CIENTÍFICOS ALERTAN SOBRE ALTA PROBABILIDAD DE QUE CAIGAN GRANDES ASTEROIDES

asteroideLa amenaza de otro impacto de asteroide como el que cayó en el centro de Rusia este año es mucho más alta de lo que se pensaba hasta ahora.
Así lo sugiere un estudio publicado en la revista científica Nature en el que investigadores constataron que rocas espaciales tan grandes como una casa y de un tamaño similar a la que explotó sobre la localidad de Chelyabinsk, están viajando hacia la atmósfera de la Tierra con una frecuencia sorprendente.

Los científicos dicen que es necesario poner en marcha sistemas de alerta temprana.
El autor principal de la investigación, el profesor Peter Brown, de la Universidad de Western Ontario en Canadá, le dijo al programa de la BBC Science in Action: “Probablemente merezca la pena crear una suerte de sistema que escanee el cielo de una forma casi constante y busque estos objetos antes de que alcancen la Tierra.
“En el caso de Chelyabinsk, una alerta previa de unos días o una semana hubiera sido valiosa”, precisó.
El objeto que cayó en la ciudad rusa se hundió en el lago Chebarkul, lo que causó una perforación de seis metros de ancho en el hielo de la superficie.
Científicos afirman que la roca recuperada parece ser el fragmento más grande de un meteorito que se ha encontrado hasta ahora.

Bola de fuego

cheliaSe calcula que el asteroide que explotó sobre Chelyabinsk el pasado 15 de febrero medía cerca de 19 metros de ancho.
Golpeó la atmósfera con una energía que se calcula era equivalente a 500.000 toneladas de TNT, generando una onda sísmica que dio dos vueltas alrededor del globo. Causó daños generalizados e hirió a más de 1.000 personas.
Ahora, los científicos dicen que puede haber más rocas espaciales de este tipo en rumbo de colisión hacia la Tierra.
Un equipo internacional revisó datos de los últimos 20 años recopilados de sensores que utiliza el gobierno de Estados Unidos y sensores de infrasonidos posicionados en todo el globo.
Estos sensores están colocados para detectar la amenaza de armas nucleares, pero también pueden capturar las explosiones causadas por impactos de asteroides.
Los investigadores comprobaron que, durante este tiempo, cerca de 60 asteroides de hasta 20 metros de tamaño se habían estrellado en la atmósfera de la Tierra: muchos más de lo que se pensó previamente.
La mayoría de ellos pasaron inadvertidos porque explotaron sobre el océano o sobre zonas muy remotas.
Brown explicó: “Fuimos capaces de obtener la tasa de incidencia que se podría esperar de eventos como el de Chelyabinsk y de impactos menores. Cuando se compara con las cifras que se reciben de las observaciones con telescopio, nuestros números son varias veces más altos”.
Esto sugiere que el riesgo que suponen los asteroides de este tamaño ha sido subestimado hasta ahora.

Más impactos y mayor presencia
El equipo calcula que la tasa de alcance de asteroides de decenas de metros de tamaño oscila entre 2 y 10 veces más de lo que se pensaba hasta ahora.
“Algo como lo de Chelyabinsk se esperaría que ocurriera sólo cada 150 años, según la información de los telescopios. Pero cuando se analizan nuestros datos y se extrapolan, vemos que estos eventos parecen estar ocurriendo cada 30 años o así”, dijo Brown.
Un evento como el impacto de Tunguska en 1908, año en que un asteroide aplanó miles de kilómetros cuadrados de bosque en Siberia, probablemente ocurra cada pocos cientos de años en lugar de cada pocos miles de años, añadió.
Brown defendió que se deben hacer más esfuerzos para crear sistemas de alerta temprana.

“Hay literalmente millones de objetos en el rango de las decenas de metros de tamaño que sospechamos son asteroides cercanos a la Tierra que pueden aproximarse a nuestro planeta”, explicó.
“Sólo hemos descubierto algo más de 1.000 de estos elementos. Hay muchos más por encontrar, pero sería muy caro encontrarlos todos y probablemente no tendría mucho sentido, porque la atmósfera los detiene en muchos casos.
“Lo que sí puede tener sentido es desarrollar sistemas que encuentren objetos unos días o semanas antes de que lleguen… que digan dónde y cuándo impactarán la Tierra. Esto permitiría que se diera algún tipo de alerta a las autoridades de defensa civil”.
En otro estudio, también publicado en Nature, los científicos dijeron haber rastreado el asteroide del que se escindió el meteoro de Chelyabinsk.
Creen que es un fragmento de una roca de 2 km de ancho llamada asteroide 86039.
El profesor Jiri Borovicka, de la Academia de Ciencias de la República Checa, dijo que las órbitas eran “llamativamente similares”, aunque el equipo no pudo probar “el origen común con certeza absoluta”.

