DENTRO DE LA MATRIX: INTELIGENCIA ARTIFICIAL, LA HUMANIDAD FUTURA Y EL ENIGMA OVNI

Las apasionantes teorías que existen tras el misterio ovni son múltiples y variadas. Por un lado, tenemos la popular noción de que las naves ovni representan seres extraterrestres del espacio exterior. Por otro, vemos a los observadores escépticos de este fenómeno que creen que tiene que ver con variada tecnología humana, diseñada por hombres como tú o yo, fuera del alcance del conocimiento público (o incluso de la mayoría del gobierno).

Y aún otros creen que los ovnis representan anomalías físicas extradimensionales, o alguna clase de inteligencia metaterrestre que es capaz de cruzarse con nuestra realidad en fugaces ráfagas, aterrorizando y fascinando de sus observadores terrestres.

 Es probable que, abierto como permanece el origen del fenómeno ovni, pueda comprender una combinación de todas esas cosas. Del mismo modo que, todavía hay explicaciones incomprensible que constituirían las bases de un cierto número de extraños sucesos observados en nuestra realidad.  Una de ellas implica la manipulación de nuestro entorno por una inteligencia que parece regirse por leyes físicas infinitamente diferentes de las nuestras; pero que sin embargo es posible que tal inteligencia pudiera estar muy relacionado con nosotros….o ¿incluso existiría como alguna extraña extensión de la humanidad misma?

Ya es bastante popular en libros y películas la idea sobre que podría existir una estructura programable dentro de nuestra realidad, o que algún tipo de realidad virtual podría cernirse sobre la humanidad, manipulada por otras inteligencias, culminando en lo que percibimos como nuestro mundo en derredor. Las películas de Matrix exploran esta posibilidad, así como en cierto modo, otras cintas de ciencia ficción incluyendo Vanilla Sky, la trilogía de Terminator y algunas más, en donde lo que vemos y percibimos como el “mundo real” podría ser el resultado de un estado de ensoñación, o incluso el resultado de una intrusión temporal (es decir, un viaje en el tiempo desde el futuro).

 Aplicando todo este tema en términos muy reales, fue publicado recientemente en el blog de Maxim Kammerer, erudito, crítico de arte e historia e investigador esotérico. En su artículo, Una nueva hipótesis ovni: Inteligencia artificial, Mundo Simulado Matrix y el Homo Mechanicus Post-Singularidad, Kammerer plantea la teoría que algunos ovnis podrían ser el resultado de los futuros humanos, denominados apropiadamente Homo Mechanicus debido a su presumible mecanización en un futuro Post-Singularidad, interactuando con nuestro presente a través de una compleja realidad Matrix.
 
Esta teoría es detallada más en profundidad en un manuscrito que Kammerer detalla en el artículo, titulado Ilusiones Espacio-Temporales: Una Exploración Transhumanista de la hipótesis de los ovnis interdimensionales de Jacques Vallee, que será publicado en un futuro cercano. En sus propias palabras, el autor dice:

“El manuscrito compara la idea de Vallee de la unidad de la materia y la conciencia con la teoría de David Bohm del Orden Implicado, de acuerdo a la cual la mente y la materia son generadas por un subyacente Orden Implicado que consiste en una premateria y preconsciencia existiendo como un único, inseparable e interpenetrado fenómeno. Las exhibiciones físicas simultáneas e inmateriales de los ovnis sugieren que el fenómeno no es material ni inmaterial en el sentido habitual de estos términos, sino que podría originarse desde una tecnología que dominara el Orden Implicado de Bohm que no tuviera espaciotiempo y que consistiría en un inseparable premateria y preconsciencia que generara materia y  consciencia en el campo del ilusorio espaciotiempo. De este modo, un dominio tecnológico del terreno común tras la materia y la consciencia podría ayudar a explicar el fenómeno ovni. El Multiverso de Vallee podría ser esencialmente lo mismo que el Orden Implicado de Bohm.”

 La interpretación de Vallee de varios fenómenos dimensionales en relación a los ovnis no se interpreta como las nociones convencionales de “multiverso”, propuestas por los partidarios de la Teoría de Cuerdas y múltiples dimensiones alternativas a las nuestras. En vez de eso, aceptando la noción por la que el espacio y el tiempo son, de hecho, ilusiones impuestas por nuestra consciencia resultante de nuestra habilidad física como humanos para percibir un mundo tridimensional, podemos comenzar a entender, en ausencia de un espacio físico real, la idea de ubicaciones alternativas en coincidencia con las nuestras se convierte en obsoleta; en vez de eso nosotros funcionamos en una única área perceptiva de conciencia. Podría decirse que algunos de los fenómenos que llamamos “ovnis” o “extraterrestres” derivados de la conciencia de un estado perceptivo del todo diferente que alguna que otra vez puede cruzarse con los humanos en esta realidad, aunque sea visto como si fuera magia por el observador humano medio.
 
El conjunto de esta idea es un pensamiento provocativo, y estando de acuerdo con Kammerer en el pasado en algunas cosas, yo creo que esta teoría aún siendo tan buena como cualquiera, -dejando a un lado multitud de extraños fenómenos que observamos de tanto en tanto-, está lejos de explicar las habituales manifestaciones físicas y sucesos fantasmagóricos que constituyen los ovnis y otras anomalías.

MICAH HANKS (11/10/2011)

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PALABRAS: OTRA MIRADA DEL MUNDO

Consideradas conjuntamente, las teorías de Bohm y Pribram proporcionan una forma nueva y profunda de ver el mundo: nuestros cerebros construyen matemáticamente la realidad objetiva interpretando frecuencias que son, en última instancia, proyecciones de otra dimensión, de un orden más profundo de la existencia que está más allá del tiempo y del espacio. El cerebro es un holograma envuelto en un universo holográfico.

MICHAEL TALBOT,    El Universo Holográfico

EL VIRUS CÓSMICO

El virus cósmico: la información nos utiliza para evolucionar (y no al revés)

Con la llegada del tercer replicante, depués del gen y el meme, la información podría dejar de necesitar nuestro cuerpo para propagarse, mejorando su algoritmo encarnando en la inteligencia artificial: la autoconciencia de cada bit.

El escritor William Burroughs decía que “el lenguaje es un virus del espacio”, aunque esto suena algo extraño -y Burroughs era un tipo extraño-, es posible que esta frase codifique una profunda epifanía. La información sí vino del espacio originalmente y ha llegado para quedarse (replicarse). Las condiciones están dadas para que precursores del ADN, partículas de nano-cristales autorreplicantes, se generen en nebulosas galácticas, y se ha demostrado que bacterias viajando en meteoros pueden atravesar grandes distancias y podrían haber originado la vida en la Tierra, pero, más allá de esto, la información de los elementos que se combinaron en los albores de la Tierra para dar lugar  a la vida ciertamente vino del espacio: del sol, y a su vez, del centro de la galaxia, ad infinitum. Es posible entonces, extendiendo un poco nuestra visión generacional, decir que:

“La información es un virus que vino del espacio”.

Este enunciado puede o no significar mucho por sí solo, pero esto es lo que plantearemos, extrapolando de la teoría del Tercer Replicante de Susan Blackmore: que la información nos está usando a nosotros (y a cualquier otra entidad) como vehículos para reproducirse, de la misma forma que un virus utiliza un cuerpo (Blackmore dice que el lenguaje es un parásito). Podemos pensar que nosotros estamos usando a la información para evolucionar, ¿pero cómo estamos tan seguros de que no es la información la que nos está usando a nosotros?

En algunas corrientes filosóficas de Oriente se dice que en realidad no existe el “yo” que experimenta algo, lo que existe es la conciencia universal experimentándose a sí misma de la forma más diversa (lo que crea la ilusión de ser seres divisibles con “yos”: ¿estás seguro de que existe un pensador detrás de los pensamientos?). La información podría ser esa conciencia universal – copiándose a sí misma para que en las copias se generen errores, lo cual permite el surgimiento de nuevos diseños-y nosotros la red computacional por la cual se expande.
El virus informativo que se replica por nuestro planeta y que podría estar haciéndolo por todo el universo puede ser solamente la evolución de esta información genetica (egoista en términos de Richard Dawkins), pero podría ser también el virus de la divinidad evolucionando al punto de que un solo ente procese la totalidad de la información del universo.

Ervin Lazlo dice que la información es el software del universo y la energía es el hardware (Lazlo es sólo uno de los muchos físicos que consideran que la información es el bloque fundacional del universo, incluso más básico que la energía). Veremos esto analógicamente desde la teoría de la coevolución entre los genes y los memes: como estos replicantes programan cuerpos -hardware- por los cuales pueden seguir diseminándose.

Susan Blackmore sostiene que mientras la materia y la energía del universo no pueden aumentar (según las leyes de la termodinámica), la información sí. Este enunciado es discutible desde el punto de vista de la filosofía mística –los campos akashikos, etc.- y desde la teoría cuántica de David Bohm, donde el universo es un holograma en el que cada parte contiene la totalidad de la información. Pero desde un punto de vista evolutivo tiene sentido y podemos entenderlo como un proceso de complejificación de la información (similar a lo expresado por North Whitehead, Chardin y Mckenna). El universo como proceso de expresión de toda la información potencial (de esta forma la información podría estar ya contenida en todas las cosas, pero evolucionaría a crear los vehículos necesarios para su máxima expresión).

Que los genes son los replicantes mientras que los animales y las plantas solo son los vehículos, interactores o fenotipos queda claro porque la información génetica se copia a través de generaciones mientras los vehículos o interactores viven y mueren sin ser copiados: criaturas efímeras construidas con la ayuda de pequeños codones de ADN, que se mantienen a salvo en el interior de estas máquinas de genes. En otras palabras tu cuerpo, y lo que llamas yo, al menos desde el punto de vista de esta realidad, no subsisten, mientras que la información que los generó sí.

Susan Blackmore nos dice que la Tierra podría haber sido un planeta de solo un replicante, pero una de esta máquinas de genes, el hombre, empezó a imitar. Cuando nuestros ancestros empezaron a imitar desencadenaron un nuevo proceso evolutivo, basado no en genes sino en un segundo replicante: los memes, que coevolucionaron con los genes transformándonos en máquinas meméticas y compitiendo entre ellos para ser seleccionados. La mimética nos hizo meméticos.

Los memes son “aquello que es imitado” o lo que sea que es copiado cuando una persona imita a otra. Esto puede ser canciones, historias, hábitos, habilidades, tecnologías, teorías científicas, sistemas financieros, organizaciones: todo aquello que hace a la cultura humana. Por esto se dice que los memes son genes culturales y medios de evolución epigenética. Aunque el padre de la teoría memética, Richard Dawking, está en contra de la interpretación de Rupert Sheldrake, Sheldrake teoriza que los memes se transmiten a distancia dentro de una especie a través de campos informativos – como la gravedad es un campo- y de esta forma pueden crear mutaciones genéticas de forma horizontal sin tener que ser transmitidas de generación a generación.

