LOS SEÑORES DE LAS TINIEBLAS EXTERIORES

Releyendo antiguas lecturas recordadas por actuales paradigmas holográficos he dado con este texto del conocido antropólogo experto en chamanismo, Michael Harner, de sus primeras experiencias visionarias, en las que aparecen algunos pasajes que a su vez me traen reminiscencias de algunos seres últimamente habituales en algunos ámbitos de los que trata esta página. LIBERTALIADEHATALI

Llevaba casi un año viviendo en un poblado conibo a orillas de un lago alimentado por un afluente del Ucayali. Mi investigación antropológica sobre la cultura conibo iba muy bien, pero cuando intenté recabar información sobre sus prácticas religiosas no tuve mucho éxito. La gente era amistosa, pero se mostraba muy reticente a hablar de lo sobrenatural. Por fin, me dijeron que si de verdad quería aprender, tendría que tomar la bebida sagrada de los chamanes, hecha a base de ayahuasca, la “planta del alma”. Dije que sí con una mezcla de curiosidad e inquietud, pues me advirtieron que la experiencia iba a ser espantosa.
A la mañana siguiente, mi amigo Tomás, el más venerable anciano del poblado, fue a la selva a cortar las plantas. Antes de marcharse me dijo que ayunara: poco desayuno y nada de almorzar. Volvió a mediodía con hojas y plantas de ayahuasca y cawa como para llenar una olla de cincuenta litros. Le llevó toda la tarde cocerlo, hasta que sólo quedó una cuarta parte del líquido negruzco. Lo echó en una botella vieja y lo dejó enfriar hasta el atardecer, cuando, dijo, lo tomaríamos.
Los indios abozalaron a los perros de la aldea para que no ladrasen. Me dijeron que los ladridos podían volver loco al que tomara la ayahuasca. Se hizo callar a los niños y el silencio invadió el poblado con la caída del sol.
Cuando la oscuridad engulló el breve crepúsculo ecuatoriano, Tomás vertió aproximadamente un tercio de la botella en un cuenco de calabaza y me lo pasó. Todos los indios observaban. Me sentí como Sócrates entre sus compatriotas atenienses aceptando la cicuta; recordé que uno de los nombres que los pueblos de la Amazonia peruana daban a la ayahuasca era “la pequeña muerte”. Me tomé la poción sin vacilar; tenía un sabor extraño, un poco amargo. Esperé entonces a que Tomás bebiera, pero dijo que, al final, había decidido no participar.
Me tumbaron en el suelo de bambú bajo el gran techo de paja de la choza comunal. En la aldea no se oían más que el chirriar de los grillos y los gritos distantes de un mono aullador, allá en la jungla.
Mientras contemplaba la oscuridad que me rodeaba, aparecieron difusas líneas de luz. Se hicieron más nítidas, más intrincadas, y estallaron en brillantes colores. Venía de un sonido de muy lejos, como de catarata, cada vez más fuerte hasta llenarme los oídos.
Unos minutos antes me había sentido decepcionado, convencido de que la ayahuasca no me iba a hacer ningún efecto. Ahora el sonido de aquel torrente inundaba mi cerebro. Sentí que se me entumecía la mandíbula y cómo se me iban paralizando las sienes. Por encima de mí, aquellas  líneas pálidas se hacían más brillantes y, poco a poco, se entrecruzaron hasta formar un dosel parecido a una vidriera de dibujos geométricos. De un fuerte tono violeta, no dejaban de extenderse como haciendo un tejado que me cubría. Dentro de esta caverna celeste escuché, cada vez más intenso, el ruido del agua y vi unas figuras difuminadas que se movían vagamente. A medida que mis ojos se acostumbraron a aquella penumbra, la escena fue tomando forma: parecía una barraca de feria, un sobrenatural carnaval de demonios. En el centro, cual maestro de ceremonias y mirándome a los ojos, había una enorme cabeza de cocodrilo; enseñaba los dientes y de sus cavernosas fauces manaba un amplio torrente de agua. Paulatinamente las aguas remitieron y con ellas se fue desvaneciendo el dosel, hasta que la escena se resolvió en una simple dualidad: cielo azul arriba y mar abajo. Todas aquellas criaturas habían desaparecido.
Desde donde me encontraba, junto a la superficie del agua, empecé a ver dos extraños barcos meciéndose, acercándose cada vez más. Se fundieron en una sola nave con una enorme proa de cabeza de dragón, muy semejante a la de un barco vikingo.En medio tenía una vela cuadrada. Poco a poco, mientras la nave se balanceaba suavemente allá arriba, oí un rítmico chapoteo y vi que se trataba de un gigantesco galeón con cientos y cientos de remos que se movían al unísono.
Escuché entonces el más bello cántico que había oído en mi vida, agudo y etéreo, que emanaba de miles de gargantas a bordo del galeón. Me fijé en la cubierta y vi una multitud de seres con cabeza de arrendajo y cuerpo de hombre, parecidos a los dioses ornitocéfalos de los frescos funerarios del antiguo Egipto. En ese momento una especie de energía o fluido elemental comenzó a brotar de mi pecho hacia la nave. Aunque era un ateo convencido, tuve la certeza de que me estaba muriendo y que aquella gente con cabeza de pájaro había venido para llevarse mi espíritu en aquel barco. A medida que el alma se me escapaba por el pecho empecé a notar que se me entumecían los brazos y las piernas. Parecía que mi cuerpo se estaba cuajando como el cemento. No podía moverme ni hablar. Cuando aquella sensación de parálisis me llegó al pecho, al corazón, intenté pedir auxilio a los indios para que me dieran un antídoto. Pero no pude articular palabra. Noté el cuerpo rígido como una piedra y tuve que hacer un tremendo esfuerzo para que mi corazón siguiera latiendo. Empecé a llamarle “amigo mío”, “querido amigo”, a hablarle, a animarle a latir con las fuerzas que me quedaban. Entonces fui consciente de la presencia de mi cerebro. Sentí -físicamente- que se había compartimentado en cuatro niveles distintos y separados. El superior, consciente del estado de mi cuerpo, observaba y ordenaba, y se ocupaba de que el corazón me siguiera latiendo; percibía, aunque sin tomar parte alguna en ellas, las visiones que emanaban de lo que parecía ser la parte inferior de mi cerebro. Inmediatamente por debajo de ese nivel había un estrato paralizado, como si hubiera dejado de funcionar por efecto de la droga; simplemente, no existía. El siguiente nivel era la fuente de mis visiones, incluida la nave.
Ahora estaba completamente seguro de que iba a morir. Intenté aceptar mi destino y entonces una parte aún más baja de mi mente comenzó a transmitir más visiones e información. Me “dijeron” que este nuevo material me estaba siendo revelado porque iba a morir y, por tanto, estaba “a salvo” para recibirlo. Eran secretos reservados a los moribundos y los muertos, según me comunicaron. Apenas podía distinguir a quienes me transmitían tales pensamientos: enormes criaturas con aspecto de reptil agazapadas en las regiones más remotas de mi cerebro, donde acababa la espina dorsal. Los entreveía en aquellas oscuras, tenebrosas profundidades. Entonces proyectaron una escena visual ante mí. Primero me mostraron la Tierra tal y como fue hace millones de años, antes de que hubiera vida en ella. Vi un océano, tierra yerma y un cielo azul y brillante. Del cielo cayeron entonces cientos de partículas negras que aterrizaron ante mí, sobre el yermo. Vi que eran unos seres gigantescos, negros y relucientes, con carnosas alas de perodáctilo y rechonchos cuerpos de ballena. No podía verles la cabeza. Se dejaban caer como fardos, exhaustos por el viaje. Me explicaron, en una especie de lenguaje telepático, que venían del espacio exterior y habían llegado a la Tierra escapando de su enemigo.
Me mostraron luego cómo habían creado vida en el planeta para enmascararse bajo múltiples formas y ocultar así su presencia. Ante mis ojos se desarrolló, a escala y con un realismo imposible de describir, el esplendor de la creación y especialización de animales y plantas, cientos de millones de años de actividad. Supe que aquellos seres draconianos estaban en toda forma de vida, incluyendo al hombre. [Ahora podría compararlos con el ADN. Por aquel entonces, 1961, sin embargo, yo no sabía nada sobre tal tema]
Eran me dijeron, los verdaderos señores de la Humanidad y de todo el planeta; los humanos no éramos sino meros receptáculos y servidores de aquellas criaturas. Esa era la razón por la que podían hablarme, desde dentro de mi propio ser.
Estas revelaciones, que brotaban desde lo más recóndito de mi mente, alternaban con visiones del galeón, que casi había completado su tarea de trasladar mi espíritu a bordo; con su tripulación de hombres-pájaro, empezaba a alejarse, arrastrando tras de sí mi fuerza vital mientras enfilaba ungran fiordo flanqueado de colinas peladas y romas. Me di cuenta de que sólo me quedaban unos momentos de vida, pero, qué curioso, no tenía miedo de aquella gente; si iban a proteger mi alma, que se la llevaran. Lo que sí temía es que mi espíritu, en vez de permanecer a flote, pudiera, de algún modo que ignoraba pero que temía, ser alcanzado y utilizado por aquellos monstruos que habitaban el abismo.
De pronto fui consciente de mi humanidad, que me distinguía de los reptiles, nuestros ancestros, y luché por alejarme de ellos, a los que ya empezaba a ver como seres cada vez más ajenos y, no había duda, malignos. Cada latido me suponía un esfuerzo indescriptible. Recurrí a los humanos en busca de ayuda. En un último intento conseguí murmurar una sola palabra, dirigida a los indios: “¡Medicina!”. Vi cómo se apresuraban a preparar un antídoto y supe que no llegarían a tiempo. Necesitaba de alguien que pudiera vencer a los dragones y traté desesperadamente de convocar a algún ser poderoso que me defendiera de aquellos reptiles. Apareció uno ante mi y en ese mismo momento los indios me abrieron la boca y me hicieron tragar el antídoto. Los dragones fueron desapareciendo, hundiéndose en el abismo; ya no había barco ni fiordo. Me sentí tranquilo y aliviado.
El antídoto me procuró un gran bienestar, pero no consiguió que desaparecieran del todo las visiones, más superficiales ahora. Podía controlarlas e incluso disfrutar de ellas: Hice fabulosos viajes por lugares remotos; llegué incluso más allá de la galaxia; podía crear edificios de ensueño y obligar a los burlones diablillos a que pusieran en práctica mis fantasías. A menudo me sorprendí a mí mismo riendo a carcajadas al ver cuán incongruentes eran mis aventuras. Por fin, me dormí.
Me despertó el sol, que se filtraba por el tejado de paja. Me quedé tumbado escuchando aquellos sonidos cotidianos del amanecer: los indios charlando, el llanto de los niños, el cacareo de los gallos. Me sorprendió descubrir que me encontraba bien, descansado y en paz. Mientras contemplaba el hermoso trenzado del techo me volvieron a la mente los recuerdos de la noche anterior. Me esforcé en no recordar más hasta haber cogido una grabadora que tenía en la mochila. Mientras la buscaba, los indios me saludaron, sonrientes. Una anciana, la mujer de Tomás, me ofreció un cuenco de pescado y sopa de plátano para desayunar. ¡Qué bien sabía aquello! Me dispuse luego a grabar mis experiencias antes de que se me olvidara algún detalle. No me resultó difícil recordarlo todo, excepto una parte del trance que no conseguía hacer volver a mi memoria. No había más que un espacio en blanco, como cuando se borra una cinta. Estuve horas intentando acordarme de qué había pasado y al fin lo conseguí; resultó ser la revelación de los dragones, incluyendo lo que me habían dicho sobre su papel en la evolución de la vida en el planeta y su dominación de la materia viviente y del hombre. Descubrir aquello me emocionó sobremanera,y no pude por menos que pensar en que, en teoría, no podía rememorar tales cosas.
Llegué incluso a temer por mi propia seguridad, pues ahora poseía un secreto que, según aquellos seres, sólo les estaba destinado a los moribundos. Decidí compartirlo con otros de manera que saliera de mí y así mi vida no corriese ningún peligro. Instalé el motor fueraborda en una canoa y me puse en camino de la misión evangelista americana. Llegué hacia el mediodía.
Bob y Millie, la pareja que estaba al frente de la misión, eran hospitalarios, compasivos y con gran sentido del humor, mucho más simpáticos que la mayoría de los evangelistas que llegaban de los Estados Unidos. Los conté mi historia. Cuando les describí el reptil de cuya boca manaba agua se miraron, alcanzaron la Biblia y me leyeron el siguiente versículo del capítulo 12 del Apocalipsis:

