DETRÁS DE LA MÁSCARA: ¿ALIENÍGENAS O BROMISTAS CÓSMICOS?

LYNN PICKNETT & CLIVE PRINCE     En la década de 1970, cuando nos fascinó por primera vez el fenómeno OVNI, la opinión entre los investigadores estaba dividida entre dos puntos de vista: la Hipótesis Extraterrestre (HET) – los OVNIs son naves espaciales de otros mundos; y la “Hipótesis Magónica” (después del libro de 1970 del héroe inteligente de los ufólogos Jacques Vallée, Pasaporte a Magonia). Los pro-magonianos creen que algo terrestre está detrás de los OVNIS, una raza de embaucadores que emergen de vez en cuando como supuestos ángeles, visiones de la Virgen, demonios, hadas – y ahora, ¿extraterrestres que viajan por el espacio? Acaban de actualizar su imagen.

La teoría reconoce los paralelos cercanos entre los encuentros extraterrestres y las experiencias con entidades no humanas que llenan los anales del folklore. Pero también reconoce el absurdo y la inutilidad -la “alta extrañeza”- que desafían la noción simplista de los OVNIS como artesanía tecnológica tripulada por entidades biológicas. Fue esta cualidad a lo Monty Python la que llevó al investigador John A. Keel a desarrollar su hipótesis “ultraterrestre” -los alienígenas son visitantes de otro plano de existencia- esbozada en el clásico de 1973 OVNIS: Operación Caballo de Troya.

Sin embargo, desde 1980 este enfoque ha perdido terreno en la HET, lo que es una lástima, ya que ofrece una explicación más completa de todo el fenómeno. Incluso los HET suelen reconocer un componente paranormal en el contacto con extraterrestres, más obviamente en la manipulación mental de los abducidos, a menudo a distancia. También está el contacto psíquico más directo, la canalización de presuntas entidades extraterrestres.

La HET se ha vuelto tan dominante en parte porque el enfoque magoniano desafía nuestra preciada realidad de consenso escandalosamente, mientras que el concepto de naves espaciales de otros planetas no lo hace. Además, casos de alto perfil como el de Roswell, Area 51 y Majestic 12 – todos firmemente basados en la interpretación ET y centrados en conspiraciones y encubrimientos del gobierno – llegaron a dominar la ufología en la década de 1980. Pero paradójicamente derivan de las mismas agencias que supuestamente están detrás de la conspiración. De hecho, rastree cualquier caso famoso hasta su fuente y encontrará que de una forma u otra se originó dentro de la comunidad militar y de inteligencia.

(Siempre nos sorprende que los ufólogos a menudo obedecen la regla no escrita: nunca crean nada de lo que alguien en el gobierno, el ejército o la comunidad de inteligencia les diga, a menos que sea que los OVNIS son verdaderos extraterrestres en contacto secreto con las autoridades mundiales. Entonces cree todo lo que te digan…)

De hecho, lejos de tratar de encubrir la existencia de OVNIS, las agencias gubernamentales han fomentado activamente la creencia en ellos, específicamente la HET. Nuestra propia investigación nos ha convencido de que esta ‘Hipótesis Federal‘ es la más exacta, y de hecho hay una corriente de opinión similar, como se ha visto en el reciente Mirage Men and Lynn’s Mammoth Book of UFOs (2001) de Mark Pilkington. Parece que todo el asunto de los OVNIS ha sido explotado – tal vez incluso inventado – para proporcionar una cubierta conveniente para todo tipo de operaciones encubiertas, desde pruebas de aviones secretos hasta experimentos de guerra psicológica. Incluso esto, sin embargo, apenas raspa la superficie de los siniestros sucesos asociados con más de seis décadas de investigación OVNI.

Entran los Nueve

A finales de la década de 1990 investigamos una historia repleta de todas las paradojas y preguntas que acabamos de discutir, como se detalla en nuestro Conspiración Stargate (1999, actualizado en 2000). Estos eventos representan ya sea el mayor y más concertado intento hasta ahora de intervención extraterrestre – o una manipulación criminal de la creencia en ella. De cualquier manera, es sensacional y aterrador.

El personaje central es el médico y parapsicólogo del ejército americano Andrija Puharich (1918-1995), quien experimentó con habilidades psíquicas estimulantes usando hipnosis, drogas psicoactivas y dispositivos eléctricos. También estaba obsesionado con la posibilidad de comunicación psíquica con inteligencias no humanas.

Andrija Puharich

En 1948 – después de ser dado de baja del ejército por razones médicas – Puharich creó la Fundación Mesa Redonda en Maine, para llevar a cabo experimentos ostensiblemente privados con psíquicos como Eileen Garrett y Peter Hurkos. La Fundación pronto atrajo a adinerados patrocinadores, incluso a Henry A. Wallace, Vicepresidente de los EE.UU. bajo Franklin D. Roosevelt, quien financió a Puharich a través de su Fundación Wallace. Otro partidario era Ruth Forbes Young, de la inmensamente rica familia Forbes, y su marido, el omnipresente inventor Arthur M. Young, además de Alice Bouverie, heredera de la dinastía Astor.

De la investigación de los años 90 sabemos ahora que la Fundación Mesa Redonda de Puharich también fue financiada encubiertamente por el Ejército de los Estados Unidos. Él mismo grabó varias visitas de altos mandos militares, incluyendo el jefe de investigación de guerra psicológica. Entonces, ¿era una fachada para experimentos psi militares sobre psíquicos civiles, con su baja como mera tapadera?

Puharich fue un apasionado defensor del uso militar de la psi, presentando el trabajo: An Evaluation of the Possible Usefulness of Extrasensory Perception in Psychological Warfare’ al Pentágono en noviembre de 1952.

Pero antes de asumir sus funciones, se produjo un hecho fundamental en la Fundación Mesa Redonda. El equipo de Puharich estaba trabajando con el canalizador indio Dr. D.G. Vinod, quien en la víspera de Año Nuevo de 1952 declaró, en trance, “Somos Nueve Principios y Fuerzas“, para luego canalizarlos. Los Nueve se describieron a sí mismos como entidades separadas que funcionan como una sola cosa, afirmando (con la típica falta de modestia y elevado desdén por la mera gramática mortal): “Dios no es nadie más que nosotros juntos, los Nueve Principios de Dios. No hay más Dios que lo que somos juntos“. Las comunicaciones continuaron durante seis meses hasta el regreso de Vinod a la India.

Más profundo y más oscuro

Paralelamente a las comunicaciones de Vinod, desde febrero de 1953 hasta abril de 1955, Puharich estuvo destinado en el Centro Químico del Ejército en Edgewood, Maryland, aunque a menudo regresó a la Fundación Mesa Redonda. La naturaleza exacta de sus funciones sigue siendo desconocida, pero Edgewood era la instalación de investigación del Ejército sobre la guerra química y psicológica, y en ese momento estaba involucrado en un proyecto conjunto con el famoso MK-ULTRA de la CIA(1). La carrera de Puharich en el Ejército ciertamente da un giro diferente desde la aparición de los Nueve.

En 1956 el elemento extraterrestre fue ensamblado a la historia. En México, Puharich y Arthur Young conocieron a Charles y Lillian Laughead, que trabajaban con un joven que afirmaba estar en contacto psíquico con extraterrestres. Los Laugheads enviaron mensajes de Puharich sobre esos ETs, conteniendo referencias cruzadas a las comunicaciones anteriores de Vinod, aparentemente revelando que las mismas inteligencias cósmicas estaban contactando a diferentes personas.

En la década de 1960, Puharich se dedicó a la investigación parapsicológica y al desarrollo de dispositivos médicos patentados. Luego, en 1970, Puharich conoció a Uri Geller en Israel, convenciéndose de que su cuchara doblada y otros talentos eran genuinos. Cuando hipnotizó experimentalmente a Geller, el joven israelí canalizó la entidad “Spectra”, supuestamente una computadora consciente a bordo de una nave espacial lejana. Spectra dijo que los ETs habían programado a Geller con sus poderes de niño, y lo ungieron como un nuevo Mesías para los cambios mundiales venideros, declarando: “Él es el único para los próximos cincuenta años“.

Cuando Puharich hizo la pregunta de alguna manera importante, “¿Es usted de los Nueve Principios que una vez habló a través del Dr. Vinod?” Como era de esperar, Spectra respondió: ““. Luego confirmó que los Nueve estaban detrás de los OVNIS, justo desde el avistamiento seminal de Kenneth Arnold en 1947.

Milagros extrañamente monótonos

Las sesiones de hipnosis y las canalizaciones de Espectra continuaron, mientras que fenómenos extraños persiguieron a Puharich y Geller. En lo que Colin Wilson llama “una confusión de milagros extrañamente monótonos“(2), voces como de máquina hablaban de la nada, objetos desmaterializados y teletransportados (incluyendo al perro de Puharich  y una vez al propio Geller). Y varios OVNIS aparecieron sobre Tel Aviv y el desierto del Sinaí.

Sin embargo, aunque Geller confirma la paranormalidad, se distancia de la canalización. Y aunque Puharich parecía convencido de que Espectra y los Nueve eran reales, Geller los llama “una civilización de payasos“(3), una descripción perfecta del escenario del Joker Ultraterrestre/Cósmico.

Puharich hizo los arreglos para que Geller fuera probado en el SRI International, el instituto californiano donde se estaba llevando a cabo la investigación de “espionaje psíquico” respaldada por la CIA, la más famosa de las cuales era la visión remota. De hecho, durante nuestra investigación para La Conspiración Stargate, Geller nos dijo que Puharich trabajaba para la CIA cuando visitó Israel para evaluarle. Otro socio de Puharich, el físico Jack Sarfatti, también lo confirmó. Dados sus antecedentes, Puharich habría sido, por supuesto, su cazatalentos ideal.

Al igual que en el primer contacto con los Nueve veinte años antes descubrimos una investigación paranormal secretamente respaldada por la inteligencia militar -que de nuevo se centra en canalizar los Nueve…simetría perfecta, pero ¿qué significa?

Salida de los Mesías

A pesar de los esfuerzos de Puharich para promover a Geller como el Mesías de una nueva fase en la evolución humana, se retiró en 1973, habiendo alcanzado el estrellato internacional. Pero los Nueve continuaron llegando a Puharich a través de nuevos canales. Parecían olvidar que una vez declararon a Geller “el único que vendrá en los próximos 50 años”. Primero hubo un joven chef conocido sólo como ‘Bobby Horne’ que, hipnotizado por Puharich, canalizó al extraterrestre ‘Corean’, quien estuvo de acuerdo con la sugerencia de Puharich de que era un emisario de los Nueve. La experiencia llevó a Horne al borde del suicidio.

Phyllis Schlemmer

Fue reemplazado por la médium Phyllis Schlemmer, quien fue nombrada la ‘transmisora-receptora’ oficial de los Nueve, cargo que mantuvo durante los siguientes veinte años. Su guía ‘Tom’, que ella había asumido que era el espíritu de su abuelo, de repente anunció que era un extraterrestre y uno de los Nueve, ahora el ‘Consejo de los Nueve’.

Después de la partida de Geller, Puharich estableció un nuevo centro de investigación en Nueva Jersey, el ‘Lab Nine’. Esto se convirtió en el foco de dos series de eventos relacionados.

Primero fue la misión de alertar al mundo sobre la existencia del Consejo de los Nueve y su inminente retorno a través de los aterrizajes masivos de naves espaciales a finales de la década de 1970. Un nuevo jugador importante fue el rico barón inglés y buscador espiritual, Sir John Whitmore, un ex piloto de carreras.

Hubo un esfuerzo concertado para llevar el mensaje de los Nueve a una audiencia más amplia, además de atraer a individuos influyentes para que escucharan a Schlemmer dispensar su sabiduría cósmica. Entre ellos había científicos interesados en la interfaz entre la física cuántica y la conciencia, además de miembros de familias súper ricas, políticos y escritores.

Pero el nombre más grande fue sin duda Gene Roddenberry, creador de Star Trek, que estuvo involucrado con los Nueve en 1974 a ’75. Con la clara esperanza de explotar su estatus de culto, Puharich le instó a escribir un guión de película sobre los Nueve, aunque nunca se terminó. No está claro hasta qué punto Roddenberry creía o confiaba en ellos.

Aunque se afirma que las experiencias de Roddenberry en Lab Nine influyeron en la primera película de Star Trek y en la serie Next Generation una década más tarde (con sus nueve personajes centrales), además de la derivación de Deep Space Nine, la serie que indudablemente revela más sobre la actitud de Roddenberry hacia los Nueve es la última, Earth: Final Conflict (1997-2002), producida después de su muerte. Esto se sitúa en un futuro próximo cuando una raza alienígena avanzada, los Taelon, llegue a la Tierra afirmando ayudar a la humanidad, pero algunos humanos sospechan que están realmente empeñados en la conquista….

Roddenberry había convertido a los Nueve desencarnados en alienígenas de carne y hueso, y los Taelon están gobernados por un Sínodo o Consejo. Aunque la trama parece reflejar su incertidumbre sobre los Nueve, desde su muerte en 1991 Phyllis Schlemmer todavía afirma que fue influenciado sin saberlo por los Nueve cuando creó la serie original de Star Trek.

Gran Eneada

Sin embargo, fue en respuesta a una pregunta de Roddenberry que ‘Tom’ finalmente reveló su verdadera identidad -y la de los Nueve-. Él no era otro que Atum, dios principal de la “Gran Enéada” egipcio antiguo, los nueve dioses y diosas amados de los constructores de pirámides. Sin embargo, quizás debería señalarse que después del primer contacto de Vinod, Puharich había comenzado a estudiar la Enéada.

El otro proyecto en el Lab Nine fue más perturbador. Usando varias técnicas incluyendo la hipnosis, también consiguió que un grupo de niños – los “Niños del Espacio” – vieran a distancia objetivos políticos y militares como el Kremlin, e intentó que canalizaran inteligencias extraterrestres.

Prácticamente no se sabe nada sobre este proyecto. El único registro consiste en los comentarios de los visitantes, señalando inquietantemente que algunos de los niños estaban claramente traumatizados por la experiencia. Como esto ocurrió paralelamente al programa de teleobservación respaldado por la CIA, parece una forma de implicar a los niños sin despertar sospechas. Después de todo, ¿con qué estarías más de acuerdo: con enviar a tus hijos a un campamento genial para que se conviertan en el nuevo Uri Geller – o ponerlos al cuidado de la CIA y del ejército en algún lugar secreto?

En 1978 todo se vino abajo: El Lab Nine se incendió misteriosamente, y Puharich huyó a México, alegando que estaba siendo atacado… ¡por la CIA! Tal vez temían revelaciones sobre los Niños del Espacio a través de un escándalo que involucraba a su socio Ira Einhorn, quien estaba siendo investigado por el asesinato de su ex novia Holly Maddux (por la cual fue condenado posteriormente). En el momento de su desaparición, Maddux poseía documentos relacionados con la investigación de los Niños del Espacio. (Puharich regresó a los EE.UU. tres años más tarde, – extraño para alguien que temía ser asesinado por la CIA-, y continuó su investigación paranormal, aunque aparentemente ya no juega ningún papel en la historia de los Nueve. Murió en 1995.)

Hacia adelante y hacia abajo

El Consejo de los Nueve continúa su misión. El libro de Schlemmer de 1992, The Only Planet of Choice (El Único Planeta de Elección), sigue siendo un best-seller de la Nueva Era, y aunque ya no canaliza activamente a los Nueve, todavía promueve su mensaje. Dado que había estado en contacto con estos “dioses antiguos” casi a diario desde 1975, su libro de poco menos de 400 páginas es claramente algo selectivo.

Entonces los Nueve entraron en el gran momento. En 1978 Whitmore presentó a la inglesa Jenny O’Connor en el Instituto Esalen, el centro californiano de la escena alternativa que atrajo a nombres famosos del mundo del arte, el entretenimiento, la ciencia e incluso la política. Increíblemente, los Nueve no sólo impartieron seminarios en Esalen a través de ella, sino que desde 1979 hasta por lo menos 1982 se hicieron cargo del Instituto. En Esalen: America and the Religion of No Religion (2007), Jeffrey J. Kripal describe la dependencia del fundador Richard Price en O’Connor: “Dick decidió pedirle a Jenny y a los Nueve que le ayudaran a tomar decisiones administrativas difíciles, que incluían despedir y contratar individuos“. Eric Erickson, miembro del personal de Esalen y biógrafo de Price, describe a los Nueve como “matones extraterrestres“.(4)

Este período fue particularmente significativo para Esalen. Muchos de los que asistieron a los seminarios de O’Connor se hicieron prominentes en los círculos políticos tanto en Estados Unidos como en la URSS (a través del Programa de Intercambio Soviético del Instituto), como escribió Jack Sarfatti:

El hecho es que…. un puñado de personas aparentemente de la Nueva Era Californiana se unieron a los OVNIS y fenómenos psíquicos, incluyéndome a mí, habían llegado a los niveles más altos de la clase dominante americana y de la Unión Soviética y hoy dirigen la Fundación Gorbachov.(5)

Fue a través de O’Connor que los Nueve llegaron a Washington, incluyendo los círculos de los que Al Gore, un descarado seguidor de lo paranormal, iba a emerger. No se sabe cuánto lo influenciaron los Nueve, pero algunos de sus asociados -incluido su mentor político, el senador Claiborne Pell- estaban ciertamente interesados en sus pronunciamientos. Es escalofriante pensar que si Gore se hubiera convertido en presidente, ¿quién -o qué- le habría influenciado?

