LOS SEÑORES DE LAS TINIEBLAS EXTERIORES

Releyendo antiguas lecturas recordadas por actuales paradigmas holográficos he dado con este texto del conocido antropólogo experto en chamanismo, Michael Harner, de sus primeras experiencias visionarias, en las que aparecen algunos pasajes que a su vez me traen reminiscencias de algunos seres últimamente habituales en algunos ámbitos de los que trata esta página. LIBERTALIADEHATALI

Llevaba casi un año viviendo en un poblado conibo a orillas de un lago alimentado por un afluente del Ucayali. Mi investigación antropológica sobre la cultura conibo iba muy bien, pero cuando intenté recabar información sobre sus prácticas religiosas no tuve mucho éxito. La gente era amistosa, pero se mostraba muy reticente a hablar de lo sobrenatural. Por fin, me dijeron que si de verdad quería aprender, tendría que tomar la bebida sagrada de los chamanes, hecha a base de ayahuasca, la “planta del alma”. Dije que sí con una mezcla de curiosidad e inquietud, pues me advirtieron que la experiencia iba a ser espantosa.
A la mañana siguiente, mi amigo Tomás, el más venerable anciano del poblado, fue a la selva a cortar las plantas. Antes de marcharse me dijo que ayunara: poco desayuno y nada de almorzar. Volvió a mediodía con hojas y plantas de ayahuasca y cawa como para llenar una olla de cincuenta litros. Le llevó toda la tarde cocerlo, hasta que sólo quedó una cuarta parte del líquido negruzco. Lo echó en una botella vieja y lo dejó enfriar hasta el atardecer, cuando, dijo, lo tomaríamos.
Los indios abozalaron a los perros de la aldea para que no ladrasen. Me dijeron que los ladridos podían volver loco al que tomara la ayahuasca. Se hizo callar a los niños y el silencio invadió el poblado con la caída del sol.
Cuando la oscuridad engulló el breve crepúsculo ecuatoriano, Tomás vertió aproximadamente un tercio de la botella en un cuenco de calabaza y me lo pasó. Todos los indios observaban. Me sentí como Sócrates entre sus compatriotas atenienses aceptando la cicuta; recordé que uno de los nombres que los pueblos de la Amazonia peruana daban a la ayahuasca era “la pequeña muerte”. Me tomé la poción sin vacilar; tenía un sabor extraño, un poco amargo. Esperé entonces a que Tomás bebiera, pero dijo que, al final, había decidido no participar.
Me tumbaron en el suelo de bambú bajo el gran techo de paja de la choza comunal. En la aldea no se oían más que el chirriar de los grillos y los gritos distantes de un mono aullador, allá en la jungla.
Mientras contemplaba la oscuridad que me rodeaba, aparecieron difusas líneas de luz. Se hicieron más nítidas, más intrincadas, y estallaron en brillantes colores. Venía de un sonido de muy lejos, como de catarata, cada vez más fuerte hasta llenarme los oídos.
Unos minutos antes me había sentido decepcionado, convencido de que la ayahuasca no me iba a hacer ningún efecto. Ahora el sonido de aquel torrente inundaba mi cerebro. Sentí que se me entumecía la mandíbula y cómo se me iban paralizando las sienes. Por encima de mí, aquellas  líneas pálidas se hacían más brillantes y, poco a poco, se entrecruzaron hasta formar un dosel parecido a una vidriera de dibujos geométricos. De un fuerte tono violeta, no dejaban de extenderse como haciendo un tejado que me cubría. Dentro de esta caverna celeste escuché, cada vez más intenso, el ruido del agua y vi unas figuras difuminadas que se movían vagamente. A medida que mis ojos se acostumbraron a aquella penumbra, la escena fue tomando forma: parecía una barraca de feria, un sobrenatural carnaval de demonios. En el centro, cual maestro de ceremonias y mirándome a los ojos, había una enorme cabeza de cocodrilo; enseñaba los dientes y de sus cavernosas fauces manaba un amplio torrente de agua. Paulatinamente las aguas remitieron y con ellas se fue desvaneciendo el dosel, hasta que la escena se resolvió en una simple dualidad: cielo azul arriba y mar abajo. Todas aquellas criaturas habían desaparecido.
Desde donde me encontraba, junto a la superficie del agua, empecé a ver dos extraños barcos meciéndose, acercándose cada vez más. Se fundieron en una sola nave con una enorme proa de cabeza de dragón, muy semejante a la de un barco vikingo.En medio tenía una vela cuadrada. Poco a poco, mientras la nave se balanceaba suavemente allá arriba, oí un rítmico chapoteo y vi que se trataba de un gigantesco galeón con cientos y cientos de remos que se movían al unísono.
Escuché entonces el más bello cántico que había oído en mi vida, agudo y etéreo, que emanaba de miles de gargantas a bordo del galeón. Me fijé en la cubierta y vi una multitud de seres con cabeza de arrendajo y cuerpo de hombre, parecidos a los dioses ornitocéfalos de los frescos funerarios del antiguo Egipto. En ese momento una especie de energía o fluido elemental comenzó a brotar de mi pecho hacia la nave. Aunque era un ateo convencido, tuve la certeza de que me estaba muriendo y que aquella gente con cabeza de pájaro había venido para llevarse mi espíritu en aquel barco. A medida que el alma se me escapaba por el pecho empecé a notar que se me entumecían los brazos y las piernas. Parecía que mi cuerpo se estaba cuajando como el cemento. No podía moverme ni hablar. Cuando aquella sensación de parálisis me llegó al pecho, al corazón, intenté pedir auxilio a los indios para que me dieran un antídoto. Pero no pude articular palabra. Noté el cuerpo rígido como una piedra y tuve que hacer un tremendo esfuerzo para que mi corazón siguiera latiendo. Empecé a llamarle “amigo mío”, “querido amigo”, a hablarle, a animarle a latir con las fuerzas que me quedaban. Entonces fui consciente de la presencia de mi cerebro. Sentí -físicamente- que se había compartimentado en cuatro niveles distintos y separados. El superior, consciente del estado de mi cuerpo, observaba y ordenaba, y se ocupaba de que el corazón me siguiera latiendo; percibía, aunque sin tomar parte alguna en ellas, las visiones que emanaban de lo que parecía ser la parte inferior de mi cerebro. Inmediatamente por debajo de ese nivel había un estrato paralizado, como si hubiera dejado de funcionar por efecto de la droga; simplemente, no existía. El siguiente nivel era la fuente de mis visiones, incluida la nave.
Ahora estaba completamente seguro de que iba a morir. Intenté aceptar mi destino y entonces una parte aún más baja de mi mente comenzó a transmitir más visiones e información. Me “dijeron” que este nuevo material me estaba siendo revelado porque iba a morir y, por tanto, estaba “a salvo” para recibirlo. Eran secretos reservados a los moribundos y los muertos, según me comunicaron. Apenas podía distinguir a quienes me transmitían tales pensamientos: enormes criaturas con aspecto de reptil agazapadas en las regiones más remotas de mi cerebro, donde acababa la espina dorsal. Los entreveía en aquellas oscuras, tenebrosas profundidades. Entonces proyectaron una escena visual ante mí. Primero me mostraron la Tierra tal y como fue hace millones de años, antes de que hubiera vida en ella. Vi un océano, tierra yerma y un cielo azul y brillante. Del cielo cayeron entonces cientos de partículas negras que aterrizaron ante mí, sobre el yermo. Vi que eran unos seres gigantescos, negros y relucientes, con carnosas alas de perodáctilo y rechonchos cuerpos de ballena. No podía verles la cabeza. Se dejaban caer como fardos, exhaustos por el viaje. Me explicaron, en una especie de lenguaje telepático, que venían del espacio exterior y habían llegado a la Tierra escapando de su enemigo.
Me mostraron luego cómo habían creado vida en el planeta para enmascararse bajo múltiples formas y ocultar así su presencia. Ante mis ojos se desarrolló, a escala y con un realismo imposible de describir, el esplendor de la creación y especialización de animales y plantas, cientos de millones de años de actividad. Supe que aquellos seres draconianos estaban en toda forma de vida, incluyendo al hombre. [Ahora podría compararlos con el ADN. Por aquel entonces, 1961, sin embargo, yo no sabía nada sobre tal tema]
Eran me dijeron, los verdaderos señores de la Humanidad y de todo el planeta; los humanos no éramos sino meros receptáculos y servidores de aquellas criaturas. Esa era la razón por la que podían hablarme, desde dentro de mi propio ser.
Estas revelaciones, que brotaban desde lo más recóndito de mi mente, alternaban con visiones del galeón, que casi había completado su tarea de trasladar mi espíritu a bordo; con su tripulación de hombres-pájaro, empezaba a alejarse, arrastrando tras de sí mi fuerza vital mientras enfilaba ungran fiordo flanqueado de colinas peladas y romas. Me di cuenta de que sólo me quedaban unos momentos de vida, pero, qué curioso, no tenía miedo de aquella gente; si iban a proteger mi alma, que se la llevaran. Lo que sí temía es que mi espíritu, en vez de permanecer a flote, pudiera, de algún modo que ignoraba pero que temía, ser alcanzado y utilizado por aquellos monstruos que habitaban el abismo.
De pronto fui consciente de mi humanidad, que me distinguía de los reptiles, nuestros ancestros, y luché por alejarme de ellos, a los que ya empezaba a ver como seres cada vez más ajenos y, no había duda, malignos. Cada latido me suponía un esfuerzo indescriptible. Recurrí a los humanos en busca de ayuda. En un último intento conseguí murmurar una sola palabra, dirigida a los indios: “¡Medicina!”. Vi cómo se apresuraban a preparar un antídoto y supe que no llegarían a tiempo. Necesitaba de alguien que pudiera vencer a los dragones y traté desesperadamente de convocar a algún ser poderoso que me defendiera de aquellos reptiles. Apareció uno ante mi y en ese mismo momento los indios me abrieron la boca y me hicieron tragar el antídoto. Los dragones fueron desapareciendo, hundiéndose en el abismo; ya no había barco ni fiordo. Me sentí tranquilo y aliviado.
El antídoto me procuró un gran bienestar, pero no consiguió que desaparecieran del todo las visiones, más superficiales ahora. Podía controlarlas e incluso disfrutar de ellas: Hice fabulosos viajes por lugares remotos; llegué incluso más allá de la galaxia; podía crear edificios de ensueño y obligar a los burlones diablillos a que pusieran en práctica mis fantasías. A menudo me sorprendí a mí mismo riendo a carcajadas al ver cuán incongruentes eran mis aventuras. Por fin, me dormí.
Me despertó el sol, que se filtraba por el tejado de paja. Me quedé tumbado escuchando aquellos sonidos cotidianos del amanecer: los indios charlando, el llanto de los niños, el cacareo de los gallos. Me sorprendió descubrir que me encontraba bien, descansado y en paz. Mientras contemplaba el hermoso trenzado del techo me volvieron a la mente los recuerdos de la noche anterior. Me esforcé en no recordar más hasta haber cogido una grabadora que tenía en la mochila. Mientras la buscaba, los indios me saludaron, sonrientes. Una anciana, la mujer de Tomás, me ofreció un cuenco de pescado y sopa de plátano para desayunar. ¡Qué bien sabía aquello! Me dispuse luego a grabar mis experiencias antes de que se me olvidara algún detalle. No me resultó difícil recordarlo todo, excepto una parte del trance que no conseguía hacer volver a mi memoria. No había más que un espacio en blanco, como cuando se borra una cinta. Estuve horas intentando acordarme de qué había pasado y al fin lo conseguí; resultó ser la revelación de los dragones, incluyendo lo que me habían dicho sobre su papel en la evolución de la vida en el planeta y su dominación de la materia viviente y del hombre. Descubrir aquello me emocionó sobremanera,y no pude por menos que pensar en que, en teoría, no podía rememorar tales cosas.
Llegué incluso a temer por mi propia seguridad, pues ahora poseía un secreto que, según aquellos seres, sólo les estaba destinado a los moribundos. Decidí compartirlo con otros de manera que saliera de mí y así mi vida no corriese ningún peligro. Instalé el motor fueraborda en una canoa y me puse en camino de la misión evangelista americana. Llegué hacia el mediodía.
Bob y Millie, la pareja que estaba al frente de la misión, eran hospitalarios, compasivos y con gran sentido del humor, mucho más simpáticos que la mayoría de los evangelistas que llegaban de los Estados Unidos. Los conté mi historia. Cuando les describí el reptil de cuya boca manaba agua se miraron, alcanzaron la Biblia y me leyeron el siguiente versículo del capítulo 12 del Apocalipsis:

