HIPERCIVILIZACIONES Y LA HIPÓTESIS EXTRATERRESTRE PRIMITIVA

DAN D. FARCAS         Cada vez más especialistas admiten que la vida está en todas partes en el Universo y que tres a cuatro mil millones de años de condiciones favorables, que duran en un planeta, garantizan el surgimiento y desarrollo de seres inteligentes y eventualmente el nacimiento de una “civilización tecnológica” capaz de construir naves espaciales, para viajar a otros planetas habitables. Estas condiciones, aunque raras, se encuentran en muchos lugares en la inmensidad del universo. Sobre esta base, la hipótesis extraterrestre se convirtió en la forma más fácil de explicar el fenómeno OVNI.

Por otro lado, prestigiosos ufólogos, entre ellos el Dr. J. Allen Hynek o Jacques Vallée, cuestionaron esta explicación. Ellos, junto con los escépticos, han mencionado, entre otros, que las distancias entre civilizaciones son demasiado grandes para tales viajes cósmicos. Pero, como he argumentado en mi reciente libro “UFOs over Romania”,  si tomamos un enfoque apropiado, descubriremos que las distancias más importantes entre las civilizaciones cósmicas no son las del espacio sino las del tiempo.

He estimado que en la historia de nuestra Galaxia podría haber llegado a haber una serie de civilizaciones tecnológicas, de las cuales, tal vez unas pocas cientos sobrevivieron las enfermedades de la infancia (que enfrentamos ahora en la Tierra) y todavía existen. Pero estas civilizaciones no han surgido simultáneamente. Por ejemplo, en julio de 2015 se anunció el descubrimiento a 1.400 años luz de la Tierra, del exoplaneta Kepler 452b. Es similar a la Tierra, orbitando en la zona habitable de una estrella parecida al Sol. Ese sistema solar es mil millones de años más viejo que el nuestro. Eso significa que la vida y una posible civilización tecnológica podrían haber aparecido aquí mil millones de años antes que en la Tierra. En términos más generales, las primeras civilizaciones tecnológicas de la Vía Láctea podrían aparecer hace mil millones de años, o incluso antes. En consecuencia, entendemos que las posibles civilizaciones en el Cosmos están muy separadas unas de otras no sólo en el espacio, sino también en el tiempo. En nuestra Galaxia, estos varios cientos de civilizaciones supervivientes, estimadas más arriba, han aparecido, muy probablemente, una en varios millones de años. Por lo tanto, en la Vía Láctea no hay una civilización cercana a nuestro nivel.

¿Qué será de nuestra civilización (si va a sobrevivir) sobre millones (o billones) de años? Es imposible de imaginar. No olvidemos que no somos capaces de predecir nuestro futuro, ni siquiera en una perspectiva de varios cientos de años. ¿Cómo se verían los habitantes de una civilización que nos ha superado en millones de años? Tal vez se convirtieron en inmortales, tal vez el tiempo y el espacio no les importan, pueden haberse trasladado a una realidad virtual omnipresente, en otras dimensiones y así sucesivamente. Pero la verdadera respuesta es casi con toda seguridad mucho más compleja y desafía nuestra lógica e imaginación. Podemos aceptar sin embargo que se han transformado en algo más, más allá de nuestro entendimiento; En algo que podemos nombrar como una “hipercivilización”.

Si alguien considera que somos demasiado optimistas y los seres inteligentes son mucho más escasos, debemos añadir que nuestra Vía Láctea es sólo una de al menos 150 mil millones, más o menos similares, galaxias del Universo accesibles a nuestros instrumentos. Y tenemos fuertes razones para creer que hay otros Universos también, tal vez “paralelos”, quizás de otros estados de la materia, o partes de un “Multiverso”, etc.

La escolaridad y la ciencia ficción, pero no sólo, fijan nuestras mentes en patrones ignorando completamente la posibilidad de las hipercivilizaciones. En consecuencia, nos enfrentamos a dos “hipótesis extraterrestres”: la primera es lo que podríamos llamar la “hipótesis extraterrestre primitiva”, la otra la de las hipercivilizaciones.

La “Hipótesis Primitiva Extraterrestre” supone que todas las civilizaciones cósmicas están más o menos al mismo nivel de evolución. Por lo tanto nutre algunos falsos preconceptos como: muy largos y difíciles viajes cósmicos, desean aterrizar en el césped de la Casa Blanca, igualdad de derechos, conversación, invasión, intervención, ayuda y así sucesivamente.