REBECCA MORELLE
BBC  6/11/2013

ASTRÓNOMOS RUSOS CALCULAN LA FECHA DE LA POSIBLE COLISIÓN DEL ASTEROIDE APOPHIS CONTRA LA TIERRA

Investigadores rusos calcularon la fecha de la posible colisión del asteroide Apophis con la Tierra, pero consideran infinitamente pequeña la probabilidad de que esto suceda, declaró hoy Leonid Sokolov, profesor de la cátedra de Mecánica Celeste de la Universidad de San Petersburgo.

“El 13 de abril de 2029, el asteroide Apophis se aproximará a unos 38.000 kilómetros de la Tierra y el 13 de abril de 2036 podría colisionar con nuestro planeta. Pero muchos científicos opinan que es una probabilidad infinitamente pequeña”, dijo el investigador.

De acuerdo con los cálculos de la agencia aeroespacial estadounidense (NASA), que cita Sokolov en su informe, en el siglo XXI serán posibles once colisiones de Apophis con la Tierra, cuatro de las cuales deben suceder antes de 2025.

Apophis fue descubierto en 2004 y se considera uno de los asteroides más peligrosos. Su diámetro alcanza 270 metros.

RiaNovosti

DESASTRES QUE PODRÍAN CAMBIAR LA TIERRA

Un evento repentino cualquier día podría desencadenar décadas de consecuencias globales.

Podría tratarse de un impacto cósmico, erupciones volcánicas, colisiones planetarias o de un cambio climático catastrófico… todas son posibilidades reales que BBC Focus exploró.

Impacto cósmico
Por mucho tiempo desestimada por ser considerada producto de una fantasía medieval, la posibilidad de devastación celeste ahora es percibida como una amenaza real.

El cambio de percepción ocurrió en la década de 1980, a raíz de la evidencia del impacto de un asteroide a unos 10 kilómetros de México hace 65 millones de años, es decir, en la época de la extinción de los dinosaurios.

La amenaza de los impactos cósmicos se mantiene. En junio de 1908, cientos de kilómetros cuadrados del noreste de Siberia -cerca del río Tunguska- fueron devastados por la caída de un asteroide de 50 metros de ancho.

Posteriormente, en 1989, el asteroide de 300 metros de ancho 4581 Asclepio pasó por el mismo lugar en el que había estado la Tierra menos de seis horas antes, lo cual, en términos cósmicos, es muy apretado.

Si hubiera chocado con la Tierra, la devastación hubiera sido equivalente a la detonación de más de mil bombas atómicas del tipo de la lanzada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Y si, como es más probable, hubiera aterrizado en el océano, el tsunami que se hubiera producido habría sido lo suficientemente grande como para sepultar a ciudades costeras enteras.

El susto llevó al lanzamiento del NASA Spaceguard Survey en 1998, organismo encargado del descubrimiento y seguimiento del 90% de los “objetos próximos a la Tierra” (también conocidos como NEOs, por sus siglas en inglés) mayores de 1 kilómetro de diámetro, es decir, lo suficientemente grandes como para causar destrucción global.

Sin embargo, según un informe de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NAS) publicado en mayo, el catálogo de objetos aún no está completo y el año pasado fue encontrado un objeto próximo a la Tierra de más de 2 kilómetros, lo que indica que podría haber más acechando allí afuera sin ser detectados.

Según el informe de la Academia NAS, los NEOs que se encuentran en curso de una colisión podrían ser desviados hacia caminos diferentes utilizando explosiones nucleares.

Pero lograr tales maniobras tardan décadas y no sirven para NEOs de más de unos pocos kilómetros de ancho.

Contra éstos, concluye el informe, “no existe actualmente ninguna defensa posible”.

Mientras tanto, los acercamientos alarmantes continúan: en enero pasado un meteorito de diez metros de ancho, denominado 2010 AL30, pasó a 122.000 kilómetros de la Tierra.

Erupciones volcánicas
De todas las causas de agitación global en el futuro, ninguna es más plausible, probada e inevitable que las erupciones volcánicas.

Activadas por la desintegración radiactiva de los elementos atrapados en el interior de la Tierra desde su formación hace 4.500 millones de años, las erupciones de los volcanes han reformado a nuestro planeta varias veces.

En el proceso, han desempeñado un papel clave en las extinciones en masa, incluida la “Gran Mortandad” registrada hace 251 millones de años, la mayor catástrofe jamás sufrida por los seres vivos en la Tierra.

Pero a diferencia de cualquier otra fuente de trastorno global, los volcanes también han tenido efectos devastadores en el pasado muy reciente y podrían volver a provocar este tipo de consecuencias en cualquier momento.

Las erupciones causan destrucción de diferentes maneras, el único factor común es que nada se puede hacer para detenerlas.
El más obvio es la explosión directa: cuando entró en erupción el volcán del Monte Tambora en Indonesia, en 1815, lo hizo con la violencia de un millón de bombas atómicas similares a la de Hiroshima, los efectos de la explosión provocaron más de 90.000 muertes en las áreas cercanas.

Además, los científicos ahora saben que tales explosiones titánicas también tienen efectos mucho más amplios y de larga duración.