                    “Y la serpiente arrojó de su boca como un río de agua…”

Me explicaron que, en la Biblia, la palabra “serpiente” era sinónimo de “dragón” y “Satanás”. Seguí con mi relato y cuando mencioné que los dragones procedían de algún lugar lejos de la Tierra y que habían llegado aquí para esconderse de sus perseguidores, Bob y Millie empezaron a ponerse nerviosos. Me leyeron entonces unas cuantas líneas del mismo pasaje del Apocalipsis:

              “Y hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban con el dragón, y peleó el dragón y sus ángeles y no pudieron triunfar y perdieron su lugar en el cielo. Y fue arrojado el gran dragón, la antigua serpiente, llamada Diablo y Satanás, que extravía al universo todo. Fue precipitado en la Tierra, y sus ángeles con él”.

Escuché aquello con sorpresa y asombro. Por su parte, los misioneros parecían admirados de que un antropólogo ateo, tomando el brebaje de los “médicos brujos”, hubiera podido llegar a las mismas santas verdades reveladas en el libro del Apocalipsis. Cuando acabé mi narración me sentí aliviado por haber compartido lo que sabía, pero estaba exhausto. Me quedé dormido en la cama de los misioneros mientras ellos seguían comentando lo que acababan de escuchar.
Por la tarde, en el viaje de vuelta al poblado, la cabeza empezó a latirme al ritmo trepidante del motor; creí volverme loco. Tuve que taparme los oídos para alejar aquella sensación. Dormí bien, pero al día siguiente tenía la cabeza pesada.
Me apremiaba recabar la opinión del más experto conocedor de lo sobrenatural entre los indios, un chamán ciego que había viajado con frecuencia al mundo espiritual con la ayuda de la ayahuasca. Me parecía lógico que mi guía en el mundo de las tinieblas fuera un ciego.
Fui a su choza con el cuaderno de notas y le relaté mi experiencia punto por punto. Al principio sólo le contaba los momentos culminantes; así, cuando llegué a los dragones, me salté lo de su llegada y dije: “Eran unos enormes animales negros, como murciélagos gigantes, más grandes que esta cabaña, y me dijeron que eran los verdaderos amos del mundo.” En conibo no hay una palabra que signifique “dragón”, así que “murciélago gigante” era la expresión más apropiada para describir lo que había visto.
Me miró con sus ojos ciegos y esbozó una sonrisa: “Siempre dicen lo mismo. Pero no son más que los Señores de las Tinieblas Exteriores“.
Como sin darle importancia al gesto, alzó una mano al cielo y sentí un escalofrío en la espalda, pues aún no le había dicho que, en mi trance, los había visto venir del espacio.