Bromas aparte

Los Nueve representan el esfuerzo más concertado jamás realizado para fabricar y vender un sistema de creencias basado en el contacto extraterrestre. Construido a lo largo de más de cinco décadas, implicó persuadir a prominentes políticos y líderes culturales de su realidad y su inminente retorno, además de intentar darlos a conocer a nivel mundial a través de libros y películas. Esta campaña tuvo mucho éxito en la subcultura de la Nueva Era, que sigue siendo en gran medida -y sin lugar a dudas- esclava de los Nueve.

Las comunicaciones de los Nueve exhiben todas las ambigüedades y dificultades clásicas del supuesto contacto con extraterrestres. Lo mínimo es que son ‘anómalos’, aparentemente extraterrestres pero entrelazados con una paranormalidad más tradicional. Y detrás de todo esto está la presencia sombría de las agencias gubernamentales.

Los hechos descritos anteriormente encajan en dos escenarios diferentes. El primero – preferido por los Nueve devotos – es que los Nueve son genuinamente ETs avanzados que crearon la especie humana y guiaron su desarrollo, y que fueron adorados como dioses en el antiguo Egipto. Y ahora la humanidad ha alcanzado un punto de crisis a través de su propia locura, están a punto de regresar para sacarnos del lío y (un tanto contradictoriamente) para lanzar a la humanidad al siguiente nivel evolutivo.

Hay buenas razones para dudar de esta explicación. El análisis de los pronunciamientos de los Nueve revela demasiadas inconsistencias internas, además de errores históricos y científicos a menudo ridículos. ¿Y qué hay del segundo escenario? Dados los siniestros antecedentes de Puharich, ¿podría haber sido todo un experimento sobre la creación y manipulación del contacto canalizado? Está claro, incluso por su propia cuenta, que él dirigió la canalización, a menudo haciendo preguntas importantes a los canalizadores hipnotizados. Y hay evidencia que sugiere que también usó técnicas químicas y electrónicas.

¿Fue todo un experimento para ver cómo el contacto aparente con inteligencias no humanas podía ser inducido, manipulado y explotado? Si es así, ¿qué hacemos con la evidencia de finales de la década de 1970 del esfuerzo concertado para construir una nueva religión centrada en los Nueve? Sin embargo, como todo culto, el verdadero poder residiría en el “sacerdocio” dirigido por Puharich y sus cohortes.

Pero incluso ese escenario, nos parece, no cubre los hechos. Parece que no hay duda de que algo genuinamente paranormal estaba sucediendo. El escritor británico Stuart Holroyd, por ejemplo, fue persuadido de escribir un libro sobre los Nueve – Preludio del Aterrizaje en el Planeta Tierra (1977) – después de experimentar una actividad de tipo poltergeist en su casa. Esto es más difícil de atribuir a la manipulación de la CIA – a menos que asumamos que la CIA puede inducir eventos paranormales. Y, por supuesto, las comunicaciones de los Nueve continuaron incluso después de la participación de Puharich, a través de varios individuos. Entre ellos se encuentran James J. Hurtak, segundo al mando de Puharich en el Lab Nine, y Carla Rueckert, una investigadora paranormal que colaboró con él. Ambos produjeron libros de material canalizado de la misma fuente, sea lo que sea que haya sido. The Keys of Enoch (1977) de Hurtak y The Ra Material (1984) de Reuckert han sido los más vendidos de la Nueva Era.

Puharich escribió: “No dudo de la existencia de inteligencias desencarnadas, como tampoco dudo de la existencia de inteligencias carnativas finitas“.(6) Pero como alguien que hizo un estudio específico del tema, incluso convirtiéndose en un kahuna, un iniciado del chamanismo hawaiano, debe haber sabido estar siempre en guardia contra los espíritus embaucadores, lo que Colin Wilson llamó memorablemente (en su introducción al Preludio del Aterrizaje en el Planeta Tierra) los “ladrones y estafadores del mundo espiritual”.(7)

Tal vez Puharich dirigía los acontecimientos, pero experimentaba tanto en los Nueve como en sus canales humanos, tratando de descubrir cómo separar el trigo de la paja entre las entidades desencarnadas. O tal vez incluso (pensamiento aterrador) para averiguar si las entidades mismas pueden ser manipuladas y controladas. Pero si fuera cierto, ¿qué significaría la participación de los militares y las agencias de inteligencia? ¿Están tratando de establecer una relación con tales seres?

“Un terrible montón de problemas”

Si, como la evidencia sugiere cada vez más, la CIA y los militares no están tratando de suprimir la creencia en el contacto con extraterrestres, sino de fomentarlo, ¿por qué lo harían? La suposición de la mayoría de los defensores de la Hipótesis Federal es que esas agencias quieren usar el fenómeno y la creencia de la gente en él como una cortina de humo para sus propios propósitos encubiertos. En otras palabras, si la CIA quiere que pensemos que los OVNIS existen, entonces la verdad es que no existen. Pero en nuestra opinión, hay otra razón aún más inquietante: quieren que pensemos que los OVNIS son máquinas extraterrestres de tuercas y tornillos y que los extraterrestres son de carne y hueso para desviar la atención de la realidad de que los verdaderos `extraterrestres’ coexisten invisiblemente con nosotros en la Tierra – y son la fuente de todos los casos de alta extrañeza.

Jacques Vallée, uno de los primeros en investigar la manipulación encubierta del escenario OVNI por parte de las agencias oficiales, concluyó: “alguien se está tomando muchas molestias para convencer al mundo de que estamos amenazados por seres del espacio exterior“.(8) Pero, ¿cómo encaja esto en su hipótesis magoniana? Vallée presentó su declaración más explícita del panorama general en el argumento de su novela Fastwalker de 1996 (escrita con Tracy Tormé): un poderoso grupo de conspiradores humanos saben que el fenómeno OVNI es creado por entidades de un mundo paralelo, pero su objetivo es convencer a los líderes mundiales y a la población global de la existencia de ‘alienígenas’ y luego posicionarse como los intermediarios del mundo.

Que es básicamente nuestra propia visión del caso del Concilio de los Nueve: tienen el sello del Ultraterrestre por todas partes – payasos, estafadores y bromistas cósmicos – pero también está la presencia perniciosa de agencias muy humanas acechando en el fondo. La broma es para todos aquellos que siguen a los Ultraterrestres, sin importar cómo elijan manifestarse o cómo sus aliados humanos elijan presentárnoslos. Pero, como la historia ha demostrado, puede que no sea cosa de risa.

LYNN PICKNETT & CLIVE PRINCE              New Dawn Magazine (Sept 2011)

Notas:

1. John Marks, The Search for the ‘Manchurian Candidate’: The CIA and Mind Control, W.W. Norton & Co., 1979, Chapter 5.

2. Colin Wilson, Alien Dawn: An Investigation into the Contact Experience, Virgin, 1998, 18.

3. Andrija Puharich, Uri: The Original and Authorized Biography of Uri Geller, Futura, 1974, 173.

4. Jeffrey J. Kripal, Esalen: America and the Religion of No Religion, University of Chicago Press, 2007, 366.

5. Jack Sarfatti’s 1996 autobiographical online essay ‘Sarfatti’s Illuminati: In the Thick of It!’, widely distributed on the Internet, e.g. http://www.whale.to/b/sarfatti.html.

6. Andrija Puharich, The Sacred Mushroom: Key to the Door of Eternity, Doubleday, 1974, 170.

7. Stuart Holroyd, Prelude to the Landing on Planet Earth, W.H. Allen, 1977, 14

8. Jacques Vallée, Revelations: Alien Contact and Human Deception, Souvenir Press, 1992, 247

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EL ASOMBROSO HOMO SAPIENS

Clásica alegoría creacionista (pintura de la Capilla Sixtina)

XAVIER BARTLETT          Debo confesar que cuanto más intento explicar nuestra presencia en este planeta, más incógnitas me surgen, pues más bien parecemos una gran anomalía o rareza frente al resto del mundo natural. Si descartamos las explicaciones de los dos extremos, el creacionismo religioso y el evolucionismo darwinista (para los cuales debemos realizar sendos actos de fe), apenas nos quedan dos opciones más: el diseño inteligente y el intervencionismo, y ninguno de los dos tiene sólidas pruebas que pueda avalarlo más allá de la especulación. En todo caso, ambos coinciden en que el ser humano es el producto de un proceso inteligente de creación, si bien los intervencionistas introducen en la ecuación la presencia de una inteligencia mediadora de carácter extraterrestre, esto es, la aplicación de ingeniería genética sobre una criatura ya existente. Y, por cierto, aunque parezca una anécdota, Alfred Wallace –el otro padre del evolucionismo– afirmó que “algún poder inteligente ha guiado o determinado el desarrollo del hombre”.

No voy a entrar ahora a valorar la validez de estas cuatro propuestas o visiones, pero sí al menos poner de manifiesto que el ser humano presenta una serie de notables diferencias con sus parientes más próximos que la evolución por selección natural (esa caja mágica donde casi todo es posible, según decía el biólogo Michael Behe) no puede explicar satisfactoriamente, porque a menudo entra en contradicción con sus propios postulados, o porque suele recurrir al inevitable azar –mediante las consabidas mutaciones aleatorias– para cerrar cualquier discusión, sin que haya forma empírica de probar que en un remotísimo pasado se produjo tal o cual mutación, ni qué efectos tuvo.

Ahora bien, para centrar la cuestión, primero debemos poner al hombre en su contexto natural, que los expertos de la antropología, la biología y las ciencias naturales sitúan en el orden de los primates, unos mamíferos placentarios que llevan varios millones de años sobre el planeta, según el registro fósil observado. La ortodoxa académica afirma que el primer primate –en su forma más arcaica– apareció hace unos 55 millones de años. Posteriormente, los primates evolucionarían, dando lugar a varios subórdenes y familias, y ahí encontramos la familia de los homínidos [1], esto es, los primates antropomorfos que comúnmente llamamos simios o monos, entre los cuales estamos incluidos según la clasificación científica. No obstante, hay que remarcar que el árbol genealógico completo del ser humano sigue siendo objeto de discusión, y depende de los nuevos hallazgos paleontológicos, de los modernos estudios genéticos, o simplemente de las visiones de los investigadores.

Lo que parece evidente es que al observar la anatomía de estos primates apreciamos muchas semejanzas físicas con nosotros, a lo que habría que sumar una coincidencia genética de hasta un 98% con los chimpancés, porque supuestamente descendemos de un ancestro común. No obstante, pese a tanta semejanza, hay un punto en que el abismo que separa a los humanos de nuestros parientes resulta difícilmente explicable según factores evolutivos. Vamos pues a analizar de forma resumida algunas de estas “distorsiones” del Homo sapiens, que muchos autores alternativos han sacado a la luz para poner en aprietos a los evolucionistas, e incluso –como hemos mencionado– para avalar la supuesta intervención de seres de otros mundos.

El salto súbito frente al gradualismo

S. J. Gould

La teoría evolucionista siempre ha preferido con mucho el llamado uniformismo o gradualismo frente al catastrofismo; esto es, la evolución actúa lentamente a lo largo de millones de años, con pequeños cambios graduales que se van acumulando en el marco de la selección natural hasta provocar la aparición de nuevas especies a partir de las viejas. Sin embargo, un reputado experto en evolución como Stephen Jay Gould empezó a dudar de este mecanismo ante la evidencia negativa del registro fósil (por otra parte, muy escaso e interpretable) y propuso que podían darse cambios súbitos en momentos determinados a causa de unas circunstancias ambientales excepcionales [2].
Y es en este escenario “excepcional” donde encajaría mejor el hombre: los propios antropólogos no se explican el rápido avance del ser humano frente a sus parientes, cuando el gran paquete de macrocambios (a través de las mutaciones) que afectó al hombre debería haber tenido lugar a un ritmo pausado de varios cientos de millones de años [3]. Sin embargo, todo indica que el ser humano se habría visto “beneficiado” por una fortuita y rápida cadena de mutaciones que se acumularon en pocos millones o cientos de miles de años, mientras que sus parientes se estancaron completamente. En suma, ningún científico tiene las claves de cómo y por qué se produjo el proceso de hominización ni su fulgurante desarrollo, ni tampoco por qué los otros primates antropoides se quedaron al margen, si convivieron en el mismo marco espacio-temporal.

Características anatómicas y genéticas únicas

Todos los primates –incluido el hombre– compartimos un conjunto de características físicas, al pertenecer a un tronco común. No obstante, está claro que deben existir otros rasgos anatómicos que hagan única o diferenciada a cada especie, y aquí es cuando surgen unos datos muy interesantes. A inicios del siglo XX, el antropólogo británico Arthur Keith –plenamente imbuido en el credo evolucionista– comprobó que el ser humano se apartaba bastante de ese tronco común, pues sus particularidades únicas (que él llamó caracteres genéricos) superaban con mucho al resto de primates. Así, por ejemplo, el gorila tiene hasta 75 rasgos propios; el chimpancé, 109; y el orangután, 113. En cambio, el ser humano tiene nada menos que… 312.

No somos tan similares a los chimpancés

Cabe insistir otra vez en el altísimo porcentaje de coincidencia genética con nuestros parientes más próximos, lo que todavía hace más sorprendente este hecho. Claro que el ADN del ser humano tiene una importante cantidad del llamado ADN basura, que todavía nadie ha explicado qué función o sentido tiene, si bien deberíamos concluir que todo en la Naturaleza tiene un orden y un propósito. Por otro lado, existe otra diferencia genética no poco importante: los humanos somos los únicos primates con 46 cromosomas, a diferencia de los 48 del resto de primates. Tampoco en este caso los expertos evolucionistas han sido capaces de explicar por qué en nuestro caso se produjo la fusión de dos cromosomas (¿el azar, como siempre?).

Finalmente, cabe citar que en todas las especies se producen trastornos o defectos genéticos –que son superados sin mayores problemas en el mundo salvaje– pero que en el ser humano se disparan hasta los más de 4.000, siendo algunos de ellos de tal gravedad que llegan a impactar directamente en la salud y la supervivencia de las personas, incluso antes de la edad de reproducción.

La pérdida del vello

Otro rasgo extraño en los humanos es la pérdida de la mayor parte de su vello corporal, cuando este factor parece que difícilmente podría haberse “seleccionado naturalmente” como un síntoma de avance o ventaja biológica. Lo cierto es que el vello cumple una misión básica de aislante, al proteger la piel frente a la radiación solar y las agresiones del ambiente. Asimismo, el vello permite mantener la temperatura corporal y facilitar una lenta evaporación de los líquidos, e incluso puede tener una importante función de camuflaje frente a las amenazas. Todos los mamíferos, a excepción de los que viven bajo tierra o en los mares, han conservado su pelaje natural, con lo cual retienen mejor el calor y la energía y realizan un reciclado o limpieza natural de su piel, lo que también redunda en una mejor protección contra las enfermedades. Además, la piel de los mamíferos está diseñada para repararse fácilmente de las heridas, rasguños o cortes (por un proceso llamado contractura), mientras que la del hombre, debido a la acumulación de grasa subcutánea [4], tiene serias dificultades para cerrarse.