En 1991, la erupción del volcán del Monte Pinatubo en Filipinas -la más violenta de nuestros tiempos- removió un estimado de diez millones de toneladas de detritos en la atmósfera.

Durante los siguientes 15 meses, los niveles de luz solar en todo el planeta se redujeron en alrededor de 3%, haciendo que las temperaturas globales cayeran en aproximadamente 0,5°C.

Además, está el efecto de los gases liberados por las erupciones. Se piensa que la enorme pérdida de vida marina que tuvo lugar durante la “Gran Mortandad” a fue principalmente el resultado de la acidificación de los océanos causada por la mezcla del dióxido de carbono de los volcanes con el agua de mar.

El dióxido de azufre es otra amenaza: el volcán del Monte Pinatubo inyectó 20 millones de toneladas de este gas ácido en la estratosfera, donde atacó a la capa de ozono que nos protege de las cancerígenas radiaciones ultravioleta del Sol.

El peor escenario es que una serie de mega erupciones como esas puedan ocurrir en sucesión.

Ha pasado antes: la “Gran Mortandad” ha sido vinculada con más de 100.000 años de actividad volcánica en lo que hoy es Siberia. Sólo el tiempo dirá si la ebullición de calderos radiactivos bajo nuestros pies pueden provocar una explosión apocalíptica.

Colisiones planetarias

En la década de 1950, el psiquiatra ruso Immanuel Velikovsky alcanzó las listas de best sellers con el libro “Worlds in Collision” (Mundos en colisión), que describe un momento en que los planetas iban a toda velocidad alrededor del Sistema Solar como bolas de billar.

Los científicos desestimaron a Velikovsky por sus ideas y las calificaron de descabelladas.
Sin embargo, más de 30 años después de su muerte, las “alocadas” ideas de Velikovsky ya no parecen tan desatinadas.

Simulaciones por computadora han demostrado que la procesión de los planetas alrededor del Sol pueden sufrir períodos de caos cósmico.

El culpable de esto es la denominada resonancia gravitacional, con la que los planetas reciben frecuentes “sacudidas” de sus vecinos.

Con el tiempo, éstas se suman para producir cambios dramáticos en la forma y el tamaño de las órbitas de los planetas.

El año pasado, Jacques Laskar y Mickael Gastineau del Observatorio de París en Francia revelaron qué tan dramático puede ser esto.

Utilizando una red de supercomputadoras lograron simular el futuro del Sistema Solar y encontraron que los efectos de resonancia podrían dar lugar a colisiones entre algunos planetas, entre ellos, la Tierra, en peligro de ser golpeada por Marte, Venus y Mercurio.

El riesgo es mucho menos del 1% en los próximos cinco millones de años.

Afortunadamente, porque la única forma de que los seres humanos se salven de tal catástrofe es que abandonando la Tierra en busca de un nuevo hogar.

Cambio climático catastrófico

En 1988, la primera ministra británica Margaret Thatcher le advirtió a líderes científicos británicos sobre su temor de que al producir cada vez más gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono “sin saberlo, hemos iniciado un experimento masivo con el sistema de este planeta”.

Dos décadas después, la amenaza del calentamiento global parece haber mermado, con la estabilización del aumento de la temperatura global.

Sin embargo, los científicos advierten que con naciones que emiten cada vez más gases de efecto invernadero a la atmósfera, es probable que la pausa sea temporal.
Según un reciente estudio realizado por expertos del clima en la Oficina Meteorológica del Reino Unido, las temperaturas globales podrían volver a subir a partir de 2011. En la próxima década, al menos cinco años podrían ser más calurosos que 1998, el más caliente de la historia registrada.

Qué impacto tendrá esto en nuestro planeta sigue siendo una de las preguntas más controvertidas de nuestro tiempo.

En el centro del debate están los denominados mecanismos de retroalimentación positiva, que convierten los pequeños cambios en trastornos climáticos que ocurren demasiado rápido para que la sociedad pueda enfrentarlos.

Por ejemplo, a medida que la temperatura de la Tierra aumenta, se incrementa el vapor de agua que se evapora de los océanos. Ese vapor ingresa a la atmósfera atrapando más el calor del Sol, lo que a su vez lleva a que las temperaturas globales se eleven aún más.

En 2005, algunas investigaciones indicaron que el aumento del calentamiento global podría descongelar vastas reservas de metano -un potente gas contaminante- escondidas en las profundidades en Siberia, lo que provocaría un efecto de retroalimentación positiva.

De acuerdo con la organización ambientalista Amigos de la Tierra, el resultado “podría desencadenar un calentamiento global que se escapa de nuestro control”.

Aunque hay poca evidencia de la amenaza inmediata de una catástrofe, a principios de este año un equipo dirigido por Natalia Shakhova de la Universidad de Alaska reportó haber encontrado metano filtrándose en los mares que rodean a Siberia y llamó a que se investigara cuál será el efecto.

