LA LIMPIEZA ÉTNICA DE UN PUEBLO INVENTADO

La gente no tiene consciencia de la limpieza étnica que se lleva a cabo en Palestina porque Israel la oculta bien, y los grandes medios de comunicación no se molestan en preguntar

Mustafa Tamimi, de Nabi Saleh, y Bahjat Zaalan y su hijo Ramadán, de Gaza, murieron el día que cumplí 50 años; apenas unos días después que el candidato republicano Newt Gingrich los declarara “un pueblo inventado”. Los dos fueron asesinados por la organización terrorista israelí IDF {N. de la T.: el ejército de Israel, una organización apoyada y financiada por los EEUU.} Un terrorista israelí disparó un proyectil de gas lacrimógeno a la cabeza del inventado Tamimi, y otro terrorista israelí disparó un cohete que mató al inventado Zaalan y a su niño Ramadán. Los dos terroristas fueron educados y entrenados por Israel, y armados por EEUU. Los terroristas israelíes no son inventados, sino muy reales, y están a salvo, protegidos por el régimen de apartheid que los envió a sus respectivas misiones; y el sistema judicial israelí se va a asegurar de que no sean llevados ante la justicia. Así es como funciona la bien aceitada maquinaria de la limpieza étnica.

La limpieza étnica sionista de Palestina no es una cosa del pasado, sino una campaña vigente que es ejecutada por tres brazos del Estado de Israel: el sistema educativo, una dedicada burocracia y las fuerzas de seguridad. El sistema educativo está dedicado a adoctrinar y producir soldados y burócratas que van a ejecutar y hacer cumplir la limpieza étnica. La burocracia está encargada de hacer las reglas que hacen insorportable la vida de los palestinos; reglas que les impiden acceder a sus tierras, que restringen su libertad para ir al trabajo o a la escuela. Esa misma burocracia luego exigirá a los palestinos pagar por los permisos que les autoricen a hacer esas cosas muy básicas que antes se les prohibió. Las fuerzas de seguridad -la más notoria, el ejército- están encargadas de hacer cumplir las restricciones, de combatir la resistencia -armada o pacífica- y de aterrorizar al “inventado” pueblo de Palestina.

Como mi padre fue general y yo soldado de la organización terrorista IDF, a menudo la gente me pregunta cómo es que los niños israelíes, que crecen en una democracia de corte Occidental, se convierten en semejantes monstruos cuando se ponen el uniforme. La respuesta detallada se puede encontrar en mi libro “El hijo del General“, pero la respuesta corta es ésta: la educación. El racismo requiere una mentalidad formada por la educación. A fin de racionalizar y justificar la limpieza étnica, el sistema educativo israelí presenta a los palestinos como culturalmente inferiores, violentos e inclinados a la aniquilación de los judíos; y al mismo tiempo, carentes de una verdadera identidad nacional. La identidad nacional palestina no es más que el producto de alguna imaginación anti-semita.

Los niños israelíes son educados para ver a los palestinos como un problema que debe ser resuelto y como una amenaza que debe ser eliminada. Pueden ir por la vida -como yo, que crecí en Jerusalén- sin encontrarse jamás con un niño palestino. No saben nada de la vida ni de la cultura de los palestinos, que a menudo viven sólo a unos cientos de metros de ellos.

Los palestinos son presentados como una amenaza existencial mediante comparaciones absurdas, como Yasser Arafat con Hitler, los palestinos con los nazis, y la resistencia palestina con Al-Qaeda. Como los niños israelíes nunca se encuentran con palestinos, lo único que saben de ellos es lo que aprenden en la escuela -especialmente en los textos escolares. Ciertamente es notable que, a pesar de vivir tan cerca unos de otros, mucho -si no todo- de lo que los israelíes saben sobre los palestinos proviene de los textos liceales y los estereotipos racistas populares.

Los israelíes no saben que los palestinos nunca tuvieron un ejército, que no poseen ni un solo tanque, ni un solo barco de guerra o avión de combate, que no tienen una sola batería de artillería, y que no significan en absoluto una amenaza militar. Según el nuevo libro de la Dra. Nurit Peled-Elhanan, en los textos escolares israelíes no aparece ni una sola foto de una persona palestina, aunque hay millones dentro y alrededor de Israel. Los israelíes no han oído hablar de palestinos médicos, docentes, ingenieros o escritores. No estudian poesía o prosa palestina, ni leen trabajos de historiadores palestinos.

Hace poco en una conferencia mencioné la limpieza étnica de Palestina y alguien exclamó: “¿Qué limpieza étnica?”. La gente no tiene consciencia de la limpieza étnica que se lleva a cabo en Palestina porque Israel la oculta bien, y los grandes medios de comunicación no se molestan en preguntar. En los principales grupos de paz y de diálogo que discuten sobre Palestina/Israel, una condición básica impuesta por Israel es que no se trate temas como la limpieza étnica, porque no quiere hablar de eso.

Sin embargo, durante los últimos 64 años la limpieza étnica es lo que guía las políticas sionistas hacia el pueblo palestino. Todos los gobiernos sionistas y todos los partidos políticos sionistas -de izquierda, de derecha y de centro- apoyan la limpieza étnica. El sistema judicial israelí permite a las autoridades cometer abusos, robos y asesinatos siempre que sean cometidos contra los palestinos. Si esos crímenes se cometieran contra judíos israelíes, serían perseguidos con todo el peso de la ley.

A los sionistas les gusta recordar que el 29 de noviembre de 1947 la ONU votó la partición de Palestina en un Estado judío y un Estado árabe. Lo que la historia sionista deja afuera es que en el plazo de un año desde ese voto, las fuerzas israelíes consiguieron apropiarse de cerca del 80% del territorio, destruir alrededor de 500 pueblos y aldeas palestinas, asesinar a montones de civiles desarmados, y forzar al exilio a unas 800.000 personas.

Después, cuando la ONU aprobó la Resolución 194 en diciembre de 1948 sobre el derecho de los refugiados a volver a sus hogares, los israelíes procedieron a construir ciudades y pueblos, parques y carreteras en tierra palestina para uso de los israelíes judíos. Y el Parlamento empezó a aprobar leyes que prohibían el retorno de los refugiados y permitían al nuevo Estado confiscar sus tierras.

Cuando la guerra terminó, los palestinos que permanecieron dentro del recién creado Estado Judío fueron obligados a convertirse en ciudadanos de un Estado que los despreciaba y los veía como un “problema” y una “amenaza”. Fueron llamados “los árabes de Israel”, un nombre que los despojaba de su identidad nacional, les negaba todo derecho a la tierra y les daba derechos de ciudadanía muy limitados. De ser los dueños legítimos de su tierra y de su país, ahora quedaban a merced del nuevo dueño de la tierra, el Estado de Israel.

