ESPERANDO EL APOCALIPSIS: Así serán los efectos de la próxima gran llamarada solar

Aurora boreal. Wikimedia Commons
Aurora boreal. Wikimedia Commons

Entre el siglo XVII y el siglo XIX se dieron al menos dos eventos naturales que jamás se han vuelto a repetir. Un ola de frío y una tormenta solar tan fuertes que incluso hoy producirían en nuestro planeta una situación apocalíptica. Según los científicos, lo ocurrido por aquel entonces se repetirá.
Entre ambos eventos pasaron alrededor de 150 años e incluso aún hoy sigue existiendo controversia acerca de la relación que guardan estos fenómenos. Menos dudas quedan acerca de lo que podría ocurrir en una sociedad como la actual, tan dependiente de la electricidad y de ciertos sistemas de comunicaciones.

Imaginaos por un momento que el campo magnético de la Tierra se reduce drásticamente por un tiempo prolongado. Es posible que, ante la afirmación anterior, sigas con la misma cara de indiferencia o incluso hayas fruncido el ceño.

Vale, imagina ahora un mundo sin Internet.

Frío en el planeta

El Támesis helado. Wikimedia Commons
El Támesis helado. Wikimedia Commons

El primero de los eventos tuvo sus comienzos dentro de esa etapa que se ha denominado como la Pequeña Edad de Hielo. Se trata de un período de frío extremo que se dio en muchas partes del planeta (desde el S.XIV hasta el S.XIX). Un evento dividido en tres períodos, siendo el primero de ellos (entre 1645-1715) la etapa más fría de todas.

Los libros de historia hablan siempre de la mañana del 6 de enero de 1709 como punto de partida de una congelación que duró alrededor de tres semanas (luego dio paso a una breve fusión para volver a descender). Básicamente el mapa del planeta se convirtió en hielo, como si fuera una película del fin del mundo. Fue lo que también se conoce como la Gran Helada en Reino Unido, y como podemos suponer, las temperaturas iban a traer caos, muerte y destrucción.

Cuatro días después de esa primera mañana, el 10 de enero de 1709, el teólogo, filósofo y pionero observador del tiempo, William Derham, registró un acontecimiento histórico en el exterior de su casa a las afueras de Londres. Derham examinó su termómetro en el aire helado que corría en la mañana y anotó una entrada en su meticuloso registro meteorológico. El frío de las semanas anteriores (típicas para un invierno inglés) había dado paso a un frío opresivo en el Reino Unido. Hasta donde sabía el hombre, Londres jamás había experimentado tan pocos milímetros de mercurio como aquella mañana, nada menos que -12ºC.

Pequeña Edad de Hielo en Rotterdam. Wikimedia Commons
Pequeña Edad de Hielo en Rotterdam. Wikimedia Commons

Como decíamos anteriormente, aquel frío permaneció en Europa durante semanas, y el escenario fue dantesco. Lagos, ríos y mares helados, suelos congelados de hasta un metro de profundidad, los árboles agrietados por el temporal, la agónica muerte del ganado en los establos, las cosechas, la población muerta de frío por las calles… en 500 años el planeta no había visto nada parecido.

Entre las causas probables del escenario descrito se incluyen la actividad volcánica, las corrientes oceánicas e incluso la reforestación debido al declive de la población inducida por la peste bubónica, la pandemia más devastadora en la historia de la humanidad que afectó a Europa en el siglo XIV (mató a un tercio de la población continental). Sin embargo, es casi seguro que también tiene algo que ver con el inusualmente bajo número de manchas solares que aparecieron en ese momento, un fenómeno conocido como el mínimo de Maunder.

Maunder, manchas, sol y tormentas

Mancha solar captada por una foto. Wikimedia Commons
Mancha solar captada por una foto. Wikimedia Commons

Cuando hablamos de una mancha solar nos referimos a una región del Sol que tiene una temperatura más baja que sus alrededores junto a una intensa actividad magnética. Como vemos en la imagen, el fenómeno es posible que lo hayas podido captar alguna vez en una foto y sin necesidad de un equipo especial.

Cuando se dio el mínimo de Maunder (de 1645 a 1715) las manchas solares prácticamente desaparecieron de la superficie del Sol, a esto debemos sumarle que coincidió con la parte más fría de la Pequeña Edad de Hielo.

Hoy sabemos que tales mínimos solares se correlacionan de manera muy estrecha con las temperaturas más frías de lo normal en la Tierra, aunque la ciencia todavía tiene que determinar exactamente por qué. Por otra parte, históricamente los máximos solares han tenido poco impacto (al menos de manera notable) en la Tierra, aparte de esas exhibiciones increíbles en forma de auroras boreales. Curioso, porque gracias a nuestra sociedad moderna, es decir, electrificada e interconectada, es muy posible que estos eventos hasta ahora inocuos podrían llegar a causar un enorme daño económico y social en las próximas décadas.

Según los registros históricos los astrónomos empezaron a monitorear con telescopios las manchas solares a principios del 1600. En aquella época nadie sabía de la naturaleza de las manchas oscuras que se daban en la superficie del Sol, pero a cambio, aquellos más curiosos comenzaron a llevar un registro y a guardar los eventos que se daban en torno a las manchas solares. Desde entonces los científicos han aprendido que estas surgen cuando las líneas de campo magnético del Sol se retuercen y se enredan debido a las capas de plasma girando a diferentes velocidades en el interior de la estrella.

Más detallesLa interacción del viento solar con la magnetosfera de la Tierra. Wikimedia Commons
Más detallesLa interacción del viento solar con la magnetosfera de la Tierra. Wikimedia Commons

Este enredo es capaz de producir bucles magnéticos que pueden sobresalir de la fotosfera (la superficie luminosa que delimita a una estrella), lo que finalmente hace que disminuya la cantidad de calor que llega a la superficie. En cuanto a la oscuridad de una mancha solar, lo cierto es que se trata solamente de un efecto de contraste con las áreas extremadamente brillantes que las rodean. Realmente, vista de forma aislada una mancha solar seguiría siendo bastante elocuente.