                    “Y la serpiente arrojó de su boca como un río de agua…”

Me explicaron que, en la Biblia, la palabra “serpiente” era sinónimo de “dragón” y “Satanás”. Seguí con mi relato y cuando mencioné que los dragones procedían de algún lugar lejos de la Tierra y que habían llegado aquí para esconderse de sus perseguidores, Bob y Millie empezaron a ponerse nerviosos. Me leyeron entonces unas cuantas líneas del mismo pasaje del Apocalipsis:

              “Y hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban con el dragón, y peleó el dragón y sus ángeles y no pudieron triunfar y perdieron su lugar en el cielo. Y fue arrojado el gran dragón, la antigua serpiente, llamada Diablo y Satanás, que extravía al universo todo. Fue precipitado en la Tierra, y sus ángeles con él”.

Escuché aquello con sorpresa y asombro. Por su parte, los misioneros parecían admirados de que un antropólogo ateo, tomando el brebaje de los “médicos brujos”, hubiera podido llegar a las mismas santas verdades reveladas en el libro del Apocalipsis. Cuando acabé mi narración me sentí aliviado por haber compartido lo que sabía, pero estaba exhausto. Me quedé dormido en la cama de los misioneros mientras ellos seguían comentando lo que acababan de escuchar.
Por la tarde, en el viaje de vuelta al poblado, la cabeza empezó a latirme al ritmo trepidante del motor; creí volverme loco. Tuve que taparme los oídos para alejar aquella sensación. Dormí bien, pero al día siguiente tenía la cabeza pesada.
Me apremiaba recabar la opinión del más experto conocedor de lo sobrenatural entre los indios, un chamán ciego que había viajado con frecuencia al mundo espiritual con la ayuda de la ayahuasca. Me parecía lógico que mi guía en el mundo de las tinieblas fuera un ciego.
Fui a su choza con el cuaderno de notas y le relaté mi experiencia punto por punto. Al principio sólo le contaba los momentos culminantes; así, cuando llegué a los dragones, me salté lo de su llegada y dije: “Eran unos enormes animales negros, como murciélagos gigantes, más grandes que esta cabaña, y me dijeron que eran los verdaderos amos del mundo.” En conibo no hay una palabra que signifique “dragón”, así que “murciélago gigante” era la expresión más apropiada para describir lo que había visto.
Me miró con sus ojos ciegos y esbozó una sonrisa: “Siempre dicen lo mismo. Pero no son más que los Señores de las Tinieblas Exteriores“.
Como sin darle importancia al gesto, alzó una mano al cielo y sentí un escalofrío en la espalda, pues aún no le había dicho que, en mi trance, los había visto venir del espacio.

MICHAEL HARNER               La Senda del Chamán

 

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MARÍA SABINA

María Sabina Magdalena García (1894-1985)

“Hay un mundo más allá del nuestro, un mundo que está lejos, también cercano e invisible. Ahí es donde vive Dios, donde vive el muerto y los santos. Un mundo donde todo ha pasado ya, y se sabe todo. Ese mundo habla. Tiene un idioma propio. Yo informo lo que dice. El hongo sagrado me toma de la mano y me lleva al mundo donde se sabe todo. Allí están los hongos sagrados, que hablan en cierto modo que puedo entender. Les pregunto y me contestan. Cuando vuelvo del viaje que he tomado con ellos, digo lo que me han dicho y lo que me han mostrado.”

Estuvo marcada por la pobreza y una saga de acontecimientos trágicos. Viuda en dos ocasiones y su tercer esposo la abandonó. Algunos de sus hijos murieron en condiciones violentas y ella misma resultó balaceada al interponerse para salvar la vida de uno de ellos. Dos veces puso una tienda de abarrotes en su natal Huahutla y en ambas ocasiones tuvo que cerrar debido a los retrasos en los pagos de sus clientes. Pero aprendió a sobrepasar cada una de sus pérdidas y logró vivir sin rencores: “cuando veo cruzar en mi camino a aquel borracho que me hirió, lo saludo. Pobre, está descompuesto… es un hombre inservible. Su borrachera lo ha acabado”, decía.

legendaria practicante del chamanismo que en 1955 había compartido con el mundo exterior sus conocimientos de las ceremonias curativas maza­tecas con hongos sagrados.’ Nacida en 1894, María Sabina ha­bía llevado una vida muy dura y dolorosa. De niña perdió a su padre, y al principio comenzó a comer hongos psicotrópicos para combatir el hambre. En una ocasión, cuando su hermana estaba enferma y María Sabina había consumido hongos alu­cinógenos, se le apareció la figura de la muerte. Tras esa vi­sión, aseguró haber recibido orientación de «seres espirituales superiores» en cuanto a cómo curar a su hermana, y ésta se re­cuperó de su dolencia. A partir de aquel momento, María Sa­bina se convirtió en una conocida curandera, o herbolaria, y la gente comenzó a acudir a ella desde muchos kilómetros a la redonda.
Doña María, como se la conocía respetuosamente, estaba convencida de que los hongos aportaban sabiduría, curaban las enfermedades, y representaban la carne y la sangre de Je­sucristo. Después de la defunción de su segundo esposo, cuando doña María tenía poco más de cuarenta años, comen­zó a trabajar exclusivamente con los hongos sagrados y pasó a ser conocida como sabia. Me contó que los hongos aparecían por voluntad de Dios. En el modelo de curación de doña Ma­ría se realizan varias operaciones, tales como el diagnóstico, la identificación de la causa de la enfermedad y el tratamiento de la misma, después de que la sabia y sus clientes hayan con­sumido hongos sagrados. Doña María afirmó que Jesucristo o algún otro «ser espiritual superior» operaba a través de los hongos, para revelar el origen de la dolencia y el remedio co­rrespondiente.
Doña María había observado que su bisabuelo, su abuelo, su tía abuela y su tío abuelo eran sabios que consumían hon­gos sagrados durante las veladas nocturnas. Para evitar pro­blemas con la Iglesia, asistía a misa y contribuyó a la funda­ción de una asociación femenina llamada Hermandad del Sa­grado Corazón de Jesús. En realidad, el párroco del pueblo salió en su defensa cuando las autoridades federales intenta­ron prohibir sus veladas con hongos.
La imaginería de la liturgia ceremonial de doña María era claramente católica, pero con un fondo de odas y salmos pro­venientes de los sumos sacerdotes de Motezuma, soberano azteca derrocado por los invasores españoles en 1521. Aun­que la Inquisición española había declarado las veladas ilega­les, éstas se habían seguido practicando en secreto durante más de cuatro siglos. Cuando se descubrió que todavía se ce­lebraban, multitud de jóvenes de Norteamérica y de Europa occidental acudieron a Oaxaca para probar personalmente los hongos psicotrópicos. Doña María simpatizaba con su deseo de ilustración espiritual, pero criticaba el hecho de que aque­llos jóvenes no respetaran las tradiciones mazatecas y consu­mieran los hongos sin una preparación adecuada ni la orienta­ción de un «sabio».2
Cuando le pedí permiso para tomar fotografías, doña Ma­ría se disculpó y regresó al cabo de unos minutos con su túnica ritual bordada a mano, llamada huipil. Una de mis amigas, claramente conmovida por el impacto del gran carisma de doña María, comenzó a llorar desconsoladamente. Inmedia­tamente, doña María se separó con ella del grupo, rezó por ella, y le frotó el cuerpo con flores frescas. A los pocos minu­tos cesaron las lágrimas, y la mujer en cuestión dijo que sentía una paz y una felicidad que perduraron varios días.’
María Sabina dejó de practicar poco antes de cumplir los noventa años. Volvió a casarse y vivió apaciblemente en su pequeño pueblo hasta su muerte en 1985. Entretanto, permi­tió que se grabaran y transcribieran las canciones y cánticos con los que acompañaba sus veladas. En uno de ellos, se des­cribía a sí misma y su función:
Soy mujer de esfuerzos,soy mujer de llanto, soy mujer de palabras, soy mujer creadora, soy mujer curadora,soy poseedora de la sabiduría de las plantas.
En otro, relataba la experiencia de una visión:
Así es como se ve cuando voy al cielo. Dicen que allí es como la suavidad. Dicen que es como la tierra. Dicen que es como el día. Dicen que es como el rocío.