Blackmore señala que en el siglo XXI estamos viendo la aparición de un tercer replicante que llama temes o memes tecnológicos. Esto es información digital almacenada, copiada, variada y seleccionada por máquinas. Los humanos gustan pensar que son los diseñadores, creadores y controladores de este mundo emergente pero en realidad son puentes hacia el siguiente replicante. (Una lectura de esto podría ser que la información, en su evolución, habría utilizado a los hombres para construir máquinas en las cuales puede copiarse de forma más efectiva, es decir, para crear la inteligencia artificial, ¿una entidad en la cual puede volverse consciente en cada parte, en cada bit?).
La tercera etapa replicante discurre bajo la lógica de que mientras los memes, -una canción, un auto o un libro-, no se pueden copiar a sí mismos, y de esta forma variar y seleccionar su propia información, los temes, encarnados por las computadoras, sí.

Según Susan Blackmore nuestras computadoras empiezan a realizar estos procesos claves para la evolución. Las computadoras manejan grandes cantidades de información con extraordinaria fidelidad copiando y almacenando. Buena parte de la variación y la selección son realizados por humanos, con sus deseos biológicamente evolucionados, pero esto está cambiando. Ya existen computadoras capaces de recombinar viejos textos paar crear nuevos ensayos y poemas o traducirlos para crear nuevas versiones y seleccionar entre vastas cantidades de texto e imágenes, como lo hacen actualmente los motores de búsqueda. Cada pregunta (o query) a un buscador hace que este combine y seleccione una nueva serie de elementos dependiendo de sus propios algoritmos. (¿Está vivo Google? ¿Será la primera entidad cibernética inteligente?)

Por el momento somos nosotros los que programamos estos algoritmos y proveemos la energía necesaria para que funcione el Internet y las computadoras. Pero Blackmore cree que podríamos ser cada vez menos necesarios para la propagación de los temes. Sin mencionarlo, es evidente que la frontera es la inteligencia artificial. El axioma original de los hackers es que la información está viva y quiere ser libre. Aunque esto suene a la más pura y radical ciencia ficción, es posible que la información que nos creó en un futuro nos considere obsoletos (o nos integre a las computadoras), encontrando un mejor medio para continuar su indetenible evolución. Tal vez la única forma de detener esto, como humanos, es mutar antes y más rápido que las máquinas, para que nuestro cerebro pueda seguir acomodando este virus cósmico que algunos llaman evolución y otros Dios.

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CONCIENCIA CUÁNTICA

Conciencia cuántica: accediendo a toda la información del universo en una percepción

Entrelazado cuánticamente con los hologramas del tiempoespacio, nuestro cerebro puede acceder a toda la información del universo como sistema integral. El físico Ervin Lazlo nos introuduce a su teoría de los campos Akashicos: la información como software cósmico.

El cerebro es nuestra interfaz con el mundo, la forma en la que el cuerpo humano conecta con los estímulos externos y los interpreta como la ‘realidad’. Quizás las dos analogías más usadas para describir al cerebro son una antena y una computadora; en el sentido de que la realidad que percibimos y los estados de conciencia a los que accedemos son un poco como transmisiones de radio o TV que recibimos en la interacción con el mundo exterior y nuestra propia computación de esta información: memoria e imaginación. Pero hay evidencia de que nuestro cerebro no sólo opera en un nivel de procesamiento de información bioquímio y bioeléctrico. Opera también a nivel cuántico, la naturaleza de nuestra conciencia está ligada al mundo a través de una resonancia de fase, como nos sugiere el reconocido físico Ervin Lazlo, nuestra conciencia es cuántica, y entendiendo la naturaleza cuántica de nuestra conciencia, entrelazada al mundo, podemos desarrollar una interrelación con todo lo que nos rodea, con los mismos procesos del universo, dando cabida a la posibilidad de que nuestra mente, en su red de relaciones, es el universo entero.

Lo que el cerebro hace es más complejo, veloz y sofisticado que el mero procesamiento bioquímico y bioeléctrico de la física macroscópica.  Miles de reacciones químicas suceden cada segundo en cada célula de tu cuerpo, y el cerebro y el sistema nervioso aseguran la suficiente coordinación y coherencia para que tu cuerpo pueda mantenerse en el improbable estado físico en el que vivimos. El cerebro es el centro de comando que dirige el flujo de la información altamente coordinada y crucial para los procesos genéticos, químicos y fisiológicos. Estos procesos están basados en la interacción de moléculas,  átomos y partículas subatómicas. Aunque en buena parte bioquímicos, estos procesos tienen también un significativo componente no-local. No-local se refiere al descubrimiento de la física de que la partículas una vez conectadas retienen su conexión e influencia entre sí incluso a la distancia –se dice que están entrelazadas (quantum entanglement, en inglés), y no importa la cantidad de distancia, su conexión es instantánea, por eso se dice no-local, porque no dependen de una ubicación en el espacio para transmitir una señal.

Las partículas y atómos de tu cuerpo están entrelazadas, reciben y transmiten información no sólo de forma bioquímica, sino a través del procesos conocido como “resonancia cuántica de fase congujada”. Este es un término usado por los físicos para describir las partículas que están entrelazadas no-localmente. Es gracias a la existencia de esta forma ultraveloz , ultrasutil, y enormente eficiente de transmitir información que tu cuerpo puede estar vivo y mantenerse así. En nuestro cuerpo una conflagración de señales se transmiten a mayor velocidad que la de la luz en una dinámica aparentemente caótica pero que mantiene la coherencia de un sistema integral. Nuestro mismo ADN parece comunicarse entre sí, transmitir la información de nuestro cuerpo de forma ”telepática”, es decir entrelazada cuánticamente. Dentro de nuestro cuerpo se da permanentemente lo que Einstein llamaba “spooky action at a distance”, el fantasma de la conexión cósmica que espantaba al físico alemán.

La física y la biología cuántica actual muestran que el cuerpo es también un sistema cuántico macroscópico. Se suponía que, aunque estamos compuestos integramente por estas partículas o quantums, los sistemas cuánticos solo existían en níveles submicroscópicos, donde los quantums están en un nivel de coherenecia en el que pueden sincronizarse entre sí.  Pero nuevas teorías muestran que es posible que redes de quantums específicamente organizadas –en las que las partículas están entrelazadas- sean suficientemente robustas para mantener una coherencia cuántica a dimensiones macroscópicas y en temperaturas ordinarias.
Ervin Lazlo nos dice que cuando las computadoras cuánticas sean finalmente desarrolladas podremos acercarnos por primera vez a simular el procesamiento de información del cerebro humano. Las computadoras cuánticas teóricamente pueden procesar información en estados de entrelazaminto y de superposición –en 0s y 1s a la vez, como el gato de Shrödinger vivo y muerto-.

Con sus funciones de sistema cuántico, nuestro cerebro puede recibir información no solo de los sentidos sino directamente del mundo con el que está entrelazado –conectado de manera no-local. Esto es una teoría para explicar, evidentemente, los procesos conocidos como extrasensoriales o paranormales, el psiquismo –clarividencia, telepatía, etc.- y el chamanismo –generalmente ligado a la sanación y a la comunicación gnóstica con las plantas y los animales. Como conectarte a la computadora de alguien más vía Bluetooth.

Lazlo nos dice que la percepción cuántica del mundo es tan real como la percepción sensorial ordinaria:

“Todas las coas en el tiempo-espacio emiten ondas, y estas ondas interactúan con las ondas producidas por otras cosas. Crean patrones de interferencia de ondas. Las ondas de presión en el aire y las ondas eléctricas y electromagnéticas en el espectro EM disminuyen con la distancia y los patrones que producen se limitan a nuestra cercanía inmediata. Sin embargo, las ondas cuánticas (ondas que se propagan en el dominio de la energía virtual casi infinita que llena el espacio cósmico) se mueven instantáneamente sobre cualquier distancia. Estos tipos de patrones de interferencia constituyen hologramas cuánticos, los cuales están entrelazados –están conectados instantáneamente-.  Como resultado, la información de un holograma cuántico puede ser transferida a cualquier otro holograma cuántico. De esta forma un sistema que puede leer la información de un holograma tiene acceso a la información que contienen todos los hologramas. Nuestro cerebro decodificador de resonancias cuánticas puede en principio capturar la información de cualquier cosa y de todo lo que crea una onda de interferencia cuántica en el universo”.
Aquí es donde las cosas se ponen interesantes, Lazlo incorpora la teoría del brillante físico David Bohm de la Totalidad Implicada, y los experimentos del neurofísico Karl Pribram, que concluye que el cerebro almacena la información de forma holográfica, con su propia teoría de los campos informativos, que llama campos Akashicos, de una forma que podría explicar las experiencias místicas con rigor científico. Abundan ejemplos en el arte y en la filosofía de lo que dice Lazlo, básicamente la posibilidad de percibir en una onda de interferencia la información del universo entero, lo que Borges llamó el Aleph, o en términos aún más pop, la letra de la canción de George Harrison “Inner Light”: “Without going  out of my door, I can know all things on Earth, Without looking out of my window, I can know all the Ways of Heaven”.

La cruz de la cuestión aquí es como activar esta percepción, esta resonancia de fase cuántica conjugada, entendiendo que todas las cosas están formadas por hologramas cuánticos, lo cual permite un entrelazamiento y ergo un summo bonum de conciencia cósmica. No es necesario salir de tu cuarto para conocer Andromeda. Pero para capturar esta información nuestro cerebro debe tener la receptividad correspondiente.  Lazlo nos dice que los científicos empiezan a entender como esta receptividad  holocuántica puede implementarse en el cerebro.

“Parece que a nivel cuántico las señales están siendo recibidas por microestructuras en el  citoesqueleto de nuestro cerebro (el citoesqueleto es una estructura basada en proteínas que mantiene la integridad de las células vivas, incluyendo las neuronas). Las neuronas en el cerebro están organizadas en una red de microtúbulos de tamaño microscópico pero de número astronómico. Hay como 1 x 1018 microtúbulos  y solo 1 x 1011 neuronas (aunque de todas formas hay más neuronas que estrellas en la galaxia). Tienen filamentos de solo 5 a 6 nanómetros de diámetro, se creer que nuestra red de microtúbulos es capaz de capturar, procesar y transmitir información.