Revista FocusBBC

BBCNews

LA NASA SE PREPARA PARA PELIGROSA LLUVIA DE METEOROS EN EL 2011

116 Estrellas fugaces dracónidas pronosticadas para el 8 de octubre del 2011 podrían afectar los satélites y telescopios que orbitan la Tierra.

La Agencia Espacial de Estados Unidos se prepara para un clima espacial tormentoso en los próximos años, por una parte se espera un peligroso incremento en la actividad solar, y ahora se anuncia que una lluvia de meteoros draconidos podría dañar satélites y telesecopios orbitando la Tierra de no tomarse las precauciones necesarias.

Las predicciones actuales proyecta una tormenta meteorica el 8 de ocutubre del 2011, la cual particularmente podría producir anomalías eléctricas en la Estación Internacional Espacial y en el Telescopio Hubble, las dos estrellas de la NASA en cuanto a prominencia orbitando nuestro planeta.

Aunque en la pasadas ocasiones en que la “lluvia de estrellas” draconidas, que no se destaca por ser particularmente brillante, no ha ocurrido ningún tipo de anomalía (en 1985 y 1999), pero esto, señalan los científicos de la Oficina de Ambiente Meteorico de la NASA, no tiene por que repetirse. Para lo cual ajustan la hasta ahora no del todo precisa ciencia de predicción meteorológica espacial, dado que la anticipación haría que los satelites y exploradores espaciales no tuvieran problemas con este evento.

PijamaSurf

EL 2005 YU55 YA NO ES UN ASTEROIDE PELIGROSO

El asteroide 2005 YU55, catalogado como ‘cercano a la Tierra’, ha podido ser fotografiado por el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico, el pasado 19 de abril.

   Los datos recogidos durante la observación han permitido a la Oficina de Objetos Cercanos a la Tierra del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA refinar la órbita de la roca espacial, de forma que los científicos han descartado ya cualquier posibilidad de colisión con la Tierra en los próximos 100 años.

   El asteroide se encuentra a unos 2,3 millones kilómetros de la Tierra en el momento en que esta imagen del eco de radar se ha generado. La imagen tiene una resolución espectral de 7,5 metros (25 pies) por píxel. 2005 YU55 se muestra como un objeto esférico de unos 400 metros de tamaño.

   El radar no sólo proporciona datos sobre las dimensiones deL asteroide, sino también de su ubicación exacta en el espacio. Con la alta precisión de astrometría del radar de Puerto Rico, los científicos fueron capaces de reducir las incertidumbres de la órbita de 2005 YU55 en un 50 por ciento.

   “Hubo un tiempo en que 2005 YU55 se clasificó como una amenaza potencial”, dijo Steve Chesley, científico de JPL. “Antes de que el radar de Arecibo lo interceptase, se había eliminado el riesgo de impacto en los próximos sobrevuelos cerca de la Tierra. Pero había una baja probabilidad de impacto en sobrevuelos posteriores. Después de incorporar los datos de Arecibo, pudimos descartar por completo los impactos para los próximos 100 años”, dijo.

   Con más observaciones en los próximos años, los científicos podrían ser capaces de trazar con precisión la órbita de 2005 YU55 aún más lejos.

   La NASA detecta, rastrea y caracteriza a los asteroides y cometas que pasan cerca de la Tierra utilizando telescopios terrestres y espaciales. El Programa de Observación de Objetos cercanos a la Tierra, comúnmente llamada “Spaceguard,” descubre estos objetos, que caracteriza en subconjuntos, y parcela sus órbitas para determinar si alguno podría ser potencialmente peligroso para nuestro planeta.

EuropaPress

Parece que este pedrusco nos dejará dormir un poco más tranquilos o, ¿tal vez no?, leed el suceso ocurrido ayer en Indonesia:

METEORITO DESTRUYE CASA EN INDONESIA

Un meteorito cayó anoche sobre una casa de Yakarta, atravesando el techo y los suelos de dos pisos. Bajo su impacto el edificio se vino abajo. Sufrieron un daño insignificante dos casas vecinas por explosión del meteorito, escribió hoy el periódico Jacarta Globe.

Afortunadamente, el edificio que recibió el impacto estaba vacío. Nadie sufrió lesiones, ni las más leves.

Al lugar del incidente arribaron efectivos de un destacamento de lucha antiterrorista, pero su ayuda no hizo falta a nadie.

Expertos del Instituto Nacional de Aeronáutica y Espacio estiman que el meteorito tenía dimensiones de una pelota de fútbol, por lo que su acercamiento a la Tierra quedó inadvertido. Se detectan habitualmente cuerpos espaciales con diámetro de al menos 10 metros, explicaron.

Según Evan Irawan Akbar, científico del Observatorio de Bandung en Java Occidental, se trata de un suceso raro. Como regla, los objetos espaciales que se acerca a la Tierra o se queman en la atmósfera o su tamaño llega a ser ínfimo en el momento de chocar con la superficie terrestre.

En octubre de 2009, en la provincia indonesa  de Sulawesi del Sur, cayó un meteorito de diez metros de diámetro. La explosión provocada por su caída, equivalente a la de unos 50 kilotones de trilita, fue registrada simultáneamente por 11 estaciones del sistema internacional de seguimiento de pruebas nucleares.