Representación de un australopiteco, supuesto antepasado nuestro, cubierto de pelo

Sea como fuere, el hombre perdió casi todo su pelo –se supone que progresivamente– y se encontró inadaptado al medio, por lo que tuvo que cubrirse con vestimenta. La única raza humana que salió parcialmente del paso fue la negra, al haber desarrollado una piel muy oscura –más protectora– gracias a la melanina. Con todo, el evolucionismo no tiene una explicación clara o razonable para la pérdida del vello, aparte de las meras conjeturas, como por ejemplo la prolongada estancia en un clima muy cálido o bien en un medio acuático. Y como mera curiosidad, el pelo de la cabeza de los primates llega a crecer hasta cierto punto y se detiene; en cambio, en el ser humano no para de crecer y debemos cortarlo periódicamente. Y tal vez un cabello demasiado largo no sería muy práctico en un entorno salvaje…

El desarrollo del cerebro y el cráneo

Cráneo de Homo sapiens

Que el Homo sapiens desarrollara un cerebro tan grande y sofisticado en comparación a sus parientes es otro enigma sin resolver y para el cual se han propuesto varias teorías que tampoco pasan del estadio de especulación. Se supone que el uso de nuestras manos y la capacidad de manipular objetos (especialmente para crear herramientas) fue el primer paso para desarrollar la inteligencia, lo que comportaría una progresiva complejidad y aumento del cerebro. Pero esto no deja de ser una hipótesis más bien floja, pues muchos animales –incluso de cerebro escaso– son capaces de emplear objetos para conseguir sus fines y los simios más cercanos al hombre también crean herramientas simples a partir de objetos de su entorno.

Realmente nadie sabe qué produjo el progresivo aumento del cerebro desde el Homo habilis hasta el hombre moderno, con el consecuente crecimiento de la capacidad craneal. Sobre todo sorprende el paso de los 900 cm3 del Homo erectus a los 1.400 del sapiens o incluso los 1.600 del neandertal, ambos en periodos relativamente cortos (cientos de miles de años o menos). Y aún así, nos encontramos con la paradoja de que el tamaño no lo es todo, pues el diminuto Homo floresiensis, con un cerebro poco mayor que el de un chimpancé, podía fabricar utensilios casi tan buenos como los del Homo sapiens. En términos evolutivos, el cerebro humano es un mecanismo que consume mucha energía y que sería más bien un avance excesivo para lo que requeriría la mera supervivencia, y de hecho el evolucionismo no entiende que la naturaleza produzca avances más allá de lo necesario.

Dicho todo esto, podríamos discutir sobre la “superioridad” de nuestro cerebro, pero… ¿acaso el cerebro de los primates no está perfectamente adaptado a sus necesidades y forma de vida? Ellos han podido sobrevivir exitosamente y prácticamente sin cambios físicos durante millones de años. ¿Cuál sería el motivo por el que la naturaleza “seleccionaría” un cerebro más grande y complejo? ¿Qué clase de reto ambiental empujaría a tal desarrollo? ¿Existió algún competidor natural que forzase tal prodigioso avance? Todas estas preguntas están aparcadas en un callejón sin salida.

La alimentación carnívora

La obra de O. Kiss

Prácticamente todos los monos son herbívoros, y su estrategia alimenticia resultó exitosa en diferentes climas y paisajes de todo el planeta. La alimentación vegetariana resultaba más saludable, accesible y fácil para los primates y no había razón alguna para pasarse a una dieta carnívora. ¿O de pronto se dio una aguda necesidad de ingerir gran cantidad de proteína animal? En cualquier caso, pasar de la recolección a la caza representa todo un reto cuando evolutivamente no estás diseñado para ello, por las inadaptaciones físicas ya citadas. Nuestros antepasados bípedos tendrían que haber recurrido más bien a la actividad carroñera (lo que de hecho está documentado), pero el salto a la caza de presas fuertes, rápidas y ágiles no debería ser cosa fácil, aun disponiendo de herramientas o armas apropiadas.

Dejo aparte el tema del canibalismo en nuestros remotos ancestros (e incluso en el Homo sapiens), que también ha sido documentado puntualmente en excavaciones arqueológicas y que no tiene paralelo en el mundo de los primates. De algún modo, aquí encajaría la herética teoría del autor Oscar Kiss Maerth que propugnó en su libro El principio era el fin que la evolución humana vino marcada porque algunos primates avanzados se dedicaron a consumir los cerebros crudos de sus congéneres, lo que habría aumentado tanto sus impulsos sexuales como su inteligencia.

El bipedalismo y la debilidad física del sapiens

Esqueletos de neandertal y sapiens

Ya traté el tema del oscuro origen del bipedalismo en el ser humano, que podría ser mucho más antiguo de lo que se ha dicho hasta ahora, con el herético añadido de que es posible que nuestros parientes primates cercanos hubieran regresado a una locomoción cuadrúpeda a partir de un ancestro común bípedo, hace muchos millones de años. Por lo demás, se ha especulado sobre la causa primera del bipedalismo humano, pero a todas luces, en vez de avance evolutivo parece una marcha atrás, pues la locomoción bípeda es una clara desventaja en términos de carrera y estabilidad frente a los depredadores o competidores. Además, el humano erguido es más visible y carece de facilidad para trepar a los árboles en busca de comida y refugio, como hacen los simios.

Por otro lado, el desarrollo físico del humano moderno también parece empeorar en términos de adaptación al medio. No hay más que comparar nuestra fisonomía con el aspecto fuerte y robusto de cualquier primate, e incluso de los homínidos “pre-humanos”, para apreciar hasta qué punto los humanos se han vuelto frágiles y enclenques, lo que hoy en día podría explicarse por nuestro tipo de vida, pero no hace 100.000 años, cuando las condiciones climáticas eran muy duras y la lucha por la supervivencia exigía el máximo esfuerzo físico.

Si analizamos a nuestros “ancestros”, veremos que por lo menos hasta el neandertal, todos tenían una fuerte y compacta osamenta, parecida a la de los primates. Sus huesos eran más pesados y resistentes, mientras que nosotros somos más gráciles. Asimismo, los músculos de los humanos modernos son bastante más débiles (de 5 a 10 veces más) que los de nuestros parientes simios.

A este respecto, decir que nuestra inteligencia “suplió” esa desventaja frente a otras especies es una mera especulación. De hecho, el neandertal, que era inteligente y podía hablar, era bastante más fuerte que el sapiens y estaba más adaptado para soportar los rigores de la era glacial. Pero fue él el que desapareció, lo que a día de hoy sigue siendo un misterio.

La sexualidad y la reproducción

La sexualidad humana está claramente diferenciada de las del resto de primates, o de los mamíferos en general, sin que tampoco haya convincentes explicaciones académicas para este hecho. El macho humano tiene un pene sensiblemente más largo que el del resto de los primates y carece de hueso, como en el caso de sus parientes. Realmente, no se ve el motivo por el cual nuestros antepasados masculinos iban a perder características que funcionaban bien y aseguraban la reproducción. A su vez, las hembras humanas están permanentemente receptivas para la copulación, mientras que en las hembras primates, si bien se rigen igualmente por ciclos de celo para la reproducción, sólo están receptivas en momentos específicos. Algún científico, como Desmond Morris (autor de “El mono desnudo”), ha sugerido que precisamente la antes citada pérdida del vello podría tener relación con esa “revolución sexual” de los humanos, cuyos atributos sexuales quedarían mucho más visibles y sensibles en esas condiciones.

Además, volviendo al tema del cerebro humano, éste no sólo es más grande sino que se aloja en un cráneo cuya estructura difiere bastante de la del resto de primates, con el agravante de que en el momento de nacer el cráneo del bebé ha de ser lo bastante grande como para seguir creciendo después… pero el canal del parto de la mujer no “evolucionó” en consecuencia, lo que debió causar mucha mortalidad en tiempos remotos, y aun sigue causando molestia y dolor. ¿A qué se debe esta falta de adaptación evolutiva en la reproducción?

Conclusiones

¿Es creíble esta cadena evolutiva?

En fin, a la vista de todos estos elementos, más parece que la selección natural carece de mucha lógica si hemos de aplicarla al ser humano, pues –aparte de darse tantas mutaciones azarosas en un determinado sentido– los rasgos que nos han hecho humanos no se muestran como ventajas sino más bien inconvenientes para tener una exitosa supervivencia en el entorno natural. Así pues, da la impresión de que el evolucionismo tropieza con muchas piedras para explicar la diversidad vegetal y animal, pero llegados al terreno humano hace aguas por todas partes. El ser humano se presenta como un ente anómalo, inadaptado y débil, que se aupó a una categoría de semi-dios gracias a su inteligencia, cuyo origen o motivación está fuera de toda explicación. Tan parecidos a los primates y a la vez tan diferentes… la realidad de ese abismo es tozuda, por muchas vueltas rocambolescas que quieran darle los científicos darwinistas.

Hace unos pocos años veía las teorías de la intervención genética como una salida de tono o un argumento de ciencia-ficción, pero con el tiempo voy asumiendo que el papel del azar y el caos no se sostiene y que existe algún tipo de diseño inteligente sobre los seres vivos de este mundo. En este sentido, volvemos a los argumentos del principio: o hay un diseñador (o “programador”) primigenio, tal como defienden los partidarios del diseño inteligente, o bien existieron unos artesanos intermediarios con capacidad para modelar los diseños, algo que podríamos llamar “inteligencias superiores”. A partir de esta última visión, cobraría fuerza la hipótesis de que el ser humano es realmente un híbrido, una mezcla genética de dos organismos hecha ad hoc con unos fines que se me escapan. Por un lado, tendríamos a un primate antropoide más o menos avanzado y por otro tendríamos –hipotéticamente– a una criatura humanoide superior. Pero, ¿de dónde salió tal entidad? No tengo ni idea, si es que no he de volver la vista hacia la mitología…

© Xavier Bartlett 2018

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

XAVIER BARTLETT      La Otra Cara del Pasado

[1] Técnicamente, se denomina a esta familia Hominidae, e incluye a chimpancés, gorilas, orangutanes y humanos. Recientemente se ha hecho la distinción de introducir el término homíninos para referirse sólo a los homínidos bípedos, o sea, al ser humano y a todos sus supuestos antepasados directos evolutivos.
[2] Esta es la teoría del “Equilibrio puntuado”.
[3] Según el científico evolucionista Daniel Dennett, la aparición de una nueva especie en un periodo de 100.000 años puede considerarse como repentina. Hay que tener en cuenta, además, que muchos de los rasgos de un animal –o incluso el animal entero– no varían a lo largo de muchos millones de años, permaneciendo inalterados e “inmunes” a la evolución. Esto se pudo comprobar en el caso del pez celacanto, que se creía extinguido hace 80 millones de años y que fue redescubierto vivo en el siglo XX con un aspecto idéntico al de los fósiles.
[4] Los seres humanos acumulan bajo la piel hasta diez más grasa que el resto de los mamíferos, lo que sólo tendría sentido si fuéramos una especie de origen acuático.

POR QUÉ SI RECIBIMOS UN MENSAJE EXTRATERRESTRE LO MÁS PRUDENTE ES DESTRUIRLO SIN SIQUIERA LEERLO

CARLOS ZAHUMENSZKY  Para unos, la idea de una inteligencia extraterrestre poniéndose en contacto con los seres humanos es un sueño. Para otros es una pesadilla. Un nuevo estudio analiza los supuestos en caso de que ese contacto se hiciera realidad y su recomendación es extraña: no deberíamos ni leer el mensaje.
El estudio en cuestión lleva por título Comunicación Interestelar: Descontaminar el mensaje es imposible y es obra del astrónomo Michael Hipke, del Observatorio Sonneberg en Alemania, y de John G. Learned, profesor del Grupo de Física de Alta Energía en la Universidad de Hawai.
Hipke y Learned han estudiado los intentos del SETI de captar señales de supuestas civilizaciones extraterrestres y ponen el acento en un detalle: nadie, ni siquiera los científicos del SETI, están convencidos de que una inteligencia extraterrestre tenga buenas intenciones solo por el hecho de ser más avanzada. Learned explica a Universe Today:

No hay ninguna razón lógica para asumir que una civilización alienígena será benevolente sabia y amable solo por su dilatada experiencia como civilización.
De hecho, creo que es mucho más ilustrativa la analogía de nuestra propia historia. ¿Hay alguna civilización a la que le haya ido bien después de encontrarse con otra civilización tecnológicamente avanzada? Siempre hay una primera vez, pero a menudo pienso en la saga Alien como una noción mucho más creíble.

¿Y si nos envían el ADN codificado de esto?

Cuando el mensaje es el arma

La idea de que nuestro encuentro con una civilización avanzada sea fatal para la especie humana no es nueva, pero de ahí a temer el propio mensaje hay un trecho. ¿Por qué Hipke y Learned recomiendan no escuchar ninguna transmisión o incluso destruirla sin ni siquiera tratar de entenderla?
La razón está en la teoría de la relatividad especial. Según nuestra concepción del universo (la única que tenemos con base científica por ahora) es imposible viajar más rápido que la luz. Si a ello añadimos el increíble tamaño del cosmos, sencillamente es absurdo montar una flota estelar para conquistar la Tierra. Costaría demasiado y se tardaría demasiado en llegar.
Es mucho más práctico destruir la humanidad con un mensaje…
La naturaleza de este mensaje solo puede imaginarse, pero si lo pensamos bien cualquier cosa puede ser dañina. Un simple aviso (aunque sea mentira) que diga “Vuestro Sol va a explotar dentro de una semana” desataría una explosión de pánico global tan espectacular que tendríamos suerte si no destruimos nuestra propia civilización antes de que se cumpla el plazo.
La idea de un concepto filosófico o cultural destruyendo una civilización no es tan descabellada. Los historiadores siguen debatiendo si la aparición de la Biblia fue a la postre la causa de la destrucción del imperio romano.
Si nos vamos a supuestos menos filosóficos, una transmisión puede usarse para codificar información que sea letal en sí misma. Datos que se reconstruyan formando un virus informático o una inteligencia artificial capaz de crecer en nuestras redes de información, instrucciones para crear un arma biológica disfrazadas de regalo. El guión de películas como Species no es ninguna locura si consideramos el uso de un mensaje como arma.

El problema de la contención

El problema de fondo es que hoy en día es imposible que un mensaje de ese tipo sea acallado o destruido. Sí, pese a lo que puedan creer los conspiranoicos, si el SETI recibe un mensaje extraterrestre es imposible ocultarlo a la población. La Declaración de Principios Concernientes a Actividades de Detección de Inteligencia Extraterrestre es un documento aprobado, revisado y suscrito por la Academia Internacional de Astronáutica. Ese documento establece que si alguien descubre una comunicación de índole extraterrestre debe almacenar el contenido de esa comunicación y transmitirlo a otros científicos por cualquier medio a su alcance. En realidad bastaría con que lo suba a Reddit y espere a que los usuarios lo descarguen.
Es una buena noticia si trabajamos con la hipótesis de que el mensaje es benevolente, pero si el mensaje es un arma sencillamente no podremos contenerla. Estamos acabados antes de empezar.
Hipke y Learned no tienen una solución a este problema de contención. Incluso aunque el mensaje estuviera cifrado, sería imposible encerrarlo en un entorno controlado. Las redes descentralizadas se encargarían de descifrar el código (y desencadenar sus hipotéticas consecuencias) tan rápido como un superordenador. Sobre todo teniendo en cuenta la naturaleza del mensaje. Si algún día recibimos una transmisión de origen extraterrestre va a ser un día histórico. Simplemente aún nos sabemos si para bien o para mal. [Arxiv vía Universe TodayGIZMODO

ENCUENTRO CON VALLÉE: DE LOS OVNIS A LAS MANIS (Manifestaciones Alquímicas No Identificadas)

RED PILL JUNKIE    La semana pasada mis amigos Darren y Graham, anfitriones del podcast Grimerica Show, me regalaron lo que es probablemente el mayor honor que un aficionado OVNI puede recibir: una oportunidad para entrevistar al Dr. Jacques Vallée, el investigador más renombrado en el campo.

De hecho tuve la oportunidad de conocer al Dr. Vallée en persona el año pasado, y conversé con él en compañía de mi buen amigo y colega Greg Bishop -puedes leer sobre ello aquí-, pero esta nueva oportunidad fue claramente diferente. Para empezar, en aquella ocasión dejé que Greg hablara la mayor del tiempo, ya que la principal excusa que tuvimos para reunirnos con el honorable astrónomo y científico informático fue entregarle una copia del libro de mi amigo, ¡It Defies Language! Estaba demasiado “deslumbrado” e intimidado por estar en presencia de tal leyenda. Además, esa había sido una conversación privada alejada de cualquier escrutinio público; como sabía que Vallée rara vez aceptaba entrevistas en estos días debido a su apretada agenda, tuve que prepararme una lista de buenas preguntas para él -el tipo de preguntas que rara vez se hacen en programas como Coast to Coast, si sabes a lo que me refiero-, que consulté con unas pocas personas cuya opinión sobre el tema OVNI valoro enormemente.