Con el tiempo estas líneas de campo magnético que hablábamos se vuelven cada vez más y más enredadas, dando lugar a bucles más salientes hasta que el desorden magnético que se forma llega a un punto de inflexión (en aproximadamente 11 años) donde el campo magnético encaja en una nueva orientación, momento en el que el ciclo comienza de nuevo. Ocurre que, ocasionalmente, estos bucles magnéticos se vuelven tan retorcidos que las secciones positivas y negativas son forzadas de manera conjunta. Cuando esto ocurre se producen las explosiones más poderosas del sistema solar, entonces estamos ante una llamarada solar explosiva: una tormenta solar.

Puestos a ponernos en la situación más extrema del evento, la más potente de estas explosiones coronales puede arrojar miles de millones de toneladas de plasma hacia el espacio a, aproximadamente, 1.500.000 km/hora en lo que se conoce como una eyección de masa coronal (CME en inglés). Se trata de una onda hecha de radiación y viento solar (GIF a continuación) que se desprende del Sol.
ucixexzujh8aarfreg8d
Durante un mínimo solar estos eventos ocurren normalmente una vez por semana, durante un máximo pueden ocurrir varias veces al día. En principio no habría de qué preocuparse, las CME se lanzan al espacio desocupado… pero ocasionalmente la Tierra puede estar en su trayectoria, ¿qué ocurre entonces?

Las llamaradas solares tienen varias clasificaciones: A, B, C, M o X en función de la cantidad de energía electromagnética que transportan. Hasta la clase C estamos ante llamaradas pequeñas, demasiado débiles para causar cualquier trastorno grave para la humanidad. Con una clase M podemos empezar a tener algunas molestias menores, sobre todo para nuestros astronautas y los entusiastas de la radio. Pero si la llamarada se convierte en una de clase X son capaces de producir una tremenda y grave agitación geomagnética.

Y es que las ondas de plasma de las CME están cargadas magnéticamente, eso significa que tienen polos positivos y negativos heredados del bucle magnético que lo generó. En consecuencia, cuando una onda afecta al campo magnético de la Tierra la naturaleza de la interacción depende de la orientación relativa de los dos campos magnéticos. Es una de esas situaciones en las que el hombre se pregunta por qué demonios funcionan así los imanes, el por qué los polos opuestos se atraen y los iguales se repelen.

Bien, si se da esta circunstancia y una onda de CME potente golpea el campo magnético de la Tierra alineada u orientada al norte (positiva-positiva), no pasa gran cosa. El plasma rebotará de forma inofensiva en la magnetosfera (nuestro escudo protector contra las partículas cargadas de mucha energía procedentes del Sol). Ahora bien, si su campo magnético está orientado al sur y si golpea positiva a negativa, entonces esencialmente todo el plasma se verte en la atmósfera a través de los polos Norte y Sur, desencadenando una tormenta geomagnética.

Y es aquí cuando volvemos a retroceder en la historia con el segundo evento. Ya tuvimos una tormenta de este calibre.

Ocurrió en 1859.

El evento Carrington

La interacción del viento solar con la magnetosfera de la Tierra. Wikimedia Commons
La interacción del viento solar con la magnetosfera de la Tierra. Wikimedia Commons

El final del verano de 1859 se acercaba, el Sol estaba en un máximo solar particularmente pesado. Además, había un complejo cúmulo de manchas solares muy apretadas que traía de cabeza a los astrónomos. El 28 de agosto el cielo nocturno estaba iluminado por auroras muy brillantes, todas mucho más alejadas de los polos que de costumbre. Los operadores del incipiente sistema telegráfico comenzaron a informar de algunos fallos técnicos inusuales la misma tarde. Hubo interrupciones generalizadas, fallos eléctricos de los receptores e incluso algún pequeño fuego en las mismas estaciones de telégrafos.

Los astrónomos de la época no tenían los conocimientos para saber que aquello se debía a una CME que estaba causando una variación magnética extrema en la atmósfera. La ley de inducción electromagnética de Faraday nos dice que un campo magnético que cambia en el tiempo inducirá al cambio de un voltaje en el tiempo, y lo cierto es que algunos cables de telégrafo eran lo suficientemente largos como para ser expuestos a una gama bastante amplia de variaciones magnéticas. Es decir, que consecuentemente una corriente inducida de alto voltaje se crearía arriba y abajo de dichos cables.

Dos días después el astrónomo británico Richard Carrington observaba aquel cúmulo de interesantes manchas solares a través de su telescopio cuando de repente vio lo que describió como “dos manchas de luz intensamente brillantes y blancas” sobre las manchas solares. El hombre anotó dicho registro en un papel.

Esa misma noche el cielo nocturno del planeta se convirtió en un sueño onírico de una noche en el Polo Norte. De repente, los ciudadanos podían observar al unísono auroras boreales, auroras que llegaban a todos los rincones del planeta, desde Estados Unidos hasta Colombia, Cuba, Hawái, pasando por Europa, sólo que en esta parte del planeta se observaron en zonas de latitud media como Madrid o Roma.

Aurora austral en Nueva Zelanda. Wikimedia Commons
Aurora austral en Nueva Zelanda. Wikimedia Commons

Los operadores de telégrafos de American Telegraph Company estaban aturdidos. De repente los equipos se habían vuelto locos, estaban enviando mensajes sin sentido durante la mayor parte de la mañana siguiente y algunas oficinas reportaron lesiones y daños debido a electrocuciones e incendios.