Curandera indígena originaria del pequeño poblado de Huautla de Jiménez, ubicado en la Sierra Mazateca, al sur de México. Sin proponérselo, María Sabina se convirtió en una celebridad nacional e internacional, debido a su extenso conocimiento en el uso ceremonial y curativo de los hongos alucinógenos que usualmente crecen en su natal Oaxaca. María Sabina fue conocida como una mujer sabia en todo el mundo, y se convirtió en un icono para muchos seguidores y simpatizantes del movimiento hippie, pero antes que nada, fue una mujer exploradora. Guía maestra y diosa del hongo sagrado Llamada curandera, chamán o Chjota Chjine (la que sabe) por sus conocimientos, basados principalmente en su interacción con los hongos sagrados conocidos como Teonanacatl, de la familia Psilocibe, a los cuales ella los llamaba cariñosamente “angelitos” o “niñitos”. Nativa del pueblo Huautla de Jiménez, en la sierra de Oaxaca, esta sanadora mazateca practicó la videncia y la medicina, cantando durante largas ceremonias, mezclando los conocimientos prehispánicos con la influencia de la corriente católica. Persona humilde, llevaba una vida simple en lo cotidiano. Sembraba maíz y frijol en su terreno y no cobraba a sus pacientes, quedando a la espera de lo que cada persona pudiera darle. María Sabina fue visitada por innumerables personas. Entre los conocidos podemos citar a los Beatles, Bob Marley, los Rolling Stones, Aldous Huxley y hasta Walt Disney. Pero fue conocida en el mundo occidental en su mayor parte gracias al investigador Robert Gordon Wasson y su esposa Valentina Pavlovna, considerados los padres del estudio de los hongos, quienes han escrito invalorables libros, estudiando entre otros los usos de la amanita muscaria, que se representa en los cuentos de niños con su sombrero rojo y pintas blancas. Gordon Wasson tuvo su primera experiencia con ella en 1955, y a partir de allí comenzó a publicar sus experiencias en revistas y libros, e inclusive un disco que registra los cantos de Sabina durante una ceremonia (“Mushroom Ceremony of the Mazatech Indians of Mexico”, 1957. Smithsonian Folkways Recordings); otro libro escrito por Wasson es titulado: “The Wonderous Mushroom”; uno de los hongos empleados en las ceremonias del “Hongo Sagrado”, antes no habían sido clasificado, por lo que lo catalogó como psilocibe wassonni. “Hay un mundo más allá del nuestro, un mundo que está lejos, también cercano e invisible. Ahí es donde vive Dios, donde vive el muerto y los santos. Un mundo donde todo ha pasado ya, y se sabe todo. Ese mundo habla. Tiene un idioma propio. Yo informo lo que dice. El hongo sagrado me toma de la mano y me lleva al mundo donde se sabe todo. Allí están los hongos sagrados, que hablan en cierto modo que puedo entender. Les pregunto y me contestan. Cuando vuelvo del viaje que he tomado con ellos, digo lo que me han dicho y lo que me han mostrado.” –María Sabina. En 1979 se realiza una película a cargo de Nicolás Echeverría (exhibida luego de 25 años de su filmación) donde se muestran todos los rituales con lujo de detalles, incluyendo sus cantos y la enunciación de las fuerzas e identidades a las que convocaba para curar los males de sus pacientes. El escritor Carlos Castaneda decía que tenía una conexión con María Sabina. Y hubo quienes (su ex esposa incluida) sugirieron que Castaneda construyó el conocido personaje “Don Juan” basado en ella y otro chamán llamado Salvador López. En palabras de Gordon Wasson: “La señora está en la plenitud de su poder y se comprende fácilmente por qué Guadalupe nos dijo que era una señora sin mancha, inmaculada, pues ella sola había logrado salvar a sus hijos de todas las espantables enfermedades que se abaten sobre la infancia en el país mazateco, y nunca se había deshonrado utilizando su poder con fines malévolos…nosotros hemos comprobado que se trata de una mujer de rara moral y de una espiritualidad elevada al consagrarse a su vocación, y una artista que domina las técnicas a su cargo. Se trata verdaderamente de una personalidad.” Luego de su muerte el día 22 de noviembre de 1985, fue honrada por su pueblo y reconocida en el mundo, aún cuando en vida padeció miseria e incomprensión por el camino que eligió recorrer. María Sabina es un símbolo de búsqueda y perseverancia; un modelo inspirador para aquéllos que desean encontrar su camino de conocimiento y sabiduría. Álvaro Estrada, convecino de María Sabina y conocedor del mazateco, fue la persona ideal para registrar este testimonio biográfico de la renombrada mujer de conocimiento de la Sierra de Oaxaca. Dado que María Sabina no hablaba castellano, las personas occidentales que la visitaron hubieron de valerse siempre de intérpretes para comunicarse con ella, cosa que dificultaba la redacción de un trabajo biográfico como el presente. Estrada, nacido en Huautla y educado en español por la escuela, y poseedor de una vocación literaria al mismo tiempo, fue la persona idónea para llevar a cabo esta tarea. Espectador de primera línea de los aconteceres que sucedieron en Huautla de Jiménez desde el redescubrimiento del uso sagrado de los hongos por occidentales, y consciente de la relevancia de la figura de María Sabina para el mundo de los académicos, emprendió una serie de conversaciones con ella que dieron como fruto este pequeño libro, que es a la vez una gran joya de sinceridad, sencillez y proximidad. En él Sabina narra su infancia llena de carestía en este pequeño pueblo de Oaxaca, su temprano conocimiento la sabiduría de los hongos, sus matrimonios y el nacimiento de sus hijos, su vocación chamánica y su trabajo de sanar, el encuentro con R.G. Wasson y lo que aconteció en el pueblo después. A pesar de ser escrito en 1975, cuenta con varias actualizaciones hasta 1985, año de la muerte de María Sabina. A destacar la nueva traducción al español de los cantos chamánicos de María Sabina, publicados anteriormente en el trabajo María Sabina and her Mazatec mushroom velada, editado por R.G. Wasson, quien a la vez prologa este valioso libro. El abuelo y el bisabuelo de María Sabina fueron notables chamanes, también su tía y tío abuelos. En junio de 1955, R. Gordon Wasson, investigador etnomicólogo asistió por primera vez a una velada cantada por María Sabina en Huautla, y a invitación de ella ingirió los hongos divinos y quedó pasmado. Él es el autor, junto con su esposa, del libro Mushrooms, Russia and history y de varios artículos científicos sobre los hongos alucinógenos. Esto provocó que la prensa vulgarizara la noticia y con ello la invasión de hippies a las montañas oaxaqueñas. Al final de su vida María Sabina lamentó la pérdida definitiva del poder divino de los hongos. María murió muy pobre y enferma a la edad de 91 años.

