GRAHAM HANCOCK Y EL ANTIGUO CATACLISMO GLOBAL

Graham Hancock
Graham Hancock

Desde sus inicios como investigador de la llamada historia alternativa, el escocés Graham Hancock ha insistido repetidamente en un tema principal: la existencia de una gran civilización desaparecida mucho antes de la llegada de los “tiempos históricos”. Para Hancock nunca ha cabido duda de que tal civilización habría dejado un rastro o legado que fue retomado al menos parcialmente por las primeras civilizaciones conocidas. Esta visión ya era compartida por otros autores, pero el mérito de Hancock no sólo ha sido mostrarnos esas “huellas de los dioses” (Fingerprints of the Gods, el título de su primer best-seller en 1995, obra de culto del género) sino que también ha buscado con ahínco el evento o causa que –de forma dramática y relativamente súbita– puso fin a ese mundo de alta sabiduría y mayor espiritualidad, lo que en muchas tradiciones se ha conocido como la “Edad de Oro”. En  Fingerprints ya lanzó la hipótesis de un evento cósmico catastrófico, pero ha sido en su más reciente obra, Magicians of the Gods (2015), en la que Hancock ha podido aportar un sólido cuerpo de pruebas que explican el desastre a partir del impacto de un cometa contra nuestro planeta a finales de la última Edad del Hielo.

Así pues, Graham Hancock nos habla ahora de un gran cataclismo global que vino de las estrellas y que destruyó toda una civilización, forzándola a renacer de sus cenizas a través de sus pocos supervivientes (los “magos de los dioses”), a lo largo de varios milenios. Dado el interés de esta propuesta en el marco de la arqueología alternativa, he traducido la siguiente entrevista concedida por Hancock a David Thrussell, de la revista New Dawn, en la cual explica sus razones y expone su pensamiento, apuntando a lo que sucedió hace 12.000 años bien podría suceder en nuestra moderna era, acabando con la civilización actual, lo que de algún modo podríamos relacionar con las visiones catastrofistas del cosmos y la naturaleza[1].

Entrevista a Graham Hancock

David Thrussell: Desde la distancia parece, Graham, que usted ha tenido lo que podría describirse como una vida ideal, viajando por lugares exóticos e interesantes, y explorando las fronteras de la historia y el conocimiento. ¿Hay contratiempos, desilusiones o frustraciones en su trabajo?

Graham Hancock: Me siento feliz de haber tenido en esta vida la oportunidad de explorar y pasar cierto tiempo en tantos increíbles, misteriosos y profundamente conmovedores enclaves antiguos, en todo el mundo. Ha sido un gran privilegio tener la oportunidad de hacer esto, y no tengo ninguna queja. Estoy agradecido por mi vida. Tengo mucha libertad y de hecho he trabajado fuera de casa desde los 29 años, que es cuando decidí que no podía trabajar ya en una gran organización, y me independicé. Durante mucho tiempo estuve completamente sin blanca. Finalmente empecé a ganarme la vida. Pero no tengo ninguna queja. Creo que he sido muy afortunado y estoy agradecido por la vida que he tenido la oportunidad de llevar.

DT: ¿Cuánto tiempo ha estado trabajando en su nuevo libro [Magicians of the Gods]?

GH: Bueno, en cierto sentido, 25 años. Como proyecto específico, tres años y medio; pero este libro se basa en mis intereses e investigaciones en este campo, que se remontan a finales de la década de los 80.

DT: Ahora, si tuviese que adelantarnos una sola prueba, la más convincente, que apoye su teoría, ¿cuál sería y por qué?
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GH: Bueno, es más complicado que eso. Este no es un problema que pueda resolverse con una bala mágica; es un problema que requiere la coordinación de pruebas de muchas fuentes diferentes. Le ofrecería tres pruebas que en cierto sentido están entrelazadas, y una de ellas, realmente importante, es algo que tenemos ahora, pero que no tenía cuando escribí Las huellas de los dioses en 1995. Es efectivamente una pistola humeante[2], a nivel mundial: la prueba científica de un cataclismo global hace entre 13.000 y 12.000 años. Esa fue esencialmente la hipótesis que presenté en Las huellas de los dioses: que se había producido un cataclismo global hace entre 13.000 y 12.000 años, el cual había aniquilado una civilización avanzada, y luego especulaba sobre las muchas posibles causas de ese cataclismo, principalmente el cambio de los polos y el desplazamiento de la corteza terrestre.

Lo que ha sucedido desde 1995, y en particular desde 2007, es que un grupo de científicos han presentado ante la comunidad científica –muy poco de esto todavía se ha filtrado a la opinión pública– la evidencia absolutamente convincente de que la Tierra sufrió una serie de impactos a partir de fragmentos de un cometa gigante, y estos impactos ocurrieron hace 12.800 años, cuando varios fragmentos golpearon la capa de hielo de América del Norte, causando inundaciones globales y un radical cambio climático. Esto sucedió de nuevo hace 11.600 años, cuando más fragmentos del mismo cometa salieron de su órbita e impactaron en un océano –casi con toda seguridad el Pacífico– levantando una enorme columna de vapor de agua en la atmósfera superior y causando un calentamiento global muy repentino. Así pues, el intervalo entre esos dos períodos, los 1.200 años entre hace 12.800 años y 11.600 años, es un episodio de cataclismo global casi sin precedentes, junto con la extinción masiva de especies animales, los grandes mamíferos: el mamut, el rinoceronte lanudo, etc. Y este es el evento que yo creo que nos hizo perder toda una civilización de la prehistoria que previamente no constaba en los registros arqueológicos.

Vista de un recinto de Göbekli Tepe
Vista de un recinto de Göbekli Tepe

Ahora, vamos a coordinar esto con los últimos descubrimientos de la arqueología. Recuerde que una de las dos fechas de ese cataclismo fue hace 11.600 años. Este fue un evento sostenido que implicó dos bombardeos separados de fragmentos de un cometa. En ambas ocasiones se dio un aumento masivo del nivel del mar y se desató un cataclismo global. La primera ocasión (hace 12.800 años) y la segunda ocasión (hace 11.600 años), también fueron acompañadas por una inundación global y un aumento masivo del nivel del mar. Por lo tanto es llamativo que el yacimiento arqueológico del sureste de Turquía conocido como Göbekli Tepe –que significa “colina panzuda” en idioma turco– fuera creado hace 11.600 años por personas que ya sabían cómo trabajar con megalitos gigantes. Göbekli Tepe es una anomalía, porque es 7.000 años más antiguo que otros yacimientos megalíticos de todo el mundo, y sin embargo demuestra técnicas avanzadas de trabajo y corte de la piedra, organización del trabajo, planificación, diseño del lugar y alineamientos estelares. Este no es el trabajo de un grupo de cazadores-recolectores que se despertó una mañana y se sintió repentinamente inspirado para crear la primera arquitectura megalítica del mundo. En mi opinión, lo que estamos viendo es una transferencia de tecnología, el conocimiento aportado por los supervivientes de la civilización perdida, que incluía el conocimiento de cómo crear estructuras megalíticas a gran escala, y exactamente en el mismo momento hace 11.600 años tenemos esta aparición repentina e inexplicable de un sofisticado yacimiento megalítico en el sureste de Turquía.

También tenemos la difusión y penetración de la agricultura exactamente en la misma región, mientras que anteriormente los habitantes habían sido completamente cazadores-recolectores. Lo vuelvo a decir, lo que estamos viendo es una transferencia de tecnología, la huella de los supervivientes de una civilización que se perdió en los eventos catastróficos ocurridos hace entre 12.800 y 11.600 años.

Y menciono un tercer punto, el mito secular de la Atlántida, que en realidad no es tan viejo porque la versión que ha llegado hasta nosotros –la única versión que ha llegado hasta nosotros– está en las obras del filósofo griego Platón. Platón dijo que llegó a la historia del sumergimiento y destrucción de la civilización avanzada de la Atlántida a través de su antepasado Solón, el legislador griego que visitó Egipto en el año 600 a. C., al cual los sacerdotes egipcios explicaron la historia de la Atlántida. Y ellos le dijeron que la Atlántida había sido destruida y sumergida, habiendo incurrido en la ira de los dioses, 9.000 años antes de la época de Solón. Sabemos que Solón estuvo en Egipto alrededor del 600 a. C.; por lo tanto, están hablando del 9.600 a. C. en nuestro calendario, o sea hace 11.600 años, que es la fecha precisa de la aparición de estas técnicas hasta ahora ignoradas de arquitectura megalítica y de agricultura en la región del sureste de Turquía.

DT: El cataclismo de que está hablando lo hemos tenido realmente delante de la cara, ¿no es así?

GH: Lo hemos tenido ahí en la cara, pero no culpo a los historiadores y arqueólogos por no haberse familiarizado con él antes, dado que los principales científicos en este campo han estado recopilando y presentando pruebas de lo que ahora se conoce como el cometa del Dryas Reciente sólo durante los últimos siete u ocho años. Es un descubrimiento muy reciente y la razón por la que es un descubrimiento reciente es que los principales efectos de este cometa de hace 12.800 años estaban situados en la capa de hielo de América del Norte. Esto era todavía la Edad de Hielo. América del Norte, hasta tan al sur como Nueva York, estaba cubierta de hielo –una capa de 3,2 kilómetros de espesor– y al menos cuatro fragmentos del cometa golpearon la capa de hielo. Sin embargo, no dejaron cráteres prominentes en el suelo porque los cráteres estaban en el mismo hielo y el gran calor y energía cinética del cometa fundieron ese hielo, por lo que los cráteres fueron transitorios y lo que tenemos es el efecto del choque en el suelo subyacente. Recientemente, se ha encontrado una serie de cráteres: el tipo de cráteres que quedaría cuando un objeto golpease una capa de hielo de 3,2 kilómetros de espesor y transfiriese su impacto a la roca subyacente.

Mucho más importante es el conjunto de pruebas aportado por el equipo científico del Dryas Reciente (más de 30 científicos están trabajando en el cometa del Dryas Reciente). Esas pruebas se basan en lo que llamo “indicadores de impacto”. Cuando tienes un objeto que llega a 96 ó 112 mil kilómetros por hora, y ese objeto mide uno o dos kilómetros de diámetro, tiene una cantidad increíble de energía cinética, y así estamos buscando un poder explosivo comparable a todo el arsenal nuclear del planeta Tierra, tomado de una vez y en uno solo de estos objetos. Y hay ciertos resultados muy reconocibles de esto. Uno de ellos es el vidrio fundido. Tienes un calor liberado por encima del punto de ebullición del cuarzo, temperaturas por encima de los 2.200 grados centígrados. Esto produce un vidrio fundido que es indistinguible de la masa fundida de vidrio que encontramos como subproducto de las explosiones nucleares. También obtenemos micro-esférulas de carbono y unos nano-diamantes muy distintivos que son causados por el choque y el calor. Estos nano-diamantes sólo son visibles bajo el microscopio, y se combinan con el vidrio en fusión, las micro-esférulas de carbón y otras pruebas en todo el mundo. Son pruebas convincentes de un gigantesco impacto cósmico hace 12.800 años.

Y, por cierto, este es exactamente el tipo de prueba que se presentó al principio para demostrar el asteroide que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años. Hay sólo dos ocasiones en la historia de la Tierra, en los últimos 100 millones de años, en los que tenemos precisamente los mismos indicadores de impacto repartidos por todo el mundo. Uno de ellos es el llamado evento KT, hace 65 millones de años, que acabó con los dinosaurios. Y el otro es el evento a nivel de extinción hasta el presente no reconocido –pero ahora muy obvio– que ocurrió hace 12.800 años, y que fue causado por el cometa del Dryas Reciente. Digo Dryas Reciente, ya que es el nombre geológico dado para el período comprendido entre hace 12.800 años y hace 11.600 años, cuando el clima de la Tierra cayó en una hasta ahora inexplicable y repentina congelación. Ahora sabemos la causa de esto: fue nuestra interacción con los fragmentos de un cometa gigante, y los efectos resultaron verdaderamente catastróficos.

DT: ¿Es razonable sugerir que la corriente principal del estamento académico, los medios de comunicación y la ciencia están casados con una visión particular de la historia?

Megalitismo en el neolítico (Malta)
Megalitismo en el neolítico (Malta)

GH: Sí. Es razonable sugerirlo, y no es de extrañar tampoco. Siempre se trata de la manera –en cualquier área de estudio, cualquier disciplina, tanto si es geología como si es arqueología para el caso– en que se construye un cuerpo de conocimiento. Los respetados veteranos han contribuido al conjunto de conocimientos, y la nueva generación, obviamente, respeta el trabajo de sus mayores. Y así lo que se crea gradualmente es un marco de referencia, una imagen de cómo debería ser esa área de estudio. En el caso de la arqueología, la imagen que se ha construido a lo largo de los últimos cien años de trabajo es el de una lenta evolución de la civilización: nuestros antepasados eran cazadores-recolectores y hasta hace nada más que quizás 8 ó 9 mil años. Entonces empezamos a ver un movimiento gradual hacia una solución más permanente y hace unos 5.000 años tenemos las primeras grandes ciudades y la primera gran arquitectura megalítica. Esta es la imagen de la civilización que nos enseñaron los historiadores académicos y los arqueólogos convencionales. Se enseña en las escuelas, y se transmite ampliamente a través de los medios de comunicación, pero no es un hecho, es un marco de referencia; un marco de referencia construido tras cien años de estudio arqueológico.

