CINCO RAZONES POR LAS QUE NUESTRO UNIVERSO PUEDE SER UNA REALIDAD VIRTUAL

rv1El portal científico Gizmodo sugiere cinco razones por las que nuestro universo puede ser una realidad virtual creada por el mundo cuántico, que es el mundo real, a diferencia del mundo físico.

El realismo físico asegura que el mundo físico que vemos es real y existe por sí solo. No obstante, el realismo físico lleva mucho tiempo luchando contra las paradojas con los hechos de la física. El realismo cuántico sostiene la visión opuesta, según la que el mundo cuántico es real y crea el mundo físico como realidad virtual.

El realismo cuántico no es ‘Matrix’, donde el otro mundo que creaba el nuestro también era físico. En el realismo físico, el mundo cuántico es imposible, pero en el realismo cuántico el mundo físico es imposible a menos de que se trate de una realidad virtual, como lo demuestran los siguientes ejemplos, publicados por el portal ‘Gizmodo’.

1. Entrelazamiento cuántico
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Realismo físico: Si un átomo de cesio emite dos fotones, la teoría cuántica los entrelaza de tal manera que uno gira hacia arriba y otro hacia abajo. Pero si uno gira aleatoriamente hacia arriba, ¿cómo sabe el otro en qué dirección girar, a cualquier distancia? Einstein descubrió que la medida del giro de un fotón define instantáneamente el giro del otro en cualquier lugar del universo. Resulta que en lugar de enviar un fotón hacia arriba y otro hacia abajo, la naturaleza les deja girar en cualquier dirección de forma aleatoria. Pero cuando medimos  la dirección de uno, el otro de forma instantánea va en dirección contraria a pesar de que es físicamente imposible.

Realismo cuántico: Dos fotones se entrelazan cuando sus programas se unen para dirigir conjuntamente dos puntos. Si un programa es de giro hacia arriba y el otro de giro hacia abajo, su unión dirige ambos píxeles independientemente de donde estén. Un acontecimiento físico en cada píxel reinicia uno de los programas de forma aleatoria, dejando el giro opuesto restante a dirigir el otro píxel. En este caso la distancia no es importante, incluso para una pantalla tan grande como nuestro universo, ya que el procesador no tiene que ‘ir hacia’ el píxel para cambiarlo.

2. Energía oscura y materia oscura  
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Realismo físico: La física actual describe la materia que vemos, pero el universo también tiene una cantidad cinco veces mayor de materia oscura. Esta materia puede detectarse como un halo alrededor del agujero negro en el centro de nuestra galaxia. Ninguna partícula conocida puede explicar la materia oscura. Los científicos tampoco pueden explicar la energía oscura, a la que corresponde el 70% del universo y que es un tipo de gravedad negativa que aumenta la expansión del universo. No ha cambiado mucho a lo largo del tiempo, pero algo flotante en un espacio que se expande debería debilitarse poco a poco. Si fuera una propiedad del espacio, debería crecer a medida que crece el espacio. Actualmente, nadie sabe qué es exactamente.

Realismo cuántico: Si el espacio vacío está ejecutando un programa nulo, entonces no es la nada, y si se está expandiendo, un espacio nuevo se añade constantemente. Nuevos puntos de procesamiento, por definición, reciben, pero no emiten nada en su primer ciclo. De esta manera, absorben, pero no producen, igual que el efecto negativo que podemos llamar energía oscura. Si el nuevo espacio se añade a un ritmo constante, el efecto no cambiará mucho durante el tiempo, por lo cual la energía oscura se produce debido a la creación del espacio constante. El modelo también atribuye la materia oscura a la luz en la órbita alrededor del agujero negro. Es un halo porque la luz que se sitúa demasiado cerca del agujero negro, es atraído hacia este, y la luz demasiado lejos del agujero puede escapar de la órbita. El realismo cuántico espera que ninguna partícula jamás pueda explicar la energía y la materia oscura.

3.Nuestro espacio se curva
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Realismo físico: Según la teoría de relatividad de Einstein, el sol mantiene la Tierra en su órbita curvando el espacio a su alrededor, pero ¿cómo puede el espacio curvarse? El espacio por definición es aquello donde ocurre el movimiento. Por lo tanto, para que el espacio se encorve, tiene que existir dentro de otro espacio y así sucesivamente. Si la material existe en un espacio de nada, es imposible que esta nada se curve.

Realismo cuántico: Un ordenador ‘parado’ no está realmente parado, sino ejecutando un programa nulo, y a nuestro espacio podría ocurrirle lo mismo. Según el efecto Casimir, el vacío del espacio ejerce una presión sobre los platos planos para que se acerquen. La física actual asegura que las partículas virtuales que lo causan surgen de la nada, pero en el realismo cuántico el espacio vacío está lleno de procesamientos que tendrían el mismo efecto.

4. Nuestro tiempo es maleable
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Realismo físico: En la paradoja de los gemelos de Einstein se toma como protagonistas a dos gemelos. El primero de ellos hace un viaje a una estrella en una nave espacial a velocidades cercanas a la velocidad de la luz, mientras que el otro se queda en la Tierra. A la vuelta, el gemelo viajero es más joven que el gemelo terrestre, lo que ocurre porque el tiempo propio del gemelo de la nave espacial va más lento. Pero, ¿cómo puede el tiempo, el árbitro de todos los cambios, someterse, a su vez, a cambios?

Realismo cuántico: Una realidad virtual sería controlada por el tiempo virtual, donde cada ciclo de procesamiento es un ‘tick’. Al igual que en un videojuego que se ralentiza cuando el ordenador está ocupado, el tiempo en nuestro mundo se ralentiza cerca de cuerpos masivos, lo cual sugiere que es virtual. Por lo tanto, el gemelo del cohete no envejeció porque eran todos los ciclos de procesamiento que el sistema ocupado moviéndolo podía permitirse, y lo que cambió fue su tiempo virtual.

5. Nuestro universo tiene una velocidad máxima
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Realismo físico: Einstein dedujo que nada puede superar la velocidad de la luz. No obstante, la luz se ralentiza en agua o en cristal. Entonces, ¿qué pasa cuando la luz se mueve en el espacio? No existe ninguna base física para que la luz se mueva en el espacio vacío, ni mucho menos para establecer la velocidad máxima posible.

Realismo cuántico: Si el mundo físico es una realidad virtual, es el producto de procesamiento de información. La información se define como una elección de un conjunto finito, por lo cual el procesamiento que la cambia también tiene que ser finito. De hecho, nuestro mundo se renueva a una velocidad finita. Un procesador muy potente puede renovarse 10 cuatrillones de veces por segundo y nuestro universo se renueva billones de veces más rápido, siguiendo el mismo principio. En este escenario, la velocidad de la luz es la más rápida porque la red no puede transmitir nada más rápido que un píxel por ciclo o unos 300.000 kilómetros por segundo.

RTNews

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EL HOLÓMETRO OTRA VEZ

fotonoticia_20140826171533_644¿Es el Universo un holograma 2D, como una pantalla de TV?