MICHAEL HARNER               La Senda del Chamán

 

MITOLOGÍA Y CHAMANISMO EN LA CIVILIZACIÓN DE LOS TOLTECAS

toltecasLuego de la decadencia de la ciudad-estado de Teotihuacán, la cual quizá se debió a invasiones de pueblos hostiles o a gravísimas crisis alimentarias, varias poblaciones se disputaron el poder económico y cultural de Mesoamérica. Los Toltecas y otros grupos de colonizadores, llamados Nonoalcos, se establecieron en una zona situada a aproximadamente 65 kilómetros al norte de Teotihuacán, donde se fundó posteriormente la ciudad de Tollan Xicocotitlán (Tula o ciudad cerca del cerro Xicoco). La región ya estaba habitada por algunos grupos de Otomíes, que aún hoy son un consistente grupo indígena mexicano. Los primeros eruditos españoles, entre los cuales Bernardino de Sahagún, tuvieron conocimiento de la antigua civilización de los Toltecas por medio de los Aztecas, quienes les dijeron que ésta era mítica y que estaba ubicada en un valle paradisíaco, donde había abundancia de cosecha y donde las personas se alimentaban de aves tropicales multicolores. A continuación, un pasaje del libro Historia General de las Cosas de la Nueva España, llamado luego Código Florentino (1577) del fray Bernardino de Sahagún: Dicen que su Dios era Quetzalcóatl (serpiente con plumas de Quetzal), que era riquísimo y que tenía todas las cosas que se pudieran desear en este mundo. Dicen que las mazorcas de maíz eran enormes y abundantes, y que se cultivaban grandes calabazas, patatas y tomates. Además, dicen que había abundancia de algodón, con el que se elaboraban espléndidos tejidos. Los Toltecas adoraban al Dios Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, símbolo, por tanto, del inframundo (muerte y pasado) y del cielo (renacimiento, cercanía al Sol, luminosidad, futuro), que representa, de este modo, la continuidad de la vida en la Tierra y en el Cosmos. Según los Aztecas, en la cima de la teocracia tolteca estaba el sumo sacerdote, quien encerraba en sí todo el conocimiento humano y quien tenía poderes sobrenaturales. El personaje histórico más famoso de la civilización tolteca fue Ce Acatl Topiltzin, quien nació probablemente en el 947 d.C., en un pueblo llamado Michatlahco, en el actual estado mexicano de Morelos. Fue el rey más importante de los Toltecas, a partir del 977 d.C. Hay algunas leyendas que afirman que Topiltzin era “diferente”, en el sentido que venía de muy lejos. A menudo se dice que era un náufrago vikingo. Después de haber sido coronado rey, fue tentado por el Dios de la guerra Tezcatlipoca, motivo por el cual fue expulsado de la ciudad. Luego de los últimos estudios arqueológicos en el sitio de Tula, ubicado en el actual estado mexicano de Hidalgo, se llegó a la conclusión de que la sociedad tolteca era dominada por una aristocracia guerrera que efectuó una expansión de tipo militar y cultural hasta Yucatán, alrededor del 1000 d.C. Haciendo una comparación con Suramérica, la expansión cultural tolteca parece asemejarse a la efectuada por el pueblo Wari, que influenció, con su cultura, a muchísimas etnias del Perú meridional y central pre-incaico. Hacia el 1200 de nuestra era, algunas belicosas tribus de Mexicas (que sucesivamente dieron origen a los Aztecas) y Chichimecas invadieron el territorio de los Toltecas, haciendo que esta civilización comenzara a declinar. En efecto, el estudio estratigráfico del sitio arqueológico de Tula confirma una secuencia cronológica que va del 750 d.C. hasta el 1200 d.C. Se piensa que Tula tenía una extensión de 11 kilómetros cuadrados y una población de aproximadamente 30.000 personas. En la actualidad, en Tula, se pueden admirar las enormes estatuas de los Atlantes, de 4,6 metros de altura. Son representaciones de guerreros toltecas. Parece que su construcción estuvo relacionada con el culto del planeta Venus y con la creación de un calendario sagrado de 260 días (el tiempo de la revolución de Venus alrededor del Sol). En cuanto a lo económico, la zona donde surgió la ciudad de Tollan-Xicocotitlan (no confundir con el lugar mitológico llamado Tollan), era rica en obsidiana, piedras semipreciosas como la turquesa, el alabastro y otros minerales con los cuales se elaboraban estatuillas, adoradas como tótem. En el valle había, además, abundancia de cacao, patatas, tomate, calabazas y maíz. Esta ventajosa situación económica permitió a la aristocracia dominante expandirse militarmente por el actual México y tener relaciones comerciales con los Mayas y con otros pueblos de Centroamérica, como por ejemplo Nicoya, en la actual Costa Rica, de donde importaban preciosas cerámicas. En la arquitectura Tolteca se encuentran algunas similitudes con la cultura Maya: la pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli en Tula se parece mucho al templo de los guerreros de Chichén Itzá, en Yucatán. Las afinidades entre los dos pueblos se perciben también en la mitología y en el chamanismo esotérico. En lo alto de estas creencias religiosas toltecas estaba Tloque Nahuaque, el Creador Supremo o Absoluto. Estaba después una Divinidad creadora de los cielos y de la Tierra, Ometecuhtli. Luego, se adoraba a varios Dioses, a los cuales se ofrecía sacrificios para obtener mejores cosechas o para ahuyentar a las fuerzas del mal. Uno de los más importantes era, como ya se había mencionado, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. No sólo era el símbolo del inframundo y del cielo al mismo tiempo (el diablo y el Omnipotente en la simbología católica), sino que representaba también la cultura, la filosofía y la fertilidad. Según la leyenda, Quetzalcóatl era el rey de la legendaria Tollan en épocas arcaicas. Otro de los Dioses mitológicos toltecas era el ya mencionado Tezcatlipoca, el Dios de la guerra (Marte en la cultura de los Griegos). Luego estaba Tlaloc, Dios de la lluvia, Centeotl, Dios del maíz, Itzlacoliuhque (a veces identificado como un simple aspecto de Quetzalcóatl), considerado como Dios de la oscuridad y de los eventos violentos como terremotos, inundaciones y tempestades. A partir de las crónicas escritas por los primeros eruditos españoles que llegaron a México en el siglo XVI, se deduce que los Toltecas daban una enorme importancia a la figura del chamán, hombre capaz de comunicarse con los espíritus, con el fin de resolver disputas, curar enfermedades y en últimas, relacionar a las personas con la Divinidad. Hay que señalar que la palabra “chamán” deriva del sánscrito “shramana”, y no de las lenguas americanas. El chamanismo que aún hoy se practica en muchísimos grupos indígenas de Suramérica es un tipo de religión esotérica reservada, por tanto, a pocos. En efecto, sólo el chamán tiene acceso al conocimiento y puede comunicarse con los espíritus, sean ellos benignos o malignos. Además, practica sacrificios para complacer a los Dioses, conserva las tradiciones orales de su pueblo y sirve de guía espiritual. Según las tradiciones chamánicas toltecas, las cuales heredó luego el pueblo de los Mexica o Aztecas, cada individuo al nacer es acompañado por un animal que lo protegerá y lo guiará durante toda su vida. Estos espíritus se llamaban nahuales. Algunos animales, como por ejemplo el pato y algunas enormes plantas como los árboles de bosque, eran considerados sagrados en la cultura Tolteca. El pato es capaz de caminar, nadar, sumergirse y volar. Por consiguiente, es el símbolo de la perfección en el mundo animal. El árbol de bosque representa los tres mundos posibles: el inframundo, con las raíces bien aferradas a la Tierra y a su materialidad, el tronco, que simboliza la superficie terrestre o el mundo del medio, habitado por los humanos y que está entre la materialidad y la espiritualidad, y la copa, símbolo de la cercanía a Dios, al cielo, a la luminosidad y al reino de la espiritualidad. Los chamanes toltecas eran capaces de comunicarse con los espíritus luego de alcanzar un estado de trance (o alteración de la consciencia), que producían tanto con métodos de autohipnosis, como a través de la música, el canto y el baile, pero también ingiriendo sustancias alucinógenas, como por ejemplo el peyote (Lophophora williamsii). Hoy en día, en México, hay algunas comunidades de Neo-Toltecas que siguen la filosofía de vida de sus ancestros y que creen que los antiguos Mesoamericanos eran portadores de una única cultura llamada Toltecayotl. La filosofía de los Neo-Toltecas está basada en la convicción de que es posible tener un estilo de vida que respete a la naturaleza y a los otros seres vivientes, de manera que se pueda lograr la armonía que se perdió en los siglos pasados.