Se trataba de una segunda eyección de masa coronal en pocos días, pero una histórica, la conocida como Carrington Super Flare, la cual había enviado el equivalente en energía de miles de pequeñas bombas atómicas hacia la Tierra. Además, la llamarada que había ocurrido dos días antes había barrido la mayor parte del plasma del viento solar en la atmósfera, permitiendo que la llamarada de clase X (Carrington) llegara con mucha más velocidad y energía de lo normal. Los estudios dicen que llegó a la Tierra en tan sólo 17 horas en lugar de los 3-4 días estimados.

Se había provocado la tormenta geomagnética más espectacular de la historia.

¿Y si todo esto ocurriera en la actualidad?

Emisión de una llamarada del Sol de Clase X (NASA). Getty
Emisión de una llamarada del Sol de Clase X (NASA). Getty

Claro, desde 1859 el cableado pintoresco de las redes eléctricas y telegráficas victorianas se han multiplicado en millones de kilómetros de potencia y de conductores de telecomunicaciones en todo el mundo. Y esta inmensa red esta interconectada a través de frágiles transformadores eléctricos.

Hoy en día los voltajes de la línea eléctrica son mucho más altos con el fin de mejorar la eficiencia de transmisión, lo que tiene el efecto secundario de hacer que las líneas sean más sensibles a las corrientes inducidas. Por otra parte, muchos transformadores de alto voltaje están conectados directamente al suelo para compensar los posibles rayos y otras sobretensiones… claro que esto también proporciona una puerta trasera para fuertes corrientes geomagnéticas.

Así que vamos a ponernos en el supuesto que tanto ha preocupado al mismo gobierno de Barack Obama durante su mandato. Obama ordenó el pasado mes de octubre que se organizara un plan para antes, durante y después de un evento climático espacial como una tormenta solar.

Si el Sol vuelve a escupir de la manera que lo hizo en 1859, si volviera arrojar otra llamarada hacia la Tierra en la actualidad, lo normal es que las Fuerzas Aéreas de los países y administraciones como la NOAA detectarían la explosión de rayos X de dicha llamarada solar minutos después de la erupción. Pero también es cierto que tendrían una serie de datos insuficientes para saber si se trata de una amenaza en ese momento. La instrumentación espacial entre la Tierra y el Sol registraría información sobre la trayectoria, la intensidad y la orientación de la onda de plasma, pero para eso hay que esperar a que la CME estuviera muy cerca, alrededor de una hora antes del impacto.

El mínimo de Maunder en 400 años de actividad solar medida por el número de manchas solares. Wikimedia Common
El mínimo de Maunder en 400 años de actividad solar medida por el número de manchas solares. Wikimedia Common

Si la onda golpeara el campo magnético de la Tierra alineado de positivo a negativo, entonces la tormenta geomagnética resultante haría que la mayoría de las líneas fijas eléctricas, telefónicas, los sistemas de posicionamiento global (GPS) e Internet quedaran temporalmente inoperables debido a corrientes inducidas, y lo harían con una intensidad proporcional a la proximidad de los polos.

Los átomos de oxígeno y nitrógeno en la atmósfera superior absorberían electrones y emitirían fotones, es decir, que se formaría como resultado una enorme aurora planetaria. Un escenario precioso, sí, pero cuya afluencia de energía haría que la atmósfera superior se calentara y se expandiera, aumentando el arrastre en los satélites de órbita baja (la gran mayoría), sacando a algunos fuera de su curso y en general interrumpiendo las comunicaciones satelitales.

Incluso es muy posible que una cantidad preocupante de la cada vez más débil capa de ozono fuera desmantelada por reacciones con gas ionizado, de manera que aumentaría la radiación UV en el suelo. Muchos transformadores eléctricos (sobre todo los de alto voltaje) se destruirían debido al sobrecalentamiento, lo que daría como resultado fallos de red a gran escala en pocos segundos. Incluso algunas secciones de las líneas eléctricas podrían calentarse tanto como para fundir el cable.

Además de los daños causados por los aumentos de potencia, los pequeños dispositivos electrónicos no se verían (o al menos no deberían) perjudicados por un evento magnético tan lento y de gran escala. Sin embargo, bajo ese escenario se volverían esencialmente inútiles si no hay red eléctrica para recargar sus baterías o red para sus antenas. En cuanto a los automóviles o los aviones, podría no afectarles dependiendo de la distancia de los polos, aunque en cualquier caso resultaría complicado obtener combustible.

Monitorización del tiempo durante el evento de 1989. Wikimedia Commons
Monitorización del tiempo durante el evento de 1989. Wikimedia Commons

Si la tormenta solar es lo suficientemente intensa, poblaciones considerables podrían quedarse sin electricidad durante un período de tiempo prolongado. El ejemplo más cercano lo tuvimos en 1989 con una llamarada de tan sólo el 15% a la ocurrida en el evento Carrington. Esta corriente colapsó la red eléctrica de Québec en Canadá, lo que supuso un apagón general de más de 9 horas (por el fallo de un generador) afectando a más de 6 millones de personas.

Los transformadores de alta tensión son más vulnerables y costosos además de requerir más tiempo para construirlo (por encargo). En este hipotético apocalipsis geomagnético incluso las fábricas que lo construyen podrían carecer de energía.

En un informe reciente de la National Academy of Sciences se estimaba que un evento del nivel de Carrington podría causar “extensas interrupciones sociales y económicas” sólo en Estados Unidos. Los investigadores se aventuraban a estimar que supondría unos costes de entre 1 y 2 billones de dólares y unos 10 años para recuperarse completamente. Y hablamos de Estados Unidos y de un informe donde no se tenía en cuenta las pérdidas económicas por, por ejemplo, la falta de transporte o los costes de salud asociados. El trabajo decía que la capa de ozono tardaría unos 4 años en recuperarse a los niveles actuales.