Y este es, en mi opinión, el problema de la arqueología y de otras disciplinas científicas que quedan atrapadas en un marco de referencia particular. Cuando surgen nuevos hechos que no encajan en el marco de referencia, les resulta difícil adaptarse a ellos, y el primer paso es intentar desacreditarlos. Cuando se acumulan más y más pruebas que el paradigma existente no puede explicar, el paradigma acaba por ser derrocado. Una gran cantidad de gente buena que han hecho un muy buen trabajo, que están convencidos de que tienen razón, que respetan el trabajo de sus mayores, y que no quieren remover las aguas: creo que ese es el problema central. Siempre ocurre en la ciencia. Ninguna idea cambia repentinamente de la noche a la mañana sin la presencia de nuevas pruebas abrumadoras que el paradigma anterior no puede explicar. Eso es lo que estamos encontrando ahora en el campo de la historia y la arqueología: más y más pruebas nuevas que simplemente no pueden explicarse en el actual marco de referencia de la historia.

DT: Póngase a especular: Si la teoría que está proponiendo es de hecho correcta, ¿Cómo se vería la prehistoria? ¿Cómo se vería la historia de la Tierra antes de que ese cometa golpeara el planeta?

GH: Un mundo mucho más complejo que el que nos han mostrado los historiadores y arqueólogos académicos. No es un mundo poblado enteramente por los cazadores-recolectores, como sugieren, sino un mundo en el que coexistían cazadores-recolectores y una civilización más avanzada. Esto, en cierto modo, no es extraño. Si se piensa en ello, hoy en día somos una civilización tecnológica muy avanzada (la tecnología occidental, el complejo tecnológico-industrial que se ha extendido por todo el mundo), pero no estamos solos. Compartimos el mundo con pueblos cazadores-recolectores: cazadores-recolectores en el desierto de Kalahari, por ejemplo, y también en África del Sur, así como los cazadores-recolectores en la cuenca del Amazonas. Incluso hay tribus en la cuenca del Amazonas con las que nunca se ha contactado, y que ni siquiera saben que existimos; ninguna cultura tecnológica avanzada ha incidido todavía en su visión del mundo. Así, esta co-existencia de la tecnología avanzada con los cazadores-recolectores que vemos hoy en día, yo la proyectaría en el pasado, y diría que hace más de 13.000 años, durante la Edad del Hielo, había en este planeta una civilización mucho más avanzada de lo que historiadores y arqueólogos quieren reconocer. Existe un recuerdo de esta civilización en el mito y la tradición de todo el mundo, y cada vez tiene más apoyos por los recientes descubrimientos arqueológicos tan sorprendentes como Göbekli Tepe.

DT: Ha mencionado dos obvios eventos catastróficos, la extinción de los dinosaurios y los eventos del Dryas Reciente. ¿Es posible que haya habido otros eventos catastróficos de los que no tenemos la menor idea?

GH: Ciertamente, ha habido otros eventos catastróficos, y tenemos indicios de ellos. La única pregunta es si afectaron a la especie humana, y esto se convierte en una cuestión para posteriores investigaciones. Sostengo, por el momento, la idea de que los humanos anatómicamente modernos –las personas que se parecen a usted y a mí– sólo han existido en la Tierra durante unos 200.000 años. Es muy posible que nuevos descubrimientos aporten pruebas de humanos anatómicamente modernos anteriores; no lo descarto. Pero por el momento la evidencia apunta a la aparición de nuestra línea anatómicamente moderna hace unos 200.000 años. Tenemos, por ejemplo, un esqueleto de Etiopía,  de un antigüedad de 196.000 años, que es indistinguible de un ser humano anatómicamente moderno. Así que para estos cataclismos impliquen a la humanidad e impacten en la historia humana, tienen que haber ocurrido en un marco temporal humano. Es por esto que el evento Dryas Reciente es tan interesante porque no sólo se sitúa en un marco temporal humano; de hecho está justo en el límite, en la frontera de un período en el cual –según los historiadores y arqueólogos– arrancó la civilización. Sin embargo, todavía no han tenido en cuenta este cataclismo a nivel de extinción, justo en el patio trasero de la historia, y yo diría que hasta que no lo tengan en cuenta, todas sus nociones acerca de los orígenes de la civilización estarán en el aire.

Ha habido otros cataclismos globales a un nivel de extinción que se remontan a cientos de millones, incluso a miles de millones de años en el pasado. Estas cosas pasan de vez en cuando y cada vez que se producen reajustan el reloj de este planeta, y la vida cambia debido a estos acontecimientos dramáticos y radicales. Yo creo que ha sido sólo el más reciente, el que ocurrió hace 12.800 años, el que afectó directamente a la historia humana, si bien los historiadores y arqueólogos aún no lo han tenido en cuenta en la construcción de modelos de nuestro pasado.

DT: ¿Es posible que la ciencia convencional, los medios de comunicación, o incluso la población general, en cierto sentido, no quieran saber nada acerca de nuestra propia historia como especie?
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GH: Parece que existe un tipo de directiva, que opera a nivel gubernamental, de no exponer las cosas demasiado alarmantes. En particular se refiere a las cuestiones que implican cataclismos globales. Cualquiera que haya trabajado en el campo de la geología sabrá que proponer un agente catastrófico comporta furiosas críticas. Hubo un gran geólogo llamado Harlan J. Bretz –sobre cuyo trabajo escribo en Magicians of the Gods– que proporcionó la primera evidencia de una inundación catastrófica en América del Norte, en particular en el noroeste del Pacífico, en los terrenos pelados erosionados, un área que he investigado intensivamente para Magicians of the Gods. J. Harlan Bretz estaba en lo cierto al 100%, pero su propuesta tardó desde los años 20 hasta casi los 70 en ser aceptada como correcta. Y antes de ello, se le había sometido a las injurias más graves y desagradables, que un hombre más débil no hubiera podido soportar. Al final, resultó que Bretz tenía razón y vivió hasta la edad de 99 años. Y cuando se le concedió el honor más alto para un geólogo en los Estados Unidos, dijo: “Lo único que lamento es que todos mis enemigos han muerto, y no tengo nadie ante quien regodearme”.

DT: Si existiera un esfuerzo activo para olvidar u oscurecer la historia, ¿por qué sería?
GH: No estoy seguro. No quiero ir en la dirección de una conspiración. Creo que es sólo la forma en que trabaja la mente de las personas. Nos resulta difícil concebir ciertas cosas, o aplicarlas a nosotros mismos. Es posible que haya una conspiración; he contemplado mínimamente esta posibilidad en el libro. No me gustan las teorías de la conspiración, es un área de investigación en que los hechos se minimizan y la especulación se agranda y se extiende. Cuando miro al modo en que las ideas de los catastrofistas han sido sistemáticamente negadas, a veces durante décadas hasta que se demostraron correctas… sucedió lo mismo, por cierto, con el impacto que eliminó a los dinosaurios. Inicialmente no había científicos que creyeran en ello. Luis y Walter Álvarez, que originalmente propusieron la idea de un impacto cósmico hace 65 millones de años, fueron objeto de insultos y persecución, y también ellos fueron finalmente reivindicados.

DT: ¿Tiene conocimiento de la obra de Steven y Evan Strong en Australia?

GH: Conozco a Steven y Evan Strong. Ellos tuvieron la amabilidad de mostrarme una serie de lugares interesantes en Australia el año pasado. Tengo mucho respeto por su trabajo de campo y he abierto mis ojos a los misterios en Australia, que tengo la intención de ver en el futuro. Australia no ha sido un gran foco de mi trabajo hasta ahora.

DT: ¿Alguna vez sufre de “fatiga de Apocalipsis”? Parece que es un elemento básico de la actividad humana pensar que hay un cataclismo a la vuelta de la esquina.

GH: No, no sufro de “fatiga de Apocalipsis”, y tampoco voy por ahí pensando que el fin del mundo está cerca. Yo creo que deberíamos prestar mucha más atención a nuestro entorno cósmico. Por el momento la raza humana tiene sus prioridades desquiciadas. Somos capaces de gastar miles de millones de dólares al año en armas de destrucción masiva, listos para fulminar el uno al otro y destruir este hermoso y valioso hábitat, la Tierra, que nos ha dado el universo. La humanidad muestra en este momento todos los signos de ser una especie enloquecida e inconsciente, totalmente dedicada a la producción y el consumo de bienes materiales, y está poco interesada en los asuntos del espíritu y negligente con respecto a este hermoso jardín en el que nos encontramos.

Si vamos a asumir la responsabilidad de la vida humana en serio, deberíamos inspeccionar de cerca y detalladamente  nuestro entorno cósmico inmediato. En el libro he llamado la atención sobre el hecho de que la corriente de restos del cometa gigante que causó el cataclismo hace 12.800 a 11.600 años todavía está en órbita. Esta corriente de meteoros se llama las Táuridas, y pasamos por ella dos veces al año. Si fuéramos inteligentes pondríamos una gran atención en los objetos que orbitan en la corriente de meteoros de las Táuridas. Y si, como parece probable, algunos de ellos amenazan la Tierra en el futuro, tenemos la tecnología y la capacidad de evitar dicho peligro[3]. Sólo estoy interesado en el tema de los futuros cataclismos en la medida en que podamos evitarlos, y el conocimiento previo de ellos ayudaría a evitarlos, y yo creo que este es el caso de la amenaza cósmica. Existe una amenaza, existe un peligro en curso. La mayoría de los astrónomos responsables y serios estarían absolutamente de acuerdo con eso.
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Marcamos el Día Mundial del asteroide el 30 de junio, que es un intento de llamar la atención sobre los peligros de nuestro entorno cósmico inmediato, y para hacer algo al respecto. Probablemente somos la primera civilización en la historia de la Tierra que tiene la capacidad de intervenir en nuestro entorno cósmico y evitar o desviar objetos que puedan poner en peligro la vida. Creo que lo estaríamos haciendo mucho mejor si empleásemos nuestros recursos de manera más responsable –una gran parte del dinero que gastamos en actividades militares inútiles en este momento– y los canalizásemos a un proyecto de vigilancia espacial que garantizara que la Tierra nunca vuelva a sufrir el tipo de desastres que sufrió hace entre 12.800 y 11.600 años. Vamos por el camino de la insensatez y la locura con nuestro gasto militar. Con todo el miedo, el odio y la sospecha que circula en el mundo en este momento, tenemos que reconocer que todos somos hermanos y hermanas, somos una sola familia humana, y tal vez la posibilidad de hacer frente a una amenaza común compartida sería precisamente lo que nos uniría.

DT: Es irónico, ¿no? Puede que un arma de destrucción masiva esté planeando sobre nosotros ahora mismo.

GH: Sí, exactamente. Esto es posible. Varios astrónomos (incluyendo a Bill Napier) y el matemático Emilio Spedicato de la Universidad de Bérgamo, están profundamente preocupados por la corriente de meteoros de las Táuridas. Ellos creen que tiene una serie de objetos muy grandes, incluyendo uno que puede tener 30 kilometros de ancho, y la Tierra cruza esta corriente dos veces al año. Algunos cálculos indican que podemos estar cruzando una parte particularmente densa y peligrosa de esta corriente en los próximos 30 años, más o menos. En realidad, nada podría ser más urgente. Tenemos que prestar atención a este problema. Necesitamos identificar los objetos que pongan en peligro la Tierra, y tenemos que desplazarlos. Todo se puede hacer, sólo se necesita voluntad. Ya tenemos la tecnología. Pero mientras vamos por ahí temiendo, odiando y sospechando unos de otros, nuestro ojo no está en la diana. Nuestros ojos están en el lugar totalmente equivocado.

DT: No podría estar más de acuerdo con usted.

Fuente original: revista New Dawn n.º 153 (Nov.- Dic. 2015)

Publicado por XAVIER BARTLETT en La Otra Cara del Pasado

[1] De todos modos es oportuno puntualizar que Hancock, tal como corroboré en la entrevista que mantuve con él en 2013, nunca se ha adherido a la corriente catastrofista “a la Velikovsky” y tampoco ha querido dar un tono apocalíptico o siniestro al tema de un posible cataclismo cósmico al estilo “2012”.
[2] Típica expresión anglosajona que indica el origen o causa evidente de un efecto observado: el humo delata que la pistola ha sido utilizada.
[3] De hecho, en otra entrevista, Hancock menciona que el catastrófico evento que tuvo lugar en Tunguska (Siberia) en 1908 fue probablemente fruto del impacto de un fragmento de las Táuridas que cayó sobre nuestro planeta (por fortuna en una región apenas habitada), justo en uno de los dos periodos anuales de cruce de la Tierra con esta corriente de meteoritos.