Los refugiados palestinos fueron forzados a vivir en campos de concentración -convenientemente llamados ‘campos de refugiados’-, y los que trataron de volver fueron ejecutados. Se creó una unidad militar con el cometido de castigar a cualquier refugiado palestino que intentara “infiltrarse” dentro de su propio país, ahora llamado Israel. Se llamaba Unidad 101, era dirigida por Ariel Sharon, y se hizo conocer como una pandilla asesina con licencia para matar palestinos.

Así que no obstante el mito -ahora perpetuado por Newt Gingrich, entre otros- que dice que no hubo limpieza étnica, hoy sabemos que la creación de Israel fue posible mediante una campaña sistemática de limpieza étnica llevada a cabo por milicias judías responsables de masacres, terrorismo y del saqueo a gran escala de una nación entera.

A Newt Gingrich, siendo como es un aficionado a la historia, podría interesarle un relato acerca de mi madre que menciono en mi libro “El hijo del General”. Ella nació y creció en Jerusalén, y recuerda las casas de familias palestinas en barrios de Jerusalén Oeste. Me contó que cuando era niña, los sábados de tarde salía a caminar por esos barrios, admirando la belleza de las casas, mirando a las familias reunidas en sus hermosos jardines. En 1948, cuando las familias palestinas fueron expulsadas de Jerusalén Oeste, a mi madre le ofrecieron una de esas hermosas y espaciosas casas, pero ella la rechazó. Con 22 años, esposa de un joven oficial del ejército, con escasos medios y dos hijos pequeños, ella rechazó la casa hermosa y amplia que le ofrecieron totalmente gratis, porque no podía tolerar la idea de vivir en el hogar de una familia que había sido expulsada y ahora vivía en un campo de refugiados. “El café todavía estaba tibio sobre las mesas cuando los soldados entraron y empezaron el saqueo”, me dijo. “¿Puedes imaginar cuánto deben extrañar su hogar esas madres, esas familias?”, se preguntaba, y continuó: “Recuerdo ver los camiones cargados con el botín que los soldados israelíes se llevaban de las casas. ¿Cómo no tenían vergüenza de sí mismos?” Miles y miles de casas en ciudades de todo el país fueron apropiadas así.

Yendo ahora a 1967 y al mito de que Israel estaba luchando por su existencia y siendo atacado por ejércitos árabes desde todas partes: mucho se ha escrito sobre esto, pero nada es más revelador que las actas de las reuniones de los altos mandos del ejército en junio de 1967, inmediatamente antes de la guerra. Según los generales, uno de los cuales era mi padre, Matti Peled, no sólo no había ninguna amenaza existencial: los generales dijeron claramente que el ejército egipcio necesitaba al menos un año y medio para estar listo para una guerra, así que éste era el momento adecuado para atacarlo y destruirlo. El ejército presionó al gabinete para que autorizara un ataque contra Egipto, y éste así lo hizo. El IDF destruyó al ejército egipcio y luego fue a atacar Jordania y Siria. Al IDF le tomó apenas seis días y 700 bajas matar a unos 15.000 combatientes árabes y conquistar Cisjordania, los Altos del Golán y la península del Sinaí.

A uno podría gustarle pensar que fue un milagro, pero fue un ataque bien planeado y bien ejecutado contra países que no tenían una fuerza militar viable. El ejército israelí había alcanzado así su meta de conquistar toda la Tierra de Israel, y la des-arabización de Palestina ahora podía continuar hacia Gaza y Cisjordania.

Desde los primeros días del Estado de Israel el IDF se propuso como misión ser el matón más brutal de la región. Hoy tiene un propósito: llevar a cabo una guerra total contra el pueblo palestino, aterrorizando civiles, secuestrando niños de sus hogares y usando la fuerza bruta contra los manifestantes. Cada tanto se nos recuerda el grado de crueldad del IDF; su último gran despliegue fue el baño de sangre de tres semanas que inició en Gaza el 27 de diciembre de 2008. Cientos de toneladas de bombas fueron lanzadas por pilotos israelíes sobre Gaza, seguido de una invasión masiva de las fuerzas de tierra. Todo esto con el propósito de aterrorizar a una población civil indefensa, incluyendo 800.000 niños y niñas.

Una vez que Israel tuvo bajo control a Cisjordania, por más de cuatro décadas ha construido e invertido fuertemente allí. Pero toda la inversión y la construcción fueron para traer judíos a Cisjordania. Las tierras de los palestinos son apropiadas a un ritmo alarmante, sus casas son destruidas y miles son encarcelados, mientras se construye industrias, carreteras, centros comerciales, escuelas y comunidades cerradas con piscinas, sólo para judíos.

El agua, que es el recurso más escaso de todos, es controlada y distribuida por la autoridad israelí de esta manera: la población israelí recibe 300 metros cúbitos per cápita por año. En comparación, la población palestina en Cisjordania y Gaza recibe entre 35 y 85 metros cúbicos por año (la Organización Mundial de la Salud recomienda un mínimo de 100 metros cúbicos por año por persona). Pero lo que es peor es que los colonos israelíes en Cisjordania reciben 1500 metros cúbitos de agua por año. Los judíos en Cisjordania tiene céspedes verdes y piscinas, mientras los palestinos a menudo no reciben nada de agua. Tal vez la gente inventada no necesita agua.

Des-arabizar la historia de Palestina es otro elemento crucial de la limpieza étnica. Se banalizan 1500 años de cultura y dominio árabe y musulmán en Palestina; se destruye la evidencia de su existencia; y todo esto se hace para forzar la absurda conexión directa entre la antigua civilización judía y el Israel de hoy. El ejemplo más evidente de esto hoy es Silwan (Wadi Hilwe), un barrio de 50.000 habitantes, contiguo a la Ciudad Vieja de Jerusalén. Israel está expulsando a las familias de Silwan y destruyendo sus casas, porque afirma que el rey David construyó allí una ciudad hace unos 3000 años. Miles de familias van a quedar sin hogar para que Israel pueda construir un parque que conmemore a un rey que puede haber existido o no hace 3000 años. No existe una pizca de evidencia histórica que pruebe que el rey David alguna vez existió; pero hombres, mujeres, niños y ancianos palestinos, así como sus escuelas y mezquitas, sus iglesias y sus antiguos cementerios, y toda evidencia de su existencia tienen que ser destruidos y negados, para poder sustanciar los reclamos de los sionistas sobre su derecho exclusivo a esa tierra.