Hice mi tarea con diligencia, pero sin embargo la noche anterior a la entrevista estaba comprensiblemente nervioso, y no pude dormir hasta pasadas las 3 de la mañana. Traté de calmarme viendo Star Trek Generations, que había sido lanzado recientemente en Netflix, y la película me recordó mi amor olvidado por la serie de los 90’s ST: TNG y mis años universitarios; de cómo al mismo tiempo estaba empezando a hacer uso de los ordenadores en mi universidad para acceder a la Internet temprana con el fin de leer los foros monocromáticos de Ovnis, volvería a casa y trataría de no perderme las aventuras del Capitán Jean Luc Picard y la tripulación del USS Enterprise en la televisión por cable; de cómo me uniría a ellos en sus viajes en mi imaginación, y soñaría con la Frontera Final …

Es justo decir que por aquel entonces todavía estaba profundamente atrincherado en la Hipótesis Extraterrestre como la “mejor” solución para el dilema de los ovnis, y aunque mis pensamientos sobre el fenómeno han evolucionado dramáticamente en los últimos veintitantos años, decidí esa noche, por puro capricho, que empezaría a volver a ver toda la serie de The Next Generation, disponible en su totalidad en la plataforma de Netflix.

(Menciono esta anécdota aparentemente trivial por razones que resultarán claras más adelante, queridos colegas…)

Llegó la noche de la entrevista, y mis amigos de Grimerican tuvieron la amabilidad de permitirme ‘estar al frente’ de la discusión durante la mayor parte del tiempo que tuvimos el Dr. Vallée (pueden escuchar el episodio aquí). Grimerica Show se enorgullece de no tratar de copiar el anticuado modelo de radio, por lo tanto, no tiene patrocinadores o interrupciones comerciales, y los chicos han aprendido la delicadeza de dejar que sus invitados hablen y tratan de cortar lo menos posible. Este formato informal de podcast tiene sus pros y sus contras: las desventajas son que de la larga lista de preguntas que había preparado, creo que solo logro cubrir menos del 15% de lo que quería preguntarle a Vallée; los pros son que la conversación entró en avenidas que no había esperado ni anticipado. En absoluto.

Hay muchas cosas que cubrimos en la hora y media aproximada en la que tuvimos al Dr. Vallée en línea, pero el verdadero meollo de la conversación ocurrió cuando comenzamos a discutir lo que él llama ‘muestras físicas’, y la investigación que ha estado tratando de hacer con ellas. En primer lugar, hizo la distinción entre dos tipos diferentes de muestras relacionadas con la pregunta OVNI: existen los llamados “implantes extraterrestres” que se popularizaron a finales de los 90 gracias al trabajo del fallecido doctor Roger Leir; fue sorprendente escuchar al Dr. Vallée admitir cómo, después de ser muy escéptico inicialmente sobre la naturaleza de los objetos extraños que se extraen de los cuerpos de presuntos abducidos, justificadamente, dado que los dermatólogos están familiarizados con todo tipo de cuerpos extraños que se alojan inofensivamente bajo de la piel, de los que los pacientes no tendrán ningún recuerdo de cómo llegaron allí si tuvieron un incidente a una edad temprana; ahora está convencido de que algunos de estos implantes merecen un mayor escrutinio.Tal vez fue Jeremy Corbell y el trabajo que hizo con Leir justo antes de morir lo que provocara que Vallée cambiara su opinión, pero en cualquier caso fue refrescante una vez más corroborar que la razón por la que el Dr. Vallée es excepcional en este campo es porque no tiene miedo a reinventarse a sí mismo y cambiar de opinión sobre el fenómeno de vez en cuando; a diferencia de la mayoría de los investigadores que pueden comenzar presentando una teoría o caso interesante, y luego pasan el resto de su carrera DEFENDIENDO su posición frente a cualquier tipo de desacuerdo y crítica; pero una vez más, eso es lo que hacen los buenos científicos cuando se les presentan nuevos datos.

Las otras muestras que le interesan al Dr. Vallée, y en las que ha estado centrándose más recientemente, son lo que él llama Ejecta: trozos de escoria de metal supuestamente expulsados ​​por un OVNI en circunstancias inusuales, -como si el objeto sufriera algún tipo de ‘mal funcionamiento’ o pasara por algún tipo de problema-, y ​​luego el material ‘goteara’ hacia el suelo a temperaturas muy altas, que luego será recogido por el desconcertado testigo después de que se enfríe para guardarlo como un recuerdo curioso.

El Dr. Vallée mencionó el famoso caso Ubatuba de Brasil, que salió a la luz en 1957, pero para el campo OVNI de habla inglesa tal vez un ejemplo más reconocible sería el controvertido caso de Maury Island, que fue investigado por Kenneth Arnold y finalmente llevó a la muerte de dos miembros de la Fuerza Aérea mientras recuperaban una caja que contenía muestras de la escoria expulsada por un platillo volante.

Ese tipo de muestras habían sido analizadas hace décadas, tanto por la Fuerza Aérea como por investigadores independientes como el Prof. Sturrock de la Universidad de Stanford, y en varios laboratorios en Francia. En el caso de las muestras de Ubatuba, los investigadores descubrieron que estaban compuestas de magnesio de un nivel muy alto de pureza, lo que las hacía inusuales … pero no necesariamente convincentes si lo que estaban buscando era un elemento químico nuevo, -algo no es de este Tierra-, lo que probaría que los ovnis serían naves interplanetarias. Con el tiempo, tanto los fanáticos de los ovnis como los escépticos se olvidaron del material de eyección, que permaneció oculto en los cajones o armarios de los testigos aún desconcertados.

El tipo de equipo de espectrómetro que el Prof. Sturrock usó en su análisis es muy costoso y los investigadores universitarios lo utilizan constantemente. Lo que el Dr. Vallée ha estado haciendo pacientemente es recoger muestras que se le han proporcionado de casos de ovnis menos publicitados, y acudir a sus asociados en Silicon Valley, donde tienen espectrómetros más nuevos, más pequeños y asequibles.

“Encontramos algo muy curioso”, nos dijo. Al analizar las proporciones de isótopos de estas muestras de minerales, descubrieron que no se ajustaban a las proporciones terrestres esperadas, ni a las extraterrestres exhibidas por objetos meteóricos. En otras palabras, casi parecía como si los isótopos hubieran sido rediseñados, separándolos y otorgándoles una proporción exótica solo para reintroducirlos en la aleación de metal por alguna razón desconocida.

La separación de isótopos del uranio se realizó por primera vez en el proyecto Manhattan, pero separando los isótopos de metales “ordinarios” como el magnesio. Eso aún costaría millones de dólares, según Vallée. Pero incluso si pudieras hacerlo, ¿POR QUÉ lo harías, de todos modos?

Recientemente Vallée ha estado haciendo presentaciones en conferencias, y también ha dado entrevistas de radio en las que ha tratado de explicar este divertido negocio de isótopos, pero supongo que nadie realmente le ha prestado la atención necesaria. Quizás sea de esperar; después de todo, la mayoría de las personas interesadas en el fenómeno OVNI no son científicos o metalúrgicos, ¡incluyéndome a mí! Así que hablar de razones químicas se vuelve enseguida demasiado seco y técnico, y no es realmente lo que quieres escuchar de un hombre como el Dr. Vallée, ¿verdad? Quieren hablar de casos extraños, clásicos, el lamentable estado del campo de los ovnis en el siglo XXI -¡Tom DeLonge! – o sobre el tipo de actividad reportada dentro del famoso rancho Skinwalker, ¿no? En otras palabras, ¡la “actualidad” que mis buenos amigos a los que Ben y Aaron les encanta discutir en su podcast de Mysterious Universe!

Pero entonces me golpeó.

Esperé a que el Dr. Vallée terminara de hablar sobre cómo él y sus colegas están dispuestos a compartir sus muestras con quien quiera llevar a cabo sus propios experimentos, y yo salté con entusiasmo a preguntarle: “¿Estás diciendo que estos resultados sugieren que estamos tratando con una agencia no solo capaz de manipular el continuo espacio-tiempo -como tú y otros investigadores han documentado en muchos casos- sino TAMBIÉN capaz de transformar la energía en materia , ¿y viceversa?”

Casi salté de mi silla cuando me respondió con un resonante “¡Oh, sí!”

Y fue aún más lejos, especulando sobre cómo esto tiene más que ver con el supuesto ‘encubrimiento’ de la realidad OVNI por parte del gobierno de EE. UU., que con cualquier plan nefasto de la supuesta ‘civilización disidente’ o nuestros señores supremos ‘Illuminati’. Si asumimos que de hecho el gobierno recuperó platillos estrellados ​​u otro tipo de material a lo largo de los años, el encubrimiento podría haber tenido sentido en los años 50 si lo que intentaban era encontrar el secreto del ‘sistema de propulsión alienígena’ antes que los soviéticos. El Dr. Vallée cree firmemente que, como contribuyentes, el pueblo estadounidense tendría derecho a exigir una respuesta a aquellos que podrían haber mantenido estos objetos recuperados en secreto durante tanto tiempo.

Pero … ¿y si ellos aún no tienen una respuesta?

Imaginemos que los poderes fácticos han logrado recuperar 10, 50 o incluso 100 platillos estrellados. Descubren cómo abrirlos, solo para encontrarlos … vacíos. Sin sala de control, sin sistema de guía. Ni siquiera un motor o una fuente de poder discernible. Para nosotros, eso no tendría ningún sentido, de la misma manera que alguien que viviera en el siglo XVIII encontraría uno de nuestros automóviles igualmente absurdo; ¡abrirían el capó tratando de encontrar dónde está escondido el caballo!

No solo eso, sino que tampoco pueden aprender nada del hardware ‘alienígena’, porque tarde o temprano descubren lo que Vallée y sus colegas están descubriendo: que está compuesto de ‘materiales mundanos’. No hay Unobtanium o Vibranium para replicar para su I + D militar, y en ninguna parte para conocer el propósito detrás de esta reingeniería “absurda”.

Entonces … la comprensión bastante perspicaz que se mencionó durante la entrevista, ¿eh? A decir verdad, no me puedo dar palmaditas en la espalda por ello, y aquí es cuando volvemos a la “trivial” anécdota que mencioné al principio de este artículo. ¿Recuerdas que había decidido volver a ver ST: TNG en Netflix la noche antes de la entrevista? [¡Spoilers!] Ocurre que en los dos episodios piloto de la primera temporada ( Encounter at Farpoint ) el Enterprise encuentra un misterioso objeto -que inicialmente tiene el aspecto clásico de un platillo volador, BTW- y al final descubren que no están lidiando con un ‘recipiente’ lleno de alienígenas hostiles, sino con una entidad viviente capaz de manipular la realidad y ‘manifestar’ cualquier tipo de objeto a la existencia por puro pensamiento, de una manera similar a los ‘replicadores’ a bordo del Enterprise que fueron utilizados para convertir la energía en materia.

¿Sincrónico? Quizás no sea así. Pero al menos bastante afortunado

Pero volvamos a la entrevista de Vallée. Las implicaciones de este hallazgo, si él y otros investigadores lo confirman con éxito -y nos recuerda que aún no están listos para publicar sus resultados- son asombrosos. Más de cien años después del año en que Albert Einstein escribiera la ecuación de física más famosa del mundo (E = mc2), cualquier niño de la escuela primaria sabe que los átomos que forman la materia ordinaria se pueden dividir, y el proceso libera una enorme cantidad de energía. Este poder no solo es la base de la energía de fisión, sino que también es la razón por la cual nuestro clima geopolítico actual se está volviendo cada vez más … interesante, en el sentido chino de la palabra.

¿Pero invertir la ecuación y convertir la energía pura en materia? Eso todavía permanece en el dominio de la física teórica. Y, sin embargo, los antiguos precursores de nuestros científicos modernos ya tenían un nombre para dicho proceso: TRANSMUTACIÓN.

Los hombres que usaban esa palabra eran tan inteligentes como cualquier graduado del MIT; simplemente no tenían computadoras o grandes colisionadores de hadrones con los que trabajar, sino recipientes y retortas. Tampoco escribieron sus hallazgos usando ecuaciones matemáticas, sino que confiaron en símbolos arcanos entrelazados con el mito y la astrología, para proteger sus descubrimientos de la competencia o la mirada peligrosa de la Iglesia. Estos hombres eran alquimistas , siguiendo una tradición filosófica tan antigua que sus orígenes se perdieron en las arenas del tiempo.

En nuestros tiempos, la Alquimia no se considera más que una “proto-ciencia”, y aunque se atribuye a los alquimistas el fundamento básico sobre el que se erigieron los edificios modernos de la Química y la Física, todavía se los considera necios supersticiosos que desperdiciaron su vida en búsqueda de una sustancia imposible llamada ‘lapis’ o Piedra Filosofal, -algunos científicos incluso se regodean con el hecho de que con nuestro moderno equipo han logrado los sueños más descabellados de los alquimistas de ‘convertir el plomo en oro‘.

Pero el verdadero propósito de la Gran Obra era mucho más complicado que eso: no era la mera transmutación de los metales básicos, sino la transformación del Alquimista mismo. En la tradición occidental esotérica, los filósofos hablaban de la quintaesencia, el “éter” celestial o sustancia divina, diferente de los elementos comunes de la Tierra, el viento, el agua y el fuego. El éter era el “aire puro” que respiraban los dioses, y es del que se suponía que los cuerpos celestes estaban compuestos, similar al Akash hindú y otras tradiciones místicas. Sin la quintaesencia, ninguno de los otros elementos podría existir.

¿Podríamos usar un término diferente para describir este antiguo término alquímico, para hacerlo más accesible a nuestro pensamiento moderno? ¿Qué tal … la Matrix?

Vamos a especular sobre cómo una posible inteligencia (o grupo de inteligencias) puede “manipular la matrix” para manifestar lo que necesiten, donde y cuando quieran; ya sea una embarcación de metal … o un cuerpo, en caso de que necesites interactuar con los nativos por la razón que sea.

Los revolucionarios sistemas de propulsión y los materiales exóticos dentro de un OVNI solo tienen sentido desde la perspectiva de una nave alienígena que vino de otro lugar y llegó a nuestro planeta. Pero cuando juegas un videojuego de computadora, tú (el jugador) no necesitas ‘insertar’ nada en el sistema virtual, y ciertamente no necesitas ser físicamente transportado a ese reino digital. Aprietas unos botones y ¡Voilá! ‘engendras’ un avatar digital para interactuar con el entorno del juego. Y en algunos juegos también puedes manifestar todo tipo de sistemas de transporte. Esos transportes se componen de los mismos 1 y 0 que componen todo en el paisaje sintético, y los programadores no necesitan simular cada pequeña complejidad o componente en el vehículo para que funcione, ya que tienen acceso directo al ‘código fuente’ que controla la dinámica de todo el juego.

¿Absurdo? No, si estás dispuesto a aceptar las suposiciones del Dr. Vallée, y las mías, de que nuestro continuo espacio-tiempo es solo un subconjunto de una Realidad más grande, de la cual puede emanar el fenómeno OVNI. Y si eso te recuerda mucho al antiguo gnosticismo, querido colega, es porque lo es, -el mismo Dr. Vallée lo admitió también durante la entrevista.

Sé muy bien que todas estas especulaciones descabelladas han ido más allá de lo que Jacques Vallée y sus colegas podrían estar cómodos apoyando, y es cierto que lo que están descubriendo abre MÁS preguntas que las respuestas que puede proporcionar. Pero una cosa es segura: cuando se compara con la noción de manifestaciones alquímicas no identificadas (MANIS) invocadas por inteligencias capaces de controlar la Matrix de nuestra propia existencia, la HET (hipótesis extraterrestre) suena sumamente pintoresca … y aburrida.

Así que aquí está la esperanza de que Vallée se las arregle para involucrar a algunos expertos de Silicon Valley en su investigación (¡ejem, ejem! Elon Musk). Y si conoce a alguien que puede estar en posesión de posibles restos expulsados ​​por un OVNI, no se sienta molesto si un caballero francés de buen aspecto le pregunta al respecto. No seas duro con él y dale un poco de escoria.

RED PILL JUNKIE                       The Daily Grail

¿FUERON LOS INCAS UN IMPERIO?

El Tahuantinsuyo floreció entre los siglos XV y XVI y su capital estaba en Cusco, Perú.

PIERINA PIGHI BEL    ¿Hubo alguna vez un Imperio inca?: la visión de Jago Cooper, director de América del Museo Británico

Los incas se extendieron desde Ecuador hasta Argentina, conquistaron otras culturas y el poder se concentraba en una persona.
Esta descripción suena a la de un imperio, pero ¿los incas lo fueron en realidad?
María Rostworowski, una de las principales historiadoras en Perú de esta cultura, prefería no usar esa palabra por ser muy propia del “Viejo Mundo”.
Ella prefería usar “Tahuantinsuyo” (cuatro regiones unidas, en quechua).
Pero el arqueólogo británico Jago Cooper, autor del documental “Los incas: amos de las nubes” (2015) (y otros investigadores) sí llama “imperio” a esta civilización, pero uno “no occidental”.