LA ATLÁNTIDA EN DOÑANA

La Atlántida estaba en Doñana y la destruyó un tsunami

Un equipo de investigación internacional liderado por un científico estadounidense puede haber dado finalmente con la localización de la ciudad perdida de Atlántida. La legendaria civilización fue destruida por un tsunami hace miles de años y quedó cibierta por bancos de lodo en el sur de España.

   “Este es el poder de los tsunamis”, dijo a Reuters el jefe investigador Richard Freund. “Es tan difícil comprender que puedan llegar más de 90 kilómetros tierra adentro, y eso es más o menos lo que estamos hablando”, dijo Freund, de la Universidad de Hartford, Connecticut, que lideró un equipo internacional de búsqueda para dar con la ubicación real de la Atlántida.

   Para resolver el antiguo misterio, el equipo utilizó una foto de satélite de una supuesta ciudad sumergida para encontrar el sitio justo al norte de Cádiz. Allí, enterrada en las marismas del Parque de Doñana, creen que se asentaba la antigua ciudad de Atlántida, compuesta por varios anillos.

   A lo largo de los años 2009 y 2010, el equipo de arqueólogos y geólogos utilizó una combinación de radar de profundidad de suelo, cartografía digital, y tecnología submarina para inspeccionar el sitio.

   El descubrimiento de Freund en el interior de España de una extraña serie de “ciudades monumento”, construidas a imagen de la Atlántida por refugiados después de la probable destrucción de la ciudad por un tsunami, dio a los investigadores una evidencia añadida, dijo. Los residentes de la Atlántida que no perecieron en el tsunami huyeron tierra adentro y se construyeron nuevas ciudades, añadió.

   Los hallazgos del equipo fueron difundidos este domingo en el documental “Búsqueda de la Atlántida”, un especial de la cadena National Geographic.

   Si bien es difícil saber con certeza que el emplazamiento de la Atlántida estaba en España, Freund dijo que el “giro” de su trabajo consistió en encontrar ruinas de ciudades parecidas a la que quedó enterrada en las marismas en la costa sur de España. “Encontramos algo que nadie más ha visto antes, lo que le da credibilidad, sobre todo para la arqueología”, dijo Freund.

   El filósofo griego Platón dató la Atlántida hace unos 2.600 años, y la describió como “una isla situada frente al estrecho que se conocía como las Columnas de Hércules”, actualmente el estrecho de Gibraltar. Utilizando la referencia detallada de Platón de la Atlántida como un mapa, las búsquedas se han centrado en el Mediterráneo y el Atlántico como los mejores sitios posibles para la ciudad.

   Los tsunamis en la región se han documentado desde hace siglos, dice Freund. Uno de los más grandes fue una gran ola de 10 pisos que se estrelló contra Lisboa en noviembre de 1755.

   El debate acerca de si la Atlántida existió realmente ha durado miles de años. Los ‘Diálogos’ de Platón alrededor de 360 antes de Cristo son la única fuente histórica conocida de información acerca de la emblemática ciudad. Platón dijo que la isla que llamó la Atlántida “en un solo día y de noche … desapareció en las profundidades del mar.”

   Expertos planean nuevas excavaciones en el sitio donde creeen que se encuentra la Atlántida y en la misteriosas “ciudades” a unos 250 kilómetros en el interior de España para estudiar más de cerca las formaciones geológicas y para fechar los restos.

EuropaPress

EL MISTERIO DE LOS MUROS DE BIMINI

El médium estadounidense Edgar Cayce (1877-1945) había predicho en 1900 que en 1968 o 1969, alrededor de las islas Bimini (Bahamas), se encontrarían vestigios de la antigua Atlántida.
En efecto, en 1969, dos escritores estadounidenses, Robert Ferro y Michael Grumley, quienes ya habían estado interesados desde hacía tiempo en los fenómenos paranormales, iniciaron la exploración subacuática de los lechos marinos situados casi a una milla de la costa occidental de North Bimini.
Su guía les había informado que en la zona se habían avistado extrañas rocas sumergidas alineadas, como si fueran una especie de muro o incluso como si hicieran parte de una arcaica calle.
Luego de varias inmersiones, Ferro y Grumley dijeron haber encontrado, de 5 a 10 metros de profundidad, una serie de rocas rectangulares alineadas, de hasta 6 metros de longitud y 3 metros de anchura.
Los dos exploradores subacuáticos comunicaron, además, que toda la formación tenía unos 200 metros de extensión.
Ferro y Grumley escribieron un libro cuyo título es Atlántida: autobiografía de un descubrimiento, en el cual relataron su aventura.
Según ellos, los muros de Bimini hacían parte de las ruinas de la ciudadela de Atlántida, y fueron construidos por una civilización marítima que se desarrolló hace alrededor de 15.000 años.
En el libro están incluidas también algunas fotografías del conde Pino Turolla de Miami, un explorador subacuático.
Sin embargo, lo que no se especificó en el libro fue el método de datación utilizado por los tres exploradores. Además, parece que no se hallaron evidencias arqueológicas en las proximidades de los muros de Bimini, como por ejemplo cerámica o restos de carbón fósil (como, en cambio, sí se encontró en los lechos marinos de Khambat).
En una de sus inmersiones, Turolla descubrió otros fragmentos de muros en los lechos marinos ubicados en la punta extrema de la isla de North Bimini, y esto lo hizo llegar a la conclusión de que probablemente, en la antigüedad, el muro que hoy se encuentra sumergido rodeaba toda la isla.
El escritor Charles Berlitz (1914-2003), narró el descubrimiento de los muros de Bimini en su libro Misteries from forgotten worlds (1972), pero atribuyó el hallazgo a los arqueólogos Manson Valentine y Dimitri Rebikoff, y al buzo y campeón de apnea Jacques Mayol, en septiembre de 1968.
Según Berlitz, el descubrimiento inicial se dio pocos meses antes, cuando dos pilotos sobrevolaron las Bahama Banks y se dieron cuenta desde lo alto de aquellas extrañas formaciones. Berlitz afirmó también que el primer avistamiento subacuático ocurrió en Pine Key, alrededor de la isla de Andros. De otra parte, este escritor fue el primero en sostener que había una extraña semejanza entre los bloques de Bimini y los ciclópeos muros de Sacsayhuamán, situados a 3555 metros sobre el nivel del mar, en Cusco, Perú.
Estudios sucesivos comprobaron que, en realidad, hay dos muros principales, que convergen pero que no se unen. Tienen unos 800 metros de longitud y están formados por bloques de piedra rectangulares que tienen una dimensión, en promedio, de 3×2 metros. Los bloques son rocas sedimentarias calcáreas.
En 1978, el departamento de Geología de la Universidad de Miami procedió a datar con el método del carbono 14 algunos elementos orgánicos presentes en los bloques de Bimini, como restos de moluscos en conchas, llegando a la conclusión de que tienen 3500 años de antigüedad, remontándose, por tanto, al 1500 antes de Cristo. No obstante, este método de datación no ayudó a dilucidar si los bloques de Bimini son formaciones naturales o verdaderos muros construidos por el hombre en el pasado.
Los dos investigadores John Gifford y Mahlon Ball, cuyos análisis aparecieron en el National Geographic Society Research Report, efectuaron una datación mucho más compleja de un bloque de biopelsparite utilizando el método del uranio-torio, según el cual es posible datar minúsculos fósiles que se hayan formado en la roca. Esta datación ofreció un resultado muy distinto: los fósiles microscópicos que se formaron en las rocas tendrían una antigüedad de 15.000 años, o bien, se remontarían al 13.000 antes de Cristo. De eso se deduce que los muros de Bimini se sumergieron justo 13.000 años antes de Cristo, probablemente luego del cataclismo mundial llamado diluvio universal, que produjo un alzamiento de los mares de aproximadamente 150-200 metros, por causas aún desconocidas. (La mayoría de los estudiosos, empero, indica que el diluvio universal tuvo lugar en el 10.000 a.C.)
Algunos científicos que refutaron los datos de Gifford y Ball aseveran precisamente que, estando el nivel de los mares más bajo de unos 150 metros en el 13.000 a.C., no es posible que aquellos particulares moluscos (ahora fósiles), se encontraran en los muros de Bimini, completamente expuestos al sol y, por tanto, señalan que la datación está completamente errada.
El mundo de la arqueología y de la geología tradicional no avala la hipótesis de que los muros de Bimini hayan sido construidos por el hombre en épocas arcaicas, sino que afirma que estas formaciones son totalmente naturales. El estudioso más eminente que sostiene esta hipótesis “natural” es Eugene Shinn (US Geological Survey). Según esta tesis, los bloques de Bimini no serían otra cosa que formaciones calcáreas que crearon, en el curso de los milenios, un suelo en recuadros, rara formación generada en las rocas sedimentarias que se encuentran en algunas orillas oceánicas (por ejemplo, en Tasmania). Luego de este proceso natural, la roca se fracturó en bloques rectangulares que parecen justamente pedazos de muro.
Hasta el día de hoy sigue siendo un misterio si los bloques de Bimini fueron construidos por el hombre o si son solamente una extraña formación natural.
Lo que es cierto es que no se han encontrado restos de actividad humana en la zona, como cerámica o rastros de carbón fósil, pero los que apoyan la teoría “artificial” responden a esta objeción diciendo que la fuerza del mar pudo haberlos arrastrado lejos.
A este propósito, sería oportuno efectuar trabajos de excavación con extractores de aire y con el método estratigráfico, pero la complejidad y el costo de un trabajo tan difícil a 5 – 10 metros de profundidad no lo han permitido hasta el momento.