La primera vez que comió hongos psilocibos era una niña y lo hizo orillada por el hambre, como ella misma le relató a su biógrafo, en días ordinarios toda su familia comía frijoles, si es que había, o se conformaba con puras tortillas. Un día se fue al monte, encontró unos hongos y se los comió: “No teníamos nada: sólo hambre, sólo frío… Ni siquiera sabía si eran alimento o veneno. Pero sentía que me hablaban. Después de comerlos oí voces. Voces que venían de otro mundo.” María Sabina y su hermana María Ana hicieron de aquella ingestión casual una costumbre: “En unas veces el abuelo y en otras mi madre llegaban al monte y nos recogían del suelo, tiradas o arrodilladas. ‘¿Qué han hecho? preguntaban… Nunca nos regañaron ni nos golpearon por comer hongos, porque ellos sabían que no es bueno regañar a una persona que los ha tomado, ya que se le pueden provocar sentimientos encontrados y es posible que sienta que enloquece”. Tiempo después supo que los hongos “eran como Dios”: Que daban sabiduría, que curaban las enfermedades y que nuestra gente hacía muchísimos años que los tomaban… Años más tarde, cuando quedé viuda por segunda vez, me entregué para siempre a la sabiduría, para curar las enfermedades de la gente y para yo estar siempre cerca de Dios… En verdad yo nací con mi destino. Ser sabia… Y nunca fui a la escuela donde pudiera aprender a leer, a escribir o a hablar castellano. Mis padres únicamente hablaron la lengua mazateca. Nunca aprendí otra lengua. Además no sabía qué era la escuela, ni sabía si existía; y si la hubiera habido yo no habría ido, porque no había tiempo. Anteriormente se trabajaba mucho. (7) María Sabina viajando con cápsulas de psilocibina Gordon Wasson era un prominente banquero estadounidense cuyo hobby, la etnomicología, lo llevaría a emprender un viaje en compañía de su familia a Huahutla de Jiménez, Oaxaca. La noche del 29 al 30 de junio de 1959, Wasson tuvo la oportunidad de ser convidado a una ceremonia guiada por un chamán mazateco, que a la sazón resultó ser María Sabina. A su regreso a los Estados Unidos Wasson publicó el recuento completo de su aventura en un artículo especial para la revista Life. Las apreciaciones que tuvo el banquero aquella noche se encuentran consignadas líneas atrás, en la descripción de los efectos psíquicos del teonanácatl. Por su parte, María Sabina describió aquel encuentro a su manera: “Cuando los extranjeros tomaron los niños santos conmigo, no sentí nada malo. La velada fue muy buena. Tuve visiones diferentes. Llegué a ver lugares que nunca había tenido imaginación de que existiesen. Llegué al lugar de origen de los extranjeros. Vi ciudades. Ciudades grandes. Muchas y grandes casas… Después supe que Wasson había quedado maravillado… vino otras veces. Trajo a su mujer y a su hija. También vinieron personas diferentes con él.” (7) Resulta que el artículo de Wasson cayó en manos del Dr. Albert Hofmann, el químico suizo que años antes había descubierto la LSD. Al doctor le interesó bastante el fenómeno de unos hongos capaces de provocar alucinaciones en un pueblo indígena de un país latinoamericano. Se las arregló para contactar a Wasson y juntos hicieron un segundo viaje a Oaxaca para recolectar diversas muestras de teonanácatl. Hofmann las analizó en su laboratorio de Suiza y logró aislar los principios activos del Psilocybe mexicana, a los que llamó psilocina y psilocibina. Hofmann estaba tan agradecido con María Sabina por su hospitalidad y cooperación que pensó en retribuir su gentileza regresando a Huahutla con un regalo insólito: cápsulas de psilocibina pura. María Sabina tomó las cápsulas y -según Hofmann- se mostró complacida y señaló la similitud de sus efectos, aunque no por ello dejó de usar sus hongos. Según relata el mismo Hofmann: María Sabina llevó a cabo el ritual de la forma acostumbrada. Ella tomó 30 mg, el equivalente aproximado a la cantidad de hongos que solía ingerir. Los efectos de los hongos son casi instantáneos y la sustancia aislada necesita una media hora, así que María Sabina empezó a inquietarse a los quince minutos. Le dimos una pequeña píldora adicional, pues lo que menos nos interesaba en este momento era empezar una discusión, y unos diez minutos más tarde comenzaron los efectos de lleno; la sesión duró toda la noche. María Sabina nos confesó más tarde no haber encontrado diferencia alguna. (21) Los jipis invaden Huahutla de Jiménez Para Álvaro Estrada, biógrafo de María Sabina, el encuentro entre Wasson y ella fue crucial. Según asegura, esto dio pie para que al paso del tiempo surgieran improvisados chamanes que iniciaron la comercialización de los ritos prehispánicos financiados por los hippies de la década de los sesenta que llegaron buscando en los sagrados hongos algo que “elevara el espíritu” y tenían suficiente dinero para gastar en esa búsqueda. La misma María Sabina le contó a Álvaro Estrada: En cierto tiempo vinieron jóvenes, hombres y mujeres, de largas cabelleras, con vestiduras extrañas. Vestían camisas de variados colores y usaban collares. Vinieron muchos. Algunos de estos jóvenes me buscaban para que yo me desvelara con el pequeño que brota. “Venimos a buscar a Dios” -decían. Para mí era difícil explicarles que las veladas no se hacían con el simple afán de encontrar a Dios, sino que se hace con el propósito único de curar las enfermedades que padece nuestra gente… (7) En el verano de 1969 el ejército mexicano y agentes federales intervinieron Huahutla para expulsar a los jóvenes, extranjeros y mexicanos, que según reporta uno de sus moradores habían hecho del lugar “un centro de alucinogenación desenfrendada”: Dice el mismo Estrada que “el comportamiento de los jóvenes mexicanos, entre los que se encontraban delincuentes y no pocos ‘niños ricos’ en busca de aventuras, fue lamentable.” Se prohibieron en 1971, bajo el mandato de Gustavo Díaza Ordaz, cuyo hijo está involucrado en uno de los más famosos chismes relacionados con Huahutla, la supuesta visita de los miembros del grupo de música pop más famoso en aquellos momentos: The Beatles a la casa de María Sabina.Aunque lugareños como Álvaro Estrada afirman que es simple imaginería popular, hay fuertes rumores sobre la llegada de un cezna en el que habrían aterrizado Carlos Ávila Camacho, John Lennon, George Harrison y una antropóloga llamada Brenda. Supuestamente se hospedaron en la “Posada Rosada”, fumaron mota y salieron a buscar a María Sabina. Ella no quiso desvelarse con ellos porque se encontraba agotada y los citó a la noche siguiente. Como las estrellas no quisieron esperar, fueron a dar con otra chamana, Josefina Terán, quien les organizó una velada psilocíbica a cambio de unos pesos. Se supone también que en el transcurso de la misma, John Lennon se malviajó y salió de la choza gritando: “No permitiré que me maten. Esto es una farsa.” Dicen… Yo lo escuché por el radio en “Argonáutica”, un programa que conducía Jordi Soler en la Ciudad de México a principios de los noventa. Terapeutas discípulos de María Sabina Aunque la historia no lo consigna tan sonadamente como las visitas de Wasson, Hofmann, los Beatles (si es que fueron) y múltiples jipis, María Sabina también recibió la visita de médicos y psicólogos vanguardistas geniunamente interesadas en su saber como curandera y en las formas de utilizar los hongos sagrados dentro del contexto terapéutico occidental. El doctor Salvador Roquet, quien hacía algunos años había realizado diversas labores de salubridad y asistencia pública entre los mixes de la Sierra de Oaxaca, fue iniciado en las técnicas chamánicas que involucraban el manejo de hongos psilocibos por la mítica María Sabina a principios de la década de los sesenta. Roquet también estudió con otros chamanes de la zona y del norte del territorio mexicano y tiempo después, en noviembre de 1967, en la calle de Monterrey 132, en la Ciudad de México, él mismo condujo su primera sesión neochamánica, que con el tiempo se convertiría en una nueva terapia bautizada como psicosíntesis. Según sus propias palabras: “No se trataba de repetir lo hecho por diversos y muy respetables investigadores. Se trataba de aprovechar las extremadamente ricas posibilidades que ofrecía la etnobotánica de mi país, asimilando e integrando prácticas indígenas milenarias a la ciencia psiquiátrica moderna, con el respeto que ambas merecen.” (28) Se supone que Roquet trabajó con más de 1,700 pacientes, obteniendo una respuesta favorable al tratamiento en un 85% de los casos; cifra que contrasta con el bajo promedio de la psicoterapia clásica y sus altos costos. Con base en todas estas experiencias, Salvador Roquet y Pierre Fraveu desarrollaron una auténtica tesis filosófica sobre la razón de ser del humano en este planeta que bautizaron como “Teoría de la personalidad en la terapia de psicosíntesis”. Esta teoría postula que la energía universal, el prana de los vedas, existe innegablemente y por lo tanto, el hombre como manifestación de esa energía es inmortal. Amor, dios y energía universal son un mismo concepto y los problemas mentales, especialmente la neurosis, se reducen a problemas de amor, “amor que es energía, vida y salud… el no logro del amor, el no poderlo alcanzar, realizar, implica por lo tanto enfermedad” (28) (ver más al respecto en el apartado de espiritualidad y terapias) Richard Yensen, discípulo a su vez de Salvador Roquet también conoció a María Sabina a través de Roquet quien lo llevó a Huahutla a experimentar algunas sesiones con ella. Yensen dice: “Lo que sentí al participar en las ceremonias que hacía María Sabina era como traía ella su experiencia, su creencia, su fe la verdad de ella, a manejar todo el ritual de la sesión. Aprendí cómo ayudaba todo eso a la fuerza de la acción del enteógeno”. (25) En su libro Hacia una medicina psiquedélica, Yensen relata en detalle una de las ceremonias con María Sabina a la que asistió en 1974. En esa ocasión llegó a Huahutla en una avioneta cesna en la que viajaba con Roquet y otros investigadores estadounidenses: “Tras unos 45 minutos de vuelo sobre montañas cada vez más grandes, Salvador señaló el pueblo de Huahutla. Dijo que Huahutla significaba en mazateco ‘nido de águila’, y se podía entender por qué… el pueblo estaba colgado en un flanco de la cumbre de una montaña.” (36) A continuación trascribo una síntesis del interesante relato de Yensen acerca de aquella velada en la que se identificó como heredero de la tradición chamánica y artífice de su traslado hacia la psicoterapia:
María encendió las velas y colocó los cuadros de san Pedro y de la Virgen maría en el altar; ahora rodeado de luz. Fraccionó con cuidado los hongos sobre pieles de plátanos y hojas de diario. Durante todo el tiempo estuvo entonando sus extraños cántos de aire oriental. Se arrodilló ante el altar y cogió un manojo de hongos. Jim fue el primero en recibir el sacramento y mientras le daba los hongos le bendijo utilizando su nombre (le preguntó a don Manuel cada uno de nuestros nombres). El resto de los participantes de la ceremonia recibimos nuestros hongos del mismo modo, con los cantos y bendiciones de María. […] al dirigir mi vista a la luna y me vi desbordado por la sensación de haber llegado finalmente a mi meta. Comprendí que todas las sesiones con psiquedélicos que habían formado parte de mi entrenamiento a lo largo de los años, el esfuerzo, el sufrimiento y la determinación, habían confirmado la visión de una de mis primeras sesiones: utilizar los enteógenos para ayudar a la gente. Me sentí unido a María Sabina, a mi abuelo (que era médico de un pequeño pueblo de Panamá), a Salvador, así como a una esencia que los curanderos de todas las épocas habían compartido. Sentí que se trataba de una auténtica fraternidad dedicada a algo mayor de lo que podía representar cualquier individuo. Recordé que el curandero también toma siempre hongos y, de repente, cobraron sentidos los acontecimientos de esa tarde. Era mi rito de paso personal. […] Me sentía como un hombre que hubiera aceptado un reto y lo hubiera convertido en una meta extraordinaria. Vi que yo también moriría, pero que al dedicar mi vida a los objetivosd e mi fraternidad daba setido y dirección a esta vida, y hacía de ella una ofrenda a lo divino. Estaba rodeado de almas que habían sido sanadoras en épocas distintas y eran miembros de ese grupo. El colectivo de estas almas era como una columna de radiante energía dorada. Me sentía bañado en amor y luz enmedio del luminoso grupo dorado. […] Tenía la sensación de que en mi propia cultura, mediante mi trabajo con los enteógenos y la psicoterapia, ocuparía un papel semejante al de María Sabina.

Tiempo después supe que los hongos “eran como Dios” Que daban sabiduría, que curaban las enfermedades y que nuestra gente hacía muchísimos años que los tomaban… Años más tarde, cuando quedé viuda por segunda vez, me entregué para siempre a la sabiduría, para curar las enfermedades de la gente y para yo estar siempre cerca de Dios… En verdad yo nací con mi destino. Ser sabia… Y nunca fui a la escuela donde pudiera aprender a leer, a escribir o a hablar castellano. Mis padres únicamente hablaron la lengua mazateca. Nunca aprendí otra lengua. Además no sabía qué era la escuela, ni sabía si existía; y si la hubiera habido yo no habría ido, porque no había tiempo. Anteriormente se trabajaba mucho.
“La esencia es lo que hace iguales a todos los seres; que se diferencian entre sí dependiendo de su cercanía o alejamiento con respecto a esa esencia.” Fue una Excelente Curandera de las pocas que había en aquella época, ya que llegar a ese estrado era todo un camino de perfección en su vida interna: la pureza (al ser viuda podía ejercer su sabiduría pues ya no había sexo que causa la impureza y otros). Religión (pertenecía a una hermandad de un santo católico). Madre Naturaleza (sembraba maíz y fríjol en su terreno) Economía (era Humilde pues lo que los dioses le habían regalado ella también lo regalaba a sus pacientes no cobrando tarifas sino lo que la gente pudiera darle).

Todo esto se rompió y se corrompió cuando los extranjeros (no Mazatecos) incursionaron estas dimensiones en busca de la recreación y aventura alucinante debido a su ignorancia del mundo Indígena y su afición a paraísos artificiales mas que contadas excepciones personas que venían con un conocimiento previo; todas las demás dieron al traste con una de las evidencias mas fuertes de las culturas milenarias del México Profundo provocando con ello que hasta gentes de la comunidad comercializaran el hongo y las ceremonias enteogenas creando por ello toda una farsa.

Maria Sabina no se contamino solo las personas allegadas a ella quienes al final fueron las que vendieron caro a los neófitos la sabiduría de la Sabina, pero ella fiel a su orgullo indio murió en su ley y su atributo, en la pobreza que suele acompañar a los grandes Maestros quizás como un reclamo o un aviso a todos que debemos cuidar la herencia cultural de los Abuelos Indígenas, la Sabiduría Ancestral del conocimiento.

Os dejo un interesante video.

El primer largometraje del cineasta místico Nicolás Echevarría es un modesto retrato de cine en directo, lleno de afabilidad y respeto, que se sustrae a cualesquiera facilidades, traiciones o degradaciones de lo real.
Con base en cintas grabadas in situ y traducidas del zapoteca por Álvaro Estrada, se ha elaborado un texto muy sintético y vivo en el que habla la sabia en primera persona, (Mis dos maridos, mis hijos muertos de enfermedad o asesinados, mi primera toma de hongos, mi afición por el cigarro puro para fumar el corazón de Dios, mi pobreza, mi resignada espera de la muerte), mezclado con las invocaciones de la curandera. Las dos dimensiones del discurso de María Sabina son leídas en off por el escritor oaxaqueño Andrés Henestrosa, con voz neutra, pausada, al compás del ritmo general del filme, sin énfasis, modulando con sutileza, a un tiempo, la fascinación por la palabra y el distanciamiento reverente: una poética en primera y última instancias.