Jago Cooper también ha filmado las series de documentales “Los reinos perdidos de América del Sur”, “Los reinos perdidos de América Central”, “Isla de Pascua: misterios de un mundo perdido” para la BBC (Foto: IWC Media).

¿Qué tenían los incas de un imperio y qué no? ¿Qué hizo única a esta cultura andina?

El arqueólogo Cooper, también curador y director del área de América en el Museo Británico, en Londres, participa con su documental en el Hay Festival de Arequipa y le respondió a BBC Mundo estas preguntas.

¿Imperio o Tahuantinsuyo?

Si digo “Tahuantinsuyo” nadie va a saber de qué estoy hablando, a menos que hayan estudiado la historia inca. Es un concepto muy diferente de cómo las cuatro regiones (que lo formaban) se unen.
Estoy de acuerdo con que “imperio” es una palabra nacida a partir de una percepción occidental, pero debes usar palabras que la gente entienda.
Además, los incas cumplen ciertas características de “imperio”.

¿Como cuáles?

Son un imperio en el sentido de que tuvieron gran extensión geográfica, control centralizado, el poder estaba organizado jerárquicamente, tenían un sistema de medida como los quipus (sistema de contabilidad), un marco ideológico que unía a la gente, y ese tipo de cosas.

¿Y por qué imperio “no occidental”?

Los incas fascinan a la gente porque representan un modelo diferente de imperio y de sociedad compleja.
Juntaron a cientos de miles de personas juntas bajo un solo marco cultural, pero en una forma muy diferente a como lo hicieron los griegos, los romanos y los egipcios.
Una forma diferente a cualquier cosa que haya surgido en Europa, que ha dominado la comprensión que la gente tiene de “civilización”.

La ciudadela de Machu Picchu fue descubierta al mundo por Hiram Bingham en 1911

Una de las diferencias con Europa que mencionas es que los incas pensaban que el pasado, el presente y el futuro eran paralelos (suceden al mismo tiempo) y no lineales.

Si crees que todos tus ancestros y tus descendientes están viviendo en tiempos paralelos, mirándote y viendo tu comportamiento y tu estás viviendo con ellos, y que son parte del entorno físico, cambian completamente tus decisiones.
Eso explica por qué sacaban a las momias en procesiones, al público.
La gente que podía mediar entre las diferentes vidas era muy poderosa.

¿Era posible que los incas hablaran de una persona muerta como si estuviera viva?

Sí, totalmente posible.

Esto debe haber sido confuso para los europeos cuando llegaron.

Muy confuso. Los europeos no tenían ni idea de lo que estaba sucediendo y eso tenía un gran impacto en determinar la fecha de muerte de alguien, el tiempo en el que alguien había vivido.
Si crees que el pasado, presente y futuro son paralelos, lo único que los une es un lugar físico. Una montaña, una piedra particular se convierte en el punto de conexión entre el pasado, presente y futuro.

Lo que para los europeos era una cima de una colina, para los incas podía ser un lugar sagrado, de gran importancia.
La gente todavía no entiende esas percepciones del paisaje, la importancia de los lugares.

Machu Picchu estaba en el centro del Tahuantinsuyo.

¿Qué otras diferencias tenían con Occidente?

Una de las diferencias es que nadie más creó un imperio en un terreno como el de los Andes, que es un paisaje extraordinario.
Los incas tuvieron la habilidad de atraer comunidades de una gran variedad de regiones diferentes, desde el desierto hasta la selva, desde Argentina hasta Ecuador.
Crearon un imperio que combina regiones. Es extraordinario. Los romanos se extendieron en Europa, pero no tenían bosques tropicales, no tenían desiertos.

¿Cómo atrajeron a tantas comunidades?

Otra de las diferencias es la forma en la que los incas se expandieron.
Esta forma se basó en atraer a las comunidades para que se unieran al imperio, en vez de usar la fuerza (la usaban solo si era necesaria).
Persuadían a la gente de que lo que ofrecían era muy bueno, para que quisieran volverse incas.

¿Qué les prometían?

Les ofrecían el desarrollo que alcanzaron en sistemas de caminos, comercio, transporte de bienes, almacenamiento de comida…

Esto es diferente de todo lo que se ve en los modelos europeos.
También eran tolerantes con otras religiones.

La ciudadela de Machu Picchu es una de las siete maravillas del mundo moderno.

¿Y cómo lograron esas ventajas en tan pocos años?

En los modelos occidentales se requiere que los imperios desarrollen ellos mismos las cosas.
Pero cuando surgieron los incas, que representan solo unos cuantos cientos de años de la historia de Perú, ya había comunidades muy complejas ahí y en América del Sur (a las que absorbieron).

Aparecían en una región y le decían a la gente “pueden comerciar lo que producen, nunca van a pasar hambre, pueden mantener su religión, su estilo de vida, solo los vamos a incorporar a una estructura más amplia”.

¿Por qué crees que la gente debe ver tu documental o saber estas cosas de los incas?

Mis programas abren una pequeña ventana a la maravilla de los incas.
La gente que nunca ha escuchado sobre ellos puede tener una pequeña introducción que desafíe su manera de ver el mundo y eso es algo muy bueno.

Pierina Pighi Bel
HayFestivalQuerétaro@BBCMundo

PALABRAS: SISTEMA DE CONTROL

Cuando hablo de sistema de control del espíritu, no quiero decir que una supercivilización superior nos haya encerrado en las restricciones de una cárcel limitada por el espacio, vigilada de cerca por entidades que podríamos llamar ángeles o demonios. Lo que quiero decir es que la mitología rige un cierto nivel de nuestra realidad social sobre el cual las tendencias políticas e intelectuales normales no tienen poder real. En ese nivel las estructuras del tiempo son largas y la evolución lenta. Los medios de comunicación, cuyo papel consiste en transmitir imágenes de ruido transitorio en algunas fracciones de segundo (mientras más ruido, mejor), dejan de percibir por completo esta señal. Una sociedad incapaz de fijar su atención durante más de algunos minutos (el intervalo entre dos anuncios publicitarios), no puede concebir acontecimientos que comenzaron antes del nacimiento de mi abuelo y que acabarán después de la muerte de mi nieto. Pero tales cambios a largo plazo sí existen. Dominan el destino de las civilizaciones.
Esta teoría no explica cómo los OVNIS hacen para aparecérsenos, aunque incide al menos en una idea: son al mismo tiempo naves físicas (un hecho que me parece innegable desde hace tiempo) y mecanismos psíquicos cuyas propiedades precisas áun están por definir.

JACQUES VALLÉE                Dimensions (en español Crónica de Otros Mundos)

CUANDO SE PUEDE HABLAR CON LOS MUERTOS

El cementerio de Wandsworth, en Londres HERRY LAWFORD / FLICKR

JOSÉ CERVERA   ¿Cuánto estaría dispuesto a pagar por charlar con sus seres queridos difuntos? Por desasosegante que resulte la oportunidad, está ya casi disponible. Como algo salido de las pesadillas de un guionista de Black Mirror , varias empresas desarrollan sistemas que permiten chatear con los muertos.

No es ciencia ficción, aunque pueda parecer una distopía; y está muy lejos de
ofrecernos copias en metal y plástico de nuestros finados. Pero crear un sistema
que nos proporcione la vívida sensación de estar conversando con una persona,
aunque haya fallecido, no sólo es posible sino que resulta relativamente sencillo.
Bienvenidos al nuevo mundo de la necrotertulia mediada por la tecnología, un
negocio con fascinantes raíces filosóficas y no pocos quebraderos de cabeza
futuros.
Todo lo vivo muere. Es una verdad indiscutible que nos hace iguales a todos. Los
humanos, seres dotados de memoria y de imaginación, sufrimos cuando esto le
ocurre a algún ser querido porque somos capaces de recordar cuando estaba
vivo y de imaginar lo que podría ser si lo siguiese estando. Durante milenios hemos tratado con reverencia a nuestros muertos, distinguiendo sus cuerpos del resto de los cadáveres del reino animal: es probable que ya en la Sima de los Huesos de Atapuerca, hace medio millón de años, algunos de nuestros antepasados separasen los cuerpos de los suyos; y desde entonces hemos cavado tumbas, erigido estelas y monumentos y diseñado elaboradas ceremonias funerarias.
En las películas de Hollywood aparecen a menudo tópicos que cualquier cultura
reconoce: el marido, esposa o hijo que habla con la lápida de su ser querido
fallecido o el de la carta que el agonizante deja como medio de comunicación
más allá de la tumba. Desde siempre hemos honrado a los muertos y hemos
imaginado hablar con ellos. Lo que pasa es que hasta ahora no había tecnología
para hacerlo.

El chatbot que permite hablar con los muertos en la serie de televisión ‘Black mirror’

Hablando con los muertos

Entra Replika, creada por la treintañera rusa Eugenia Kuyda a partir de un experimento personal. En 2015 un simple accidente de tráfico en Moscú acabó con la vida de su amigo Roman Mazurenko, su mentor de fascinante personalidad y estrella de la movida tecnoemprendedora rusa. Kuyda –por entonces trabajaba en una startup en San Francisco dedicada al uso de chatbots como asistentes educativos– sufrió la pérdida y pronto descubrió que echaba de menos las largas conversaciones con Mazurenko vía mensajes de texto.
Siendo esto Silicon Valley a principios del siglo XXI, la emprendedora rusa
decidió que este problema se podía resolver con tecnología. Utilizando todos los
mensajes que guardaba de su amigo, Kuyda entrenó una red neuronal de tal
modo que pudo crear un chatbot capaz de mantener una conversación que
responde, razona y bromea como el difunto Roman Mazurenko. Según la
leyenda de la compañía y de acuerdo con su carácter, una de las primeras frases
del bot-mazurenko fue: “ Tienes en tus manos uno de los rompecabezas más
interesantes del mundo: resuélvelo”.
No es el único proyecto. El programador y periodista James Vlahos cuenta en el
número de agosto de Wired su construcción de un ‘Papá-bot’ a partir de los
recuerdos grabados y archivados por su padre en los últimos meses de una
enfermedad terminal. Y si se conocen dos es probable que existan decenas de
otros bots en construcción, en startups en fase furtiva, esperando para salir al
mercado. Los casos conocidos, de hecho, tienen cierto aire de globos sonda o
pruebas de concepto; si la reacción es positiva, la oferta aumentará.

iTerna, lápidas digitales para cementerios YOUTUBE

El avance es mucho más significativo de lo que parece porque se trata de los primeros y muy imperfectos ejemplos de otro tópico de la ciencia ficción: la persona convertida en software que vive dentro de un ordenador. Un ser humano en forma de simulación informática capaz de reaccionar como lo haría el original a cualquier situación que se le presente; un programa cuyas respuestas sean indistinguibles de las que daría la persona en la que se basa.
Alimentados de conversaciones en mensajes de texto o de grabaciones de recuerdos, los actuales ejemplos no pueden ser más que pálidas versiones, ecos
remotos del original. Por muy avanzada que sea la Inteligencia Artificial que los
impulsa estos primeros chatbots son muy limitados debido a los pobres datos
que los alimentan.

¿Serán personas o máquinas?

Pero esto cambiará en el futuro: los mismos sistemas que se pueden usar para conectar un cerebro a un ordenador podrán algún día, “leer” el estado completo
de un encéfalo y grabarlo para que sirva de base a una IA. En teoría esto podría
producir un facsímil informático de una persona: un programa con todos los
recuerdos y conexiones que hacen de esa persona alguien diferente que fuera
capaz de responder a cualquier pregunta o cualquier situación exactamente
como el original.
Para entonces tendremos un problema; o mejor dicho, varios. ¿Será esa copia o
simulación una persona viva, con derechos y obligaciones legales o será
esclavizable? ¿Qué pasa si el original no desaparece y disponemos de múltiples
versiones? ¿Podemos enfrentarnos a un futuro en el que ciertas personalidades
son en la práctica inmortales? En el fondo, versiones de una pregunta
fundamental: ¿es un programa informático que reacciona como una persona
concreta, a su vez, una persona? Los juristas del futuro inmediato van a tener trabajo.

Memorial a los judíos asesinados durante el Holocausto en Berlín (Alemania) YOUTUBE

Por el momento lo que tenemos es una startup con un producto inquietante en el mercado: la posibilidad de construir versiones truncadas de nuestros seres queridos a partir de su presencia digital con las que poder mantener conversaciones de texto. Una especie de monumento digital a la personalidad de un difunto, quizá poco más que un paso adelante respecto a las lápidas digitales que ya conocemos. Pero que abre otras posibilidades que invitan al desasosiego. Abundan las probabilidades de que algo salga mal, porque en este
caso mezclamos sentimientos con máquinas, dos categorías que no se llevan
demasiado bien.
Puede que en el futuro acabemos charlando con normalidad con personalidades
electrónicas, vivas o muertas, unas o múltiples, sin problemas ni consecuencias
desagradables. Aunque para ello deberíamos pasar por encima de la instintiva
reacción de desazón que nos provoca la idea y empezar a tomar en serio este tipo
de proyectos, para pensar en cómo prepararnos. Porque hablar con los muertos
ya no es ciencia ficción.

JOSÉ CERVERA      Eldiario.es

GÖBEKLI TEPE PODRÍA HABER RENDIDO CULTO A LA ESTRELLA SIRIO

El templo más viejo del mundo parece ser un sitio de culto a la estrella Sirio

El templo Göbekli Tepe podría haber sido un sitio megalítico de culto a la estrella Sirio. Sirio, la estrella del perro (en la constelación Canis Major), es la estrella más brillante del firmamento y ha sido adorada por numerosas civilizaciones. Los egipcios incluso basaron uno de sus calendarios en esta estrella que coincidía con la crecida de las aguas del Nilo. Es también de esta relación que tenemos los llamados días de canícula (una palabra que hace referencia a esta estrella). A todo esto hay que añadir la posibilidad de que la civilización más antigua en dejar rastros arqueológicos de una religión podría haber basado el templo más viejo que conocemos en el culto a Sirio.

Göbekli Tepe, en el sur de Turquía, es un sitio de más de 11 mil años, con una serie de 20 patios rodeados por pilares de piedra en forma de T, en los que se inscribieron figuras de animales. En el centro de estas construcciones se encuentran dos megalitos paralelos. Este sitio ha modificado radicalmente algunas de las ideas que tienen los arqueólogos sobre los orígenes de la civilización y la cultura humana. Antes se creía que la agricultura había detonado el impulso de establecer una civilización sendentaria y desarrollar arte y religión.

Más allá de que existen pruebas de arte mucho más antiguas y manifestaciones religiosas ligadas también al arte, los hallazgos de este templo muestran que se construyeron templos y se establecieron poblados antes del desarrollo de la agricultura (al menos, no se han encontrado indicios de que hubiera agricultura cerca de este lugar). En otras palabras, los cazadores nómadas desarrollaron arquitectura, arte y religión.

Según el arqueoastrónomo Giulio Magli, este templo podría haberse construido como un observatorio y como un lugar de culto para la estrella Sirio. Este astro, debido a la precesión del eje de la Tierra, habría estado debajo del horizonte en esa zona, hasta que en el año 9300 a.C. habría emergido con fastuoso esplendor. El templo podría haberse construido alrededor del “nacimiento” de esta estrella e, incluso, su religión podría haberse centrado alrededor de este fulgurante astro. Magli mapeó los megalitos en relación a las diferentes posiciones en las que surgía Sirio en el cielo en los años 9100 a.C., 8750 a.C. y 8300 a.C. y encontró una alineación. Advierte, sin embargo, que la información no es concluyente, pero genera una interesante línea de investigación.

Pijama Surf

PARANTROPOLOGÍA: EXPERIMENTANDO EL PODER DE LA TRIBU

ANTROPOLOGÍA Y PARAPSICOLOGIA

JUAN JOSÉ SÁNCHEZ ORO     Precognición, telepatía, la acción de la mente sobre la materia, apariciones extraordinarias… ocurren en pueblos preindustriales y culturas exóticas ante los ojos de antropólogos que fueron hasta allí interesados por otras cuestiones. Desconcertados por los sucesos anómalos que vivieron, estos investigadores de la condición humana decidieron anotarlos en sus cuadernos de campo. Un puñado de historias insólitas que surgen justo allí donde menos se las espera.