YURI LEVERATTO    www.yurileveratto.com

INDÍGENAS DEL XINGÚ

xinguEn la zona nororiental del estado de Mato Grosso, en Brasil, existe una inmensa área protegida, donde no se puede deforestar ni construir. Es la tierra de los indígenas del Río Xingú, los cuales, en realidad, pertenecen a diversas etnias y hablan diferentes idiomas.
El Río Xingú, con sus 2100 kilómetros de longitud, es el sexto afluente más largo del Río Amazonas, y su cuenca fluvial, de 531.000 kilómetros cuadrados, es comparable con la extensión de España.
En la zona de resguardo indígena, la cual tiene 27.000 kilómetros cuadrados de grandeza, conviven aproximadamente 6000 autóctonos de 14 etnias distintas.
Según el arqueólogo Michael Heckenberger, alrededor del 800 de nuestra era se establecieron en las orillas del Xingú algunos grupos de Arawak, provenientes del actual Roraima.
En la región ya había indígenas de idioma Je, uno de los cuatro grupos lingüísticos principales de Suramérica. Entre 1400 y 1600 se construyeron varios pueblos fortificados, con una superficie de hasta 50 hectáreas.
Ulteriores estudios arqueológicos comprobaron que en los siglos siguientes se establecieron pueblos de lengua Caribe en el sector. Entre 1650 y 1750 tuvieron lugar los primeros enfrentamientos entre los exploradores portugueses (llamados bandeirantes) y los nativos, los cuales con frecuencia terminaron en tragedias.
No fue solamente el impacto bélico, pues, en efecto, para los portugueses los nativos significaban sólo un problema que había que eliminar para alcanzar más rápidamente sus objetivos, es decir, encontrar grandiosas riquezas mineras, sino también la difusión de nuevos virus y bacterias, la cual redujo drásticamente la población de los indígenas.
Justo alrededor de 1750 d.C., algunos pueblos de lengua Tupi-Guaraní, como los Kamayurá y Aweti, llegaron a la zona del Río Xingú. Hacia fines del siglo XIX, arribaron otras etnias como los Trumai, Bakairi, Suyá e Ikpeng.
El primer científico que llegó al territorio y que sucesivamente proporcionó valiosa información sobre diversas tribus de nativos y sobre la flora y fauna de estas regiones fue el etnólogo alemán Karl Von den Steinen, quien en 1884 exploró el alto curso del Xingú y algunos de sus sub-afluentes.
A partir de 1954, el explorador italiano Antonio Filangieri di Candida Gonzaga efectuó algunos viajes a la zona del Xingú, transmitiendo importantes descripciones de la vida, usos y costumbres de la etnia Carajá.
El área protegida fue creada en 1961, justamente para preservar la existencia de pueblos indígenas en vía de extinción, además de un oasis natural y faunístico de invaluable importancia.
Una de las etnias más relevantes que habita la zona del Xingú es la Kamayurá, perteneciente al grupo lingüístico Tupi-Guaraní. Por lo general, sus integrantes viven en pueblos circulares, donde las malocas (típicas chozas amazónicas), están puestas en círculo alrededor de una plaza principal. Éstas pueden alcanzar los 30 metros de longitud y los 10 de altura, y hospedan a varias familias que viven en forma comunitaria.
El acceso de los jóvenes a la vida de los adultos se efectúa todavía mediante particulares rituales, en los que los jóvenes se encierran en un recinto durante un tiempo bastante largo (a veces más de un año), y pueden tener contacto sólo con personas específicas. Durante este período se enseña a las chicas una especie de arte marcial, llamado huka-huka, relacionado con las costumbres cosmológicas de su cultura. Normalmente, para las chicas, este procedimiento coincide con sus primeras menstruaciones, mientras que para los chicos la ceremonia tiene que ver más con el refuerzo de su carácter, con el fin de prepararlos para la vita comunitaria.
Este tipo de ceremonia de iniciación a la vida adulta se ve también en otras culturas de Suramérica, como por ejemplo en los Wayuu de Colombia.
En la cultura Kamayurás, el tiempo que el joven permanecerá encerrado influirá en su vida futura, o bien, mientras más tiempo se quede recluso, más poder tendrá una vez que vuelva a la vida normal. Cuando este rito termina, se le da un nombre definitivo a la persona, el cual sustituye al nombre otorgado en el nacimiento.
En algunas de estas tribus se practica todavía el infanticidio, comúnmente aplicado a gemelos o a niños que tienen malformaciones genéticas. Esta macabra costumbre se efectúa mediante el ahogo, pero la fundación brasilera para la protección de los indígenas está haciendo lo posible para hacer que los bebés rechazados se den en adopción.
La sociedad de los Kamayurás es patriarcal, basada en la herencia. El cacique es el máximo responsable de la comunidad tanto política como espiritualmente. Luego está la figura del Pajé, un chamán respetado por sus funciones religiosas, el cual toma también a veces decisiones políticas en un nivel inferior respecto al cacique.
Los Kamayurás practican la poliginia, y el sujeto que tiene más esposas disfruta de más alto status social.
Su religión es monoteísta, cuyo Creador supremo es conocido como Mawutzinin, quien encarnó en la creatura humana primigenia. Según las creencias locales existe un principio activo, llamado Mamaé, que puede ser dañino o benévolo según el caso. Con los rituales chamánicos basados también en la ingestión de plantas alucinógenas se puede acercar el Mamé positivo y expulsar al negativo.
Las festividades llamadas Quarup son muy importantes entre los indígenas del Xingú, en las cuales se rinde homenaje a indígenas fallecidos. El rito, centrado en la figura de Mawutzinin, reúne a varias etnias del valle, no sólo los Kamayurás, puesto que las tradiciones son comunes, exceptuando el origen y la lengua diferentes.
Durante las celebraciones se puede asistir a la lucha ritual llamada huka-huka, y también al momento del “trueque”, en el cual se intercambian armas, tejidos y otros objetos, cumpliendo con ritos ancestrales.
La dieta de los Kamayurás está basada en mandioca y pescado, muy abundante también en los afluentes del Río Xingú.
La vida de los indígenas del Xingú, la cual sería impensable que se desarrollara fuera de su ancestral territorio, está lamentablemente amenazada por enormes intereses económicos: ya en 1989 una gran empresa brasilera empezó los trabajos de construcción de gigantescas digas para producción hidroeléctrica sobre la zona protegida tanto del Río Xingú como del Jiriri, su afluente principal, pero luego de grandes marchas indígenas de protesta, tales proyectos fueron abandonados.
Actualmente se está estudiando la posibilidad de construir una colosal diga llamada Belo Monte en el Río Xingú (en el estado de Pará), pero algunos críticos de esta inmensa obra sostienen que sería inútil, ya que durante los tres meses secos no se podría producir electricidad a causa del bajo nivel del río.
El otro proyecto descomunal es el de la diga de Babaquara, que inundaría aproximadamente 6000 kilómetros de selva tropical con una incalculable pérdida de biodiversidad. Ambos proyectos causarían excesivos daños a los autóctonos del área protegida, quienes verían alterados sus delicados ecosistemas fluviales y forestales.
En la última foto, tomada por un satélite, se ve cómo la región del parque indígena Xingú (en verde), está casi totalmente rodeada por zonas cultivadas de soya (en blanco). El aumento exponencial de las tierras cultivadas de soya y utilizadas para la ganadería bovina, y la consiguiente destrucción de enormes territorios de selva virgen es motivo de gran preocupación, no sólo porque amenaza directamente a los pueblos indígenas que dependen del ambiente circundante para su supervivencia, sino también porque causa innumerables daños ambientales y pérdida de biodiversidad, que una vez perdidos no podrán ser recuperados nunca más.