Según expertos, cuerpos espaciales de tal tamaño caen sobre la Tierra una vez en 2-12 años.

Ese meteorito tampoco provocó víctimas humanas.

RIANovosti

UN ASTEROIDE RECIÉN DESCUBIERTO PASARÁ JUNTO A LA TIERRA

Un asteroide recientemente descubierto, el ‘2010 GA6’, sobrevolará la órbita lunar este jueves y pasará “muy cerca de la Tierra”, según informó el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL, por sus siglas en inglés).

   Así, en la madrugada del jueves, en torno a las 01.06 horas realizará su mayor aproximación a la Tierra, a una distancia de 359.000 kilómetros, lo que supondría nueve décimas partes de la separación que hay entre la Tierra y la Luna.

   Concretamente, el planetoide tiene 22 metros de ancho y fue descubierto por el telescopio ‘Catalina Sky Survey’, de la Universidad de Tucson, en Arizona (Estados Unidos).”Los sobrevuelos de objetos cercanos a la Tierra, incluso cerca de la órbita lunar, tienen lugar cada pocas semanas”, apuntó el experto del JPL Don Yeomans.

   La NASA detecta y sigue la pista de los asteroides y cometas que pasan cerca de la Tierra empleando los telescopios que tiene instalados. El programa de ‘Observación de Objetos cercanos a la Tierra’, de la agencia espacial norteamericana, más conocido como “el vigilante del espacio”, es el encargado de coordinar el descubrimiento de estos objetos y determinar si son peligrosos o no para el planeta.

EuropaPress

A LA CAZA DE NÉMESIS (II)

Si las enanas rojas pueden comparar con las brasas de un fuego moribundo, a continuación, las serían las cenizas humeantes. Debido a que son muy débiles, es posible que el Sol pudiera tener un compañero secreto a pesar de que se haya buscado en el cielo durante muchos años con varios instrumentos.

El telescopio más reciente de la NASA, el Wide-Field Infrared Survey Explorer (WISE), puede ser capaz de responder a esta pregunta sobre Némesis, una vez por todas.

Buscando enanas en la oscuridad

WISE observa nuestro universo en la parte infrarroja del espectro. Al igual que el telescopio espacial Spitzer, WISE está diseñado para captar el calor. La diferencia es que WISE tiene un campo de vista mucho más amplio, y de esta forma puede explorar una mayor porción del cielo para los objetos lejanos.

WISE comenzó rastreando el cielo el 14 de enero, y la NASA hizo publicas recientemente las primeras imágenes de la misión. La misión trazará mapas de todo el cielo, hasta octubre, cuando el refrigerante de la nave se agote.

Parte de la misión WISE es la búsqueda de enanas marrones, y la NASA espera que encontremos un millar de objetos estelares débiles en un radio de de 25 años-luz de nuestro sistema solar.
Davy Kirkpatrick del Centro de Proceso Infrarrojo de la NASA y del Centro de Análisis de Caltech no encontraron nada cuando buscaron a Némesis utilizando datos de los 2 Micron All Sky Survey (2MASS). Ahora Kirkpatrick es parte del equipo científico de WISE, y está listo para a buscar otra vez cualquier otro un compañero de nuestro sol.

Kirkpatrick no cree que Némesis sea la estrella enana roja con una órbita enorme descrita por Muller. En su opinión, la descripción de Matese de Némesis como un objeto de baja masa cerca de casa es más plausible.

“Creo que la posibilidad de que el Sol pudiera tener un compañero de otro tipo no es una idea loca”, dijo Kirkpatrick. “Puede ser un objeto distante en una órbita más estable, más circular que haya pasado desapercibido hasta ahora.”

Ned Wright, profesor de astronomía y la física de la UCLA e investigador principal de la misión WISE, dijo que WISE podría observar fácilmente un objeto con una masa varias veces la de Júpiter y situado 25.000 UA de distancia, como sugiere Matese.

“Esto se debe a que Júpiter tiene luz propia como una enana marrón”, dijo Wright. “Pero para los planetas con menos masa que Júpiter en el sistema solar exterior, WISE sería menos sensible”.

Sin mebargo, ni Kirkpatrick, ni Wright piensan que Némesis esté perturbando la nube de Oort y ni que envíe cometas hacia la Tierra. Puesto que se imaginan una órbita más benigna, prefieren el nombre de “Tyche” (la buena hermana).

Independientemente de lo que esperen encontrar, la búsqueda de WISE no se centrará en una región concreta del cielo.

“Lo mejor de WISE, como también de de 2MASS, es que es un estudio de todo el cielo”, dijo Kirkpatrick. “Habrá algunas regiones, como el plano de la galaxia donde las observaciones sean menos sensibles o los campos estén más poblados, pero vamos a buscar en también en esas regiones. No existe una zona determinada a la que se dirijan las observaciones.”