Es posible que si has llegado hasta aquí te estés preguntando si es posible que esto ocurra, en cuyo caso sería conveniente saber si estaremos en el planeta para vivirlo. La respuesta corta es sí. Aunque la mayoría de los científicos coinciden en que una gran tormenta solar del tamaño de Carrington es improbable (que no imposible) en un futuro cercano. Los avances posteriores al tremendo evento de 1859 mediante la medición de depósitos de berilio-10 en muestras de núcleos de hielo ofrecen grandes pistas esperanzadoras.

The Blue Marble. Wikimedia Commons
The Blue Marble. Wikimedia Commons

Los investigadores creen que un evento Carrington golpea la Tierra una vez cada 500 años, por lo que el siguiente llegará probablemente en un par de siglos. Mientras tanto, organizaciones como la NOAA están tratando de persuadir a los gobiernos para que planifiquen estos eventos, lo mismo que pedía Obama. Se trata de un plan de medidas que permita proteger transformadores críticos o la posibilidad de desconectar secciones de redes eléctricas en poco tiempo.

En cuanto a las mínimas solares como el mínimo de Maunder que produjo la Gran Helada de 1709, aunque la correlación entre la baja actividad de las manchas solares y las bajas temperaturas es fuerte, la razón sigue siendo poco conocida y abierta al debate. Muchos científicos señalan que las pausas en la actividad de las manchas solares corresponde a un aumento de los rayos cósmicos en el tierra, de ser así podría aumentar la proporción de nubes reflectantes y por tanto reducir la energía solar absorbida por la atmósfera.

Sea como fuere, los mínimos no tienen por qué ser necesariamente fenómenos completamente negativos. Algunos científicos señalan que los mínimos solares en el futuro podrán ayudar a compensar el calentamiento global por períodos breves.

En cualquier caso y en lo que sí están de acuerdo es en que también será inevitable otro evento como el ocurrido en el mínimo de Maunder, al igual que será inevitable otra tormenta solar similar al evento Carrington. En el fondo ambas son consecuencias naturales y gigantescas ajenas totalmente a esa creación de vida que se ha desarrollado en una pequeña y minúscula esfera del espacio a la que hemos llamado Tierra.

Llegado el momento y dando por supuesto que no estaré aquí para ver el día que el cielo se vuelva a llenar de auroras boreales previo paso al apocalipsis geomagnético (o quizá a una segunda versión de la Gran Helada), sólo nos queda esperar que la humanidad esté preparada para ese estornudo de miles de millones de plasma sobre nuestro planeta desde nuestra estrella favorita.

Que se preparen. Será un tiempo sin Internet.

MIGUEL JORGE                       Gizmodo

Tras esta excelente exposición traigo otro interesante artículo en el se relata una idea científica para tratar precisamente de protejernos del próximo Evento Carrington

¿PUEDE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL SITUAR UN “ROMPEOLAS ESPACIAL” ENTRE LA TIERRA Y EL SOL QUE NOS PROTEJA DEL PRÓXIMO EVENTO CARRINGTON?

La megaestructura de “defensa planetaria” generaría un potente campo magnético artificial gracias a la energía previamente captada por ésta del propio sol.

El proyecto ha sido planteado por uno de los representantes de la Asociación Internacional para la Seguridad en el Espacio (International Association for the Advancement of Space Safety, IAASS), Joseph Pelton, que ha querido contestar las premisas de la nueva política preventiva del Presidente Barak Obama en materia de fenómenos extremos de la meteorología espacial.

Así, la Orden del Presidente saliente de los Estados Unidos parte de la asunción de la imposiblidad de impedir que los fenómenos extremos del clima espacial alcancen nuestro planeta, con lo que centra los ejes de su acción en la detección de dichos fenómenos lo más anticipadamente posible -para poder protegerse con tiempo del impacto, minimizando daños-, y en la paralela preparación para acelerar, ya después de éste, la recuperación en el post evento. Esta ha venido siendo, además, la óptica preventiva imperante en los últimos 10 años.

Ahora, el representante de la Asociación Internacional para la Seguridad en el Espacio contesta esa premisa diciendo que, en realidad, sí que podría ser técnicamente posible en un futuro próximo evitar el propio impacto a nuestro planeta de una peligrosa tormenta solar, o al menos la peor parte de ésta, situando una megaestructura espacial en el punto estacionario Lagrange 1(L1) entre la Tierra y el Sol desde la que poder generar a conveniencia un gran campo magnético artificial que se abastecería de la propia energía solar que tal estación habría captado previamente, y que se pudiese interponer en la trayectoria de una gran eyección de masa coronal que fuese a impactar en nuestro planeta, neutralizando su peor parte.

Una suerte de “rompeolas espacial”
2017011417182468626
¿Ciencia ficción?, ¿un proyecto irrealizable?, ¿hasta dónde alcanza hoy nuestra tecnología ante semejantes magnitudes, o hasta dónde podría llegar a alcanzar antes del próximo “Evento Carrington” con un esfuerzo internacional coordinado de desarrollo tecnológico en esa dirección, e incentivando, acaso todo, en un nuevo salto cualitativo?

Los promotores de esta idea responden que la tecnología podría no estar tan lejos de nuestro alcance en el momento actual y recuerdan el ejemplo de los altos costes de otros proyectos espaciales asumidos en interés de la humanidad como la propia Estación Espacial Internacional, señalando, en suma, que todo ello podría articularse a través de un nuevo consorcio industrial espacial internacional y que el objetivo merece el intento ya que podría llegar a salvarnos de los incuantificables daños para nuestras infraestructuras planetarias y de la importante pérdida de vidas humanas que podría tener asociada la repetición de un Evento Carrington en nuestro tiempo. Preservar nuestra propia sociedad moderna tal y como la conocemos hoy en día, aseguran.

DEFENSA CIVIL PLANETARIA CONJUNTA
201701141956171120
Y ello al tiempo que tal estructura podría servir, simultáneamente, a otros propósitos como, por ejemplo, a modo de estación avanzada que abaratase los costos de otras exploraciones espaciales como la conquista de Marte, o ser dotada con sistemas complementarios que pudiese permitir abastecer a nuestro planeta con ingentes cantidades de energía solar cuando no se estuviesen realizando tareas de protección.

