más bajo, casi 120 metros respecto al actual. Esto le permitiría al hombre moverse con mayor facilidad a través de los océanos precisamente porque muchas tierras, ahora sumergidas, afloraban sobre la superficie de los mares.
¿Es posible que algunos grupos de humanos, pertenecientes a etnias todavía hoy desconocidas, hayan fundado ciudades costeras, que sucesivamente fueron borradas por terribles inundaciones?
En efecto muchas culturas han dejado obras literarias en las cuales se habla de un diluvio, o de un periodo de trastornos climáticos excepcionales: Atrahasis (mito sumerio), la epopeya de Gilgamesh
(leyenda babilónica), la Biblia (historia de los hebreos), Shujing (clásico de la historia china), Matsya Purana y Shatapatha Brahmana (textos sagrados de los hindúes que datan del primer milenio antes de Cristo), Timeo y Crizia de Platón (Grecia), el Popul Vuh de la civilización Maya, citando sólo algunos. Según muchos investigadores de frontera, pero últimamente también varios geólogos y climatólogos, el diluvio universal fue precisamente el fin de la era glacial, y sucedió hace aproximadamente 11,5 milenios.
Algunos investigadores del siglo XX han hecho la hipótesis de que los sobrevivientes de algunas de estas civilizaciones antediluvianas se hayan refugiado en otros lugares internos de los continentes, en particular en Sur América, donde habrían fundado algunas ciudades y sembrado las bases para nuevas colonizaciones.