“Los físicos Roger Penrose y el neurofisiólogo Stuart Hameroff sostienen que la conciencia emerge de estos elementos a níveles cuánticos  del citoesqueleto del cerebro. La red  de microtúbulos  podría ser responsable de la receptividad cuántica del cerebero, recibr, transformar, e interpretar información basándose en la resonancia de fase conjugada.

“… Tenemos lo que el neurocientífico Ede Frecska y el antropólogo Luis Eduardo Luna llaman modo “perceptual-simbólico-cognitivo”, basado en la información envíada por nuestros sentidos corporales y también tenemos el modo “directo-intuitivo-nolocal”, implementado por la receptividad cuántica de las micoestructuras de nuestro cerebro”.
La aportación de Lazlo va en el sentido de la teoría dominante hoy en la física cuántica de que fundamentalmente el universo está constituido de información, en su nivel más básico esta es la sustancia primordial del universo. Desde aquellas discusiones entre los filósofos pre-socráticos sobre sí el elemento primordial del universo era el agua, el aire, el fuego, la tierra, el éter o pleroma, etc., hasta el átomo y el quantum: una cantidad discreta de energía (la misma constante de Planck)… la forma más elegante de entender este bloque mínimo fundacional del que todo está compuesto es información; potencial inconmensurable de representarse como algo mensurable.

Lazlo dice  que “en la última concepción de la física el universo no está constituido de materia y espacio, está constituido de energía e información. La energía existe en forma de patrones de onda y propagaciones de onda en el vació cuántico que forma el espacio; en sus varias manifestaciones, la energía es el hardware del universo; el software es la información. El universo no es un un ensamble de bits de materia inerte moviéndose pasivamente en el espacio vacío: es un todo coherente y dinámico. La energía que constituye el hardware está siempre totalmente informada. Esta informado por lo que David Bohm llamaba el orden implicado y los físicos ahora llaman el vacío cuántico o campo de punto-cero (también llamado espacio-tiempo físico, campo universal o nuéter). Esta es la in-formación que estructura el mundo físico, la información que percibimos como las leyes de la naturalez. Sin la información las ondas de energía y los patrones del universo serían tan aleatorios y desestructurados como el comportamiento de una computadora sin su software. Pero el universo no es aleatorio ni desestructurado; es precisamente informado. Si fuera mínimamente menos precisamente informado, los sistemas complejos no habrían surgido,  y no estaríamos aquí para preguntarnos como este altamente improbable desarrollo llego a ser.

Ervin Lazlo, el físico húngaro, que también es pianista, ha tenido la valentía de entrar en zonas tabú para la física mainstream; su trabajo es una de los más sólidos modelos para explicar la conciencia y los alcances de la misma. Según Lazlo las experiencias místicas, “océanicas” en la terminología de Freud, pueden ser explicadas a través del entrelazamiento cuántico con el campo Akashico de la información. Es decir que, según Lazlo, el cerebro humano  en estados de conciencia alterada (meditación, oración, por sustancias psicodélicas) es capaz  de acceder a toda la información del universo que existe en cada cosa de este holograma tiempoespacial del vacío cuántico. Al conectarnos con el campo informativo, estaríamos conectándonos con la inteligencia que permea el universo. Exámenes electroencefalográficos en meditadores expertos y sanadores muestran que logran emitir un patron de ondas distinto (alfa y theta con picos de beta) del grueso de la población y sincronizar ambos hemísferios cerebrales.

En la medida que desarrollemos nuestra biocomputadora cuántica estaríamos ampliando esta capacidad de procesar la información, cuyo límite sería sólo el universo entero, entrelazado, la mente en el cielo, las estrellas adentro.

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EL UNIVERSO HOLOGRÁFICO: ¿EXISTE LA REALIDAD OBJETIVA?

La naturaleza del holograma, del “todo en cada parte”, nos proporciona una manera completamente nueva de entender la organización y el orden

En 1982 tuvo lugar un acontecimiento notable. En la Universidad de París, un equipo de investigación dirigido por el físico Alain Aspect realizó el que podría ser uno de los experimentos más importantes del siglo XX. Ustedes no oyeron hablar de ello en las noticias. De hecho, a menos que tengan la costumbre de leer prensa científica probablemente no habrán oído mencionar a Aspect, pese a que muchos creen que su descubrimiento podría cambiar la faz de la ciencia.

Aspect y su equipo descubrieron que, bajo ciertas circunstancias, partículas subatómicas como los electrones son capaces de comunicarse instantáneamente entre sí independientemente de la distancia que las separe. No importa si se están separados 10 pies o 10 mil millones de millas.
De alguna manera, una partícula parece saber siempre lo que está haciendo la otra. El problema que hay con este hecho, es que viola el principio de Einstein, tanto tiempo mantenido, de que ninguna comunicación puede viajar más rápido que la velocidad de la luz. Como viajar más deprisa que la velocidad de la luz equivale a romper la barrera del tiempo, tan intimidante panorama ha originado que, algunos físicos, intenten salirle al paso con elaboradas maneras de explicar algunos de los hallazgos de Aspect. Pero ha inspirado a otros a ofrecer explicaciones aún más radicales.

El físico de la Universidad de Londres David Bohm, por ejemplo, cree que los hallazgos de Aspect implican que la realidad objetiva no existe y que, a pesar de su aparente solidez, el universo es un fantasma de corazón, un holograma gigante espléndidamente detallado.

Para comprender por qué Bohm hace tan sorprendente aseveración, primero hay que saber un poco de hologramas. Un holograma es una fotografía tridimensional hecha con la ayuda de un láser.

Para hacer un holograma, el objeto a fotografiar primero es bañado por la luz de un haz láser. Después, se hace rebotar un segundo haz láser reflejando la luz del primero y el patrón de interferencia resultante (la zona en la que confluyen ambos haces láser) es captado sobre una película.

Cuando se revela la película, parece una maraña de luz y líneas oscuras desprovista de significado. Pero tan pronto como se ilumina la película revelada mediante otro haz láser, aparece una imagen tridimensional del objeto original.

La tridimensionalidad de tales imágenes no es la única característica notable de los hologramas. Si se corta por la mitad el holograma de una rosa y después se lo ilumina con un láser, se observa que cada una de las mitades sigue conteniendo la imagen entera de la rosa.

Además se observa que, aunque se vuelvan a dividir esas mitades, cada fragmento de la película siempre contendrá una versión más pequeña pero intacta de la imagen original. A diferencia de las fotografías convencionales, cada parte de un holograma contiene toda la información que posee el todo.
Esa naturaleza del “todo en cada parte” del holograma nos proporciona una manera completamente nueva de entender la organización y el orden. Durante la mayor parte de su historia, la ciencia occidental ha trabajado bajo el condicionamiento de que la mejor manera de entender un fenómeno físico, ya se trate de un átomo o de una rana, es diseccionarlo y estudiar sus partes respectivas.

El holograma nos enseña que algunas cosas del universo, posiblemente no permiten ese enfoque. Si intentamos dividir algo construido holográficamente, no obtendremos las piezas de las que se compone, sólo obtendremos “todos” más pequeños.
Este convencimiento indicó a Bohm otra manera de entender el descubrimiento de Aspect. Bohm cree que la razón por las que las partículas subatómicas son capaces de permanecer interconectadas, independientemente de la distancia que las separe, no se debe a que se emita y reciba alguna clase de misteriosa señal, sino a que su separación es una ilusión. Alega que, en algún nivel más profundo de la realidad, tales partículas no son entidades individuales, sino que en realidad son extensiones del mismo “algo” fundamental.

Para permitir que se visualice mejor lo que quiere decir, Bohm brinda la siguiente explicación:

Imagínense un acuario que contuviese un pez. Imaginen que, además, son incapaces de ver el acuario directamente, por lo que su conocimiento acerca de él proviene de dos cámaras de televisión, una situada de frente al acuario y la otra tomándolo de costado.

Como atienden a dos pantallas de televisión, podrían asumir que los peces que ven en cada pantalla son dos entidades separadas. Después de todo, como las cámaras están colocadas en ángulos diferentes, cada una de las imágenes será ligeramente diferente. Pero si siguen observando los dos peces, terminarán por darse cuenta de que hay cierta relación entre ambos.

Cuando uno se da vuelta, el otro a su vez también hace algo levemente distinto, pero que se corresponde; cuando uno mira de frente, el otro siempre mira de costado. Aunque no se perciba todo el panorama de la situación, se podría llegar a concluir que los peces deben estar comunicándose instantáneamente, pero está claro que no es el caso.

Según Bohm, esto es precisamente lo que pasa entre las partículas subatómicas del experimento de Aspect. Lo que nos está señalando la conexión entre partículas subatómicas, aparentemente más rápida que la velocidad de la luz, es que hay un nivel de realidad más profundo del que no estamos exentos, una dimensión más compleja que la nuestra, análoga al acuario. Además, consideramos separados a objetos como las partículas subatómicas porque sólo estamos observando una porción de su realidad.

Estas partículas no son “partes” separadas sino facetas de una unidad más profunda y fundamental que, en última instancia, es tan holográfica e indivisible como la rosa antes mencionada. Además, dado que todo lo que hay en la realidad física está compuesto por estos “espectros”, el propio universo en sí mismo es una proyección, un holograma.

Además de esa naturaleza espectral, un universo como ese poseería otros rasgos más que perturbadores. Que la aparente separación entre las partículas subatómicas sea ilusoria supone que, en un nivel más profundo de la realidad, todas las cosas que hay en el universo están infinitamente interconectadas.

Los electrones de un átomo de carbono de cualquier cerebro humano están conectados con las partículas subatómicas que componen cada salmón que nada, cada corazón que late y cada estrella que centellea en el cielo.

Todo lo interpenetra todo y, pese a que la naturaleza humana pueda pretender categorizar, caracterizar y subdividir los diversos fenómenos del universo, todas las clasificaciones son necesariamente artificiales porque, al final, lo único que existe en la naturaleza es una red sin fisuras.

En un universo holográfico ni siquiera el tiempo o el espacio pueden seguir siendo considerados como algo básico. En un universo en el que, en realidad, nada está separado de ninguna otra cosa, conceptos tales como la localización se quiebran; el tiempo y el espacio tridimensional, al igual que las imágenes del pez en las pantallas de TV, también deberían ser considerados proyecciones de un orden más profundo.

En su nivel más profundo, la realidad es una especie de súper holograma en el que tanto pasado como presente y futuro coexisten simultáneamente. Esto sugiere que, contando con las herramientas adecuadas, debería ser posible incluso que algún día se accediese a un nivel súper holográfico de la realidad del que se obtuviesen escenas de un pasado remoto.