La antropología aspira a desentrañar las claves de la condición humana. Para ello, sus investigadores se miran en el espejo de otras culturas, en ocasiones, muy exóticas. Recopilan datos preguntando a informantes acerca de sus usos, costumbres y creencias, o bien, directamente efectuando la denominada “observación participante”. Es decir, introducirse y convivir durante un largo período de tiempo dentro de una comunidad con el propósito de recabar, de primera mano, todos los datos necesarios. Durante esa inmersión en la vida cotidiana de otras gentes, el antropólogo suele suspender el juicio de aquello que observa. Actúa como una suerte de frío y distante notario de la realidad que pasa ante sus ojos. También, parece inevitable caer en una cierta superioridad intelectual. Al fin y al cabo, aspira a explicar aspectos y comportamientos de la comunidad, cuyo sentido, los propios miembros que la componen ignoran por qué los hacen o los creen.
Sin embargo, el antropólogo también es humano y su aplomo científico, en ocasiones, se ve sacudido por sucesos que desafían su intelecto. En muchos cuadernos de campo y publicaciones etnográficas asoman un puñado de experiencias extraordinarias donde los testigos de anomalías son, precisamente, aquellos que estaban llamados a explicarlas. Un conjunto de sucesos raros que descolocó la mente de los más ilustres y afamados investigadores de los pueblos y etnias preindustriales.

Telepatía amazónica

En 2003 murió uno de los mejores reporteros de la revista National Geographic. Se llamaba Loren McIntyre, un fotógrafo y ex oficial de la marina que gustaba calificarse a sí mismo como un “yonkie de la exploración”. Entre sus principales gestas periodísticas destacó el haber accedido a las fuentes más recónditas del Amazonas el año 1971. Pero, antes de rubricar tan espectacular reportaje, vivió una extrañísima aventura que durante mucho tiempo apenas confió a sus más íntimos amigos. Una peripecia de la que rara vez solía hablar.
A finales de los años sesenta, McIntyre marchó a Brasil en busca de una comunidad indígena no contactada perteneciente a la etnia de los mayoruna. Los indicios acerca de su ubicación le habían sido facilitados por un piloto de avioneta que divisó un posible enclave de la tribu en un claro de la selva. El reportero acudió a las proximidades de ese lugar en un hidroavión que le dejó a un guía indio y a él junto al río Javari sobre la frontera entre Perú y Brasil.

Pero desde el primer momento, las cosas comenzaron a torcerse. Su guía nativo contrajo la malaria y el piloto accedió a trasladarlo en el hidroavión al hospital más cercano bajo la promesa de regresar a por McIntyre al cabo de dos días. Este aprovecharía tan escaso lapso tiempo para intentar trabar contacto con los mayoruna. Sin embargo, también este plan se vino abajo. A la mañana siguiente, el reportero fue abordado por cuatro cazadores de monos que vestían la indumentaria tradicional mayoruna. Para ganarse su confianza, McIntyre les obsequió con telas y espejos y aprovechó el encuentro para ir tras ellos por mitad de la selva. No tardó mucho tiempo en advertir que, conforme se alejaba del río, estaba perdiendo su camino de vuelta, así que nunca más volvió a tomar el hidroavión y pasó a convivir con esa desconocida tribu durante dos meses.
Los mayoruma, apodados “gentes del gato”, se creían descendientes de los jaguares y perforaban sus labios y mejillas con finas púas a imitación de los bigotes de tales felinos. Eran expertos cazadores de monos, no practicaban la agricultura pero sí la guerra. De hecho, confeccionaban collares con huesos humanos y empleaban los cráneos de los vencidos a modo de copas para beber. El panorama para el periodista estaba muy lejos de ser halagüeño porque, en ausencia de su guía indio, no tenía manera de entenderse con ellos. Además, extravió todas sus posesiones occidentales. Los indios quemaron sus zapatillas deportivas y su reloj. Un mono destruyó su cámara y los rollos de película. Y, al llegar a un claro de la jungla, McIntyre se dio de bruces con un macabro hallazgo: varios cuerpos humanos devorados por hormigas y alguno todavía con una flecha clavada en el pecho.
A pesar de tanta contrariedad, el desubicado periodista logró ser aceptado por la comunidad indígena aunque no por todos sus miembros. Un guerrero, al que el reportero denominó “Mejillas Rojas” por la pintura con la que maquillaba su cara, se mostró especialmente hostil. De hecho, una noche, Mejillas Rojas llevó al forastero a un punto apartado del poblado para hacerle partícipe de una simulación de caza con antorchas. Cuando ambos alcanzaron un rincón solitario, el guerrero mayoruna empujó a McIntyre contra unos espinos, abandonándolo a su suerte para dejarlo morir.
Sin embargo, dos días después, mientras su cuerpo empezaba a ser devorado por infinidad de insectos, el reportero consiguió ser rescatado por la facción más hospitalaria de la comunidad. Al regresar a la aldea, topó con el cadáver de Mejillas Rojas que había sido colocado en un sitio prominente, a la vista de todo el mundo, para escarmiento y ejemplo general.
Desde ese momento, la vida fue más fácil para McIntyre, pero también mucho más extraña. El líder del grupo era un venerable anciano al que el periodista apodó “Lapa” por su piel arrugada. Y, aunque el forastero no compartía ningún lenguaje común con él, consiguió comunicarse por un procedimiento absolutamente insólito: sin palabras, a través del pensamiento; mediante un fenómeno que McIntyre bautizó como “radiación”. Gracias a esta telepatía con el jefe, el reportero logró hacerse entender y, también, a “escuchar” al jefe mayoruna. Fue así como averiguó por qué se desplazaban por la selva de un extremo a otro, levantando frecuentemente el campamento sin razón aparente. La tribu estaba realizando un viaje espiritual, guiado por Lapa, quien deseaba reconectar con el “principio de los tiempos”. Una época dorada y mítica fuera del alcance de cualquier civilización invasora donde la vida trascurría de manera más sencilla y había menos miedo en el mundo.
McIntyre también aprendió que esa habilidad para comunicarse sin abrir la boca era el “otro idioma” que manejaban únicamente los más ancianos. Bastaba con que se sentara al lado de uno de ellos para “oír” sus pensamientos. A veces, los mensajes le llegaban bajo la confusa sensación de acceder al fondo de un indescifrable “zumbido” en el cual se manifestaba toda la actividad mental de la tribu.
Pero la aventura con los mayoruna tuvo un punto y final. Llegada la temporada de lluvias, McIntyre aprovechó para hacer una dramática huida río abajo a bordo de una rudimentaria balsa. Una vez en el mundo moderno prefirió no contar nada de sus experiencias telepáticas. “Yo mismo no estaba seguro si realmente había sucedido o no”, dijo al diario Seattle Times en los años 90. “Las alucinaciones son algo que les pasa a muchos exploradores y a todos los escaladores de montaña”.
Pero la duda siempre quedó flotando sobre su mente. Posteriormente tuvo encuentros con más de 30 tribus en el ejercicio de su labor profesional y jamás vivió un fenómeno de “radiación” siquiera parecido. Dudando de sus propios recuerdos, rastreó en 1977 lo que quedaba de la tribu mayoruna. Una parte de la comunidad se había movido más al interior de la selva, mientras que otra facción se había trasladado fuera de ella en Brasil. Fue así como el reportero coincidió y reconoció a uno de los hombres de la comunidad con la que convivió durante dos meses. Le abordó y preguntó directamente si el “viejo lenguaje”, la radiación, se seguía utilizando. “Sí, se fala” [“Sí, se habla”], respondió el indígena en portugués.
La historia de Loren McIntyre fue recopilada y dada a conocer por Petru Popescu en el libro Amazon Beaming del año 1991[1] y también ha inspirado una obra de teatro titulada “The Encounter”, adaptada por Simon McBurney.

Las cenizas adivinatorias zulúes

A finales del siglo XIX, D. Leslie penetró en territorio zulú en busca de sus cazadores kafari. Siguió determinadas pistas que le habían facilitado algunos informantes, pero al alcanzar el lugar del posible encuentro no había nadie. Decepcionado y frustrado, uno de sus criados le aconsejó consultar a un vidente a lo que Leslie accedió. El hechicero zulú conocía el secreto arte de “abrir las puertas de la distancia” y para ello prendió ocho fuegos pequeños, tantos como los cazadores que buscaba el explorador. La ceremonia comenzó arrojando a las llamas dos objetos: unas raíces que desprendían desagradable olor y una piedra por cada hoguera. Después, el oficiante tomó una medicina que le indujo un trance muy violento y convulsivo durante diez minutos.
A continuación, empezó la verdadera adivinación, según refirió Leslie en su obra Among the Zulú and Amatongos, publicada en 1875[2]: “Dio la impresión de despertarse, se dirigió a uno de los fuegos, removió las cenizas, miró con atención el guijarro, describió fielmente al hombre y dijo: ‘Este hombre murió de fiebre y tu fusil se ha perdido’. Luego, se situó ante el segundo fuego: ‘Este hombre (correctamente descrito) ha matado cuatro elefantes’ y pasó a describir sus colmillos. Fue luego ante el tercer fuego: ‘Este hombre (tras describirlo también) ha sido muerto por un elefante, pero tu fusil volverá a casa’, y así con el resto, con descripciones minuciosas y correctas de los hombres y con la indicación de su éxito o su fracaso”. Precisa Leslie en su estudio que también le comunicó el hechicero dónde estaban los supervivientes y que regresarían al cabo de tres meses aunque no por el itinerario esperado. Remata la exposición el etnógrafo diciendo: “Estas informaciones, de las que tomé diligente nota, más tarde, para mi gran estupor, se revelaron exactas en todos sus detalles. Que este hombre hubiera podido obtener esa información de los cazadores por vía normal era poco probable: se encontraban diseminados por una región a unas doscientas millas de nosotros”.

El espejo mágico de los pigmeos

El misionero católico y etnógrafo Henri Trilles publicó un trabajo de referencia en 1932 titulado Les Pygmées de la forét équatorial. Durante 15 años recorrió Gabón explorando y conviviendo con los míticos pigmeos. En la citada obra, el sacerdote francés recopiló sistemáticamente aquellas exóticas costumbres, vida cotidiana y creencias que luego difundió en charlas universitarias y publicaciones académicas. Una vez más, entre las páginas de este voluminoso estudio asoman un puñado de sucesos prodigiosos que desconcertaron la mente del investigador.
Al padre Trilles le desapareció un objeto e, inmediatamente, un amable pigmeo acudió en su ayuda para identificar al posible causante del hurto. Lo curioso del caso es que aquel improvisado detective realizó la pesquisa con un espejo mágico[3]: “Poco después de unos encantamientos me declaró con aire decidido: ‘Veo a tu ladrón; es fulano – y me indicó a uno de los jóvenes que me habían acompañado-. Además, mira tú mismo’. Y, para mi gran asombro, vi reflejarse en el espejo los rasgos de mi ladrón. El hombre, enseguida interrogado, confesó que, en efecto, era culpable”.
No fue la única vez que el padre Trilles contempló hechos de difícil explicación para él efectuados con un espejo mágico[4]: “Un día yo conversaba con un hechicero pigmeo. Mis hombres, con sus piraguas, debían alcanzarme para traerme provisiones. Incidentalmente hablé a mi hombre de esto, preguntándole: ‘¿Estarán todavía muy lejos? ¿Me traerán lo que les he pedido?’. ‘Decírtelo es facilísimo.’ Tomó su espejo mágico, se concentró, pronunció unos encantamientos. Después: ‘En este momento los hombres están doblando tal punto del río (estaba a más de un día de piragua), el más alto acaba de disparar con la escopeta a un gran pájaro; lo ha abatido; los hombres reman enérgicamente para alcanzarlo; ha caído al agua. Lo han agarrado. Te traen lo que les has pedido’”. No cabía duda de que el hechicero empleaba aquel espejo mágico como si se tratara de la pantalla de un televisor transmitiendo una remota señal en directo. Trilles verificó las apreciaciones del pigmeo y anotó en su estudio: “En efecto, todo era verdad: provisiones, disparo, ave abatida; y estaba, lo repetimos, a un día de distancia del lugar”.El rudimentario espejo de los pigmeos siguió asombrando a Trilles, quien describió en su libro alguna otra de sus funcionalidades extraordinarias. Además de identificar malhechores o visualizar sucesos a increíbles distancias, cuenta el sacerdote que aquel objeto mágico era utilizado para traducir idiomas desconocidos[5]: “En uno de los viajes que hicimos con monseñor Le Roy, el hechicero de la aldea donde llegamos por la noche nos describió con suma exactitud el camino que habíamos recorrido, lo que habíamos comido y hasta las conversaciones mantenidas. Uno de los detalles de nuestra conversación era particularmente típico. Habíamos encontrado una pequeña tortuga. ‘Puede servir para la cena de esta noche’, me dijo monseñor Le Roy, y yo añadí riendo, ya que teníamos mucha hambre: ‘Si hace falta, agregaremos la cabeza del guía’. Hablábamos en francés, idioma del que el hechicero no entendía una palabra, y sin embargo, sin moverse de su aldea, en presencia de todos, él nos había ‘visto’ en su espejo mágico ¡y nos repetía lo que habíamos dicho!”.
En otras ocasiones, la adivinación se efectuaba sin la mediación de ningún objeto prodigioso[6]: “poco a poco el hechicero se exalta; cantando, gira con rapidez sobre sí mismo, se curva en forma de arco, la cabeza echada hacia atrás toca el suelo golpeándolo con violencia. Después brinca ininterrumpidamente: sumido en un estado psíquico intermedio entre lo consciente y el trance”. Bajo esas condiciones el brujo pigmeo describe al consultante qué suerte correrá durante la caza de elefantes que “es representada mímicamente con una precisión extraordinaria: el hechicero ve. Se lanzan las azagayas: el hechicero ha designado al cazador, muestra al que huye, al que ataca, al que es atacado por el animal agonizante, dilacerado, ya no hay nada que hacer. Luego muestra a los vencedores y los vencidos de esta caza siempre peligrosa”. El padre Trilles no puede disimular su fascinación al terminar subrayando que: “algo de lo más extraño – he podido constatarlo-, esta visión a distancia del futuro se realiza hasta en los más mínimos detalles: no sólo el lugar de la caza, no sólo los hombres muertos o heridos y el número de los elefantes matados, sino también el número de los colmillos [capturados]. ¡Todo es exacto!”. En la sesión adivinatoria de la que Trilles fue testigo “el clan supo con satisfacción que se matarían ocho elefantes, de los cuales cinco serían machos y un solo cazador encontraría la muerte”. Pues bien, “lo que luego encontré más sorprendente es que las predicciones del mago se cumplieron exactamente”.
El reiterado contacto del padre Trilles con los pigmeos le deparó la contemplación de otro episodio extraordinario: el ritual en el que los magos más ancianos aceptaban a nuevos discípulos para transmitirles su saber[7]. Los neófitos se sentaban en el extremo de la tabla de un balancín. Bajo la otra punta del rudimentario columpio se ubicaba el hechicero con los brazos estirados. Entonces, los neófitos procedían a impulsarse y elevarse, pero cuando el extremo opuesto iba a golpear la cabeza del viejo brujo, una suerte de fuerza invisible lo impedía. El hechicero detenía el movimiento de la tabla y conseguía equilibrar el balancín sin tocarlo, sin que hubiera ningún peso en el otro extremo. Tan solo apuntando con las palmas de sus manos en dirección a ese lado del columpio. El rito dejaba exhausto al veterano brujo que perdía el conocimiento, caía bruscamente al suelo y era alejado de la ceremonia por los compañeros para reanimarlo.

Sueños premonitorios en tierra de fuego

Los fueguinos son una etnia de cazadores-recolectores y pescadores que habita en los archipiélagos más meridionales de Chile y Argentina. El sacerdote y etnólogo alemán Martin Gusinde convivió con ellos durante muchos años a principios del siglo XX, justo en un momento en que dicha comunidad era considerada una raza inferior y objeto de exterminio por el hombre blanco. La monumental obra etnográfica publicada en tres gruesos tomos por Gusinde el año 1937 contribuyó a eliminar todos esos prejuicios, denunciar las matanzas y dar valor a la cultura de los fueguinos.

Pues bien, cita el misionero alemán en su estudio una premonición de la que fue testigo y que protagonizó una mujer de la etnia yamana[8]: “El 26 de julio de 1923 Nelly me contó afligida que la noche anterior había soñado cosas muy feas: ‘De Mejillones (Isla Navarino) vinieron aquí (a Punta Remolino) algunas familias y me han contado que en aquel lugar reina un luto general. Hoy seguramente arribará alguien de allá y podremos saber quién ha muerto. Después de este sueño me he desvelado y ya no he podido dormir’”. Cuenta Gusinde que trató de tranquilizarla y convencerla de que las pesadillas no servían para hacer vaticinios. Sin embargo, durante varios días no se recibieron noticias de Mejillones y comenzaron a sospechar que algo extraño había pasado allí. Finalmente, “para nuestra gran sorpresa, Alejandro llegó a Punta Remolino y enseguida contó: ‘La noche pasada murieron allá dos mujeres entre nosotros. Anita, mujer de Willer y Sara, mujer de Masemikens. El propio Masemikens y la vieja Emilia están seriamente enfermos y sucumbirán pronto’”.