Una vez que conectamos los puntos no es difícil ver que la ocupación de Cisjordania y Gaza es sólo una pequeña parte de la cuestión palestino-israelí. El gran tema es la continua limpieza étnica de Palestina por el Estado sionista. El camino a seguir tanto por israelíes como por palestinos es oponerse a la limpieza étnica, oponiéndose a todas sus manifestaciones. Esto significa apoyar el movimiento de boicot, desinversión y sanciones contra Israel (en corto, BDS); significa participar activamente en la lucha popular noviolenta en Palestina, y significa desafiar las leyes racistas que gobiernan Israel.

Tiene que haber un llamado claro e inequívoco a reconocer que el IDF es una organización terrorista y que sus oficiales son criminales de guerra. Más aun, la inaceptable discriminación contra los palestinos -vivan o no en Israel/Palestina- que practican los oficiales de seguridad en el aeropuerto Ben Gurión y otros puntos de entrada a Israel/Palestina tiene que ser desafiada también. La lucha por la democracia en nuestra patria común no es diferente de la lucha en la plaza Tahrir, y de hecho puede verse como parte de la Primavera Árabe.

Traducción de María M. Delgado
* Miko Peled es un activista israelí que se atreve a decir en público lo que otros todavía eligen negar. Nació en Jerusalén en 1961 en el seno de una renombrada familia sionista. Su abuelo, el Dr. Abraham Katsnelson, fue un lider sionista y firmante de la Declaración de Independencia de Israel. Su padre, Matti Peled, fue un joven oficial en la guerra de 1948, y un general en la guerra de 1967, convirtiéndose posteriormente en pacifista. Su blog en inglés: http://mikopeled.wordpress.com/. Ver también en este blog el post con el video: “El hijo del General“.

WebIslam

¿A QUÉ SE DEBE EL ATAQUE ISRAELÍ CONTRA CIVILES EN EL MEDITERRÁNEO?

Israel estudió de antemano las consecuencias del ataque que finalmente perpetró contra el convoy humanitario marítimo. ¿Qué objetivos busca con el desencadenamiento de esta crisis diplomática de escala mundial? ¿Por qué desafía Tel Aviv a su aliado turco y a su protector estadounidense?


El ataque que tres navíos lanzadores de misiles clase Saar de la Marina de Guerra israelí perpetraron el 31 de mayo de 2010 contra la Flotilla de la Libertad, en aguas internacionales del Mediterráneo, es una demostración de la decisión de Tel Aviv de “huir hacia el frente”.

La Flotilla de la Libertad es una iniciativa de los militantes por la defensa de los derechos humanos [1] [2] que obtuvo el apoyo del gobierno turco. Su objetivo consiste simultáneamente en llevar ayuda humanitaria a la población de la franja de Gaza y en romper de esa forma el bloque ilegalmente implantado por el ejército israelí contra el millón y medio de personas que viven en esa región.

A la luz del derecho internacional, la decisión de abordar barcos civiles en aguas internacionales constituye un «acto de guerra». Jurídicamente hablando, hubo robo de barcos y de la carga de dichos barcos, secuestro de pasajeros de dichas embarcaciones y homicidio, o sea asesinato, e incluso premeditación, según informaciones de la televisión turca que afirman que los comandos israelíes tenían una lista de personalidades que debían ser eliminadas durante el asalto.

Este acto de guerra, cometido contra barcos que navegaban bajo las banderas de Grecia y Turquía, fue perpetrado como medio de perpetuar el bloqueo, que constituye en sí mismo una violación del derecho internacional.

Al recurrir al argumento de la «legítima defensa», las autoridades israelíes proclaman explícitamente su propia soberanía sobre las aguas internacionales de 69 millas náuticas frente a las costas palestinas ya que necesitan esa anexión, temporal o duradera, para garantizar el mantenimiento del bloqueo, medida que presentan como una necesidad de seguridad del Estado de Israel.

Al abordar un barco turco y matar a varios de los pasajeros que viajaban a bordo del mismo, Tel Aviv decide en primer lugar dar una respuesta de carácter militar a la crisis diplomática que sus relaciones con Ankara vienen atravesando desde enero de 2009. El objetivo de esa iniciativa es provocar dos crisis, una en el seno del Estado Mayor turco y otra entre este último y el actual gobierno de Turquía. Pero es posible que ello conduzca a una ruptura total de las relaciones militares entre Turquía e Israel, a pesar de que Turquía fue –a lo largo de medio siglo– el más importante aliado de Israel en la región. Por lo pronto, ya se anunció una anulación de las maniobras conjuntas turco-israelíes por tiempo indefinido. Esta crisis puede tener por demás repercusiones sobre las relaciones comerciales entre Turquía e Israel, en momentos en que Turquía es un socio vital para la economía israelí.

Israel estaba obligado, sin embargo, a destruir la credibilidad de Turquía en momentos en que ese país se halla en plena fase de acercamiento a Siria e Irán y muestra su aspiración a ejercer una autoridad regional junto a sus nuevos socios [3]. Por lo pronto, Israel tenía que castigar a Ankara por el papel que ha desempeñado en la negociación del Protocolo de Teherán sobre la industria nuclear iraní.

En cuanto a Turquía, que esperaba una intervención israelí muy dura pero no de carácter letal, el momento ha llegado para ese país de tomar posición como protector de la populación palestina, conforme a la doctrina neo-otomana planteada en el plano teórico por el profesor Ahmet Davutoglu, actual ministro turco de Relaciones Exteriores. Sin esperar al regreso del primer ministro Recep Erdogan, quien se hallaba de viaje por Latinoamérica, las autoridades turcas procedieron a retirar a su embajador de Tel Aviv y formaron un gabinete de crisis alrededor del viceprimer ministro Bulent Annc. Este gabinete de crisis se puso en contacto de inmediato con los 32 gobiernos de los países de origen de los miembros del convoy humanitario atacado.

Todo el personal diplomático turco se ha puesto en función de plantear el problema creado a la mayor cantidad posible de Estados y organizaciones internacionales. En una conferencia de prensa, el propio viceprimer ministro Bulent Annc exigió la inmediata restitución de los tres barcos turcos y de su carga, así como –en primer lugar– la liberación de los cientos de ciudadanos turcos secuestrados. El viceprimer ministro calificó el ataque de acto de «piratería» (no de acto de guerra), ofreciendo así al gobierno de Netanyahu la posibilidad de presentar el asunto como un «exceso» y no como una política. Conforme a esa misma lógica, el presidente [turco] Abdullah Gul exigió por su parte que los tribunales israelíes juzguen a los responsables de la matanza.