La pregunta de qué más contiene el súper holograma tiene un final abierto. Admitido en interés del argumento que el súper holograma sea la matriz de la que ha surgido todo lo que existe en nuestro universo, y que, por lo menos, contendrá a todas las partículas subatómicas que hayan existido o existirán, contendrá todas las configuraciones posibles de materia y energía, desde los copos de nieve a los quásares, desde las ballenas azules a los rayos gamma. Debe ser considerado como una especie de almacén cósmico de “Todo Lo Que Es”.

Pese a que Bohm concede que no tenemos manera de saber qué más pueda yacer oculto en el súper holograma, se aventura a decir que no tenemos razón alguna para asumir que no contenga todavía más. O, como propone, quizás el nivel súper holográfico de la realidad sea una “mera fase” más allá de la cual subyacería “una infinidad de desarrollo ulterior”.

Bohm no fue el único investigador que encontró evidencia de que el universo es un holograma. Trabajando de manera independiente en el campo de la investigación cerebral, el neurofisiólogo de Stanford Karl Pribram también está convencido de la naturaleza holográfica de la realidad.

Pribram fue atraído al modelo holográfico por el enigma de cómo y dónde se almacenan los recuerdos en el cerebro. Durante décadas, numerosos estudios han venido demostrando que los recuerdos, más que estar confinados en una localización específica, se encuentran dispersos por todo el cerebro.

En una serie de experimentos realizados en los años 20 del siglo XX que marcaron hitos en esta investigación, el científico del cerebro Karl Lashley descubrió que, independientemente de qué parte del cerebro de una rata extirpase, le era imposible impedir que ésta recordase cómo realizar tareas complejas que había aprendido con anterioridad a la cirugía. El único problema era que nadie podía presentar un mecanismo capaz de explicar esta curiosa naturaleza del almacenamiento de memoria del “todo en cada parte”.

Ya en los 60, Pribram descubrió la holografía y se dio cuenta de que había encontrado la explicación que los científicos del cerebro habían estado buscando. Pribram cree que los recuerdos no están codificados en las neuronas ni en pequeñas agrupaciones de éstas, sino en patrones de impulsos nerviosos que van entrecruzándose por todo el cerebro de la misma manera que la interferencia de los patrones de luz láser van entrecruzándose por toda la superficie de un fotograma que contenga una imagen holográfica. En otras palabras, Pribram cree que el propio cerebro es un holograma.

La teoría de Pribram también explica que el cerebro humano pueda almacenar tantos recuerdos en tan poco espacio. Se estima que el cerebro humano tiene la capacidad de memorizar del orden de 10 mil millones de bits de información durante una vida humana promedio (lo que equivale a la cantidad de información contenida en cinco colecciones completas de la Enciclopedia Británica).

En la misma línea se ha descubierto que, aparte de sus restantes propiedades, los hologramas poseen una asombrosa capacidad para almacenar información; simplemente con cambiar el ángulo con el que chocan dos láseres en un fotograma de película fotográfica, es posible grabar muchas imágenes diferentes sobre la misma superficie. Está demostrado que un centímetro cúbico de película puede contener aproximadamente 10 mil millones de bits de información.

Nuestra habilidad prodigiosa para recuperar con rapidez cualquier información que nos haga falta del gigantesco almacén de nuestros recuerdos sería más comprensible si el cerebro funcionase según principios holográficos. Si un amigo te pide que le digas lo que te venga a la mente cuando dice la palabra “cebra”, no necesitas transitar por intrincados atajos para recorrer algún tipo de gigantesco archivo alfabético cerebral a fin de llegar a una conclusión. En lugar de esto, saltan a tu mente de manera instantánea asociaciones como “rayas”, “equino” o “animal nativo de África”.

Verdaderamente una de las cosas más asombrosas relativas al proceso del pensamiento humano es que cada fragmento de información parece establecer de manera instantánea una correlación con algún otro (es decir, con todos los demás fragmentos de información), en lo que constituye otro rasgo intrínseco del holograma. Esto se debe a que cada parte de un holograma está infinitamente interconectada con cualquier otra parte del mismo, en lo que quizás sea el ejemplo supremo de la naturaleza de un sistema correlativo.

El almacenamiento de memoria no es el único enigma neurofisiológico que se hace más abordable a la luz del modelo holográfico del cerebro de Pribram. Otro es cómo es capaz el cerebro de traducir la avalancha de frecuencias que recibe a través de los sentidos (frecuencias de luz, de sonido, etc.) en el mundo concreto de nuestras percepciones. Precisamente lo que mejor hace un holograma es codificar y decodificar frecuencias. De la misma manera en que el holograma funciona como una especie de lente, un dispositivo de traducción capaz de convertir un borrón de frecuencias, en apariencia carente de significado, en una imagen coherente, Pribram cree que el cerebro también contiene una lente y que utiliza principios holográficos para convertir matemáticamente las frecuencias que recibe a través de los sentidos en el mundo interior de nuestra percepciones.

Un cuerpo de evidencia impresionante respalda el uso por parte del cerebro de principios holográficos para realizar sus operaciones. De hecho, la teoría de Pribram ha ido ganando un apoyo creciente entre los neurofisiólogos.

El investigador ítalo-argentino Humberto Zucarelli extendió recientemente el modelo holográfico al mundo de los fenómenos acústicos. Intrigado por el hecho de que los humanos sean capaces de localizar la fuente de los sonidos sin mover la cabeza, aunque sólo tengan un oído, Zucarelli descubrió que los principios holográficos pueden explicar esta habilidad.

Zucarelli también ha desarrollado la tecnología del sonido holofónico, técnica de grabación capaz de reproducir situaciones acústicas con un realismo sobrecogedor.

La creencia de Pribram de que nuestros cerebros construyen una realidad matemáticamente “sólida” porque confían en los impulsos procedentes de un dominio de frecuencias dado también ha recibido una importante cantidad de apoyo experimental.

Se ha descubierto que cada uno de nuestros sentidos es sensible a un rango de frecuencias mucho más amplio de lo que previamente se sospechaba.

Los investigadores han descubierto, por ejemplo, que nuestros sistemas visuales son sensibles a las frecuencias de sonido, que nuestro sentido del olfato es una parte dependiente de lo que ahora se denominan “frecuencias cósmicas”, y que hasta las células de nuestro cuerpo son sensibles a un amplio rango de frecuencias. Tales hallazgos apuntan a que sólo en el dominio holográfico de la conciencia tales frecuencias son fragmentadas y clasificadas en percepciones convencionales.

Pero el aspecto del modelo holográfico del cerebro de Pribram que más nos hace hervir la mente es lo que sucede cuando se lo conjuga con la teoría de Bohm. Porque si la concreción del mundo no es sino una realidad secundaria y en realidad lo que está “ahí” es un borrón holográfico de frecuencia y, si el cerebro también es un holograma que selecciona y extrae de ese borrón sólo algunas de esas frecuencias, transformándolas matemáticamente en percepciones sensoriales, ¿en qué se convierte la realidad objetiva?

Por decirlo con sencillez, deja de existir, Como han señalado tradicionalmente las religiones orientales, el mundo material es maya, una ilusión y, pese a que podamos pensar que somos seres físicos que se mueven por un mundo físico, esto también es una ilusión.

En realidad somos “receptores” que van flotando por un mar caleidoscópico de frecuencia lo que extraemos de ese mar y transcribimos como una realidad física no es sino un canal más de los muchos extraíbles del super holograma.

Esta nueva y chocante imagen de la realidad, síntesis de las perspectivas de Bohm y Pribram, constituye lo que se ha dado en llamar el paradigma holográfico y, pese a que muchos científicos lo hayan recibido con escepticismo, ha galvanizado a otros. Un grupo pequeño pero creciente de investigadores creen que este modelo de la realidad podría ser más exacto que el que hasta ahora nos ha aportado la ciencia. Es más, algunos creen que podría resolver algunos misterios que nunca antes pudieron ser explicados por la ciencia, instituyendo incluso lo paranormal como parte de la naturaleza.

Numerosos investigadores, incluyendo a Bohm y a Pribram, han reparado en que numerosos fenómenos parapsicológicos resultan mucho menos incomprensibles bajo los términos del paradigma holográfico.

En un universo en el que los cerebros individuales en realidad son partes indivisibles de un holograma superior y en el que todo está infinitamente interconectado, la telepatía consiste sencillamente en acceder a nivel holográfico.

Obviamente así es mucho más fácil entender cómo puede viajar la información desde la mente de un individuo “A” a la de otro individuo “B” que esté en un punto muy distante y ayuda a comprender numerosos enigmas de la psicología pendientes de resolución. En particular, Grof opina que el paradigma holográfico brinda un modelo para entender muchos de los fenómenos más sorprendentes que experimentan los individuos durante los estados alterados de conciencia.

MICHAEL TALBOT

Webislam

EL UNIVERSO PODRÍA SER UN HOLOGRAMA GIGANTE

Nuestro mundo podría ser la proyección holográfica en 3D de fenómenos cuánticos bidimensionales que ocurren en el horizonte cosmológico del universo.

La posibilidad de que la realidad que experimentamos no sea más que un holograma proyectado desde el horizonte del universo podría resultar difícil de aceptar para muchos de nosotros que nos consideramos seres “reales” y que percibimos el mundo como algo tiene existencia autónoma e inmediata. Resulta difícil de creer que hoy desayunaste panqueques de frambuesa debido a algo que sucedió en el horizonte cosmólogico del universo… y, sin embargo, una de las explicaciones más plausibles de la cosmología cuántica actual para resolver el proplema principal de la física, conciliar la teoría de la relatividad con la mecánica cuántica, es,  junto con la teoría de las supercuerdas, la teoría del principio holográfico.

Los hologramas que encontramos en tarjetas de crédito o billetes están contenidos en películas de plástico bidimensional. Cuando luz se refleja en ellos, se recrea la apariencia de una imagen en 3D. Al principio de la década de los 90, Leonard Susskind y el  nobel Gerard Hoof’t propusieron que el mismo principio podría aplicarse a todo el universo. Nuestra experiencia cotidiana  tridimensional en sí misma podría ser una proyección holográfica de algo que está sucediendo en una distante superficie bidimensional.

La idea de Susskind y  Hooft nació del descubrimiento del físico Stephen Hawking de la radiación que lleva su nombre. Hawking mostró que los agujeros negros emiten una radiación lenta que eventualmente hace que desaprezcan. Es decir, emiten información, y sin embargo, la información en el universo no debería de destruirse. Esto es conocido como la “paradoja de la información de los agujeros negros”.