YURI LEVERATTO

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SACSAYHUAMAN, EL MISTERIO MÁS GRANDE DE AMÉRICA

Durante mi primer viaje a Cusco, ciudad símbolo de la cultura andina (junto a Puno y La Paz), visité la imponente estructura de piedra llamada Sacsayhuamán, situada a unos 3555 metros de altura sobre el nivel del mar.
En mi opinión, Sacsayhuamán (del aimara saqsaw waman, lugar donde se sacia el halcón) es el lugar más misterioso de todo el continente americano.
En efecto, cuando los conquistadores pertenecientes al ejército de Pizarro llegaron a Cusco en 1533, quedaron atónitos frente a tan inmenso monumento megalítico de muros ciclópeos de enorme peso.
Los españoles se preguntaron cómo había sido posible que los indígenas Incas, quienes desconocían el uso de poleas y la existencia del hierro, y que utilizaban troncos de árboles en vez de ruedas, transportaran rocas de hasta 200 toneladas de peso, les dieran forma para que encajaran perfectamente entre sí y las levantaran para colocarlas unas encima de las otras.
Los españoles se preguntaron también cuál misterioso motivo habrían tenido los indígenas, quienes a sus ojos eran “arcaicos”, para construir tal monumento, tomándose tanto tiempo y gastando tanta energía.
Estas preguntas, de unos 477 años de antigüedad, conservan su actualidad.
Ningún estudioso ha presentado pruebas suficientes y exhaustivas de cómo fue construido Sacsayhuamán y, sobre todo, de cuál fue su función.
Nadie sabe tampoco cuándo fue edificado en realidad, aunque recientemente la arqueología oficial sugirió que los indígenas de la cultura Killke erigieron la imponente estructura en el 1100 d.C.
En los últimos años tuve la oportunidad de entrevistar a varios arqueólogos, tanto peruanos como brasileros, y me dio la impresión de que ninguno quiere realmente afrontar el tema de Sacsayhuamán. ¿Por qué?
El tan reconocido método de datación llamado carbono 14 funciona sólo cuando hay material orgánico, pero no es capaz de datar el período en el cual se construyó un monumento.
Por ejemplo, el dato sobre la cultura Killke, ofrecido por un equipo de arqueólogos en el 2008, contrasta con la información clásica etno-histórica que reconocía a los Incas como los constructores de Sacsayhuamán a partir de 1438 d.C., durante el reino de Pachacutec.
En mi opinión, el hecho es que no se puede datar un monumento de piedra sólo porque se encuentren restos de cerámica en sus fundamentos. Según esta lógica, tal vez en 10 años se halle otra cerámica en un estrato de terreno más profundo, perteneciente a una proto-cultura Killke remontable quizá al 900 d.C. Y así, se formulará una datación de la construcción de la estructura de piedra anterior al 900 d.C.
El monumento, que para algunos es la representación de la cabeza de un puma, para otros una fortaleza para defender a Cusco y para otros un centro ceremonial, está compuesto por tres muros de aproximadamente 400 metros de largo y 6 de alto. Se calculó que algunas piedras pesan hasta 200 toneladas, mientras que el volumen total de los tres muros es de unos 6000 metros cúbicos.
En la zona al sur de los muros están las bases de lo que fueron probablemente tres grandes torres: Muyucmarca, Sallacmarca y Paucarmarca. Mientras que la primera tiene base circular, las últimas dos la tienen rectangular.
La Muyucmarca tenía unos 12 metros de altura y una base con un diámetro de 22 metros. En sus Comentarios Reales, el Inca Garcilaso de la Vega describe a Muyucmarca como una torre que servía como depósito de agua y que estaba conectada a las otras dos por túneles subterráneos.
Se narra que en la batalla de Sacsayhuamán, acaecida en 1536, el Inca Cahuide se lanzó al vacío desde la Muyucmarca, con el fin de no entregarse a los españoles.
Sobre el origen de Sacsayhuamán fueron escritas decenas de libros y se propusieron las teorías más extrañas para explicar cómo se llevó a cabo su construcción, hecho que hasta ahora está envuelto en el misterio.
Al caminar por las calles de Cusco se ven varios libros de presuntos místicos, cada uno de los cuales dice conocer la clave sobre cómo fue erigido el más misterioso sitio arqueológico de América.
Hay quienes opinan que Sacsayhuamán, que era originalmente mucho más grande, puesto que los españoles utilizaron muchas rocas para construir sus casas e iglesias en Cusco, era una ciudad megalítica que reproducía exactamente a la capital del antiguo reino de Atlántida, desaparecido a causa de terribles terremotos e inundaciones.
En efecto, es extraño que las piedras encajen a la perfección entre sí, de manera tal que ni el filo de un cuchillo pueda pasar entre ellas. ¿Cómo fue posible edificar una cosa tan perfecta sin instrumentos modernos de construcción y corte, ni la fuerza motriz, que no apareció hasta el siglo XIX?
Antes que nada, hay que analizar el problema del transporte de rocas tan grandes. Según algunos investigadores, las piedras más pesadas (de andesita) se encontraban ya en el sitio de Sacsayhuamán, pero, si así fue, debe explicarse de todos modos cómo las levantaron para ubicarlas y encajarlas entre sí.
En caso de que hubieran estado en minas lejos de Sacsayhuamán, ¿cómo fueron transportadas? Al no disponer de carros ni de animales de carga como bueyes o caballos, se piensa que los pedruscos más pesados fueron deslizados sobre troncos de árboles sosteniéndolos con gruesas cuerdas, como se ve en la última foto, que muestra el desplazamiento de un megalito en la isla de Nías, en Indonesia, en 1915.
Una vez agrupadas las rocas en el lugar donde se construiría la estructura, se procedió a pulirlas, con el objetivo de que encajaran las unas con las otras. Tenemos que pensar que los antiguos concebían el tiempo de manera diferente a nosotros ahora. Trabajar una roca durante meses o años era una cosa normal, el tiempo era visto no como un límite, sino como una oportunidad.
Para hacer que un pedrusco encajara perfectamente con otro, los antiguos constructores debieron haber utilizado mazas de piedra más dura que la andesita para poder pulir los vértices de cada uno y unirlo bien con otro.
Existe también la teoría de la existencia de una planta que, mezclada con otras sustancias naturales, volvería la piedra fácilmente maleable, como si fuera plastilina, usada por los niños para jugar.
Según algunos investigadores, los antiguos habitantes del altiplano dominaban algunas técnicas de alquimia que permitían justamente modelar la roca a gusto para volverla luego otra vez durísima. Según una leyenda difundida en Cusco, el Padre Jorge Lira demostró en los últimos años del siglo XX que la técnica para volver las piedras maleables era cierta y que se basaba en la utilización de una planta llamada jotcha. No obstante, parece que el sacerdote no logró endurecer de nuevo la roca. En todo caso, sus experimentos no se apoyaron nunca en pruebas científicas y toda la historia permaneció siempre tras un halo de misterio.
Aunque se admita que los antiguos constructores de Sacsayhuamán lograron labrar los pedruscos de manera que encajaran entre sí, queda aún el enigma de cómo pudieron levantar piedras de decenas de toneladas de peso para ponerlas unas encima de otras.
Según la teoría oficial, se ponía una base de madera oblicua entre el suelo y la roca utilizada como fundamento. Luego, troncos perpendiculares en los cuales colocar una base de madera en la cual había otros troncos perpendiculares. Sólo sobre estos últimos se transportaba el pedrusco que iba a ubicarse sobre el que estaba abajo. La operación se efectuaba tanto arrastrando como empujando, para asegurar que la roca no se fuese para atrás, y se ponían palos entre los troncos perpendiculares, con el fin de bloquear el posicionamiento. Las cavidades que se descubrieron en algunas rocas servían, según algunos investigadores, para meter troncos, con el fin de sostener la roca antes de ponerla definitivamente sobre otra.
Según mi amigo peruano Paul Mazzei, podría existir otra posibilidad: una vez puestas las rocas más grandes en fila, los fundamentos de la estructura, se procedía a excavar debajo de ellas con el fin de hacerlas hundirse a una profundidad más o menos igual a su altura. Luego, simplemente se ponían otras rocas relativamente más ligeras sobre las primeras, más pesadas. A continuación, se procedía a reducir y aplanar el nivel de suelo de toda el área, con el fin de ocultar la “trinchera” excavada inicialmente.
Si bien algún día se logrará explicar exhaustivamente cómo se construyó Sacsayhuamán, permanecerá siempre la duda de por qué y cómo fue erigido. Como ya se había mencionado, hay quienes piensan que fue una fortaleza, mientras que otros lo consideran un centro ceremonial.
De hecho, para nosotros es difícil comprender los motivos de una construcción tan compleja que requirió ciertamente de muchos años para ser completada. Sin embargo, hay que recordar que en el mundo hay cientos de construcciones megalíticas y que la lógica de los antiguos es para nosotros complicada, pues estaba relacionada con ritos y ceremonias que hoy resultan incomprensibles.
Después de haber comparado entre sí a muchos lugares arqueológicos de Suramérica, llegué a la conclusión de que Sacsayhuamán fue construido mucho antes que Cusco. En mi opinión, la estructura megalítica era el centro de una ciudadela que se extendía más allá de los límites del actual parque arqueológico.
Opino que los autores de Sacsayhuamán pertenecían a la llamada civilización megalítica americana que se desarrolló en Suramérica poco después del diluvio universal, a partir del noveno milenio antes de Cristo.
Sólo con ulteriores trabajos de excavación, con el estudio comparado de otros sitios megalíticos del altiplano andino (Tiwanaku y Pukara) y con la exploración exhaustiva de las enigmáticas galerías subterráneas que de Sacsayhuamán llevan a Cusco o hacia lugares desconocidos, se podrá intentar revelar, en el futuro, el misterio de este fascinante lugar que me llegó al corazón, y al cual considero como el mismísimo símbolo de la antigua civilización megalítica americana.

YURI LEVERATTO
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LA ANOMALÍA MAGNÉTICA DEL LAGO VOSTOK

La Antártida es el continente más remoto, cuyo acceso y clima son respectivamente el más difícil y el más extremo (¡hasta -89,2 grados Celsius!).
Durante 6 meses del año permanece en la oscuridad más completa, mientras que en el verano austral, un sol pálido brilla cerca al horizonte. Sin contar la banquisa, las tierras antárticas tienen un total aproximado de 14 millones de kilómetros cuadrados de extensión. Por consiguiente, se trata del quinto continente más grande del mundo.
Aunque desde la antigüedad se había conjeturado sobre su existencia, representándola en varios mapas de la Edad Media con el nombre de Terra Australis Incognita, el continente fue avistado por primera vez sólo el 27 de enero de 1820 por el oficial de la Marina Imperial Rusa Fabian Gottlieb von Bellingshausen, mientras que el primer hombre que pisó sus tierras fue el anglo-estadounidense John Davis, el 7 de febrero de 1821.
En 1908, el Reino Unido reivindicó su soberanía sobre la porción de Antártida que se extiende del Polo Sur al sexagésimo paralelo y del meridiano 20 oeste hasta el meridiano 80 oeste. Sucesivamente, otras siete naciones soberanas (Nueva Zelanda, Francia, Australia, Alemania nazista, Noruega, Chile, Argentina), presentaron peticiones oficiales a los organismos internacionales para obtener el dominio sobre otras tantas áreas de Antártida (la reivindicación de Alemania nazista sobre la tierra llamada Nueva Suabia perdió todo su valor luego del resultado de la segunda guerra mundial).
Extrañamente, la Unión Soviética (y posteriormente la Federación Rusa) y los Estados Unidos de América, aunque haya sido un ruso y un anglo-estadounidense, respectivamente, el primero en avistar Antártida y el primero en pisarla, no han presentado hasta ahora demandas oficiales sobre áreas de Antártida, sino que se han limitado a declarar que se reservan el derecho de hacerlas en el futuro.
Sin embargo, las reclamaciones territoriales antárticas no se han hecho sobre todo el continente. La Tierra de Marie Byrd (de unos 1,6 millones de kilómetros cuadrados de extensión), explorada por el estadounidense Richard Byrd en 1929, no ha sido nunca solicitada por ningún estado soberano. ¿Por qué?
La fecha crucial de la exploración de Antártida fue el mes de diciembre de 1911, cuando el noruego Roald Amundsen llegó al Polo Sur en una arriesgada expedición.
Los exploradores, por lo general, han sido enviados siempre por los servicios secretos de los estados y, frecuentemente, tienen la misión de identificar las zonas aptas para la explotación minera y también las que son militarmente estratégicas. Después del fin de la segunda guerra mundial, ciertas naciones soberanas establecieron algunas bases en Antártida, oficialmente por motivos científicos.
La Unión Soviética construyó una base situada en las coordenadas 78 grados 27’ Sur y 106 grados 50’ Este, y la llamó Vostok (este, en ruso).
Hoy, la estación Vostok, localizada a 3488 metros sobre el nivel del mar (exactamente sobre una costra de hielo de más de 3600 metros de espesor), es la más aislada de las 67 estaciones científicas (pertenecientes a 30 estados diferentes) que existen actualmente en Antártida, y su campo base es la estación Mirny, en la costa antártica.
En 1970, luego de las prospecciones radar efectuadas por medio de aviones, los rusos declararon que su base había sido construida casualmente justo en el lugar donde, 3623 metros más bajo, estaba el lago subglacial más grande del mundo, el cual fue también bautizado Vostok.
Muy extraño: en efecto, si se considera que la superficie de Antártida es de 14 millones de kilómetros cuadrados y que el lago tiene alrededor de 14.000 kilómetros cuadrados de extensión, la probabilidad de construir fortuitamente la base en el punto exacto donde 3623 metros más abajo surge el lago, ¡es una entre 1000!
Debe recordarse que los lagos subglaciales en Antártida son aproximadamente 140, pero Vostok es ciertamente el más extenso y también el más misterioso.
El lago Vostok, que contiene agua en estado líquido, tiene 250 kilómetros de largo y unos 60 de ancho. El volumen total de agua que contiene es de alrededor de 5400 kilómetros cubos (¡serían suficientes para el consumo hídrico de unas 50 millones de personas durante 3 años, calculando cien litros por persona al día!)
Entre los varios misterios que esconde el lago Vostok, se incluye el de la altitud sobre el nivel del mar del fondo del mismo lago: si se consideran los datos del Scientific Commitee on Antartic Research, la superficie del lago está situada 3623 metros debajo de la base Vostok, que a su vez está a 3488 metros sobre el nivel del mar.
La superficie del lago se encontraría, por lo tanto, a 135 metros bajo el nivel medio del mar, y como la profundidad máxima es de 800 metros (profundidad promedio de 670 metros), el fondo del lago se hallaría a 935 metros bajo el nivel medio del mar.
Según los datos oficiales, la temperatura del agua del lago es de -3 grados Celsius, y su estado líquido se mantiene gracias a la enorme presión causada por la capa de hielo. Otras fuentes indican, en cambio, que en algunos puntos del lago la temperatura alcanza los 19 grados, lo que sugiere que debajo de él hay, probablemente, una intensa actividad geotérmica.
Actualmente, hay opiniones controvertidas sobre cuán antiguo es el estrato de hielo que cubre al lago Vostok. Mientras que algunos científicos proponen una antigüedad de 420 milenios, otros investigadores sostienen que se formó sólo hace 13 milenios.
En 1998, algunos científicos rusos, estadounidenses y franceses perforaron esta corteza hasta llegar a unos 120 metros antes de la superficie del lago, con la excusa oficial de evitar contaminarlo.
Ha habido ulteriores perforaciones (2008 y 2009), pero ninguna, hasta hoy, ha profundizado en la costra de hielo hasta el punto de llegar al lago. Los análisis del hielo extraído identificaron rastros de metano, bacterias, restos de polen, de pluricelulares marinos y otros residuos de seres pluricelulares desconocidos. De los estudios efectuados se llegó a la conclusión de que el lago Vostok es un ambiente supersaturado de oxígeno (la concentración de éste podría ser 50 veces mayor de la de un lago normal superficial).
Por ahora, estos factores han convencido a los científicos de no perforar del todo la capa de hielo, ya que una vez abierta, podrían surgir del lago bacterias completamente desconocidas hasta hoy, capaces de contaminar el ambiente circunstante.
La última noticia, de febrero de 2010, informa que el científico ruso Valerie Lukin, encargado de la expedición rusa en Antártida, se considera listo para enviar una sonda al interior del lago en el 2012. La sonda sería estéril, con el fin de no contaminar el ambiente subglacial. Lukin sostiene que se podrán estudiar micro-organismos vivos que se remontan a cientos de milenios atrás.
A partir del 2001, un grupo de científicos estadounidenses comenzó a sobrevolar el lago Vostok a baja distancia, con el fin de estudiar la actividad magnética que se verifica por allí. Durante estos sobrevuelos, se descubrió una poderosa anomalía magnética en la zona suroriental del lago. La discrepancia se calculó en 1000 nanoteslas, una cantidad enorme, cuyas causas son ignotas. Otra característica de la anomalía es su extraordinaria amplitud, ya que se extiende por unos 166 kilómetros cuadrados.
Inicialmente se intentó explicar la anomalía magnética a partir de causas naturales.
Michael Studinger, de Columbia University, sostuvo que muy probablemente, la corteza terrestre es muy delgada en el fondo del lago. Por tanto, la cercanía con el manto causaría un aumento de la actividad magnética.
El geólogo Ron Nicks sostiene, en cambio, exactamente lo contrario: la delgadez de la corteza y la consiguiente cercanía del manto causarían un calentamiento de la costra misma y esto debería reducir la actividad magnética en vez de aumentarla.
Según el profesor Thomas Gold (revista Nexus Australia), la anomalía sería causada por una excepcional concentración de xenón, argón y metano, que provendría justamente del manto. Si se extrajera la capa de hielo que cubre al lago Vostok, se produciría una inmensa explosión, y la consiguiente dispersión de los gases mencionados en la atmósfera podría conllevar imprevisibles daños al planeta.
Para algunos investigadores (Charles Hapgood, Graham Hancock, Flavio Barbero), quienes apoyan la teoría Atlántida en Antártida, la anomalía magnética podría ser causada por las ruinas metálicas de una enorme ciudad que fue quemada y destruida hace milenios.
Según estas hipótesis, Antártida fue habitada por el hombre en épocas remotas, pudiendo gozar de un clima templado, incluso cálido. Estas afirmaciones se basan en el hecho de que, según varios climatólogos y geólogos, el polo norte pudo haberse encontrado al sur de las actuales islas Aleutianas hasta el noveno milenio antes de Cristo, por lo que Antártida se habría hallado relativamente lejos del Polo Sur, con un clima bastante templado. Una enorme catástrofe, quizás causada por la caída de un meteorito en la Tierra, habría producido el desplazamiento del eje terrestre, el derretimiento de enormes glaciares del hemisferio boreal y la consiguiente glaciación repentina de Antártida. Muchos pueblos de la Tierra recuerdan este cataclismo como el diluvio universal, y lo relataron, transmitiéndolo hasta hoy.
Según el psíquico estadounidense Edgar Cayce, los atlantes escondieron en su continente perdido un enorme cristal que sería su fuente energética durante muchísimo tiempo. Para algunos investigadores que apoyan la teoría de Atlántida, la anomalía magnética del lago Vostok sería justamente el cristal descrito por Cayce.
Uno de los investigadores más polémicos, que postuló una teoría todavía más extraña de la llamada Atlántida en Antártida, fue el chileno Roberto Rengifo, quien en sus obras Los Chiles (1921) y El Papel del Territorio de Chile en la Evolución de la Humanidad prehistórica (1935), sostiene incluso el origen antártico de la especie humana.
Según Rengifo, un terrible cataclismo obligó a los sobrevivientes antárticos a emigrar hacia Suramérica, África y Australia. Una de las pruebas que apoyarían esta teoría sería el hallazgo arqueológico de Monte Verde, cerca a Puerto Montt, en Chile, donde se encontraron restos humanos de 33 milenios de antigüedad. Otra de las pruebas indirectas en pro de la teoría de Rengifo serían los extraños mapas que se trazaron en el siglo XVI, como los de de Piri Reis (1513) y Oronocio Fineo (1531), que ofrecen detalladas descripciones topográficas de las costas antárticas, cuando en cambio el continente antártico fue oficialmente descubierto y trazado en mapas a partir del siglo XIX.
En mi opinión, si bien los mapas de la Edad Media no prueban nada de definitivo (la costa “antártica” del mapa de Piri Reis podría ser la Patagonia y la masa continental austral en el mapa de Oroncio Fineo podría ser el resultado de una unión de la supuesta Terra Australis Incognita con las costas septentrionales de Australia, avistadas quizá por navegantes portugueses en la segunda década del siglo XVI), y la extraña teoría de Roberto Rengifo no tiene fundamento alguno, sino que consiste tan sólo en débiles suposiciones, no se puede descartar que Antártida haya gozado de un clima distinto del actual, mucho más cálido, entorno a los diez milenios antes de Cristo. También la teoría de Mendes Correa podría confirmarlo.
Por ahora no se puede afirmar con certeza si la anomalía magnética del lago Vostok tiene un origen natural o artificial. Es correcto proceder de a pequeños pasos, cumpliendo con el método científico, pero, considerando que la ciencia no puede responder a todas las preguntas, creo que también es sabio no descartar ciertas hipótesis “extrañas” de algunos místicos y psíquicos, quienes podrían, con sus percepciones, indicar a los hombres de ciencia el camino correcto para llegar a la solución del misterio.
Acordémonos de que uno de los más grandes científicos de todos los tiempos, Albert Einstein, sostuvo que utilizamos (y mal), sólo el 10% de nuestro cerebro; el resto, capacidades perceptivas, telepáticas y sensoriales, lo pudimos haber perdido justamente a causa de una enorme catástrofe que hizo sucumbir a algunos sacerdotes iniciados, quienes no pudieron transmitir a los sobrevivientes los secretos más ocultos de nuestra mente.