YURI LEVERATTO

Fuente: www.yurileveratto.com

AMOR Y ENERGÍA SEXUAL PARA LA SANACIÓN

sexualYa he explicado que el odio y el amor son formas de energía vibratoria. Los fotones, las partículas de luz, actúan como el amor, un deseo de unirse en un mismo estado. Los electrones, las partículas de materia, actúan como el odio, un deseo de separación. La energía sexual es la danza entre los dos. Somos un compuesto de un cuerpo electrónico y uno fotónico. Para sanar, un chamán que actúe como sanador, inducirá una condición de resonancia en la luz del cuerpo fotónico. Las partículas de luz tienden a actuar de forma inclusiva y penetran en el mismo estado de resonancia. Ahora llegaba a la conclusión de que el cuerpo de luz que hay dentro de cada uno de nosotros es el lugar en que se produce la resonancia.

Haciendo un símil, al separar el cuerpo electrónico del fotónico, tendríamos tres cuerpos, no dos. Habría el cuerpo electrónico, el cuerpo fotónico, y el cuerpo que existe entre los dos. A éste le podemos llamar el cuerpo cuántico de conciencia. Era capaz de funcionar como chamán sanador en el seno de cada uno de nosotros.  El cuerpo electrónico tiene que ver con la supervivencia y es capaz de destrucción. El odio y la separación son sus dominios. Se trataba del ámbito del brujo. Cuando el brujo lanzaba un maleficio, sólo afectaba al cuerpo electrónico. Por tanto, una acción de un brujo es más potente sobre aquellos que se sienten poco amados y poco sexuales.

El curandero actúa para sanar, y actúa en el cuerpo de luz; el cuerpo fotónico. Cuanto más se acepta una persona a sí misma como cuerpo de luz, más amorosa es, y mayor es la acción del sanador.

El chamán actúa en el cuerpo cuántico. Orquesta la danza entre fotones y electrones. El cuerpo lo siente como energía sexual. Resumiendo, veo al amor como curandero, al odio como brujo, y al sexo como chamán.

Los chamanes son comunicadores, y el amor una energía de comunicación. “Enamorarse” le permite a uno sentirse comunicado con todo el universo. en un sentido mítico, los chamanes eran recordatorios de que todos estamos conectados. Somos, en un sentido muy real, una conciencia. Los chamanes eran conscientes de su conexión con todo el universo. Pero nosotros, que vivimos en el mundo occidental, no siempre somos conscientes de esta conexión. A veces se nos tiene que engañar para que creamos que esto es verdad.

Fred Alan Wolf    Recogido de La Búsqueda del Águila
Leer más de F.A. Wolf en Trucos chamánicos para alterar la realidad

LOS CHAMANES VEN UN UNIVERSO VIBRATORIO

La realidad subyacente que manejan los chamanes es vibratoria. Se enfrentan a un mundo de vibraciones, ciclos y círculos, no a líneas rectas. La clave para entender su mundo era darse cuenta de que se trataba de un mundo vibratorio, un mundo de cantos sagrados, canciones, y percusiones rítmicas; un mundo diseñado para modificar la conciencia del paciente, que conseguía que éste sanara al sacar la mente fuera de su conciencia normal despierta y llevarlo al mundo del mito.

El punto principal era reconocer como se producía la sanación en términos de un sencillo modelo físico de vibración. Creo que los chamanes son capaces de producir en sus propios cuerpos y/o en sus sistemas nerviosos ciertas vibraciones que son capaces de absorber la enfermedad de un paciente.

(…) El chamán debe tomar la enfermedad del paciente para poder sanarlo. ¿Cómo se hace? Creo que la enfermedad se encuentra en los patrones vibratorios del cuerpo. El patrón vibratorio de una persona enferma contiene en su seno, literalmente, vibraciones enfermas. Puede tratarse de frecuencias o amplitudes adulteradas. Si involucran al sistema nervioso, pueden ser patrones vibratorios que se superponen a los impulsos nerviosos.

Para absorber estas vibraciones adulteradas, el chamán debe ser capaz de tomar la vibración de la persona enferma. Se trataba de una simple interacción de resonancia. El chamán y el paciente eran capaces de intercambiar energía. Los chamanes sabían como introducir esta vibraciones en sí mismos. Pero un paciente enfermo no. Puesto que la vibración de un chamán es fuerte y está determinada, de algún modo debe ajustar la vibración de la persona enferma para que resuene con la suya. Luego tomará la energía negativa de éste.

Pero para que esto suceda, el paciente debe pasar por una iniciación que le permita producir una vibración similar en su propio cuerpo. Los chamanes sanan entonces absorbiendo la enfermedad a través de la interacción de resonancia con el paciente. El chamán poseía la frecuencia sanadora. El paciente, al someterse al ritual, aprendía como estar en fase y frecuencia con el chamán y por lo tanto transferirle su enfermedad.

Puesto que la transferencia de energía exige una resonancia entre el paciente y el chamán, los chamanes eran vulnerables frente a los demás. Normalmente los chamanes que dirigen ceremonias absorben la enfermedad del paciente y luego la eliminan, por la orina, las heces, escupiendo, vomitando, etc. Sin embargo, si el paciente envía una vibración que coge desprevenido al chamán, éste, en especial si es vulnerable frente a alguna enfermedad, puede ponerse muy enfermo(…)

(..)había tres clases de sanadores mágicos: curanderos, chamanes y brujos. Los curanderos trabajaban con magia blanca: curaban utilizando hierbas, cantos y otras técnicas. Los brujos sólo trabajaban con magia negra: enviaban maleficios. Los chamanes trabajaban en ambos ámbitos; sanaban y podían producir enfermedades, incluso la muerte.

En consecuencia, la energía vibratoria transferida de la enfermedad podía ir en cualquier dirección. Se trataba de una calle de dos direcciones que comunicaba al chamán con el paciente.

En la mejor de las situaciones, la conexión de resonancia entre el chamán y el paciente, que permitía la transferencia de energía, era sentida por el paciente como energía amorosa.

Fred Alan Wolf

Extraído de La Búsqueda del Águila
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EL PODER DE LOS CHAMANES

artehuicholLos chamanes al parecer nacen, no se hacen. Los chamanes son sensibles a la tierra, y potencian esta sensibilidad utilizando, en sus rituales de sanación, plantas sagradas.

Paul Deveraux me confirmó que la geomancia demostraba la sensibilidad de las personas a un lugar. Recordareis mi especulación de que los chamanes eran probablemente aquellos individuos más sensibles a las energías anómalas de sus entornos.

Aún más, para mi era evidente que la gran diferencia entre la religión moderna y el chamanismo era el lugar en que se situaba a Dios. Todos los chamanes sienten los grandes poderes en términos de espíritus de la tierra y de espíritus celestiales. Recordad que Jamie Sans y Doug White convocaban a dichos espíritus de las cuatro direcciones, el cielo arriba, la tierra abajo, y en el caso de Jamie, el espíritu interno. Pero siendo un físico, lo que más me interesaba era mi descubrimiento de que el poder de los chamanes podía provenir de una radiación anómala encontrada en los lugares sagrados de todo el mundo, y de la presencia de plantas que modificaban la mente, y que parecían estar conectadas con los lugares de estos emplazamientos sagrados.