El físico Jacob Bekenstein descubrió que la entropía -lo que es igual al contenido de información- de un agujero negro es proporcional al área de la superficie de su horizonte de sucesos (la frontera del tiempo-espacio de algo que puede afectar nuestro universo).  Se ha demostrado que ondas cuánticas en la superficie del horizonte de sucesos de un agujero negro, que sería como la superficie de un holograma, pueden codificar la información adentro del agujero negro, así que la información no desaparece cuando éste desaparece. Esto muestra que toda la información en 3D de una estrella puede estar codificada en la superficie de un agujero negro subsecuente.
Aún más significativo podría ser lo propuesto por el físico Craig Hogan del Fermilab. En los últimos años el GEO600, un detector de 600 metros en Hannover, Alemania, ha estado buscando ondas gravitacionales producidas por objetos astronómicos  superdensos como estrellas de neutrones y agujeros negros. El GEO600 no ha logrado descubrir estas ondas gravitacionales, pero inadvertidamente podría haber hecho uno de los más importantes decsubrimientos científicos de nuestra época.

Por meses los miembros del equipo del experimento del GEO600 habían estado intentando explicar un misterioso ruido detectado. Esto hasta que llegó Hogan, quien incluso había predicho la existencia de este “ruido”. Según Hogan, el GEO600 se había topado con el limite fundamental del tiempo espacio, el punto en el que el tiempo espacio deja de comportarse como el continuum suave y fluído descrito por Einstein y en cambio se disuelve en granos, de la misma forma que una fotografía se disuelve en puntos si se hace un zoom profundo. Es decir, el universo, al límite, se pixelea.

Estaríamos viendo justamente los puntos, q-bits o píxeles, de la información proyectada que se percibe tridimensionalmente como la realidad tiempo-espacial del mundo. Esto sería la longitud de Planck, la escala mínima de la materia, la cual todavía no ha sido probada (es posible que no haya un fin al tamaño de una partícula, ésta podría ser infinitamente pequeña). La longitud de Planck es igual a 1.6 x 10-35 y está dada por el tiempo que tardaría un fotón en cruzar la distancia de la misma longitud de Planck. Es justamente la entrada al dominio  de los fenómenos cuánticos, donde muchas de las leyes macroscópicas dejan de tener sentido.

“Podríamos tener nuestra primera indicación de cómo el tiempo-espacio emerge de la teoría cuántica”, dice Hogan. Es decir el tiempo espacio, geométricamente equivalente al contenido de información del universo, podría ser la proyección holográfica de q-bits o unidades de Planck.

Una posibilidad de como se realiza esta proyección holográfica a la distancia es que nuestro universo sea no-local o que la emergencia de los estados físicos que experimentamos ocurra através de procesos de entrelzamiento cuántico. Una de las implicaciones no discutidas por los físicos de esta teorías es que de ser verdad esto podría significar que vivimos dentro de un mundo de realidad virtual.

LA TOTALIDAD IMPLICADA Y EL PARADIGMA HOLOGRÁFICO DE DAVID BOHM

Aunque la teoría de David Bohm no tiene que ver precisamente con el principio holográfico expuesto anteriormente, Bohm fue el primero en utilizar la metáfora del holograma para describir la naturaleza del universo e intentar conciliar la realitividad con la mecánica cuántica.  Bohm, quien al final de su vida vio su trabajo como físico reflejado en la filosofía oriental, se basa en el principio de que el universo que percibimos se explica, o se desenvuelve, de una totalidad implicada de infinita energía e infinito potencial.  Bohm concebía la totalidad implicada como un mar de energía inconmensurable, basándose en el cálculo de la energía del punto cero el cual muestra que existe más energía en un centímetro cúbico de espacio ‘vacío’ que en toda la masa del universo. Y que en realidad la materia no es una substancia condensada sino una forma de energía difusa que emerge de este mar de energía.

Bohm intentó mostrar que  la totalidad de la información del universo estaba en cada parte del universo, de la misma forma que una imagen codificada en un holograma se proyecta en su integridad no obstante  que el holograma sea dividido, solo que lo hace en menor definición. Algo similar ha formulado el físico Ervin Lazlo en su teoría del Campo Akashico.

“El Orden Explicado es el más débil de los sistemas de energía, resuena con y es una expresión de un orden de energía infinitamente más poderoso, llamado el Orden Implicado. Es el precursor del Explicado, la visión similar a un sueño o la presentación ideal de lo que se convertirá en un objeto físico. El Orden Implicado implica dentro de sí todos los universos físicos…” (Will Keepin sobre David Bohm).

PijamaSurf

EL UNIVERSO COMO CEREBRO, EL HOMBRE COMO REFLEJO

La similitud entre una red de galaxias y una red de neuronas podría ser más que solamente algo formal… es posible que “el cerebro” esté en todas partes y el universo sea en un enorme organismo de transmisión informativa

La correspondencia entre las formas del universo, del macrocosmos y del microcosmos, nos hace pensar en una correspondencia de las funciones. Es decir, a diferentes escalas, tal vez a diferentes níveles evolutivos, todas las cosas parecen operar bajos los mismos principios y manifestar una interconectividad que llena de asombro y “refleja” una enorme belleza en su arquitectura cósmica. Esto fue la inspiración, observar la naturaleza, que llevó a los primeros filósofos (y místicos) a formular teorías con respecto a la armonía universal, a la semejanza de las formas y también a la divinidad (coherencia resonante en cada quantum del universo: el hombre como materialización simbólica de la conciencia cósmica, un ente cuyo cuerpo es información).

Entre los grandes filósofos de la naturaleza y de esta veta particular que hoy en día la física agrupa bajo la teoría holográfica y fractal, está, por antonomasia, el mítico semidios Hermes, a quien las tradiciones místicas le adjudican la fundación de todas las ciencias (incluyendo la escritura) y quien sintetizara toda la ciencia esotérica en su Tabla Esmeralda: “como arriba, es abajo”; Pitágoras, quien construyera una teoría de armonía universal entre las matemáticas, la música y  los astros, cada uno una expresión (a diferente nivel) de un mismo código universal: el mundo según este filósofo griego es una sinfonía entre el Gran Hombre (el universo) y el Pequeño Hombre (el ser humano); Platón, quien viera en el mundo material la expresión o reflejo de un mundo espiritual (ideas o símbolos materializados).

Actualmente existen una serie de científicos que se han acercado desde la física a ese “arte” de la correspondencia entre las formas para descifrar el sistema operativo del universo (entre los cuales destaca David Bohm). Encontramos una versión interesante que expande estas teorías del autor Jay Alfred, cuyo postulado nos acerca a la posibilidad de que el universo entero sea una especie de inmenso cerebro (o internet) que transmite información entre cada una de sus partes y el cerebro humano un reflejo de este cerebro cósmico al cual se conecta en perpetua retroalimentación.

Las galaxias visibles en el universo no están aisladas ni desconectadas, sino están entretejidas por una estructura o red de filamentos que es la materia oscura que sirve como andamiaje del universo. Esta estructura en forma de red es una carcterística tanto de la materia oscura como del plasma magnético. La apariencia de esta red tiene un asombroso parecido con una disección del cerebro (ver imagen al principio de la entrada y hacer zoom).

Pero  no sólo es la morfología (aspectos estructurales) de la estructura del universo a grandes escalas la que es similar al cerebro humano, sino también la fisiología (las funciones). Estos filamentos transportan corrientes de partículas cargadas (iones) a lo largo de grandes distancias que generan campos magnéticos, al igual que una fibra nerviosa. Y forman circuitos, al igual que los circuitos neuronales en el cerebro.

El alto grado de conectividad es lo que distingue al cerebro de una computadora ordinaria. La conectividad también es notable en la red cósmica. Las galaxias se forman cuando estos filamentos se cruzan entre sí. Un cúmulo (nexus) de filamentos provee la conectividad para transferir no sólo energía sino información de un núcleo galáctico a otro.

El autor también explica, aplicando  la teoría de la memoria holográfica de Karl Pribram a toda la materia, como es posible que el universo sea también un organismo que graba todo lo que sucede en  su “mansión de muchas habitaciones” (no existe el olvido, decía Borges). Algo que podría explicar porque ciertos lugares paracen proyectar fantasmas o por qué la memoria está ligada al espacio donde un hecho ocurrió. Luego explica como posiblemente existe un intercambio de información entre los diversos tejidos cerebrales del universo, en sus diferentes escalas: galaxia, planeta, hombre, célula, electrón, et cetera:

La Tierra parece tener un cerebro, ¿pero cómo recibe estímulos sensoriales? Una posibilidad es generando formas de vida. La miriada de formas de vida (incluyendo a los seres humanos)en el planeta  son en realidad los muchos ojos y oídos de la Tierra. Las redes de corrientes en el cerebro de las formas de vida son parte integral de la red de corrientes en el cerebro de la Tierra. Es parte del interés del universo generar formas de vida para que pueda ver, oír, tocar, oler , probar y tomar conciencia de sí mismo de formas diversas.

Si en realidad estamos conectados al cerebro de la Tierra, que está conectado al cerebro del universo, esto significa que compartimos un cerebro universal que puede tener contacto con el cerebro de otros planetas (o sistemas estelares) que generan sus propias memorias. Las formas de vida inteligente pueden mandar información (con o sin intención) vía el cerebro universal directamente a nuestro cerebro.

Tal vez el secreto de la semejanza entre las cosas, de las metáforas y los fractales, sea la obviedad. Que se parecen porque en el fondo son lo mismo. ¿Es posible que por alguna razón o divinidad en el insondable diseño del universo, las estrellas sean ojos, los cerebros, galaxias? Es posible y quizás esa sea también el secreto del misterio de la existencia individual: averiguar por sí mismo y fundirse con el tejido neuronírico que llamamos universo, aquello a lo que tanto nos parecemos.