El primer investigador que sostuvo esta tesis fue el más grande aventurero del siglo XX, el coronel inglés Percy Harrison Fawcett. Como base de sus convicciones encontró el manuscrito (n 512) conservado en la Biblioteca Nacional de Rio de Janeiro, en el cual estaba descrito el descubrimiento por parte del bandeirante Francisco Raposo, en 1743, de una ciudad de piedra inalcanzable, escondida en la selva de Mato Grosso, no lejos del río Xingú.
Fawcett partió varias veces después del 1920, explorando la selva comprendida entre el río Xingú y el rió Araguaia, en la altura de la Serra do Roncador.
Su desaparición precisamente en el área forestal de la Serra do Roncador, a finales de mayo de 1925, no hizo más que revivir la leyenda de una misteriosa ciudad antediluviana, que se tragó al explorador, a su hijo Jack y a un amigo que participaba de la expedición.
Otro que sostiene la tesis de que los sobrevivientes del diluvio se refugiaron en Sur América fue el austríaco Arthur Posnasky, que, en su libro Tiwanacu, el lugar del origen del hombre americano, indica que el sitio arqueológico cercano al lago Titicaca tendría una fecha de fundación que ascendería al 10000 A.C
Las pirámides de Pantiacolla (o Paratoari), extrañas formaciones simétricas que se erigen, cubiertas de vegetación, no lejos del río Alto Madre de Dios (Perú) también son señaladas por algunos como centros de energía utilizada por pueblos antediluvianos que se refugiaron en la selva amazónica hace muchos milenios.
La hipótesis de civilizaciones antediluvianas fueron apoyadas últimamente por algunos hallazgos excepcionales, efectuados bajo el nivel del mar hasta 900 metros de profundidad.
El primer descubrimiento fascinante sucedió en septiembre de 1968, cuando el Doctor Valentine, mientras estaba nadando a lo largo de la isla de Bimini, en las Bahamas, observó una calle pavimentada con enormes bloques de piedra rectangulares y poligonales. Según algunos, estas piedras ciclópicas, perfectamente esculpidas y con longitudes de hasta 5 metros, se asemejan mucho a las piedras de Sacsayhuaman, la imponente estructura situada a pocos kilómetros de Cusco, a 3300 metros de altitud sobre el nivel del mar.
Algunos escépticos sostienen que la famosa calle de Bimini no es más que un fenómeno natural llamado “calle adoquinada”, que tiene origen cuando la cresta terrestre es sometida a tensión y entonces se fractura en bloques regulares. Para otros en cambio, como para el mismo Valentine, pero también para el lingüista y escritor Charles Berlitz, y el arqueólogo subacuático Robert Marx, el origen de la calle de Bimini es artificial y viene desde la era glacial.
El segundo encuentro interesante, tuvo lugar en el 1969. La tripulación del submarino estadounidense Aluminaut, descubrió casualmente, en el fondo de la Florida, a 900 metros de profundidad, otra calle de 20 kilómetros compuesta de aluminio, sílice y óxido de magnesio. Aún hoy no se sabe si la misteriosa vía submarina sea obra de una civilización desarrollada o simplemente una broma de la naturaleza.
En 1987 se encontraron a lo largo de la isla Yonaguni, la más austral de las islas Ryukyu, en Japón, extrañas formaciones megalíticas, desde los 40 metros de profundidad.
El científico Maaki Kimura visitó las estructuras subacuáticas y después de estudios cuidadosos llegó a la conclusión de que el autor de aquella obra ciclópea pudo haber sido solo el hombre. El llamado monumento Yonaguni, conocido también como la tortuga es una gran estructura de roca rectangular de 150 x 40 metros de base y 27 metros de altura. La cima del monumento se encuentra a cinco metros bajo el nivel del agua. Según el arqueólogo subacuático Sean Kingsley, en cambio, estos extraños monumentos subacuáticos pueden haber sido modificados por el hombre en una época previa al diluvio, cuando los glaciales cubrían gran parte del hemisferio boreal y el nivel de los mares era más bajo que el actual.
En el año 2000 el instituto nacional de Tecnología Marina de la India anunció el encuentro, en el lecho marino cerca la costa del estado de Gujarat, a 40 metros de profundidad, estructuras megalíticas similares a una ciudad. Algunos arqueólogos hindúes refutaron esta noticia, diciendo que había sido difundida sin seguir estrictamente los cánones arqueológicos pero sobre todo por motivos políticos, para conceder a la India el orgullo de haber dado los ancestros de la primera civilización del mundo.
Sin embargo en el 2001 el Ministro para la ciencia y la tecnología Murli Manohar Joshi anunció oficialmente el descubrimiento: las estructuras sumergidas encontradas en el golfo de Khambhat (Cambay), son los restos de una ciudad antigua que fue destruída por inundaciones imprevistas. Se afirmó también que las ruinas demuestran una notable similitud con los restos de las civilizaciones del valle del Indo, que se desarrollaron en Harappa y en Mohenjo-Daro alrededor del 2700 A.C.
Finalizando el 2001 se encontraron fragmentos de leña carbonizada cerca a la ciudad sumergida, que fueron datados, con el método del carbón 14, 9500 años antes de Cristo. En el 2003 y 2004 el instituto Nacional de tecnología Marina de la India realizó otras exploraciones subacuáticas, durante las cuales se encontraron pedazos de cerámica, indicios de actividades artísticas y artesanales de un pueblo antiguo. Los hallazgos fueron enviados a algunos laboratorios hindúes y europeos, y por medio del método de la termo luminiscencia, fueron fechados de hace 31 milenios. El geólogo hindú Batrinaryan confirmó la autenticidad de los encuentros, sosteniendo que las reliquias fueron sometidas a un análisis con la técnica de difracción de rayos X. Con base en estos hallazgos la ciudad sumergida de Khambhat habrías sido la más antigua del mundo, existiendo desde hace 31 milenios de años.
En mayo del 2001 la oceanógrafa canadiense Paulina Zelitsky, responsable de la Advance Digital Communications Company, describió los resultados de una exploración marina en el mar Caribe llamada Exploramar. Utilizando un sofisticado robot, dotado de un sonar, magnetómetro y videocámara, que fue transportado a las profundidades marinas y guiado a distancia con un cable de fibra óptica, fue posible hacer el mapa de la zona del fondo inmersa, y los resultados fueron increíbles.
Se encontraron estructuras megalíticas situadas a más de 600 metros de profundidad a lo largo del Cabo San Antonio, o península Guanahacabibes, en el extremo oeste de la isla de Cuba. Las extrañas formaciones sumergidas, cubos, paralelepípedos y pirámides, se extienden por más de 20 kilómetros cuadrados. Por su tamaño y complejidad, fueron bautizadas Mega.
Para muchos es simplemente una ciudad imposible, que no se puede explicar con las técnicas científicas actuales. Para otros en cambio, las enormes piedras esculpidas son los restos de antiguos muros gigantescos , ya que después de un análisis atento se llega a la conclusión de que en algún momento estas paredes estuvieron expuestas a los agentes atmosféricos, puesto que se encuentran oxidadas. Además con base en las fotografías y en los videos divulgados, se nota que existen estructuras repetitivas como si fueran muros utilizados para habitaciones. El geólogo Manuel Iturralde, que participó en la investigación, sostiene que es posible que las ruinas sumergidas sean atribuibles a una civilización antediluviana, que sería del décimo milenio antes de Cristo.
Después de todos estos descubrimientos se puede llegar a la conclusión de que las posibilidades de que hayan existido otras etnias antediluvianas son numerosas. De hecho el estudio del largo periodo de tiempo durante el cual el Homo Sapiens ha dominado el planeta (130 milenios) está sólo al inicio: parece bastante limitado pensar que sólo a partir del 8000 a.C. haya nacido la civilización.
Nuestra visión que define la civilización como una sociedad de personas que practican agricultura y viven en pueblos, dándose reglas comunes de comportamiento, podría ser incompleta. Probablemente algunos grupos de humanos, así no consigan niveles tecnológicos avanzados, desarrollaron una red de comunicación marítima y practicaban el comercio basado en el trueque. No habían previsto que la naturaleza puede ser a veces brutal, y muchos de ellos murieron durante los trastornos climáticos del final de la glaciación. Es verosímil pensar que los sobrevivientes si adentraron al interior de los continentes, donde después se mezclaron con sus semejantes, que habían vivido en el interior durante muchos milenios.
La prueba definitiva de estas hipótesis aún no ha sido demostrada. Probablemente Sur América, que con sus selvas aún hoy impenetrables, encierra el misterio de una civilización antediluviana que prosperó durante la larga era glacial. Estamos en los inicios de este emocionante desafío. Nuestro pasado lejano, podría darnos preciosa información no sólo sobre nuestros orígenes, sino también sobre como afrontar el futuro, a menudo denso de nubes amenazantes.

YURI LEVERATTO
Copyright 2009

Recogido de www.yurileveratto.com

ANTIGUO SELLO CILÍNDRICO HALLADO EN IRÁN

cylinder_sealArqueólogos iraníes han desenterrado un antiguo sello cilíndrico datado al menos en 3500 años,  en la provincia de Mazandaran, al norte de Irán. El sello, correspondiente al período Neolítico está decorado con el dibujo de una cabra.

Este objeto se cree que se usaba en negocios y comercio, según Mehdi Mousavi, jefe del equipo arqueológico. Se espera que en posteriores excavaciones y estudios con carbono-14 en la reliquia revelen más precisas informaciones. Científicos de Oxford han determinado las fechas exactas del montículo Kelar, lugar del hallazgo, mediante el estudio de muestras de carbón y huesos, en unos 6000 años, aunque muchos arqueólogos creían que el área no iba más allá de la edad del Hierro.

Otros datos sobre Irán aquí