Para la Asociación Española de Protección Civil para el Clima Espacial, el EMP y los eventos black swan (AEPCCE) lo más relevante y “esperanzador” es que este debate sitúa por sí mismo en el primer plano de atención una creciente noción de “defensa civil planetaria”, conjunta, que desborda, y obliga a ampliar, la concepción de “defensa civil nacional”, ligada a Estados-nación, surgida de la Convención de Ginebra del siglo pasado, ante nuevas amenazas de la modernidad que ya no son únicamente “regionales” o “nacionales” sino también “globales”, para la entera humanidad y ante las que habrá que pensar en una nueva escala de acción “y promover una nueva cooperación internacional entre todos los pueblos”.

Nueva Tribuna

Anuncios

EXPERTOS DECLARAN EL CLIMA ESPACIAL RIESGO EMERGENTE

Seguimos con la doctrina del miedo, ¿nos preparan? Más de lo mismo….LIBERTALIADEHATALI

La Organización Meteorológica Mundial (WMO, en sus siglas en inglés) acaba de reconocer, durante el XVI Congreso ‘Global preparedness for Space Weather Hazards’ en Ginebra, la vulnerabilidad creciente de la Tierra con respecto al clima espacial, un fenómeno capaz de dejar a la población mundial sin electricidad y sin comunicaciones. Por este motivo, la WMO se ha unido a los últimos informes realizados por la NASA y por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), para declarar este fenómeno como “uno de los riesgos emergentes de 2011”.

   El clima espacial es el término que los científicos usan para describir las condiciones cambiantes del espacio, condicionadas por las explosiones solares que crean tormentas de radiación, fluctuación de los campos magnéticos y “lluvias” de partículas energéticas. Estos fenómenos viajan con el viento solar a través del Sistema Solar y cuando llegan a la Tierra, interactúan de forma compleja con su campo magnético.

   Así, la WMO alerta de que las comunicaciones por satélite, el transporte aéreo y energía eléctrica están expuestas a las tormentas geomagnéticas consecuencia del clima espacial y, según los expertos, “la vulnerabilidad es creciente a medida que más países adopten las tecnologías inalámbricas”. Además, alertan de que el siguiente pico en la actividad solar se espera en 2013.

   De este modo, apunta que una posible interrupción de la energía eléctrica y las comunicaciones afectarán a las operaciones humanitarias, la agricultura y la minería, entre otros muchos sectores.

   El subsecretario estadounidense de Medio Ambiente de Observación y Predicción, Kathryn Sullivan, ha destacado que las tormentas solares, junto con los tsunamis y el cambio climático como principales retos. “Los fenómenos meteorológicos espaciales son una nueva preocupación, debido a su potencial para afectar a la infraestructura basada en la tecnología, por ello los gobiernos deberían estar más pendientes de este tema”, ha señalado.

   En este sentido, ha apostado por un plan internacional coordinado para “evitar que la próxima tormenta solar extrema suponga un desastre global en su impacto económico y social”.

   Ante esta situación, Reino Unido prevee incluir de forma oficial los “Space Weather Risks” dentro del listado oficial de riesgos que pueden suponer una amenaza a la seguridad nacional, o “National Risk Register” elaborado por su Gobierno. Además, los máximos asesores científicos de los presidentes David Cameron y Barack Obama han formado un artículo conjunto en el ‘New York Times’, destinado a alertar a la población mundial sobre este posible suceso.

   Desde España, la Asociación Española de Protección Civil para los Eventos Climáticos Severos ha señalado a Europa Press que “no por poco conocidos los riesgos naturales del clima espacial, como la caída temporal de infraestructuras críticas como las de energía, potabilización, transporte, salubridad, alimentación sanidad, penitenciarias o satélites, pueden ser insuficientemente atendidos, ni su prevención representa un menor desafío para instituciones nacionales e internacionales”.

DECÁLOGO DE ACTUACIÓN

   Por ello ha presentado diez recomendaciones para una sencilla preparación preventiva y de autoprotección básica por parte de cada familia y que, según destaca, también sirven como protocolo de actuación para cualquier otro eventos climático severo.

   Así, señala que “ante todo” hay que conservar la calma y proceder con tranquilidad, verificar que realmente se trata de un apagón generalizado a todos los niveles (operadoras de teléfono móvil, electricidad doméstica ) y no de una interrupción puntual por otra causa menor.

   Además, aconseja tener previamente acordado con los familiares un par de sencillas pautas para la reagrupación en un lugar seguro de referencia fuera de la ciudad, al que todos sepan llegar y a una distancia prudente de otras instalaciones críticas. En este sentido, señala que hay que prestar especial atención a todo lo relativo al acompañamiento de menores, familiares con alguna discapacidad o que requieran de alguna atención especial.

   Del mismo modo, recomienda contar con una reserva de agua mineral y medios de potabilización; contar con sacos de dormir y esterilla por cada miembro de la familia; contar con una reserva de alimentos no perecederos proporcional al grupo familiar; tener al día el botiquín familiar, incorporando cosas como algún antidiarreico, y suero oral, medios de desinfección o algún repelente efectivo de mosquitos y otros insectos.

   Contar con un manual en papel con técnicas básicas de orientación, acampada, potabilización; contar con mudas de repuesto en el lugar de reagrupación; así como tener pequeñas herramientas e instrumentos útiles, desde medios de encendido a una simple linterna, un sencillo transistor, un cargador de pilas solar; y llevar fotocopias en bolsa con cierre hermético de la documentación personal y familiar más esencial; son otras de las pautas a seguir, según la Asociación Española de Protección Civil ante una posible tormenta geomagnética.