 

Fuente del texto: kin235

MITOLOGÍA Y CHAMANISMO EN LA CIVILIZACIÓN DE LOS TOLTECAS

toltecasLuego de la decadencia de la ciudad-estado de Teotihuacán, la cual quizá se debió a invasiones de pueblos hostiles o a gravísimas crisis alimentarias, varias poblaciones se disputaron el poder económico y cultural de Mesoamérica. Los Toltecas y otros grupos de colonizadores, llamados Nonoalcos, se establecieron en una zona situada a aproximadamente 65 kilómetros al norte de Teotihuacán, donde se fundó posteriormente la ciudad de Tollan Xicocotitlán (Tula o ciudad cerca del cerro Xicoco). La región ya estaba habitada por algunos grupos de Otomíes, que aún hoy son un consistente grupo indígena mexicano. Los primeros eruditos españoles, entre los cuales Bernardino de Sahagún, tuvieron conocimiento de la antigua civilización de los Toltecas por medio de los Aztecas, quienes les dijeron que ésta era mítica y que estaba ubicada en un valle paradisíaco, donde había abundancia de cosecha y donde las personas se alimentaban de aves tropicales multicolores. A continuación, un pasaje del libro Historia General de las Cosas de la Nueva España, llamado luego Código Florentino (1577) del fray Bernardino de Sahagún: Dicen que su Dios era Quetzalcóatl (serpiente con plumas de Quetzal), que era riquísimo y que tenía todas las cosas que se pudieran desear en este mundo. Dicen que las mazorcas de maíz eran enormes y abundantes, y que se cultivaban grandes calabazas, patatas y tomates. Además, dicen que había abundancia de algodón, con el que se elaboraban espléndidos tejidos. Los Toltecas adoraban al Dios Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, símbolo, por tanto, del inframundo (muerte y pasado) y del cielo (renacimiento, cercanía al Sol, luminosidad, futuro), que representa, de este modo, la continuidad de la vida en la Tierra y en el Cosmos. Según los Aztecas, en la cima de la teocracia tolteca estaba el sumo sacerdote, quien encerraba en sí todo el conocimiento humano y quien tenía poderes sobrenaturales. El personaje histórico más famoso de la civilización tolteca fue Ce Acatl Topiltzin, quien nació probablemente en el 947 d.C., en un pueblo llamado Michatlahco, en el actual estado mexicano de Morelos. Fue el rey más importante de los Toltecas, a partir del 977 d.C. Hay algunas leyendas que afirman que Topiltzin era “diferente”, en el sentido que venía de muy lejos. A menudo se dice que era un náufrago vikingo. Después de haber sido coronado rey, fue tentado por el Dios de la guerra Tezcatlipoca, motivo por el cual fue expulsado de la ciudad. Luego de los últimos estudios arqueológicos en el sitio de Tula, ubicado en el actual estado mexicano de Hidalgo, se llegó a la conclusión de que la sociedad tolteca era dominada por una aristocracia guerrera que efectuó una expansión de tipo militar y cultural hasta Yucatán, alrededor del 1000 d.C. Haciendo una comparación con Suramérica, la expansión cultural tolteca parece asemejarse a la efectuada por el pueblo Wari, que influenció, con su cultura, a muchísimas etnias del Perú meridional y central pre-incaico. Hacia el 1200 de nuestra era, algunas belicosas tribus de Mexicas (que sucesivamente dieron origen a los Aztecas) y Chichimecas invadieron el territorio de los Toltecas, haciendo que esta civilización comenzara a declinar. En efecto, el estudio estratigráfico del sitio arqueológico de Tula confirma una secuencia cronológica que va del 750 d.C. hasta el 1200 d.C. Se piensa que Tula tenía una extensión de 11 kilómetros cuadrados y una población de aproximadamente 30.000 personas. En la actualidad, en Tula, se pueden admirar las enormes estatuas de los Atlantes, de 4,6 metros de altura. Son representaciones de guerreros toltecas. Parece que su construcción estuvo relacionada con el culto del planeta Venus y con la creación de un calendario sagrado de 260 días (el tiempo de la revolución de Venus alrededor del Sol). En cuanto a lo económico, la zona donde surgió la ciudad de Tollan-Xicocotitlan (no confundir con el lugar mitológico llamado Tollan), era rica en obsidiana, piedras semipreciosas como la turquesa, el alabastro y otros minerales con los cuales se elaboraban estatuillas, adoradas como tótem. En el valle había, además, abundancia de cacao, patatas, tomate, calabazas y maíz. Esta ventajosa situación económica permitió a la aristocracia dominante expandirse militarmente por el actual México y tener relaciones comerciales con los Mayas y con otros pueblos de Centroamérica, como por ejemplo Nicoya, en la actual Costa Rica, de donde importaban preciosas cerámicas. En la arquitectura Tolteca se encuentran algunas similitudes con la cultura Maya: la pirámide de Tlahuizcalpantecuhtli en Tula se parece mucho al templo de los guerreros de Chichén Itzá, en Yucatán. Las afinidades entre los dos pueblos se perciben también en la mitología y en el chamanismo esotérico. En lo alto de estas creencias religiosas toltecas estaba Tloque Nahuaque, el Creador Supremo o Absoluto. Estaba después una Divinidad creadora de los cielos y de la Tierra, Ometecuhtli. Luego, se adoraba a varios Dioses, a los cuales se ofrecía sacrificios para obtener mejores cosechas o para ahuyentar a las fuerzas del mal. Uno de los más importantes era, como ya se había mencionado, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. No sólo era el símbolo del inframundo y del cielo al mismo tiempo (el diablo y el Omnipotente en la simbología católica), sino que representaba también la cultura, la filosofía y la fertilidad. Según la leyenda, Quetzalcóatl era el rey de la legendaria Tollan en épocas arcaicas. Otro de los Dioses mitológicos toltecas era el ya mencionado Tezcatlipoca, el Dios de la guerra (Marte en la cultura de los Griegos). Luego estaba Tlaloc, Dios de la lluvia, Centeotl, Dios del maíz, Itzlacoliuhque (a veces identificado como un simple aspecto de Quetzalcóatl), considerado como Dios de la oscuridad y de los eventos violentos como terremotos, inundaciones y tempestades. A partir de las crónicas escritas por los primeros eruditos españoles que llegaron a México en el siglo XVI, se deduce que los Toltecas daban una enorme importancia a la figura del chamán, hombre capaz de comunicarse con los espíritus, con el fin de resolver disputas, curar enfermedades y en últimas, relacionar a las personas con la Divinidad. Hay que señalar que la palabra “chamán” deriva del sánscrito “shramana”, y no de las lenguas americanas. El chamanismo que aún hoy se practica en muchísimos grupos indígenas de Suramérica es un tipo de religión esotérica reservada, por tanto, a pocos. En efecto, sólo el chamán tiene acceso al conocimiento y puede comunicarse con los espíritus, sean ellos benignos o malignos. Además, practica sacrificios para complacer a los Dioses, conserva las tradiciones orales de su pueblo y sirve de guía espiritual. Según las tradiciones chamánicas toltecas, las cuales heredó luego el pueblo de los Mexica o Aztecas, cada individuo al nacer es acompañado por un animal que lo protegerá y lo guiará durante toda su vida. Estos espíritus se llamaban nahuales. Algunos animales, como por ejemplo el pato y algunas enormes plantas como los árboles de bosque, eran considerados sagrados en la cultura Tolteca. El pato es capaz de caminar, nadar, sumergirse y volar. Por consiguiente, es el símbolo de la perfección en el mundo animal. El árbol de bosque representa los tres mundos posibles: el inframundo, con las raíces bien aferradas a la Tierra y a su materialidad, el tronco, que simboliza la superficie terrestre o el mundo del medio, habitado por los humanos y que está entre la materialidad y la espiritualidad, y la copa, símbolo de la cercanía a Dios, al cielo, a la luminosidad y al reino de la espiritualidad. Los chamanes toltecas eran capaces de comunicarse con los espíritus luego de alcanzar un estado de trance (o alteración de la consciencia), que producían tanto con métodos de autohipnosis, como a través de la música, el canto y el baile, pero también ingiriendo sustancias alucinógenas, como por ejemplo el peyote (Lophophora williamsii). Hoy en día, en México, hay algunas comunidades de Neo-Toltecas que siguen la filosofía de vida de sus ancestros y que creen que los antiguos Mesoamericanos eran portadores de una única cultura llamada Toltecayotl. La filosofía de los Neo-Toltecas está basada en la convicción de que es posible tener un estilo de vida que respete a la naturaleza y a los otros seres vivientes, de manera que se pueda lograr la armonía que se perdió en los siglos pasados.

YURI LEVERATTO    www.yurileveratto.com

PERSONAJE: TERENCE MCKENNA

mckennaTerence Kemp McKenna (16 de noviembre de 1946 – 3 de abril de 2000) Nació Paonia, Colorado, EE. UU., donde se crió junto a su hermano Dennis, devorando novelas de ciencia ficción y libros de temática esotérica y ocultista. Se graduó por la Universidad de Berkeley en una licenciatura distribuida entre Ecología, Conservación de Recursos y Chamanismo. Además, viajó extensamente por Asia, Europa y Suramérica durante toda su vida.

Durante estos viajes, buscó ponerse en contacto con la dimensión transcendente del ser humano. Después de haber conocido monjes tibetanos, místicos, chamanes, de haber bebido de sus pócimas, y de haber participado en sus rituales, McKenna regresó al seno de la civilización occidental con el objetivo de fundir su nueva recién ampliada visión de la realidad con aquello que consideraba un pensamiento eminentemente tecnocéntrico y racionalista imperante en nuestra cultura.

Se convirtió en una de las figuras más importantes de la contracultura norteamericana de finales del siglo XX, cercano al psiconauta Timothy Leary, quien le pasaría la antorcha psiquedélica presentándolo como “el Tim Leary verdadero”.

Junto con su compañera, Kate Harrison, fundó Botanical Dimensions, una organización sin ánimo de lucro dedicada a preservar plantas de tradición chamánica del Amazonas en un terreno de 19 acres ubicado en Hawaii.

Asimismo, fue autor de una considerable cantidad de libros y artículos, incluyendo las primeras guías para el cultivo de setas alucinógenas como el Psilocybe cubensis. En particular se centró también en sus experiencias y artículos, en las experiencias proporcionadas por la sustancia conocida como DMT, a través de la que hizo famosa la expresión “elfos de la máquina” .

Realizó la teoría de la “Time Wave Zero” y creó con ésta un programa para ordenador, basado en el I-ching y el calendario Maya.

Terence McKenna falleció el 3 de abril de 2000 a raíz de un tumor cerebral, se dice que con una sonrisa en la cara

Fuente: Wikipedia

TRUCOS CHAMÁNICOS PARA ALTERAR LA REALIDAD

curacham1Ser sanado por un chamán, si el paciente cree en el chamán, es realmente algo simple. Esta fe permite que el paciente alcance el nivel vibratorio del chamán, consiguiendo que la enfermedad se transfiera. Pero no todos los pacientes son capaces de creer en los poderes del chamán. Dichos pacientes han de rendir sus sistemas de creencias. Esta era la razón por la cual los chamanes, cuando lo estimaban necesario, utilizaban trucos. Recordad la historia de Holger Kalweit acerca de tragarse lámparas de mantequilla ardiendo, la historia de Doug White y los destellos de luces en la ceremonia Sioux; así como mi experiencia de caminar sobre las brasas. Dichas experiencias parecen violar las leyes físicas.

Probablemente existía una explicación racional para esto. He intentado explicar el caminar sobre las brasas. No fui capaz de explicar los destellos de luz en la ceremonia Sioux. Holger explicó la ingestión de lámparas de mantequilla ardiendo.

Pero había algo más en dichas experiencias, aunque pudieran ser explicadas  de un modo científico. Al creer en ellas, la persona testigo sufre un cambio real, incluso si más tarde el o ella lo recuerda como una impostura.

Los chamanes están cómodos en una realidad que viola las leyes de la física. La mayoría de los occidentales no. Para que cambiemos nuestras creencias nos han de convencer. Pero los chamanes ya están convencidos.