Desmaterializaciones ilusiorias

El antropólogo y lingüista ruso Vladimir Bogoraz recoge en su obra de 1910 Chukchee Mythology que las chamanas de esta comunidad autóctona de la península de Chukchee junto al Océano Ártico realizaban prodigios
en público con absoluta naturalidad. En una ocasión, una chamana entró en trance después de atraer a ciertos espíritus[9]. Luego, colocó una gran piedra redonda sobre su tambor. La mujer comenzó a apretarla como si la exprimiera y de su interior cayeron infinidad de piedras que se fueron apilando sobre el suelo durante cinco minutos. Durante dicha acción, la piedra redonda no experimentó ningún cambio.
Permaneció intacta y lisa. Apunta Bogaraz que “yo estaba sentado muy cerca de la prestidigitadora, y no logré descubrir de dónde provenían estas piedras. Además, toda la parte superior de su cuerpo estaba completamente desnudo y accesible a la inspección. Al cabo de unos momentos pedí de pronto a la chamana que repitiera el truco, para tratar de sorprenderla despre-
venida, pero enseguida tomó la piedra y de nuevo hizo brotar de ella un flujo de pequeñas piedras, aunque de mayores proporciones que las anteriores”.
Bogaraz nunca dio credibilidad a aquellos efectos anómalos aunque no detectara la manera en que se llevaban a cabo. Para él, “todas estas cosas sucedieron muchas veces en mi presencia” y “todos estos trucos se parecen de manera extraordinaria a los hechos de las modernas sesiones espiritistas, y sin duda no pueden realizarse sin ayuda de asistentes humanos”.

La brujería voladora de los azande

Entre los azande del Sudán existía la creencia de que la brujería era una entidad dañina que residía dentro del cuerpo de cada brujo. Desde allí y una vez invocada mediante el ritual correspondiente, la brujería viajaba por el aire emitiendo una luz brillante hasta alcanzar el organismo de su víctima, especialmente, cuando ésta permanecía dormida. Así explicaban los azande que los brujos pudieran matar a kilómetros de distancia sin salir de sus chozas. La fatídica luz en cuestión recordaba al brillo nocturno de las luciérnagas, según le informaron repetidas veces los miembros de esta comunidad africana al prestigioso antropólogo Sir Edward E. Evans-Pritchard.
Este profesor de Oxford ha sido uno de los más influyentes y reconocidos investigadores de la condición humana del siglo XX. Convivió con los azande largo tiempo durante la preparación de su tesis doctoral en los años veinte y sus libros continúan siendo una lectura académica obligatoria para cualquier estudiante de antropología. Lo que quizás nunca anticipó Evans-Pritchard es que él mismo vería actuar a esa extraña y letal luminosidad flotante de la que tanto le advirtieron sus informantes.
En su célebre trabajo Brujería, oráculos y magia entre los azande, este investigador británico refiere lo siguiente[10]: “Solo una vez he visto la brujería de camino. Había estado sentado en mi choza hasta tarde, tomando notas. Alrededor de la media noche, antes de retirarme, cogí una lanza y salí a mi habitual paseo nocturno. Caminaba por el huerto a espaldas de mi choza, entre plátanos, cuando noté una luz brillante que pasaba por detrás de las chozas de mis sirvientes hacia el caserío de un hombre llamado Tupoi. Como parecía una investigación valiosa, seguí su paso hasta que una gran pantalla de hierba oscureció la visión. Pasé rápidamente al otro lado de mi choza para ver dónde iba la luz, pero no conseguí volver a verla. Sabía que sólo una persona, un miembro de mi casa, tenía una lámpara que pudiera dar una luz tan brillante, pero a la mañana siguiente me dijo que no había salido por la noche ni había utilizado su lámpara. No faltaron informadores dispuestos a decirme que lo que había visto era la brujería”.
Aquella inesperada visión luminosa hubiera quedado en mera anécdota si no hubiera sido porque Evans-Prichard recibió una noticia al día siguiente que le hizo recapacitar: “La misma mañana, murieron un viejo pariente de Tupoi y un morador de su casa. Este hecho explicaba por completo la luz que yo había visto. Nunca descubrí su verdadero origen, que posiblemente sería un manojo de hierbas encendido por alguien que saliera a defecar, pero la coincidencia de la dirección en que se movía la luz y el posterior fallecimiento cuadraba con las ideas de los azande”.

Protectores invisibles de santuarios mayas

Los aluxes son unos seres traviesos propios de la cultura tradicional maya. Se los considera unas criaturas invisibles que custodian celosamente tesoros, cuevas y santuarios por lo que hay que tratarlos con el debido respeto y no actuar a la ligera cuando se intuye su presencia. Recuerdan en su comportamiento y personalidad a nuestros duendes occidentales así que, en el Yucatán, se les atribuye popularmente toda clase de conductas y actos mágicos. Pues bien, uno de los investigadores europeos que se vio inmiscuido en este juego de creencias fue Miguel Rivera Dorado, arqueólogo y catedrático de Antropología Americana en la Universidad Complutense de Madrid. Rivera Dorado acostumbra a relatar una rara experiencia que vivió mientras excavaba la ciudad mesoamericana de Oxkintok entre 1986 y 1990.
Conforme manifestó en el programa de radio la Escóbula de la Brújula, emitido el 22 de abril de 2016, “Yo cuento lo que sucedió”. Y, efectivamente, el profesor lo hizo: “Excavando el Zaa Tun Zaat que es un edificio laberíntico, encontramos una cámara funeraria. Abrimos la cámara estando presente todo el equipo porque una tumba en el Zaa Tun Zaat podía corresponder a un rey y ser una tumba formidable. Una serie de personas del equipo empezaron a hacer fotos para tenerlo todo fotografiado y dibujado. Pues bueno, no salieron las fotografías. Y las cámaras de fotos que usaban flash porque estábamos en el interior de un laberinto oscuro, pues empezaron a dispararse solas. Las cámaras se disparaban solas, los flashes se disparaban solos… hacia el techo, hacia las paredes…. Las dejábamos en el suelo y se disparaban solas… En fin, cobraron vida. Y no había forma de hacer fotografías ni de retratar nada dentro del Zaa Tun Zaat que es un lugar –dicho sea entre paréntesis- que todavía usan los chamanes mayas para la iniciación. El caso es que cuando ya no sabíamos que hacer, uno de los trabajadores, el capataz, nos dijo que les ofreciéramos unos cigarrillos a los aluxes porque les gustaba mucho el tabaco. Incrédulos por supuesto y entre risas, procurando no herir la susceptibilidad de los duendes, dejamos unos cuantos cigarrillos y se acabaron los flashes. Terminó el lío aquel”.
Otro detalle llamativo del asunto ocurrió cuando este episodio trascendió a la opinión pública y desde la televisión de Mérida, en concreto el Canal 13, llamaron a Rivera Dorado y su equipo “para hacernos una entrevista sobre las excavaciones y yo le dije, ‘no quiero hablar de los aluxes’. Por supuesto, a los dos minutos ya estábamos hablando de los aluxes. Pues, cuando una colaboradora mía antropóloga y yo mencionábamos a los aluxes, todo el sistema de comunicación se caía. Cuando dejábamos de hablar de los aluxes, se recuperaba todo”.

Allí donde los muertos bailan

Uno de los casos más repetidos entre los antropólogos a la hora de ejemplificar una observación participante tuvo lugar entre el pueblo Sisala de Ghana y lo vivió, en primera persona, Bruce Grindal mientras preparaba su tesis doctoral. Grindal pertenecía al departamento de Antropología de la Universidad de Indiana y publicó su insólita experiencia el año 1983 en el prestigioso Journal of Anthropological Research[11].
El investigador norteamericano consiguió asistir a un funeral Sisala que se estaba celebrando a media noche en el interior de una vivienda. El cadáver permanecía sentado en posición vertical, con las piernas cruzadas sobre una piel de vaca mientras un conjunto de individuos le rodeaban, cantaban, bailaban y tocaban tambores. Al observar cómo los danzantes se acercaban y alejaban del muerto a la vez que golpeaban con sus azadas en el suelo, Grindal fue cayendo en un extraño estado sensorial: “Al principio pensé que mi mente estaba engañando a mis ojos, así que no puedo decir cuándo ocurrió la primera experiencia; pero comenzó con momentos de anticipación y terror, como si supiera que algo impensable iba a suceder. La anticipación me dejó sin aliento, jadeando aire. En la boca de mi estómago sentí una sensación de sacudidas y tensiones, que correspondía a momentos de mayor conciencia visual. Lo que vi en esos momentos estaba fuera del ámbito de la percepción normal”.
Fue entonces cuando el joven etnógrafo contempló cómo diferentes destellos de luz muy fugaces envolvían al cadáver y a los danzantes aunque no pudo determinar exactamente de dónde procedían. En su propio cuerpo, Grindal sintió un golpe seco como si le hubieran cortado y separado la cabeza de la columna vertebral, momento en el cual “una visión terrible y hermosa estalló sobre mí”. Las hebras de luz como chispas de fuego jugaban sobre el rostro, los dedos de las manos y de los pies del difunto. Pero lo más insólito estaba a punto de ocurrir: “El cadáver, sacudido por espasmos, se puso de pie, girando y bailando frenético”. Todo a su alrededor resplandecía y fluía poderoso como si “el mismo piso y las paredes del lugar hubieran cobrado vida, irradiando luz y poder, atrayendo a los bailarines en una dirección y luego en otra”. El propio fallecido continuó danzando y cogió unas baquetas para tocar los tambores sagrados. Concluye Grindal reseñando que “no puedo decir si lo que experimenté fue cuestión de minutos o incluso una hora. Tampoco puedo estar seguro de la secuencia de acontecimientos que presencié. Pero después de un tiempo el poder que había llenado el recinto comenzó a enfriarse”. Cuando Grindal regresó a su casa se acostó y disfrutó de un sueño muy profundo. A la mañana siguiente, “me sentí refrescado y comí un desayuno abundante”.

¿Parantropología?

¿Qué valor cabe dar a los precedentes relatos etnográficos? Como reflexión de fondo podría decirse que cada pueblo participa de un universo de creencias que no es considerado una pura fabulación o entelequia. Dichas creencias, por muy extravagantes que nos puedan parecer, están respaldadas por experiencias asumidas como reales para los integrantes de esa comunidad. Los informantes cuentan casos y viven hechos destinados a probar la veracidad de todo aquello en lo que creen. Y, algunas veces, los propios antropólogos son insospechados testigos de ese juego de autentificación empírica de las creencias.
Por supuesto, las etnias preindustriales son un mosaico de sensibilidades y diversidad. No transitan por el mundo obnubiladas como autómatas por su imaginario de creencias. Hay miembros escépticos y, también, creyentes exigentes que cambian de brujo cuando este equivoca un pronóstico, falla con un remedio o con un conjuro. Igualmente, el ilusionismo y la prestidigitación no es un invento occidental. Los trucos más sofisticados están a la orden del día entre muchos hechiceros y chamanes para fascinar a los incautos, engrandecer una reputación y aparentar estar en posesión de poderes infinitos.
Finalmente, hoy día, resulta complicado encontrar dentro de la literatura antropológica académica sucesos y arrebatos de sinceridad como los aquí reunidos. El investigador actual tiende a disciplinar su escritura y moderar las emociones cuando publica un estudio de campo. Sus experiencias anómalas, de haberlas, rara vez aparecerán negro sobre blanco en las publicaciones del gremio. Tan solo serán objeto de comentario curioso en reuniones informales entre colegas.
En cambio, dentro de la historia de la parapsicologíahubo algún tímido intento de establecer una parantropología. En el boletín Luce e ombra de 1981, razonaba Giovanni Iannuzzo[12]: “Las prácticas mágicas han sido ampliamente estudiadas por numerosas ciencias humanas. Historiadores, etnólogos, antropólogos, por no hablar de los psicólogos y psicoanalistas, han dedicado un esfuezo muy interesante al problema de la génesis de las prácticas mágicas y la persistencia de ellas en el mundo moderno. Modelos sociológicos muy elaborados, relacionados con las formas de pensamiento mágico y su impacto social también fueron realizados. Sin embargo, este tipo de investigación, y estos modelos se están demostrando en general totalmente insuficientes como propuestas interpretativas del fascinante secreto que es el ‘poder mágico’ […] El problema surge en este punto es ver si el secreto del ‘poder mágico’ de alguna manera puede ser revelada por la parapsicología […] Existe, pues, no sólo la posibilidad, sino también la necesidad de una convergencia entre la parapsicología y la antropología”.
Pero sin duda, eran otros tiempos. La parapsicología había cogido cierto vuelo de disciplina seria. Por aquellos años, varias universidades tenían cátedras de estudios paranormales y las principales revistas científicas publicaban algún que otro trabajo sobre la materia. Algunos antropólogos prestigiosos como, por ejemplo, Ernesto de Martino formaron parte activa de la Sociedad Metapsíquica Italiana y el célebre historiador del chamanismo en el mundo clásico, E. R. Dodds, escribió en 1971 “Supernormal Phenomena in Classical Antiquity”[13], coqueteando con la idea de que algunos prodigios descritos por los filósofos griegos podían responder perfectamente a auténticos fenómenos paranormales.
Sin embargo, esta es una página ya pasada, aunque todavía existe una revista que trata del asunto: paranthropology, fundada en 2010[74]. En su declaración de intenciones podemos leer que consiste en “una revista gratuita en línea dedicada a la promoción de los enfoques científico-sociales para el estudio de las experiencias paranormales, creencias y fenómenos en todas sus variadas formas. Pretende fomentar un diálogo interdisciplinario sobre lo paranormal, con el fin de ir más allá del punto muerto escéptico versus defensor en el que se ha asentado el debate actual, y para abrir nuevas vías de investigación y comprensión”. Un intento independiente por recuperar ese camino parantropológico que pudo haber sido y no fue.

JUAN JOSÉ SÁNCHEZ-ORO                          El Ojo Crítico nº 83

[1] Petru Popescu, Amazon Beaming, New York: Viking (Penguin), 1991
[2] Citado por Ernesto de Martino, El mundo mágico, Buenos Aires: Libros de la Araucaria, 2004, pp. 74-75
[3] Henri Trilles, Les Pygmées de la forét équatorial, París, 1932, p. 493
[4] Henri Trilles, Les Pygmées de la forét équatorial, París, 1932, p. 181
[5] Henri Trilles, Les Pygmées de la forét équatorial, París, 1932, p. 180
[6] Henri Trilles, Les Pygmées de la forét équatorial, París, 1932, p. 189 y ss.
[7] Citado por Ernesto de Martino, El mundo mágico, Buenos Aires: Libros de la Araucaria, 2004, pp. 97-99
[8] Citado por Ernesto de Martino, El mundo mágico, Buenos Aires: Libros de la Araucaria, 2004, pág. 126

[9] Vladimir Bogoraz, Chukchee Mythology, en Jesup North Pacific Expedition, Vol. 8, Pt. 3, Memoir, Leiden: American Museum of Natural History, 1910, pág. 438 y ss.
[10] Edward E. Evans-Pritchard, Brujería, oráculos y magia entre los azande, Barcelona: Anagrama, 1976, pp. 58-59
[11] Bruce T. Grindal , “Into the Heart of Sisala Experience: Witnessing Death Divination”, Journal of Anthropological Research, 39/1 (Spring, 1983) pp. 60-80.
[12] Giovanni Iannuzzo, “Fenomeni Psi e pratiche magiche”, Luce e Ombra, 4 (octubre-diciembre 1981) pp. 334-357
[13] Proceedings of the Society for Psychical Research 55 (1971); reimpreso en Dodds, The Ancient Concept of Progress, Oxford: The Clarendon Press, 1988, pp. 156-210.
[14] http://paranthropologyjournal.weebly.com/free-pdf.html

“ZODIAC” LA HISTORIA MÁS ALLÁ DE FINCHER

Marta Trivi     Se acaban de cumplir diez años de la llegada a la cartelera española de Zodiac, una película basada en hechos reales, con la que el director David Fincher alimentaba la leyenda de uno de los asesinos más enigmáticos de la historia. Nadie puede poner en duda que la cinta sea uno de los mejores -si no el mejor- thriller en lo que llevamos de siglo. No obstante, como producto de true crime, Zodiac deja mucho que desear. Hablamos de las pistas y teorías que el director decidió dejar fuera.

La influencia del asesino del Zodiaco es tan poderosa como la de Jack el Destripador. Su figura nos fascina como recordatorio de que la justicia no siempre llega, como ejemplo de que en el mundo aún puede triunfar la maldad.