Experimento único en el Fermilab

Un experimento sin precedentes del Fermilab (EE.UU), denominado el holómetro, recoge datos para responder a preguntas alucinantes sobre nuestro universo, incluyendo si vivimos en un holograma.
Al igual que los personajes de un programa de televisión no sabrían que su aparente mundo en 3-D sólo existe realmente en una pantalla de 2-D, podríamos tener la idea de que nuestro espacio 3-D es sólo una ilusión. La información sobre todo lo relacionado en nuestro universo en realidad podría ser codificada en paquetes pequeños en dos dimensiones.
Acercándose lo suficiente a la pantalla del televisor se ven píxeles, pequeños puntos de datos que conforman una imagen perfecta a cierta distancia. Los científicos piensan que la información del universo puede estar contenida en la misma forma y que el “tamaño del píxel” natural del espacio es más o menos 10 billones de billones de veces más pequeño que un átomo, una distancia a la que los físicos se refieren como la escala de Planck.
“Queremos saber si el espacio-tiempo es un sistema cuántico al igual que lo es la materia” dijo Craig Hogan, director del Centro de Astrofísica de Partículas del Fermilab y promotor de la teoría del ruido holográfico. “Si vemos algo, van a cambiar por completo las ideas sobre el espacio que hemos utilizado durante miles de años.”
La teoría cuántica sugiere que es imposible conocer tanto la ubicación exacta y la velocidad exacta de las partículas subatómicas. Si el espacio viene en trozos 2-D con información limitada acerca de la ubicación precisa de los objetos, a continuación, el espacio mismo caería bajo la misma teoría de la incertidumbre. De la misma manera que la materia se agita (como ondas cuánticas), incluso cuando se enfría hasta el cero absoluto, este espacio digitalizado debería haber incorporado vibraciones incluso en su estado de energía más bajo.
Esencialmente, el experimento estudia los límites de la capacidad del universo para almacenar información. Si hay un número determinado de bits que indican dónde está algo, con el tiempo se convierte en imposible encontrar información más específica acerca de la ubicación – ni siquiera en principio. El instrumento de evaluación de estos límites es el holómetro del Fermilab, o interferómetro holográfico, el dispositivo más sensible jamás creado para medir la fluctuación cuántica del espacio mismo.

RUIDO HOLOGRÁFICO

140909081116738   Ya funcionando a plena potencia, la holómetro utiliza un par de interferómetros colocados cerca uno del otro. Cada uno envía un haz de láser de un kilovatio (el equivalente de 200.000 punteros láser) en un divisor de haz y baja por dos brazos perpendiculares de 40 metros. La luz se refleja entonces de nuevo al divisor de haz, donde los dos haces se recombinan, creando fluctuaciones en el brillo si hay movimiento. Los investigadores analizan estas fluctuaciones en la luz de retorno para ver si el divisor de haz se está moviendo en una cierta manera , siendo llevado a lo largo de una fluctuación de espacio mismo.
Se espera que el “ruido holográfico” esté presente en todas las frecuencias, pero el desafío de los científicos es no dejarse engañar por otras fuentes de vibraciones. El holómetro está probando una frecuencia tan alta – millones de ciclos por segundo – que no es probable que movimientos de la materia normal causen problemas. Más bien, el ruido de fondo dominante es más a menudo debido a las ondas de radio emitidas por aparatos electrónicos cercanos. El experimento holómetro está diseñado para identificar y eliminar el ruido de esas fuentes convencionales.
“Si encontramos un ruido de que no podemos deshacernos, podríamos detectar algo fundamental acerca de la naturaleza – un ruido que es intrínseco al espacio-tiempo”, dijo el físico del Fermilab Aaron Chou, científico principal y director del proyecto para el holómetro. “Es un momento emocionante para la Física. Un resultado positivo abriría una nueva vía de cuestionamiento acerca de cómo funciona el espacio”.

EuropaPress

PALABRAS: OTRA MIRADA DEL MUNDO

Consideradas conjuntamente, las teorías de Bohm y Pribram proporcionan una forma nueva y profunda de ver el mundo: nuestros cerebros construyen matemáticamente la realidad objetiva interpretando frecuencias que son, en última instancia, proyecciones de otra dimensión, de un orden más profundo de la existencia que está más allá del tiempo y del espacio. El cerebro es un holograma envuelto en un universo holográfico.

MICHAEL TALBOT,    El Universo Holográfico

“HOLÓMETRO” PARA PROBAR LA HIPÓTESIS DEL UNIVERSO HOLOGRÁFICO

El físico Craig Hogan construye un aparato capaz de medir la resolución del tiempo-espacio para así determinar si estamos viviendo dentro de una proyección holográfica.

El físico del laboratorio Fermi, Craig Hogan, tiene la teoría de que el universo en el que vivimos es un holograma y para probar su hipótesis ha construido un holómetro. Estudiando la física de los agujeros negros, donde toda la materia se comprime en una superficie, Hogan cree que la terecera dimensión podría no existir. Lo que percibimos como una terecera dimensión podría ser solamente la proyección del tiempo entrelazado con la distancia. El resultado, tal vez, de percibir el mundo desde el interior de un agujero negro. Sin embargo, esta ilusión sólo podría mantenerse hasta el punto en el que se desarrolle tecnología para sondear los límites del universo.

“No lo puedes percibir porque nada viaja más rápido que la velocidad de la luz. Esta visión holográfica es como el universo se vería si estuvieras sentado en un fotón”, dice Hogan sobre la naturaleza holográfica del universo.

Las bases evidenciales de esta teoría llegaron a través del detector GEO600, en Hannover Alemania, el cual había estado buscando ondas gravitacionales producidas por objetos astronómicos superdensos como estrellas de neutrones y agujeros negros, al tiempo que se topó con un misterioso ruido. Un ruido que Hogan había predicho: el limite fundamental del tiempo espacio, el punto en el que el tiempo espacio deja de comportarse como el continuum suave y fluido descrito por Einstein y en cambio se disuelve en granos, de la misma forma que una fotografía se disuelve en puntos si se hace un zoom profundo. Es decir, el universo, al límite, se pixelea.

Ahora Hogan está construyendo un interferómetro holográfico, u holómetro. El primer holómetro construido en el siglo XVII, fue descrito como “un instrumento para tomar todo tipo de medidas, tanto en la tierra como en el cielo”.

Básicamente el holómetro de Hogan está diseñado para medir de manera altamente sensible la textura del tiempo espacio y distinguir si el ruido o distorsión que se encuentra, por ejemplo, cuando dos ondas de luz pierden sus sincronía, es causado por el instrumento con el que se mide o es una propiedad del tiempo espacio. Algo similar al “glitch” en la Matrix. Una especie de distorsión que revelaría que nuestro mundo tridimensional es una proyección.  El holómetro utiliza un instrumento para detectar vibraciones y canecelarlas al hacer vibrar el objeto donde se observan a la misma velocidad.  Si permanece una vibración a alta frecuencia, esto significaría evidencia de la naturaleza difusa del tiempo espacio. Algo que se asemeja al momento en el que el personaje de Jim Carrey en The Truman Show se da cuenta de que el cielo, el mar y todo lo que lo rodea es parte de un inmenso set cinematográfico. Pero en el caso de nuestro universo, una de las propiedades fundamentales de esta ilusión es que, al ser holográfica, cada parte contiene de forma fractal a la totalidad, de tal forma que toda la película está en cada fotograma.

Vía Symmetry Magazine

PijamaSurf

EL UNIVERSO HOLOGRÁFICO: ¿EXISTE LA REALIDAD OBJETIVA?

La naturaleza del holograma, del “todo en cada parte”, nos proporciona una manera completamente nueva de entender la organización y el orden

En 1982 tuvo lugar un acontecimiento notable. En la Universidad de París, un equipo de investigación dirigido por el físico Alain Aspect realizó el que podría ser uno de los experimentos más importantes del siglo XX. Ustedes no oyeron hablar de ello en las noticias. De hecho, a menos que tengan la costumbre de leer prensa científica probablemente no habrán oído mencionar a Aspect, pese a que muchos creen que su descubrimiento podría cambiar la faz de la ciencia.