Esta visión primitiva es completamente inverosímil. Si existen hipercivilizaciones (y existen, con una probabilidad del 99.999999%) ellas explotaron, en el más mínimo detalle, en nuestra Galaxia, hace millones de años, por lo que han conocido, durante mucho tiempo, nuestra existencia. Este razonamiento llevó a Enrico Fermi, cuando dijo, en 1950: “deberían estar aquí, ¿dónde están?”; pero ni él, ni muchos otros, consideraron que los representantes de las hipercivilizaciones podían estar aquí, entre nosotros, pero podían parecer tan diferentes de nuestras expectativas que no podemos reconocerlas. Lo que nos impide verlos es, también, un conjunto de prejuicios generalizados y profundamente arraigados, como los de abajo.

La preconcepción de la igualdad de derechos. Una diferencia de millones de años, o incluso cientos de millones, es tan grande como entre nosotros y un lagarto o incluso una hormiga. Si están aquí (como es muy probable), pueden examinarnos, monitorear nuestra evolución, incluso contactarnos de alguna forma, pero nunca s e pondrán al mismo nivel que nosotros.

La preconcepción de la conversación. Ya en 1959, Giuseppe Cocconi y Philip Morrison argumentaron que si la diferencia entre dos civilizaciones es de millones de años, la probabilidad de que puedan intercambiar ideas es cero. Interactuamos a veces con un lagarto; pero esto nunca será una conversación, dijeron.

El provincialismo temporal (término utilizado por el Dr. J. Allen Hynek). Afirma que, en oposición a los siglos oscuros anteriores, los últimos trescientos años nos llevaron finalmente a la luz de la verdad real y la ciencia. En esta luz, ahora podemos decidir qué hechos pueden ser aceptados y qué nunca serán posibles. Si hace cien años o así empezamos a usar la radio, algunos creen que durará como el mejor medio de comunicación para siempre. Si hace cien años Einstein postulaba que la velocidad de la luz es un límite, ninguna otra ley física será descubierta hasta el final de los tiempos para evitar este límite y así sucesivamente. Como un ejemplo peculiar, tenemos el preconcepto SETI. Según él, aunque las señales de radio necesiten miles de años de un mundo habitado a otro, las civilizaciones cósmicas considerarán que la señalización por ondas de radio será, para siempre, el medio de contacto más apropiado y que deberíamos gastar dinero para buscarlos.

La preconcepción de la invasión. Para muchas personas debería ser normal que una civilización cósmica llegue a la Tierra e intentara conquistarnos por la fuerza. Pero las hipercivilizaciones probablemente sabían, hace millones de años, que estamos aquí; por lo tanto, podrían invadirnos en cualquier momento y, en cierto sentido, probablemente ya estamos invadidos por ellos, durante millones de años. Algunos “artefactos fuera de lugar” podrían ser un indicio de eso.

La preconcepción de intervención y de ayuda. Algunos esperan que ET nos ayude (o al menos algunos “elegidos”) a superar futuras catástrofes. Pero incluso nosotros, si descubrimos un pedazo valioso de tierra, que ha escapado de la intrusión humana, intentamos declararla una reserva, permitiendo solamente una intervención muy limitada, por razones científicas. Esta actitud parece estar fortaleciéndose en el tiempo. Una hipercivilización observando a la Tierra y la civilización tecnológica humana deben actuar de una manera similar, evitando interferir en nuestra evolución, pero la toma de muestras, hacer algunos experimentos, tener contactos muy limitados (no del todo oficial o como entre iguales) con sólo algunos individuos, seleccionados sobre su y no nuestros criterios.

Por lo tanto, no se esperan asentamientos, ni destrucción, por un lado, ni contacto oficial, ni conversación, ni ayuda sustancial, por parte de civilizaciones cósmicas muy avanzadas, aunque estén aquí ahora.

La diferencia entre una hipercivilización y nosotros podría ser tan alta como la que existe entre nosotros y las hormigas. Algunos entomólogos que se propongan estudiar la vida de un hormiguero intentarán perturbar lo menos posible su vida. Por supuesto, podrían hacer experimentos, examinar o modificar algunas hormigas, o incluso llevarlas a laboratorios remotos, tratando de crear nuevas “razas”, etc. Intentarán averiguar, en la medida de lo posible, sobre la vida del hormiguero, pero no presentarán credenciales a la reina de las hormigas. Si los entomólogos tienen la tecnología, crearán algunas hormigas robot, enviándolos a la colina y mirando desde un lugar seguro, por ejemplo “en la pantalla del ordenador”, los datos transmitidos por ellos. Y si una hormiga robot se pierde en esa misión, el incidente añadiría un poco a los costos de la investigación, sin ser una tragedia.