Puede que no tengamos una respuesta a la pregunta Némesis hasta mediados de 2013. WISE necesitará explorar el cielo en dos ocasiones con el fin de generar imágenes con un intervalo de tiempo transcurrido entre ambas y de esta forma poder detectar objetos en el sistema solar exterior mediante su movimiento. El cambio en la ubicación de un objeto entre la primera y la seguna observación dará a los astrónomos datos sobre la ubicación del objeto y su órbita.

“No creo que podamos completar la búsqueda de objetos candidatos hasta mediados de 2012, y entonces podríamos necesitar hasta un año de tiempo para terminar el trabajo realizando un seguimiento telescópico de esos objetos”, añadió Kirkpatrick.

Incluso si no se encuentrara Némesis, el telescopio WISE ayudará a arrojar luz sobre los rincones más oscuros del sistema solar. El telescopio se puede utilizar para la búsqueda de planetas enanos como Plutón que orbitan alrededor del Sol fuera de plano de la eclíptica del sistema solar. Los objetos que componen la nube de Oort son demasiado pequeños y distantes para que WISE los vea, pero será capaz de rastrear cometas y asteroides potencialmente peligrosos cerca de la Tierra.

Odisea Cósmica

A LA CAZA DE NÉMESIS (I)

Un objeto oscuro puede estar acechando cerca de nuestro sistema solar empujando de vez en cuando cometas en nuestra dirección.

Apodado “Némesis” o “La Estrella de la Muerte,” este objeto no detectado podría ser una estrella enana roja o marrón, o todavía un objeto aún más oscuro de tan sólo varias veces la masa de Júpiter.

Pero, ¿Por qué los científicos piensan que algo podría estar oculto más allá del borde de nuestro sistema solar? Originalmente, la hipótesis de Némesis se sugirió como una forma de explicar un ciclo de extinciones en masa en la Tierra.

Los paleontólogos David Raup y Jack Sepkoski afirmaron que, durante los últimos 250 millones de años, la vida en la Tierra se ha enfrentado a una extinción en un ciclo de 26 millones de años del ciclo. Los astrónomos proponen a los impactos de cometas como una posible causa de estas catástrofes.

Nuestro sistema solar está rodeado por una vasta colección de cuerpos helados llamada Nube de Oort. Si nuestro Sol formara parte de un sistema binario en el que dos estrellas estuvieran gravitacionalmente vinculadas orbitarían en torno a un centro común de masa, esta interacción podría alterar la Nube de Oort de forma periódica, lanzando cometas a toda velocidad hacia nosotros.
El impacto de un asteroide es famoso por responsable de la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años, pero los cometas pueden ser igualmente letales. Un cometa pudo haber sido la causa del evento de Tunguska en Rusia en 1908. La explosión que se produjo superó en un factor de 1000 la potencia de la bomba atómica arrojada sobre Hiroshima, y arrasó unos 80 millones de árboles en una zona de más de de 2600 kilómetros cuadrados.

Si bien hay pocas dudas sobre el poder destructivo de los impactos cósmicos, no hay pruebas de que los cometas hayan causado periódicas extinciones en masa en nuestro planeta. La teoría de las extinciones periódicas en sí es todavía materia de debate, con muchos insisten en que se necesita más pruebas. Incluso si el consenso científico fuera que los eventos de extinción no se producen en un ciclo predecible, existen otras razones para sospechar de un compañero oscuro del Sol.

La huella de Némesis

Un planeta enano recientemente descubierto, llamado Sedna, tiene una enorme órbita elíptica, alrededor del sol. Sedna es uno de los objetos más distantes observados hasta ahora, con una órbita que oscila entre las 76 y las 975 UA (donde 1 UA es la distancia entre la Tierra y el Sol). Sedna realiza una revolución alrededor del Sol en un tiempo que se estima entre 10.500 hasta 12.000 años. El descubridor de Sedna, Mike Brown, de Caltech, señaló en un artículo de la revista Discover que la ubicación de Sedna no tiene sentido.
“Sedna no debería estar ahí”, dijo Brown. “No hay manera de colocar a Sedna en donde está. Nunca se acerca lo suficiente como para verse afectada por el Sol, pero tampoco se aleja lo suficiente del Sol para verse afectado por otras estrellas.”

Tal vez un objeto invisible masivo sea el responsable de la desconcertante órbita de Sedna, su influencia gravitatoria de mantendría a Sedna fija en esa región tan distante del espacio.

“Mis estudios siempre han buscado los objetos más cercanos y por lo tanto más rápidos,” dijo Brown a Astrobiology Magazine. “Hubiera pasado por alto fácilmente algo tan lejano y lento como Nemesis”.

John Matese, profesor emérito de Física en la Universidad de Luisiana en Lafayette, sospecha que Némesis existe por otra razón. Los cometas en el sistema solar interior parecen que proceden en su mayoría de la misma región de la Nube de Oort, y Matese piensa que la influencia gravitacional de un compañero solar perturba esa parte de la nube, esparciendo los cometas a su paso.