Aspect y su equipo descubrieron que, bajo ciertas circunstancias, partículas subatómicas como los electrones son capaces de comunicarse instantáneamente entre sí independientemente de la distancia que las separe. No importa si se están separados 10 pies o 10 mil millones de millas.
De alguna manera, una partícula parece saber siempre lo que está haciendo la otra. El problema que hay con este hecho, es que viola el principio de Einstein, tanto tiempo mantenido, de que ninguna comunicación puede viajar más rápido que la velocidad de la luz. Como viajar más deprisa que la velocidad de la luz equivale a romper la barrera del tiempo, tan intimidante panorama ha originado que, algunos físicos, intenten salirle al paso con elaboradas maneras de explicar algunos de los hallazgos de Aspect. Pero ha inspirado a otros a ofrecer explicaciones aún más radicales.

El físico de la Universidad de Londres David Bohm, por ejemplo, cree que los hallazgos de Aspect implican que la realidad objetiva no existe y que, a pesar de su aparente solidez, el universo es un fantasma de corazón, un holograma gigante espléndidamente detallado.

Para comprender por qué Bohm hace tan sorprendente aseveración, primero hay que saber un poco de hologramas. Un holograma es una fotografía tridimensional hecha con la ayuda de un láser.

Para hacer un holograma, el objeto a fotografiar primero es bañado por la luz de un haz láser. Después, se hace rebotar un segundo haz láser reflejando la luz del primero y el patrón de interferencia resultante (la zona en la que confluyen ambos haces láser) es captado sobre una película.

Cuando se revela la película, parece una maraña de luz y líneas oscuras desprovista de significado. Pero tan pronto como se ilumina la película revelada mediante otro haz láser, aparece una imagen tridimensional del objeto original.

La tridimensionalidad de tales imágenes no es la única característica notable de los hologramas. Si se corta por la mitad el holograma de una rosa y después se lo ilumina con un láser, se observa que cada una de las mitades sigue conteniendo la imagen entera de la rosa.

Además se observa que, aunque se vuelvan a dividir esas mitades, cada fragmento de la película siempre contendrá una versión más pequeña pero intacta de la imagen original. A diferencia de las fotografías convencionales, cada parte de un holograma contiene toda la información que posee el todo.
Esa naturaleza del “todo en cada parte” del holograma nos proporciona una manera completamente nueva de entender la organización y el orden. Durante la mayor parte de su historia, la ciencia occidental ha trabajado bajo el condicionamiento de que la mejor manera de entender un fenómeno físico, ya se trate de un átomo o de una rana, es diseccionarlo y estudiar sus partes respectivas.

El holograma nos enseña que algunas cosas del universo, posiblemente no permiten ese enfoque. Si intentamos dividir algo construido holográficamente, no obtendremos las piezas de las que se compone, sólo obtendremos “todos” más pequeños.
Este convencimiento indicó a Bohm otra manera de entender el descubrimiento de Aspect. Bohm cree que la razón por las que las partículas subatómicas son capaces de permanecer interconectadas, independientemente de la distancia que las separe, no se debe a que se emita y reciba alguna clase de misteriosa señal, sino a que su separación es una ilusión. Alega que, en algún nivel más profundo de la realidad, tales partículas no son entidades individuales, sino que en realidad son extensiones del mismo “algo” fundamental.

Para permitir que se visualice mejor lo que quiere decir, Bohm brinda la siguiente explicación:

Imagínense un acuario que contuviese un pez. Imaginen que, además, son incapaces de ver el acuario directamente, por lo que su conocimiento acerca de él proviene de dos cámaras de televisión, una situada de frente al acuario y la otra tomándolo de costado.

Como atienden a dos pantallas de televisión, podrían asumir que los peces que ven en cada pantalla son dos entidades separadas. Después de todo, como las cámaras están colocadas en ángulos diferentes, cada una de las imágenes será ligeramente diferente. Pero si siguen observando los dos peces, terminarán por darse cuenta de que hay cierta relación entre ambos.

Cuando uno se da vuelta, el otro a su vez también hace algo levemente distinto, pero que se corresponde; cuando uno mira de frente, el otro siempre mira de costado. Aunque no se perciba todo el panorama de la situación, se podría llegar a concluir que los peces deben estar comunicándose instantáneamente, pero está claro que no es el caso.

Según Bohm, esto es precisamente lo que pasa entre las partículas subatómicas del experimento de Aspect. Lo que nos está señalando la conexión entre partículas subatómicas, aparentemente más rápida que la velocidad de la luz, es que hay un nivel de realidad más profundo del que no estamos exentos, una dimensión más compleja que la nuestra, análoga al acuario. Además, consideramos separados a objetos como las partículas subatómicas porque sólo estamos observando una porción de su realidad.

Estas partículas no son “partes” separadas sino facetas de una unidad más profunda y fundamental que, en última instancia, es tan holográfica e indivisible como la rosa antes mencionada. Además, dado que todo lo que hay en la realidad física está compuesto por estos “espectros”, el propio universo en sí mismo es una proyección, un holograma.

Además de esa naturaleza espectral, un universo como ese poseería otros rasgos más que perturbadores. Que la aparente separación entre las partículas subatómicas sea ilusoria supone que, en un nivel más profundo de la realidad, todas las cosas que hay en el universo están infinitamente interconectadas.

Los electrones de un átomo de carbono de cualquier cerebro humano están conectados con las partículas subatómicas que componen cada salmón que nada, cada corazón que late y cada estrella que centellea en el cielo.

Todo lo interpenetra todo y, pese a que la naturaleza humana pueda pretender categorizar, caracterizar y subdividir los diversos fenómenos del universo, todas las clasificaciones son necesariamente artificiales porque, al final, lo único que existe en la naturaleza es una red sin fisuras.

En un universo holográfico ni siquiera el tiempo o el espacio pueden seguir siendo considerados como algo básico. En un universo en el que, en realidad, nada está separado de ninguna otra cosa, conceptos tales como la localización se quiebran; el tiempo y el espacio tridimensional, al igual que las imágenes del pez en las pantallas de TV, también deberían ser considerados proyecciones de un orden más profundo.

En su nivel más profundo, la realidad es una especie de súper holograma en el que tanto pasado como presente y futuro coexisten simultáneamente. Esto sugiere que, contando con las herramientas adecuadas, debería ser posible incluso que algún día se accediese a un nivel súper holográfico de la realidad del que se obtuviesen escenas de un pasado remoto.

La pregunta de qué más contiene el súper holograma tiene un final abierto. Admitido en interés del argumento que el súper holograma sea la matriz de la que ha surgido todo lo que existe en nuestro universo, y que, por lo menos, contendrá a todas las partículas subatómicas que hayan existido o existirán, contendrá todas las configuraciones posibles de materia y energía, desde los copos de nieve a los quásares, desde las ballenas azules a los rayos gamma. Debe ser considerado como una especie de almacén cósmico de “Todo Lo Que Es”.

Pese a que Bohm concede que no tenemos manera de saber qué más pueda yacer oculto en el súper holograma, se aventura a decir que no tenemos razón alguna para asumir que no contenga todavía más. O, como propone, quizás el nivel súper holográfico de la realidad sea una “mera fase” más allá de la cual subyacería “una infinidad de desarrollo ulterior”.

Bohm no fue el único investigador que encontró evidencia de que el universo es un holograma. Trabajando de manera independiente en el campo de la investigación cerebral, el neurofisiólogo de Stanford Karl Pribram también está convencido de la naturaleza holográfica de la realidad.