 EuropaPress

UNA GRAN LLAMARADA SOLAR PROVOCARÁ TORMENTA MAGNÉTICA EN LA TIERRA ESTE VIERNES.

Un flujo de plasma generado por la reciente llamarada solar de magnitud X2, la más poderosa desde 2004, llegará este viernes a la Tierra y causará una tormenta magnética, comunicó hoy el Instituto ruso de física “Lébedev”.

“Las consecuencias geomagnéticas de esa llamarada son prácticamente inevitables, habida cuenta de que se produjo casi en el centro mismo del disco solar, frente a la Tierra, y fue acompañada por una importante emisión de plasma registrada por varios instrumentos espaciales  a la vez”, consta en una nota emitida por dicho centro de investigación.

Si el frente de plasma sigue avanzando hacia nuestro planeta a la velocidad de ahora – de 410 kilómetros por segundo, según los datos del satélite Stereo – alcanzará la órbita terrestre en la noche del viernes a más tardar.  Dará origen a una tormenta magnética moderada (Kp=6) cuya duración será de entre 10 y 24 horas, según los expertos. Una tormenta de esa magnitud tuvo lugar en la Tierra en la noche del 4 al 5 de febrero.

La llamarada que detectaron en la madrugada del pasado martes los satélites geoestacionarios GOES es la primera de la clase X en el nuevo ciclo solar. La anterior erupción de esa magnitud se produjo en diciembre de 2006. Hay cinco categorías de explosiones solares en función de su intensidad: A, B, C, M y X. La mínima, A.0.0, equivale a una radiación de 10 nanovatios por metro cuadrado en la órbita terrestre, valor que se decuplica en cada clase siguiente.

Desde 2000 se registraron en la Tierra doce tormentas magnéticas de máximo nivel que son capaces de obstruir comunicaciones de radio y sistemas energéticos, así como generar auroras boreales visibles incluso en zonas ecuatoriales. La última vez fue el 11 de septiembre de 2005.

RIANovosti

EXTRAÑAS Y ALARMANTES EMISIONES SOLARES

Traigo aquí un inquietante artículo sobre las extrañas actividades solares que puede tener una curiosa relación tal vez sobre ciertos cambios en la consciencia, el sol, el centro del universo, las “profecías” mayas y el 2012 a los que se han referido, -aquí mismo-, últimamente algunos místicos y otros no tanto.

Un aterrador descubrimiento científico: extrañas emisiones solares cambian repentinamente la materia.

Durante meses se han reproducido preocupantes informaciones sobre los peligros de las tormentas solares. Algunas predecían devastadores efectos sobre nuestra tecnología, el campo magnético o el incremento de casos de cáncer debido a las radiaciones solares.

Pero ahora han surgido algunas pruebas sobre algo potencialmente más peligroso que está sucediendo en las profundiades del núcleo oculto de nuestra estrella. Partículas nunca observadas antes, -o alguna misteriosa fuerza-, están siendo arrojadas desde el Sol y están alcanzando la Tierra.

Las evidencias sugieren que lo que sea eso está afectando a toda la materia.

Aunque inicialmente esta amenaza fue menospreciada como una insustancial anomalía, ahora muchos físicos de todo el mundo se están llevando las manos a la cabeza para tratar de averiguar qué es lo que le ocurre al Sol.
Y es que parece que algo imposible ha sucedido. Los laboratorios confirman que la velocidad de descomposición radioactiva, -algo que se pensaba constante y un axioma científico-, ya no es una constante. [la natural velocidad de descomposición de las partículas atómicas siempre ha sido predecible. Es lo que hace posible por ejemplo algunas dataciones arqueológicas mediante el uso del carbono-14]
Los valores de la velocidad de descomposición no cambian, o al menos es algo que nunca había sucedido, puesto que las pruebas ahora confirman que se ha acelerado en este caso.

 Algo que está siendo emitido desde el sol está interactuando con la materia de una extraña y desconocida manera con el asombroso potencial de desencadenar dramáticos cambios en la naturaleza de la misma Tierra.

Lo peor de todo es que si la velocidad de descomposición de la materia está siendo cambiada entonces toda la materia sobre la Tierra está siendo afectada.

La mutación puede ir tan lejos como cambie la realidad implícita del universo cuántico y, extrapolando, la naturaleza de la vida, los principios de la física, quizás incluso el flujo uniforme del tiempo.

De hecho, algunas evidencias de dilación temporal han sido extraídas de una meticulosa observación de la velocidad de descomposición. Si las partículas que interactúan con la materia no son la causa, y la materia está siendo afectada por una nueva fuerza de la naturaleza, entonces el tiempo mismo puede estar acelerándose y no habrá manera de pararlo.

Terrence Aym

Fuente: Helium

UNA FUERTE ERUPCIÓN SOLAR ALCANZARÁ MAÑANA LA TIERRA

Una masiva e inesperada erupción llegará mañana a nuestro planeta. El fin de semana pasado el SDO registró una fuerte explosión solar que los expertos tratan de predecir cuales serán sus efectos sobre el campo magnético terrestre, así como los satélites y sistemas de comunicación.

Parece que esta erupción es una señal de que el Sol está despertando después de un largo sueño. “Esta erupción viene directamente hacia nosotros y se espera que llegue temprano el 4 de agosto”, ha asegurado el astrónomo Leon Golub del CfA. “Es la primera mayor erupción dirigida hacia la Tierra en bastante tiempo”, ha afirmado.

La erupción, denominada ‘eyección de masa coronal’ –una onda hecha de radiación y viento solar que se desprende del Sol–, fue captada por el Observatorio Solar Dynamics (SDO) de la NASA, una sonda lanzada en febrero que ofrece unas vistas del Sol de una calidad mejor que la alta definición a una variedad de longitudes de onda. “Vistas aún más hermosas están aún por llegar si se provoca la Aurora”, ha indicado Golub.