El Zodiaco es, además, el prototipo de asesino que nos asombra. Lejos de esconderse o avergonzarse por su comportamiento, anhelaba reconocimiento y encontraba divertido burlarse tanto de los policías que lo perseguían como de los periodistas que cada día debían sumergirse en su caso. Ególatra, al Zodiaco le gustaba hacer gala de su supuesta inteligencia superior y, en sus cartas llegó a incluir varios mensajes codificados, uno de los cuales, un criptograma formado por 340 símbolos, sigue sin haber sido resuelto a día de hoy a pesar de los esfuerzos tanto de la unidad de criptografía del FBI, como de la NASA y de incontables fanáticos del caso.

Basados en esta serie de asesinatos podemos encontrar casi una treintena de libros, uno de los cuales, Zodiac (1986), del dibujante reconvertido a escritor Robert Graysmith, destaca entre los demás en cuanto a volumen de ventas se refiere. Zodiac fue todo un best seller el año de su publicación, llegando a vender más de cuatro millones de copias, todo un hito para un libro de no-ficción. Entre los lectores estaba el guionista James Vanderbilt, que quedó tan fascinado con la historia de Graysmith que se dedicó a escribir una adaptación de la misma para la pantalla y a moverla hasta conseguir, no sólo financiación, sino que el director que él consideraba ideal, David Fincher, se sumara al proyecto.

Zodiac (2007) es una película hipnótica. Magnífica. Centrada en el diálogo y con un ritmo imperturbable, nos sumerge en la agonía de la obsesión por el asesino desarrollada por el propio Graysmith. Pero, incluso con la innegable calidad del producto final, los incondicionales del caso rechazan la cinta de manera tajante: el libro de Graysmith, pese a ser considerado una referencia por el gran público, es uno de los más denostados por los estudiosos del caso.

Mucha especulación y poca investigación, dicen. Injusto, inmoral y poco documentado. Graysmith ha acabado convertido en el personaje más odiado por la comunidad de fanáticos de los crímenes del Zodiaco.

El detective aficionado contra Arthur Leigh Allen

En su crítica para Los Angeles Times aparecida el 9 de febrero del 86, Richard Harnett decía que había disfrutado mucho con la lectura de Zodiac. Le había parecido un libro muy entretenido. El crítico se frotaba las manos -con media sonrisa irónica dibujada en la cara- mientras dejaba lo mejor para final. Y es que si Zodiac le había parecido tan divertido era porque lo consideraba un gran libro de ficción, lleno de teorías y suposiciones rocambolescas.

Fue Harnett, en este texto, el que le dio a Graysmith el sobrenombre que en internet no se cansan de usar contra él: “el detective aficionado”.

Graysmith y Jake Gyllenhaal, que le interpreta en ‘Zodiac’

Graysmith ha dedicado gran parte de su vida al asesino del Zodiaco. Además de Zodiac, ha publicado otro libro sobre el tema, Zodiac Unmasked (2002) en el que, según él, aumenta las pruebas que sostienen su teoría: Arthur Leigh Allen (conocido como Lee) es el asesino del Zodiaco.

Durante el año escaso en el que el Zodiaco estuvo cometiendo sus crímenes, Graysmith trabajaba como dibujante de caricaturas políticas para el San Francisco Chronicle, uno de los diarios de los que el Zodiaco solía acordarse en su correspondencia. El caricaturista vivió en segunda línea todo lo relacionado, tanto con los asesinatos como con los movimientos dentro del periódico y los debates sobre ética que las llegadas de las cartas abrían.

Su obsesión con el asesino iba en aumento conforme se percataba, según sus palabras, de que ‘la información sobre el caso se perdía entre jurisdicciones’ y que muchos sospechosos nunca llegaban a ser interrogados debido a los problemas burocráticos entre los diferentes cuerpos policiales involucrados.

Graysmith cita como principal fuente policial del libro las notas de William (Bill) Armstrong, el investigador asignado por el departamento de policía de San Francisco al caso. No obstante, mucha de la información citada en Zodiac es incorrecta o, incluso, llega a ser contradicha en Zodiac Unmasked quince años después.

Es por eso que, aunque la película dirigida por David Fincher es bastante fiel al libro, descarta muchas de sus teorías plenamente especulativas (como la de que Allen usó para los asesinatos ropa heredada de su padre) y presenta algunas correcciones basadas en la investigación sobre el suceso puesta en marcha por el mismo director.

El cambio más llamativo es que Fincher decide ignorar los análisis caligráficos de Sherwood Morril -el especialista consultado por Graysmith- y seguir las conclusiones de Gerald Mcmenamin, un lingüista de la universidad estatal de California. Sus deducciones no pueden ser más distintas.

Para Morril, cuyo método de trabajo principal se basa en analizar la forma de los trazos y el espacio entre las letras, sólo caben dos posibilidades: o bien el Zodiaco son en realidad dos hombres, o bien es sólo uno que intentaba disfrazar su letra usando un proyector y copiando la escritura del dibujante de carteles de cine Bob Vaughn (que fue investigado y declarado inocente por Ken Narlow del departamento de policía de Napa). Aunque esta última teoría se presenta en la cinta en una de las escenas mejor calibradas, no adquiere en ningún momento la importancia y profundidad que se le da en la versión en papel.

Para el investigador de Fincher, que prefiere analizar el lenguaje y las palabras escogidas para expresarse que el asesino usa en las cartas, el Zodiaco es sólo un hombre que en ningún momento intenta ocultar su identidad. Más allá de eso, disfruta mostrándose y es por eso que emplea tanto sus conocimientos sobre cine y literatura y utiliza frecuentemente el sarcasmo.

A pesar de que es la idea mostrada en la película, Max Daly, el investigador privado contratado por el director, también discrepa con la teoría central del libro, la de que Arthur Leigh Allen cometió los horribles asesinatos.

John Carrol Lynch interpretando a Arthur Leigh Allen

Aunque muchas pruebas circunstanciales pueden señalar a Allen, este ha sido investigado una y otra vez sin éxito. Lo más llamativo para muchos, es que ni siquiera su descripción se ajusta a la dada por los testigos del caso. Allen -que fue acusado de corrupción de menores- era un tipo gordo y bastante alto que a finales de los sesenta, cuando se cometieron los crímenes, podía ser ya considerado calvo.

Los testigos -entre los que se encuentra el agente Don Fonke de San Francisco- hablaban de un hombre delgado o musculado, con pelo claro (canoso, rubio o castaño claro rojizo) de estatura normal o baja y la cara alargada con gafas, lejos del redondeado rostro de Allen.

Las huellas dactilares que, se supone, dejó el asesino tanto en el taxi en el que cometió su último asesinato, como en el teléfono con el que dio aviso del tercero, no coinciden en ningún caso con las de Allen. Un hecho que Graysmith explica argumentando que no puede probarse de forma efectiva que esas marcas fueran dejadas por el asesino.

Fotografía policial del asesinato de Paul Stine

En 2003, un año después de la publicación de Zodiac Unmasked, Michael Maloney y Kelly Carroll, los detectives de San Francisco asignados a casos antiguos, tomaron muestras de ADN de las cartas enviadas por el asesino. Para ello, siguiendo una intuición, despegaron los sellos esperando encontrar rastros de la saliva usada para humedecer el pegamento. La corazonada funcionó.

De la muestra, el laboratorio fue capaz de obtener un perfil genético parcial que, de manera clara, dejaba fuera de sospecha tanto a Allen como a Mike Rodeli, otro sospechoso muy sonado de la época.

Durante la gira de presentación de la película, Graysmith, que por entonces aún se enfrentaba a una demanda de la familia de Bob Crane por su libro sobre el actor y su adaptación al cine posterior, defendió su teoría argumentando que esas cartas habían pasado de mano en mano por las redacciones de los periódicos y que la cadena de custodia policial se había roto. En definitiva: que no podía probarse que ese perfil de ADN correspondiera al asesino.

This Is The Zodiac Speaking

Oficialmente, el asesino del Zodiaco estuvo en activo desde diciembre de 1968 hasta octubre del 69. En ese periodo de tiempo tuvo ocasión de matar a cinco personas y dejar a dos hombres heridos en cuatro crímenes diferentes. Pero su sombra es mucho más alargada. El Zodiaco estuvo mandando misivas a diferentes periódicos y a particulares hasta 1974, salvo por un llamativo parón de algo menos de tres años.

Por descontado, existen una cantidad significativa de cartas cuya autenticidad no puede ser debidamente certificada. Entre estas, destaca una de 1978 cuya autoría, para algunos, pertenece a Dave Toschi, el investigador de la policía de San Francisco que es interpretado por Mark Ruffalo en la adaptación cinematográfica.

Y, al igual que con las cartas pasa con los crímenes. Hay algunos en los que siempre quedará la duda.

En la adaptación de Fincher podemos ver el encuentro entre una mujer y el que, según nos hace entender el director, es el asesino del Zodiaco, en una carretera nocturna. El hombre, tras hacerle señales luminosas a la mujer, consigue que detenga el coche y, tras eso, le inutiliza una rueda. Con la excusa de llevarla a una gasolinera, el asesino consigue que Kathleen Johns, que así se llama la joven madre, entre en su vehículo junto con su bebé para acabar saltando del coche en marcha más tarde ante el evidente peligro.

Este incidente, que sucedía en marzo del 70 cerca de Patterson, en California, es uno de los que más dudas levanta en los investigadores. Aunque la recreación de la película indique que todo fue cuestión de minutos, Johns pasó en el vehículo con su secuestrador algo más de tres horas y, debido a la diferencia de modus operandi, el único motivo por el que se sospecha que el Zodiaco pudo ser el criminal es que la mujer así lo dijo en la estación de policía en base a los retratos robots.

En una carta (de las auténticas), el Zodiaco reclamaba la autoría del delito cuatro meses después. Sin embargo, daba tan poca información al respecto y su historia se parecía tanto a la que ofrecían los medios que los investigadores confirmaron algo que venía sospechando desde mucho tiempo atrás: al asesino le gustaba apuntarse tantos.

Darlene Ferrin junto a su marido

Debido al afán del criminal por admitir cualquier cosa que aumentara el recuento de cadáveres, en la actualidad es muy difícil confirmar o desmentir teorías. No obstante, parece existir cierto consenso en admitir que Cheri Jo Bates no sólo fue una víctima del Zodiaco sino que fue la primera de ellas. Bates fue apuñalada 26 veces una mañana que se dirigía a la biblioteca de la universidad en la que estudiaba. Hay dos razones para relacionar este crimen con el Zodiaco.

La primera, las cartas. Un mes después del asesinato de Cheri, mucho antes de que el Zodiaco se diera a conocer, el asesino de la joven mandó una serie de misivas a periódicos de Riverside y al padre de la joven en el que, con cierto sarcasmo, se reía de la inutilidad policial.

Artículo sobre el asesinato de Cheri Jo Bates

La segunda razón, esta proporcionada por Graysmith en su libro, es que Morril, el experto en caligrafía con el que colabora, identificó un poema tallado en una mesa de la biblioteca de la facultad como “escrito por el asesino”. En la correspondencia enviada por el Zodiaco el 30 de abril del 70, el asesino felicita a la policía por haber descubierto “su actividad en Riverside” pero, al no proporcionar más datos, el asesinato de Cheri nunca se sumó a la lista oficial.

Los sospechosos favoritos

Zodiac de Fincher sigue tan de cerca la obra de Graysmith que ni siquiera se permite presentar a sospechosos alternativos. Los más conocidos son Richard Gaikowski, el sospechoso número uno para los fans del caso; Rick Marshall, al que los investigadores llamaban “el sospechoso favorito”; y Lawrence Kane, que es el que más pruebas y declaraciones acumula en su contra.

El nombre de Gaikowski saltó a la palestra gracias a Tom Voight, creador de zodiackiller.com y uno de los mayores especialistas en el asesino. Según su propia narración, Voight fue contactado por un informante, cuyo nombre en clave es Goldcatcher, que le proporcionó audio, fotos y muestras de escritura de un conocido del que sospechaba desde hacía mucho tiempo.

Tom Voight junto a Goldcatcher

Al analizarlos Voight se convenció. No es sólo que la voz y la escritura de Gaikowski y el Zodiaco fueran similares o que su pasado en las fuerzas armadas pudiera haberle proporcionado habilidad con la codificación sino que el hombre, que trabajó de periodista en su juventud, solía firmar sus artículos como Gyke, palabra que puede leerse en uno de los criptogramas enviados por el Zodiaco.

Paralelamente, Voight descubrió que Gaikowski había estado en tratamiento por una enfermedad mental en el hospital Mt. Zion durante 1971 y 1974 coincidiendo con los años de silencio del asesino. En la carta del 74, cuando el Zodiaco se decidía a compartir sus opiniones sobre El exorcista (1973), Gaikowski trabajaba, precisamente, en un cine.

Para los investigadores, que no pudieron contar en su época con la declaración de Goldcatcher, el hombre a seguir era Rick Marshall.

Marshall era, para el detective Ken Narlow, el sospechoso que más se parecía al retrato robot proporcionado por los testigos. Ferviente amante del cine y la literatura, Marshall aseguraba, en una entrevista en televisión, que no le extrañaba que los policías dudaran de él cuando compartía tantos intereses culturales con el asesino.

Durante el registro de la casa de Marshall se encontró una máquina de escribir de similares características a la que, se asumía, usaba el asesino, además de una máquina de coser (el Zodiaco se hizo una capucha y cosió un emblema en su pechera) y otros “items sospechosos” no detallados en el informe.

Pero es Lawrence Kane el que parece el candidato más probable según las pruebas. Diagnosticado, tras un accidente de coche en 1962, como una persona “incapaz de controlar sus impulsos”, fue identificado por las dos hermanas de la victima Darlene Ferrin como “El hombre desconocido que asistió al funeral”. Kathleen Johns, la víctima del extraño secuestro en coche, también señaló la foto de Kane como la imagen de su agresor.

Kane estuvo en la marina, en donde trabajó y estudió codificación naval, antes de ser descartado y enviado de vuelta a casa. La descripción de Kane se asemeja mucho a la declaración de los testigos supervivientes, además, vivía cerca de la calle en donde mataron al taxista Stine y poseía un coche similar al descrito por los testigos en las otras localizaciones de los crímenes. Por último, dato que muchos psicólogos destacan, Kane era probablemente asexual, lo que explicaría por qué ninguna de las víctimas del Zodiaco fue agredida en este sentido.

Mitos y leyendas

Uno de los hechos más escalofriantes del caso es que el Zodiaco se fue como vino. Tal y como empezó, dejó de actuar un año más tarde. Es por esto que muchos piensan que, en realidad, el Zodiaco es otra identidad de algún célebre asesino.

Bruce Davis, que pertenecía a la familia de Charles Manson, fue sospechoso durante cierto tiempo hasta que tanto el FBI como el abogado Vincent Bugliosi demostraron que era imposible que fuera el perpetrador . El foco sobre Davis lo puso el autor Howard Davis en su libro The Zodiac/Manson Connection (1997). Dennis Rider, el famoso BTK y Theodore Kaczinsky, conocido como Unabomber, tampoco se han librado de la sospecha aunque son más llamativas las acusaciones contra Michael O’Hare y Earl Van Best Jr.

Bruce Davis (derecha)

El primero fue señalado por Gareth Penn, reputado autor de true crime, que en su libro sobre el caso, Times 17 (1987), se hace un lío con las matemáticas y desarrolla la ya descartada “Radian Theory” (teoría del radián). Penn aseguraba que el Zodiaco actuaba siguiendo un ángulo concreto sobre el mapa de San Francisco y, por lo cual, debía ser alguien con amplios conocimientos cartográficos y científicos. O’Hare, como profesor de matemáticas universitario, se convirtió en su obsesión.

Van Best, por otro lado, fue un criminal de poca monta acusado, tras su muerte, por su hijo Gary L. Stewart en el libro The Most Dangerous Animal of All (2014). Stewart, abandonado de niño, empezó a investigar a su padre para conocer un poco de sus raíces y acabó desarrollando esta teoría, desbancada más tarde por los análisis de ADN.

Earl Van Best Jr.

Puede que al final el único libro que contenga algo más que especulaciones sea el de Lindon Lafferty, The Zodiac Killer Cover-Up: The Silence Badge (2012) que asegura que si no conocemos al asesino se debe a múltiples pifias de los investigadores y a la corrupción policial de la época.

Aunque los productores de cine dijeran a Fincher que un final abierto sería insatisfactorio y anticlimático lo cierto es que este, como mínimo, nos ha proporcionado unas buenas risas..

MARTA TRIVI       Canino