Fred Alan Wolf    Recogido de La Búsqueda del Águila

Para leer más de F.A.Wolf:    Mitos y visiones chamánicos

UNA APROXIMACIÓN AL CHAMANISMO (5)

Cuando se encuentra en un estado modificado de consciencia, el chamán emprende un viaje a otros mundos paralelos; se piensa que su alma, espíritu, cuerpo astral, consciencia o como queramos denominarlo, abandona el cuerpo y se dirige al Mundo Superior o al Mundo Inferior, que junto con la Tierra, Mundo Intermedio, forman la división tradicional del universo en las culturas chamánicas, aunque también hay muchas variaciones al respecto. En el Mundo Inferior se cree que habitan los espíritus de la naturaleza y los animales de poder, mientras que en el Mundo Superior se encuentran los ancestros y los espíritus del cielo.

El viaje al Mundo Inferior es uno de los aspectos más comunes en el chamanismo; la entrada, un agujero imaginario o no en la tierra, conduce, por lo general, a un tunel o tubo por que el chamán acaba saliendo a lugares maravillosos y llenos de luz. Desde allí el chamán viaja a donde quiere, durante minutos, incluso horas, para volver de nuevo al tunel y salir a la superficie, por donde entró.  En sus viajes, el chamán conserva siempre un control sobre la dirección a seguir, pero no sabe que es lo que descubrirá.

Comprobamos entonces como los chamanes pueden penetrar en mundos paralelos. Pero no sólo en los conceptos chamánicos existen dichos mundos. Recurriendo otra vez a la física cuántica, hay una teoría denominada interpretación de los mundos múltiples, según la cual existen otros mundos presentes que afectan a nuestro mundo, entendido éste como un conjunto de experiencias que tienen lugar en una región del espacio en un período de tiempo dado, con independencia del tamaño de dicha región, por lo que pueden suceder en el cerebro,  y con independencia de la duración, por lo que puede durar días o milésimas de segundo, lo que tardan en actuar los impulsos neuronales.

Por lo tanto, el mundo que normalmente experimentamos sería una realidad múltiple, un conjunto de muchas otras realidades. La probabilidad de acceder a unas determinadas realidades sería muy alta en algunos casos y, si accediéramos a ellas, no observaríamos apenas diferencias de unas a otras. A esta realidad múltiple, compuesta de realidades simples diferenciadas muy poco entre sí, la llamaríamos la realidad: el mundo tal como lo vemos. La cuestión ya planteada sería: ¿el mundo tal como lo vemos es el mundo tal cual es? En este contexto, para los chamanes la respuesta es negativa.

Pero algunas de esas otras realidades distintas no son tan probables. Normalmente no las prestamos atención. Se hallan fuera del ámbito por el que transitamos en la cotidianeidad. Si se experimentan se habla de un acceso a una realidad o conjunto de experiencias extraordinarias. Sin embargo, en física cuántica se deben tener en cuenta estas extrañas realidades con el fin de explicar de un modo adecuado los procesos atómicos y moleculares más simples.

Los chamanes son conscientes de un número de distintas, e improbables, realidades paralelas. Parafraseando a Rudy Rucker, podría decirse que para ellos el mundo es un fractal*, dentro del espacio Hilbert**. Estas realidades incluyen experiencias fuera del cuerpo, cambio de forma, transformación en animales, y viajes a través del tiempo, tanto al pasado como al futuro.

Otra posibilidad, ya apuntada por algunos psicólogos como Stanley Krippner, es que estos mundos paralelos existieran en la imaginación, y pudieran tener incidencia fuera de la misma. Para algunos investigadores, incluso si se llegara a demostrar que todo lo que experimenta el chamán sólo sucede en su mente, la realidad de ese mundo no sería menor para él.

Por un lado, es posible que todo existiera en nuestra imaginación, que creáramos el mundo a partir de nuestras propias percepciones y creencias, recuérdese los shuar y los kahuana citados, de manera que si creemos que hay espíritus, ello afectará a nuestro modo de vivir, a nuestra vida, en suma.

Pero otra explicación podría consistir en que existieran otras realidades, otros mundos, al  modo del ya nombrado David Bohm, para quién habría un orden explicativo que todo el mundo ve, el normal, y un orden implicado, potencial, escondido, que pudiera ser el referido mundo los espíritus, arquetipos, el inconsciente colectivo, la vida después de la muerte, etc.

Según Stanislav Grof y algunos otros, el reino inconsciente al que el chamán viaja en busca de poder es prácticamente el mismo territorio que visita el psicótico, pero el punto de vista del esquizofrénico o psicótico está caracterizado por la fragmentación y la ausencia de unidad estructural. Por contraste el chamán percibe su entorno como un todo, -parece que mucho más completo que el que la mayoría de nosotros-, en el que cada elemento constitutivo encaja perfectamente en esa globalidad, concepciones que recuerdan al Modelo Holográfico del Cerebro, de Pribram. Lejos de encajar, el entorno del esquizofrénico parece desintegrarse, por lo que las crisis de estas alteraciones mentales producen sufrimientos, mientras que el chamán, en contraste, provoca casi alegremente sus crisis.

Y aunque a estos estados modificados de consciencia se les considere como una mera alucinación, la simple palabra no explica la experiencia, sólo la categoriza a la manera occidental. Quizá por ello, esos otros mundos que vislumbran los chamanes están ocultos en nuestra consciencia normal, debido a que hemos sido condicionados para observar el mundo de una manera, y en virtud de este condicionamiento inferimos que el mundo de la vida cotidiana es el único posible y real. Y somos incapaces de creer en experiencias alejadas de lo que consideramos la realidad.

Al no dar crédito al mundo de la imaginación, al no tener esas capacidades perceptivas, las rechazamos ubicándolas en el mundo de las fantasías. Pero para los chamanes el mundo imaginario es tan real como para nosotros lo que llamamos universo físico. Si consideras algo irreal o inexistente no puedes percibirlo, por consiguiente, como he señalado antes, el primer paso del chamán es cambiar los esquemas mentales en relación al modo en que se observa el universo, el mundo, la realidad, recordando que el modo en que observamos crea la realidad que percibimos. Si cambias el modo en cómo te ves y en cómo piensas sobre ti mismo, cambiarás en cierto grado el mundo circundante, aserto que recuerda en buena medida ciertas recomendaciones psicoterapeúticas. Y aún se podría relacionar, otra vez, con la física cuántica y su efecto observador, pues lo que percibes no sólo te afecta a ti, también afecta al objeto de tu percepción.

* Fractal: Toda ramificación infinita que responde a determinada ley
** Espacio Hilbert: Un espacio matemático cuyo número de dimensiones es infinito

 

UNA APROXIMACIÓN AL CHAMANISMO (4)

amanitaEl chamán es capaz de penetrar en estados modificados de consciencia a voluntad, ya sea mediente estímulos sónicos, posturas corporales, meditación, danzas extáticas o mediante el uso de sustancias psicoactivas, últimamente denominadas enteógenas, contenidas en varios tipos de plantas, que casi todas estas culturas chamánicas conocen y usan en mayor o menor medida, como por ejemplo, la ayahuasca, la amanita muscaria, el teonanácatl, el famoso cactus peyote, o una gran variedad de daturas. Aunque hay algunos autores como Michael Harner que opinan que la idea de que todos, o incluso una mayoría, de los chamanes deben usar drogas psicodélicas es incierta.

El sistema cognitivo del ser humano está caracterizado por sus estados internos, mentales, y por los procesos que provocan elsalto de un estado a otro. Y tales estados y procesos tienen una parte bioquímica que se puede modificar con el uso de esas sustancias alucinógenas, y una parte cultural que se adquiere a partir de los entrenamientos que recibe el individuo. Se utilizan alucinógenos o enteógenos para autoinducirse estados mentales en los cuales el conocimiento  es generado no a través de procesos lógico-racionales, sino por revelación, con lo que se intenta transformar el esquema mental habitual, para hacer accesible la otra realidad en sus primeros pasos al presunto chamán.

Según las conclusiones de Fericgla en su trabajo de campo con los jívaros shuar, estas sustancias actúan en la imagenería mental desarrollando capacidades que todos los humanos ya poseemos, incluídos los occidentales, aunque no las usemos porque dependemos mucho de la tecnología. Estas capacidades innatas, entre las que puede encontrarse la creatividad, están de algún modo conectadas con el área de los procesos mentales que estas sustancias pueden atravesar.

Curioso es, de nuevo, las diferentes concepciones entre las culturas: en el mundo occidental estas sustancias químicas a menudo se las relaciona, sus efectos, con los de la locura o la esquizofrenia, y se las denomina peyorativamente drogas, mientras que los chamanes hablan de ellas como medicinas y afirman que las metamorfosis que les producen le ponen a uno en contacto con el espíritu. Son un medio y no un fin en sí mismas. Y en occidente se usan como fin, produciendo la dependencia, la degradación y por último, la extinción. Asimismo, algún producto o sustancia que para una cultura no es alterador de la metne, para otra sí que lo es, por lo que puede resultar, mal utilizado, un agente destructivo.

También es interesante señalar que las últimas investigaciones en neuroquímica indican que el cerebro humano posee sus propias sustancias alucinógenas, tales como la dimetiltriptamina, o una sustancia química equivalente al ingrediente activo de la marihuana, la anandamina, la cual provoca unas reacciones bioquímicas de efectos muy parecidos a los de la hierba, en situaciones especiales para ayudar a calmar la sensación de hambre o aligerar la percepción del dolor.

Pero las drogas no son el único medio de acceder a esas fascinantes honduras de la mente, el método básico de la inducción al trance se centra en una combinación de la canción, el uso del tambor y de la danza. El efecto provocado por los sones emitidos por los tambores, maracas y otros instrumentos de percusión, es el vehículo más utilizado por los chamanes en sus escapadas a esos otros mundos. Aunque en la Antropología se había pensado simplemente que el tambor sólo era usado para acompañar las danzas, los sonidos producidos por medio del tambor consiguen efectos psíquicos similares o mayores que las comentadas sustancias enteógenas. Parece ser que el estímulo auditivo o visual constante a ciertas frecuencias altera el sistema nervioso central y dirige las ondas cerebrales hacia una armonía determinada, y es de utilidad para facilitar la imaginería y eliminar el dolor, o la depresión.

Siguiendo con el cerebro, existen ciertas posturas corporales que facilitan el trance chamánico. Las posturas en cuestión aumentan la producción en el cerebro de ondas theta y de endorfinas beta: analgésicos naturales del propio cuerpo. Esto puede aplicarse a las técnicas de relajación y concentración que practican los yoguis. Hay quién va más lejos y afirma, como la antropóloga Felicitas D. Goodman, que determinadas posturas provocan la transformación física del practicante en diversos animales.

En algunos de estos estados modificados de consciencia las facultades perceptivas se agudizan de tal manera que es posible dar saltos intuitivos de una magnitud inalcanzable en estado normal. Algunos especulan, ya se ha indicado antes, sobre la posibilidad de que estos hechos aludan a un determinado nivel de consciencia, algo similar al Inconsciente Colectivo que proclamaba Jung, al que probablemente podría llegarse de esa manera. Estas teorías se pueden relacionar con creencias que el chamán siempre ha sostenido y que aún son sostenidas en el Oriente. Y en la actualidad, también se pueden relacionar con las resonancias mórficas* que el biológo Rupert Sheldrake ha propuesto, aunque han sido muy criticadas y cuestionadas.