Sus cálculos sugieren Némesis tiene entre 3 a 5 veces la masa de Júpiter, no superando las 13 masas jovianas, límite que algunos científicos consideran debe superarse para poder ser catalogada de enana marrón. Incluso con esta pequeña masa, muchos astrónomos aún lo calificarían como una estrella de baja masa en lugar de un planeta, ya que las circunstancias del nacimiento de las estrellas y de planetas difieren.

La Nube de Oort se cree que se extiende alrededor de 1 año-luz del sol. Matese estima que Némesis se halla a 25,000 UA de distancia (o alrededor de un tercio de un año luz). La estrella más cercana al Sol es la conocida estrella Próxima Centauri, que se encuentra 4,2 años-luz de distancia.

Richard Muller de la Universidad de California en Berkeley sugirió por primera vez la teoría de la Némesis, e incluso escribió un libro de divulgación sobre el tema. Él piensa que Némesis es una estrella enana roja a 1,5 años luz de distancia.

Muchos científicos responden que tal radio orbital, sería inestable y no podría haber durado mucho tiempo. Ciertamente no lo suficiente como para haber causado la extinción observada en el registro de fósiles de la Tierra. Sin embargo, Muller sostiene que esta inestabilidad se ha traducido en una órbita que ha cambiado mucho durante miles de millones de años, y en los próximos millones de años Némesis será eyectada y será libre del sistema solar.

Continuará…

Odisea Cósmica

EL TERROR QUE VIENE DEL CIELO

Una gigantesca explosión atronó el pasado 8 de octubre los cielos de Indonesia. Un enorme estallido dejó su rastro en el cielo ante los ojos de millones de personas, provocando asombro y también temor. ¿Qué había sucedido? ¿Qué fue capaz de producir tamaño fenómeno celeste? El anómalo suceso, recogido por las cámaras de vídeo de las televisiones del país y emitido en sus informativos, tuvo pronto una explicación: una piedra caída del cielo había explotado a unos 20 km de altura. Una piedra no demasiado grande, por lo visto.

Los astrónomos Peter Brown y Elizabeth Silber, de la Universidad Western Ontario de Canadá, después de estudiar las ondas de infrasonidos producidas por la explosión y captadas por una red de detectores repartidos por todo el mundo para medir las explosiones nucleares, calcularon que el estallido había tenido una magnitud de unos 50 kilotones, equivalente a unas tres bombas atómicas como las que destruyeron Hiroshima y Nagasaki. Una gigantesca explosión originada, al parecer, por una relativamente pequeña piedra cósmica de apenas 10 m. Una de las muchas que se cruzan con la órbita de la Tierra y que en su inmensa mayoría están sin detectar ni clasificar.

Los científicos reconocieron que no habían podido ver con anterioridad ese pequeño asteroide, y que otros muchos como él podrían estar aguardando para cruzarse en nuestro camino. Si en lugar de los 10 m que tenía ese cuerpo hubiesen sido 20 o 30 m probablemente se habría desintegrado al entrar en la atmósfera y habría ocasionado una catástrofe de proporciones colosales si hubiese alcanzado alguna zona densamente poblada. Esta ha sido la mayor explosión provocada por un asteroide en la Tierra que ha sido registrada. Un suceso de estas características ocurre, según explican los científicos, con relativa frecuencia, con una periodicidad media de entre 2 y 12 años. Y puede llegar a ser devastador. Sin duda, un peligro al que hay que temer. O, al menos, eso es lo que nos dicen las autoridades.

La explosión de este asteroide se produce, casualmente claro, en el momento en el que el Gobierno de Estados Unidos está debatiendo la forma de hacer frente a estos peligrosos cuerpos planetarios. Una amenaza que viene del espacio y que se podría evitar con un avanzado y sofisticado sistema de detección, una red planetaria de observación capaz de descubrir con la suficiente antelación la presencia de uno de estos asteroides. Un peligro que, tal y como nos recuerdan constantemente, acabó con la vida de los dinosaurios. El riesgo de un devastador impacto meteórico es bien cierto, como atestiguan en nuestro planeta los restos encontrados de cráteres de meteoritos. En la zona del Yucatán se han localizado las señales del impacto de un gran asteroide o cometa, de 10 km de largo, que hasta ahora se creía el responsable de la extinción de los dinosaurios, un mérito que, sin embargo, según los últimos estudios, podría corresponder a otro asteroide que impactó en la zona de la actual India poco después, y que al parecer era mucho mayor: 40 km. Todavía están recientes en la memoria noticias como el impacto en Júpiter de un gran cuerpo, un asteroide o cometa, que fue detectado en primer lugar el pasado mes de julio de 2009 por un astrónomo aficionado. Este observó la inmensa turbulencia que presentaba una región cercana al polo sur del planeta, de unos 5.000 km. O el anuncio del paso cercano del asteroide Apophis, que en 2029 y 2036 transitará muy cerca de la Tierra, con el riesgo de que el acercamiento pueda alterar su órbita y provocar en el futuro una trayectoria de impacto contra nuestro planeta.