«El mayor hechicero (escribe memorablemente Novalis) sería el que hechizara hasta el punto de tomar sus propias fantasmagorías por apariciones autónomas. ¿No sería ese nuestro caso?» yo conjeturo que es así. Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso.» Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones

PijamaSurf

CUÁNTICO LIBROS: EL UNIVERSO HOLOGRÁFICO- Michael Talbot

mtalbotEn la película La guerra de las galaxias, la aventura de Luke Skywalker empieza cuando surge una luz del robot R2-D2 y proyecta una imagen tridimensional en miniatura de la princesa Leia. Luke contempla embelesado cómo la escultura fantasmal de luz suplica a alguien llamado Obi-wan Kenobi que acuda en ayuda de la princesa. La imagen es un holograma, una imagen tridimensional realizada con ayuda del láser, y se requiere una magia tecnológica extraordinaria para hacer imágenes como ésa. Pero lo más increíble es que algunos científicos están empezando a creer que el universo mismo es una especie de holograma gigante, una ilusión espléndidamente detallada ni más ni menos real que
la imagen de la princesa Leia que impulsa a Luke a iniciar su búsqueda.
Por decirlo de otra manera: hay indicios que sugieren que nuestro mundo y todo lo que contiene, desde los copos de nieve hasta los arces y
desde las estrellas fugaces a los electrones en órbita, también son imágenes fantasmales solamente, proyecciones de un nivel de realidad tan alejado del nuestro que está literalmente más allá del espacio y del tiempo.
Los artífices principales de esta asombrosa idea son dos de los pensadores más eminentes del mundo: David Bohm, físico de la Universidad de Londres, protegido de Einstein y uno de los físicos teóricos más respetados, y Karl Pribram, un neurofisiólogo de la Universidad de Standford, autor del texto clásico de neurofisiología Languages of the Brain (Lenguajes del cerebro). Lo intrigante es que Bohm y Pribram llegaron a sus conclusiones respectivas de manera independiente, mientras trabajaban desde dos direcciones muy diferentes. Bohm sólo se convenció de la naturaleza holográfica del universo tras años de insatisfacción con la incapacidad de las teorías clásicas para explicar los fenómenos que encontraba en la física cuántica. Pribram se convenció por el fracaso de las teorías clásicas del cerebro para explicar varios enigmas neurofisiológicos.
Sin embargo, una vez que formaron sus opiniones, Bohm y Pribram se dieron cuenta enseguida de que el modelo holográfico explicaba también otros muchos misterios, entre los que se cuentan la aparente incapacidad de cualquier teoría, por exhaustiva que fuera, para explicar todos los fenómenos de la naturaleza; la capacidad de los individuos que sólo oyen por un oído para determinar la dirección de la que proviene el sonido; y nuestra capacidad para reconocer la cara de alguien a quien no hemos visto en muchos años, aunque haya cambiado considerablemente desde entonces.
Pero lo más asombroso del modelo holográfico era que de repente hacía que cobrara sentido una amplia gama de fenómenos tan difíciles de entender que habían sido encuadrados por lo general fuera del ámbito de la interpretación científica. Entre ellos figuran la telepatía, la precognición, el sentimiento místico de unidad con el universo y hasta la psicoquinesia o la capacidad de la mente para mover objetos físicos sin que nadie los toque.
En efecto, el grupo de científicos, cada vez más numeroso, que llegó a abrazar el modelo holográfico, enseguida vio que ayudaba a explicar prácticamente todas las experiencias paranormales y místicas; en la última media docena de años ha seguido impulsando a muchos investigadores y ha arrojado luz sobre un conjunto creciente de fenómenos anteriormente inexplicables. Por ejemplo: En 1980, un psicólogo de la Universidad de Connecticut, el doctor Kenneth Ring, planteó que el modelo holográfico podía explicar las experiencias cercanas a la muerte. El doctor Ring, presidente de la Internacional Association for Near-Death Studies, cree que tales experiencias, así como la muerte misma, en realidad no son más que el cambio de la consciencia de la persona de un nivel del holograma de la realidad a otro.
En 1985, el doctor Stanislav Grof, director de investigación psiquiátrica
en el Maryland Psychiatric Research Center y profesor colaborador de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, publicó un libro en el que llegaba a la conclusión de que los odelos existentes de neurofisiología cerebral eran inadecuados y que sólo el modelo holográfico podía explicar cosas tales como las experiencias arquetípicas, los encuentros con el inconsciente colectivo y otros fenómenos inusuales que se experimentan en los estados alterados de consciencia.
En la reunión anual de 1987 de la Asociación para el Estudio de los Sueños que se celebró en Washington D.C., el físico Fred Alan Wolf dio una charla en la que aseguraba que el modelo holográfico explica los sueños lúcidos (sueños inusualmente vívidos en los que la persona que los tiene se da cuenta de que está despierta). Wolf cree que esos sueños son en realidad visitas a realidades paralelas y que el modelo holográfico permitirá desarrollar finalmente una «física de la consciencia» que nos capacitará para empezar a explorar a fondo los niveles de existencia de esas otras dimensiones.
En su libro titulado Sincronicidad: puente entre mente y materia, de 1987, el doctor F. David Peat, físico de la Universidad Queen’s de Canadá,
afirmaba que se puede explicar la sincronicidad (coincidencia tan inusual y tan significativa psicológicamente hablando que no parece ser sólo fruto del azar) con el modelo holográfico. En su opinión, coincidencias como ésas son realmente «fallos en el tejido de la realidad» y revelan que los procesos del pensamiento están conectados con el mundo físico mucho más íntimamente de lo que se ha sospechado hasta ahora.
Estos apuntes son sólo una muestra de las ideas sugerentes que inducen a la reflexión que analizaremos en el presente libro. Muchas son extraordinariamente polémicas. En efecto, el modelo holográfico en sí es un tema muy debatido y la mayoría de los científicos no lo acepta bajo ningún concepto. Sin embargo, y como veremos, lo apoyan muchos pensadores importantes y admirables que creen que puede ser la imagen más precisa de la realidad que tenemos hasta la fecha.
El modelo holográfico también ha recibido un respaldo espectacular por parte de no pocos experimentos. En el campo de la neurofisiología, numerosos estudios han corroborado varias predicciones de Pribram sobre la naturaleza holográfica de la memoria y de la percepción. De manera similar, un experimento famoso realizado en 1982 por un equipo de investigación dirigido por el físico Alain Aspect en el Institute of Theoretical and Applied Optics de París, demostró que la red de partículas subatómicas que compone el universo físico, el verdadero tejido de la propia realidad, posee lo que parece ser una innegable propiedad holográfica.
También discutiremos sus conclusiones en este libro.

Además de las pruebas experimentales, hay varias cosas que confieren autoridad a la hipótesis holográfica. Quizá los factores más importantes sean el carácter y los logros de los dos hombres que dieron origen a la idea. Al comienzo de sus carreras y antes de que el modelo holográfico fuera siquiera un destello en sus pensamientos, ambos acumularon triunfos que habrían llevado a la mayoría de los investigadores a dormirse en los laureles el resto de sus vidas académicas. En la década de 1940, Pribram hizo un trabajo pionero sobre el sistema límbico, una zona del cerebro que tiene que ver con las emociones y la conducta.
Y también se considera un hito la obra de Bohm del decenio de 1950 sobre la física de los plasmas.
Pero más significativo todavía es que ambos se hayan distinguido también de otra manera. Es una manera que rara vez pueden reclamar para sí los hombres y mujeres más brillantes, porque no se mide meramente por la inteligencia, ni por el talento siquiera. Se mide por el coraje, por la tremenda resolución que supone mantener las propias convicciones, incluso frente a una oposición sobrecogedora. Cuando estaba estudiando, Bohm hizo trabajos con Robert Oppenheimer para el obtener el doctorado. Después, en 1951, cuando Oppenheimer cayó bajo la peligrosa mirada escrutadora del Comité de Actividades  Antiamericanas del senador Joseph McCarthy, llamaron a Bohm para que testificara en su contra y él se negó. A resultas de aquello, perdió su trabajo en Princeton y nunca volvió a dar clase en Estados Unidos; se trasladó en primer lugar a Brasil y después a Londres.
Al comienzo de su carrera, Pribram se enfrentó con una prueba de temple parecida. En 1935, un neurólogo portugués llamado Egas Moniz ideó lo que creía que era un tratamiento perfecto para las enfermedades mentales. Descubrió que perforando el cráneo de un individuo con un instrumento quirúrgico y separando la corteza prefrontal del resto del cerebro podía hacer que los pacientes más problemáticos se volvieran dóciles.
Llamó al procedimiento lobotomía prefrontal, el cual, en la década de 1940, se había convertido en una técnica médica tan popular que Moniz recibió el premio Nobel. En los años cincuenta el procedimiento conservaba su popularidad y, al igual que las escuchas de McCarthy, se convirtió en una herramienta para acabar con las personas indeseables, culturalmente hablando. Su utilización con esa finalidad estaba tan aceptada que el cirujano Walter Freeman, que abogaba abiertamente en favor del procedimiento en Estados Unidos, escribió sin avergonzarse que las lobotomías «hacían ciudadanos americanos buenos» de los inadaptados de la sociedad, los «esquizofrénicos, homosexuales y radicales».
En esa época apareció en escena Pribram. Pero, a diferencia de muchos de sus colegas, él creía que no estaba bien manipular el cerebro de otra persona tan temerariamente. Sus convicciones eran tan profundas que, mientras trabajaba como un joven neurocirujano en Jacksonville (Florida), se opuso a los criterios médicos aceptados de la época y se negó a permitir que se realizaran lobotomías en la sala que estaba bajo su supervisión. Posteriormente, mantuvo en Yale esa misma postura controvertida, y sus opiniones, radicales en aquel entonces, casi le hicieron perder su trabajo.
El compromiso de Bohm y Pribram para mantener aquello en lo que creían, sin importarles las consecuencias, es evidente también en lo que se refiere al modelo holográfico. Como veremos, exponer su nada desdeñable reputación apoyando una idea tan polémica no es el camino más fácil que podía haber tomado cada uno de ellos. Tanto el valor como la visión que ambos demostraron en el pasado da importancia nuevamente a la idea holográfica.
Por último, otro indicio favorable al modelo holográfico es lo paranormal
mismo. No se trata de un asunto menor, porque en las últimas décadas se ha acumulado un extraordinario conjunto de pruebas que sugiere que nuestra interpretación actual de la realidad, la imagen sólida y confortable del mundo de palos y piedras que aprendimos todos en las clases de ciencias del instituto, es una imagen equivocada. Como ninguno de los modelos científicos clásicos puede explicar los descubrimientos paranormales, la ciencia en general prescinde de ellos. No obstante, el volumen de indicios acumulados ha llegado a un punto que hace que la situación sea insostenible.
Por poner un solo ejemplo, en 1987 el físico Robert G. Jahn y la psicóloga
clínica Brenda J. Dunne, ambos de la Universidad de Princeton, anunciaron que, tras una década de experimentación rigurosa en el Princeton Engineering Anomalies Research Laboratory, habían acumulado datos inequívocos de que la mente puede interaccionar físicamente con la realidad física. Más en concreto, Jahn y Dunne averiguaron que los seres humanos son capaces de influir en el funcionamiento de cierta clase de máquinas simplemente con la concentración mental. Era un descubrimiento asombroso que no tenía explicación con arreglo a la imagen habitual de la realidad. Sin embargo, se puede explicar de acuerdo con la idea holográfica. Y a la inversa, los acontecimientos paranormales, como no se pueden explicar según nuestra interpretación científica actual, piden a gritos una forma nueva de contemplar el universo, un paradigma científico nuevo. Este libro, además de mostrar cómo puede explicar el modelo holográfico lo paranormal, examinará también cómo los indicios cada vez más numerosos en favor de lo paranormal parecen necesitar a su vez la existencia de dicho modelo.
El hecho de que nuestra visión científica actual no pueda explicar lo paranormal es sólo una de las razones que justifica que siga siendo un tema tan controvertido. Otra de esas razones es que muchas veces es muy difícil captar con precisión el funcionamiento psíquico en el laboratorio, lo cual ha llevado a muchos científicos a concluir que por lo tanto no existe.
En el presente libro discutiremos también esa dificultad aparente. Una razón todavía más importante es que la ciencia, contrariamente a lo que muchos de nosotros hemos llegado a creer, no está libre de prejuicios. Lo aprendí por vez primera hace unos cuantos años, cuando pregunté a un conocido físico su opinión sobre un experimento parapsicológico en concreto. El físico (que tenía fama de escéptico en cuanto se refería a los fenómenos paranormales) me miró y con gran autoridad afirmó que los resultados no revelaban «pruebas de funcionamiento psíquico alguno sea cual fuere». Yo no había visto aún los resultados, pero como respetaba la inteligencia del físico y su reputación, acepté su juicio sin cuestionarlo. Posteriormente, cuando examiné los resultados por mí mismo, me quedé
pasmado al descubrir que el experimento había arrojado indicios muy sorprendentes de capacidad psíquica. Me di cuenta entonces de que hasta los científicos famosos pueden tener actitudes parciales y puntos flacos. Desgraciadamente es una situación que se da con frecuencia en la investigación de lo paranormal. En un artículo reciente publicado en American Psychologist, el psicólogo de Yale Irving L. Child examinaba el
tratamiento que la comunidad científica establecida había dado a una serie muy conocida de experimentos PES con el sueño, llevados a cabo en el Centro Médico Maimónides de Brooklyn, Nueva York. Apesar de que los experimentos habían revelado datos espectaculares en apoyo de la PES (percepción extrasensorial), Child averiguó que la comunidad científica había prescindido del trabajo casi por completo. Ymás penoso aún fue el descubrimiento de que el puñado de publicaciones científicas que se habían tomado la molestia de comentar los experimentos, había «tergiversado » la investigación tan gravemente que su importancia quedó completamente oscurecida.
¿Cómo es posible? Una razón es que la ciencia no es siempre tan objetiva como nos gustaría creer. Miramos a los científicos con un cierto temor reverencial y cuando nos dicen algo estamos convencidos de que tiene que ser verdad. Olvidamos que son humanos simplemente y están sujetos a los mismos prejuicios religiosos, filosóficos y culturales que el resto de nosotros. Es una pena porque, como pondrá de manifiesto el libro, hay una gran cantidad de indicios que demuestran que el universo abarca bastante más de lo que permite nuestra cosmovisión actual.
Ahora bien, ¿por qué la ciencia opone tanta resistencia a lo paranormal en particular? Esta cuestión es más difícil. Según el doctor Bernie S. Siegel, cirujano de Yale y autor del libro, éxito de ventas, Amor, medicina milagrosa, al comentar la resistencia que encontraron sus opiniones poco ortodoxas sobre la salud, se debe a que la gente es adicta a sus creencias.
En su opinión, por eso hay personas que se comportan como los adictos cuando intentas cambiar sus creencias.
Parece que la observación de Siegel encierra una gran verdad, que tal vez es ése el motivo de que muchas de las revelaciones y los avances más importantes de la civilización fueran recibidos, en un principio, con un rechazo apasionado. Somos adictos a nuestras creencias y actuamos como adictos cuando alguien intenta arrancarnos el opio poderoso de nuestros dogmas. Y como la ciencia occidental ha dedicado varios siglos a no creer en lo paranormal, no va a renunciar a su adicción a la ligera. Soy un hombre afortunado. Siempre he sabido que en el mundo había algo más que lo que se acepta generalmente. Crecí en una familia de psíquicos y, desde una temprana edad, experimenté de primera mano muchos de los fenómenos de los que hablaremos en el libro. En alguna ocasión, relataré unas cuantas experiencias propias, cuando sea pertinente en relación con el tema que se esté tratando. Aunque sólo pueden contemplarse como pruebas anecdóticas, a mí me han proporcionado una prueba totalmente convincente de que vivimos en un universo que sólo acabamos de empezar a comprender; pero las incluyo por la información que ofrecen.