Los chamanes de Brighton me lo clarificaron. Señalaron que los distintos trucos utilizados por los chamanes tenían un poder limitado y funcionaban mejor en sus países de origen. Richard Duffon decía: “Somos organismos humanos nacidos en un fragmento particular de la tierra. Comemos de dicha tierra. Nuestras madres se han alimentado de ella. Somos lo que nuestras madres comieron y lo que fueron nuestros abuelos.” Los chamanes, estén donde estén, siguen siendo sensibles a las vibraciones propias de sus tierras.

Estoy convencido de que el poder de los chamanes está en la energía vibratoria, y de que dicha vibración está conectada a los patrones vibratorios del propio país del chamán.

Fred Alan Wolf

Recogido de La Búsqueda del Águila

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UNA APROXIMACIÓN AL CHAMANISMO (4)

amanitaEl chamán es capaz de penetrar en estados modificados de consciencia a voluntad, ya sea mediente estímulos sónicos, posturas corporales, meditación, danzas extáticas o mediante el uso de sustancias psicoactivas, últimamente denominadas enteógenas, contenidas en varios tipos de plantas, que casi todas estas culturas chamánicas conocen y usan en mayor o menor medida, como por ejemplo, la ayahuasca, la amanita muscaria, el teonanácatl, el famoso cactus peyote, o una gran variedad de daturas. Aunque hay algunos autores como Michael Harner que opinan que la idea de que todos, o incluso una mayoría, de los chamanes deben usar drogas psicodélicas es incierta.

El sistema cognitivo del ser humano está caracterizado por sus estados internos, mentales, y por los procesos que provocan elsalto de un estado a otro. Y tales estados y procesos tienen una parte bioquímica que se puede modificar con el uso de esas sustancias alucinógenas, y una parte cultural que se adquiere a partir de los entrenamientos que recibe el individuo. Se utilizan alucinógenos o enteógenos para autoinducirse estados mentales en los cuales el conocimiento  es generado no a través de procesos lógico-racionales, sino por revelación, con lo que se intenta transformar el esquema mental habitual, para hacer accesible la otra realidad en sus primeros pasos al presunto chamán.

Según las conclusiones de Fericgla en su trabajo de campo con los jívaros shuar, estas sustancias actúan en la imagenería mental desarrollando capacidades que todos los humanos ya poseemos, incluídos los occidentales, aunque no las usemos porque dependemos mucho de la tecnología. Estas capacidades innatas, entre las que puede encontrarse la creatividad, están de algún modo conectadas con el área de los procesos mentales que estas sustancias pueden atravesar.

Curioso es, de nuevo, las diferentes concepciones entre las culturas: en el mundo occidental estas sustancias químicas a menudo se las relaciona, sus efectos, con los de la locura o la esquizofrenia, y se las denomina peyorativamente drogas, mientras que los chamanes hablan de ellas como medicinas y afirman que las metamorfosis que les producen le ponen a uno en contacto con el espíritu. Son un medio y no un fin en sí mismas. Y en occidente se usan como fin, produciendo la dependencia, la degradación y por último, la extinción. Asimismo, algún producto o sustancia que para una cultura no es alterador de la metne, para otra sí que lo es, por lo que puede resultar, mal utilizado, un agente destructivo.

También es interesante señalar que las últimas investigaciones en neuroquímica indican que el cerebro humano posee sus propias sustancias alucinógenas, tales como la dimetiltriptamina, o una sustancia química equivalente al ingrediente activo de la marihuana, la anandamina, la cual provoca unas reacciones bioquímicas de efectos muy parecidos a los de la hierba, en situaciones especiales para ayudar a calmar la sensación de hambre o aligerar la percepción del dolor.

Pero las drogas no son el único medio de acceder a esas fascinantes honduras de la mente, el método básico de la inducción al trance se centra en una combinación de la canción, el uso del tambor y de la danza. El efecto provocado por los sones emitidos por los tambores, maracas y otros instrumentos de percusión, es el vehículo más utilizado por los chamanes en sus escapadas a esos otros mundos. Aunque en la Antropología se había pensado simplemente que el tambor sólo era usado para acompañar las danzas, los sonidos producidos por medio del tambor consiguen efectos psíquicos similares o mayores que las comentadas sustancias enteógenas. Parece ser que el estímulo auditivo o visual constante a ciertas frecuencias altera el sistema nervioso central y dirige las ondas cerebrales hacia una armonía determinada, y es de utilidad para facilitar la imaginería y eliminar el dolor, o la depresión.

Siguiendo con el cerebro, existen ciertas posturas corporales que facilitan el trance chamánico. Las posturas en cuestión aumentan la producción en el cerebro de ondas theta y de endorfinas beta: analgésicos naturales del propio cuerpo. Esto puede aplicarse a las técnicas de relajación y concentración que practican los yoguis. Hay quién va más lejos y afirma, como la antropóloga Felicitas D. Goodman, que determinadas posturas provocan la transformación física del practicante en diversos animales.

En algunos de estos estados modificados de consciencia las facultades perceptivas se agudizan de tal manera que es posible dar saltos intuitivos de una magnitud inalcanzable en estado normal. Algunos especulan, ya se ha indicado antes, sobre la posibilidad de que estos hechos aludan a un determinado nivel de consciencia, algo similar al Inconsciente Colectivo que proclamaba Jung, al que probablemente podría llegarse de esa manera. Estas teorías se pueden relacionar con creencias que el chamán siempre ha sostenido y que aún son sostenidas en el Oriente. Y en la actualidad, también se pueden relacionar con las resonancias mórficas* que el biológo Rupert Sheldrake ha propuesto, aunque han sido muy criticadas y cuestionadas.

(continuará)

* Resonancia mórfica: Teoría que sostiene que la concepción mecanicista del Universo, que todo lo reduce a procesos químicos, es insuficiente para explicar la memoria, la herencia, el pensamiento, etc… Sugiere que existen unos campos llamados mórficos o morfogenéticos, donde se acumulan las experiencias de los individuos, dando lugar a una suerte de memoria colectiva que sería responsable del instinto de la especie. Establece así una clara diferencia entre la genética y la herencia. La primera sería responsable de la evolución fisiológica de los organismos, mientras que la segunda constituiría la “memoria”,una herencia que no se transmite químicamente, sino por medio de la resonancia mórfica que opera en la distancia a través del tiempo y del espacio. En lugar de haber estado predeterminada por siempre, se fue formando acumulativamente. Es una especie de memoria inmaterial del universo que impulsa a los organismos a actuar por la fuerza del hábito.

UNA APROXIMACIÓN AL CHAMANISMO (2)

chamantamborUna de las características más representativas del chamanismo es la de su extensión, -con diferentes nombres, ropajes, utensilios, convenciones, particularidades y acompañamientos-, a multitud de culturas de todo el mundo, con muchísimos elementos comunes en el desarrollo de su práctica. Vendría a ser como un conjunto de “efectos de causas similares actuando sobre la constitución similar de la mente humana, en diferentes regiones y bajo distintos cielos”.[FRAZER] Las huellas del chamanismo se pueden encontrar, -todavía en la actualidad en ciertas partes-, en todo el continente americano. Asia, África, Australia, el Ártico y Polinesia, y aún en la vieja y racional Europa puede hallarse su rastro en las culturas clásicas mediterráneas; incluso durante la época medieval se produjo un auge de un tipo similar de conexión con lo sagrado, quizá como reacción a los abusos de los poderosos, por parte de las clases más populares, en las conocidas prácticas brujeriles, abortadas de manera tan sangrante.