En cualquier caso, el mayor peligro de colisión que tiene la Tierra es con alguno de los asteroides cercanos, de los que se conocen en torno a un millar, pero de los que se estima que debe haber decenas de miles, con diámetros comprendidos entre 1 m y 2 km. En 1989 el paso cercano del asteroide Asclepio, de 300 m de diámetro, pudo haber provocado una catástrofe de proporciones nunca antes vistas, pues cruzó la órbita terrestre por un lugar por el que había pasado la Tierra solo seis horas antes. Un poco de mala suerte habría servido en directo una catástrofe global sobre el planeta. El riesgo de impacto de uno de estos cuerpos planetarios existe, pero, desde luego, no parece ser tan inmediato, o inquietante, como nos quieren hacer ver los promotores de los diversos programas de detección de asteroides cercanos, coordinados con el sugerente nombre de Guardia Espacial. Se estima que el impacto contra un asteroide de unos 5 km de diámetro ocurre de media una vez cada 10 millones de años, aumentando la frecuencia a medida que disminuye el tamaño del asteroide o cometa.

La amenaza también puede proceder de otros fenómenos naturales, como la explosión de un supervolcán. El gigantesco volcán de Yellowstone, en Estados Unidos, o el de Coba, en Indonesia, podrían provocar una catástrofe planetaria si entran de nuevo en erupción, cambiando el clima del planeta al dar lugar a un período de enfriamiento causado por las cenizas lanzadas a la atmósfera. Otro volcán que puede suponer una gran amenaza es el de la isla de la Palma. El riesgo de que una erupción provoque el deslizamiento hacia el mar de media isla, que está en equilibrio precario, mantiene alerta a millones de personas en Europa, África y América, que podrían sucumbir bajo las olas del tsunami que generaría el gigantesco deslizamiento de tierras.

MIGUEL SEGUÍ

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NO HABRÍA RESPUESTA EFICAZ ANTE EL IMPACTO DE UN ASTEROIDE, SEGÚN UN INFORME DE EEUU

El informe definitivo del comité oficial creado en Estados Unidos para determinar el alcance real de amenaza que representan los objetos con riesgo de aproximación e impacto sobre la Tierra, reconoce que si bien existen diversas fórmulas para hacer frente a un evento de este tipo, ninguno podría ser puesto en práctica con la rapidez suficiente en el caso de un impacto inmediato.

   El National Research Council (NSC) recibió en 2008 el encargo del Congreso de Estados Unidos de elevarle recomendaciones para cumplir el mandato recibido en 2005 por la NASA de identificar todo objeto próximo a la Tierra de al menos 140 metros de diámetro antes de 2020. El año pasado, un primer borrador del informe ya advirtió de que los 4 millones de dólares presupuestados para este fin son claramente insuficientes.

   En su informe final, conocido este viernes, el comité propone utilizar un sistema de vigilancia que combine telescopios espaciales y terrestres. De forma expresa se pide asegurar el mantenimiento de operaciones del radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico. También recomienda monitorizar objetos espaciales más pequeños, a partir de 30 metros de diámetro, que pueden ser altamente destructivos, según se ha revelado recientemente. También se insta al seguimiento continuo del cielo y se recomienda que Estados Unidos lidere una entidad internacional que desarrolle un plan detallado para el desarrollo de respuestas a los peligros que representan estos objetos.

   El informe también examina los diferentes métodos de defensa contra los asteroides y objetos similares, y se reconoce que todos ellos son “nuevos e inmaduros”, y que no existe una aproximación sencilla para dar respuesta a todo el rango de amenazas de los objetos cercanos a la Tierra. “Con suficiente margen de tiempo, hasta cuatro tipos de respuesta pueden resultar adecuadas para hacer frente a la amenaza de estos objetos, excepto de los más grandes”, afirma.

   Asi, refiere acciones de defensa civil (evacuación, refugio, infraestructuira de emergencia) que puede minimizar el número de víctimas en eventos de objetos de pequeño tamaño. También cita la posibilidad de enviar una nave que ejerza una fuerza que logre cambiar lentamente la órbita de colisión, que sólo sería eficaz con objetos de hasta 100 metros de diámetro, o incluso algunos cientos de metros, si bien esto sólo sería posible si la amenaza se detecta con décadas de anticipación. En tercer lugar, se refieren los métodos kinéticos, de desviación de órbita mediante una nave que se pose en el interior del objeto, alternativa que también requiere años de adelanto pero que valdría para objetos de incluso un kilómetro de diámetro. Como última posibilidad, se apunta a explosiones nucleares como única respuesta posible a objetos de más de un kilómetro o para los más pequeños si el resto de respuestas falla.

   “Aunque todos esos métodos son conceptualmente válidos –concluye el informe– ninguno está disponible en la actualidad como para ser aplicado en caso de amenaza inminente. La defensa civil y los impactadores kinéticos son posiblemente los más asequibles, pero incluso éstos requieren estudios adicionales antes de que se pueda confiar en ellos”.

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