Finalmente, teniendo en cuenta que el concepto holográfico todavía es una idea en ciernes y un mosaico de muchas opiniones e indicios distintos, algunos han argüido que no debería ser llamado modelo o teoría hasta que los divergentes puntos de vista se integren en un todo unificado.
Como consecuencia, algunos investigadores se refieren a esos pensamientos como el paradigma holográfico. Otros prefieren llamarlo analogía holográfica, metáfora holográfica, etcétera. En este libro he empleado todas estas expresiones, en aras de la diversidad, además de modelo holográfico y teoría holográfica; sin embargo, con eso no pretendo dar a entender que la idea holográfica haya adquirido la categoría de modelo o teoría, en el sentido estricto del término.
En esta misma línea es importante observar que Bohm y Pribram, si bien son los creadores de la idea holográfica, no abrazan todas las opiniones y conclusiones presentadas en el presente libro. Más bien se trata de una obra que no mira únicamente a las teorías de Bohm y Pribram, sino también a las ideas y conclusiones de numerosos investigadores que han sido influidos por el modelo holográfico y que lo han interpretado a su manera, una manera controvertida algunas veces.
Alo largo del libro trato asimismo varias ideas de física cuántica, la rama de la física que estudia las partículas subatómicas (electrones, protones, etcétera). Como he escrito sobre este tema anteriormente, soy consciente de que a la gente le intimida la expresión «física cuántica» y temen no ser capaces de entender los conceptos. Mi experiencia me dice que hasta aquellos que no saben nada de matemáticas pueden entender el tipo de ideas de física que se tocan en este libro. Ni siquiera se precisa tener conocimientos previos de ciencias. Lo único que se necesita es una mente abierta, si por casualidad ojeas una página y ves un término científico que no conoces. He tratado de reducir esa clase de términos al mínimo, y cuando era necesario utilizar alguno, siempre lo explico antes de continuar con el texto.
Así que no te asustes. Una vez que hayas superado el «miedo al agua», creo que te verás nadando entre las ideas extrañas y fascinantes de la física cuántica, con mucha más facilidad de lo que piensas. Estoy seguro de que descubrirás que reflexionar sobre algunas de esas ideas puede incluso cambiar tu forma de ver el mundo. De hecho, espero que las ideas
que contienen los capítulos que vienen a continuación cambien tu forma
de ver el mundo. Con ese deseo humilde presento este libro.

MICHAEL TALBOT

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UNA APROXIMACIÓN AL CHAMANISMO (5)

Cuando se encuentra en un estado modificado de consciencia, el chamán emprende un viaje a otros mundos paralelos; se piensa que su alma, espíritu, cuerpo astral, consciencia o como queramos denominarlo, abandona el cuerpo y se dirige al Mundo Superior o al Mundo Inferior, que junto con la Tierra, Mundo Intermedio, forman la división tradicional del universo en las culturas chamánicas, aunque también hay muchas variaciones al respecto. En el Mundo Inferior se cree que habitan los espíritus de la naturaleza y los animales de poder, mientras que en el Mundo Superior se encuentran los ancestros y los espíritus del cielo.

El viaje al Mundo Inferior es uno de los aspectos más comunes en el chamanismo; la entrada, un agujero imaginario o no en la tierra, conduce, por lo general, a un tunel o tubo por que el chamán acaba saliendo a lugares maravillosos y llenos de luz. Desde allí el chamán viaja a donde quiere, durante minutos, incluso horas, para volver de nuevo al tunel y salir a la superficie, por donde entró.  En sus viajes, el chamán conserva siempre un control sobre la dirección a seguir, pero no sabe que es lo que descubrirá.

Comprobamos entonces como los chamanes pueden penetrar en mundos paralelos. Pero no sólo en los conceptos chamánicos existen dichos mundos. Recurriendo otra vez a la física cuántica, hay una teoría denominada interpretación de los mundos múltiples, según la cual existen otros mundos presentes que afectan a nuestro mundo, entendido éste como un conjunto de experiencias que tienen lugar en una región del espacio en un período de tiempo dado, con independencia del tamaño de dicha región, por lo que pueden suceder en el cerebro,  y con independencia de la duración, por lo que puede durar días o milésimas de segundo, lo que tardan en actuar los impulsos neuronales.

Por lo tanto, el mundo que normalmente experimentamos sería una realidad múltiple, un conjunto de muchas otras realidades. La probabilidad de acceder a unas determinadas realidades sería muy alta en algunos casos y, si accediéramos a ellas, no observaríamos apenas diferencias de unas a otras. A esta realidad múltiple, compuesta de realidades simples diferenciadas muy poco entre sí, la llamaríamos la realidad: el mundo tal como lo vemos. La cuestión ya planteada sería: ¿el mundo tal como lo vemos es el mundo tal cual es? En este contexto, para los chamanes la respuesta es negativa.

Pero algunas de esas otras realidades distintas no son tan probables. Normalmente no las prestamos atención. Se hallan fuera del ámbito por el que transitamos en la cotidianeidad. Si se experimentan se habla de un acceso a una realidad o conjunto de experiencias extraordinarias. Sin embargo, en física cuántica se deben tener en cuenta estas extrañas realidades con el fin de explicar de un modo adecuado los procesos atómicos y moleculares más simples.

Los chamanes son conscientes de un número de distintas, e improbables, realidades paralelas. Parafraseando a Rudy Rucker, podría decirse que para ellos el mundo es un fractal*, dentro del espacio Hilbert**. Estas realidades incluyen experiencias fuera del cuerpo, cambio de forma, transformación en animales, y viajes a través del tiempo, tanto al pasado como al futuro.

Otra posibilidad, ya apuntada por algunos psicólogos como Stanley Krippner, es que estos mundos paralelos existieran en la imaginación, y pudieran tener incidencia fuera de la misma. Para algunos investigadores, incluso si se llegara a demostrar que todo lo que experimenta el chamán sólo sucede en su mente, la realidad de ese mundo no sería menor para él.

Por un lado, es posible que todo existiera en nuestra imaginación, que creáramos el mundo a partir de nuestras propias percepciones y creencias, recuérdese los shuar y los kahuana citados, de manera que si creemos que hay espíritus, ello afectará a nuestro modo de vivir, a nuestra vida, en suma.