Pribram fue atraído al modelo holográfico por el enigma de cómo y dónde se almacenan los recuerdos en el cerebro. Durante décadas, numerosos estudios han venido demostrando que los recuerdos, más que estar confinados en una localización específica, se encuentran dispersos por todo el cerebro.

En una serie de experimentos realizados en los años 20 del siglo XX que marcaron hitos en esta investigación, el científico del cerebro Karl Lashley descubrió que, independientemente de qué parte del cerebro de una rata extirpase, le era imposible impedir que ésta recordase cómo realizar tareas complejas que había aprendido con anterioridad a la cirugía. El único problema era que nadie podía presentar un mecanismo capaz de explicar esta curiosa naturaleza del almacenamiento de memoria del “todo en cada parte”.

Ya en los 60, Pribram descubrió la holografía y se dio cuenta de que había encontrado la explicación que los científicos del cerebro habían estado buscando. Pribram cree que los recuerdos no están codificados en las neuronas ni en pequeñas agrupaciones de éstas, sino en patrones de impulsos nerviosos que van entrecruzándose por todo el cerebro de la misma manera que la interferencia de los patrones de luz láser van entrecruzándose por toda la superficie de un fotograma que contenga una imagen holográfica. En otras palabras, Pribram cree que el propio cerebro es un holograma.

La teoría de Pribram también explica que el cerebro humano pueda almacenar tantos recuerdos en tan poco espacio. Se estima que el cerebro humano tiene la capacidad de memorizar del orden de 10 mil millones de bits de información durante una vida humana promedio (lo que equivale a la cantidad de información contenida en cinco colecciones completas de la Enciclopedia Británica).

En la misma línea se ha descubierto que, aparte de sus restantes propiedades, los hologramas poseen una asombrosa capacidad para almacenar información; simplemente con cambiar el ángulo con el que chocan dos láseres en un fotograma de película fotográfica, es posible grabar muchas imágenes diferentes sobre la misma superficie. Está demostrado que un centímetro cúbico de película puede contener aproximadamente 10 mil millones de bits de información.

Nuestra habilidad prodigiosa para recuperar con rapidez cualquier información que nos haga falta del gigantesco almacén de nuestros recuerdos sería más comprensible si el cerebro funcionase según principios holográficos. Si un amigo te pide que le digas lo que te venga a la mente cuando dice la palabra “cebra”, no necesitas transitar por intrincados atajos para recorrer algún tipo de gigantesco archivo alfabético cerebral a fin de llegar a una conclusión. En lugar de esto, saltan a tu mente de manera instantánea asociaciones como “rayas”, “equino” o “animal nativo de África”.

Verdaderamente una de las cosas más asombrosas relativas al proceso del pensamiento humano es que cada fragmento de información parece establecer de manera instantánea una correlación con algún otro (es decir, con todos los demás fragmentos de información), en lo que constituye otro rasgo intrínseco del holograma. Esto se debe a que cada parte de un holograma está infinitamente interconectada con cualquier otra parte del mismo, en lo que quizás sea el ejemplo supremo de la naturaleza de un sistema correlativo.

El almacenamiento de memoria no es el único enigma neurofisiológico que se hace más abordable a la luz del modelo holográfico del cerebro de Pribram. Otro es cómo es capaz el cerebro de traducir la avalancha de frecuencias que recibe a través de los sentidos (frecuencias de luz, de sonido, etc.) en el mundo concreto de nuestras percepciones. Precisamente lo que mejor hace un holograma es codificar y decodificar frecuencias. De la misma manera en que el holograma funciona como una especie de lente, un dispositivo de traducción capaz de convertir un borrón de frecuencias, en apariencia carente de significado, en una imagen coherente, Pribram cree que el cerebro también contiene una lente y que utiliza principios holográficos para convertir matemáticamente las frecuencias que recibe a través de los sentidos en el mundo interior de nuestra percepciones.

Un cuerpo de evidencia impresionante respalda el uso por parte del cerebro de principios holográficos para realizar sus operaciones. De hecho, la teoría de Pribram ha ido ganando un apoyo creciente entre los neurofisiólogos.

El investigador ítalo-argentino Humberto Zucarelli extendió recientemente el modelo holográfico al mundo de los fenómenos acústicos. Intrigado por el hecho de que los humanos sean capaces de localizar la fuente de los sonidos sin mover la cabeza, aunque sólo tengan un oído, Zucarelli descubrió que los principios holográficos pueden explicar esta habilidad.

Zucarelli también ha desarrollado la tecnología del sonido holofónico, técnica de grabación capaz de reproducir situaciones acústicas con un realismo sobrecogedor.

La creencia de Pribram de que nuestros cerebros construyen una realidad matemáticamente “sólida” porque confían en los impulsos procedentes de un dominio de frecuencias dado también ha recibido una importante cantidad de apoyo experimental.

Se ha descubierto que cada uno de nuestros sentidos es sensible a un rango de frecuencias mucho más amplio de lo que previamente se sospechaba.

Los investigadores han descubierto, por ejemplo, que nuestros sistemas visuales son sensibles a las frecuencias de sonido, que nuestro sentido del olfato es una parte dependiente de lo que ahora se denominan “frecuencias cósmicas”, y que hasta las células de nuestro cuerpo son sensibles a un amplio rango de frecuencias. Tales hallazgos apuntan a que sólo en el dominio holográfico de la conciencia tales frecuencias son fragmentadas y clasificadas en percepciones convencionales.

Pero el aspecto del modelo holográfico del cerebro de Pribram que más nos hace hervir la mente es lo que sucede cuando se lo conjuga con la teoría de Bohm. Porque si la concreción del mundo no es sino una realidad secundaria y en realidad lo que está “ahí” es un borrón holográfico de frecuencia y, si el cerebro también es un holograma que selecciona y extrae de ese borrón sólo algunas de esas frecuencias, transformándolas matemáticamente en percepciones sensoriales, ¿en qué se convierte la realidad objetiva?

Por decirlo con sencillez, deja de existir, Como han señalado tradicionalmente las religiones orientales, el mundo material es maya, una ilusión y, pese a que podamos pensar que somos seres físicos que se mueven por un mundo físico, esto también es una ilusión.

En realidad somos “receptores” que van flotando por un mar caleidoscópico de frecuencia lo que extraemos de ese mar y transcribimos como una realidad física no es sino un canal más de los muchos extraíbles del super holograma.

Esta nueva y chocante imagen de la realidad, síntesis de las perspectivas de Bohm y Pribram, constituye lo que se ha dado en llamar el paradigma holográfico y, pese a que muchos científicos lo hayan recibido con escepticismo, ha galvanizado a otros. Un grupo pequeño pero creciente de investigadores creen que este modelo de la realidad podría ser más exacto que el que hasta ahora nos ha aportado la ciencia. Es más, algunos creen que podría resolver algunos misterios que nunca antes pudieron ser explicados por la ciencia, instituyendo incluso lo paranormal como parte de la naturaleza.

Numerosos investigadores, incluyendo a Bohm y a Pribram, han reparado en que numerosos fenómenos parapsicológicos resultan mucho menos incomprensibles bajo los términos del paradigma holográfico.

En un universo en el que los cerebros individuales en realidad son partes indivisibles de un holograma superior y en el que todo está infinitamente interconectado, la telepatía consiste sencillamente en acceder a nivel holográfico.

Obviamente así es mucho más fácil entender cómo puede viajar la información desde la mente de un individuo “A” a la de otro individuo “B” que esté en un punto muy distante y ayuda a comprender numerosos enigmas de la psicología pendientes de resolución. En particular, Grof opina que el paradigma holográfico brinda un modelo para entender muchos de los fenómenos más sorprendentes que experimentan los individuos durante los estados alterados de conciencia.