YURI LEVERATTO

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HUNAB KU: ¿LA CAUSA DEL CAMBIO?

¿Es posible que el centro de la galaxia sea el responsable de los intensos cambios climáticos que estamos enfrentando? ¿Los mayas tenían razón al señalar el distante centro de la Vía Láctea?

Un enigma en el centro de la galaxia

La Vía Láctea es una formación espiral que contiene más de 200,000 millones de estrellas. Con un diámetro estimado de 100,000 años luz, nuestro Sol se ubica a unos 27,700 años luz de su núcleo. Allí, en su centro, se encuentra una poderosa fuente de energía que, supuestamente, los mayas conocían. Hoy en día los estudiosos de las profecías mayas se refieren a esa misteriosa fuente de poder como Hunab Ku, o “Hemal Ku”, la “Deidad Primigenia”.

No pocos investigadores relacionan a Hunab Ku —para los mayas, el “Creador y el centro de todo”— con el personaje mitológico Hun-Hunahpú, mencionado en el libro sagrado Popol Vuh como el dios del Juego de la Pelota, un ritual maya que escondería el desarrollo de un gran evento cósmico, en donde Hun-Hunahpú encarnaría al núcleo galáctico y aportaría una probable fecha de conexión: Hun, o Uno Hunahpú, equivale al nombre “Uno Ahau”, presente a todas luces en el calendario maya como el “primer sol”, detalle que diversos investigadores asocian al solsticio del 21 de diciembre de 2012, día en que se cierra la Cuenta Larga. Al margen de ello, el sagrado Popol Vuh parece proteger en sus relatos un conocimiento antiguo que se camufla bajo la fachada del Juego de la Pelota.
 

El juego consistía en un rito de iniciación, muerte y renacimiento.  Representaba para ellos el “origen del Universo”. La lucha que se daba no era, en realidad, entre los “jugadores”, sino que éstos representaban astros y fenómenos celestes. En descifrar todo ello está la clave.
Este juego tuvo diversas variantes de acuerdo a la época y el lugar donde se practicaba. Por lo general, se empleaba una pelota hecha de caucho que se golpeaba con la cintura, las rodillas, los hombros y los codos. El objetivo del juego era pasar la pelota a través de un pequeño anillo que se ubicaba en una de las paredes del campo de juego. En Chichén Itzá se puede ver uno de estos “campos” en donde se realizaba el ritual. Cuando estuve allí me preguntaba qué significaba para ellos —esotéricamente— hacer pasar la pelota por el anillo. ¿Sería acaso una representación de la Tierra cruzando un umbral o portal cósmico?

Se afirma que con el tiempo el juego se fue deformando al añadirse nuevas reglas, incluso sacrificios humanos para los jugadores que perdían—aunque algunos historiadores ven en ello un símbolo de renacimiento al paraíso—. Como haya sido, exploremos la historia del juego.

De acuerdo al Popol Vuh, Hun-Hunahpú jugaba al Juego de la Pelota con su hermano Vucub Hunahpú en contra de Hun Batz y Hun Choen. El relato dice que el ruido del juego molestó a los Señores de Xibalbá —el inframundo—: Hun Came y VacubCame, quienes retaron a Hun-Hunahpú y a su hermano para jugar en Xibalbá. Valiéndose de engaños y trucos, los Señores de Xibalbá ganaron y decapitaron a los dos hermanos. Más tarde, Ixquic, una joven doncella del inframundo, se acercó al Árbol de Jícara en que yacía transformado Hun-Hunahpú y tomó, clandestinamente, un fruto de ese árbol, que resultó ser la cabeza del dios maya, atado allí por un hechizo de los Señores de Xibalbá. 
 
 Se cuenta que la cabeza le escupió en la mano a la doncella, llenándola de magia y dejándola embarazada de dos varones gemelos que más tarde derrotarían a los propios Señores de Xibalbá y “resucitarían” luego a Hun-Hunahpú.

Esta historia podría esconder un mensaje: La resurrección de la luz y el restablecimiento del orden. El relato que habla de traición a manos de otras “deidades”, una venganza por parte de los “hijos”, que son engendrados mágicamente, y la resurrección del personaje principal —Hun-Hunahpú­— es sospechosamente similar al mito de Osiris, la conspiración de su hermano Seth, el embarazo de Isis, y la venganza de Horus. ¿Acaso ambos relatos describen la misma historia cósmica? De todas las leyendas y relatos que estudié detenidamente de los mayas, estoy seguro de dos alusiones importantes que se repiten: Al Sol, y si aceptamos la discutida interpretación de Hunab Ku, al mismísimo centro de la galaxia.

El camino a Xibalba Be, también llamado “Camino Negro” —que transitó Hun-Hunahpú— podría estar hablando de la naturaleza del núcleo galáctico. Actualmente sabemos, gracias a la moderna astronomía, que en el corazón de la Vía Láctea se encuentra un agujero negro supermasivo. Y lejos de toda idea preconcebida de que los agujeros negros sólo absorben materia y energía, también emiten radiación. “Me equivoqué”, sostuvo el reconocido físico Stephen Hawking en relación a la tesis que defendió por más de 30 años sobre los agujeros negros y su naturaleza. Hoy se sabe que pueden emitir importante radiación y que en su interior ocurren insospechadas fluctuaciones cuánticas. Resulta sorprendente si los mayas sabían del agujero negro en la Vía Láctea…

Y más inquietante aún si conocían de las radiaciones que emite y que, cada cierto tiempo, alcanzan al Sol y a la Tierra ocasionando grandes mutaciones. Es entonces cuando la profecía del 2012, y la probable advertencia de civilizaciones sumergidas, empiezan a cobrar un giro inusitado y sorprendente. ¿Fue acaso “Hunab Ku” el invisible agente de los grandes cambios cíclicos en la historia de la Tierra? ¿Cómo es posible que un agujero negro, a más de 27,700 años luz de nuestro Sistema Solar, pueda ocasionar semejantes transformaciones? ¿Era éste el mensaje del gran Kukulkán y de los hombres barbados?