   Los científicos explican que cuando una eyección de masa coronal alcanza la Tierra, interactúa con el campo magnético del planeta, y puede llegar a provocar una tormenta geomagnética. Las partículas solares se precipitan hacia los polos y colisionan con los átomos de nitrógeno y oxígeno de la atmósfera, los cuales comienzan a brillar como señales de neón en miniatura.

   Las Auroras normalmente son visibles a altas latitudes. No obstante, durante una tormenta geomagnética, la Aurora puede iluminar el cielo también a bajas latitudes. Así, los astrónomos aconsejan a los observadores del cielo en el norte de los EEUU y otros países mirar hacia el norte para ver estos “telones” de luces verdes y rojas.

   El Sol tiene una actividad regular y cada 11 años de media se produce un periodo de Actividad Máxima. El último máximo solar ocurrió en 2001 y el último mínimo fue particularmente débil y duradero. Esta erupción es una de los primeras señales de que el Sol está despertando y apuntando a alcanzar otro máximo, según apuntan los expertos.

Fuente: EuropaPress

LA NASA YA ALERTA SOBRE TORMENTA SOLAR “CATASTRÓFICA” PARA EL 2013

“La Tierra y el espacio están a punto de entrar en contacto de una forma que es nueva en la historia de la Humanidad”, alertaron científicos de la NASA, por lo que realizaron una reunión para prever los pasos a seguir.

Durante el lanzamiento del Observatorio de Dinámica Solar de la NASA en febrero pasado, investigadores del Rutherford Appleton Laboratory, de Oxfordshire (Inglaterra) habían alertado sobre los efectos de los vientos solares durante los Juegos Olímpicos en 2012. Expertos de la NASA volvieron a advertir del peligro que puede suponer para la Tierra la explosión de una única y gran tormenta espacial, generada a más de 150 millones de kilómetros de distancia, sobre la superficie del Sol, publicó el diario español ABC.

“Una actividad solar en extremo intensa -en los próximos años se esperan niveles cada vez mayores- causaría un desastre sin precedentes. Nuestros sistemas energéticos y de comunicaciones quedarían gravemente dañados por el alcance del plasma solar y nuestro cómodo sistema de vida occidental, que descansa más que nunca sobre la tecnología, se vendría abajo como un castillo de naipes”, publicó el portal del diario.
Lanzan nuevo satélite para estudiar al Sol

El satélite Picard, dedicado a estudiar los cambios en la Tierra provocados por el Sol y la influencia del astro en las variaciones climáticas, fue lanzado este martes al espacio a las 14:42 horas desde la base espacial rusa de Yasny, informó en Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia (CNES).

El Picard se envió al espacio en un cohete ruso-ucraniano Dnepr, junto con los satélites MANGO y TANGO de la misión científica franco-sueca PRISMA, concebida para estudiar los vuelos en formación de satélites, entre otras.

El Picard medirá la velocidad de rotación del Sol, la intensidad de sus rayos, la presencia de manchas en su superficie, su forma y diámetro para analizar la relación entre esos parámetros y prever tormentas del astro.

Eso servirá para valorar la influencia que puede tener el astro en la evolución de las temperaturas terrestres y su contribución al fenómeno del cambio climático, explicó el CNES. El satélite servirá para “reconstruir” la historia climática del Sol y arrojar así luz sobre observaciones pasadas acerca de su diámetro que se hicieron en el siglo XVII.

Fue entonces cuando se produjo una disminución de su temperatura media, el fenómeno conocido como “el mínimo de Maunder” (1645-1715) y los expertos buscan hallar la confirmación de que ese suceso en el Sol causó un enfriamiento en la Tierra.

De esa época sólo se tienen datos de medición del diámetro solar hechos por el astrónomo francés Jean Picard y ahora se pretende demostrar que hubo una relación entre aquellos y la actividad del Sol.

Fuente: Mundo de Hoy.com  Esencia21

UNA ENORME ERUPCIÓN SOLAR PODRÍA REBASAR EL ESCUDO MAGNÉTICO DE LA TIERRA

Recrean el recorrido de una enorme erupción solar hasta la Tierra

Expertos internacionales en materia solar y espacial han recreado la imagen más completa hasta la fecha del recorrido que tendría una enorme erupción solar en su camino hacia la Tierra. Ha sido publicada por el responsable del proyecto de la Universidad de Aberystwyth, Mario Bisi, en Glasgow (Reino Unido) durante el National Astronomical Meeting.

   En concreto, este tipo de erupciones son conocidas como ‘eyecciones de material coronal’ (CMEs, por sus siglas en inglés), chorros gigantes procedentes de la superficie de la atmósfera solar que son ‘escupidos’ hacia el espacio. En muchas ocasiones son mayores que la propia Tierra y generalmente contienen cerca de miles de millones de toneladas de materia.

   Además, estas erupciones viajan a grandes velocidades por el espacio, entre los 200 y los 2.000 kilómetros por segundo, y pueden impactar sobre cometas, asteroides y planetas, incluida la Tierra. No obstante, la Tierra está protegida de estas ‘tormentas solares’ por sus campos magnéticos.

   Sin embargo, estos científicos han probado que los campos magnéticos que contienen los CMEs pueden romper esta ‘barrera terrestre’ generando que muchas partículas se disparen hasta las regiones polares. De igual forma, podrían afectar a las auroras boreales.

   También, pueden interferir en los sistemas de comunicación terrestres, pérdidas de potencia, dañar a los satélites de observación terrestre, así como suponer un daño perjudicial para los astronautas que se encuentran en órbita realizando un paseo espacial.

   Para la recreación estudiaron con profundidad una erupción ocurrida en mayo de 2005 (en la imagen) y que estuvo disparada en dirección a la Tierra. Al tiempo que se acercaba hacia la Tierra, interactuó con las fuertes rachas de viento solar, que frenaron su llegada a la Tierra.