MICHAEL TALBOT

Webislam

EL UNIVERSO PODRÍA SER UN HOLOGRAMA GIGANTE

Nuestro mundo podría ser la proyección holográfica en 3D de fenómenos cuánticos bidimensionales que ocurren en el horizonte cosmológico del universo.

La posibilidad de que la realidad que experimentamos no sea más que un holograma proyectado desde el horizonte del universo podría resultar difícil de aceptar para muchos de nosotros que nos consideramos seres “reales” y que percibimos el mundo como algo tiene existencia autónoma e inmediata. Resulta difícil de creer que hoy desayunaste panqueques de frambuesa debido a algo que sucedió en el horizonte cosmólogico del universo… y, sin embargo, una de las explicaciones más plausibles de la cosmología cuántica actual para resolver el proplema principal de la física, conciliar la teoría de la relatividad con la mecánica cuántica, es,  junto con la teoría de las supercuerdas, la teoría del principio holográfico.

Los hologramas que encontramos en tarjetas de crédito o billetes están contenidos en películas de plástico bidimensional. Cuando luz se refleja en ellos, se recrea la apariencia de una imagen en 3D. Al principio de la década de los 90, Leonard Susskind y el  nobel Gerard Hoof’t propusieron que el mismo principio podría aplicarse a todo el universo. Nuestra experiencia cotidiana  tridimensional en sí misma podría ser una proyección holográfica de algo que está sucediendo en una distante superficie bidimensional.

La idea de Susskind y  Hooft nació del descubrimiento del físico Stephen Hawking de la radiación que lleva su nombre. Hawking mostró que los agujeros negros emiten una radiación lenta que eventualmente hace que desaprezcan. Es decir, emiten información, y sin embargo, la información en el universo no debería de destruirse. Esto es conocido como la “paradoja de la información de los agujeros negros”.

El físico Jacob Bekenstein descubrió que la entropía -lo que es igual al contenido de información- de un agujero negro es proporcional al área de la superficie de su horizonte de sucesos (la frontera del tiempo-espacio de algo que puede afectar nuestro universo).  Se ha demostrado que ondas cuánticas en la superficie del horizonte de sucesos de un agujero negro, que sería como la superficie de un holograma, pueden codificar la información adentro del agujero negro, así que la información no desaparece cuando éste desaparece. Esto muestra que toda la información en 3D de una estrella puede estar codificada en la superficie de un agujero negro subsecuente.
Aún más significativo podría ser lo propuesto por el físico Craig Hogan del Fermilab. En los últimos años el GEO600, un detector de 600 metros en Hannover, Alemania, ha estado buscando ondas gravitacionales producidas por objetos astronómicos  superdensos como estrellas de neutrones y agujeros negros. El GEO600 no ha logrado descubrir estas ondas gravitacionales, pero inadvertidamente podría haber hecho uno de los más importantes decsubrimientos científicos de nuestra época.

Por meses los miembros del equipo del experimento del GEO600 habían estado intentando explicar un misterioso ruido detectado. Esto hasta que llegó Hogan, quien incluso había predicho la existencia de este “ruido”. Según Hogan, el GEO600 se había topado con el limite fundamental del tiempo espacio, el punto en el que el tiempo espacio deja de comportarse como el continuum suave y fluído descrito por Einstein y en cambio se disuelve en granos, de la misma forma que una fotografía se disuelve en puntos si se hace un zoom profundo. Es decir, el universo, al límite, se pixelea.

Estaríamos viendo justamente los puntos, q-bits o píxeles, de la información proyectada que se percibe tridimensionalmente como la realidad tiempo-espacial del mundo. Esto sería la longitud de Planck, la escala mínima de la materia, la cual todavía no ha sido probada (es posible que no haya un fin al tamaño de una partícula, ésta podría ser infinitamente pequeña). La longitud de Planck es igual a 1.6 x 10-35 y está dada por el tiempo que tardaría un fotón en cruzar la distancia de la misma longitud de Planck. Es justamente la entrada al dominio  de los fenómenos cuánticos, donde muchas de las leyes macroscópicas dejan de tener sentido.

“Podríamos tener nuestra primera indicación de cómo el tiempo-espacio emerge de la teoría cuántica”, dice Hogan. Es decir el tiempo espacio, geométricamente equivalente al contenido de información del universo, podría ser la proyección holográfica de q-bits o unidades de Planck.

Una posibilidad de como se realiza esta proyección holográfica a la distancia es que nuestro universo sea no-local o que la emergencia de los estados físicos que experimentamos ocurra através de procesos de entrelzamiento cuántico. Una de las implicaciones no discutidas por los físicos de esta teorías es que de ser verdad esto podría significar que vivimos dentro de un mundo de realidad virtual.

LA TOTALIDAD IMPLICADA Y EL PARADIGMA HOLOGRÁFICO DE DAVID BOHM

Aunque la teoría de David Bohm no tiene que ver precisamente con el principio holográfico expuesto anteriormente, Bohm fue el primero en utilizar la metáfora del holograma para describir la naturaleza del universo e intentar conciliar la realitividad con la mecánica cuántica.  Bohm, quien al final de su vida vio su trabajo como físico reflejado en la filosofía oriental, se basa en el principio de que el universo que percibimos se explica, o se desenvuelve, de una totalidad implicada de infinita energía e infinito potencial.  Bohm concebía la totalidad implicada como un mar de energía inconmensurable, basándose en el cálculo de la energía del punto cero el cual muestra que existe más energía en un centímetro cúbico de espacio ‘vacío’ que en toda la masa del universo. Y que en realidad la materia no es una substancia condensada sino una forma de energía difusa que emerge de este mar de energía.

Bohm intentó mostrar que  la totalidad de la información del universo estaba en cada parte del universo, de la misma forma que una imagen codificada en un holograma se proyecta en su integridad no obstante  que el holograma sea dividido, solo que lo hace en menor definición. Algo similar ha formulado el físico Ervin Lazlo en su teoría del Campo Akashico.

“El Orden Explicado es el más débil de los sistemas de energía, resuena con y es una expresión de un orden de energía infinitamente más poderoso, llamado el Orden Implicado. Es el precursor del Explicado, la visión similar a un sueño o la presentación ideal de lo que se convertirá en un objeto físico. El Orden Implicado implica dentro de sí todos los universos físicos…” (Will Keepin sobre David Bohm).

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EL UNIVERSO COMO CEREBRO, EL HOMBRE COMO REFLEJO

La similitud entre una red de galaxias y una red de neuronas podría ser más que solamente algo formal… es posible que “el cerebro” esté en todas partes y el universo sea en un enorme organismo de transmisión informativa

La correspondencia entre las formas del universo, del macrocosmos y del microcosmos, nos hace pensar en una correspondencia de las funciones. Es decir, a diferentes escalas, tal vez a diferentes níveles evolutivos, todas las cosas parecen operar bajos los mismos principios y manifestar una interconectividad que llena de asombro y “refleja” una enorme belleza en su arquitectura cósmica. Esto fue la inspiración, observar la naturaleza, que llevó a los primeros filósofos (y místicos) a formular teorías con respecto a la armonía universal, a la semejanza de las formas y también a la divinidad (coherencia resonante en cada quantum del universo: el hombre como materialización simbólica de la conciencia cósmica, un ente cuyo cuerpo es información).