(continuará)

* Resonancia mórfica: Teoría que sostiene que la concepción mecanicista del Universo, que todo lo reduce a procesos químicos, es insuficiente para explicar la memoria, la herencia, el pensamiento, etc… Sugiere que existen unos campos llamados mórficos o morfogenéticos, donde se acumulan las experiencias de los individuos, dando lugar a una suerte de memoria colectiva que sería responsable del instinto de la especie. Establece así una clara diferencia entre la genética y la herencia. La primera sería responsable de la evolución fisiológica de los organismos, mientras que la segunda constituiría la “memoria”,una herencia que no se transmite químicamente, sino por medio de la resonancia mórfica que opera en la distancia a través del tiempo y del espacio. En lugar de haber estado predeterminada por siempre, se fue formando acumulativamente. Es una especie de memoria inmaterial del universo que impulsa a los organismos a actuar por la fuerza del hábito.

UNA APROXIMACIÓN AL CHAMANISMO (3)

hologramajediEl chamanismo es un modo de aprehender la realidad, una filosofía de vida, es un sistema de creencias, nociones y prácticas, con un método tan disciplinado, complejo y lógico, como el de la ciencia occidental, según la opinión de algunos respetados antropólogos. Los chamanes estiman que el mundo es un sistema donde todo está interconectado a todos los niveles. Todo lo que integra el mundo está vivo, no sólo lo que los occidentales conocemos como seres vivientes. El mundo lo perciben como manifestaciones de energía, como ondas o vibraciones energéticas. Los chamanes ven el unvierso como si estuviera formado por vibraciones, las cuales son pautas repetitivas que pueden observarse en los sistemas físicos más sencillos, como el sonido. En la física cuántica se pueden constatar vibraciones contenidas en las ondas de probabilidad de la materia atómica o subatómica. Estas ondas consisten en un patrón vibratorio y determinan la posibilidad de que tengan lugar acontecimientos físicos; sea donde sea en el tiempo y en el espacio en los que se manifiesten dichos acontecimientos, siempre estarán gobernados por la fuerza o amplitud de dichas ondas. Puesto que estas ondas no son materiales, poseen propiedades extrañas, como la comunicación que se mantiene entre dos partículas separadas, incluso kilómetros, tras una interacción, ya que sus ondas de probabilidad se han entremezclado. La observación sobre una produce efecto en la otra.

Este aspecto del efecto observador es muy importante para algunos modernos adalides de la validez de los postulados chamánicos, porque de algún modo, hace comunicar entre sí a la materia y la consciencia, descrita ésta como un proceso por el que un patrón de posibilidad-reconocimiento se reduce de una multitud de posibilidades a un sólo resultado exacto y preciso; el modo en que un observador elige observar afecta asimismo al objeto observado, conectándolos.

Pero la consciencia ha resultado muy escurridiza para los científicos y su denominación resulta siempre complicada, más aún, fastidiosa, por lo que muchos la suelen obviar y otros la intentan maquillar utilizando otras categorizaciones para describir la acción que se produce cuando existe una observación.

A este respecto el neurólogo Karl Pribram piensa que los estados conscientes están ligados a configuraciones neuroquímicas en los dominios de la sinapsis y las dendritas, pero también están unidos a la atención, volición y pensamiento. Los contenidos de las consciencia caen dentro de tres categoría principales: la construcción de una realidad objetiva personal y extrapersonal; la construcción de una narrativa o diálogo interno compuesto de episodios y acontecimientos, y la variedad trascendental de la consciencia que va más alla de la narrativa, al liberar su contenido de las limitaciones espacio-temporales, tan esenciales sin embargo en la construcción de la realidad personal y extrapersonal. En todo ello influye no sólo la química, sino también nuestras disposiciones de consciencia, aquello sobre lo que estamos enterados, los contenidos de la consciencia, las percepciones que nos llegan, y finalmente los mecanismos intencionales que nos dicen a que debemos prestar atención. Desde luego la consciencia resulta un tema un tanto escabroso y resbaladizo, aunque no seamos muy conscientes de ello.

Pero los chamanes no sólo ven las cosas intereactuando entre sí, creando relaciones de causa y efecto, sino que perciben algo parecido a una tela de araña de intercomunicación que también, como no, está muy próxima al modelo dibujado en los modelos cuánticos. En física se denomina no-localidad. Lo que significa que las acciones que suceden en un lugar determinado del universo pueden de un modo instantáneo afectar a acciones que tienen lugar en otro lugar distinto, aunque alejado.

Y si algunos chamanes acuden a su inmediato entorno natural para describir el universo como una tela de araña, algunos físicos occidentales, como David Bohm, acuden a su inmediato entorno tecnológico y describen el universo como un holograma. Bohm denomina al holograma el orden implicado. Este orden normalmente es invisible pero ya contiene todos los fenómenos posibles que pueden ser experimentados. Cuando se produce una experiencia, el orden varía. A este nuevo orden lo denomina orden manifiesto. Puesto que lo manifiesto es lo que se observa.

Se puede comprobar entonces como los últimos descubrimientos en física cuántica se acercan, según algunos, a los paradigmas que caracterizan al chamanismo, de ahí que agarren como posesos a esos postulados cuánticos muchos seguidores del neochamanismo, del que más tarde indicaré algo. Y no sólo utilizan conceptos de la llamada nueva física, sino también de la física molecular moderna, las matemáticas de la topología, o de la teoría del caos.

En este sistema de creencias chamánico se sostiene que un mundo ancestral e invisible, compuesto de manifestaciones de energía, beneficiosas y perjudiciales, rige en nuestro derredor, esas manifestaciones de energía pueden ser manipuladas y dominadas por los chamanes, quienes son los intermediarios entre el mundo racional o natural, y el sobrenatural.

Y esas manifestaciones de energía constituyen un nivel de realidad tan auténtico como el único de la realidad ordinaria en el que nos movemos en el mundo occidental. De hecho, los chamanes creen que la realidad está compuesta de energía, no de materia, y tal vez, como apunta Fericgla, la certeza de nuestra civilización occidental según la cual todo lo que no es visible o palpable físicamente no existe, no sea más que un rasgo de etnocentrismo cognitivo.

Los chamanes observan el mundo en consonancia con mitos y visiones que se asemejan poco o nada, y aún son contrarios, a las leyes físicas. Sin embargo, tampoco las ondas cuánticas son visibles, puesto que son construcciones cognitivas necesarias en nuestro mundo moderno para permitirnos comprender la materia atómica y subatómica. Pero, aunque algunos creen en ellas, no las hemos observado realmente. Son parte de un sistema físico mítico.

Para los físicos su existencia es parecida a la de los espíritus para los chamanes, porque el hombre formula conceptos abstractos en términos de lo conocido, lo rutinario; y lo conocido y familiar para unos no lo es en absoluto para otros. Es una suerte de relativismo cultural, como se ha visto antes en el ejemplo de la tela de araña y el holograma.

Aunque también pueden converger distintas concepciones, estoy dando varias muestras de ello, y se pueden hacer carambolas a tres bandas al respecto, como algunos que sostienen que el nivel mítico de la realidad, del que se ha escrito durante milenios, puede hallarse en las percepciones de los chamanes del pasado y del futuro. Pues según la interpretación transaccional* de la física cuántica, las ondas de probabilidad cuántica invisibles se originan en el presente, en el pasado y en el futuro. Para que se manifieste cualquier acontecimiento, estas ondas provenientes del futuro y del presente, o del pasado y del presente, deben interferir las unas con las otras en el presente. Este flujo de ondas se produce más allá del tiempo, en el sentido en que la acción completa de este movimiento es instantánea. Siempre según los postulados de la física cuántica, cualquier experiencia consciente resulta de un doble movimiento de la acción de una onda. Se trata de una onda de posibilidades, lo que se llama función de onda cuántica; esta se desplaza del aquí-ahora al allí-entonces y vuelve. De algún modo, los chamanes son capaces de construir visiones que tienen proporciones míticas y aparecen ante ellos como arquetipos en el sentido junguiano.

(continuará)

* Interpretación Transaccional: Según esta interpretación de la física cuántica, es posible que un acontecimiento futuro pueda resonar en un acontecimiento presente, de modo que un destello del futuro pueda percibirse en el presente. Para quién lo rebiba no habrá nada de extraño. Simplemente creerá que tiene una nueva idea o, en realidad tal vez un pensamiento de algo familiar. Esto es posible porque la cosmovisión de la física cuántica quizás esté mucho más cerca del círculo que de la línea recta. Se trata de un movimiento que va de un estado dado a otro estado, y luego vuelve de nuevo al estado original. Es una suerte de movimiento circular. Se llama la “multiplicación de la onda cuántica por sus complejos conjugados”. No es nada más que un movimiento vibratorio que va del presente al futuro, y luego vuelve del futuro al presente, multiplicándose a sí mismo cuando una señal de onda de radio modula una frecuencia de onda mensajera

UNA APROXIMACIÓN AL CHAMANISMO (2)

chamantamborUna de las características más representativas del chamanismo es la de su extensión, -con diferentes nombres, ropajes, utensilios, convenciones, particularidades y acompañamientos-, a multitud de culturas de todo el mundo, con muchísimos elementos comunes en el desarrollo de su práctica. Vendría a ser como un conjunto de “efectos de causas similares actuando sobre la constitución similar de la mente humana, en diferentes regiones y bajo distintos cielos”.[FRAZER] Las huellas del chamanismo se pueden encontrar, -todavía en la actualidad en ciertas partes-, en todo el continente americano. Asia, África, Australia, el Ártico y Polinesia, y aún en la vieja y racional Europa puede hallarse su rastro en las culturas clásicas mediterráneas; incluso durante la época medieval se produjo un auge de un tipo similar de conexión con lo sagrado, quizá como reacción a los abusos de los poderosos, por parte de las clases más populares, en las conocidas prácticas brujeriles, abortadas de manera tan sangrante.

Pero el chamanismo estaba entre los hombres mucho antes de que las grandes religiones sojuzgaran a sus espíritus libres, ya que las pruebas arqueológicas y etnológicas parecen indicar que los métodos chamánicos tienen al menos 20 o 30 mil años de antigüedad; pinturas con implementos chamánicos clásicos se han hallado en las cuevas paleolíticas del sur de Francia, España y el Magreb, entre ellas la del famoso “hechicero de Les Trois Feres” (sur de Francia, Paleolítico Superior), cuya vestimenta es típicamente chamánica. Según Joseph Campbell por lo menos cincuenta y cinco de este tipo de figuras han sido halladas en diversas cuevas. Por cierto que la indumentaria esencial para las actividades de un chamán consta por lo general de un manto, un sombrero, y en algunos casos una máscara y zapatos, pero lo más importante de todo es su tambor.

El chamanismo no se puede considerar como una religión, sino como un complejo de nociones y prácticas dentro de ella, que puede adaptarse o influir a la misma, como se puede observar en la persistencia de técticas y temas chamánicos en el budismo, entre los lamas, así como un cierto parecido entre algunas prácticas de la religión Bon-Po*. Incluso para el taoísmo chino, “todo el universo, incluso los seres humanos, es un vértigo de energías y ritmos, -el Tao-, que está en constante flujo y cambio”, [RUTHERFORD] noción ésta, como veremos más adelante, muy similar a los conceptos chamánicos.