Pero el chamanismo estaba entre los hombres mucho antes de que las grandes religiones sojuzgaran a sus espíritus libres, ya que las pruebas arqueológicas y etnológicas parecen indicar que los métodos chamánicos tienen al menos 20 o 30 mil años de antigüedad; pinturas con implementos chamánicos clásicos se han hallado en las cuevas paleolíticas del sur de Francia, España y el Magreb, entre ellas la del famoso “hechicero de Les Trois Feres” (sur de Francia, Paleolítico Superior), cuya vestimenta es típicamente chamánica. Según Joseph Campbell por lo menos cincuenta y cinco de este tipo de figuras han sido halladas en diversas cuevas. Por cierto que la indumentaria esencial para las actividades de un chamán consta por lo general de un manto, un sombrero, y en algunos casos una máscara y zapatos, pero lo más importante de todo es su tambor.

El chamanismo no se puede considerar como una religión, sino como un complejo de nociones y prácticas dentro de ella, que puede adaptarse o influir a la misma, como se puede observar en la persistencia de técticas y temas chamánicos en el budismo, entre los lamas, así como un cierto parecido entre algunas prácticas de la religión Bon-Po*. Incluso para el taoísmo chino, “todo el universo, incluso los seres humanos, es un vértigo de energías y ritmos, -el Tao-, que está en constante flujo y cambio”, [RUTHERFORD] noción ésta, como veremos más adelante, muy similar a los conceptos chamánicos.

Tampoco es correcto equiparar la figura del sacerdote con la del chamán, puesto que aquél se especializa en el conocimiento y práctica de los rituales, no necesita iluminación; y éste experimenta una comunicación íntima con las fuerzas sobrenaturales. El sacerdocio es un oficio aprendido, es un especialista a tiempo completo, mientras que el chamán tiene una vocación mística, puesto que no llega a su posición por el estudio deliberado y la aplicación del conocimiento racional, sino que la adquiere a través de la visión y del trance, y el don para ello lo obtiene a causa de una crisis personal, aunque tras la cual puede venir la introducción en el saber chamánico de la mano de un instructor, pero la inducción al trance continúa durante todo el proceso de entrenamiento y es entonces cuando el iniciado adquier su canción como llamada al espíritu-guía.

Y aunque posee otra manera de percibir la realidad, no está permanentemente colgado de sus viajes a esos otros mundos de dios, sino que es una actividad que muy bien puede realizar de forma secundaria con respecto a sus quehaceres habituales, cuando no la efectúa de manera esporádica. Eso sí, con harta frecuencia, el chamán está considerado como un rara avis dentro de su propia sociedad, lo cual no es de extrañar si uno se fija un poco. La misma fuente que le otorga poder y prestigio, su contacto habitual con un mundo de poderosos y peligrosos espíritus, provoca cierto temor e incluso cierta hostilidad, que a veces el mismo chamán alimenta con su propio carácter extraño, retraído y hosco (por ejemplo, a pesar de que no está muy claro que fuera un chamán en sentido estricto, el famoso guerrero sioux oglala Tashunka Witko, más conocido como Caballo Loco, aunque fue muy querido por su pueblo, poseía ese tipo de carácter entre melancólico y huraño, de estilo byroniano, tantas veces visto en el mundo en este tipo de personas). A pesar de todo, cuando es necesaria su intervención esos recelos se esfuman como por arte de magia; por contra, muchas veces es el primer candidato cuando hay que buscar víctimas propiciatorias si las cosas no funcionan bien en la sociedad, los diferentes, los raritos, siempre son culpables en todas las culturas.

Otra cuestión que lo separa del sacerdote es que el chamán, cual Prometeo, no admite la superioridad de los espíritus o dioses, ni sus bondades o maldades, ya  que las distinciones entre el bien y el mal no tiene relevancia en el chamanismo: el Universo es imparcial, no toma partido, no es bueno ni malo.

En muchos casos, el chamán en potencia se somete a un período de iniciación, que agudiza su sensibilidad e introspección, y en el que muchas veces pasa por experiencias de casi-muerte, aunque algunas ocasiones ocurre de modo accidental, como puede ser el caso de una enfermedad grave que lleve al iniciado a las puertas de la muerte, como otro conocido sioux oglala llamado Alce Negro. En otras oportunidades, los mismos aspirantes emprenden una búsqueda visionaria, somtiéndose a grandes privaciones hasta desvincular su mente de la realidad ordinaria, para entrar en contacto con lo sobrenatural. Aún en otros casos un individuo llega a ser chamán por herencia, crisis espiritual, aprendizaje o incluso compra. En ciertos lugares se reduce a un rito simbólico de iniciación.

En otros en cambio, el candidato debe someterse a pruebas extremadamente penosas, autoinflingidas o inflingidas por los encargados de la iniciación. En su esencia, la iniciación chamánica es de carácter experimental y gradual, y consiste en aprender a entrar en un estado modificado de consciencia, y a ver y viajar en ese estado; tomar consciencia de la existencia del espíritu guardián de uno mismo y familiarizarse con él, así como obtener su ayuda en ese estado modificado de consciencia; y aprender a ayudar a otros con sus poderes chamánicos.

(continuará)

* BON-PO: Bon es un término tibetano que significa “invocación, recitación”, y designa al conjunto de las diversas corrientes religiosas del Tibet anteriores a la introducción del budismo. El término bon-po designaba ordinariamente a sacerdotes con diversas funciones, como el ejercicio de la adivinación o el cumplimiento de los ritos funerarios para protección de vivos y difuntos. Practicaban la magia en sus dos aspectos, según fueran bon blanco o bon negro.

UNA APROXIMACIÓN AL CHAMANISMO (1)

chamansiberiano

Para comenzar a enmarañar la cuestión y conseguir el desasosiego del lector, caso de haberlo,vayan por delante las pertinentes deficiones que nunca faltan y todo lo dicen sin aclarar apenas nada, dejando a un lado su innegable pulcritud, vistosidad y pulimento.  Aunque, si así no fuera, no tendría coartada para continuar redactando, con lo cual todos saldríamos favorecidos. Sean entonces:

 “Se puede definir al chamán como a un visionario inspirado que, en nombre de la sociedad a la que sirve y con la asistencia de sus espíritus guardianes, entra en un trance profundo en el que su ego soñador establece relaciones con poderes espirituales.” [HULTKRANTZ]
Designaremos mediante el término chamanismo, todas las prácticas mediante las cuales pueden conseguir los humanos el poder sobrenatural, la utilización de este poder para el bien o para el mal y todos los conceptos o las creencias relacionados con tales poderes.”[PARK]
“El chamanismo no es, propiamente hablando, una religión, sino un conjunto de métodos extáticos y terapéuticos ordenados a obtener el contacto con el universo paralelo, aunque invisible, de los espíritus y el apoyo de estos últimos en la gestión de los asuntos humanos.”[ELIADE]

   Y para empezar a despejar incógnitas del fenómeno cultural conocio con el nombre de chamanismo, hay que decir primero que la palabra chamán deriva del lenguaje de la tribu tungus del este de Siberia, y con ella los antropólogos han estado denominando a un personaje característico al que se le ha confundido o querido identificar con otros tales como brujos, hechiceros, curanderos, magos o videntes. Y aunque el chamán puede ser un poco de todo eso, no es menos cierto que un hechicero, por ejemplo, no tiene porque ser chamán necesariamente.

Si se desea concretar, habrá que decir que el chamán es un individuo, con independencia de su sexo, que es capaz de entrar consciente y voluntariamente, en un trance o estado modificado de consciencia, diferente al que nos movemos en la vida cotidiana. Es, en gran medida, un aventurero, un explorador que rastrea las zonas más abisales e ignotas de los cuasi inexplorados mundos de la mente humana. En ese estado modificado de consciencia puede interactuar en las diferentes realidades o dimensiones que allí descubre o vislumbra, y con las distintas entidades que las habitan.