Entre los grandes filósofos de la naturaleza y de esta veta particular que hoy en día la física agrupa bajo la teoría holográfica y fractal, está, por antonomasia, el mítico semidios Hermes, a quien las tradiciones místicas le adjudican la fundación de todas las ciencias (incluyendo la escritura) y quien sintetizara toda la ciencia esotérica en su Tabla Esmeralda: “como arriba, es abajo”; Pitágoras, quien construyera una teoría de armonía universal entre las matemáticas, la música y  los astros, cada uno una expresión (a diferente nivel) de un mismo código universal: el mundo según este filósofo griego es una sinfonía entre el Gran Hombre (el universo) y el Pequeño Hombre (el ser humano); Platón, quien viera en el mundo material la expresión o reflejo de un mundo espiritual (ideas o símbolos materializados).

Actualmente existen una serie de científicos que se han acercado desde la física a ese “arte” de la correspondencia entre las formas para descifrar el sistema operativo del universo (entre los cuales destaca David Bohm). Encontramos una versión interesante que expande estas teorías del autor Jay Alfred, cuyo postulado nos acerca a la posibilidad de que el universo entero sea una especie de inmenso cerebro (o internet) que transmite información entre cada una de sus partes y el cerebro humano un reflejo de este cerebro cósmico al cual se conecta en perpetua retroalimentación.

Las galaxias visibles en el universo no están aisladas ni desconectadas, sino están entretejidas por una estructura o red de filamentos que es la materia oscura que sirve como andamiaje del universo. Esta estructura en forma de red es una carcterística tanto de la materia oscura como del plasma magnético. La apariencia de esta red tiene un asombroso parecido con una disección del cerebro (ver imagen al principio de la entrada y hacer zoom).

Pero  no sólo es la morfología (aspectos estructurales) de la estructura del universo a grandes escalas la que es similar al cerebro humano, sino también la fisiología (las funciones). Estos filamentos transportan corrientes de partículas cargadas (iones) a lo largo de grandes distancias que generan campos magnéticos, al igual que una fibra nerviosa. Y forman circuitos, al igual que los circuitos neuronales en el cerebro.

El alto grado de conectividad es lo que distingue al cerebro de una computadora ordinaria. La conectividad también es notable en la red cósmica. Las galaxias se forman cuando estos filamentos se cruzan entre sí. Un cúmulo (nexus) de filamentos provee la conectividad para transferir no sólo energía sino información de un núcleo galáctico a otro.

El autor también explica, aplicando  la teoría de la memoria holográfica de Karl Pribram a toda la materia, como es posible que el universo sea también un organismo que graba todo lo que sucede en  su “mansión de muchas habitaciones” (no existe el olvido, decía Borges). Algo que podría explicar porque ciertos lugares paracen proyectar fantasmas o por qué la memoria está ligada al espacio donde un hecho ocurrió. Luego explica como posiblemente existe un intercambio de información entre los diversos tejidos cerebrales del universo, en sus diferentes escalas: galaxia, planeta, hombre, célula, electrón, et cetera:

La Tierra parece tener un cerebro, ¿pero cómo recibe estímulos sensoriales? Una posibilidad es generando formas de vida. La miriada de formas de vida (incluyendo a los seres humanos)en el planeta  son en realidad los muchos ojos y oídos de la Tierra. Las redes de corrientes en el cerebro de las formas de vida son parte integral de la red de corrientes en el cerebro de la Tierra. Es parte del interés del universo generar formas de vida para que pueda ver, oír, tocar, oler , probar y tomar conciencia de sí mismo de formas diversas.

Si en realidad estamos conectados al cerebro de la Tierra, que está conectado al cerebro del universo, esto significa que compartimos un cerebro universal que puede tener contacto con el cerebro de otros planetas (o sistemas estelares) que generan sus propias memorias. Las formas de vida inteligente pueden mandar información (con o sin intención) vía el cerebro universal directamente a nuestro cerebro.

Tal vez el secreto de la semejanza entre las cosas, de las metáforas y los fractales, sea la obviedad. Que se parecen porque en el fondo son lo mismo. ¿Es posible que por alguna razón o divinidad en el insondable diseño del universo, las estrellas sean ojos, los cerebros, galaxias? Es posible y quizás esa sea también el secreto del misterio de la existencia individual: averiguar por sí mismo y fundirse con el tejido neuronírico que llamamos universo, aquello a lo que tanto nos parecemos.

«El mayor hechicero (escribe memorablemente Novalis) sería el que hechizara hasta el punto de tomar sus propias fantasmagorías por apariciones autónomas. ¿No sería ese nuestro caso?» yo conjeturo que es así. Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso.» Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones

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CUÁNTICO LIBROS: EL UNIVERSO HOLOGRÁFICO- Michael Talbot