Concepto artístico de los miles de millones de planetas de la Vía Láctea (Crédito: M. Kornmesser / ESO)

Podemos especular que una hipercivilización podría intentar realizar, utilizando materiales genéticos de la Tierra, nuevas razas, con mayor cerebro, con mayor inteligencia, adaptada para algunas tareas especiales, etc. Por lo tanto, muchas “razas” descritas por los supuestos abducidos (los Grises, los rubios altos, etc.) pueden ser tales razas humanas artificiales o incluso bio-robots derivados de la especie humana. Pueden ser “producidos” por ejemplo en reservas o bases en algún lugar fuera de la Tierra. De la misma manera hacemos nuevas variedades de trigo de las tradicionales. A veces, la variedad perfecta de trigo se volvía estéril o expuesta a nuevas enfermedades. En ese momento los agrónomos tratarán de encontrar algunos genes apropiados en el estanque representado por las especies primitivas de trigo, para mejorar la variedad “perfecta”. ¿Qué pasa si los seres humanos en la Tierra son el “grupo salvaje” de genes, adecuados para mejorar algunas razas artificiales en otros lugares? En este caso no habrá ningún problema de compatibilidad entre los visitantes y nosotros, como en algunas de las historias de abducción e hibridación OVNI, pero también, por ejemplo, en la nota bíblica: “En aquellos días, los seres divinos y las hijas humanas tenían relaciones sexuales y dieron a luz a los niños. Éstos eran los héroes antiguos” (Génesis, 6, 4). Algunas personas suponen incluso que hay una intervención externa en curso en la evolución de la raza humana para mejorarla.

Pero obviamente la comparación anterior -de la humanidad con un hormiguero- es ligeramente forzada, ya que la humanidad es, sin embargo, una posible hipercivilización futura. El surgimiento de una civilización tecnológica podría ser un evento muy raro en nuestra Galaxia, ocurriendo probablemente una vez en varios millones de años. Así que es normal para nosotros ser de interés para las inteligencias superiores. Pero, ¿qué podrían esperar de nosotros?

Una hipercivilización se comportará elusivamente y no nos dará su conocimiento y tecnologías; aún más, lo prohibirá. Esto no es sólo debido a la agresividad humana y la xenofobia, que hace de todas las nuevas tecnologías nuevas armas, ni sólo para evitar un “choque cultural” que podría destruir prácticamente todas nuestras fuerzas sociales, económicas, políticas, militares, científicas, religiosas y estructuras culturales. Puedo especular que tienen también algunas otras razones para eso. Las hipercivilizaciones podrían esperar (y tal vez cosechar incluso ahora) nuestras ideas originales, puntos de vista, creaciones (en el arte, la ciencia, la filosofía, la ética, etc.) producidas como resultado de millones de años de nuestra evolución independiente. Y toda esa cosecha esperada podría ser destruida por un contacto prematuro.

Algunas historias viejas, aparentemente absurdas, pueden ser una indicación de tal actitud: el castigo por la manzana del árbol prohibido del conocimiento, el encadenamiento de Prometeo, o los ángeles caídos (del Libro de Enoc), arrojados a un hoyo lleno de fuego, porque les enseñaron a los terrícolas algunas habilidades.

Muchos abducidos o contactados hablaron de bolas de luz etéreas como “depósitos de conocimiento e inteligencia”, registrando “todo en el Universo”, entre otros, la vida de todos (o de los individuos más interesantes). Tenemos algunos indicios para esto cuando hablamos de: el “Libro de la Vida”, “Registros Akáshicos”, “inconsciente colectivo”, o incluso “campo morfogenético”, etc. Esa “súper memoria” podría escribirse en una forma de soporte “espiritual”, o en algo que nos rodea y que todavía no somos capaces de imaginar. A veces, algunas personas, bajo ciertas condiciones, podrían tener acceso a este almacén de datos. De esta manera podemos explicar: canalización, “xenoglosia”, “walk-ins”, “reencarnación”, fantasmas, etc. En tal realidad virtual, el tiempo es diferente. Podemos viajar al pasado, vivir eventos sin cambiar el pasado real, o podemos ver escenarios del futuro (a veces apocalípticos), sin aceptar la fatalidad.