Desde Chile, el primer ministro Erdogan declaró: «Esta acción es totalmente contraria a los principios del derecho internacional, es el terrorismo de un Estado inhumano. Yo me dirijo a todos los que han apoyado esa operación: Ustedes apoyan [el derramamiento de] sangre. Nosotros apoyamos el derecho humanitario y la paz».

En el transcurso de la tarde, Ankara planteó la cuestión ante el Consejo de la alianza atlántica. Turquía es miembro de la OTAN. En caso de no recibir la respuesta que espera de parte del gobierno israelí, Ankara pudiera calificar el ataque de acto de guerra y solicitar la ayuda militar de los Estados miembros de la OTAN invocando el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte.

El gobierno de Netanyahu ya exhortó a sus ciudadanos a salir de Turquía, donde manifestaciones espontáneas en las que la gente pide venganza están teniendo lugar ante los consulados de Israel.

En lo tocante a Estados Unidos, esta crisis recuerda a la que se produjo el 8 de junio de 1967 con el navío estadounidense USS Liberty. En plena Guerra de los Seis Días, los israelíes atacaron un navío de vigilancia electrónica de la US Navy, con saldo de 34 muertos y 171 heridos. Tel Aviv presentó excusas afirmando que se trataba de un “error” cometido en el campo de batalla, mientras que –aunque aceptó oficialmente las excusas israelíes– Washington interpretó el incidente como una ofensa deliberada. Se estima que, en aquel momento, los israelíes quisieron castigar así a los estadounidenses por haberlos criticado.

En el actual caso, el ataque contra la Flotilla de la Libertad puede ser una acción de castigo por el voto de Washington a favor de una resolución de los Estados firmantes del Tratado de No Proliferación [nuclear], resolución que exige que Israel declare sus armas nucleares y que acepte los controles del Organismo Internacional de la Energía Atómica.

La decisión israelí de atacar barcos civiles en aguas internacionales tiene lugar después del asesinato de un dirigente palestino perpetrado por una unidad del Mossad en los Emiratos Árabes Unidos, del descubrimiento de un extenso sistema de copia y falsificación de pasaportes emitidos por diferentes Estados occidentales y de la negativa israelí de asistir a la conferencia internacional de seguimiento del Tratado de No Proliferación [nuclear].

Esta secuencia de hechos puede interpretarse como una sucesión de violaciones cometidas por un Estado que se siente seguro de su impunidad –y pudiera tratarse, en ese caso, de una violación más– o como una escalada consecutiva a un breve desencuentro público con la administración estadounidense –y se trataría entonces de una forma de proclamar el liderazgo del movimiento sionista demostrando que Tel Aviv toma decisiones y Washington no tiene más remedio que aceptarlas.

El primer ministro Benjamin Netanyahu, quien se encontraba de viaje por Norteamérica, decidió poner fin a su visita a Canadá y anular su encuentro con el actual inquilino de la Casa Blanca. No obstante, el presidente Obama lo contactó telefónicamente para pedirle explicaciones.

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, declaró que no existe justificación alguna para la operación israelí. El Relator Especial sobre los Derechos Humanos en los territorios ocupados palestinos, Richard Falk, subrayó que, más allá de la violación de la libre circulación marítima, el problema central sigue siendo el bloqueo.
«Si no se implementan acciones inmediatas y decisivas para contrarrestar el enfoque israelí sobre Gaza, nosotros todos seremos cómplices de una política criminal que amenaza la supervivencia de una comunidad sitiada», declaró Falk.

El Consejo de Seguridad de la ONU fue convocado ha una reunión urgente. El ministro turco de Relaciones partió hacia Nueva York.

[1] «Dr. Arafat Shoukri: “Se han reunido las condiciones para hacer que esta flotilla sea un punto de ruptura», entrevista concedida a Silvia Cattori, silviacattori.net, 23 de abril de 2010.

[2] Los principales organizadores de la Flotilla de la Libertad son el Movimiento Mouvement Free Gaza, la Campaña Europea por el Cese del Asedio de de Gaza (ECESG), la Fundación Turca de Ayuda Humanitaria (IHH), la Fundación Malasia Perdana y el Comité Internacional por el Levantamiento del Asedio de Gaza.

[3] «Brusco cambio de la situación estratégica en el Medio Oriente», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 18 de mayo de 2010.

THIERRY MEYSSAN

Red Voltaire

BOICOTEAR LA DENUNCIA DEL RACISMO

El pasado 20 de abril, los embajadores europeos en la ONU abandonaron la Conferencia Mundial sobre el Racismo de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que se celebraba en Ginebra, indignados para protestar por las palabras del discurso del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad. Veamos lo que dijo Ahmadineyad:

“A los distinguidos presentes quiero expresarles mi posición. Desde la Segunda Guerra Mundial, y bajo el pretexto del sufrimiento del pueblo judío, y utilizando inadecuadamente el holocausto, ellos han reiterado sus agresiones militares contra una nación entera de palestinos. Ellos, siendo inmigrantes de Europa, EEUU y otras partes del mundo, han establecido un gobierno totalmente racista en la ocupada Palestina. Bajo la excusa de comprensión del racismo y sus consecuencias en Europa, los israelíes llevaron el gobierno más cruel y racista a otras partes del mundo como lo es Palestina (se van de forma coordinada los delegados europeos) Las raíces del ataque de EEUU a Iraq y su invasión de Afganistán están en la arrogancia de la anterior Administración de EEUU y la presión impuesta por poderes descontrolados para expandir su influencia en los intereses del complejo industrial y fabricantes de armamento. (En ese momento abandonan la sala varios diplomáticos, entre ellos el español).

Creemos en la necesidad de un mundo nuevo, con un cambio de políticas y conductas. Los representantes que acaban de abandonar la sala son una minoría, les recomendamos aumentar su capacidad de tolerancia. Todo debe estar basado en el respeto mutuo y la justicia.”

Ya antes del inicio de la Conferencia, Israel, Estados Unidos, Italia, Australia, Canadá, Polonia, Alemania, Holanda y Nueva Zelanda se negaron a participar porque sabían que Israel iba a recibir duras críticas. La salida de otros representantes, en su mayoría europeos, durante el discurso del presidente iraní nos debe llevar a pensar y pedir explicaciones sobre qué había en él que les parecía intolerable y que merecía ese plantón.

Una de las cosas que se pudo saber es que el boicot estaba ya planificado. Así lo reconoció el embajador sueco ante ONU Hans Dahlgren a la agencia de cables noticiosos TT y publicadas en la web del canal de televisión SVT: “El sentido (de las palabras de Ahmadinejad) era que Israel es un régimen racista. Lo escuchamos en inglés o en francés, pero como él habla persa y no existía una versión escrita (del discurso) (…) entonces teníamos acordado que si se decía eso, ya no nos íbamos a quedar (en la sala)”.