mtalbotEn la película La guerra de las galaxias, la aventura de Luke Skywalker empieza cuando surge una luz del robot R2-D2 y proyecta una imagen tridimensional en miniatura de la princesa Leia. Luke contempla embelesado cómo la escultura fantasmal de luz suplica a alguien llamado Obi-wan Kenobi que acuda en ayuda de la princesa. La imagen es un holograma, una imagen tridimensional realizada con ayuda del láser, y se requiere una magia tecnológica extraordinaria para hacer imágenes como ésa. Pero lo más increíble es que algunos científicos están empezando a creer que el universo mismo es una especie de holograma gigante, una ilusión espléndidamente detallada ni más ni menos real que
la imagen de la princesa Leia que impulsa a Luke a iniciar su búsqueda.
Por decirlo de otra manera: hay indicios que sugieren que nuestro mundo y todo lo que contiene, desde los copos de nieve hasta los arces y
desde las estrellas fugaces a los electrones en órbita, también son imágenes fantasmales solamente, proyecciones de un nivel de realidad tan alejado del nuestro que está literalmente más allá del espacio y del tiempo.
Los artífices principales de esta asombrosa idea son dos de los pensadores más eminentes del mundo: David Bohm, físico de la Universidad de Londres, protegido de Einstein y uno de los físicos teóricos más respetados, y Karl Pribram, un neurofisiólogo de la Universidad de Standford, autor del texto clásico de neurofisiología Languages of the Brain (Lenguajes del cerebro). Lo intrigante es que Bohm y Pribram llegaron a sus conclusiones respectivas de manera independiente, mientras trabajaban desde dos direcciones muy diferentes. Bohm sólo se convenció de la naturaleza holográfica del universo tras años de insatisfacción con la incapacidad de las teorías clásicas para explicar los fenómenos que encontraba en la física cuántica. Pribram se convenció por el fracaso de las teorías clásicas del cerebro para explicar varios enigmas neurofisiológicos.
Sin embargo, una vez que formaron sus opiniones, Bohm y Pribram se dieron cuenta enseguida de que el modelo holográfico explicaba también otros muchos misterios, entre los que se cuentan la aparente incapacidad de cualquier teoría, por exhaustiva que fuera, para explicar todos los fenómenos de la naturaleza; la capacidad de los individuos que sólo oyen por un oído para determinar la dirección de la que proviene el sonido; y nuestra capacidad para reconocer la cara de alguien a quien no hemos visto en muchos años, aunque haya cambiado considerablemente desde entonces.
Pero lo más asombroso del modelo holográfico era que de repente hacía que cobrara sentido una amplia gama de fenómenos tan difíciles de entender que habían sido encuadrados por lo general fuera del ámbito de la interpretación científica. Entre ellos figuran la telepatía, la precognición, el sentimiento místico de unidad con el universo y hasta la psicoquinesia o la capacidad de la mente para mover objetos físicos sin que nadie los toque.
En efecto, el grupo de científicos, cada vez más numeroso, que llegó a abrazar el modelo holográfico, enseguida vio que ayudaba a explicar prácticamente todas las experiencias paranormales y místicas; en la última media docena de años ha seguido impulsando a muchos investigadores y ha arrojado luz sobre un conjunto creciente de fenómenos anteriormente inexplicables. Por ejemplo: En 1980, un psicólogo de la Universidad de Connecticut, el doctor Kenneth Ring, planteó que el modelo holográfico podía explicar las experiencias cercanas a la muerte. El doctor Ring, presidente de la Internacional Association for Near-Death Studies, cree que tales experiencias, así como la muerte misma, en realidad no son más que el cambio de la consciencia de la persona de un nivel del holograma de la realidad a otro.
En 1985, el doctor Stanislav Grof, director de investigación psiquiátrica
en el Maryland Psychiatric Research Center y profesor colaborador de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, publicó un libro en el que llegaba a la conclusión de que los odelos existentes de neurofisiología cerebral eran inadecuados y que sólo el modelo holográfico podía explicar cosas tales como las experiencias arquetípicas, los encuentros con el inconsciente colectivo y otros fenómenos inusuales que se experimentan en los estados alterados de consciencia.
En la reunión anual de 1987 de la Asociación para el Estudio de los Sueños que se celebró en Washington D.C., el físico Fred Alan Wolf dio una charla en la que aseguraba que el modelo holográfico explica los sueños lúcidos (sueños inusualmente vívidos en los que la persona que los tiene se da cuenta de que está despierta). Wolf cree que esos sueños son en realidad visitas a realidades paralelas y que el modelo holográfico permitirá desarrollar finalmente una «física de la consciencia» que nos capacitará para empezar a explorar a fondo los niveles de existencia de esas otras dimensiones.
En su libro titulado Sincronicidad: puente entre mente y materia, de 1987, el doctor F. David Peat, físico de la Universidad Queen’s de Canadá,
afirmaba que se puede explicar la sincronicidad (coincidencia tan inusual y tan significativa psicológicamente hablando que no parece ser sólo fruto del azar) con el modelo holográfico. En su opinión, coincidencias como ésas son realmente «fallos en el tejido de la realidad» y revelan que los procesos del pensamiento están conectados con el mundo físico mucho más íntimamente de lo que se ha sospechado hasta ahora.
Estos apuntes son sólo una muestra de las ideas sugerentes que inducen a la reflexión que analizaremos en el presente libro. Muchas son extraordinariamente polémicas. En efecto, el modelo holográfico en sí es un tema muy debatido y la mayoría de los científicos no lo acepta bajo ningún concepto. Sin embargo, y como veremos, lo apoyan muchos pensadores importantes y admirables que creen que puede ser la imagen más precisa de la realidad que tenemos hasta la fecha.
El modelo holográfico también ha recibido un respaldo espectacular por parte de no pocos experimentos. En el campo de la neurofisiología, numerosos estudios han corroborado varias predicciones de Pribram sobre la naturaleza holográfica de la memoria y de la percepción. De manera similar, un experimento famoso realizado en 1982 por un equipo de investigación dirigido por el físico Alain Aspect en el Institute of Theoretical and Applied Optics de París, demostró que la red de partículas subatómicas que compone el universo físico, el verdadero tejido de la propia realidad, posee lo que parece ser una innegable propiedad holográfica.
También discutiremos sus conclusiones en este libro.