El rayo de la mutación

Sugerir que el sabio Kukulkán, pudo ser, el mensajero de este gran acontecimiento, y que pertenecía a un grupo de remanentes de la perdida Atlántida, u otro “mundo sumergido”, resulta chocante e inadmisible para los historiadores ortodoxos. Si existió, dicen, fue tan sólo un extraño personaje que estuvo entre los mayas en el año 1,000 después de Cristo. Supuestamente, en aquellos tiempos les vaticinó el arribo de Hernán Cortés y la dominación posterior del Cristianismo. Y habló de su “regreso”… ¿Será textual o se trata de un símbolo? Rastrear el origen de las profecías mayas es muy difícil. Pero todos los caminos parecen señalar a Kukulkán. Estoy convencido de que aquella enigmática visita de hombres barbados que “llegaron de lejos” es la clave del mensaje. Si aquellos hombres eran supervivientes —o descendientes— de una fantástica cultura que pereció en el mar, y que otrora disponía de tecnología, no resulta tan extraño el que hayan conocido la naturaleza del núcleo galáctico y su influencia en los cambios de la Tierra. Lo que no deja de ser increíble es, que si lo sabían, ¿por qué no pudieron enfrentarlo? Es probable que sus guerras y planes de colonización los hayan distraído peligrosamente. Y cuando quisieron reaccionar, ya era demasiado tarde. Una escena similar al relato del Arca de Noé en el Antiguo Testamento. Nadie quiso escuchar, hasta que llegó el “Diluvio”. No obstante, diversas teorías sugieren que no todos en la Atlántida estaban de acuerdo con el comportamiento bélico. Se cuenta que el Consejo de Sacerdotes estaba al tanto del venidero desastre y, al no poder hacer tomar conciencia a su gente de lo que estaba por suceder, decidieron construir refugios subterráneos. En ellos se depositarían los “Registros Históricos” de su civilización. Pasado el tiempo, los supervivientes enseñarán sus conocimientos a las gentes que se hallaban disgregadas en la superficie. La idea era acelerar el resurgimiento de la civilización humana, y entregar un mensaje, o mejor dicho, una advertencia: No cometer la misma equivocación. Tal vez ellos sabían que 13,000 años más tarde del hundimiento de Atlántida se repetirían los factores cósmicos que su Imperio no supo manejar. Desde luego, es complicado precisar cuál fue la causa final del desastre, pero, sea lo que haya sido, coincidió con el denominado “Rayo de Mutación” que proviene del centro de la Vía Láctea.

Hunab Ku, el Núcleo Galáctico, también conocido como “El Dador de Movimiento y Medida”, emitiría cada cierto espacio de tiempo una “pulsación” de energía que transforma las formas de vida.  Aunque en realidad su emanación es constante, tiene “picos” o “explosiones”. Las más importantes sucederían en dos ocasiones dentro de la gran rueda precesional de 25,920 años —para otros, sólo ocurre una vez en aquel gran ciclo— en donde “sincroniza” su energía con “Kinich Ahau”, el nombre que los mayas le daban a nuestro Sol. Los chamanes mayas de la actualidad saben de esto, y afirman, desde hace mucho, que el Sol experimentaría grandes cambios que podrían conducir a la Tierra a un verdadero desastre climático. Las energías estarían movilizándose como nunca antes y exigiría de todos nosotros un equilibrio y balance espiritual para sobrellevar la situación. Carlos Castaneda, el célebre antropólogo que publicó en 1968 el Bestseller “Las Enseñanzas de Don Juan”, creía también en la necesidad de prepararse espiritualmente ante los cambios que vendrían. Así lo aprendió de los Yaquis, quienes de acuerdo a “Los Anales de los Cakchiqueles”, fueron la primera tribu maya que se separó del resto de clanes permaneciendo hasta la actualidad.

El “Rayo de la Mutación”, o si queremos llamarlo de otra forma, la radiación del centro galáctico, no sólo afectaría al Sol, sino que éste, como si se tratase de un gigantesco espejo, reenviaría también esa energía al planeta potenciando así los cambios. Si el Sol está mutando debido a una influencia cósmica del agujero negro que se encuentra en el corazón de nuestra Vía Láctea, la teoría oficial del cambio climático por la emisión de gases de efecto invernadero debería, como mínimo, revisarse. ¿Y qué decir de la posible implicancia de esta “radiación cósmica” en la vida humana?

Se trata de un extraño fenómeno que, como decía, ocurre dos veces durante la gran rueda de la precesión, es decir, cada 13,000 años aproximadamente. Así, en el solsticio, la Tierra se alinea con el Sol y con el centro de la galaxia en dos ocasiones durante ese ciclo.
 
El 21 de diciembre de 2012 se producirá está inquietante alineación que ha sido verificada y constatada por los científicos. Una vez más, el extraordinario conocimiento astronómico de los mayas pone en jaque a nuestra ciencia moderna. Y lo menos que podemos hacer ante ello es escuchar con respeto el mensaje de sus profecías para prepararnos para los tiempos que vienen, después del 2012.

¿Y qué dicen los hallazgos científicos sobre “Hunab Ku”?

En el centro de la galaxia las nubes de polvo cósmico hacen que esa zona sea prácticamente “invisible” para nuestros telescopios ópticos. Sin embargo, con la ayuda de nueva tecnología, como el observatorio orbital de rayos X de la NASA, “Chandra” —además de otros radiotelescopios— los científicos han podido echar una “mirada” al lejano corazón de la galaxia.

Chandra es un satélite artificial que fue lanzado por la NASA —a través del trasbordador Columbia (STS-93)— el 23 de julio de 1999. El ingenio tecnológico puede mirar el espacio en rayos X, con una resolución angular de 0,5 segundos de arco, mil veces mayor que el primer telescopio orbital de rayos X. Entre otras cosas, Chandra reveló que existen prolongaciones energéticas, llamadas “plumas” o “penachos” por los estudiosos, en torno a un agujero negro. Se tratarían de partículas que pueden extenderse hasta 300,000 años luz. Estas extraordinarias fluctuaciones se originarían en agujeros negros supermasivos como el que posee nuestra Vía Láctea. Con los años, los científicos fueron documentando todo cuanto podían aprender del centro galáctico y si su radiación podría afectarnos. El gigantesco agujero negro —también conocido como “estrella A” de Sagitario— es un monstruo que tiene al menos más de cuatro millones de veces la masa de nuestro Sol.
 
Sin embargo, hasta hace pocos años se pensaba que su radiación era “débil” como para preocuparnos. Pero la actividad energética del centro galáctico se ha incrementado generando muchas preguntas en los astrónomos.  El Chandra fue clave para detectar este “cambio” en Hunab Ku. Y no sólo el Chandra. En 2008 se difundió la noticia de que un equipo de astrónomos japoneses, usando el XMM-Newton de la ESA junto a potentes satélites de rayos X de la propia NASA, había descubierto gracias al método de detección de “ecos de luz” que el centro de nuestra galaxia se estaba “despertando”. Las observaciones recolectadas entre 1994 y 2005 revelaban que nubes de gas alrededor del agujero negro aumentaron en su brillo. Una fuerza era despedida desde el centro de la galaxia y estaba empezando a cambiar todo su entorno espacial inmediato. ¿Es esto posible?

Un agujero negro es un cuerpo con un campo gravitatorio gigante, de tal forma que ni la luz o alguna radiación electromagnética podrían escapar de sus fauces. Se sabe que está rodeado de una “Ergoesfera”, una suerte de frontera esférica que permite que la luz sea absorbida. Sin embargo, un agujero negro no está detenido. Se puede mover a grandes velocidades, como si fuese un remolino, tan deprisa que emite rayos X —exactamente lo que detectó el Chandra—. Pero la radiación del centro galáctico es mucho más que rayos X. En el año 2004, diversos astrofísicos de la Universidad de Arizona, del Laboratorio Nacional de Los Alamos, y de la Universidad Adelaide de Australia, descubrieron que el núcleo de la galaxia está emitiendo una importante radiación de rayas gamma, con una energía de “decenas de trillones de electrovoltios”. Describieron el mecanismo del agujero negro como el de un “gran acelerador de partículas” al colisionar protones a grandes velocidades.

Todo esto, desde luego, es la “punta del iceberg”.

Mutaciones en el Sol

Los científicos concuerdan en que hay una variada combinación de factores para que nuestro centro galáctico esté enviando diversos tipos de radiación, que parecen conformar “un rayo” unificado de energía de efectos impensados. Como fuere, todos los hombres de ciencia coinciden en que el responsable de este fenómeno es el agujero negro supermasivo.

En su polémico libro “Beyond the Big Bang”, el astrofísico Paul Laviolette  defiende que el área situada en el centro de nuestra Vía Láctea se activa cada cierto tiempo, “explosionando” en “olas de energía”. Según Laviolette, durante esa fase explosiva, el núcleo de la galaxia vomita rayos gamma, pulsaciones electromagnéticas, polvo cósmico y otros elementos. Por si todo ello fuera poco, el científico calculó que la última vez que ocurrió una explosión semejante fue hace unos 13,000 años. Encaja con la teoría de “dos rayos” durante el gran ciclo precesional…

Y el primer objeto afectado, cuando empiezan estas erupciones cósmicas, es el Sol: Nuestra estrella enana amarilla es la que absorbe inicialmente estas radiaciones que viajan hacia su corona. El fenómeno produciría importantes mutaciones en su estructura y comportamiento, para más tarde afectar, en consecuencia directa, el clima de la Tierra. Y esto lo estamos viendo.
 
Sin ir muy lejos, el año 2005 —que se suponía tendría pocas manchas solares— nos sorprendió con una explosión de clase “X7” en el Sol. Aquella imprevisible tormenta solar lanzó varios millones de toneladas de protones que se transportaron desde el Sol hasta la Tierra en un espacio de tiempo inferior a media hora, cuando lo “establecido” marca que se demore entre uno o dos días. ¿Cómo viajó tan rápido hasta nosotros?

Estas explosiones, llamadas “eyecciones de masa coronal” (EMC) se han incrementando de manera preocupante estos últimos años. Las más violentas —las “X”— han coincidido con perturbaciones en la red de satélites, toda la infraestructura de la comunicación, la navegación aérea, y ni qué decir del clima. Las EMC se hallaron íntimamente conectadas con inundaciones, huracanes, sequías, y demás perturbaciones en el planeta. Y hay que decir que muchas veces la NASA ha demorado en entregar a tiempo el reporte de lo graves que fueron estas explosiones solares. ¿Por qué? En la medida en que este evento en el Sol se ha ido incrementando —supuestamente, generado por la radiación del centro galáctico— el campo magnético de nuestro mundo fue decreciendo de manera alarmante. Como sabemos, aquel importante campo de energía, o “magnetosfera”, es generado por la rotación del núcleo planetario, una mezcla de hierro y níquel que trabaja como una gran dinamo, creando un “escudo” electromagnético que se desprende por los polos. Este campo de energía tiene relación directa con el Sol, por tanto nuestra estrella podría “influir” en el tamaño y forma de nuestra magnetosfera. Si hay alguna “anomalía” —como la que hay— podría distorsionarlo, o hacerle un agujero.

En los últimos cinco mil millones de años, el núcleo de la Tierra ha rotado generando ese poderoso campo magnético protector, que es 1000 veces más fuerte que el de cualquiera de los otros planetas cercanos, como Venus o Marte. De ese escudo depende la vida y la evolución. De hecho, sabemos que más de una especie lo emplea para sus migraciones o para construir sus madrigueras. Aunque los seres humanos creemos que este es un problema sólo para las aves, las ballenas o las comadrejas, la mutación de nuestra estrella, y su acción en la magnetosfera, podría producir desórdenes para todos.

La verdadera causa de los cambios climáticos, como tormentas, inundaciones, e incluso terremotos, podría estar ligada a las mutaciones solares y su conexión con la Tierra. Si todo esto es ocasionado por la radiación de “Hunab Ku”, los mayas no estaban tan equivocados…

NOTA: Este artículo es un resumen del libro “Después de 2012”, de Ricardo González
Derechos Reservados a Ricardo González y Ediciones Luciérnaga, Barcelona, España.

RICARDO GONZÁLEZ

LegadoCósmico

EN BUSCA DE LA ATLÁNTIDA

Batiscafos rusos buscarán la legendaria Atlántida

Los batiscafos rusos Mir, usados en el rodaje de “Titanic” y en el primer descenso bajo el Polo Norte, iniciarán próximamente la búsqueda de Atlántida, isla legendaria que el filósofo griego Platón creía desaparecida en el mar, informó hoy una fuente próxima a la expedición que actualmente usa estos aparatos para investigar el Baikal, el lago más profundo del planeta.

“Dentro de un año o dos planeamos iniciar la búsqueda de Atlántida. En esta expedición usaremos, lógicamente, los batiscafos Mir a menos que estén ocupados en otros programas nacionales”, declaró Mijaíl Slipenchuk, de la Fundación por la preservación del Baikal.

Tanto la investigación del Baikal como la búsqueda de Atlántida, dijo, contribuirán a acaparar la atención internacional hacia los estudios oceánicos.

Fuente: RIA Novosti

¿UNA ZONA DE TORMENTAS GEOMAGNÉTICAS?

magneticfieldSegún algunas informaciones los mandos de la Fuerza Aérea Rusa han alertado a sus aviones que extremen las precauciones durante sus vuelos en una amplia zona sobre gran parte  la llamada Placa Africana, -en concreto, 17º Lat Norte(Norte del Océano Atlántico), 3º Lat Sur(Sur Océano Atlántico), hasta  8º Lat Norte y 19º Lat Sur(Océano Indico), entre las longitudes 46 Oeste, 33Oeste, 46 Este y 33 Este-. 

La razón de esta insólita alerta es la rápida formación de tormentas geomagnéticas procedentes de los límites de la Placa Africana que debido a su intensidad ha causado las dos últimas grandes catástrofes aéreas del pasado mes, el vuelo 447 de Air France que se estrelló en el Oceáno Atlántico, y el más reciente de Yemeni Airways que cayó al Océano Indico.