El embajador español ante la ONU, Javier Garrigues, fue uno de los diplomáticos que abandonó la sala. Siguió la consigna dada por la presidencia checa de la UE, que previó dar el plantón a Ahmadineyad pero volver después para continuar con la conferencia. “El presidente ha hablado de un Estado racista y por eso nos hemos ido”, aseguró Garrigues. “Esta retórica inflamatoria no tiene de ninguna manera cabida en una conferencia de la ONU”, afirmó.

Lo curioso es que pasó desaperciba una declaración del presidente de la Asamblea General, Miguel d’Escoto, el 24 de noviembre pasado relativa al tema titulado “Cuestión de Palestina”. En ella, habló de “cuánto se asemejan las políticas israelíes en el territorio palestino ocupado al apartheid que existió en otra época y otro continente”. Y añadió lo siguiente:
“Creo que es muy importante que nosotros, en las Naciones Unidas, usemos este término. No debemos tener miedo de llamar a las cosas por su nombre. Después de todo, fueron las Naciones Unidas las que aprobaron la Convención Internacional sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid y mostraron claramente a todo el mundo que este tipo de prácticas de discriminación oficial deben prohibirse en todos los casos.

Hoy escuchamos a un representante de la sociedad civil de Sudáfrica. Sabemos que en todo el mundo hay organizaciones de la sociedad civil que trabajan para defender los derechos de los palestinos e intentan proteger a la población palestina, cosa que nosotros, las Naciones Unidas, no estamos haciendo.

Hace más de veinte años, las Naciones Unidas tomaron la iniciativa de la sociedad civil y acordaron que era necesario imponer sanciones para presionar de una forma no violenta a Sudáfrica para que pusiera fin a las violaciones que estaba cometiendo.

Hoy, quizás deberíamos examinar la posibilidad de que las Naciones Unidas sigan el ejemplo de una nueva generación de la sociedad civil, que pide que se adopte una campaña no violenta similar de boicot, desinversión y sanciones dirigida a presionar a Israel para que deje de cometer violaciones de los derechos humanos.”

¿También se hubieran ido los representantes europeos al escuchar esto?

Podemos ir también más atrás en el tiempo. La denuncia del racismo contra los palestinos ya se escuchó en la primera Conferencia de la ONU contra Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia en septiembre de 2001, en Durban (Sudáfrica). Allí fue el entonces presidente de Cuba Fidel Castro quien afirmó lo siguiente:

“Póngase fin cuanto antes al genocidio del pueblo palestino, que tiene lugar ante los ojos atónitos del mundo. Protéjase el derecho elemental a la vida de sus ciudadanos, de sus jóvenes y sus niños. Respétese su derecho a la independencia y a la paz, y nada habrá que temer de los documentos de las Naciones Unidas.

Conozco bien que, en busca de alivio a la situación terrible en que se encuentran sus países, muchos amigos africanos y de otras regiones sugieren la prudencia necesaria para obtener algo en esta Conferencia. Los comprendo, mas no puedo renunciar a la convicción de que cuanto con más franqueza se digan las verdades, más posibilidades habrá de que se nos escuche y se nos respete. Siglos de engaño son más que suficientes.”

Pero veamos si Israel es o no un estado racista. Antes y después de la fundación del Estado de Israel en mayo de 1948, las milicias sionistas obligaron a desplazarse a unas 750.000 personas, todas de etnia árabe y habitantes autóctonos de la zona. Para ello destruyeron más de quinientas ciudades y pueblos y perpetraron masacres indiscriminadas de civiles desarmados, como la de Deir Yashin, en la que asesinaron a sangre fría a 254 mujeres, niños y ancianos. Con ello, Israel se apropiaba por la fuerza de 78% del territorio de la Palestina histórica bajo el Mandato Británico cuando legalmente la ONU sólo le asignó el 55 %, y eso a pesar de que sólo componían un tercio de la población y de que habían anunciado lo que ahora llamamos “limpieza étnica” en las zonas que les correspondieran. Después de esto, unas 150.000 personas que lograron permanecer en el nuevo Estado judío de Israel pasaron a convertirse en lo que denominan “árabes-israelíes”, aunque no por ello gozaran de todos los derechos de la ciudadanía ya que quedarían bajo jurisdicción militar hasta el 67. Los 800.000 árabes-israelíes de la actualidad, descendientes de aquellos, no son por tanto considerados ciudadanos, sino extranjeros sin derechos sobre el territorio y se les discrimina sistemáticamente.

La llamada “única democracia de Oriente Medio” niega desde 1967 el derecho a una nacionalidad a más de tres millones y medio de personas que viven en los Territorios Ocupados (casi la mitad en campos de refugiados), y con ello pierden todo derecho a exigir derechos, a la vez que otros seis millones de personas han sido condenadas al exilio y viven en su mayoría en campos de refugiados en Jordania, Líbano y Siria. En los Territorios Ocupados las normas que rigen son más de dos mil ordenanzas militares que regulan todos los aspectos y subordinan por completo la vida de los tres millones y medio de árabes-palestinos a la de los aproximadamente trescientos ochenta mil colonos judíos que se han instalado allí.

Amnistía Internacional, en el informe titulado ‘El racismo y el Ministerio de Justicia’, difundido en 2001, dejaba en evidencia el racismo de la “democracia” israelí:

“En Israel, por ejemplo, varias leyes son explícitamente discriminatorias. Todo se remonta a la fundación del Estado de Israel en 1948, la cual, impulsada en principio por el genocidio racista sufrido por los judíos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, se basaba en la premisa de un Estado judío para el pueblo judío. Algunas las leyes de Israel reflejan este principio y, en consecuencia, discriminan a los no judíos, en concreto a los palestinos que han vivido en estas tierras generación tras generación. Varias secciones de las leyes israelíes discriminan a los palestinos. La Ley del Retorno por ejemplo, ofrece la ciudadanía israelí automáticamente a los inmigrantes judíos, mientras que a los refugiados palestinos que nacieron y crecieron en lo que ahora es Israel se les deniega incluso el derecho a regresar a su hogar. Otros puntos garantizan explícitamente un trato preferente a los ciudadanos judíos en esferas como la educación, la vivienda pública, la salud y el trabajo. [1]”
Israel no tiene Constitución, en la web del Parlamento israelí se señala que “todas las leyes orgánicas, todas juntas constituirán, con una introducción apropiada y diversas normas generales, la Constitución del Estado de Israel”. El estudio elaborado por el intelectual palestino Mazin Qumsiyeh [2] sobre la legislación israelí señala que “los no judíos no pueden formar parte de la nación de Israel o Am Yisrael (el pueblo de Israel), aunque sean ciudadanos del Estado. Es importante enfatizar este punto. Para la ley israelí todos los judíos, independientemente de aspectos culturales, genéticos o de ciudadanía, tienen la consideración de nativos israelíes, un miembro de Am Yisrael y tienen derecho a beneficiarse automáticamente de la residencia, de vivir en el autoproclamado Estado Judío. La legislación israelí establece cómo se adquiere la nacionalidad [3] . Así, se observa que un palestino nacido en un pueblo de Galilea expulsado en 1948 no cumple los requisitos, de forma que existe la categoría de ciudadano nacional o ciudadano no nacional. Los que son ciudadanos pero no nacionales (como los palestinos que se quedaron tras las expulsiones de 1947-1949) no se pueden beneficiar de ninguna de las instituciones y privilegios reservados a los nacionales. De esta forma, los palestinos que no podían llegar a ser ciudadanos tenían su propiedad asignada a los judíos de acuerdo con las ‘Leyes de los ausentes’, promulgadas en 1950. Lo curioso es que mucho de esos “ausentes” son “ausentes presentes”, se trata de aquellos palestinos que permanecieron dentro de las fronteras del Estado. El resultado es el régimen de apartheid vigente en la actualidad. Según la ley israelí, fundamentada en su ideal de “Estado del pueblo judío”, un inmigrante sionista europeo tiene total derecho a vivir en un asentamiento en Hebron, mientras un palestino de la misma ciudad puede verse forzado a emigrar debido a todas las restricciones que se imponen al campo social y económico de la zona para brindar seguridad a los fundamentalistas habitantes de los ilegales asentamientos [4] . Esa distinción entre judío y no judío es lo que brinda la base para hablar sobre la existencia de un sistema de apartheid en Israel, donde el hecho de tener una religión específica determina el derecho a la salud, la educación, la continuidad territorial, la libertad religiosa y el acceso al agua, entre otros.

La población palestina está sometida a un régimen de ocupación militar que concede derechos distintos, empezando por el derecho a voto, a personas que habitan en el mismo territorio, según su religión. Para los palestinos, ocupación no solo ha significado muerte, sino un sistema de discriminación racial que domina absolutamente todos los aspectos de sus vidas: ¿Qué se diría hoy por ejemplo si es que un país tuviese como política oficial la expropiación de tierras de judíos, o simplemente prohibiese que un ciudadano de su país pueda asentarse en éste si se casa con una judía? Claramente se hablaría de un flagrante caso de discriminación, de antisemitismo y seguramente, de sanciones internacionales en contra de ese país, como durante el apartheid sudafricano. Veamos varios ejemplos de la restricción de derechos a los ciudadanos no judíos del Estado de Israel y cómo se consolidan por medio de la legislación israelí y de una serie de instituciones [5]:

A) Fondo Nacional Judío: El 90% de las tierras de Israel pertenece a esta institución, que según sus estatutos no puede ni vender, arrendar, o siquiera permitir que esa tierra sea trabajada por un “no judío”.

B) Ley de Nacionalidad: Establece claras diferencias en la obtención de la ciudadanía para judíos y no judíos.

C) Ley de Ciudadanía: Ningún ciudadano israelí puede casarse con un residente de los Territorios Ocupados de Palestina; en caso de realizarse la unión, se pierden los derechos ciudadanos en Israel y la familia si no es separada, debe emigrar.

D) Ley de Retorno: Cualquier judío del mundo puede ser ciudadano israelí. En el caso de los ciudadanos palestinos del estado de Israel que tienen familiares en el extranjero, éstos no pueden obtener el mismo beneficio sólo por el hecho de que no son judíos.

E) Ley del Ausente: Declara ausentes a cualquiera que estuviera fuera de su casa, dentro de las fronteras de Israel o en un Estado vecino, después del 29 de noviembre de 1947, o ese mismo día, y en consecuencia sus tierras y sus casas pasan a ser propiedad judía. Paradójicamente, nunca se ha expropiado la tierra de un judío y la mayoría de ella se les ha expropiado a los palestinos.

Otro ejemplo del carácter religioso del estado israelí que lo hace incompatible con un Estado de derecho democrático es que según la legislación “no podrán concurrir a las elecciones al Parlamento aquellas listas de candidatos cuyas intenciones o acciones nieguen la existencia de Israel como el Estado del pueblo judío”. Con esta ley pasa a ser claramente ilegal el hecho de solicitar cambios en la legislación para poder cuestionar el concepto de Estado de una comunidad religiosa, no aceptar el concepto de un Estado del ‘pueblo judío’, o tratar de convertir a Israel en el Estado de todos sus ciudadanos [6] . Nadie se atrevería a afirmar que una democracia puede ser compatible con un régimen de apartheid, sin embargo en Israel hay carreteras distintas para los israelíes y para los palestinos. El mundo se indigna cuando recuerda que en Sudáfrica los negros debían viajar en los asientos de atrás de los autobuses, pero en Israel si un palestino utiliza una de las carreteras reservadas a los israelíes es detenido y condenado a seis meses de prisión. Esto afecta incluso a los que han vivido siempre en esos territorios, por ejemplo los aproximadamente trescientos cuarenta mil que viven en Jerusalén Este [7] .

No solamente todo esto es silenciado y cuenta con la complicidad de los gobiernos europeos, sino que cuando en un lugar como la ONU es denunciado por un presidente, los “diplomáticos” europeos abandonan la sala. Vale la pena observar las explicaciones de los europeos para justificar su abandono de la sala. El embajador británico ante la ONU Peter Gooderham afirmó que “esta retórica inflamatoria no tiene de ninguna manera cabida en una conferencia de la ONU sobre el racismo y cómo combatirlo”. Por su parte, el presidente francés, Nicolas Sarkozy calificó la intervención de Ahmadineyad de un “discurso de odio”.

Los europeos –y por supuesto israelíes y estadounidenses- hubieran deseado una Conferencia de palabras vacías, una oda a la igualdad de las razas, un anuncio de Benetton quizás. Pero existen muchas voces que cuando se habla de racismo quieren señalar al racista, como se hizo antes con Sudáfrica. La hipócrita Europa no lo pudo soportar. Con ello, sus gobiernos han superado su miseria y complicidad con el racismo, han pasado de permitirlo a boicotear su denuncia.

Nota:

La información sobre el carácter racista del estado israelí procede del libro de Pascual Serrano “Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo”, de próxima aparición este mes de mayo en la editorial Península.