Y allí se desplaza, siendo plenamente consciente, teniendo absoluto control de su voluntad y de sus facultades, por diferentes motivos como la curación, -una de sus funciones más habituales-, la restitución de un alma perdidad, -que en ocasiones es sinónimo a lo anterior, según el concepto de enfermedad de algunas culturas chamánicas-, para realizar predicciones o averiguar acontecimientos pasados, para asuntos cinegéticos, como agente perturbador del clima, etc.; esto en lo que se refiere siempre a actuaciones que benefician a su sociedad o a alguno de sus intengrantes, pero también puede usar sus dotes para el automejoramiento personal, aunque todas las actividades son para el chamán un ejercicio de poder. Y por supuesto, siempre hay un reverso, puede consagrar esos poderes hacial el mal. No en vano, otra de las funciones del chamán, benigno en este caso, es la de contrarrestar las hechicerías maléficas de otro chamán oscuro.

A pesar de su habilidad para lograr el trance, el chamán debe prepararse para la sesión chamánica a través de un período de abstención y ritos purificatorios, cuyo rigor depende de sus objetivos, llegando a los casos extremos de ayuno, no beber alcohol ni mantener relaciones sexuales durante varios días.

El físico teórico Fred A. Wolf, en un libro muy interesante, La búsqueda del águila, afirma que los chamanes penetran en esos otros mundos, posiblemente paralelos, al ser conscientes de procesos que no conciernen básicamente a la supervivencia corporal, captando otras realidades, y de esta manera varían la percepción habitual en este mundo. Al alterar el modo en que alguien se observa a sí mismo y a su entorno, varía su percepción. Wolf relaciona estas realidades chamánicas con la física cuántica, de la que es especialista, mediante el llamado efecto observador de la misma. Al alterar el modo en que ves la realidad alteras esa misma realidad.

En este sentido, son curiosos los conceptos cognitivos de los shuar, un pueblo jívaro de la selva ecuatoriana estudiado por el antropólogo José María Fericgla, que construyen su futuro a partir de las visiones, provocadas por la toma de ayahuasca, y de sus sueños, que son tan válidos como las visiones. Según Fericgla, los shuar prefiguran el futuro desde el momento en que lo ven, pues si es descorazonador o maligno intentan cambiarlo en posteriores visiones.

Y más curioso aún es el singular paralelismo con las concepciones de un chamán kahuana hawaiano:

“Hablamos con la naturaleza y con los espíritus, cambiamos el tiempo y creamos acontecimientos; curamos mentes y cuerpos, y canalizamos extraños seres; volamos fuera del cuerpo, nos trasladamos a otras dimensiones y vemos lo que otros no pueden ver. (…) El mundo es lo que crees que es, nosotros creamos nuestra propia realidad.(…) No significa atraer la experiencia con nuestro pensamiento, sino verdaderamente crear realidades. Con nuestros supuestos, actitudes y expectativas, hacemos que las cosas sean posibles o imposibles, reales o irreales. En otras palabras, cambiando el marco de la mente podemos hacer cosas ordinarias y no ordinarias en la misma dimensión física que compartimos con todos los demás.”[KING]

Podría decirse que las actividades principales de los chamanes se orientan, según las inclinaciones particulares, hacia dos tipos de prácticas: la adquisición de poder personal o conocimiento, especie de chamanismo aventurero, y la curación. Sin embargo, no son excluyentes entres sí, puesto que, como he indicado antes, el chamán considera la curación como un acto de poder, y tampoco puede curar si de alguna manera antes no inicia un proceso de autoperfeccionamiento, proceso que persigue el propósito de adquirir sabiduría y poder para ayudar a otras personas, siempre y cuando el chamán sea un “mago” blanco, ya que los conocimientos chamánicos son imparciales, pueden utilizarse de diversas maneras, dependiendo de los fines.

En suma, se puede afirmar que el chamán viaja y se desplaza alternativamente entre distintas realidades, siendo poseedor de técnicas específicas para entrar en un estado modificado de consciencia que le posibilita esos viajes, dentro de las cuales se pueden señalar el uso repetitivo y monótono del sonido de instrumentos musicales, danzas extáticas, variadas técnicas de concentración y meditación, posturas corporales, y la ingesta o unto de sustancias psicoactivas. En esos universos paralelos, el chamán acomete una experiencia directa y personal de las fuerzas sobrenaturales, puesto que están poblados de espíritus guardianes, espíritus auxiliares, animales de poder, etc., a los cuales domina, y no se deja convertir en instrumento suyo, en contraposición con otros practicantes de lo oculto.

(continuará) 

¿QUÉ ES UN CHAMÁN?

Los chamanes fueron en otro tiempo doctores, sacerdotes, trabajadores sociales y místicos. Se les llamó locos, fueron a menudo perseguidos a lo largo de la historia, despreciados en los años sesenta como una ficción «reseca» e «insípida» de la imaginación del antropólogo, y están ahora tan de moda que inspiran tanto intensos debates académicos como el nombre de grupos musicales. Los chamanes han atraído sobre sí probablemente opiniones más diversas y conflictivas que cualquier otro tipo de especialistas espirituales. El chamán parece ser toda clase de cosas para toda clase de gente.

     La palabra «chamán» procede del lenguaje de los evenkis, un pequeño grupo de cazadores y pastores de renos de habla tungusa de Siberia. Fue usada por primera vez para designar a un especialista religioso de esta región. A principios del siglo XX ya se usaba en Norteamérica para designar a un amplio grupo de curanderos, hombres y mujeres, mientras que algunos practicantes actuales de la New Age (Nueva Era) usan hoy la palabra para describir a personas a las que se considera que están en algún tipo de contacto con los espíritus.    

     Se dice que el alma del chamán siberiano puede abandonar el cuerpo y viajar a otras partes del cosmos, particularmente a a un mundo superior en el cielo y a un mundo inferior subterráneo. Esta habilidad se encuentra tradicionalmente en algunas partes del mundo y nos permite hablar de sociedades y  culturas claramente chamanísticas. Una definición más amplia que ésta incluiría cualquier clase de persona que controla su estado de trance, aunque no suponga un viaje del alma. En estos sentidos, los chamanes son una forma bastante diferente de otros tipos de médiums espirituales, que son poseídos y dominados por los espíritus como y cuando quieren los espíritus y que tienen que ser exorcizados. Pero incluso aunque el chamán entre en trance bajo condiciones controladas, su «dominio» de los espíritus sigue siendo sumamente precario. La profesión de chamán se considera físicamente muy peligrosa y hay un riesgo constante de locura o muerte.

    No puede haber un chamán sin una sociedad y una cultura que le rodeen. El chamanismo no es una religión única y unificada, sino una forma de cruce cultural de sensibilidad y práctica religiosa. En todas las sociedades que conocemos hoy en día, las ideas chamánicas suelen formar sólo una parte de las doctrinas y estructuras de autoridad de otras religiones, ideologías y cultos. Hubo probablemente comunidades puramente chamánicas en el pasado, pero sólo tenemos ideas muy vagas acerca de cómo debía ser vivir en ellas. El chamanismo está repartido y fragmentado y quizá no debería ser considerado un “ismo”.

       De todos modos, hay semejanzas sorprendentes, que no son fáciles de explicar, entre las ideas y prácticas chamánicas, tan lejanas unas de otras como las del Ártico, Amazonas o Borneo, incluso aunque estas sociedades nunca hayan tenido contacto alguno. Muchas interpretaciones actuales subrayan la parte curativa del chamanismo, pero ése es sólo un aspecto del trabajo del chamán. Entre otras cosas, el chamanismo es una religión de cazadores, que se preocupa por la necesidad de dominar la vida a fin de poder vivir uno mismo. El punto de vista chamánico del equilibrio cósmico se funda en gran parte en la idea de pagar por las almas de los animales que hay que comerse, y en muchas sociedades el chamán llega hasta el dueño de los animales a fin de negociar el precio.

PIERS VITEBSKY El chamán