Desde hace un año se conoce un informe sobre un “nuevo océano”  en formación en Etiopía, como se afirma en el servicio de noticias de Nature. Allí se afirmaba que aunque es extremadamente raro el fenómeno en términos de escalas históricas en la actualidad se está produciendo, y para mayor perplejidad, sucede en uno de los lugares más inhóspitos y áridos del planeta, la depresión Afar en Etiopía.

El continente africano literalmente se está desgarrando como una camisa vieja, a lo largo de la región conocida como el Rift este, que atraviesa Eritrea, Etiopia, Kenia, Tanzania and Mozambique. La lava fundida presiona constantemente la superficie de la Tierra y en ocasiones consigue desgarrarla.

Aunque los científicos occidentales afirman que la formación de este nuevo océano no acabará sino después de millones de años, los científicos rusos aseguran que debido al actual, y sin precedentes, Mínimo Solar nuestro planeta está en peligro de ser literalmente desgarrado y, aún peor, a la reversión de los polos, debido a una todavía no explicada, pero tremendamente poderosa, fuerza gravitacional procedente del espacio exterior que ha alcanzado a nuestro Sistema Solar. Algunos investigadores piensan que se trata del misterioso Planeta X, que podría tratarse de una enana marrón, y conocido por algunas antiguas civilizaciones como Nibiru.

Los rusos van más allá y señalan que la obsesión occidental con el artificial calentamiento global es una deliberada maniobra propagandística para ocultar el hecho de que no sólo la Tierra, sino todos los planetas del Sistema Solar actualmente están sufriendo un rápido calentamiento. Según el Doctor  Habibullo Abdussamatov,  en 2007 reveló sus hallazgos que demostraban que los casquetes polares de Marte se estaban fundiendo de forma alarmante. Y algunos sitios también señalan anomalías en otros planetas del Sistema Solar.

Para muchos lo más escalofriante de esas informaciones son las que aseguran que esas poderosas fuerzas gravitaciones podrían ocasionar que el continente africano se hundiera completamente, a la vez que resurgieran las míticas Atlántida y Lemuria, en el Atlántico e Índico respectivamente, tal y como profetizara en el siglo XX el vidente Edgar Cayce, y muchos también relacionan con las profecías mayas sobre el 2012.

LOS AZTECAS Y MESOAMÉRICA: LA TIERRA DE LAS CALAVERAS DE CRISTAL

calacris2Los cristales se usaron como talismanes mágicos en muchas culturas. Los griegos consideraban que los cristales de cuarzo eran «hielo congelado» ―agua que había estado congelada durante tanto tiempo que quedó en estado sólido para siempre. El filósofo romano Plinio el Viejo citó como evidencia de que los cristales de cuarzo eran hielo ultracongelado el hecho de que se encontraban a gran altura en los Alpes, donde se hallan los glaciares, y no en sitios más bajos donde la temperatura es más cálida. Si bien esto es completamente erróneo, demuestra al menos que los romanos consideraban al cuarzo un material interesante.
De hecho, en la antigüedad los griegos y los romanos usaban bolas pulidas de cuarzo cristal de roca con fines adivinatorios. El hecho de que fuera muy difícil hallar un ejemplar tan grande del mineral que permitiera hacer una bola de cristal transparente hizo que estos objetos fueran aun mucho más valiosos y místicos.
Las bolas de cristal también se utilizaron en Escocia. En un artículo denominado “Scottish Charms and Amulets” publicado en las actas de la Sociedad de Anticuarios de Escocia el 8 de mayo de 1893, George F. Black describe las muchas aplicaciones que se les daba a esos elementos. En algunos casos eran solo decorativas, pero también se creía que algunas de ellas curaban las enfermedades del ganado, y el agua donde se las sumergía tenía una gran demanda para rociarla luego sobre las manadas. Muchos clanes de las tierras altas tenían bolas de cristal que colgaban de sus estandartes. Las llamaban «bolas de fortaleza» o «bolas de victoria».
Aunque las culturas antiguas veneraban los cristales, se cree que el tallado
del cuarzo en forma de calavera es peculiar de América Central y el Himalaya.
La iconografía de las calaveras se utiliza con frecuencia en el budismo tibetano, el tantra hindú y entre los aztecas, mixtecos y mayas. Es posible que también se utilizara entre los olmecas, quienes precedieron a todas estas culturas mesoamericanas.
De hecho, la idea de que las calaveras de cristal están vinculadas a poderosos rituales tántricos hindúes y budistas parece estar bien fundada. Se dice que los monjes budistas e hinduistas miran con fijeza calaveras de cristal como parte de su meditación. La iconografía de las calaveras está muy extendida en el arte tibetano e hindú, y hay muchas representaciones de dioses que llevan collares, tocados y cinturones con calaveras en esculturas y pinturas thangka. Los collares se asocian en particular con Shivá, el dios creador y destructor y su irascible consorte Kali, a quien generalmente se la representa llevando uno alrededor del cuello. Los devotos de estos dos dioses aún usan estos collares en la actualidad, los que casi siempre están hechos con pequeñas calaveras talladas en huesos humanos o animales. El uso de abalorios con forma de calaveras en rosarios es común en Nepal, donde las cuentas a menudo sen tallan en huesos de yak. Los monjes tibetanos utilizaban calaveras humanas reales para hacer tambores sagrados y también copas llamadas kapala. Existían reglas escritas precisas acerca de cómo debían prepararse las calaveras para utilizarlas como vasos sagrados, y una vez santificadas se las usaba en diversas ceremonias. Una de las prácticas consistía en calentar dentro de las mismas elementos comunes de la vida cotidiana para mostrar de manera simbólica que la vida y la muerte humanas eran efímeras y que era mejor enfocarse en la iluminación espiritual.
En cuanto a estas calaveras del Himalaya y tibetanas, también las hay de jade, talladas en su totalidad en esta dura y valiosa piedra verde. Asimismo se hallaron esqueletos completos, íntegramente tallados en jade, supuestamente de Mongolia o de Tíbet, los que recibieron una gran dosis de publicidad en la Internet y en conferencias sobre piedras preciosas.
Un sitio de Internet (www.greatdreams.com) afirma que entre los años 2000 y 2001 «se halló una cantidad de calaveras de cristal en algunas cuevas en montañas remotas. Demandó dos años recuperar veintidós antiguas calaveras de cristal, conocidas en conjunto como “las calaveras de Pekín”, las que es posible que estén vinculadas a los dropa». Los dropa son extraterrestres de muy pequeño tamaño que se supone descendieron del espacio cuando su nave se estrelló en una remota área montañosa en la frontera entre China y Tíbet. Allí vivieron en cuevas y se dijo que se hallaron tumbas con sus extraños esqueletos y con ciertos discos que se presume contienen información codificada. No se supo mucho más sobre estas calaveras chinas de cristal, y todas las afirmaciones acerca de los dropa parecen requieren aún de mucha más investigación y verificación.
Richard Garvin, autor de The Cristal Skull (1973), libro que trata  acerca de la investigación que Frank Dorland hizo sobre la calavera de cristal de Mitchell-Hedges, cita a Dorland:

Es evidente que el culto a las calaveras o al menos su adoración fue en el
pasado una práctica mundial entre los pueblos antiguos», afirma Dorland.
«Desde las islas del Pacífico hasta el Tíbet, desde Egipto hasta México, la
adoración de calaveras se halla en cada rincón del globo. Y parece ser que
todas estas prácticas las tuvieron en muy alta estima. Fue objeto de culto,
adorada, conservada y venerada. La calavera como símbolo de una fea y
truculenta cabeza de muerto parece ser más propia de los últimos 1500
años.
Pero en ninguna otra parte del mundo la calavera tuvo una importancia
mayor que en las culturas ―tanto moderna como prehispánica― de
América Central. En estas culturas, este motivo aparece en una sorprendente variedad de formas. Por ejemplo, el centro del calendario azteca es un rostro descarnado; el dios azteca Xólotl, mellizo de Quetzalcóatl, tenía por cara una calavera; los náhuas hacían incrustaciones de mosaicos con calaveras y estas eran un motivo importante en los trabajos en oro de los mixtecos.
El motivo de la calavera es omnipresente en Mesoamérica, donde aparece en edificios como un elemento arquitectónico, en cerámicas, en esculturas, en artesanías y en pinturas. Una de las formas de arte más frecuente en esa región eran las máscaras. Estas se usaban en ceremonias religiosas y también como elementos decorativos, y la calavera era un motivo común. En particular eran muy populares las representaciones en las que la mitad de la cabeza tenía aspecto de calavera, y la otra mitad, la cara de un ser vivo. El Museo Británico tiene en su colección una máscara mexicana hecha con una calavera humana verdadera a la que llaman la «Máscara Turquesa de Oaxaca». El frente de la calavera está cubierto de mosaicos de turquesa y de lignito y la parte trasera se separó y se forró en piel. La mandíbula es móvil y está unida a la piel mediante una bisagra. Una interesante nota al margen es que esta máscara sirvió de inspiración al popular artista británico Damien Hirst, quien en 2007 produjo la pieza de arte moderno más costosa jamás realizada. Se trata de una calavera humana real del siglo XVIII que adquirió en Londres y cubrió con 8601 diamantes finos. La pieza central es un diamante rosado con forma de pera colocado en la frente. Se espera que la obra se llegue a vender en cien millones de dólares. Esta reluciente pieza es un interesante giro del concepto «calavera de cristal».
La fascinación mesoamericana por las calaveras persiste en la actualidad y su más famosa expresión se halla en el Día de los Muertos.
Desde la imposición del cristianismo, esta celebración tiene lugar el Día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, pero ya en el tiempo de la conquista se vio que los aztecas tenían varias fiestas de los difuntos. Estas celebraciones se hacían en forma muy parecida a la festividad actual, en la que se ofrecen guirnaldas de flores, chocolate, frutas, dulces y otros alimentos a los ancestros familiares. Hoy en día a menudo se realizan excursiones a los cementerios y los niños reciben pequeñas calaveras de dulce para comer.
Las culturas mesoamericanas al parecer veían a la muerte como una parte natural del ciclo vital, como algo a lo que no se debía temer particularmente. El uso de las calaveras era solo un recordatorio del gran plan cósmico. El sitio mexicolore.com.uk cita un verso del poeta azteca Netzahualcóyotl que dice:

Aunque sea de jade se quiebra,
aunque sea de oro se rompe,
aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
solo un poco aquí.

Los aztecas creían en trece cielos y nueve niveles de infierno. La forma en que la persona moría establecía adónde iba su alma en el más allá, pero las almas en todos los niveles tenían obligaciones que cumplir para mantener la continuidad de la vida sobre la Tierra: ayudar a provocar la lluvia, proveer semillas para nuevas cosechas, curar enfermedades, etc. De manera que podemos ver que la temática de las calaveras estaba muy enraizada en las culturas de Mesoamérica, pero ¿qué hay de las calaveras de cristal propiamente dichas? ¿Quién las hizo y por qué? (sin mencionar ¿cómo?).  Diversas leyendas atribuidas a varias culturas indoamericanas
pretenden responder a estas preguntas. La más popular de estas dice que existen trece calaveras de cristal de tamaño real que forman cierta clase de conjunto especial que se activará cuando estén todas juntas — algo así como reunir todas las piezas de un sofisticado ordenador. Una versión de esta historia dice que las trece calaveras fueron fabricadas por una sociedad avanzada que vivió en el interior de la Tierra y que contienen información sobre la historia de esa raza, su relación con la nuestra y nuestro futuro. Las calaveras se repartieron por todo el mundo, para que fuesen halladas y  reunidas en una fecha posterior. Algunos afirman que esta raza era de  origen extraterrestre.
Otra versión de la leyenda se origina en la historia maya quiché de la creación, el libro llamado Popol Vuh. Según este relato, un chamán maya ocultó las trece calaveras en tiempos remotos para que fueran redescubiertas en una época de gran necesidad. Contienen información vital acerca del origen de la raza humana, el verdadero propósito de nuestra creación y nuestro destino. Cuando estemos preparados para recibir ese conocimiento se hallarán las calaveras y se las decodificará, lo que habrá de facilitar el progreso de la humanidad. Los autores del libro Mistery of the Cristal Skulls Revealed (1988), sostienen que las trece calaveras forman un conjunto y que en algún momento se las conservó debajo del palacio de Potala en el Tíbet. Sin embargo, su creación tuvo lugar en la Atlántida y se las utilizó en los Trece Templos de Sanación de la Atlántida. Estos investigadores creen que muchas de las calaveras de cristal que se conocen en la actualidad tienen entre 10.000 y 30.000 años. Una de las edades que se atribuye a la calavera Mitchell-Hedges es de 17.000 años.
Según estos autores, muchas calaveras de cristal se usaron en sacrificios humanos, razón por la que se «pervirtieron»; sin embargo, piensan que otras escaparon a ese terrible destino. Hay acuerdo entre los autores acerca de que las diferentes calaveras son de naturaleza extraterrestre. La mayor parte del material de su obra les llegó a través de médiums en estado de trance, por lo que es bastante sospechoso. Debido a la información que recibieron por medio de estos canales, los autores creen que «muchas de las calaveras de cristal se trajeron o se proyectaron aquí desde otras partes de nuestra galaxia… algunos de los ejemplares que conocemos se crearon en la Tierra, pero son copia de las trece originales, algunas de las cuales aún
pueden estar en el Tíbet».