Pascual Serrano      Recogido de Rebelión

www.pascualserrano.net

[1] Informe de Amnistía Internacional, de 2001: Racism and the Administration of Justice (Racismo y el Ministerio de Justicia)

[2] Qumsiyeh, Mazin. Compartiendo la Tierra de Canaán (Capítulo 7). Pluto Press 2004. Ver http://www.rebelion.org/noticia.php?id=47137 

[3] Ver http://www.israel.org/MFA/Facts%20About%20Israel/State/Acquisition%20of%20Israeli%20Nationality

[4] Abu Eid, Xavier, Jurisdicción y Legitimidad: Claves para entender el conflicto Palestina/Israel. Rebelion.org 28-8-2006. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=36692

[5] Abu Eid, Xavier, Jurisdicción y Legitimidad: Claves para entender el conflicto Palestina/Israel. Rebelion.org 28-8-2006. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=36692

[6] Capítulo 7 del libro Compartiendo la Tierra de Canaán, de Mazin Qumsiyeh. Pluto Press 2004 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=47137

[7] Ramonet, Ignacio. “Por una resistencia de masas no violenta contra Israel”. Entrevista con el líder palestino Mustafá Barghouti. Le Monde Diplomatique. Mayo 2008

Textos relacionados:

Conferencia sobre el Racismo
Europa: la dignidad de la sumisión

Santiago Alba Rico

Discurso completo del presidente Ahmadineyad durante la Conferencia de Naciones Unidas sobre el racismo, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=84241

REBELIÓN JUDÍA CONTRA EL ATAQUE DE ISRAEL

Historiadores e intelectuales judíos rechazan los métodos empleados por el Gobierno israelí contra los palestinos

El historiador Ilan Pappé sostiene que hay que calificar de “genocidio” la campaña militar de Israel en Gaza. Su colega Yakov Rabkin se muestra escandalizado por la “masacre”. La periodista Naomi Klein afirma que toda la economía israelí depende en realidad de su músculo bélico. Y la activista Diana Ralph advierte que los “crímenes de guerra” no pueden quedar impunes.

Si está pensando que la Liga Antidifamación debería intervenir inmediatamente para frenar este tipo de declaraciones y cortar así la extensión del antisemitismo, aguarde un segundo: todos ellos son judíos. La invasión israelí de Gaza ha desencadenado un alud de actos y proclamas de ciudadanos de tradición judía contrarios a la política de Israel . En ocasiones, la rebelión apunta a la esencia misma de este país como “Estado judío”. Y casi siempre se dirige contra la pretensión de Israel de representarles y de hablar en su nombre.

” Israel actúa en nombre de todos los judíos del mundo, pero muchísimos consideramos un error tremendo su política: por la violencia que genera y porque nos perjudica gravemente”, explica, en conversación telefónica desde Montreal, Yakov Rabkin, catedrático de Historia de la Universidad de Montreal y autor de La amenaza interior . Historia de la oposición judía al sionismo , publicada en España por Hiru.

La creación del Estado, en 1948, supuso un auténtico cisma en el mundo judío, nunca resuelto. Pese a que el país tiene desde entonces las puertas abiertas para todos los judíos del mundo, la mayoría ha declinado establecerse en Israel, que alberga a menos de un 40% del total, aunque suele hablar en nombre de todos ellos.

Portavoces cuestionados

“Muchos de los autoproclamados portavoces de la comunidad judía en el mundo son en realidad portavoces del Estado de Israel pero, en los países democráticos, las comunidades culturales o religiosas no necesitamos portavoces”, añade Rabkin. Y agrega: “Los demás somos gente corriente y no nos organizamos tanto ni tenemos tanto dinero, pero somos la mayoría”.

“El problema es que una minoría de extrema derecha ha logrado imponer su agenda mientras los judíos no militantes están en los márgenes.

¿Una exageración? Nadie lo sabe. Los portavoces de las organizaciones judías son mayoritariamente proisraelíes. Pero ello no significa que los ciudadanos de tradición judía compartan sus postulados.

Las elecciones de EEUU, que cuentan con radiografías demoscómicas muy precisas, demuestran más bien que existe un divorcio notable. En los últimos años, las principales organizaciones judías han apoyado de forma entusiasta a los republicanos George W. Bush y John McCain. Pero los judíos han votado masivamente demócrata : siempre por encima del 70%, entre 20 y 30 puntos más que la media del pueblo estadounidense. En la pasada campaña, McCain incluso se rodeó permanentemente del senador Joe Liberman, judío proisraelí. Pero el 77% del voto judío fue para Barack Obama.

“Creo que hay una mayoría silenciosa de judíos en el mundo que apoya la aplicación de los derechos humanos para toda la gente”, recalca CecilieSurasky, portavoz de Voz Judía para la Paz , organización con sede en California. “El problema es que una minoría de extrema derecha ha logrado imponer su agenda mientras los judíos no militantes están en los márgenes. Sucesos como los de estos días en Gaza convencen a los judíos que hasta ahora han estado callados de que deben levantarse y decir basta” , añade.

“¡No en nuestro nombre!”

Su organización cuenta ya con 43.000 afiliados y la tendencia es al alza. La invasión ha activado iniciativas pacifistas similares en todos los lugares donde hay una comunidad judía importante: en Francia, Otra Voz Judía ha programado una catarata de actividades, incluyendo conciertos de rap palestino y obras de teatro. Hay entidades parecidas en muchos países de Europa, aunque no en España, donde la comunidad judía es reducida.

En Canadá, Voces Judías Independientes y otros grupos han promovido acciones como la ocupación del consulado israelí al grito de “¡No en nuestro nombre!”. Y más de 340 profesionales judíos han firmado un manifiesto que pretenden publicar como “carta abierta a los soldados israelíes” en periódicos de este país contra la campaña militar en curso y los “crímenes de guerra” y las “atrocidades”.

“Un Estado judío es intrínsecamente racista y no puede ser democrático porque por definición discrimina a todos los que no son judíos”

“Esta actividad criminal no hace nada para mejorar el bienestar y la salud de los judíos. Al contrario: desde Sderot hasta Sidney, pasando por Ashkelon y Amsterdam, todos nos beneficiaremos de que haya justicia para los palestinos”, recalca este llamamiento a la insumisión impulsado, entre otros, por Judíos Americanos por una Paz Justa .