Además de las pruebas experimentales, hay varias cosas que confieren autoridad a la hipótesis holográfica. Quizá los factores más importantes sean el carácter y los logros de los dos hombres que dieron origen a la idea. Al comienzo de sus carreras y antes de que el modelo holográfico fuera siquiera un destello en sus pensamientos, ambos acumularon triunfos que habrían llevado a la mayoría de los investigadores a dormirse en los laureles el resto de sus vidas académicas. En la década de 1940, Pribram hizo un trabajo pionero sobre el sistema límbico, una zona del cerebro que tiene que ver con las emociones y la conducta.
Y también se considera un hito la obra de Bohm del decenio de 1950 sobre la física de los plasmas.
Pero más significativo todavía es que ambos se hayan distinguido también de otra manera. Es una manera que rara vez pueden reclamar para sí los hombres y mujeres más brillantes, porque no se mide meramente por la inteligencia, ni por el talento siquiera. Se mide por el coraje, por la tremenda resolución que supone mantener las propias convicciones, incluso frente a una oposición sobrecogedora. Cuando estaba estudiando, Bohm hizo trabajos con Robert Oppenheimer para el obtener el doctorado. Después, en 1951, cuando Oppenheimer cayó bajo la peligrosa mirada escrutadora del Comité de Actividades  Antiamericanas del senador Joseph McCarthy, llamaron a Bohm para que testificara en su contra y él se negó. A resultas de aquello, perdió su trabajo en Princeton y nunca volvió a dar clase en Estados Unidos; se trasladó en primer lugar a Brasil y después a Londres.
Al comienzo de su carrera, Pribram se enfrentó con una prueba de temple parecida. En 1935, un neurólogo portugués llamado Egas Moniz ideó lo que creía que era un tratamiento perfecto para las enfermedades mentales. Descubrió que perforando el cráneo de un individuo con un instrumento quirúrgico y separando la corteza prefrontal del resto del cerebro podía hacer que los pacientes más problemáticos se volvieran dóciles.
Llamó al procedimiento lobotomía prefrontal, el cual, en la década de 1940, se había convertido en una técnica médica tan popular que Moniz recibió el premio Nobel. En los años cincuenta el procedimiento conservaba su popularidad y, al igual que las escuchas de McCarthy, se convirtió en una herramienta para acabar con las personas indeseables, culturalmente hablando. Su utilización con esa finalidad estaba tan aceptada que el cirujano Walter Freeman, que abogaba abiertamente en favor del procedimiento en Estados Unidos, escribió sin avergonzarse que las lobotomías «hacían ciudadanos americanos buenos» de los inadaptados de la sociedad, los «esquizofrénicos, homosexuales y radicales».
En esa época apareció en escena Pribram. Pero, a diferencia de muchos de sus colegas, él creía que no estaba bien manipular el cerebro de otra persona tan temerariamente. Sus convicciones eran tan profundas que, mientras trabajaba como un joven neurocirujano en Jacksonville (Florida), se opuso a los criterios médicos aceptados de la época y se negó a permitir que se realizaran lobotomías en la sala que estaba bajo su supervisión. Posteriormente, mantuvo en Yale esa misma postura controvertida, y sus opiniones, radicales en aquel entonces, casi le hicieron perder su trabajo.
El compromiso de Bohm y Pribram para mantener aquello en lo que creían, sin importarles las consecuencias, es evidente también en lo que se refiere al modelo holográfico. Como veremos, exponer su nada desdeñable reputación apoyando una idea tan polémica no es el camino más fácil que podía haber tomado cada uno de ellos. Tanto el valor como la visión que ambos demostraron en el pasado da importancia nuevamente a la idea holográfica.
Por último, otro indicio favorable al modelo holográfico es lo paranormal
mismo. No se trata de un asunto menor, porque en las últimas décadas se ha acumulado un extraordinario conjunto de pruebas que sugiere que nuestra interpretación actual de la realidad, la imagen sólida y confortable del mundo de palos y piedras que aprendimos todos en las clases de ciencias del instituto, es una imagen equivocada. Como ninguno de los modelos científicos clásicos puede explicar los descubrimientos paranormales, la ciencia en general prescinde de ellos. No obstante, el volumen de indicios acumulados ha llegado a un punto que hace que la situación sea insostenible.
Por poner un solo ejemplo, en 1987 el físico Robert G. Jahn y la psicóloga
clínica Brenda J. Dunne, ambos de la Universidad de Princeton, anunciaron que, tras una década de experimentación rigurosa en el Princeton Engineering Anomalies Research Laboratory, habían acumulado datos inequívocos de que la mente puede interaccionar físicamente con la realidad física. Más en concreto, Jahn y Dunne averiguaron que los seres humanos son capaces de influir en el funcionamiento de cierta clase de máquinas simplemente con la concentración mental. Era un descubrimiento asombroso que no tenía explicación con arreglo a la imagen habitual de la realidad. Sin embargo, se puede explicar de acuerdo con la idea holográfica. Y a la inversa, los acontecimientos paranormales, como no se pueden explicar según nuestra interpretación científica actual, piden a gritos una forma nueva de contemplar el universo, un paradigma científico nuevo. Este libro, además de mostrar cómo puede explicar el modelo holográfico lo paranormal, examinará también cómo los indicios cada vez más numerosos en favor de lo paranormal parecen necesitar a su vez la existencia de dicho modelo.
El hecho de que nuestra visión científica actual no pueda explicar lo paranormal es sólo una de las razones que justifica que siga siendo un tema tan controvertido. Otra de esas razones es que muchas veces es muy difícil captar con precisión el funcionamiento psíquico en el laboratorio, lo cual ha llevado a muchos científicos a concluir que por lo tanto no existe.
En el presente libro discutiremos también esa dificultad aparente. Una razón todavía más importante es que la ciencia, contrariamente a lo que muchos de nosotros hemos llegado a creer, no está libre de prejuicios. Lo aprendí por vez primera hace unos cuantos años, cuando pregunté a un conocido físico su opinión sobre un experimento parapsicológico en concreto. El físico (que tenía fama de escéptico en cuanto se refería a los fenómenos paranormales) me miró y con gran autoridad afirmó que los resultados no revelaban «pruebas de funcionamiento psíquico alguno sea cual fuere». Yo no había visto aún los resultados, pero como respetaba la inteligencia del físico y su reputación, acepté su juicio sin cuestionarlo. Posteriormente, cuando examiné los resultados por mí mismo, me quedé
pasmado al descubrir que el experimento había arrojado indicios muy sorprendentes de capacidad psíquica. Me di cuenta entonces de que hasta los científicos famosos pueden tener actitudes parciales y puntos flacos. Desgraciadamente es una situación que se da con frecuencia en la investigación de lo paranormal. En un artículo reciente publicado en American Psychologist, el psicólogo de Yale Irving L. Child examinaba el
tratamiento que la comunidad científica establecida había dado a una serie muy conocida de experimentos PES con el sueño, llevados a cabo en el Centro Médico Maimónides de Brooklyn, Nueva York. Apesar de que los experimentos habían revelado datos espectaculares en apoyo de la PES (percepción extrasensorial), Child averiguó que la comunidad científica había prescindido del trabajo casi por completo. Ymás penoso aún fue el descubrimiento de que el puñado de publicaciones científicas que se habían tomado la molestia de comentar los experimentos, había «tergiversado » la investigación tan gravemente que su importancia quedó completamente oscurecida.
¿Cómo es posible? Una razón es que la ciencia no es siempre tan objetiva como nos gustaría creer. Miramos a los científicos con un cierto temor reverencial y cuando nos dicen algo estamos convencidos de que tiene que ser verdad. Olvidamos que son humanos simplemente y están sujetos a los mismos prejuicios religiosos, filosóficos y culturales que el resto de nosotros. Es una pena porque, como pondrá de manifiesto el libro, hay una gran cantidad de indicios que demuestran que el universo abarca bastante más de lo que permite nuestra cosmovisión actual.
Ahora bien, ¿por qué la ciencia opone tanta resistencia a lo paranormal en particular? Esta cuestión es más difícil. Según el doctor Bernie S. Siegel, cirujano de Yale y autor del libro, éxito de ventas, Amor, medicina milagrosa, al comentar la resistencia que encontraron sus opiniones poco ortodoxas sobre la salud, se debe a que la gente es adicta a sus creencias.
En su opinión, por eso hay personas que se comportan como los adictos cuando intentas cambiar sus creencias.
Parece que la observación de Siegel encierra una gran verdad, que tal vez es ése el motivo de que muchas de las revelaciones y los avances más importantes de la civilización fueran recibidos, en un principio, con un rechazo apasionado. Somos adictos a nuestras creencias y actuamos como adictos cuando alguien intenta arrancarnos el opio poderoso de nuestros dogmas. Y como la ciencia occidental ha dedicado varios siglos a no creer en lo paranormal, no va a renunciar a su adicción a la ligera. Soy un hombre afortunado. Siempre he sabido que en el mundo había algo más que lo que se acepta generalmente. Crecí en una familia de psíquicos y, desde una temprana edad, experimenté de primera mano muchos de los fenómenos de los que hablaremos en el libro. En alguna ocasión, relataré unas cuantas experiencias propias, cuando sea pertinente en relación con el tema que se esté tratando. Aunque sólo pueden contemplarse como pruebas anecdóticas, a mí me han proporcionado una prueba totalmente convincente de que vivimos en un universo que sólo acabamos de empezar a comprender; pero las incluyo por la información que ofrecen.

Finalmente, teniendo en cuenta que el concepto holográfico todavía es una idea en ciernes y un mosaico de muchas opiniones e indicios distintos, algunos han argüido que no debería ser llamado modelo o teoría hasta que los divergentes puntos de vista se integren en un todo unificado.
Como consecuencia, algunos investigadores se refieren a esos pensamientos como el paradigma holográfico. Otros prefieren llamarlo analogía holográfica, metáfora holográfica, etcétera. En este libro he empleado todas estas expresiones, en aras de la diversidad, además de modelo holográfico y teoría holográfica; sin embargo, con eso no pretendo dar a entender que la idea holográfica haya adquirido la categoría de modelo o teoría, en el sentido estricto del término.
En esta misma línea es importante observar que Bohm y Pribram, si bien son los creadores de la idea holográfica, no abrazan todas las opiniones y conclusiones presentadas en el presente libro. Más bien se trata de una obra que no mira únicamente a las teorías de Bohm y Pribram, sino también a las ideas y conclusiones de numerosos investigadores que han sido influidos por el modelo holográfico y que lo han interpretado a su manera, una manera controvertida algunas veces.
Alo largo del libro trato asimismo varias ideas de física cuántica, la rama de la física que estudia las partículas subatómicas (electrones, protones, etcétera). Como he escrito sobre este tema anteriormente, soy consciente de que a la gente le intimida la expresión «física cuántica» y temen no ser capaces de entender los conceptos. Mi experiencia me dice que hasta aquellos que no saben nada de matemáticas pueden entender el tipo de ideas de física que se tocan en este libro. Ni siquiera se precisa tener conocimientos previos de ciencias. Lo único que se necesita es una mente abierta, si por casualidad ojeas una página y ves un término científico que no conoces. He tratado de reducir esa clase de términos al mínimo, y cuando era necesario utilizar alguno, siempre lo explico antes de continuar con el texto.
Así que no te asustes. Una vez que hayas superado el «miedo al agua», creo que te verás nadando entre las ideas extrañas y fascinantes de la física cuántica, con mucha más facilidad de lo que piensas. Estoy seguro de que descubrirás que reflexionar sobre algunas de esas ideas puede incluso cambiar tu forma de ver el mundo. De hecho, espero que las ideas
que contienen los capítulos que vienen a continuación cambien tu forma
de ver el mundo. Con ese deseo humilde presento este libro.

MICHAEL TALBOT

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