Pero otra explicación podría consistir en que existieran otras realidades, otros mundos, al  modo del ya nombrado David Bohm, para quién habría un orden explicativo que todo el mundo ve, el normal, y un orden implicado, potencial, escondido, que pudiera ser el referido mundo los espíritus, arquetipos, el inconsciente colectivo, la vida después de la muerte, etc.

Según Stanislav Grof y algunos otros, el reino inconsciente al que el chamán viaja en busca de poder es prácticamente el mismo territorio que visita el psicótico, pero el punto de vista del esquizofrénico o psicótico está caracterizado por la fragmentación y la ausencia de unidad estructural. Por contraste el chamán percibe su entorno como un todo, -parece que mucho más completo que el que la mayoría de nosotros-, en el que cada elemento constitutivo encaja perfectamente en esa globalidad, concepciones que recuerdan al Modelo Holográfico del Cerebro, de Pribram. Lejos de encajar, el entorno del esquizofrénico parece desintegrarse, por lo que las crisis de estas alteraciones mentales producen sufrimientos, mientras que el chamán, en contraste, provoca casi alegremente sus crisis.

Y aunque a estos estados modificados de consciencia se les considere como una mera alucinación, la simple palabra no explica la experiencia, sólo la categoriza a la manera occidental. Quizá por ello, esos otros mundos que vislumbran los chamanes están ocultos en nuestra consciencia normal, debido a que hemos sido condicionados para observar el mundo de una manera, y en virtud de este condicionamiento inferimos que el mundo de la vida cotidiana es el único posible y real. Y somos incapaces de creer en experiencias alejadas de lo que consideramos la realidad.

Al no dar crédito al mundo de la imaginación, al no tener esas capacidades perceptivas, las rechazamos ubicándolas en el mundo de las fantasías. Pero para los chamanes el mundo imaginario es tan real como para nosotros lo que llamamos universo físico. Si consideras algo irreal o inexistente no puedes percibirlo, por consiguiente, como he señalado antes, el primer paso del chamán es cambiar los esquemas mentales en relación al modo en que se observa el universo, el mundo, la realidad, recordando que el modo en que observamos crea la realidad que percibimos. Si cambias el modo en cómo te ves y en cómo piensas sobre ti mismo, cambiarás en cierto grado el mundo circundante, aserto que recuerda en buena medida ciertas recomendaciones psicoterapeúticas. Y aún se podría relacionar, otra vez, con la física cuántica y su efecto observador, pues lo que percibes no sólo te afecta a ti, también afecta al objeto de tu percepción.

* Fractal: Toda ramificación infinita que responde a determinada ley
** Espacio Hilbert: Un espacio matemático cuyo número de dimensiones es infinito

 

UNA APROXIMACIÓN AL CHAMANISMO (3)

hologramajediEl chamanismo es un modo de aprehender la realidad, una filosofía de vida, es un sistema de creencias, nociones y prácticas, con un método tan disciplinado, complejo y lógico, como el de la ciencia occidental, según la opinión de algunos respetados antropólogos. Los chamanes estiman que el mundo es un sistema donde todo está interconectado a todos los niveles. Todo lo que integra el mundo está vivo, no sólo lo que los occidentales conocemos como seres vivientes. El mundo lo perciben como manifestaciones de energía, como ondas o vibraciones energéticas. Los chamanes ven el unvierso como si estuviera formado por vibraciones, las cuales son pautas repetitivas que pueden observarse en los sistemas físicos más sencillos, como el sonido. En la física cuántica se pueden constatar vibraciones contenidas en las ondas de probabilidad de la materia atómica o subatómica. Estas ondas consisten en un patrón vibratorio y determinan la posibilidad de que tengan lugar acontecimientos físicos; sea donde sea en el tiempo y en el espacio en los que se manifiesten dichos acontecimientos, siempre estarán gobernados por la fuerza o amplitud de dichas ondas. Puesto que estas ondas no son materiales, poseen propiedades extrañas, como la comunicación que se mantiene entre dos partículas separadas, incluso kilómetros, tras una interacción, ya que sus ondas de probabilidad se han entremezclado. La observación sobre una produce efecto en la otra.

Este aspecto del efecto observador es muy importante para algunos modernos adalides de la validez de los postulados chamánicos, porque de algún modo, hace comunicar entre sí a la materia y la consciencia, descrita ésta como un proceso por el que un patrón de posibilidad-reconocimiento se reduce de una multitud de posibilidades a un sólo resultado exacto y preciso; el modo en que un observador elige observar afecta asimismo al objeto observado, conectándolos.

Pero la consciencia ha resultado muy escurridiza para los científicos y su denominación resulta siempre complicada, más aún, fastidiosa, por lo que muchos la suelen obviar y otros la intentan maquillar utilizando otras categorizaciones para describir la acción que se produce cuando existe una observación.

A este respecto el neurólogo Karl Pribram piensa que los estados conscientes están ligados a configuraciones neuroquímicas en los dominios de la sinapsis y las dendritas, pero también están unidos a la atención, volición y pensamiento. Los contenidos de las consciencia caen dentro de tres categoría principales: la construcción de una realidad objetiva personal y extrapersonal; la construcción de una narrativa o diálogo interno compuesto de episodios y acontecimientos, y la variedad trascendental de la consciencia que va más alla de la narrativa, al liberar su contenido de las limitaciones espacio-temporales, tan esenciales sin embargo en la construcción de la realidad personal y extrapersonal. En todo ello influye no sólo la química, sino también nuestras disposiciones de consciencia, aquello sobre lo que estamos enterados, los contenidos de la consciencia, las percepciones que nos llegan, y finalmente los mecanismos intencionales que nos dicen a que debemos prestar atención. Desde luego la consciencia resulta un tema un tanto escabroso y resbaladizo, aunque no seamos muy conscientes de ello.

Pero los chamanes no sólo ven las cosas intereactuando entre sí, creando relaciones de causa y efecto, sino que perciben algo parecido a una tela de araña de intercomunicación que también, como no, está muy próxima al modelo dibujado en los modelos cuánticos. En física se denomina no-localidad. Lo que significa que las acciones que suceden en un lugar determinado del universo pueden de un modo instantáneo afectar a acciones que tienen lugar en otro lugar distinto, aunque alejado.

Y si algunos chamanes acuden a su inmediato entorno natural para describir el universo como una tela de araña, algunos físicos occidentales, como David Bohm, acuden a su inmediato entorno tecnológico y describen el universo como un holograma. Bohm denomina al holograma el orden implicado. Este orden normalmente es invisible pero ya contiene todos los fenómenos posibles que pueden ser experimentados. Cuando se produce una experiencia, el orden varía. A este nuevo orden lo denomina orden manifiesto. Puesto que lo manifiesto es lo que se observa.

Se puede comprobar entonces como los últimos descubrimientos en física cuántica se acercan, según algunos, a los paradigmas que caracterizan al chamanismo, de ahí que agarren como posesos a esos postulados cuánticos muchos seguidores del neochamanismo, del que más tarde indicaré algo. Y no sólo utilizan conceptos de la llamada nueva física, sino también de la física molecular moderna, las matemáticas de la topología, o de la teoría del caos.

En este sistema de creencias chamánico se sostiene que un mundo ancestral e invisible, compuesto de manifestaciones de energía, beneficiosas y perjudiciales, rige en nuestro derredor, esas manifestaciones de energía pueden ser manipuladas y dominadas por los chamanes, quienes son los intermediarios entre el mundo racional o natural, y el sobrenatural.

Y esas manifestaciones de energía constituyen un nivel de realidad tan auténtico como el único de la realidad ordinaria en el que nos movemos en el mundo occidental. De hecho, los chamanes creen que la realidad está compuesta de energía, no de materia, y tal vez, como apunta Fericgla, la certeza de nuestra civilización occidental según la cual todo lo que no es visible o palpable físicamente no existe, no sea más que un rasgo de etnocentrismo cognitivo.

Los chamanes observan el mundo en consonancia con mitos y visiones que se asemejan poco o nada, y aún son contrarios, a las leyes físicas. Sin embargo, tampoco las ondas cuánticas son visibles, puesto que son construcciones cognitivas necesarias en nuestro mundo moderno para permitirnos comprender la materia atómica y subatómica. Pero, aunque algunos creen en ellas, no las hemos observado realmente. Son parte de un sistema físico mítico.

Para los físicos su existencia es parecida a la de los espíritus para los chamanes, porque el hombre formula conceptos abstractos en términos de lo conocido, lo rutinario; y lo conocido y familiar para unos no lo es en absoluto para otros. Es una suerte de relativismo cultural, como se ha visto antes en el ejemplo de la tela de araña y el holograma.

Aunque también pueden converger distintas concepciones, estoy dando varias muestras de ello, y se pueden hacer carambolas a tres bandas al respecto, como algunos que sostienen que el nivel mítico de la realidad, del que se ha escrito durante milenios, puede hallarse en las percepciones de los chamanes del pasado y del futuro. Pues según la interpretación transaccional* de la física cuántica, las ondas de probabilidad cuántica invisibles se originan en el presente, en el pasado y en el futuro. Para que se manifieste cualquier acontecimiento, estas ondas provenientes del futuro y del presente, o del pasado y del presente, deben interferir las unas con las otras en el presente. Este flujo de ondas se produce más allá del tiempo, en el sentido en que la acción completa de este movimiento es instantánea. Siempre según los postulados de la física cuántica, cualquier experiencia consciente resulta de un doble movimiento de la acción de una onda. Se trata de una onda de posibilidades, lo que se llama función de onda cuántica; esta se desplaza del aquí-ahora al allí-entonces y vuelve. De algún modo, los chamanes son capaces de construir visiones que tienen proporciones míticas y aparecen ante ellos como arquetipos en el sentido junguiano.

(continuará)

* Interpretación Transaccional: Según esta interpretación de la física cuántica, es posible que un acontecimiento futuro pueda resonar en un acontecimiento presente, de modo que un destello del futuro pueda percibirse en el presente. Para quién lo rebiba no habrá nada de extraño. Simplemente creerá que tiene una nueva idea o, en realidad tal vez un pensamiento de algo familiar. Esto es posible porque la cosmovisión de la física cuántica quizás esté mucho más cerca del círculo que de la línea recta. Se trata de un movimiento que va de un estado dado a otro estado, y luego vuelve de nuevo al estado original. Es una suerte de movimiento circular. Se llama la “multiplicación de la onda cuántica por sus complejos conjugados”. No es nada más que un movimiento vibratorio que va del presente al futuro, y luego vuelve del futuro al presente, multiplicándose a sí mismo cuando una señal de onda de radio modula una frecuencia de onda mensajera