Que los judíos hostiles o indiferentes a la política de Israel son muchos más de los que el activismo de las organizaciones sionistas puede hacer pensar lo demuestra un estudio reciente publicado en EEUU por Steven M. Cohen y Ari Y. Kelman: Más allá del distanciamiento . Los judíos americanos jóvenes y su alienación de Israel. La investigación, que explota los datos de la Encuesta Nacional de Judíos Americanos de 2007, muestra el choque que provoca Israel en el mundo de tradición judía y subraya de manera rotunda que la desafección entre los más jóvenes es muy acentuada: entre los menores de 35 años, menos del 20% dice estar “siempre orgulloso de Israel” .

El fenómeno va mucho más allá de rechazar las acciones militaristas o campañas como la invasión de Gaza y se refieren a los cimientos mismos del Estado de Israel. Son judíos, pero no sienten que Israel o el sionismo tenga nada que ver con ellos: por ejemplo, entre esta franja de menores de 35 años apenas el 50% se siente “confortable con la idea de un Estado judío” . Y el dato más extremo: sólo el 50% dice que “la destrucción de Israel sería una tragedia personal”, porcentaje que llega hasta el 80% en la franja de mayores de 65 años encuestados.

“Un Estado judío es intrínsecamente racista y no puede ser democrático porque por definición discrimina a todos los que no son judíos”, opina desde Canadá Diana Ralph, coordinadora de Voces Independientes Judías . “El sionismo es desde su inicio un proyecto imperalista y racista condenado al fracaso si no fuera por el apoyo masivo de EEUU y sus aliados”, remacha.

Las disidencias, que existen desde siempre en la tradición judía y que ahora se han acentuado, empiezan a dar signos de anidar también directamente en Israel. El apoyo a la contundencia bélica “como derecho a la autodefensa” sigue siendo muy alto en este país, pero las grietas existen, como demuestra el importante movimiento de objetores de conciencia.

Uno de sus miembros destacados es Jonathan Ben-Artzi, sobrino del halcón Benjamin Netanyahu, que ha hecho un llamamiento al Gobierno de EEUU: “Hablo como un israelí que apela a los estadounidenses para decirles que no tienen que apoyar ciegamente a Israel . Las acciones de Israel no son todas santas (…) A veces es necesario que se dirijan con firmeza a Israel y nos digan, le digan a nuestro Gobierno, que ponga fin a sus acciones.”

El todavía embrionario cisma interior israelí ha dado un salto notable en el campo intelectual en muy poco tiempo con la publicación de obras revolucionarias por parte de los “nuevos historiadores”, que han puesto en cuestión desde dentro los grandes dogmas de Israel, aunque suponen una corriente netamente minoritaria.

Quizá el caso más notorios es el de Ilan Pappé (Haifa, 1954), que ha sacudido Israel con la publicación de La limpieza étnica de Palestina (Crítica). El libro sostiene que la limpieza étnica ha sido deliberada y organizada desde el principio del Estado con el fin de asegurar una mayoría judía en Israel.

Las principales autoridades del mundo intelectual israelí, con Benny Morris al frente, se han volcado en rechazar el trabajo y en cuestionar su rigor. Pappé vive ahora en Reino Unido e incluso se ha sumado a las campañas de boicot académico contra las universidades israelíes, incluida la suya de siempre: la de Haifa.

En estos días de furia, el blog de Pappé echa humo. “Parece que incluso los crímenes más horrendos, como el genocidio en Gaza, son tratados [por la comunidad internacional] como acontecimientos discretos, sin conexión con nada del pasado y sin asociación con ninguna ideología” , escribía en un post del 3 de enero.

A juicio de Pappé, es crucial que la opinión pública comprenda la naturaleza de la “ideología sionista” como “la mejor manera de explicar las operaciones genocidas como la que vive ahora Gaza” y al mismo tiempo avanzar en acciones que prevengan “cosas incluso peores” en el futuro.

“Hay una gran confusión entre los términos israelí, judío y sionista. El propio Estado de Israel la fomenta, pero es muy peligrosa”

Shlomo Sand (Linz, Austria, 1946), historiador de la Universidad de Tel Aviv, acaba de publicar otro libro rompedor, aún no traducido al español, Cómo y cuándo se inventó el pueblo judío , en el que hace añicos los mitos fundacionales. La academia oficial también ha salido en tromba a criticarlo, pero su extraordinario éxito de ventas en el país -más de 20 semanas consecutivas en la lista de más vendidos- muestra hasta qué punto las cosas están cambiando incluso en Israel.

El fenómeno ha sacudido la política tradicional en episodios aislados, pero de gran impacto simbólico. Abraham Burg, ex presidente del Parlamento de Israel, de la Agencia Judía y de la Organización Sionista Mundial, ha abjurado de manera estruendosa del sionismo y trata de agitar a la sociedad israelí para que empuje hacia un cambio de rumbo radical. De lo contrario, advierte, Israel no tiene ningún futuro.

La crítica de Burg va a la raíz del sionismo mismo: ha llegado a decir que la presión que observa en Israel contra los árabes tiene paralelismos con la que sufrieron los judíos en los regímenes nacional-socialistas antes de la Segunda Guerra Mundial. Su tesis es que Israel, en su actual formato que privilegia a los judíos, sólo puede sostenerse a través de la violencia y augura que esta será cada vez más brutal.

Responsables

El catedrático Yakov Rabkin le secunda desde Canadá: “Toda la idea de crear un Estado étnico contra la voluntad de gran parte de la población implica uso de la fuerza. ¡No hay otra manera de hacerlo!”, opina. El historiador se pregunta cómo es posible que la comunidad internacional y la potencia colonial en la zona, Reino Unido, se laven ahora las manos ante una situación explosiva que a su juicio contribuyeron a crear.

“¡Hannah Arendt tenía razón! Ella advirtió exactamente qué iba a pasar: es imposible que este Estado viva en paz. Y los judíos de todo el mundo pagamos las consecuencias”, concluye Rabkin. La consecuencias, aclara, es el aumento de ataques e intimidación contra los judíos en todo el mundo y la minimización del Holocausto .

“Hay una gran confusión entre los términos israelí, judío y sionista. El propio Estado de Israel la fomenta, pero es muy peligrosa”, lamenta. Y concluye: “El antisemitismo tradicional sigue existiendo, pero ya no es la mayor causa de acoso a los judíos. Ahora, el principal riesgo de sufrir una agresión son represalias por la política de Israel” .

La confusión causa estragos: si Rabkin estuviera hoy en Madrid y decidiera ir a la manifestación contra la guerra, muy probablemente avistaría más de una pancarta equiparando el símbolo nazi con la estrella de David. O haciendo lamentables juegos de palabras con el Holocausto.

Pere Rusiñol

Público

http://www.publico.es/internacional/189928/rebelion/judia/ataque/israel