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Cómo mencionamos anteriormente, varias calaveras de cristal se encuentran en exhibición en museos en toda Mesoamérica. En general,
estas son los ejemplos más pequeños de la variedad artística. Las más grandes comenzaron a aparecer a mediados del siglo XIX y se atribuyen en general a los aztecas. Aquí debe tomarse en cuenta que hay pruebas de que al menos dos de las grandes calaveras de cristal ―incluida la que estaba en exhibición en el Museo Británico como un artefacto azteca― eran falsas, talladas en una época muy posterior. En cuanto al origen de algunas otras, es todavía muy dudoso. Su belleza y su perfección dan alas a la romántica noción de que pudo haberlas tallado alguna civilización extraterrestre o de la Atlántida, de gran desarrollo tecnológico.
Mientras que se dice que muchas de las calaveras de cristal halladas en América Central son aztecas, debemos recordar que estos (también llamados méxicas) son una civilización relativamente reciente en América Central. Se cree que llegaron desde el norte en algún momento alrededor del año 1248. Cerca de trescientos años más tarde, en 1519, arribaron los españoles y conquistaron a los aztecas en 1521. Si bien muchos miembros de la realeza y sacerdotes aztecas poseyeron calaveras de cristal, estas pueden haber provenido de culturas anteriores y podrían tener cientos y hasta miles de años de antigüedad. El cristal de cuarzo es casi ndestructible, y los objetos de cristal en general pasan de mano en mano durante muchas generaciones hasta que se pierden o caen en manos de ladrones. Con cierto
esfuerzo, una calavera de cristal puede reducirse a miles de pequeños
fragmentos a fuerza de golpes, pero es muy probable que esto no haya ocurrido con frecuencia dado el alto valor de ese objeto y la dificultad para realizar semejante tarea.
De hecho, una de las grandes preguntas acerca de los aztecas y sus calaveras de cristal es si ellos tenían la tecnología y la habilidad requeridas para el tallado y el pulido de estas piezas (al menos, de las de mayor tamaño). Esta es una de las razones por las que se postula que se debieron hacer en la Atlántida: se requiere una civilización con alta tecnología y herramientas avanzadas para hacer dichos objetos.
También se utiliza un argumento similar para sugerir que las calaveras de cristal deben ser fruto del trabajo de seres extraterrestres: simplemente no pueden haber sido hechas por antiguas sociedades ―supuestamente primitivas― tales como los aztecas, mayas, mixtecos, zapotecas u olmecas.
A esta altura es necesario tener un panorama general de estas culturas. En mi referencia inmediata anterior las he listado en orden descendiente según su época de prevalencia en Mesoamérica, siendo los aztecas los más recientes y los olmecas los más antiguos. Como en todas las designaciones antropológicas, los límites de su hegemonía son de algún modo arbitrarios; las culturas pueden haberse superpuesto, y los sitios utilizados inicialmente por unos muy bien pueden haber sido conquistados y utilizados por otros luego. Incluso, los descendientes de un pueblo avasallado pudieron mantener algo de sus conocimientos y artes en un nuevo ambiente. Ya aclarado ese punto, mucho más al sur del territorio azteca estaba el de los mixtecos. Está en duda si alguna vez fueron conquistados por los aztecas, pero es sabido que comerciaban con ellos. La mixteca es una cultura anterior a la azteca, que se cree que desciende de la cultura mesoamericana más antigua, los olmecas. Los mixtecos utilizaban el motivo de la calavera, y es posible que algunas calaveras supuestamente aztecas hayan sido producto de un intercambio con los mixtecos. La cultura mixteca se puede remontar hasta el año 500 a.C., o aun antes.
Antes que los mixtecos estuvieron los zapotecas ―quienes también vivieron al sur de los aztecas en el área de Oaxaca―, a los que se reconoce como excelentes artesanos y constructores. Se creía que la escritura zapoteca se remonta al año 500 a.C. y que fue la base para la forma más antigua de escritura de Mesoamérica. Ahora se considera que la escritura zapoteca deriva de los primeros jeroglíficos olmecas y epiolmecas. Entre los impresionantes sitios zapotecas se encuentra Monte Albán, una montaña cuya cumbre fue cortada para permitir la construcción de una ciudad megalítica, y Mitla, otro lugar megalítico.
En lo que respecta al origen de los zapotecas, la versión en inglés de Wikipedia, la enciclopedia en línea, brinda esta curiosa información: «Los zapotecas cuentan que sus ancestros emergieron de la tierra, de cuevas, o que a partir de árboles o de jaguares se convirtieron en seres humanos, mientras que la elite que los gobernaba se consideraba descendiente de seres sobrenaturales que vivían en las nubes y creía que al morir volverían a ese estado. De hecho, el nombre con que se los conoce en la actualidad es el resultado de esa creencia».
Se cree que los zapotecas, al igual que los aztecas y los mayas, realizaban sacrificios humanos, y el motivo de la calavera a menudo se asocia con esta costumbre. De cualquier modo, no se sabe si el origen de las calaveras de cristal tiene algo que ver con los sacrificios humanos y su horrenda simbología.
Los artesanos zapotecas y mixtecos residían en la capital azteca de Tenochtitlán y se los conocía por sus trabajos en joyería y piedras. Muchas de las calaveras de cristal pueden haber sido realizadas por ellos. En Yucatán, Guatemala, Chiapas y más al sur, los mayas gobernaron durante miles de años y todavía viven en estas áreas en la actualidad. Se cree que las comunidades mayas más antiguas comenzaron en la región de Soconusco en la costa del Pacífico alrededor del año 1800 a.C., si bien es posible que, originalmente, dichas comunidades hayan sido olmecas y no mayas.
Se estima que la cultura maya floreció entre el año 1000 a. C y el 200 d. C, pero poco es lo que se sabe de ese periodo. Por lo general la civilización maya clásica se ubica entre los años 250 y 900 d.C., momento en que tuvo lugar un súbito colapso de la civilización y cientos de ciudades en las junglas de Petén en el norte de Guatemala y en la región de Yucatán en México quedaron abandonadas.
Los mayas continuaron viviendo en las montañas de Guatemala y en zonas remotas a lo largo del río Usumacinta, al igual que en lugares costeros lejanos en Belice, Quintana Roo y Honduras. Si bien los mayas fueron grandes constructores, existe la creencia generalizada de que no poseían medios de transporte basados en la rueda (tales como carretas o carretillas), poleas y ni siquiera herramientas de metal. Estas eran de obsidiana, jade, pedernal o basalto y las utilizaban como martillos, hachas, azuelas, taladros, o herramientas de desbastar y cosas por el estilo. A pesar de ello los mayas pudieron construir una amplia serie de pirámides, plazas, cisternas y caminos. Utilizaban una forma de cemento hecho con estuco de piedra caliza que se esparcía sobre los bloques de piedra y después, con frecuencia, se pintaba de colores vivos. Ahora, si los mayas no poseían herramientas de metal y otras formas básicas de tecnología, ¿podrían haber sido capaces de tallar y pulir un material tan duro y difícil de trabajar como el cristal de cuarzo? ¿Qué herramientas y de qué material pueden haber usado los mayas? Si tenían calaveras de cristal, ¿las habrían hecho ellos
mismos, o provendrían de alguna otra civilización, tales como las más antiguas y más avanzadas culturas olmeca y zapoteca?
Esto nos lleva a los olmecas. En mi libro The Mystery of the Olmecs, sostengo que ellos no eran únicamente la cultura más antigua de Mesoamérica, sino que eran también la más avanzada. En esencia, la civilización fue decayendo desde la época de los olmecas hasta el periodo de los aztecas, justo antes de la conquista española. Las calaveras de cristal ¿pertenecen en realidad al periodo olmeca, al que se define aproximadamente entre los años 1300 y 200 a.C.? Los olmecas no solo extrajeron y esculpieron grandes macizos de basalto de veinte toneladas de peso, transformándolos en cabezas colosales trabajadas con refinamiento (muchas de las cuales muestran rasgos negroides, lo cual en sí mismo es objeto de controversia) sino que también poseían herramientas de hierro con las cuales hacían sus excelentes obras.
En resumen, los olmecas al parecer tenían la tecnología para hacer calaveras de cristal de tamaño real, mientras que los posteriores mayas y
aztecas en apariencia no poseían las herramientas para hacer objetos de esa
clase. Los zapotecas y mixtecos de Oaxaca y del sur de México heredaron
su habilidad de los olmecas y pueden haber sido los últimos de esta casta
de expertos lapidarios.
Nadie sabe de donde vinieron los olmecas, pero las dos teorías predominantes son:
1. Eran nativos americanos, derivados del mismo grupo siberiano del que procede la mayoría del resto de los americanos nativos, en quienes se acentuó el material negroide que estaba latente en sus genes.
2. Eran forasteros que inmigraron al área de Olman por vía marítima,
probablemente como marineros o pasajeros de viajes transoceánicos que es posible que hayan tenido lugar a lo largo de cientos de años.

Los olmecas tenían numerosos similitudes curiosas con los mayas y otras culturas lejanas, tales como su atracción por el jade y las plumas exóticas, el uso de setas alucinógenas y otras drogas psicodélicas y la inscripción de jeroglíficos sobre estelas de piedras como hitos. En su libro The Olmecs: America´s First Civilization, Richard Diehl dice lo siguiente acerca de los artefactos que se hallaron en el sepulcro olmeca de Tlatilco:
Una mujer de clase alta yacía junto a 15 vasijas, 20 estatuillas de arcilla, 2
trozos de jade verde brillante pintado de rojo que podrían haber formado
parte de un brazalete, una placa de hematita cristalina, un fragmento óseo
con restos de pintura, y varias rocas. En otra sepultura se hallaron los
restos de un hombre cuyo cráneo había sido modificado deliberadamente
en la infancia y con los dientes recortados con diseños geométricos en la
adultez. Podría tratarse de un chamán ya que los objetos ubicados a su lado
parecían elementos relacionados con el uso de sus poderes. Entre ellos
había pequeños metates para triturar hongos alucinógenos, efigies de arci-
lla con forma de hongos, cuarzo, grafito, resina y otros artículos exóticos
que podrían haber sido utilizados en rituales de curación.
Los cristales de cuarzo y las setas psicodélicas formaban parte del conjunto de elementos que usaban los antiguos chamanes olmecas, y a este lo sepultaron con ellos. ¿Se habrá enterrado a algunos chamanes olmecas con sus calaveras de cristal? Se han hallado tan pocas tumbas olmecas que aún no lo sabemos.  Parece probable que las calaveras de cristal y su uso en rituales mágicos ya hubiesen comenzado para esa época. Para estas calaveras, casi indestructibles —excepto mediante fuertes golpes—, no
pueden establecerse una datación certera. Solo el estilo del tallado o el descubrimiento de un escondite secreto de estas cuyo origen y fecha pueda determinarse con precisión puede ayudar a establecer su edad. Aun así, si se hallaran y se dataran sitios con calaveras de cristal, eso no significaría que las calaveras se crearon en la misma época que el sitio —en realidad podrían ser cientos de años más antiguas y haber cambiado de manos durante generaciones.

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El enigma de las antiguas calaveras de cristal—quién las hizo y a qué época se remontan—es un misterio que se hace más profundo cuanto más lo estudiamos. Es posible que las calaveras de cristal de los aztecas sean reliquias más antiguas. Los mayas ¿hicieron calaveras de cristal? ¿Podrían haberlas hecho sin herramientas de metal? El cristal de cuarzo es tan duro que sería muy difícil tallar cualquier clase de escritura en ellas. Hasta donde sé, aún no se halló ninguna que tenga alguna clase de escritura como la que vemos en la estatuilla de Tuxtla.
Parece ser que el tallado del cristal y el uso de las calaveras de este material se remontan a los olmecas y fueron luego transmitidos a los zapotecas, quienes también heredaron la lengua y la escritura olmecas. Aún en tiempos aztecas, el arte de hacer las calaveras de cristal puede haber sido celosamente guardado por los zapotecas.
Algunas preguntas que nos podemos hacer ahora serían: ¿Cuán comunes eran las calaveras de cristal en el antiguo México? ¿Hubo alguna de tamaño real? ¿Tenían los emperadores aztecas alguna clase de colección de calaveras de cristal al momento de la conquista? De ser así ¿qué pudo haber sucedido con ellas? Ahora que tenemos cierta comprensión del origen de las calaveras de cristal (por pequeña que sea) podemos estudiar la fascinante afirmación de que los antiguos —y modernos— emperadores de México tenían una colección secreta de estos objetos: calaveras de magia y poder.

David Hatcher Childress

Extraído de EL ENIGMA DE LOS OLMECAS Y LAS CALAVERAS DE CRISTAL