   La masa despedida en el evento no fue diferente de la de otras erupciones solares pero su campo magnético fue muy intenso, y con ello, este evento provocó la mayor tormenta geomagnetica registrada en 2005.

EuropaPress

LA TORMENTA PERFECTA PROVOCARÁ UNA CATÁSTROFE PLANETARIA

Si tuviéramos una tormenta solar tan fuerte como una de las mayores registradas en los dos últimos siglos, nuestro mundo dependiente en de la electrónica estaría en serios problemas.

Sin electricidad, sin agua corriente y sin servicio telefónico en  millones de hogares. Este escenario podría volverse real si se desencadenase hoy una tormenta solar tan intensa como las que se han presentado durante la historia de nuestro planeta. En una reciente simulación de esta tormenta se revelaron las importantes consecuencias que sufriríamos.

Las tormentas solares tienen lugar cuando se produce un estallido en la superficie del sol y la radiación o las partículas eléctricamente cargadas se dirigen hacia la Tierra. Las tormentas menores, más frecuentes, pueden provocar algunas interferencias de radio y crear las auroras boreales, un espectáculo impresionante de luces. Pero cada unas pocas décadas podemos ver una enorme tormenta solar que libere la energía de 1000 millones de bombas de hidrógeno.

Acontecimientos de tal magnitud sucedieron en 1921 y 1859, antes de que el mundo se volviera dependiente de los satélites que los dispositivos electrónicos de nuestra vida cotidiana. En un reciente ejercicio que tuvo lugar en Boulder, Colorado, se simuló el peor de los escenarios posibles basándonos en una tormenta de esa magnitud. La simulación implicó tanto a expertos de “tiempo espacial” convoque a dirigentes de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA).

Durante la simulación, la tormenta solar inicialmente dejó fuera de combate en la mayoría de los satélites comerciales que trasmiten todo desde conversaciones telefónicas hasta televisión, sin mencionar a las transacciones con tarjeta de crédito. El día siguiente, la tormenta creó fuertes corrientes eléctricas en las líneas de distribución eléctrica que destruyeron la mayoría de los transformadores del mundo, y cortaron el suministro eléctrico en gran parte de los lugares de latitud norte.

Los expertos afirman que tanto individuos, como familias deberían prepararse sencillamente para esta eventualidad como cualquier otro desastre natural teniendo una reserva de suministros de emergencia preparada. El desastre alcanzaría para escalar que sólo ha sido un atisbaban tunante los mayores apagones.

No tenemos una buena defensa contra esto. Todos lo que los científicos pueden hacer es esperar a constituir un mejor sistema de alerta temprana realizando un exhaustivo seguimiento de la actividad solar mediante los nuevos observatorios solares.

Odisea Cósmica

UNA TORMENTA SOLAR PODRÍA COLAPSAR LA RED ELÉCTRICA EN EL 2013

Ya hemos informado antes aquí (2012: Odisea en el sol)  y(El día en que estalló el Sol) sobre los inquietantes informes que avisaban sobre una fuerte tormenta solar que acaecería en el ya mentadísimo 2012 y que afectaría sobremanera a las redes eléctricas, los sistemas de GPS y los sistemas de comunicaciones durante meses, provocando una especie de apocalipsis eléctrico muy adecuado al parecer para esa funesta fecha.

Las tormentas solares afectan al campo magnético de la tierra, y pueden causar interrupciones en los sistemas eléctricos y satélites.  De hecho una gran tormenta geomagnética en marzo de 1989 fue la responsable del colapso eléctrico en el noreste de Canadá, dejando a millones de personas sin energía eléctrica por más de nueve horas.

Pero lo que no está claro aún es la magnitud de la próxima tormenta solar. Hace varios años, la NASA pronosticó que precisamente en el 2012 sería el punto más activo del ciclo solar actual, pero la agencia espacial estadounidense ha corregido esa predicción a finales del mes de mayo y ahora afirma que el mayor pico de actividad de manchas solares ocurrirá en mayo de 2013, aunque se esperan futuras revisiones.

Más información:

http://www.cio.com/
www.swpc.noaa.gov

2012, ODISEA EN EL SOL

tormenta-solarUn reciente informe realizado para la NASA y la ESA anuncia para el 2012 la tormenta solar más potente de los últimos cincuenta años. Según ha pronosticado el equipo dirigido por Mausumi Dikpati, del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas (NCAR por sus siglas en inglés), “el siguiente ciclo solar será de un 30 a un 50% más intenso que el anterior”.

La actividad solar sufre altibajos periódicos, y en los últimos dos años ha vivido el período de más baja actividad que se recuerda. Pero, en el caso del Sol, después de la calma viene la tormenta. Según han comprobado los astrónomos, con una frecuencia cada vez mayor están apareciendo pequeñas manchas solares que anuncian el comienzo del próximo ciclo solar, que se estima tendrá su máximo entre 2012 y 2013.

En el siglo XVIII, el astrónomo suizo Rudolf Wolf desarrolló un método para contar las manchas solares que aún sigue vigente hoy día. Wolf estudió los ciclos solares en períodos de once años, y denominó “ciclo 1” al primero que analizó (1755-1766). Desde entonces, los siguientes se numeraron consecutivamente. El próximo, que tendrá su máximo solar en 2012 ó 2013, será el ciclo 24.

Si las predicciones de Dikpati son correctas, en los próximos años se producirá un estallido de actividad solar apenas menor que el del histórico máximo solar de 1958. Durante aquel año se llegaron a ver auroras boreales en México, pero no tuvo mayores consecuencias. Sin embargo, ahora los investigadores dan por hecho que un máximo solar de intensidad similar a aquel podría perjudicar muy seriamente a los satélites, las redes eléctricas, las redes de telefonía móvil, los sistemas GPS y otras tecnologías modernas.

Recogido de Muy Interesante