Tampoco es correcto equiparar la figura del sacerdote con la del chamán, puesto que aquél se especializa en el conocimiento y práctica de los rituales, no necesita iluminación; y éste experimenta una comunicación íntima con las fuerzas sobrenaturales. El sacerdocio es un oficio aprendido, es un especialista a tiempo completo, mientras que el chamán tiene una vocación mística, puesto que no llega a su posición por el estudio deliberado y la aplicación del conocimiento racional, sino que la adquiere a través de la visión y del trance, y el don para ello lo obtiene a causa de una crisis personal, aunque tras la cual puede venir la introducción en el saber chamánico de la mano de un instructor, pero la inducción al trance continúa durante todo el proceso de entrenamiento y es entonces cuando el iniciado adquier su canción como llamada al espíritu-guía.

Y aunque posee otra manera de percibir la realidad, no está permanentemente colgado de sus viajes a esos otros mundos de dios, sino que es una actividad que muy bien puede realizar de forma secundaria con respecto a sus quehaceres habituales, cuando no la efectúa de manera esporádica. Eso sí, con harta frecuencia, el chamán está considerado como un rara avis dentro de su propia sociedad, lo cual no es de extrañar si uno se fija un poco. La misma fuente que le otorga poder y prestigio, su contacto habitual con un mundo de poderosos y peligrosos espíritus, provoca cierto temor e incluso cierta hostilidad, que a veces el mismo chamán alimenta con su propio carácter extraño, retraído y hosco (por ejemplo, a pesar de que no está muy claro que fuera un chamán en sentido estricto, el famoso guerrero sioux oglala Tashunka Witko, más conocido como Caballo Loco, aunque fue muy querido por su pueblo, poseía ese tipo de carácter entre melancólico y huraño, de estilo byroniano, tantas veces visto en el mundo en este tipo de personas). A pesar de todo, cuando es necesaria su intervención esos recelos se esfuman como por arte de magia; por contra, muchas veces es el primer candidato cuando hay que buscar víctimas propiciatorias si las cosas no funcionan bien en la sociedad, los diferentes, los raritos, siempre son culpables en todas las culturas.

Otra cuestión que lo separa del sacerdote es que el chamán, cual Prometeo, no admite la superioridad de los espíritus o dioses, ni sus bondades o maldades, ya  que las distinciones entre el bien y el mal no tiene relevancia en el chamanismo: el Universo es imparcial, no toma partido, no es bueno ni malo.

En muchos casos, el chamán en potencia se somete a un período de iniciación, que agudiza su sensibilidad e introspección, y en el que muchas veces pasa por experiencias de casi-muerte, aunque algunas ocasiones ocurre de modo accidental, como puede ser el caso de una enfermedad grave que lleve al iniciado a las puertas de la muerte, como otro conocido sioux oglala llamado Alce Negro. En otras oportunidades, los mismos aspirantes emprenden una búsqueda visionaria, somtiéndose a grandes privaciones hasta desvincular su mente de la realidad ordinaria, para entrar en contacto con lo sobrenatural. Aún en otros casos un individuo llega a ser chamán por herencia, crisis espiritual, aprendizaje o incluso compra. En ciertos lugares se reduce a un rito simbólico de iniciación.

En otros en cambio, el candidato debe someterse a pruebas extremadamente penosas, autoinflingidas o inflingidas por los encargados de la iniciación. En su esencia, la iniciación chamánica es de carácter experimental y gradual, y consiste en aprender a entrar en un estado modificado de consciencia, y a ver y viajar en ese estado; tomar consciencia de la existencia del espíritu guardián de uno mismo y familiarizarse con él, así como obtener su ayuda en ese estado modificado de consciencia; y aprender a ayudar a otros con sus poderes chamánicos.

(continuará)

* BON-PO: Bon es un término tibetano que significa “invocación, recitación”, y designa al conjunto de las diversas corrientes religiosas del Tibet anteriores a la introducción del budismo. El término bon-po designaba ordinariamente a sacerdotes con diversas funciones, como el ejercicio de la adivinación o el cumplimiento de los ritos funerarios para protección de vivos y difuntos. Practicaban la magia en sus dos aspectos, según fueran bon blanco o bon negro.

UNA APROXIMACIÓN AL CHAMANISMO (1)

chamansiberiano

Para comenzar a enmarañar la cuestión y conseguir el desasosiego del lector, caso de haberlo,vayan por delante las pertinentes deficiones que nunca faltan y todo lo dicen sin aclarar apenas nada, dejando a un lado su innegable pulcritud, vistosidad y pulimento.  Aunque, si así no fuera, no tendría coartada para continuar redactando, con lo cual todos saldríamos favorecidos. Sean entonces:

 “Se puede definir al chamán como a un visionario inspirado que, en nombre de la sociedad a la que sirve y con la asistencia de sus espíritus guardianes, entra en un trance profundo en el que su ego soñador establece relaciones con poderes espirituales.” [HULTKRANTZ]
Designaremos mediante el término chamanismo, todas las prácticas mediante las cuales pueden conseguir los humanos el poder sobrenatural, la utilización de este poder para el bien o para el mal y todos los conceptos o las creencias relacionados con tales poderes.”[PARK]
“El chamanismo no es, propiamente hablando, una religión, sino un conjunto de métodos extáticos y terapéuticos ordenados a obtener el contacto con el universo paralelo, aunque invisible, de los espíritus y el apoyo de estos últimos en la gestión de los asuntos humanos.”[ELIADE]

   Y para empezar a despejar incógnitas del fenómeno cultural conocio con el nombre de chamanismo, hay que decir primero que la palabra chamán deriva del lenguaje de la tribu tungus del este de Siberia, y con ella los antropólogos han estado denominando a un personaje característico al que se le ha confundido o querido identificar con otros tales como brujos, hechiceros, curanderos, magos o videntes. Y aunque el chamán puede ser un poco de todo eso, no es menos cierto que un hechicero, por ejemplo, no tiene porque ser chamán necesariamente.

Si se desea concretar, habrá que decir que el chamán es un individuo, con independencia de su sexo, que es capaz de entrar consciente y voluntariamente, en un trance o estado modificado de consciencia, diferente al que nos movemos en la vida cotidiana. Es, en gran medida, un aventurero, un explorador que rastrea las zonas más abisales e ignotas de los cuasi inexplorados mundos de la mente humana. En ese estado modificado de consciencia puede interactuar en las diferentes realidades o dimensiones que allí descubre o vislumbra, y con las distintas entidades que las habitan.

Y allí se desplaza, siendo plenamente consciente, teniendo absoluto control de su voluntad y de sus facultades, por diferentes motivos como la curación, -una de sus funciones más habituales-, la restitución de un alma perdidad, -que en ocasiones es sinónimo a lo anterior, según el concepto de enfermedad de algunas culturas chamánicas-, para realizar predicciones o averiguar acontecimientos pasados, para asuntos cinegéticos, como agente perturbador del clima, etc.; esto en lo que se refiere siempre a actuaciones que benefician a su sociedad o a alguno de sus intengrantes, pero también puede usar sus dotes para el automejoramiento personal, aunque todas las actividades son para el chamán un ejercicio de poder. Y por supuesto, siempre hay un reverso, puede consagrar esos poderes hacial el mal. No en vano, otra de las funciones del chamán, benigno en este caso, es la de contrarrestar las hechicerías maléficas de otro chamán oscuro.

A pesar de su habilidad para lograr el trance, el chamán debe prepararse para la sesión chamánica a través de un período de abstención y ritos purificatorios, cuyo rigor depende de sus objetivos, llegando a los casos extremos de ayuno, no beber alcohol ni mantener relaciones sexuales durante varios días.

El físico teórico Fred A. Wolf, en un libro muy interesante, La búsqueda del águila, afirma que los chamanes penetran en esos otros mundos, posiblemente paralelos, al ser conscientes de procesos que no conciernen básicamente a la supervivencia corporal, captando otras realidades, y de esta manera varían la percepción habitual en este mundo. Al alterar el modo en que alguien se observa a sí mismo y a su entorno, varía su percepción. Wolf relaciona estas realidades chamánicas con la física cuántica, de la que es especialista, mediante el llamado efecto observador de la misma. Al alterar el modo en que ves la realidad alteras esa misma realidad.

En este sentido, son curiosos los conceptos cognitivos de los shuar, un pueblo jívaro de la selva ecuatoriana estudiado por el antropólogo José María Fericgla, que construyen su futuro a partir de las visiones, provocadas por la toma de ayahuasca, y de sus sueños, que son tan válidos como las visiones. Según Fericgla, los shuar prefiguran el futuro desde el momento en que lo ven, pues si es descorazonador o maligno intentan cambiarlo en posteriores visiones.

Y más curioso aún es el singular paralelismo con las concepciones de un chamán kahuana hawaiano:

“Hablamos con la naturaleza y con los espíritus, cambiamos el tiempo y creamos acontecimientos; curamos mentes y cuerpos, y canalizamos extraños seres; volamos fuera del cuerpo, nos trasladamos a otras dimensiones y vemos lo que otros no pueden ver. (…) El mundo es lo que crees que es, nosotros creamos nuestra propia realidad.(…) No significa atraer la experiencia con nuestro pensamiento, sino verdaderamente crear realidades. Con nuestros supuestos, actitudes y expectativas, hacemos que las cosas sean posibles o imposibles, reales o irreales. En otras palabras, cambiando el marco de la mente podemos hacer cosas ordinarias y no ordinarias en la misma dimensión física que compartimos con todos los demás.”[KING]

Podría decirse que las actividades principales de los chamanes se orientan, según las inclinaciones particulares, hacia dos tipos de prácticas: la adquisición de poder personal o conocimiento, especie de chamanismo aventurero, y la curación. Sin embargo, no son excluyentes entres sí, puesto que, como he indicado antes, el chamán considera la curación como un acto de poder, y tampoco puede curar si de alguna manera antes no inicia un proceso de autoperfeccionamiento, proceso que persigue el propósito de adquirir sabiduría y poder para ayudar a otras personas, siempre y cuando el chamán sea un “mago” blanco, ya que los conocimientos chamánicos son imparciales, pueden utilizarse de diversas maneras, dependiendo de los fines.

En suma, se puede afirmar que el chamán viaja y se desplaza alternativamente entre distintas realidades, siendo poseedor de técnicas específicas para entrar en un estado modificado de consciencia que le posibilita esos viajes, dentro de las cuales se pueden señalar el uso repetitivo y monótono del sonido de instrumentos musicales, danzas extáticas, variadas técnicas de concentración y meditación, posturas corporales, y la ingesta o unto de sustancias psicoactivas. En esos universos paralelos, el chamán acomete una experiencia directa y personal de las fuerzas sobrenaturales, puesto que están poblados de espíritus guardianes, espíritus auxiliares, animales de poder, etc., a los cuales domina, y no se deja convertir en instrumento suyo, en contraposición con otros practicantes de lo oculto.

(continuará)