Por supuesto, todo lo anterior no es una prueba de que las hipercivilizaciones son la explicación de todo lo extraño y particularmente de los OVNIs. Es sólo una hipótesis; Pero -creo- una que no puede ser descartada fácilmente.

Dan D. Farcaş PhD                    Openminds

Modificado por orbitaceromendoza

GÖBEKLI TEPE PODRÍA HABER RENDIDO CULTO A LA ESTRELLA SIRIO

El templo más viejo del mundo parece ser un sitio de culto a la estrella Sirio

El templo Göbekli Tepe podría haber sido un sitio megalítico de culto a la estrella Sirio. Sirio, la estrella del perro (en la constelación Canis Major), es la estrella más brillante del firmamento y ha sido adorada por numerosas civilizaciones. Los egipcios incluso basaron uno de sus calendarios en esta estrella que coincidía con la crecida de las aguas del Nilo. Es también de esta relación que tenemos los llamados días de canícula (una palabra que hace referencia a esta estrella). A todo esto hay que añadir la posibilidad de que la civilización más antigua en dejar rastros arqueológicos de una religión podría haber basado el templo más viejo que conocemos en el culto a Sirio.

Göbekli Tepe, en el sur de Turquía, es un sitio de más de 11 mil años, con una serie de 20 patios rodeados por pilares de piedra en forma de T, en los que se inscribieron figuras de animales. En el centro de estas construcciones se encuentran dos megalitos paralelos. Este sitio ha modificado radicalmente algunas de las ideas que tienen los arqueólogos sobre los orígenes de la civilización y la cultura humana. Antes se creía que la agricultura había detonado el impulso de establecer una civilización sendentaria y desarrollar arte y religión.

Más allá de que existen pruebas de arte mucho más antiguas y manifestaciones religiosas ligadas también al arte, los hallazgos de este templo muestran que se construyeron templos y se establecieron poblados antes del desarrollo de la agricultura (al menos, no se han encontrado indicios de que hubiera agricultura cerca de este lugar). En otras palabras, los cazadores nómadas desarrollaron arquitectura, arte y religión.

Según el arqueoastrónomo Giulio Magli, este templo podría haberse construido como un observatorio y como un lugar de culto para la estrella Sirio. Este astro, debido a la precesión del eje de la Tierra, habría estado debajo del horizonte en esa zona, hasta que en el año 9300 a.C. habría emergido con fastuoso esplendor. El templo podría haberse construido alrededor del “nacimiento” de esta estrella e, incluso, su religión podría haberse centrado alrededor de este fulgurante astro. Magli mapeó los megalitos en relación a las diferentes posiciones en las que surgía Sirio en el cielo en los años 9100 a.C., 8750 a.C. y 8300 a.C. y encontró una alineación. Advierte, sin embargo, que la información no es concluyente, pero genera una interesante línea de investigación.

Pijama Surf

DESDE EL INFIERNO

Desde el Infierno es el título de una novela de Enrique Laso, autor muy destacado en Amazon, -con varios de sus libros entre los más vendidos y traducido a muchos idiomas-, que la editorial Última Línea publicó en papel e incluye en el volumen las dos partes en que se dividía el original en formato electrónico.

Como podría sugerir el título, este es un relato de terror que comienza con unas trágicas y bruscas muertes y en el que poco a poco, aunque a ritmo frenético, nos vamos enterando al tiempo que el angustiado protagonista de la que parecía una tierna infante tal vez no lo era tanto, o quizá sufría en silencio algún trauma aterrador, sugerido por unos perturbadores dibujos suyos.

Recurso este que podría parecer manido pero que el autor retuerce cada vez más en una cadena de acontencimientos estremecedores, con fenómenos extraños en casa del ateo protagonista, sucesos paranormales y agónicas llamadas de socorro desde alguna espectral dimensión.

Esta es una absorbente novela breve que no decepciona, de estilo directo, conciso, ligero, que mantiene la tensión nerviosa hasta el final que, aunque por supuesto no revelaré, incluye una póstrer sorpresa más que turbadora.

En definitiva, si eres aficionado a la literatura de terror y deseas percibir algunos ecos del infierno, este es tu libro.

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